La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina llevó adelante la apertura de seis calles que estaban proyectadas en el loteo Barazzutti.
Una vez finalizado el trabajo se comienza con las tareas de desmalezamiento y así poder continuar con el amojonamiento de parcelas y demarcación de terrenos.
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El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, desplegó este miércoles un intenso operativo de prensa (tuit, nota radial, comunicado y finalmente conferencia de prensa) para denunciar que era falsa la información que daba cuenta de un allanamiento en la gobernación por parte de la Policía Federal y el secuestro de una computadora, en el marco de la causa que investiga sus vínculos con Juan Pablo Beacon, el arrepentido de la AFA.
«Quiero desmentir, no hubo ningún allanamiento ni en la gobernación, ni en ninguna dependencia oficial, ni a mi como particular, como tampoco hubo ningún pedido de información, no hubo absolutamente nada, es todo mentira», afirmó tajante Weretilneck.
Apenas 24 horas después la palabra del gobernador empezó a aguarse. El gobierno de Río Negro no tuvo más remedio que aceptar que efectivamente hubo un procedimiento judicial en dependencias provinciales. La respuesta surgió ante la insistencia del periodismo que empezó a confirmar que efectivamente se habían realizado operativos judiciales.
Presión a la que se sumaron diferentes bloques de la oposición, que realizaron un pedido de informes al gobierno de Weretilneck para que aclare si hubo allanamientos y qué dependencias incluyeron.
Finalmente, en un comunicado difundido este jueves, Weretilneck aceptó la existencia de los procedimientos judiciales en dependencias públicas, pero los vinculó a una denuncia que hizo el propio Gobierno por un supuesto hackeo.
En Río Negro ya se había desatado un escándalo por la filtración de los contratos que reparte la Legislatura local. En la Casa de Gobierno entraron en pánico por la posibilidad de que hubiera una segunda oleada de filtraciones, pero ahora con los recibos de sueldos millonarios que cobra el propio gobernador y sus funcionarios, además de otra información sensible.
En Río Negro ya se había desatado un escándalo por la filtración de los contratos que reparte la Legislatura local. En la Casa de Gobierno entraron en pánico por la posibilidad de que hubiera una segunda oleada de filtraciones, pero ya con los recibos de sueldos millonarios que cobra el propio gobernador y sus funcionarios.
El gobierno de Weretilneck, entonces, primero dijo que no y luego dijo que si, pero por una causa distinta a la investigación sobre sus vínculos con los negocios de la AFA y los qataríes.
El enredo comenzó el martes por la noche cuando distintos medios nacionales y provinciales publicaron que la Policía Federal había allanado la Casa de Gobierno. Fuentes de la Policía Federal, la Justicia y hasta del gobierno nacional, confirmaban la noticia.
Lo extraño es que al ser consultados, los voceros de Weretilneck negaban el hecho, pero se rechazaba emitir un comunicado oficial bajo el argumento que «no se puede desmentir una mentira». En ese momento, el procedimiento ya se había realizado y no podían desconocerlo, pero eligieron no aclarar que sí había ocurrido, pero -supuestamente- correspondía a una denuncia de la propia administración, como hicieron un día después.
La mala fe quedó en evidencia el miércoles por la mañana cuando Weretilneck buscó victimizarse y hasta se comparó con el padre de Messi. Calificó la información como una «fake news» y denunció una operación política montada desde el peronismo que lidera el senador Martín Soria.
Pero atrás del escándalo aparece otro escándalo. Antes de los allanamientos que incluyeron las oficinas de Altec, la firma del estado provincial que provee de servicios informáticos al gobierno de Weretilneck, hubo una «investigación» de la propia administración que incluyó la manipulación de elementos de prueba, sin resguardo ni permiso judicial.
Según la versión de Weretilneck el procedimiento judicial en Altec y otras dependencias, fue para identificar la computadora desde donde supuestamente accedieron a los recibos de sueldo de los funcionarios.
