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AQUELLOS QUE GANAN CUANDO PIERDEN

Si hay algo importante que había perdido el equipo argentino de fútbol antes de la victoria con Nigeria era precisamente el habla. Cuando los conflictos aparecen las resistencias se levantan, y el silencio es un telón de acero que no permite ver ni oír el escenario.
La imagen de Lionel Messi hablando con su equipo en el túnel antes de salir al segundo tiempo, o la de Mascherano con su técnico en una de las prácticas antes del partido, son el claro ejemplo que, cuando uno no habla de lo que le pasa: el malestar no se resuelve o inclusive aumenta.

Ganaron el poder de hablar cuando el silencio (o demasiado ruido) de los problemas los había perdido

Perder algo o alguien es un trauma que pone en jaque nuestros sentimientos e identidad, pero al mismo tiempo, es una oportunidad para seguir intentando…

En el mismo plano, la victoria de Perú en el último partido desató la ira de sus aficionados, y uno se pregunta…, ¿cómo puede ser que festejen si  vuelven a su casa? La respuesta es simple: son aquellos que ganan cuando pierden.

Uno nace y ya pierde el cálido ambiente materno, pero ganamos el aire y la salida al mundo. Perdimos la capacidad para zarandearnos en los árboles pero ganamos esas ganas de correr. Perdemos para ganar. Y sino, preguntémosle a Panamá quien a pesar de perder por goleada (6-1) se puede alegrar por su único tanto.

Siguiendo con el mundial, qué podemos decir de la victoria de Corea ante Alemania: una verdadera sorpresa hasta para ellos mismos.  Sin exagerar, la simpatía contagia, y uno ya se siente coreano. Los asiáticos también se vuelven, pero con una inmensa alegría, ¿porqué? Porque son aquellos que ganan cuando pierden.

                         PABLO NANI- LA TAPA              

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    Cómo explicarles a tus hijos qué pasó el 25 de Mayo

     

    A veces los chicos vuelven de la escuela con una escarapela pegada al guardapolvo y una pregunta enorme: “¿Qué pasó el 25 de Mayo?”. Y muchos padres sienten que responder eso no es tan fácil como repetir que “se formó el primer gobierno patrio”. Porque detrás de esa frase hay personas, miedos, discusiones, hambre, peleas de poder y, sobre todo, una idea muy sencilla que puede explicarse a cualquier niño: hubo un momento en que un grupo de personas decidió que quería empezar a gobernarse a sí mismo.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Para entenderlo con chicos pequeños sirve imaginar algo cercano. Supongamos que en una escuela el director desaparece de un día para otro y nadie sabe quién debe tomar las decisiones. Los maestros se reúnen, los padres discuten y algunos alumnos empiezan a preguntar quién manda ahora. Algo parecido ocurrió en 1810, pero en un territorio enorme que todavía no era Argentina.

    En aquel tiempo estas tierras pertenecían al Reino de España. No existía la Argentina como país independiente. Desde muy lejos, un rey español decidía qué se hacía, qué se comerciaba y quién tenía autoridad. Ese rey era Fernando VII. Pero en Europa ocurrió algo inesperado: el emperador francés Napoleón invadió España y el rey quedó preso. De pronto apareció una pregunta gigantesca: si el rey ya no podía gobernar, ¿quién debía hacerlo?

    Esa duda abrió una puerta histórica. En Buenos Aires muchos empezaron a pensar que las decisiones no podían seguir dependiendo de funcionarios enviados desde España. Comerciantes, abogados, militares y vecinos importantes discutían si había llegado el momento de que el pueblo tomara parte en el gobierno. No todos querían independencia inmediata. Algunos todavía juraban lealtad al rey cautivo. Pero otros ya imaginaban un camino nuevo.

    Para explicárselo a un chico sirve decirlo así: durante muchos años las reglas venían “de afuera”, y un grupo de personas empezó a preguntarse si no era mejor decidirlas acá.

    La semana que cambió todo

    La famosa “Semana de Mayo” fue, en realidad, una serie de días llenos de tensión. No fue un acto escolar prolijo como suele verse en los dibujos. Llovía, había rumores, discusiones en las calles y mucho nerviosismo. Buenos Aires era una ciudad pequeña, con calles de tierra, faroles y casas bajas, pero durante esos días parecía hervir.

    El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros era la máxima autoridad española en el Río de la Plata. Sin embargo, muchos vecinos ya no confiaban en él. Entonces se convocó a un Cabildo Abierto, una reunión extraordinaria donde algunos representantes debatieron qué hacer. Allí se discutió algo revolucionario para la época: si el poder podía volver al pueblo cuando el rey no estaba.

    El 25 de Mayo de 1810, después de varios días de discusiones y presiones populares, se anunció la formación de la Primera Junta. Era un nuevo gobierno integrado por criollos, es decir, personas nacidas en América y un par de españoles que compartían sus ideas. Entre ellos estaban Cornelio Saavedra, Mariano Moreno y Manuel Belgrano. No era todavía la independencia definitiva —eso llegaría recién en 1816—, pero sí el comienzo de un proceso que cambió la historia.

    A un niño puede explicársele con una imagen simple: fue el momento en que mucha gente dijo “queremos empezar a decidir nuestro propio destino”.

    Los próceres también eran personas

    A veces la historia escolar convierte a los próceres en estatuas sin emociones. Pero eran personas reales. Belgrano no era solamente el que unos años después iba a crear la bandera: era alguien preocupado por la educación y por la pobreza. Moreno escribía textos apasionados y discutía fuerte con quienes pensaban distinto. Saavedra tenía más poder militar y una mirada más moderada. No eran héroes perfectos que siempre coincidían; eran seres humanos tratando de resolver una situación difícil.

    Eso también puede ser importante para contarles a los chicos: la historia no la hacen personajes mágicos sino personas comunes tomando decisiones en momentos complicados.

    Y hay otro dato clave para transmitir. El 25 de Mayo no fue obra de “unos pocos iluminados”. En las calles había vendedores, esclavos africanos, mujeres que repartían cintas, soldados, trabajadores y vecinos atentos a lo que ocurría. Muchas veces la historia oficial dejó afuera a esas personas, pero también formaron parte del nacimiento de la patria.

    Una revolución que todavía genera preguntas

    Más de dos siglos después, el 25 de Mayo sigue siendo una fecha viva porque habla de algo que nunca termina de resolverse: quién tiene el poder y para quién gobierna. La Revolución de Mayo abrió discusiones sobre la libertad, la representación política y la soberanía que todavía atraviesan a la Argentina actual.

    Por eso, quizás la mejor manera de explicárselo a un hijo no sea repetir fechas de memoria sino contarle que hubo hombres y mujeres que empezaron a imaginar un lugar donde las decisiones importantes pudieran tomarse acá y no desde un reino lejano.

    Y tal vez ahí aparezca la idea más profunda de todas: que la patria no nació de un día perfecto ni de un manual escolar, sino de personas que se animaron a preguntarse si podían construir algo distinto.

     

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