VILLA REGINA: NO ERA EL NOMBRE ORIGINAL, NI NACIÓ UN 7 DE NOVIEMBRE.
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VILLA REGINA: NO ERA EL NOMBRE ORIGINAL, NI NACIÓ UN 7 DE NOVIEMBRE.

VILLA REGINA: NO ERA EL NOMBRE ORIGINAL, NI NACIÓ UN 7 DE NOVIEMBRE.

Del sueño de Cipolletti a la obra de Bonoli, pasaron 25 años.

Hace 120 años, el 6 de septiembre de 1899, el Ing. Cesar Cipolletti entregaba al Sr. Emilio Civit, Ministro de Obras Públicas de la Nación, su informe “Estudio de Irrigación – Ríos Negro y Colorado”, en el cual dice: «En cuanto al agua, la hay suficiente para regar más de un millón de hectáreas, es decir más de la mitad de todo el Egipto…». El sueño del Ing. Cipolletti era ejecutar las obras de riego en el Valle Superior del río Negro y posibilitar el asentamiento en la zona de varias colonias que albergara agricultores italianos.

1899 – El Ing. Cipolletti (primero a la derecha), junto a otros ingenieros colaboradores del Estudio de Irrigación.

Después de terminados los estudios del sistema hidráulico, Cipolletti retorna a su patria Italia y realiza una Conferencia en el Aula Magna del Colegio Romano, en Roma ante los soberanos y las destacadas persona-lidades parlamentarias de la Banca y el Comercio, buscando interesar a un Consorcio Bancario, para que con los Gobiernos de Italia y la Argentina, junto con la Empresa del Ferrocarril Sud, pudieran realizar los trabajos proyectados colonizando las tierras con familias italianas. Pero el Ingeniero Cipolletti, no tuvo la fortuna de encontrar el apoyo que necesitaba, políticamente no eran tiempos propicios. Igualmente el Gobierno Argentino lo reclama nueva-mente para que desarrolle su propio proyecto de regulación de aguas y canalización a través del Dique Cordero/Ballester, pero el 23 de enero de 1908, lo sorprende la muerte, en cercanía de las Islas Canarias, en el barco «Tommaso di Savoia» que lo traía a la Argentina. Pero la idea de formar en el Alto Valle varias colonias italianas continuó presente.

Felipe Bonoli, nació y se graduó en ingeniería en Roma. Formaba parte del grupo de ingenieros contratados por el Gobierno Argentino. Y en enero de 1908 viajaba junto a Cipolletti al momento de fallecer. Meses después se casaría con Benedicta, la hija de gran visionario. Ya en Argentina, el destino de Bonoli lo lleva a Mendoza, donde junto a sus cuñados instalan una empresa metalúrgica. Pero nunca pudo olvidar “el sueño” de su suegro y el desarrolla que él comprendía para Río Negro.

Colonia Regina a inicio o mediados de 1925.

Del deseo a la realidad. Todos los nombres.

Ottavio Dinalle entre 1922 y 1923 viajó por varias provincias argentinas (incluida Río Negro) buscando zonas aptas para la radicación de colonos italianos, en este largo recorrido también pudo constatar que la inmigración itálica ya establecida estaba expuesta a diferentes especulaciones económicas y en algunos casos se encontraba en peores condiciones de las que habían dejado en Italia. Era necesario planificar la llegada!

Dinalle realizó varios proyectos de colonización “planificada” para las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Río Negro. Cuando en 1923 se encuentra con el Ing. Felipe Bonoli el reconocimiento de las ideas y proyectos de ambos fue inmediato. Bonoli tenía la capacidad técnica y la ventaja de ser el yerno de Cipolletti (excelentemente conceptuado en ambas naciones) y Dinalle contaba con línea directa a Roma y a Mussolini.

Los dos coincidieron que la mejor región para iniciar un proceso de colonización italiana era el Valle del Río. La primera colonia se ubicaría entre el Km. 1094 (hoy Chichinales) y el Km. 1120 (hoy Ing. L. A. Huergo), en la tierras  de los herederos de Manuel Zorrilla.

