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A partir de mañana se venden las entradas para los espectáculos de la Fiesta Provincial de la Vendimia 🍇

Las podés adquirir en:

📍Dirección de Cultura: Brasil 91.

📍Dirección de Turismo:

     Florencio Sánchez 817.

🕚 de 8:00 a 13:00 hs.  

📌Las personas con discapacidad, para obtener su entrada, deben presentar su certificado en la Oficina de Turismo, dos días antes del evento 🕚 de 8:00 a 13:00 hs.

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    A 45 años de cuando la hinchada de Chicago desafió a la Dictadura

     

    En plena dictadura militar, cuando cantar una consigna política podía terminar en cárcel, palazos o desapariciones, una tribuna del ascenso argentino decidió romper el miedo. El 24 de octubre de 1981, la hinchada de Nueva Chicago cantó la Marcha Peronista en un estadio de fútbol y desató una represión feroz. Cuatro décadas y media después, aquella escena sigue siendo uno de los episodios más potentes de resistencia popular nacidos desde una cancha.

    Por Alcides Blanco para NLI

    La Argentina de 1981 era un país atravesado por el terror estatal. Aunque la Junta Militar comenzaba a mostrar signos de desgaste, la maquinaria represiva seguía intacta. Había censura, persecución política y control sobre cualquier manifestación pública. En ese contexto, entonar la Marcha Peronista equivalía a desafiar directamente al poder militar.

    Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Mataderos.

    Aquella tarde, Nueva Chicago enfrentaba a Defensores de Belgrano en el viejo estadio República de Mataderos por el campeonato de Primera B. El equipo verdinegro marchaba rumbo al ascenso y el barrio respiraba clima de fiesta. Bombos, banderas y tribunas repletas convivían con una tensión permanente: la Policía controlaba cada movimiento porque el fútbol también era vigilado como espacio político.

    Entonces ocurrió lo impensado.

    Desde la popular comenzó a escucharse la melodía prohibida. Primero tímidamente. Después con fuerza. Miles de hinchas empezaron a cantar la Marcha Peronista en plena dictadura militar, en un país donde todavía funcionaban centros clandestinos de detención y donde el aparato represivo seguía activo sobre sindicatos, universidades y barrios populares.

    La tribuna obrera que enfrentó el miedo

    Nueva Chicago no era cualquier club. La identidad del barrio de Mataderos estaba profundamente ligada al movimiento obrero y al peronismo histórico. Desde mediados del siglo XX, el club había construido una mística popular asociada a los trabajadores de frigoríficos, mercados y fábricas de la zona oeste porteña.

    Por eso, lo ocurrido en 1981 no fue solamente un canto futbolero. Fue una demostración política nacida desde abajo, desde una tribuna popular que decidió desafiar el silencio impuesto por los militares.

    La reacción policial fue brutal e inmediata.

    Efectivos armados ingresaron a la tribuna con palos y comenzaron una represión feroz. Hubo corridas, golpes y decenas de detenidos. Según reconstrucciones posteriores, 49 hinchas terminaron arrestados y varios fueron obligados a correr esposados por las calles de Mataderos porque los patrulleros no alcanzaban para trasladarlos.

    La imagen de los “presos al trote” apareció en diarios de la época y se convirtió en una postal insólita del final de la dictadura: un régimen militar aterrorizado por una canción.

    Peor todavía: nueve hinchas fueron enviados a la cárcel de Devoto acusados de infringir disposiciones sobre reuniones deportivas. Uno de ellos permaneció preso durante más de un mes. Todo por cantar en una cancha.

    El “Arroz con leche” que humilló a la Policía

    La historia no terminó allí. Una semana después, Chicago jugó contra Atlanta y la tensión seguía intacta. La Policía esperaba una nueva provocación y preparó un operativo especial para reprimir otra vez el canto prohibido.

    Pero la hinchada tenía preparada una respuesta tan simple como genial.

    Desde la tribuna comenzó nuevamente la introducción musical de la Marcha Peronista. Los policías avanzaron desesperados, convencidos de que volverían a escuchar el cántico peronista. Sin embargo, cuando llegó el momento de la letra, miles de gargantas explotaron con otra canción:

    “Arroz con leche, me quiero casar…”

    La maniobra descolocó completamente al operativo policial. Mientras los efectivos quedaban expuestos al ridículo, la tribuna estallaba de risa y celebración. La hinchada había encontrado una forma perfecta de burlarse de la dictadura usando una canción infantil.

