Este 2 de junio se festeja un nuevo Día Nacional del Bombero Voluntario, y desde la institución reginense se invitó a la comunidad a acompañarlos con distintas actividades.
Este miércoles a las 15:00 hs realizarán una caravana por las calles de la ciudad, todavía no se conoce el recorrido pero la idea es recorrer las calles de Regina y que los ciudadanos puedan acompañar en sus vehículos, a su vez podrán seguir la caravana mediante un vivo que se realizará en el facebook de la institución.
También te invitan a enviarles fotos con ellos, dibujos o saludos que serán publicados en sus redes oficiales e informan que a partir de las 12:00hs se realizará una ofrenda floral con un toque de sirenas y un minuto de silencio en el monumento a los bomberos caídos en la institución; en su honor y su memoria.
«Ayúdanos compartiendo esta publicación para que todos los chicos de nuestra ciudad puedan participar y nos puedan ver. Festeja con nosotros desde tu casa, porque entre todos nos cuidamos”, cierra la invitación de la institución.
Esta fecha de celebración fue elegida ya que el 2 de junio de 1884 en el barrio de La Boca un inmigrante italiano llamado Tomás Liberti decidió la creación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios.
En el caso de nuestra ciudad un grupo de vecinos reginenses visualizó la necesidad de contar en con un cuerpo de Bomberos Voluntarios, debido al incremento de incendios de Galpones de Empaque y Aserraderos de la zona. Se empezaron a congregar en la sede del consejo municipal y un 18 de Junio de 1960 quedó constituida la Comisión Provisoria Pro Cuerpo de Bomberos de Villa Regina.
Hay que ver las dinámicas de sabotaje que tiene cada uno, que lo privan de darse el gusto de dar un pasito más. Puedo usar otras palabras y también decir que hay miles de excusas que nosotros mismos creamos, sostenemos y MATERIALIZAMOS cada vez que elegimos “seguir igual”, no tomar desafíos. Ojo acá, porque nada…
Este fin de semana se corre en #VillaRegina la 3ra fecha del Campeonato Regional de Rally. Toda la info en el siguiente contenido la brinda el Dir de Deportes Damián Alvarez. Hoy viernes 19hs la «La largada simbólica» en Plaza de los Próceres. Atentos a los reginenses amantes del Rally que van a la barda…
Se debe agregar que la intervencion del día Lunes 08 de Junio a las 18:20 hs los toques de sirena que alertaron a la ciudad se debieron a un incendio de vivienda ubicada en calle Yapeyú Sur. Hacia el lugar se dirigieron dos dotaciones de bomberos con 11 voluntarios en los Móviles N° 1 Unidad de Primera Intervención y…
Se inaugura hoy en Villa Regina el mural impulsado por el Consejo Local de las Mujeres ubicado en Av. Cipolleti esquina Yapeyú Norte con referencia al Día Internacional de Lucha para la Erradicación de las Violencias contra las Mujeres. El mural fue cedido en resarcimiento por el que fuera tapado en zona céntrica en un…
La afirmación de Milei de que “la justicia social es un robo” no es novedosa ni revolucionaria: es la versión más radical de una corriente libertaria minoritaria que la historia económica, la experiencia democrática y los grandes líderes del siglo XX pusieron en discusión. Desde Friedrich Hayek hasta Robert Nozick sostuvieron críticas conceptuales a la redistribución, pero incluso las democracias más capitalistas del mundo terminaron incorporando impuestos progresivos y políticas sociales como condición de estabilidad.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
La frase de Milei se inscribe en una tradición ideológica específica: el libertarismo radical, una corriente que considera que cualquier redistribución forzada por el Estado vulnera el derecho de propiedad. Sin embargo, cuando esa tesis se contrasta con la experiencia histórica concreta de las naciones desarrolladas, el resultado es contundente: no existe un solo país moderno que funcione sin algún grado de justicia social institucionalizada.
El origen intelectual: una tesis extrema y minoritaria
El economista austríaco Friedrich Hayek tituló directamente uno de sus libros The Mirage of Social Justice. Allí sostuvo que el concepto de justicia social es un “espejismo” porque el mercado no tiene voluntad moral; por lo tanto, no puede ser justo ni injusto. Para Hayek, intentar corregir resultados del mercado implica abrir la puerta a una expansión del poder estatal.