Para esta primera colonia, el nombre propuesto era “Vittorio Veneto”, pero el agradecimiento político pudo más y culmina llamándose “Colonia Regina Pacini de Alvear”.

Recordemos que solo cinco años antes, entre 23 de octubre y 2 de noviembre de 1918, se había desarrollado la batalla de Vittorio Veneto, que enfrentó a las fuerzas armadas del Reino de Italia con las del Imperio austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial y significó la derrota definitiva del Imperio.

También pensaron realizar una segunda colonia en cercanía de la Estación de Chimpay, esta se llamaría “Monte Grappa” (Montaña en la Región del Veneto que se convirtió en el pilar más importante de la defensa italiana durante la guerra del 1914 a 1918). Idea que no prosperó.

Pero volvamos. Idealmente Regina nace en la mente de sus creadores como “Vittorio Veneto”. En octubre de 1923, la CIAC ya conformada  como sociedad había iniciado los trabajos en los terrenos adquiridos a los Zorrila, pero para su completa legalidad solo faltaba la firma en el decreto aprobatorio del Presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, quien estaba casado con la cantante de ópera, hija de italianos nacida en Portugal, Regina Pacini.

Sr. Presidente, gracias por la firma. Manden telegrama informando que cambiamos el nombre de la Colonia, desde ahora se llamará “Colonia Regina Pacini de Alvear”, si bien en la práctica era «Colonia Regina Alvear». Igualmente hasta que el nuevo nombre se fue haciendo conocido, era más fácil y sencillo ubicar al nuevo pueblo por su situación dentro del tendido del Ferrocarril Sud, es decir el “Km 1106”.

A principios del siglo XX, todos los países que pretendían mostrarse como potencias ante el mundo, debían poseer mínimamente colonias en el exterior. Italia no podía ni quería ser menos, si bien no contaba con el poderío militar y económico necesario para realizarlo. Pero si ya contaba con colonos italianos dispersos por todo el mundo. Entre ellos, los de Colonia Regina. Testimonio orales reginenses cuentan que no faltaron ideólogos que pensaron hacer del pueblo un enclave italiano en la Patagonia, como el Peñón de Gibraltar. Al parecer esta idea llegó a los oídos del Presidente M.T de Alvear, quien les recordó que estaban en territorio argentino. La respuesta reginense solo fue “literal”, procedieron a can-celar “Pacini de Alvear” quedando solo “Colonia Regina”. La colonia creció y en algún momento pasó a ser “Villa Regina”.

Otra particularidad, es encontrar reiteradas veces, en libros y artículos periodísticos de la época fundacional, esta cita: “Pueblo y Colonia de Villa Regina”. Donde el “pueblo” sería la parte céntrica y la “colonia” toda la zona de chacras. Hoy esta diferencia ya no existe, pero en aquellos años se ve que demarcaba dos mundos distintos, distanciados por algo más que un par de kilómetros.

¿¿¿Y si organizamos los festejossss????  Pero necesitamos poner una fecha!!!!

Como no había una data expresa de fundación, se seguía festejando el aniversario sin fecha cierta, hasta que en Octubre de 1958 se establece la fecha que todos recordamos. “La Municipalidad por resolución unánime de los Sres Concejales según consta en al Acta 25 / 58, decidieron fijar como fecha de Fundación de Villa Regina, el 7 de Noviembre de 1924, tomándose en base para ello que en dicho día, el señor Presidente de la Nación Argentina, Dr. Marcelo T. de Alvear, firmó el Decreto Nro. 18.728 de aprobación de los Estatutos de Colonización de, la (C.IAC.) Compañía Italo Argentina de Colonización”.

Con esta resolución los reginenses unificaron los festejos en un solo día, y dejaron de realizarlo en cualquier momento del año. Al parecer, algunos chacareros colonos no quedaron conformes con fecha elegida. Para ellos, tenía mayor significancia, seleccionar un día relacionado al inicio de la producción, y no uno que evocara “el procedimiento administrativo” de la Compañía con la cual tuvieron serias diferencias.      

