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CONTAGIOS Y QUIRÓFANOS DE VILLA REGINA

 En un contenido anterior explicamos la situación de los #TESTEOS en #Villa Regina, tanto en el #Hospital público como en la #ClínicaCentral. Como ustedes saben la preocupación en #VillaRegina está enfocada en los centros de salud ya que todos los casos (12) fueron de #profesionales, con el dato destacado que la mayoría trabaja en la zona de #quirófano.

Esto despertó cierto resquemor en la sociedad ya que el virus apareció en el lugar menos indicado, o bien, en el que mejor debería estar cuidado donde los protocolos de higiene deben ser precisos. Pero a su vez, es el lugar más peligroso, sencillo y lógico donde se puede contagiar un efector de la salud.  

Paso a detallar algunos de los motivos.

TÉCNICAS QUE EXPONEN

Al contagiarse el coronavirus por secreciones respiratorias y lágrimas, las personas más expuestas son las que trabajan en quirófano. En una intervención quirúrgica  los anestesiólogos, otorrinolaringolos, oftalmólogos, cirujanos torácicos, endoscopistas, odontólogos, técnicos y enfermeros que los asisten son algunos de los profesionales que están expuestos a estas secreciones y trabajan con ellas.

Cuando se realiza una anestesia general los momentos de mayor riesgo son al colocar un tubo en la vía aérea del paciente (intubación) para que respire a través de un respirador mecánico y al retirar el mismo (extubación) debido a que se produce un AEROSOL con las secreciones respiratorias que, en caso se contener conoravirus, queda suspendido en el ambiente y favorece su exposición.

***

PARTICULARIDAD Y PARADOJA

La mayoría de los casos se presentaron de forma asintomática o con síntomas leves. Lo que es un alivio para el que lo padece pero también una gran predisposición al contagio. Tuvimos la fortuna que la primera paciente de covid19, anestesista ella, se hisopó por su cuenta y al dar positivo permitió que la Clínica tome la estrategia de flexibilizar los #testeos a los casos estrechos buscando contagios para contener la propagación inmediata.


Aunque suene paradójico los que más insistieron y apoyaron en las instituciones sobre los métodos de protección, entrenamiento y protocolos fueron los anestesiologos de nuestra localidad. Esta paradoja generó más conciencia y extremó los cuidados.

***

QUIRÓFANO INACTIVO?

Los quirófanos NO pueden cerrarse. A todos los profesionales de la salud que consulté contestaron lo mismo, haciendo hincapié en los protocoles de higiene.

Sí puede pasar que quede un servicio o una institución sin la cantidad de personal suficiente para cumplir sus funciones y deba restringir o cerrar por ese motivo. Que  el virus circule en los centros de salud es otro daño colateral, la falta de recurso humano queda evidenciada ante esta problemática que no deja de ser un llamado de atención en cualquier ciudad.

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  • Dibujo a mi tío para encontrarlo

     

    A mi tío lo baleó una patota parapolicial en una emboscada, mientras intentaba escapar por la ventana del primer piso de una casa en Mar del Plata. No es, la historia de mi tío, una historia de desaparecidos. Pero yo todavía lo sigo buscando. Mi tío, Pacho Elizagaray, tenía 24 años cuando lo mataron. Mi tío está. Mis abuelos pudieron llevarle flores. Mi papá, tres años menor que él, pudo llorarlo. Sabemos dónde está su cuerpo. Hubo un juicio en 2016 y algunos de los responsables de su muerte fueron condenados. No todos. Pero mi tío está. Y yo todavía lo sigo buscando. 

    La de mi tío Pacho no es, entonces, una historia de desaparecidos. Es una historia de silencios. Y el silencio es una forma de la ausencia. 

