BOMBEROS QUE VALEN MIL

BOMBEROS QUE VALEN MIL

Visitamos el cuartel de Bomberos Voluntarios Antonio Pirri de Villa Regina para entrevistar a su Jefe Fabian Bustos, a causa de la llamativa cantidad de incendios que se dan en la temporada de verano.

Sin embargo, en una charla muy amena logramos no sólo indagar sobre el por qué de los 89 siniestros del mes de enero, sino también ahondamos sobre un voluntariado que se sostiene con compromiso, responsabilidad y vocación diaria. Dialogamos sobre la relación del bombero con la familia, el trabajo particular y la relación con la sociedad; hablamos de prevención y dimos un mini tour por el cuartel.

Los bomberos voluntarios de Villa Regina son 40, si suponemos que nuestra ciudad tiene 40 mil habitantes,
cada uno de ellos vale por mil.

Ellos están para brindar colaboración a la comunidad, pero principalmente ¿cuáles son las actividades que los comprometen? Bustos nos responde, “Nuestro lema dice que hay que ayudar a todos los que estén a nuestro alcance, por más que no nos competa vamos y lo hacemos. Para nosotros es lo mismo, no diferenciamos el siniestro, no importa si es un incendio de bines o un gatito que no puede bajar del árbol, siempre mínimo salen cinco bomberos”.

Trabajan sobre incendio de bines, de viviendas, chacras, forestales, baldíos, rescate de animales, rescate vehiculares y de personas, rastrillaje de personas desaparecidas en canal grande o río.

Ser bombero es también saber y entender que cuando vas a ayudar quizás te encuentres con un mal recibimiento a causa de un contexto particular, Fabián Bustos nos explica que “hay distintas situaciones, generalmente nos reciben  muy bien pero a veces no comprenden que somos voluntarios, no entienden que a veces no podemos llegar al tiempo que ellos desean, todos nosotros tenemos otra actividad. Por ahí lo que para la gente es un montón de tiempo para nosotros es nada, si te tomás el trabajo de controlar no demoramos ni un minuto en salir”.

Siguiendo esta línea de relación con la sociedad nos adentramos un poco en el marco familiar y le consultamos como percibe el trabajo bomberil la propia familia del voluntario, “nos ven como unos locos, y siempre nos consultan cuando volvemos a casa. Porque es una cuestión de vocación, cuando llega el alerta no nos ponemos a pensar, salimos inmediatamente, no hay reparos. Por eso también tenemos la guardia pasiva de 6 personas, y así tenemos la seguridad y el alivio que un grupo está listo para salir. Nosotros en la institución estamos obligados a cumplir ciertas pautas de trabajo, pero a la vez también las tenemos que cumplir en nuestras casas. Acá en este cuartel somos todos voluntarios, solo contamos con una mutual y un seguro en caso de muerte, se pelea por la ART pero todavía no se consigue”.

Fabián se atreve a ir un poquito más allá y nos cuenta que “lo más complicado es la relación con la actividad laboral principal de cada uno, la actividad que nos da de comer a nosotros y a nuestras familias. Nos ha pasado de perder trabajos porque saben que somos bomberos y que ante la llamada de alerta le vas a dar prioridad a la exigencia de la comunidad y no al laburo. Hay empresas que no toman bomberos voluntarios, que los evitan”.

En lo que va del año ya se percibieron un 25% más de siniestros que en la misma fecha del 2018. De 61 siniestros en enero del año pasado a 85 en lo que va del 2019. Durante el último tiempo la temporada estival se ha convertido en la temporada que más se trabaja.

Los incendios en baldíos y chacras representan casi el 50% de los siniestros que atienden nuestros bomberos voluntarios, al consultarle al jefe de bomberos el por qué, nos contestó lo siguiente “es debido en parte a la desidia en la zona de las chacras y al abandono de los baldíos, que tiene estrecha relación con la falta de dinero, por ejemplo, antes se desbrozaba todo y ahora se abandona, antes se pasaba el tractor seis o siete veces por año y ahora con suerte una. Más pastizal más posibilidades de incendio. Y en estas zonas los incendios crecen de manera improvista e inmediata, de un momento para otro creció y te encontrás con algo mucho más complejo de lo que había en el inicio”.

