ARGENTO ELECTROSHOCK

Antiguamente, cuando una persona presentaba una crisis en la esfera de lo mental, el psiquiatra sometía a dicha persona a un procedimiento llamado electroshock, en una institución conocida como manicomio. En ese entonces, digamos que, más de cincuenta años atrás, el poder médico decidía sobre el «paciente» (quien espera que el médico actúe), sobre un modelo verticalista de tipo paternalista. Esta situación cambió gracias, en parte, al surgimiento de la Bioética, la cual pregona cuatro principios: la autonomía de la persona, beneficencia, la no maleficencia, y la justicia.  De esto se desprende el «primum non nocere», o sea, «primero no hacer daño», precepto griego, en este caso en latín. Cuando no se tiene en cuenta la decisión del otro, suceden este tipo de cosas. En gobiernos donde prima lo que llamaré las cuatro M: monarquía, monopolio, manipulación, y manicomio; van apareciendo señales de turbación y alteración en la consciencia. De golpe, puff: un electroshock económico. Uno va al supermercado y ve cómo el precio de un producto se disparó al más del cien por ciento, o subió la luz, o el gas, todo de una manera disruptiva, invasiva y poco empática. La cuestión del electroshock social viene desde la conformación de este país, llamado Argent-ina, siendo la palabra argent, de origen francesa, significando dinero. Pero, para que la independencia de este territorio cercado por fronteras ocurriera: se «electrocutó» simbólica, física y materialmente a las personas que ya habitaban estos territorios, generándose un manicomio nacional, cerrado y con un discurso hegemónico. En la medida en que el poder sea centralizado, y sólo se lo utilice para ganar votos, territorios, dinero, o más poder y el mismo no se redistribuya, los monopolios, y la labor de las manos, ya no en un sentido peyorativo, sino más bien colaborativo, seguiremos hablando de lo mismo

 

LA TAPA-NESTOR NANI

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • |

    «En el nombre del litio». Documental se estrena gratis en el Día de la Pachamama

    La historia exhibe la resistencia de las comunidades originarias al avance extractivista sobre las Salinas Grandes. Podrá verse de manera virtual y gratuita desde este domingo hasta el 9 de agosto. El documental «En el nombre del litio», en el que los cineastas Cristian Cartier y Martín Longo exhiben la resistencia de las comunidades originarias…

    Difunde esta nota
  • | |

    RELÁMPAGO DE SÉMOLA #18

    Prog. 18 – El canto y la voz WARNING: ESTE PROGRAMA ESTÁ DEDICADO AL CANTO. Si algún oyente no siente atracción por los cantos puede dejar de escuchararlo en este preciso momento. La verdád, no deberíamos decir esto: éste es uno de los mejores capítulos de RDS. Vamos derecho a su primera locu, y ustedes…

    Difunde esta nota
  • La Escuela Municipal de Newcom participó de torneo interprovincial

    La Escuela Municipal de Newcom participó el fin de semana de un torneo interprovincial organizado por la Secretaría de Deportes de la Municipalidad de Sierra Grande. De la competencia también fueron parte equipos de Viedma, San Antonio Oeste, Trelew, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Choique y de la localidad anfitriona. Se jugaron partidos competitivos y recreativos….

    Difunde esta nota
  • | | |

    #CinMisHijisNiTiMitis

    Escribe Mariana Herrero Evans para #LaTapa Después de levantar el cartel de la Educación Sexual Integral (ESI) como excusa para rechazar el proyecto de la interrupción legal del embarazo, los argentinos nos enfrentamos a este grupo organizado en contra de la misma educación que pregonaban hace apenas 3 meses. Diversas agrupaciones religiosas lanzaron una campaña…

    Difunde esta nota
  • |

    El día que el ser humano conquistó el aire

     

    Un día como hoy, 17 de diciembre, pero de 1903, en una playa ventosa de Estados Unidos, un vuelo de apenas 12 segundos cambió para siempre la historia de la humanidad y abrió una nueva era tecnológica, política y militar.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Un experimento que parecía imposible

    Durante siglos, volar había sido un anhelo humano más cercano al mito que a la ciencia. Desde los bocetos de Leonardo da Vinci hasta los planeadores del siglo XIX, la idea de elevarse del suelo siempre chocaba con un límite técnico insalvable: el control. El 17 de diciembre de 1903 ese límite fue finalmente superado.

    En Kitty Hawk, una zona costera elegida por sus fuertes vientos y dunas blandas, los hermanos Orville Wright y Wilbur Wright lograron hacer despegar una aeronave más pesada que el aire, propulsada por motor y, lo más importante, controlada por el piloto.

    El Wright Flyer, construido en madera, tela y alambre, recorrió apenas 36 metros a una altura mínima. Orville estuvo a bordo durante 12 segundos. Puede parecer insignificante desde los parámetros actuales, pero en ese instante el mundo cambió para siempre.