    Mi abuelo presentía que a Pancho lo iban a matar. Mi abuelo se llamaba Carlos Elizagaray. En marzo de 1975, un año antes del golpe, era senador del Frejuli. Lo tenían entre ceja y ceja y ya lo habían amenazado varias veces. Gente que se identificaba como miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) le había dicho que si Pacho no dejaba de joder lo iban a tener que ir a reconocer a un baldío. Mi tío Pacho estudiaba derecho y era uno de los principales referentes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata. Entre otras cosas, había participado de las negociaciones que lograron instaurar la gratuidad universitaria en el 73. La CNU, mientras tanto, quería desmantelar a la militancia de izquierda en la universidad y en la ciudad. 

    Mi abuelo Carlos habló con mi tío cuando un ex compañero del Ejército le dijo que Pacho estaba en una lista y que lo iban a ir a buscar. Pacho siguió militando. Hasta que los de la CNU atacaron. La madrugada del 21 de marzo de 1975 lo fueron a buscar en la casa donde estaba con su tío y sus primos y los mataron a los cuatro. 

    Mi abuelo hablaba poco de ese día. Mi papá me contó más de una vez su recuerdo de escuchar desde la planta alta los pasos y la voz de mi abuelo cuando entró a la casa familiar y le dijo a mi abuela: “Maucita, nos destruyeron la vida”. Había subido al techo de la casa donde reconoció el cuerpo del tío Pacho. Era el único que quedaba. A los otros tres se los habían llevado a un descampado donde los fusilaron y los dejaron tirados. La CNU tenía la estrategia de dejar los cuerpos a la vista para infundir terror. 

    Veinte años antes, en septiembre del 55, mi abuelo Carlos había estado parapetado en la terraza de Casa Rosada ametrallando a los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Era bien peronista mi abuelo. Y era natural que sus hijos – mi tío, mi papá, mi tía – salieran también militantes. Mi papá militaba en una unidad básica de su barrio y siempre se lamentaba no haber escuchado nunca a mi tío en una asamblea en la universidad, ni dando un discurso. Decían que era buen orador. Y yo, que no lo conocí a mi tío Pacho, porque nací 17 años después de su muerte, lo sigo buscando. 

    El pasado, mientras tanto, parece alejarse más. Parece diluirse hacia atrás, o hacia algún fondo, como si se vaciara en una rendija oscura. Los rostros en los carteles de las plazas de todo el país, para muchos, dejan de ser personas y se vuelven eso: rostros sin nombre en carteles grises. Desconocidos para la mayoría. Cada vez más. Pero eran hermanos, amigos, padres, tíos. El duelo muta, toma nuevas formas, se esconde y brota en formas que no imaginamos hasta que se nos aparece. Y cada uno hace lo que puede hacer con eso. 

    De mi tío siempre supe poco. Cada vez que lo nombraba, se repetía una historia corta que era siempre la misma. Y después el silencio. Siempre me mostraron una misma foto de él. Un retrato sonriente, ya veinteañero. También había un cuadro pintado por él decorando una de las habitaciones de la casa. Nombrarlo no estaba prohibido, preguntar tampoco. Pero siempre era angustioso recordarlo y eso impedía hablar más. 

    Siempre sentí que me hubiera llevado muy bien con mi tío. Me gustaba pensar qué conversaciones hubiéramos tenido. Imaginar a qué se dedicaría si hubiera vivido más. Me parecía que el arte – él con la pintura, yo con la ilustración- era algo que nos podría haber unido. Quizás, de hecho, sí nos une. 

    Sentía que algo de Pacho habitaba en mí. Aún sabiendo tan poco, y acostumbrada a esa forma de las cosas. Me di cuenta el 24 de marzo de 2024 en plena Plaza de Mayo. Íbamos llevando un cartel con un retrato de mi tío. No lo habíamos hecho antes. Y en un momento se acercó un pibe de mi edad a mirar: 

    — ¿Sos algo de Pacho? — me preguntó — Yo lo conozco, era el mejor amigo de mi abuela. 

    El pibe, resulta, sabía más que yo de la historia de mi tío. 

