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ACERCA DE ASADOS E INSECTOS VOLANDO CON ROCK DE LOS ´90

De noche, en el patio de mi hogar, con celular en mano, abro facebook y leo una reflexión de un amigo de Valcheta que dice: “Quiero volver a sonreír y ver rostros alegres por la calle. Quiero sentir olor a asado los fines de semana en casas de los vecinos. Quiero sentir que este país tiene futuro…” Este amigo, Yamil Mortada, refleja con profunda sensibilidad las sensaciones que experimentamos quienes queremos un país más justo.

De pronto, en el silencio nocturno aparece volando un bicho ruidoso, que dicen que aparece antes del agua; es un bicho helicóptero o libélula. Y pensando en la idea del olor a asado que refleja mi amigo, junto al insecto volador, me permito reseñar cuestiones que han dado vueltas estos días, acerca de las teorías que acusan “golpismo” o “club del helicóptero.”

El mandato del Poder Ejecutivo (Presidente) en nuestra Constitución Nacional dura 4 años con la posibilidad de reelección por un solo período (Art. 90 de la CN).

Pero la propia Carta Magna, suponiendo eventualidades que pueden ocurrir en la vida democrática de la república, y también con nuestros representantes, prevé mecanismos que son CONSTITUCIONALES, LEGÍTIMOS e INSTITUCIONALES.

Así el Art. 88 dice que: “…en caso de enfermedad, ausencia, muerte, renuncia o destitución del Presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente de la Nación.” Y agrega que en caso de destitución, muerte, dimisión o inhabilidad del Presidente y vicepresidente, el Congreso designará a un funcionario público para hacerse cargo de la Presidencia, hasta que cese la inhabilidad o sea designado en elecciones un nuevo mandatario.

Y cuando la Carta Magna habla de destitución del Presidente, refiere al procedimiento de juicio político, donde la Cámara de Diputados acusa y el Senado juzga, siempre que se trate de “…mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes…”

Así tenemos, que este especial proceso constitucional requiere que la Cámara de Diputados forme acusación con una mayoría especial: 2/3 de sus miembros presentes. Y luego el Senado garantizando el debido derecho de defensa del acusado, podrá declarar su culpabilidad con destitución, pero también con una mayoría especial: 2/3 de sus miembros presentes (Arts. 53, 59 y 60).

Cabe recordar que el Art. 36 incorporado al bloque constitucional en la reforma del año 1.994, determina que la Constitución mantendrá su imperio aun cuando se interrumpiere su observancia por actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático. Esta cláusula de defensa de la democracia sanciona que los actos de levantamiento serán insanablemente nulos, y sus autores o cómplices serán considerados traidores a la patria con inhabilitación perpetua para ocupar cargos públicos y demás penas que correspondan.

Desde el retorno de la democracia en 1.983 y aun pasando por la hiperinflación de Alfonsín y los dramáticos episodios de 2.001, nuestra institucionalidad democrática ha podido superar dichas circunstancias sin que se haya quebrado el orden constitucional.

Por eso, suponer que el Presidente de la Nación, pueda cesar su mandato antes de tiempo, no supone de ninguna manera tolerar una acusación de ser golpista o destituyente, cuando, como ya se señaló, la propia Constitución prevé hipótesis y supuestos personales o políticos que determinan el cese anticipado del mandato mediante mecanismos institucionales, democráticos y republicanos.

Que lindo que es el olor a asado, que lindo que es el asado que invita a reunión, que linda que es la argentinidad al palo.

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    Canta el perdedor del amor, José Luis Perales, ¿Y cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre? Pregúntale ¿Porqué ha robado un trozo de mi vida? Algo así está pensando mucha gente, sobre todo los analistas de América Latina sobre el candidato libertario de Colombia, Abelardo de la Espriella, después que ganara el último domingo la primera vuelta de las elecciones presidenciales. También se lo pregunta el candidato Iván Cepeda, quien irá a segunda vuelta contra él, y Paloma Valencia la candidata de Uribe, el establishment y los medios, que fueron los grandes derrotados. 

    ¿Sorpresa que De la Espriella haya ganado la primera vuelta de las elecciones en Colombia 2026? Se dice sorpresa porque decimos “no entender”. Y hace rato que no entendemos. ¿Sorpresa que Trump haya ganado en el 2016? ¿Sorpresa que Bolsonaro haya ganado en el 2018? ¿Sorpresa que Bukele ganó en el 2019? ¿Sorpresa que Milei ganara en el 2023? Siempre decimos sorpresa. Y no hay ninguna. No sabemos leer a la sociedad, andamos repletos de sentidos de modernidad y superioridad moral y lejos de los sentidos comunes y el triunfo del yopitalismo

    En Colombia todo es cuestión de estilo

    Colombia es un país conservador, pacato, donde todo a lo suavecito, matando pero con buena educación y todo en buenomía (delinquir con buena letra). Y en esas hemos andado con que nos gobernó la elite rural con Uribe (se mataba pero por buena causa), la elite burguesa del pasado con Santos (hacer la paz pero para no cumplirla), la new money de power point con Duque (estallido social, 84 muertos pero pa´lante ya). Pero llegaron los populares, zambos y negros e indios con Petro, y todo molestó: el tonito, el estilo, el gusto.  Y ahí, todo cambió: el tono, el modo, el estilo del Presidente, provocando, cazando peleas con las elites, los periodistas, los medios, las mujeres, las instituciones, los políticos, los jueces. Desesperó y exasperó a la buenomía colombiche. Entonces, se perdió el pudor y a las que sea guevón, maricón.