Es por esto que hay que hacer hincapié en la concientización de la comunidad, prevenir sale mucho más barato y es más efectivo que después tener que ir a luchar contra el fuego, donde se pierde tiempo y mucho dinero.

ASISTENCIA PSICOLÓGICA

Los bomberos no cuentan con asistencia psicológica, cuando le preguntamos a Bustos como manejan la situación cuando les toca trabajar sobre un siniestro donde se pierde una vida o se vivencian situaciones extremas nos explicó lo siguiente.

“Nosotros hacemos la charla puertas adentro cuando volvemos del rescate, no tenemos es un profesional trabajando todo el año con nosotros. Cuando empieza el año lectivo muchos alumnos de universidad que están estudiando psicología se acercan a hacer pasantías, nos dan  una mano y nosotros a ellos pero una vez que terminan su actividad no vuelven. Hace 3 años que se acercan los chicos durante su ciclo de estudio. Deberíamos tener un profesional, no está de más”.

“Ningún bombero se escapa de los recuerdos, a todos nos quedan imágenes grabadas en las retinas después de un siniestro donde alguna persona sufre un accidente letal o muy fuerte. Dolor o no dolor, algo te queda y te afecta”.

Leer más sobre este tema: https://latapa.com.ar/dia-del-bombero-honramos-tu-voluntad/

ESCUELA DE CAPACITACIÓN

Este año pasaron los 30 inscriptos, de las cuales 22 son mujeres. “Había que hacerlo mixto y se venía postergando por una cuestión de infraestructura. El cuartel todavía no estaba adaptado para los dos géneros, por suerte este año pudimos implementar la capacitación para ambos géneros. La capacitación dura un año y suelen ser el 25% de los inscriptos los que llegan al final del curso. Contamos con 10 bomberos encargados de hacer la escuela de capacitación. Somos 40 bomberos trabajando en el cuartel”.

Son 10 módulos de aprendizaje, entre ellos: materiales peligrosos, traumas, incendios forestales, reglamentación, orden internos, rescate e incendio vehicular, búsqueda y rescate de personas, Teoría y práctica. Más una prueba final que suele ser la participación en algún siniestro.

Por: Germán Busin y Emiliano Piccinini

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  • Bullrich suma Ficha Limpia a la eliminación de las PASO, para conseguir los votos aliados

     

    El libertario Agustín Coto convocó a la comisión de Asuntos Constituciones para este martes, con el objetivo de poner en tratamiento el proyecto de reforma política del gobierno, que tiene como objetivo eliminar o suspender las PASO. Para conseguir el apoyo de los aliados, el fueguino amplió el temario e incorporó las iniciativas de Martín Göerling Lara y Andrea Cristina del PRO, y la chubutense Edith Terenzi, sobre Ficha Limpia.

    Bullrich apuró la discusión del proyecto sin contar con los votos para la eliminación de las PASO, objetivo de Milei, pese que al interior del gobierno hay posturas encontradas sobre su conveniencia. Bullrich le ordenó a Coto que convoque a la comisión cuando se enteró que Terenzi, que responde al gobernador Ignacio Torres, pidió la preferencia para el tratamiento de su proyecto de Ficha Limpia, una jugada de los senadores dialoguistas que quieren llevarse un triunfo legislativo para la campaña en sus respectivas provincias.

    LPO reveló la semana pasada que el gobierno está decidido a suprimir las PASO pero los gobernadores le exigen a Diego Santilli, el encargado de llevar las negociaciones con las provincias, «un aval firmado» con la Casa Rosada como compromiso de que no les plantarán listas violetas en sus distritos.

    Los gobernadores le piden a Santilli un «aval firmado» para votar la eliminación de las PASO

    Por otro lado, la tensión entre los aliados y el oficialismo radica en el apuro del gobierno por cerrar el tema y sancionar la eliminación contra la especulación de los gobernadores, que preferirían aguardar hasta fin de año o febrero del 2027 para tomar la decisión mirando las encuestas de imagen de Javier Milei.