No deja de llamar a la atención,  que la fecha propuesta para el aniversario (que con el tiempo todos recuerdan como fecha de fundación), es decir, el 7 de Noviembre de 1924, pero para ese día… Regina ya estaba fundada!!

Siguiendo a Pantaleone Sergi dice: “De hecho, los trabajos se iniciaron el 23 de octubre de 1924: en esa fecha fueron levantadas una pequeña cabaña de madera y dos carpas para acoger a los primeros en llegar”.

Hoy es el 95º Aniversario de Regina. Pero hace 61 años, desde 1958, que se festeja todos los 7 de noviembre. Y los restantes 34 años en que día o días se celebraron??? Veamos que decía Franco González:

5 de marzo de 1925 –   “Durante varios años, el Pueblo y Colonia de Villa Regina recordó esta fecha como día de la inauguración de la «Colonia Regina Pacini de Alvear». Este día, se celebró una gran reunión en la Chacra 109, «Ex Isla San Alberto «, a la que asistieron entre otros, S.E. el Embajador de Italia en la Argentina, Conde Luis Aldrovando Marescotti Di Viano ; el Presidente de la Sociedad Italiana en la Argentina, Signore Vendemíatto ; el Commendatore, Héctor Valsecchi, Presidente de la C.I.A.C. ; Autoridades del Gobierno Argentino ; accionistas de los Bancos Italianos ; el Gerente de la Compañía, Ingeniero Felipe Bonoli ; Autoridades de la Comuna de Villa Regina ; Periodistas de los Diarios «La Prensa» y «La Nación» ; vecinos y colonos; imponiéndose a los visitantes del desarrollo de la Colonización”.

29 de Abril de 1945 – “Siendo Presidente de la Comuna Reginense, el Ing. Jorge Antonio Bonorino, se conmemora por primera vez un Aniversario de Villa Regina, debido a que la producción se inició ese día del año 1925, se celebró el 20 Aniversario”.

La figura del Ing. Felipe Bonoli. Casi olvidado por la ciudad que fundo???!!!

Iniciábamos diciendo: “Del sueño de Cipolletti a la obra de Bonoli, pasaron 25 años”. Cuando Bonoli asume la Gerencia de CIAC en 1924 tenía 41 años, pero desde 1908 conocía y compartía la visión del Ing. Cipolletti.

Con la llegada al poder del fascismo en Italia, es probable que Bonoli haya detectado que era el momento justo para intentar formar una colonia italiana en el Alto Valle. Sin contactos políticos es impensable que haya podido trasladar desde Italia 400 familias para fundar Regina. Probablemente fue más oportunista que fascista.  

En enero de 1930 (solo 6 años luego de la fundación) Bonoli renuncia a la Gerencia de la CIAC. Pantaleone Sergi dice: “dejó el trabajo porque no estaba de acuerdo con la actitud vejatoria de la sociedad con respecto a los cesionarios” .Regresó por primera vez en 1949, por la inauguración del Busto al Ing. Cesar Cipolleti, emplazado en la esquina de 25 de Mayo y Don Bosco. Y volvió en 1960 con motivo de celebrarse el 36º Aniversario de la Ciudad, de esta su última visita tomamos parte de su discurso transcripto por Franco González.

(…) “después de largo periodo que duró mi ausencia.. -si se me permiten usar esta palabra- ya que circunstancias adversas y dolorosas, me habían obligado a alejarme de este lugar, en que había consagrado todo mi entusiasmo juvenil, todas mis energías, toda mi pasión. (…) Han pasado ya 36 años de la fundación de la Colonia, deseo recordar en estas circunstancia mis primeros pasos,  para llevar a cabo la obra que me había propuesto, con el propósito de demostrar cómo se había podido encarar el problema de Colonización, con familias de agricultores italianos, inmigrados, contando con los medios financieros necesarios. (…) La emoción que me invade desde ayer, es tan grande, que no tengo palabras para describirla. Igual es la satisfacción de encontrar a todos los colonos contentos, por haber triunfado en la lucha.