    No teníamos la tradición de ir a la plaza los 24. A mi abuelo no le gustaban las multitudes. Comenzamos a ir más grandes, nosotros. Ese año era la primera vez que llevábamos las fotos de Pacho a la plaza. También de sus primos y su tío, las otras víctimas de la masacre de marzo del 75. Se lo había propuesto a mi viejo, hábil carpintero, que armó unos soportes de madera; yo imprimí las fotos y también la copia de una ilustración que había hecho de él cuando no pudimos marchar en la pandemia. 

    Después de ese día todo sucedió muy rápido. Subí la foto con el cartel de mi tío a Instagram y me escribió otra compañera de Pacho que a su vez me conecto con otros, y ellos a su vez con otros. Armé un archivo en la compu con sus nombres y números de teléfono. Los fui contactando uno a uno, y empecé a visitarlos. 

    Recién ahí, cuando sentí que era el momento, me animé a abrir más la charla con mi papá. Y descubrí, cuando pudimos conversar, un alivio muy profundo. La palabra liberada era un refugio. Conocer más de la vida de mi tío Pacho, contarla, era una forma de hacer algo por mí y por su memoria. Ayudaba a superar el dolor. Con el tiempo, pronunciar el nombre de mi tío Pacho dejó de generar un nudo en la garganta. Algo ahí se aflojó, y fue gracias a esa búsqueda.

    Como aquellos que buscan los restos de sus desaparecidos, yo busco los restos de la historia de mi tío en cada una de las personas que lo acompañaron en su vida, y en especial en sus años de militancia. Siento la urgencia de recopilar cada memoria de él. Siento que todavía estoy a tiempo. Muchos hombres y mujeres de su generación siguen presentes, pero cada vez quedan menos. Recién en agosto de 2025 fui a conocer a La Polaca, la abuela de ese chico que se me acercó en la plaza y me despertó el impulso de buscar y saber más. Viajé con mi mamá a Mar del Plata para verla. Me puse nerviosa antes de entrar, me pasa antes de cada encuentro.  

    La Polaca murió dos meses después de nuestra visita. Me quedaron más preguntas por hacerle. Pero ahí tomé conciencia de que la conversación entre generaciones es imprescindible y no es algo que pueda quedar para otro momento.

    En cada encuentro, con cada uno de ellos, pienso lo que me cuentan en imágenes. La Polaca era la esposa de un referente político al que Pacho admiraba, y la casa de ellos era el lugar donde se juntaban todos. Pacho se reunía a veces a solas con La Polaca y sentía esa casa como un refugio. Ella le hacía siempre una sopa con remolacha y un sandwich de rabanito. Yo no sabía que a mi tío le gustaba eso. Y a mí me encantó siempre el rabanito. Ahí encontré, quizás, una razón. Cuando la escuchaba, veía la imagen de mi tío en su casa. 

    Cada persona que llamo para hablar de mi tío me recibe con entusiasmo. Todos quieren contarme de él. Son siempre conversaciones para recordar con alegría. Hablamos de recuerdos íntimos. Humanos. Como los que encuentro cuando veo las fotos de los álbumes familiares, a los que vuelvo todo el tiempo porque lo que aprendo quiero dibujarlo. En las fotos noté que siempre, en la parte de arriba, en mi familia tenían la costumbre de escribir chiquitito el año: 73, 74. En esas fotos casi siempre la gente está feliz. Yo me obsesiono un poco con la fecha. Los veo en las imágenes y pienso cuánto faltaba para la masacre. Pienso que ellos están ahí en la foto, sonriendo, sin saber lo que va a pasar. Y yo sí sé. 

    Mientras miro las fotos y escucho a cada persona con la que puedo encontrarme en la búsqueda, pienso en cómo entendemos lo que nos queda del pasado a medida que nos alejamos en el tiempo. Como, con el paso de los años, nos cuenta entender esa época. La violencia de los setenta, que no empezó con el golpe de marzo del 76. Que empezó en democracia y empezó por el odio y el desencuentro entre los que pensaban distinto. Pienso en cómo heredamos la herida. Cómo llega a nuestras generaciones. Qué formas tiene. Y sobre todo, cómo le explicamos a los más jóvenes la complejidad de una época que se sigue estirando sobre nuestras propias vidas. 

