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FESTEJO EN LA PLAZA «ROJO»

Cuando los papeles se queman, cuando las ideas desaparecen, la falta de oxígeno nubla y la estrategia es una palabra que se busca en el diccionario; queda el empuje, la enjundia y la necesidad imperante del alma que desea ganar como virtudes a las que un grupo golpeado y en situación extrema puede recurrir, pasan cosas como estas. 

El central izquierdo aparece como centro delantero para definir con una precisa volea de derecha. Un pase a la red. El que se rompió los cruzados y laburó 6 meses pensando en eso. En ese gol. En ese momento. Es la paradoja del fútbol. Lo irracional. El suplicio. La incertidumbre. Lo que nos altera. La pasión. El poder creer sin fundamentos. La razón que roza el límite de lo ilógico. De pedir la adición a avizorar el pitaso final. Sentirlo cerca, pero lento. 

Y ahora sí. La conclusión es el principio. La secuela se disfraza de precuela. El final emula el inicio. Los abrazos sentidos y los buenos deseos. La exteriorización de la procesión interna. El deporte en estado puro, dentro de un contexto que entrelaza un negocio con la pasión. El alto rendimiento y las zapas embarradas. Las presiones y los seres humanos. Los medios y quienes comunican o mal informan. El recorrido de quien tiene la obligación por ser, que termina o empieza. O continúa, atemporal.

Comienza lo más lindo. De a una bala de plata.  De a 90 minutos. Se llegó con el corazón a 8vos, con lo que no se negocia, con lo que nos gusta reflejarnos o resguardarnos. Lejos de un buen fútbol. Del lado de la alegría. Pero un mundial no se analiza, en un mundial se avanza. Se juega y se hace historia viva, o del recuerdo. Hoy es viva. Hoy es «Rojo», como la plaza Rusa.

LA DELGADA LÍNEA «ROJA». LOCURA EN RUSIA

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