    La tensión entre los aliados y el oficialismo radica en el apuro del gobierno por cerrar el tema y sancionar la eliminación contra la especulación de los gobernadores, que preferirían aguardar hasta fin de año o febrero del 2027 para tomar la decisión mirando las encuestas de imagen de Javier Milei.

    Esas diferencias repercuten en la agenda parlamentaria, donde Bullrich tiene problemas para reunir quórum. El escándalo de Manuel Adorni, primero, y el fracaso con la extranjerización de la tierra, después, detonaron los puentes entre los bloques que habían formado una mayoría de 44 legisladores desde que asumió Bullrich.

    El jefe de la bancada peronista, José Mayans.

    Un senador peronista le dijo a LPO que «por ahora no tiene los votos el gobierno». Y explicó que votos buscarán los libertarios: «Kronerberger de La Pampa no acompaña, Göerling se manifestó en contra, Terenzi le responde a Nacho Torres y tiene una estrategia con el PRO, Maximiliano Abad y Flavio Fama de Catamarca están hablando pero no han fijado posición al respecto», precisó. 

    Toto Caputo y la UCR le voltearon a Bullrich la sesión por la ley de Biocombustibles

    Incluso, apuntó a los gobernadores. «Si Sáenz, Jalil, Jaldo y Passalacqua no avalan la iniciativa del gobierno, se les complican los votos», dijo.

    Si Sáenz, Jalil, Jaldo y Passalacqua no avalan la iniciativa del gobierno, se les complican los votos.

    Como sea, esta semana Bullrich también va por la revancha con el proyecto de Biocombustibles, frenada por la rebelión del bloque radical, dos libertarios puntanos y el secretario de Coordinación de Energía, Daniel González, un funcionario que depende de Luis «Toto» Caputo. El oficialismo aspira a modificar el dictamen impulsado por Flavia Royón, Carolina Moisés y Beatriz Ávila en medio de la sesión, si logran abrir el recinto. 

    Pero, además, los senadores libertarios quieren incorporar a la discusión la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, dictaminada el miércoles pasado en medio de la polémica de Santiago Bausili con los senadores peronistas, a los que les mintió sobre el destino del oro de las reservas. El otro expediente que intentan incluir es el de Inocencia Fiscal II. 

    Pero todavía no hay certezas sobre la convocatoria a sesionar, en un Seando que sigue muy trabado para el Gobierno. El único asunto parlamentario que funcionó de forma aceitada fue el de los pliegos de los jueces, donde hasta el peronismo terminó contribuyendo a la aprobación de las designaciones. Juan Bautista Mahiques tuvo una muñeca de la que carecen Federico Sturzenegger y Karina Milei, comentan en las bancadas dialoguistas.

     

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    Tacos altos: educación femenina, salud y moral en un entorno eugenista durante la dictadura de Farrell en Argentina

     

    En enero de 1945, mientras la Segunda Guerra Mundial entraba en su tramo final y el régimen de Edelmiro Farrell todavía no había declarado la guerra a Alemania y Japón, el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública enviaba a las escuelas argentinas una circular que recomendaba a las alumnas utilizar zapatos con tacos de no más de cuatro centímetros. Detrás de una medida aparentemente trivial había un extenso expediente médico y administrativo sobre el cuerpo femenino: anatomía, postura, maternidad, trabajo, disciplina, moral y hasta la idea de “mejoramiento de la raza”. La historia de aquellos cuatro centímetros permite asomarse a una época en la que el Estado pretendía conocer, clasificar y modelar los cuerpos juveniles en nombre de la ciencia y de la nación.

    Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para NLI

    Hay documentos que, vistos desde el presente, parecen demasiado pequeños para contener una época. Una disposición sobre el largo de un taco puede parecer uno de ellos. Sin embargo, cuando se la lee completa, cuando se reconstruyen los funcionarios que participaron de su elaboración y cuando se la coloca dentro del universo intelectual de la educación física argentina de los años treinta y cuarenta, aquellos cuatro centímetros adquieren otra dimensión. El 29 de enero de 1945, la Dirección General de Educación Física remitió a los establecimientos de enseñanza para mujeres la Circular N.º 3, firmada por su director, César S. Vásquez, transcribiendo las actuaciones que habían conducido a la Resolución Ministerial N.º 1980, del 21 de diciembre de 1944. La resolución no prohibía legalmente los tacos altos para todas las mujeres: recomendaba a las escuelas que aconsejaran a sus alumnas utilizar calzado cuyo taco no excediera los cuatro centímetros, por considerarlo beneficioso “desde el punto de vista higiénico y sanitario”.