    Sigo conversando con los que puedo. Sigo buscando. Avanzo, escucho, registro como puedo. Quiero filmar, pero no sé filmar. Pido un grabador para guardar las charlas con mejor calidad y hago lo que puedo. Trato de sacar alguna foto en cada encuentro. Al salir anoto las sensaciones que me dejó la conversación, detalles que no quiero olvidar. Trato de bajarlo todo a dibujos rápidos. Me aparecen escenas, imágenes de esas anécdotas. Eso puedo y eso me sale. Dibujar. Dibujarlo a mi tío Pacho es mi manera de encontrarlo. 

    La entrada Dibujo a mi tío para encontrarlo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Intensa actividad recreativa en la Isla 58

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  • Luego de ceder la ruta de los puertos, Milei le transfiere a Pullaro 120 mil millones para la Caja de jubilaciones

     

     Maximiliano Pullaro logró que el gobierno de Javier Milei reactive el envío de fondos a la Caja de Jubilaciones de Santa Fe luego de haber transcurrido más de dos años sin transferencias que profundizó el déficit del sistema previsional provincial.

    El acuerdo establece giros por $10 mil millones mensuales durante un año, lo que garantiza un ingreso total de $120 mil millones para sostener el sistema jubilatorio estatal. El flujo había sido interrumpido por Nación en 2024, lo que empujó a la provincia a judicializar el reclamo ante la Corte Suprema por la falta de financiamiento.

    Ahora, el entendimiento incluye una tregua: Santa Fe suspenderá por 180 días las demandas mientras se abre una negociación por la deuda acumulada. En el gobierno de Pullaro aseguran que la suspensión no significa renunciar al reclamo.

     Santa Fe suspenderá por 180 días las demandas mientras se abre una negociación por la deuda acumulada. En el gobierno de Pullaro aseguran que la suspensión no significa renunciar al reclamo 

    Según las estimaciones del gobierno provincial, el pasivo gira entre $1,5 y $2 billones. El acuerdo llega después de la escalada judicial que encaró Santa Fe contra la Nación por la deuda previsional en 2023 cuando Pullaro elevó el tema a la Corte Suprema por las diferencias en los montos que la Anses debía girar para cubrir el déficit de la Caja.

     [Caputo prometió a Pullaro cederle una ruta clave, pero en Santa Fe son cautos: «ya lo anunció tres veces»]

    La tensión se agravó en 2024, cuando el gobierno de Milei cortó de manera unilateral las transferencias mensuales, lo que motivó una nueva demanda para que se restituyan los giros y se pague el stock adeudado y de allí surge la cifra de varios millones.

    Por otro lado, el gobernador santafesino cuando asumió impulsó una profunda reforma del sistema previsional para enfrentar el creciente déficit de la Caja que avivó tensiones con los trabajadores estatales que aún continúan.

    Ahora, el acuerdo se da en un contexto de acercamiento con la Nación, que en los últimos días incluyó otros gestos hacia Santa Fe de parte del ministro de Economía Toto Caputo que en la Bolsa de Comercio prometió transferir la ruta A012, clave para los puertos del Gran Rosario, aunque en la provincia mantienen cautela porque ese anuncio ya fue reiterado sin avances concretos.

    Desde la oposición analizan si el convenio con Anses no debe pasar por la Legislatura provincial. Desde el bloque de Perotti alertaron que en las negociaciones se prevé la opción de cancelar parte de los montos pendientes (2022 a 2025) mediante los mecanismos previstos del Régimen de Extinción de Obligaciones Recíprocas (Reor) y como Santa Fe no tiene deuda con Nación, el canje debería ser con bienes.

    «De todos modos, primero hay que de ponerse de acuerdo en el monto adeudado y luego evaluar distintas alternativas de pago», dijeron en el bloque peronista a LPO. Además, señalaron que el tema de la suspensión de los reclamos judiciales depende de los plazos procesales que se encuentran corriendo en los juicios donde el ejecutivo provincial no tiene forma de interceder, remarcaron

     

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