    Y llegamos al 2026 y a don Petro, el provocador moral y estético de Colombia, le salió uno más provocador, ignominioso y desesperante. Uno que, también, atrae a medios, periodistas, clases medias arribistas, evangélicos, new moneys y agrede con demandas judiciales a quien ose descreer de su éxito capitalista. Petro dice que lo hace para defender al pueblo porque él es pueblo; De la Espriella no quiere al pueblo, le importa un bledo, pero lo divierte e invita a seguirlo para lograr la libertad, el yopitalismo y librarse de Petro. Dos tonos en combate: el discursivo ampuloso grandilocuente con cursos de justicia social y moralidad revolucionaria de Petro (sus modelos serían Lula, Mujica, Cristina, Correa, Evo, López Obrador) y De la Espriella que tiene retórica digital de insultos, chistes, provocaciones, divertimentos, matoneos (sus modelos serían Milei, Bukele, Trump y Bolsonaro).

    En este contexto en el que “la gente” anda lejos de los medios y las informaciones, cerca de las redes y el pasarla bien, pegada de sus creencias y necesidades, no importan las realidades, ni las obras de gobierno, ni las ideologías. (A propósito Petro ha sido un gran gobernante para los pobres, los militares, campesinos y gente del común a los que les incrementó su capitalismo, ha tenido el menor desempleo posible, el dólar ha estado refuerte, se ha pagado más de la mitad de la deuda pública exterior y muchas más amores capitalistas. Y les fue re bien a los ricos. Solo los clase media llevamos del bulto. Nada importa, todo queda en cuestión de estilo, en la batalla de provocaciones en las redes como cancha de juego y los periodistas como bobos replicadores. Los periodistas los odian, pero los publican con insistencia erótica:  se informa odiando a Petro porque los jode mucho… alabando a De la Espriella, a pesar de que es el matón contra la libertad de expresión.

    Cepeda, el fantasma 

    ¿Y por qué no hablamos de Cepeda? Esa es la pregunta de la campaña. Poco se habla de él, Petro es el show, el candidato, el eterno mediático y digital. Cepeda es un buen tipo. Un izquierdista clásico. Un aguerrido senador que ha asumido la lucha contra Uribe como su misión en la tierra. Una amiga progre dice que es “pura sensatez y buen sentido. Nada del ego narcisista de Petro. Claro que sensatez y buen sentido no son faranduleros”.  

    En lo que vemos y nos dejan ver. Cepeda habla leyendo, siempre anda serio y solemne (y eso es muy malo en Colombia, debe esconder algo, pensamos; mejor que sea extrovertido y “recochero”), parece que produce sentido, pero no sabemos, nos cuesta entenderlo. También es cierto que Cepeda no batalla en lo digital por considerar que traiciona su esencia, su autenticidad y entra en el juego falso de los dilemas de las derechas (¡sus seguidores sí la luchan!).

    Su candidatura ha sido construida por Petro, al que se ama y odia por igual, al que se teme y se alaba por igual; por sus rivales políticos, la hija política de Uribe, esa paloma carroñera, o el extrovertido tigre falso en tierra de jaguares; por los medios y periodistas que como no lo entienden, lo odian (¡recordar que ya Bourdieu en Sobre la televisión lo dijo: a los periodistas lo que les parece extraordinario lo juzgan desde sus ignorancias estructurales: mejor adjetivo soez o baile de De la Espriella que sentido a lo Cepeda). 

    Así, Cepeda es como un fantasma, un desconocido al que los burgueses, los wannabes de la farándula y la new money, la clase media aspiracional, le tienen miedo. Esos mismos aman a su rival por esa razón: anti petrismo. Mientras De la Espriella dice ser un tigre aguerrido, la otra es una Paloma carroñera, Cepeda luce como un osito perezoso.

    Tal vez sea ese su problema, parecer un osito perezoso. No se sabe bien quién o qué es, ni le gusta jugar en canchas de lo cool y pop digital. No quiere traicionarse en su coherencia con sus pensares de izquierda. Está como aburrido ahí. Y que siempre está hablando de Uribe, es su causa, su karma, su razón de ser. Y siempre lo explica Petro.