    La escena quedó inmortalizada como uno de los episodios más creativos de resistencia cultural durante los años oscuros del terrorismo de Estado.

    Mucho más que fútbol

    Con el paso del tiempo, aquella jornada adquirió una dimensión histórica mucho mayor. Lo sucedido en Mataderos demostró que el fútbol argentino nunca estuvo aislado de la realidad política y social del país. Mientras muchos dirigentes miraban para otro lado frente al horror dictatorial, sectores populares encontraron en las tribunas un espacio de identidad y resistencia.

    La hinchada de Chicago hizo política cuando hacerlo podía costar la libertad. No hubo dirigentes pronunciando discursos ni estructuras partidarias organizando actos. Hubo trabajadores, vecinos e hinchas desafiando el miedo colectivo desde una popular.

    A 45 años de aquella tarde, el episodio sigue funcionando como una marca profunda en la memoria futbolera y política argentina. Porque en uno de los momentos más oscuros de la historia nacional, una tribuna demostró que incluso bajo represión, censura y amenazas, todavía había quienes estaban dispuestos a cantar.

     

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    Javier y Karina Milei salieron a levantar a Toto Caputo después de varios días de versiones sobre una tensión por el rumbo del plan económico y tras los chispazos por la salida del macrista Carlos Frugoni.

    Las versiones en torno al malestar con el ministro de Economía se habían acelerado con su faltazo a la reunión de mesa política que se realizó el lunes al mediodía en la Casa Rosada. Fue la segunda ausencia consecutiva de Caputo, que explicó que a la anterior no fue porque estaba en Washington. 

    Por la noche, Caputo, los Milei y todo el gabinete asistieron a la cena de la Fundación Libertad. La hermana presidencial se hizo fotografiar a los abrazos y sonrisas con Toto, una puesta en escena clásica de la política para tratar de escenificar buena onda y que no hace otra cosa más que confirmar la existencia de la tensión.

    Además, Milei le dedicó un elogio durante un discurso que su entorno anticipó como explosivo, pero terminó siendo más de lo mismo. «Nosotros pusimos en orden las cuentas del sector público gracias a la enorme tarea del gigante que tengo como ministro de Economía, Toto Caputo, que ajustó cinco puntos del PBI en un mes», dijo el presidente.

    ¿Qué discuten Milei y Caputo?

    LPO viene dando cuenta de la tensión entre Caputo y los Milei. Por un lado, el ministro choca con el presidente por el rumbo del plan económico: mientras que Toto busca margen para aflojar el ajuste y que se reactive la economía, Milei sostiene a rajatabla el rumbo ortodoxo. Un mensaje que reiteró en la cena realizada en el Goldencenter.

    Por otro lado, Caputo empezó a chocar con Karina por cuestiones de política. La hermana presidencial empezó a sacarle la autonomía de la que gozó durante los primeros dos años de gobierno y es por eso que el ministro en charlas privadas dejó de hablar del «riesgo kuka» y empezó a hablar al «riesgo político». Una forma de decir que el gobierno -es decir Karina- tiene que ordenar la interna.

    Hasta ahora, Caputo tenía autonomía para manejar la política económica, la relación con los gobernadores y el vínculo con Estados Unidos. Pero Karina avanzó y ya le tomó la relación con las provincias a través de los Menem. El siguiente paso, como reveló Ignacio Fidanza en GPS, es capturarle a Pablo Quirno para controlar el vínculo con Washington.

    La tensión con Caputo también explicaría la salida del macrista Carlos Frugoni de la secretaría de Infraestructura por no haber declarado siete casas. En un sector del gobierno creen que la filtración de la información fue un palo interno a Toto. También sospechan de una jugada para detonar su relación con Mauricio Macri y Nicky Caputo, que nunca interrumpió. 

    El ministro respondió con un mensaje filoso para Karina: lo echó inmediatamente del cargo y expuso la protección de la hermana presidencial a Manuel Adorni, cuestionado por lo mismo que Frugoni.

     

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