El problema es que en el comunicado, la propia gobernación reconoce que antes que intervenga la justicia se realizó una «investigación interna» sobre la computadora de los empleados para detectar el origen de la filtración. Fuentes con conocimiento del expediente confirmaron a LPO que antes que la Fiscalía de Estado formulará la denuncia penal, ya se había desarrollado la investigación interna y se habría secuestrado la computadora asignada al empleado señalado como presunto responsable de la filtración, sin intervención judicial.
Atrás del escándalo aparece otro escándalo. Antes de los allanamientos que incluyeron las oficinas de Altec, la firma del estado provincial que provee de servicios informáticos al gobierno de Weretilneck, hubo una «investigación» de la propia administración que incluyó la manipulación de elementos de prueba, sin resguardo ni permiso judicial.
El detalle que le agrega morbo a toda la secuencia, que acaso explica el nerviosismo y la furia con la que salió el gobernador a atacar a LPO, es que la computadora en cuestión sería la de su propio despacho. Como no quedaba bien que allanaran el despacho del gobernador, la computadora fue «trasladada» por empleados a oficinas de Altec, lo que podría suponer que se rompió la cadena de prueba.
El comunicado del gobierno provincial afirma que «la investigación se inició a raíz de un posible acceso indebido, por parte de un empleado, a documentación reservada alojada en los sistemas de la administración pública. Frente a esa situación, el Gobierno solicitó la asistencia técnica de ALTEC para colaborar en el esclarecimiento de los hechos».
«Durante la investigación se logró determinar cuál fue el equipo informático desde el que se habría producido el acceso indebido. Ese equipo fue puesto a resguardo por ALTEC y posteriormente entregado a la Justicia para su peritaje», agrega.
Y en el paso más sugestivo se aclara: «ALTEC colaboró exclusivamente en la investigación del caso a pedido del Gobierno de la Provincia. Una vez detectado el origen de la filtración de información, la situación fue denunciada ante la Justicia provincial, que resguardó el equipo para su análisis pericial», y acaso en un lapsus el último parrafo considera necesario aclarar que «toda actuación se desarrolló dentro del marco legal vigente».
«¿Cómo llegó el Gobierno a identificar al supuesto responsable de la filtración antes de la apertura formal de la causa judicial? ¿Qué herramientas utilizó para reconstruir el acceso a los sistemas informáticos? ¿Existió un procedimiento administrativo formal o una auditoría informática? ¿El trabajador acusado fue notificado de esa investigación? ¿Qué tipo de controles se realizaron sobre la manipulación de los equipos y registros informáticos?», se preguntó en diálogo con LPO un abogado penalista.
En efecto, este accionar deja flotando un interrogante complejo sobre el gobierno de Weretilneck: ¿Realizó tareas de inteligencia ilegal?, ¿Violó la normativa sobre protección de datos personales y los derechos de sus propios trabajadores?
Mientras la Selección Argentina celebraba el histórico triunfo 2-1 sobre Inglaterra y la clasificación a la final del Mundial 2026, una imagen terminó sintetizando mucho más que una victoria deportiva. Giovani Lo Celso posó con una bandera que proclamaba «Las Malvinas son Argentinas», un gesto que despertó orgullo entre miles de hinchas y volvió a colocar la causa de soberanía en el centro de la escena internacional.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
Cuando el fútbol expresa el sentimiento de un pueblo
Argentina eliminó nuevamente a Inglaterra en una Copa del Mundo. Como ocurrió en México 1986, el partido inevitablemente estuvo cargado de una enorme carga histórica, política y emocional. Aunque el fútbol y la diplomacia transiten caminos distintos, resulta imposible separar completamente un enfrentamiento entre ambos países de la memoria colectiva argentina.
En ese contexto, la imagen de Giovani Lo Celso sosteniendo una bandera con la inscripción «Las Malvinas son Argentinas» durante los festejos no apareció como una provocación gratuita, sino como la expresión de una convicción compartida por la inmensa mayoría de los argentinos.
