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AQUELLOS QUE GANAN CUANDO PIERDEN

Si hay algo importante que había perdido el equipo argentino de fútbol antes de la victoria con Nigeria era precisamente el habla. Cuando los conflictos aparecen las resistencias se levantan, y el silencio es un telón de acero que no permite ver ni oír el escenario.
La imagen de Lionel Messi hablando con su equipo en el túnel antes de salir al segundo tiempo, o la de Mascherano con su técnico en una de las prácticas antes del partido, son el claro ejemplo que, cuando uno no habla de lo que le pasa: el malestar no se resuelve o inclusive aumenta.

Ganaron el poder de hablar cuando el silencio (o demasiado ruido) de los problemas los había perdido

Perder algo o alguien es un trauma que pone en jaque nuestros sentimientos e identidad, pero al mismo tiempo, es una oportunidad para seguir intentando…

En el mismo plano, la victoria de Perú en el último partido desató la ira de sus aficionados, y uno se pregunta…, ¿cómo puede ser que festejen si  vuelven a su casa? La respuesta es simple: son aquellos que ganan cuando pierden.

Uno nace y ya pierde el cálido ambiente materno, pero ganamos el aire y la salida al mundo. Perdimos la capacidad para zarandearnos en los árboles pero ganamos esas ganas de correr. Perdemos para ganar. Y sino, preguntémosle a Panamá quien a pesar de perder por goleada (6-1) se puede alegrar por su único tanto.

Siguiendo con el mundial, qué podemos decir de la victoria de Corea ante Alemania: una verdadera sorpresa hasta para ellos mismos.  Sin exagerar, la simpatía contagia, y uno ya se siente coreano. Los asiáticos también se vuelven, pero con una inmensa alegría, ¿porqué? Porque son aquellos que ganan cuando pierden.

                         PABLO NANI- LA TAPA              

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    La inflación de diciembre se aceleró al 2,8% según el Indec pero Javier Milei dice que Luis «Toto» Caputo es «el más grande». El repunte inflacionario luego de la suba del dólar parece confirmar que más allá de las declaraciones voluntaristas de Toto Caputo y José Luis Daza, el pass through existe.

    De hecho, los números so casi calcados: la inflación acumulada en el  2025 fue del 31% y la devaluación del peso del 28,5%.

    El índice oficial subió así por quinto mes consecutivo y confirma una tendencia alcista desde mayo, cuando dio 1,5%, lo que deja un arrastre estadístico importante para este año. Las consultoras privadas que pronosticaban un 20% de inflación para 2026 ya hablan de un 30%, el triple de lo que pautaron Milei y Caputo en el Presupuesto que sancionó el Congreso.

    El gobierno sintió el impacto por una tendencia alcista que ya supera el semestre y arroja el interrogante sobre si la Argentina está en un proceso desinflacionario o todo lo contrario. 

    La suba de la inflación agrava el problema de la deuda en pesos y Caputo enfrenta otro vencimiento grande

    Por eso las principales figuras del gobierno salieron a coro a aferrarse al argumento de que la inflación a nivel interanual fue del 31,5%, la menor en ocho años, un período cuanto menos antojadizo, pero adecuado para sostener el relato libertario.

    En diciembre de 2017, cuando gobernaba Mauricio Macri, fue de 24,8%. Desde entonces empezó a subir, de acuerdo a la comparación del gobierno de Milei. El ministro de Finanzas entonces era el propio Caputo, que al año siguiente fue el presidente del Banco Central.

    Toto, el más grande. Fin.

    El 2,8% de inflación de diciembre quedó muy por encima del 2,3% que anticipaba el mercado. El economista Juan Manuel Telechea explicó que si bien la desaceleración anual es fuerte 31% contra 118%, la base de comparación es altísima. De hecho, el año terminó con una inflación mensual mayor que la de diciembre de 2024, cuando había sido 2,7%. 

    Martín Kalos fue más directo. «Diciembre 2025: 2,8% intermensual, hace ocho meses que se acelera. Interanual 31,5%, hace dos meses que sube levemente. Todo 2025 cerró con un promedio anual de 41,9%. Para 2026 deja un arrastre de 12,9%», resumió.  

    Ese arrastre condiciona todo lo que viene. Sobre todo porque enero y febrero no suelen ser meses amables para los precios. Menos aún con cambios metodológicos en el horizonte.  El Indec publicara el índice de enero con una nueva metodología, basada en la Encuesta Permanente de Hogares 2017 2018. 

    Las ventas minoristas cayeron 5% en diciembre, pese a las fiestas y el aguinaldo

    El arranque del año ya muestra señales. Por estacionalidad, enero empuja fuerte en recreación, cultura, hoteles y restaurantes. En alimentos, los números también vienen cargados. Según el CEPA que dirige Hernan Letcher, en la primera semana de enero, los precios de consumo masivo subieron 2,3%. La carne mayorista se movió entre 1,4% y 1,6%. El pollo trepó 4,9%. Frutas y verduras subieron hasta 7,9%. El dólar acompañó, con un 1,3% en los primeros diez días. 

    Diciembre 2025: 2,8% intermensual, hace ocho meses que se acelera. Interanual 31,5%, hace dos meses que sube levemente. Todo 2025 cerró con un promedio anual de 41,9%. Para 2026 deja un arrastre de 12,9%.

    A eso se suman los regulados. Electricidad y gas con subas promedio del 2,5%, pero con quita progresiva de subsidios para sectores medios y altos.Prepagas subiendo 2,5%. Medicamentos, telecomunicaciones y transporte empujando. 