Más explícito fue el filósofo estadounidense Robert Nozick, quien escribió en Anarchy, State, and Utopia que “taxation of earnings from labor is on a par with forced labor”, es decir, que gravar ingresos es equiparable al trabajo forzado. Esa es la raíz conceptual más cercana a la frase de Milei.
Pero incluso dentro del liberalismo clásico estas posiciones fueron discutidas. Milton Friedman, muy mencionado por Milei, por ejemplo, defendía el mercado pero aceptaba el impuesto negativo a la renta como mecanismo para asistir a los más pobres. Es decir, reconocía que algún tipo de red de contención era necesaria para que el sistema no colapsara socialmente.
El problema es que el libertarismo puro funciona como construcción teórica, pero carece de evidencia empírica en Estados complejos y democráticos.
La experiencia histórica: sin redistribución no hay estabilidad
Las grandes democracias capitalistas del siglo XX no avanzaron hacia menos Estado luego de las crisis, sino hacia más regulación y más políticas sociales.
Tras la Gran Depresión producto del derrumbe de la bolsa en 1929, Franklin D. Roosevelt sostuvo con claridad que “necessitous men are not free men”, es decir, los hombres necesitados no son hombres libres. El New Deal no fue una concesión ideológica: fue una respuesta pragmática para salvar al capitalismo de sí mismo.
En Europa, incluso líderes conservadores comprendieron la necesidad de incorporar justicia social como principio organizador. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido construyó su Estado de bienestar con consenso transversal. La experiencia mostró que sin cohesión social, el mercado se vuelve políticamente inviable.
El filósofo John Rawls, en A Theory of Justice, planteó el llamado “principio de diferencia”: las desigualdades solo son aceptables si benefician a los más desfavorecidos. No se trata de igualitarismo absoluto, sino de una arquitectura institucional que garantice legitimidad.
La historia económica moderna es clara: los países más desarrollados combinan mercado con impuestos progresivos, servicios públicos universales y mecanismos de redistribución. Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón y los países nórdicos aplican impuestos a la renta, sistemas previsionales solidarios y políticas de bienestar. Ninguno abrazó el ideal libertario puro.
El caso argentino: justicia social como pacto democrático
En la Argentina, la justicia social no fue una consigna abstracta sino una reorganización concreta del vínculo entre capital y trabajo impulsada por Juan Domingo Perón. Derechos laborales, aguinaldo, vacaciones pagas y movilidad social ascendente no surgieron de la espontaneidad del mercado, sino de decisiones políticas.
Reducir ese proceso histórico a la categoría de “robo” implica desconocer que toda organización estatal moderna se basa en impuestos. Sin impuestos no hay educación pública, no hay infraestructura, no hay sistema judicial, no hay defensa, no hay estabilidad monetaria.
El propio desarrollo del capitalismo industrial necesitó del Estado para expandirse: desde la construcción de ferrocarriles hasta la financiación de universidades y sistemas científicos.
Una consigna más ideológica que aplicable
La idea de que la justicia social es un robo parte de una concepción absoluta del derecho de propiedad. Pero en la práctica, ningún país desarrollado sostiene esa tesis en términos absolutos. Incluso los modelos de baja presión fiscal mantienen impuestos indirectos, gravámenes corporativos y algún tipo de política social.
La pregunta central no es si existe redistribución —porque existe en todos los Estados modernos— sino qué nivel de redistribución garantiza estabilidad sin ahogar la actividad económica.
Los grandes líderes del siglo XX no abolieron la justicia social: la institucionalizaron como parte del contrato democrático. La experiencia histórica demuestra que cuando la desigualdad se vuelve extrema, el resultado no es más libertad sino más conflicto.
La frase de Milei, lejos de ser una novedad disruptiva, revive una discusión teórica que ya fue puesta a prueba. Y la evidencia empírica indica que las sociedades más prósperas no eliminaron la justicia social: la regularon, la administraron y la integraron como herramienta de cohesión.
El libertarismo absoluto puede funcionar como consigna. Pero solo es una utopía sin aplicación real en el mundo fuera de la imaginación descontrolada de Milei.
Arrancó las amarras que lo adherían al suelo, cansado de injusticias, mezquindades y violencia. Alzó la voz para anunciar su partida: ¡Quienes quieran venir conmigo los llevaré con todo gusto! El Pueblo no podía creer lo que estaba sucediendo. Una parálisis generalizada se había expandido desde su piel de reglas hasta sus entrañas de pasión….
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