    La diferencia no es menor. El Estado no dictaba una ley nacional sobre la moda femenina. Construía algo más sutil: una recomendación administrativa dirigida a las instituciones educativas, acompañada por un voluminoso expediente médico destinado a persuadir a autoridades, familias y alumnas de que determinado modo de utilizar el cuerpo era saludable y otro resultaba perjudicial. Y ese expediente había comenzado varios meses antes, el 19 de julio de 1944, cuando la Dirección General de Educación Física decidió consultar a su Servicio Médico sobre los efectos del taco alto en las estudiantes.

    Un médico frente al cuerpo femenino

    El encargado de responder fue el doctor Luis La Madrid, jefe del Servicio Médico de la Dirección General de Educación Física, quien elaboró su informe con la colaboración de los médicos David Orlando y Domingo Ortiz. La Madrid no era un profesional convocado ocasionalmente para resolver una cuestión de calzado. Para entonces llevaba varios años trabajando en la medicalización de la educación física y había participado de la Primera Conferencia de Profesores de Educación Física, realizada en Buenos Aires en diciembre de 1942. Allí había presentado un trabajo sobre la importancia del examen físico y había intervenido en una sección donde se discutieron precisamente las fichas, los tests, las mediciones y la clasificación corporal. Un estudio histórico de Pablo Ariel Scharagrodsky sobre la Primera Conferencia de Profesores de Educación Física de 1942 reconstruye el universo de saberes que atravesaba aquel campo y registra la presencia de conceptos como la antropometría, la biotipología, la degeneración, la clasificación entre ‘aptos’ e ‘inaptos’, los llamados paramorfismos y el examen físico-funcional.

    El propio programa aprobado en aquella conferencia resulta revelador. Se sostuvo que el examen físico debía constituir una guía para orientar científicamente la práctica de las actividades físicas, que debía ser obligatorio para quienes practicaran actividad física en instituciones oficiales o particulares y que los alumnos debían agruparse para gimnasia y deportes sobre la base de “características biológicas homogéneas”. También se reclamó que el médico vigilara la evolución de los practicantes y que la ficha de educación física expresara sintéticamente su estado de salud y aptitud integral.

    No se trataba, por lo tanto, simplemente de hacer que los jóvenes corrieran o hicieran gimnasia. Se estaba construyendo una ciencia estatal del cuerpo juvenil. Había que examinarlo, medirlo, clasificarlo, conocer sus defectos, determinar sus aptitudes y establecer qué ejercicios convenían a cada organismo. Una investigación dedicada específicamente a la recepción de la eugenesia y la biotipología en la educación física argentina ha señalado que esas prácticas produjeron procesos de “medición, clasificación y jerarquización” de los estudiantes, y que durante el período estudiado existieron conexiones entre esas ideas y las políticas impulsadas por César Vásquez al frente de la Dirección General de Educación Física.

    Es dentro de ese mundo donde debe leerse el informe de La Madrid sobre los tacos.

    El médico comienza explicando minuciosamente la anatomía del pie, la función del astrágalo, las bóvedas plantares y la distribución del peso corporal. Incluso ofrece un cálculo: sobre una carga de 80 kilogramos aplicada sobre el astrágalo, sostiene que aproximadamente 45 kilos son dirigidos hacia atrás y 35 hacia adelante. Una elevación moderada del talón, explica, puede contribuir al equilibrio, y por eso admite que un taco de uno o dos centímetros puede resultar adecuado. El problema aparecería cuando la elevación es mayor.