La Constitución Nacional incorpora la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur como un objetivo permanente e irrenunciable del Estado argentino, siempre por medios pacíficos y respetando el derecho internacional. Desde esa perspectiva, el mensaje desplegado por el volante argentino no representa una consigna partidaria sino una reivindicación nacional.
El contraste con las restricciones impuestas por la FIFA
Durante la previa del encuentro trascendieron cuestionamientos y restricciones respecto del ingreso de banderas vinculadas con la causa Malvinas dentro de los estadios mundialistas. La FIFA mantiene desde hace años una política extremadamente rígida sobre la exhibición de símbolos que puedan ser interpretados como mensajes políticos.
Sin embargo, la bandera exhibida por Lo Celso apareció una vez terminado el encuentro, en medio de los festejos del plantel campeón de la semifinal, convirtiéndose rápidamente en una de las fotografías más difundidas del día.
Para gran parte de los argentinos, lejos de tratarse de un acto de confrontación, la escena representó la reafirmación de una posición histórica del país, sostenida por todos los gobiernos democráticos desde 1983 y respaldada año tras año por resoluciones de las Naciones Unidas que instan a ambas partes a retomar las negociaciones por la soberanía.
El gesto de Lo Celso también dejó en evidencia el contraste con la posición que había asumido la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien en la previa del encuentro confirmó que, por un acuerdo de seguridad coordinado con la FIFA y otras fuerzas internacionales, no se permitiría el ingreso al estadio de remeras, banderas o carteles con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas», al ser considerados «contenido político». La decisión generó fuertes cuestionamientos por tratarse de un reclamo de soberanía reconocido por la Constitución Nacional y sostenido históricamente por el Estado argentino. En ese marco, la imagen de Lo Celso celebrando la clasificación con la bandera de Malvinas adquirió un significado todavía más potente: allí donde el Gobierno aceptó restringir una expresión de identidad nacional en nombre del reglamento de la FIFA, un futbolista de la Selección terminó reivindicando, ante los ojos del mundo, una causa que para millones de argentinos trasciende cualquier competencia deportiva.
Jugadores de la Selección Argentina desplegaron una pancarta con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» tras derrotar 2-1 a Inglaterra en la semifinal del Mundial, pese a la prohibición de la FIFA sobre símbolos políticos. El gesto de Lisandro Martínez y Giovani Lo Celso en… pic.twitter.com/xBXCY39HjC
El fútbol argentino posee una relación inseparable con la historia de Malvinas. Desde el recordado Mundial de 1986 hasta la actualidad, cada cruce frente a Inglaterra despierta recuerdos que exceden los noventa minutos.
Por eso la imagen de Lo Celso adquirió una dimensión simbólica. No fue únicamente el festejo por un triunfo deportivo; fue también la manifestación de un sentimiento nacional que atraviesa generaciones y que continúa presente entre los jugadores y los hinchas.
Mientras millones de argentinos celebraban el pase a una nueva final del mundo, esa fotografía comenzó a multiplicarse en redes sociales acompañada por mensajes de apoyo, orgullo y reivindicación de la causa Malvinas.
La Selección volvió a representar algo más que fútbol
La Scaloneta ha construido en los últimos años una identificación muy fuerte con la sociedad argentina. No solamente por los títulos obtenidos sino por la manera en que sus futbolistas expresan pertenencia, cercanía y compromiso con distintos símbolos nacionales.
En ese marco, el gesto de Giovani Lo Celso fue interpretado por buena parte de la opinión pública como una continuidad de esa identificación con la historia y la identidad argentina.
En tiempos donde algunos sectores sostienen que el deporte debe permanecer completamente ajeno a cualquier referencia histórica o nacional, la imagen del mediocampista recordó que representar a la Selección también implica vestir una camiseta que simboliza a todo un país, con su historia, sus alegrías, sus heridas y sus reclamos permanentes.
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