    En la región metropolitana, lo colectivos y subte ya ajustaron más de 4%. La VTV sube casi 22% desde mitad de mes. Y en marzo aparece educación, otro clásico. El resultado es claro. Los precios regulados triplican la inflación promedio anual. Tarifas, transporte, salud y educación muerden a la clase media. 

    Los números confirman la tensión. En diciembre, una familia tipo necesitó más de 1,3 millones de pesos para no ser pobre. La canasta básica volvió a superar el millón para todos los hogares. La alimentaria subió 4,1% en un solo mes. En todo 2025, la CBA acumuló 31,2% y la total 27,7%.  

     

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    El recorte de subsidios energéticos que impulsa el Gobierno nacional es un costo que no desaparece, se traslada. La poda fiscal se ejecuta en el presupuesto nacional, pero el impacto social y político queda radicado en las provincias, que enfrentan facturas impagables, picos de consumo y la presión directa de los usuarios. 

    En 2026, el objetivo oficial es reducir los subsidios energéticos del 0,9% del PBI en 2025 al 0,5%, una baja de 0,4 puntos del producto, equivalente a varios miles de millones de dólares. Ese ahorro no es neutro territorialmente: golpea más fuerte donde la energía es más cara, más intensiva o directamente no hay alternativas. 

    El nuevo esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) unifica electricidad, gas, Programa Hogar y propano en redes, elimina la segmentación N1-N2-N3 y deja solo dos categorías: usuarios con subsidio y sin subsidio. En los hechos, reduce volumen subsidiado y achica coberturas, sobre todo en los meses de menor consumo «teórico», que en muchas provincias no coinciden con el consumo real. 

    El 43,9% de los hogares argentinos no tiene acceso a gas natural por redes. Y el ajuste es todavía más crudo en el Programa Hogar, que cubre a los hogares que usan garrafas de GLP. En diciembre de 2025 alcanzaba a 3,9 millones de hogares, con una cobertura que llegó a representar solo el 8,5% del precio final de la garrafa, cuando en 2022 cubría cerca del 80%. El precio promedio nacional de la garrafa rondaba los $20.852, lo que implica que el subsidio efectivo había quedado reducido a un monto marginal . 

    Con el nuevo esquema, el beneficio pasa a cubrir el 50% del precio, pero con un límite mucho más restrictivo:  Hasta dos garrafas mensuales solo entre mayo y septiembre, una garrafa mensual el resto del año.

    A esa transferencia silenciosa de costos se suma el capítulo del gas natural, donde el nuevo esquema también introduce tensiones crecientes. Desde 2026, la bonificación al consumo de gas por redes queda acotada a los meses de mayor demanda, entre abril y septiembre, mientras que durante el resto del año los hogares deberán afrontar el precio pleno del PIST. 

    En términos prácticos, esto implica que en los meses templados, cuando el consumo no desaparece pero deja de estar subsidiado, las facturas pueden registrar saltos interanuales de hasta el 40%, incluso en usuarios de ingresos medios y bajos. 

    La secretaria de Energía, María Tettamanti

    La situación es aún más incierta en las zonas abastecidas por propano en redes: aunque el nuevo régimen de subsidios energéticos focalizados incluye formalmente a este segmento, la Secretaría de Energía todavía no reglamentó el mecanismo de bonificaciones ni el sendero de precios. 

    Ese vacío normativo deja a miles de usuarios, mayoritariamente en provincias sin acceso al gas natural, expuestos a aumentos discrecionales y sin un marco claro de protección tarifaria, trasladando nuevamente la presión política y fiscal a los gobiernos provinciales.

    Eso implica consumos eléctricos estructuralmente más altos, justo cuando el esquema nacional reduce el bloque subsidiado. Con el nuevo esquema, en 2026 la bonificación eléctrica cubre 300 kWh/mes en meses de verano e invierno y 150 kWh/mes en meses templados. 

        

    Para un hogar que consume alrededor de 300 kWh mensuales, la consecuencia es directa: en los meses templados, la mitad del consumo pasa a pagarse a precio pleno. Para usuarios subsidiados, eso genera aumentos interanuales de entre 56% y 61% en esos meses, según las proyecciones de un informe elaborado por ex funcionarios de la Secretaría de Energía. 

    Por eso empiezan a aparecer fondos compensadores provinciales, descuentos transitorios y parches fiscales locales que, en la práctica, reponen parte del subsidio que Nación quitó.  E

    El caso de Santiago del Estero es ilustrativo. El gobierno provincial anunció un 40% de descuento en la tarifa eléctrica por dos meses, financiado con recursos propios y visible en la factura como «Fondo Compensador Estival Provincial». La medida alcanza a usuarios residenciales de todos los niveles de consumo y busca amortiguar el impacto de las temperaturas extremas.  

    «Acá hay una decisión nacional de recortar subsidios y el costo se traslada directo a las provincias con menos infraestructura. Lo que antes se financiaba con recursos del Estado nacional hoy se convierte en más presión sobre los presupuestos provinciales y, en última instancia, sobre las boletas que pagan las familias. Por eso es necesario que los gobernadores se pronuncien con claridad: no se puede aceptar en silencio que el ajuste se descentralice para que el costo político lo paguen las provincias», acusó un diputado peronista. 

    La lectura que hacen desde las provincias es que el recorte de subsidios no es solo una decisión fiscal: es una redistribución territorial del costo. Golpea más fuerte donde no hay gas por red, el consumo eléctrico es estructuralmente alto y los ingresos promedio son más bajos. 

     

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