    Según su razonamiento, el taco alto produce el denominado “equinismo”, desplaza hacia adelante la mayor parte de las fuerzas y concentra el peso sobre las cabezas de los metatarsianos. De allí se desencadenaría el aplanamiento de la bóveda plantar y una serie de compensaciones sucesivas que alcanzarían la rodilla, la pelvis y la columna. El informe habla de lordosis lumbar, cifosis dorsal, hipotonía muscular, alteraciones de la marcha, fatiga, torceduras, fracturas, artrosis y deformaciones.

    La cadena llega incluso al abdomen. La Madrid sostiene que la inclinación de la pelvis puede producir una alteración que denomina “visceroptosis”, porque las vísceras abdominales quedarían sometidas a nuevas condiciones mecánicas. En el pie, mientras tanto, aparecen la hiperqueratosis, los dolores metatarso-digitales y el “hallux valgus”, el juanete.

    Todo esto desemboca en una conclusión categórica: “Las alteraciones funcionales y orgánicas que se originan por el uso habitual del taco alto, obligan a considerarlo pernicioso para la salud y peligroso para la integridad física”. Pero la frase más significativa llega después: dado que los huesos y ligamentos del adolescente poseen menor solidez que los del adulto, el taco alto debía ser, para las alumnas de enseñanza media, “definitivamente proscripto”. La Madrid recomendaba punta ancha, suela mediana o gruesa y taco de entre tres y cuatro centímetros.

    La cuestión médica, sin embargo, no terminaba en la medicina.

    Del consultorio a la disciplina y la moral

    El expediente pasó por distintas instancias de la burocracia educativa. El subsecretario de Instrucción Pública Antonio J. Benítez pidió considerar la posibilidad de establecer el límite de cuatro centímetros. La Inspección General de Enseñanza intervino después y allí aparece otro protagonista: el inspector doctor José A. Belfiore.

    Belfiore no era un funcionario menor. La documentación ministerial lo muestra participando en distintas tareas de la Inspección General: integró comisiones oficiales, intervino en concursos y actuaciones sobre establecimientos educativos y tuvo funciones de inspección territorial. En 1944, además, aparece vinculado a la evaluación de materiales audiovisuales destinados a la enseñanza, incluidos contenidos de carácter sanitario. La documentación posterior confirma su continuidad como inspector, entre otros destinos, en el Colegio Nacional N.º 6.

    Su intervención en el expediente resulta decisiva porque agrega una dimensión que el informe médico no había colocado en primer plano. Belfiore sostuvo que la medida no sólo podía adoptarse sino que sería “altamente beneficiosa” y agregó que, a las razones técnicas expuestas por La Madrid, correspondía sumar “las de orden disciplinario y moral”.

    La frase es pequeña, pero históricamente enorme.

    Belfiore comparó la recomendación sobre los zapatos con las disposiciones existentes sobre “el uso del guardapolvo, sobre peinados y pinturas”. De ese modo, el taco alto quedó incorporado a un universo mucho más amplio: el de las normas destinadas a determinar cómo debía presentarse una alumna dentro de la institución escolar.

    El expediente muestra así dos lenguajes complementarios. La medicina decía qué cuerpo era saludable; la inspección educativa intervenía para establecer qué comportamiento era disciplinado y moralmente aceptable. La resolución ministerial podía entonces presentarse como una recomendación sanitaria, pero detrás de ella había también una concepción de la apariencia femenina adecuada para la escuela.

    La Inspección General, de hecho, fue todavía más prudente que La Madrid. El 11 de septiembre de 1944 recomendó aprobar la iniciativa, pero sugirió que las autoridades escolares procuraran persuadir “a los padres o tutores de la conveniencia” del calzado recomendado. Finalmente, el ministro Rómulo Etcheverry Boneo convirtió aquella cadena de informes en la Resolución N.º 1980, del 21 de diciembre, que ordenó recomendar el taco de hasta cuatro centímetros y enviar una circular a los establecimientos para mujeres.

    No hubo una policía de los tacos. Hubo algo mucho más característico de la administración educativa de aquel tiempo: medicina, inspección, autoridad escolar y familia articuladas para producir una determinada conducta corporal.

    El cuerpo en tiempos de guerra

    El contexto histórico vuelve el expediente todavía más significativo.