    El verdadero secreto: el control del vuelo

    Muchos inventores habían logrado antes pequeños saltos o planeos impulsados por motores rudimentarios. Lo que distinguió a los hermanos Wright fue haber resuelto el problema central de la aviación: cómo controlar un avión en el aire.

    Su sistema de control tridimensional —alabeo, cabeceo y guiñada— permitió que el piloto gobernara la aeronave de manera estable. Ese principio, con variaciones tecnológicas, sigue siendo la base de la aviación moderna hasta hoy.

    Lejos de los grandes laboratorios o del apoyo estatal, los Wright trabajaron de forma casi artesanal, financiándose con su pequeño taller de bicicletas. La historia oficial suele olvidar que este avance clave no nació del complejo militar-industrial, sino del ingenio individual y la experimentación persistente.

    De hazaña científica a herramienta de poder

    El impacto del primer vuelo controlado no fue inmediato. Durante varios años, los Wright enfrentaron el escepticismo de gobiernos y científicos. Sin embargo, cuando las potencias comprendieron el potencial estratégico del avión, la historia tomó otro rumbo.

    En pocas décadas, la aviación pasó de curiosidad científica a instrumento central de la guerra, el comercio y la dominación global. Las dos guerras mundiales demostraron hasta qué punto aquel vuelo de 1903 había modificado el equilibrio del poder internacional.

    Pero también abrió la puerta a la integración de territorios, al transporte civil masivo y a la posibilidad concreta de acortar distancias entre pueblos y naciones, un aspecto que suele quedar relegado frente al relato bélico.

    Un legado que sigue volando

    Hoy, a más de un siglo de aquel despegue precario, millones de personas vuelan cada día sin pensar en ese origen humilde. Sin embargo, todo avión comercial, militar o experimental sigue siendo heredero directo del Wright Flyer.

    Recordar el primer vuelo controlado no es solo un ejercicio de nostalgia tecnológica. Es también una oportunidad para reflexionar sobre cómo los avances científicos pueden servir tanto a la humanidad como a los intereses de dominación, según quién los controle y con qué fines.

    Aquel 17 de diciembre de 1903 no solo nació la aviación. Nació, también, una nueva dimensión del poder moderno, una que aún hoy sigue definiendo el rumbo del mundo.

     

    Difunde esta nota
  • |

    Julia Roberts contra el capitalismo salvaje. Una lectura política de Mujer bonita

     

    Al despertarme en el día de ayer, encontré a mi compañera viendo atentamente una película que estaban dando por cable. Al presta atención veo que se trataba de Mujer Bonita. Un clásico de los 90 que inmediatamente me trajo a la mente un maravilloso artículo del filósofo José Pablo Feinmann.

    Por Walter Onorato para NLI

    Es verdad que en la película Mujer bonita, Hollywood, vendió un cuento de hadas moderno, pero JP Feinmann supo leer ahí algo más que romance y vestidos caros. En su célebre texto “Julia Roberts contra el capitalismo salvaje”, el filósofo supo desarmar la película hasta mostrar su núcleo ideológico: una crítica —suave, edulcorada, pero crítica al fin— al capitalismo financiero depredador. Sí, el mismo que volvió a invadir nuestras vidas con el ascenso al poder de Javier Milei, un presidente que, como Edward Lewis, no habla de producir sino de destruir, no habla de trabajo sino de costos laborales, y no concibe al Estado ni a las empresas como espacios de organización social, sino como objetos a ser desarmados y liquidados. Todo es un loop que nos lleva y trae a los 90.”

    Edward Lewis, es un millonario obsceno, no produce nada. No fabrica, no crea, no emplea. Se dedica a desarmar empresas, las desguaza en mil pedazos para convertirlas en papeles, negociables en mesas de “inversionistas” que multiplican su valor sin producir absolutamente nada. La película muestra al capital financiero en estado puro. Vivian Ward, una prostituta de Hollywood Boulevard, entiende algo que el magnate no: que ganar dinero sin producir nada es moralmente vacío. Ella, que vende su cuerpo, conserva una ética; él, que compra empresas, no sabe nada de eso.

    Un detalle que me llamó mucha la atención y que Feinmann lo dejó pasar, es que Edward Lewis es una persona rota. El millonario menciona la ausencia de un padre que abandona a su madre, y lo hace en términos de odio y ruptura. Cuenta que su primer gran negocio fue comprar la empresa de su propio padre para desmantelarla y venderla en partes.

    No es un detalle menor, el odio es el acto fundacional de su identidad como empresario del capital financiero, es lo que conocemos con el nombre de neoliberalismo. Edward no hereda la empresa para continuarla, la destruye. No la transforma, no la moderniza, no la hace más productiva: la hace desaparecer. Es un parricidio simbólico. Matar al padre equivale a matar el modelo de capitalismo que ese padre representaba: probablemente productivo, industrial, ligado al trabajo y a la continuidad.