    Ante Cepeda fantasma, De la Espriella eufórico

    Un tipo sin ideas ni verosimilitud política crea un personaje eufórico, atrevido, extrovertido, diseñado con un 40% Milei (la publicidad, las frases, el adjetivo destructor, lo sacado como show, creación de eventos como si fueran recitales, las historias de IA y como no puede ser el León dice ser el Tigre cuando en Colombia somos jaguares, hasta en eso es falso). 30% Bukele, de quien copia hacer megacárceles sin sentido y sin saber para quién, copia el estilo higiénico de prolijidad de barba, ropa impecable de new money, inspiración divina para gobernar, mujer bonita y familia de dios). 20% Trump, eso de yosoymillonario, eso de se hacer $$$, yo soy el capitalismo. 10% Bolsonaro, al reconvertirse desde el pecado al milagro de ser el fiel de dios y vestir la camiseta de la selección Colombia de fútbol como emblema de amor patrio en tiempos de Mundial. La fórmula comible de De la Espriella es, entonces, que es arepa de huevo con choripan Milei, pupusa Bukele y salsa Trump barbiquiu.

    ¿Y cómo es él?  El analista digital Andrés Carvajal dice que Abelardo es “pura farsa, IA y pirotecnia. Una campaña de peluquín efectiva. Una manipulación estridente de silicona que ha sabido mover las emociones y las causas de muchos”.  El diario El País lo cuenta como “un estilo de vida” que  es “su estilo de campaña. Cuando está sobre el escenario, prende pólvora, vuela drones, baila con videos de tigres —el animal con el que se identifica— hechos con IA”. El representante del periodismo burgués, Felipe López, escribe que “es un abogado excéntrico, rodeado de clientes incómodos y excesos de millonario tropical”.

    ¿En qué lugar se enamoró de ti?  En las redes, donde insulta y canta, en los medios donde provoca y baila, en los escenarios donde hace show, en las entrevistas donde no le preguntan si no lo dejan exhibir su vulgaridad, en su show nueva era eufórico y alucinado, en su transgresión. Ya que, como dice el artista Lucas Ospina, es la trasgresión “la que le permite destacar en la arena electoral (…) La transgresión como arma política capaz de llegar a grupos variados y dispersos y de unificarlos sobre la base del descontento, por vía de consignas unívocas y bajo la ilusión cuasi religiosa de una puesta en escena inmediatista que avizora un cambio de un día para otro (…) Esta actitud transgresora tiene una dimensión política crucial: permite a los seguidores gozar de la ilusión de poder hacer lo mismo en su propia vida y con su propia voz”.

    ¿De dónde es? Es del Caribe para habitar la exageración, se dice italiano para tener el buen gusto del vino, es de Miami donde su brillosidad es auténtica.

    ¿A qué dedica el tiempo libre? A hablar de sí mismo, a defender criminales a los que no libera de nada pero les cobra mucho, a insultar a las mujeres, a los homosexuales, a los indígenas, a los negros, a los izquierdosos, a los periodistas. No a la ética ni a la democracia porque “esa” no tiene nada que ver. Dedica su tiempo libre y pagado a insultar.

    ¿Por qué ha robado un trozo de mi vida? Por vanidad, por aburrimiento con su yo, por su yopitalismo, por joder al uribismo y al petrismo, por darse el gusto de ser presidente.

    El resultado: Ganó la bazofia, perdió la solemnidad

    ¿Y ahora?

    El mapa de resultados electorales muestra que la Colombia urbana quiere capitalismo y show. Y que por eso Rodolfo Hernández en el 2022 y De la Espriella en el 2026  en primera vuelta sumaron 51%, mientras los progres Petro en el 2026 y ahora Cepeda 40%. En su momento, Petro ganó en la segunda vuelta convenciendo a los de voto en blanco, a los indecisos y a más votantes. Ahí está el reto para Cepeda.

    Hasta ahora, ha sido el show de concierto musical, fútbol y malecón (muy digital, muy mediático, muy divertido) vs show retórico de salón de clase, evento ideológico, solemnidad moral al que la gente y la militancia le ha armado fiesta, goce, desparpajo… ser un aburrido cool.

    La clave de ambos candidatos será alejarse el pasado llamado Uribe y Petro, centrarse en el futuro, que De la Espriella demuestre que puede gobernar y no seguir siendo el excéntrico payaso y que Cepeda sea él mismo, juegue en lo cool y popular, entre en la batalla cooltural para promover la fiesta de lo común, movilizar a los jóvenes, crear su épica política y no la de Petro.  

    Por ahora, mi amiga de derechas dice que con De la Espriella “al menos hay más esperanza. Y un pueblo alegre, congregado y abundante sale adelante”. 

    A los colombianos nos gusta suave, pero le estamos apostando a lo estridente.

    Y mi amigo analista Lucas Ospina cree que “quizás un triunfo de la empresa electoral de De la Espriella nos cure, por fin, de creernos mejor que otros países, solo por presumir de tener ‘la democracia más antigua de la región’. La distancia entre la excepción colombiana y el resto del mapa latinoamericano es solo un margen, una desviación de un grado que, bajo un gobierno de esta tendencia, marca un retorno firme al patrón histórico de sumisión imperial y a la máxima del escritor Antonio Caballero de que en Colombia “cada presidente ha sido peor que el anterior”. 

    El realismo brutal de Milei, Bukele, Trump y Bolsonaro acecha a Colombia, y no es una metáfora, es nuestra pesadilla en tiempo real.

    La entrada El triunfo del yopitalismo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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