    La Circular N.º 3 llegó a las escuelas el 29 de enero de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial todavía estaba en curso y la Alemania nazi aún resistía. Edelmiro Farrell ejercía la Presidencia de facto desde febrero de 1944, luego del desplazamiento de Pedro Pablo Ramírez. El gobierno argentino recién declararía el estado de guerra con Alemania y Japón el 27 de marzo de 1945, dos meses después de aquella circular. La propia Presidencia de la Nación registra el carácter de facto del gobierno de Farrell entre febrero de 1944 y junio de 1946.

    No existe presunción documental de que la decisión sobre el calzado hubiera sido tomada por influencia directa de las políticas raciales alemanas entonces vigentes. La relación que puede establecerse es otra, más compleja y más interesante: la medida forma parte de un ambiente intelectual argentino en el que la medicina, la educación física, la higiene y la biotipología habían convertido al cuerpo en objeto de conocimiento, clasificación y administración estatal.

    Una investigación histórica sobre el Departamento de Cultura Física de Pablo Kopelovich mostró que durante las décadas anteriores se habían incorporado y resignificado en Argentina conceptos provenientes de la eugenesia y la biotipología, produciendo prácticas de medición y clasificación de los estudiantes. Ese trabajo señala además que las políticas impulsadas por César Vásquez a nivel nacional compartieron parte de aquel universo de preocupaciones sobre el fortalecimiento físico y moral de la juventud.

    En la mencionada Primera Conferencia de Profesores de Educación Física de 1942, Guillermo L. Canessa, secretario general de la misma, propuso personalmente una ponencia que reclamaba investigar el desarrollo físico y psíquico de los niños argentinos para conocer su ‘tipo medio normal’ y ‘propender al mejoramiento de la raza’. En la misma conferencia, cuya declaración de principios fue presentada por Canessa, la Educación Física era definida expresamente como de carácter ‘eugénico’.

    En aquellos años, mientras el nazismo llevaba al extremo criminal las políticas de selección racial, esterilización, exclusión y exterminio, en diferentes países circulaban conceptos médicos que hablaban de normalidad, degeneración, aptitud, herencia, higiene racial, biotipos y mejoramiento de las poblaciones. La Argentina tenía una historia propia de eugenesia y biotipología anterior al nazismo y que sobrevivió a gobiernos de distintas orientaciones políticas. La dictadura de Farrell comenzó en febrero de 1944, pero la educación física argentina ya había incorporado discursos de este tipo durante las décadas anteriores. El Departamento de Cultura Física de la Universidad Nacional de La Plata, por ejemplo, funcionó entre 1929 y 1946, atravesando gobiernos radicales, conservadores, la llamada Década Infame, el golpe de 1943 y los primeros años del peronismo.

    El estudio de Pablo Kopelovich sobre ese Departamento justamente muestra cómo eugenesia y biotipología fueron incorporadas a la cultura física universitaria durante un período político mucho más amplio que un solo gobierno.

    Lo que sí puede observarse es una inquietante coincidencia de época: el cuerpo había dejado de ser exclusivamente un asunto privado.

    El eugenismo, nacido a fines del siglo XIX a partir de las ideas del británico Francis Galton, proponía intervenir sobre la reproducción y las condiciones de vida de las poblaciones con el propósito de favorecer determinados rasgos considerados deseables y evitar aquellos juzgados como perjudiciales. En la Argentina, estas ideas comenzaron a adquirir presencia desde las primeras décadas del siglo XX y se entrelazaron con tradiciones locales como el higienismo, la medicina social, la antropometría y la biotipología, ingresando en ámbitos tan diversos como la medicina, la educación, la criminología y la educación física. No se trató de una simple importación de las doctrinas raciales del nazismo: existió un desarrollo argentino propio, anterior al ascenso de Hitler y atravesado por gobiernos de distintas orientaciones políticas, en el que conceptos como “normalidad”, “aptitud”, “degeneración”, clasificación de los cuerpos y mejoramiento de la población adquirieron legitimidad científica. En ese universo intelectual debe leerse la documentación que, pocos años después, llevaría a las autoridades educativas a intervenir incluso sobre la altura de los tacos utilizados por las alumnas.