    El paralelismo con Javier Milei es evidente y perturbador. Así como Edward Lewis compra la empresa del padre para hacerla desaparecer, el actual presidente argentino construyó su identidad política prometiendo dinamitar el Estado, destruir lo público y borrar toda forma de capitalismo productivo nacional. En ambos casos, el gesto fundacional no es crear algo nuevo, sino odiar y demoler lo existente. El parricidio simbólico se transforma en programa económico.

    El modo de acumulación de Edward nace del odio: ganar dinero destruyendo lo que otros han construido con esfuerzo. Por eso no produce nada. Por eso no crea empleo. Por eso sólo sabe comprar, desarmar y liquidar. El millonario de la película es un hijo que confunde emancipación con demolición. Cree que ser libre es arrasar con todo lo anterior. No supera al padre: lo borra. Y al hacerlo, inaugura su adhesión total al capitalismo financiero salvaje, abstracto, sin rostro ni responsabilidad social. ¿Te suena conocido?.  

    Ahora volquemos un instante la mirada sobre Vivian Ward. Ella no sólo vende “placer”, en el guion queda muy claro, vende tiempo, disponibilidad corporal y fuerza de trabajo. Es exactamente lo que describe Karl Marx en El Capital: el trabajador no vende el producto, vende su capacidad de trabajar durante un lapso determinado. Vivian negocia por hora, por noche, por semana. Hay tarifa, contrato verbal, condiciones, penalidades y hasta cláusulas implícitas. Edward no compra a Vivian: alquila su fuerza de trabajo, como cualquier capitalista alquila mano de obra. La diferencia es sólo el rubro. No hay romanticismo ahí: hay mercado.

    Han intentado vender esta película como una moderna historia de princesa. Lamento decirles que no, en esta historia Vivian produce valor en términos económicos, no son mercancías materiales. Produce servicio. Edward, en cambio, no produce nada. Vive de la valorización abstracta del capital. En términos clásicos, Vivian está más cerca del trabajo productivo que Edward, aunque el sistema declare lo contrario.

    Y podemos darle una rosca más de tuerca. Vivian pertenece al sector más desprotegido del proletariado como son los repartidores del estilo Rappi. No tiene derechos laborales. No tiene seguridad social. No tiene estabilidad. No controla el proceso, ni el resultado, pero la prostituta tiene lo aventaja al repartidor en un aspecto: cobra por adelantado porque sabe que el capital incumple.

    Volvamos al texto de Feinmann, el filósofo señaló otra arista, con ironía nos cuenta sobre la inversión de roles: la prostituta es quien humaniza al capitalista. Vivian no sólo enamora al príncipe; lo civiliza. Cuando Lewis decide salvar la empresa naviera de James Morse y sostener el trabajo de cientos de obreros, no se vuelve socialista: retrocede al viejo capitalismo burgués, productivo, industrial, con fábricas, máquinas y salarios. Vuelve a la producción industrial. El dinero vuelve a estar al servicio de la producción y no de la especulación.

    Por otro lado tenemos al villano, que no es casual. Philip Stuckey, el abogado financiero, es la encarnación del capital salvaje, sin rostro ni escrúpulos que te recuerda rápidamente al 3% de las coimas, el cierre de los fondos para el CONICET, el cierre de escuelas, la quita de alimentos para comedores… La escena donde el abogado intenta violar a Vivian, no es un exceso del guion, es la metáfora brutal y más cercana a la realidad de un sistema que avanza sobre todo lo que no comparte su ideología, incluso sobre los cuerpos. Esa escena se repite a diario cuando se quitan los remedios a los discapacitados o a los jubilados. Cuando Lewis lo expulsa, también expulsa —momentáneamente— a la lógica financiera extrema. Es lo que sucedió en diciembre del 2001 cuando la sociedad toma conciencia y expulsa el gobierno de De la Rua.

    Lo importante de este análisis es no idealizar a Hollywood, al contrario, darnos cuenta de que en el corazón mismo del imperio cultural y económico, el capital financiero aparece y es señalado como reprochable. Mientras que la producción y el trabajo conservan un resto de legitimidad moral. El príncipe es bueno porque crea empleo; la Cenicienta es hada porque devuelve sensibilidad a un millonario desalmado. Y acá caemos en la cuenta de que se trata sólo de un simple cuento. Muy difícil que se haga realidad.

    Pero hagamos con el cine como enseñó Feinmann: pensar la política donde otros veían sólo entretenimiento. Y por eso esta película sigue siendo incómoda, necesaria y actual. Porque el problema que vio en Mujer bonita en los ’90 es el nuestro en pleno 2025/2026.

     

    Difunde esta nota