Me propongo visitarlos en sus propias chacras, y es cierto que mucho de ellos ya dejaron para siempre esta tierra de lágrimas, encontraré a los hijos y nietos que seguirán, en perfección, cuanto hicieron sus padres, son éstos que están llamados no solo a intensificar siempre más los trabajos, sino a compenetrarse de la gran misión que se le ha confiado, de una estrecha unión en esta nuestra segunda patria”

(…) Desgraciadamente nos sorprendieron los años de crisis, empezando en el año 1928, cuando los productos ya no tenían valor alguno.

El desaliento entre los colonos empezó a cundir, empezando también mi lucha con los Banqueros y Directores de la Compañía por una parte, para conseguir mayor apoyo financiero, más necesario que nunca.

Había que defender de cualquier forma la producción, renunciando por el momento al cobro de los intereses y cuotas de amortización, de las deudas contraídas por los colonos.  

(…) No obstante todos mis afanes, la mayoría de los colonos no me demostraron ya la confianza necesaria, creyendo haber sido objeto de un engaño.

(…)…”El Directorio de la C.I.A.C, influenciado por la decisión del I.C.L.E, consideraba que el Ingeniero Bonoli no se cansaba de pedir siempre mayores ayudas a favor de los colonos, no era ya persona grata y adoptó actitudes que me obligaron a retirarme definitivamente de la colonia…”

Desde que dejara Villa Regina en 1930 hasta que falleciera en 1967, Bonoli continuo con su espíritu de colono fundador trabajando para otras empresas en Bolivia (1940), en Jujuy (1956), en Colombia (1956) y a los 84 años lo sorprende la muerte cuando trabajaba en “otro proyecto más” de colonización con italianos en Senillosa. Sí, a solo 116 km. de Villa Regina!!! No habría nada de casualidad si vemos que el COPADE neuquino se fundó en 1963, y uno de los primeros integrantes del mismo fue el Ing. Felipe Bonolli Cipolletti, hijo del fundador de Regina.

Monumento recordatorio del Ing. Felipe Bonoli, ubicado en la Plaza de Jubilados.

Bonoli descansa en el cementerio local. Y su recuerdo apenas perdura en el nombre de una calle que tiene 2 cuadras y ½, cuadras que no llegan ni a los 100 metros cada una!!! Y un monumento pequeño y casi hecho a “mitad” en una plaza. Para él, no hubo ni una avenida, ni un barrio, ni una plaza, con su nombre! Demasiado poco para quien diera el impulso primero y fundamental para que hoy exista Villa Regina.      


En el año 2012, desde el lunes 5 al miércoles 7 de noviembre, nos visitó Pantaleone Sergi, historiador, escritor y periodista italiano, autor del extenso artículo de investigación “Un modelo fascista de emigración italiana en Argentina. Así nació Villa Regina, en Alto Valle de Río Negro”, realizado en base a documentos encontrados en la Fundación Ugo Spirito de Roma. Con total razón Pantaleone Sergi, propone en su artículo, que la historia conocida de Regina es solo el segundo capítulo, y él con gran estilo nos propone leer el primero!! Aquí lo dejamos en descarga. Buena lectura!!!    

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    Una independencia que no quería cambiar de dueño: Malvinas, Milei y la paradoja de enfrentar a Londres bajo el paraguas de Washington

     

    Milei volvió a reivindicar Malvinas y anunció sanciones contra empresas que operen allí, mientras acelera la base naval de Ushuaia. La historia de 1816 plantea una pregunta incómoda sobre la soberanía.

    Por Roque Pérez para NLI

    Bandera de Estados Unidos flamenado en Ushuaia (2024)

    En 1816, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata decidieron romper formalmente con la monarquía española, había una cuestión que iba mucho más allá de la ruptura con Fernando VII. La independencia no podía significar simplemente dejar de obedecer a Madrid para comenzar a obedecer a otra capital. Por eso, diez días después de aquella declaración del 9 de julio, el Congreso de Tucumán incorporó una precisión que tiene una vigencia política sorprendente dos siglos más tarde: las Provincias Unidas serían una nación libre e independiente «del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli» y «de toda otra dominación extranjera». El agregado no fue decorativo ni una corrección de estilo. Pedro Medrano pidió incorporarlo expresamente para despejar los rumores sobre posibles proyectos destinados a colocar al nuevo país bajo la autoridad de otra potencia, en particular frente a las especulaciones relacionadas con Portugal.