    La mujer que debía ser sana, fuerte y funcional

    Hay otra pieza documental de La Madrid que resulta imprescindible para comprender el expediente. En abril de 1944, nueve meses antes de la circular sobre los tacos, el Boletín del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública publicó un artículo suyo titulado “La educación física y la mujer”. Allí aparece expresamente como jefe del Servicio Médico.

    El artículo permite comprobar que su concepción del cuerpo femenino era mucho más amplia que una preocupación por los pies. La Madrid sostenía que la mujer necesitaba un “cuerpo fuerte y sano” y vinculaba esa salud tanto con su capacidad de trabajo como con su función reproductiva. La educación física aparecía así conectada con la maternidad, la fortaleza, la armonía corporal y la capacidad funcional.

    El contraste con el expediente del taco resulta evidente. La Madrid podía admitir que el taco alto contribuía a aquello que la época denominaba “gracia femenina”. En el informe de 1944 reconoce expresamente que estiliza la pierna, el tobillo y el pie y que produce una cadencia particular en la marcha. Pero para él esa ventaja estética debía ceder frente a la salud. La estética verdadera, sostiene, debía encontrarse en la integridad del organismo.

    La Madrid escribía desde una época en la que el cuerpo femenino era pensado simultáneamente como cuerpo individual, cuerpo productivo y cuerpo reproductivo. No es casual que la educación física apareciera como herramienta para fortalecerlo y disciplinarlo.

    Y tampoco es casual que el zapato terminara en el expediente.

    El taco modificaba la postura. La postura modificaba la marcha. La marcha afectaba el rendimiento. El rendimiento se relacionaba con el trabajo. La pelvis se vinculaba con la maternidad. La apariencia quedaba sometida a la disciplina escolar. Y la disciplina, finalmente, era presentada como parte de la formación de una juventud sana y moral.

    La cadena es reveladora. Un simple zapato podía convertirse, dentro de aquella lógica, en una cuestión de salud pública y formación nacional.

    La Dirección General de Educación Física había sido creada en 1938 y permaneció bajo la conducción de César Vásquez hasta 1947. Investigaciones recientes caracterizan su gestión por un fuerte conservadurismo y por la utilización de la educación física como instrumento de formación moral, ética y nacionalista. Incluso las grandes fiestas de educación física organizadas durante aquellos años fueron concebidas como rituales patrióticos donde el cuerpo, la disciplina y los valores nacionales aparecían estrechamente asociados. Por eso, aquellos cuatro centímetros no fueron una extravagancia burocrática aislada. Fueron una pequeña manifestación de una política mucho más amplia: la voluntad de construir un determinado tipo de cuerpo y, a través de él, un determinado tipo de ciudadano y de ciudadana.

    La propia circular termina con una instrucción que hoy puede resultar casi pintoresca: César S. Vásquez solicita que se dé “amplia difusión” a la medida y, “en lo posible”, que se coloque en la cartelera del establecimiento.

    El taco terminaba así expuesto públicamente.

    Pero lo verdaderamente expuesto era otra cosa: la concepción del Estado sobre el cuerpo de sus jóvenes.

    En enero de 1945, cuando las tropas soviéticas avanzaban sobre Europa oriental, cuando el Tercer Reich se acercaba a su derrumbe y cuando la Argentina todavía no había declarado formalmente la guerra a Alemania, una oficina del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública dedicaba páginas y páginas a explicar cómo debía apoyarse el pie de una adolescente, cómo debía caminar, qué postura debía adoptar, qué calzado debía llevar y qué apariencia era compatible con la disciplina escolar.

    No hace falta convertir ese expediente en algo que no fue para comprender su importancia. No era una ley general contra los tacos. No era una simple anécdota de moda. Era un documento argentino de una época en la que la medicina había adquirido autoridad para definir el cuerpo normal, la escuela para disciplinarlo y el Estado para intervenir sobre él.

    Y justamente por eso, cuatro centímetros alcanzan para abrir una ventana sobre una época entera.

     

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