    Ese detalle histórico adquiere otra dimensión después del discurso que Javier Milei pronunció ayer en cadena nacional, en el que volvió a colocar la cuestión Malvinas en el centro de la escena política argentina. El Presidente anunció un endurecimiento de las sanciones contra las empresas que participen de proyectos de explotación de hidrocarburos en las islas sin autorización argentina y anticipó medidas destinadas a reforzar las capacidades defensivas en Tierra del Fuego, incluyendo la aceleración de la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia. Según explicó, esa infraestructura debería convertirse en un polo estratégico para la presencia argentina en el Atlántico Sur.

    La reivindicación de la soberanía argentina sobre Malvinas, por supuesto, no constituye ninguna novedad ni pertenece a un gobierno determinado: es una política de Estado respaldada por décadas de diplomacia argentina y por la propia Constitución Nacional. Lo que vuelve políticamente particular el discurso de Milei es el contexto internacional en el que aparece y la arquitectura de alianzas que el Gobierno construyó desde su llegada al poder. Porque mientras el Presidente vuelve a confrontar discursivamente con el Reino Unido por la ocupación de las islas, su estrategia geopolítica ha colocado a Estados Unidos en un lugar privilegiado, precisamente en materia militar, logística y estratégica.

    La frase de 1816 que vuelve como una pregunta incómoda

    La historia del agregado del 19 de julio tiene una fuerza simbólica difícil de ignorar. El Congreso no se conformó con declarar la ruptura con la Corona española. Quiso dejar escrito que la emancipación no habilitaba el reemplazo de una dependencia por otra. La documentación histórica conservada por el propio Estado argentino señala que aquella fórmula adicional buscaba sofocar los rumores sobre una eventual dominación extranjera, mientras otras reconstrucciones históricas explican que existían especulaciones sobre un posible sometimiento al rey de Portugal.

    La idea de fondo era mucho más profunda que la disputa circunstancial entre distintas facciones políticas. Ser independiente significaba conservar la capacidad de decidir el propio destino, incluso cuando el escenario internacional obligara a negociar, establecer alianzas o convivir con potencias mucho más poderosas. San Martín, Belgrano y buena parte de los dirigentes de aquel proceso entendían que la emancipación debía ser continental y que la supervivencia de las nuevas naciones dependía, en buena medida, de no quedar sometidas a los intereses de las grandes potencias de la época. El propio Estado argentino reconoce que el Congreso de 1816 rechazó fórmulas intermedias que pudieran desembocar en alguna forma de protectorado.

    Dos siglos después, la pregunta puede formularse de otra manera: ¿se puede hablar de soberanía plena sobre Malvinas mientras la estrategia para defender esa soberanía queda estrechamente asociada a una potencia extranjera?

    No se trata de equiparar automáticamente una base militar contemporánea con un protectorado colonial del siglo XIX. Sería históricamente incorrecto. Una cooperación militar no implica por sí misma pérdida de soberanía. Pero sí resulta legítimo discutir qué intereses estratégicos persigue esa cooperación, quién define sus objetivos y qué margen conserva la Argentina para establecer una política autónoma en el Atlántico Sur.

    Y ahí aparece un antecedente que resulta particularmente incómodo para el relato actual.

    En abril de 2024, Milei había dicho que la instalación de una base estadounidense en Ushuaia constituía «el primer paso» para recuperar las Malvinas. En aquella oportunidad sostuvo que Estados Unidos era su aliado y vinculó explícitamente la presencia militar norteamericana en Tierra del Fuego con el reclamo argentino sobre las islas y la Antártida. También había destacado la visita de la entonces jefa del Comando Sur estadounidense, Laura Richardson, y presentado la cooperación militar con Washington como parte de una estrategia de integración con Occidente.

    La cuestión, entonces, no es solamente qué dijo Milei ayer sobre Malvinas. Es qué relación existe entre lo que dijo ayer y aquello que había dicho en 2024.

    Malvinas, Trump y una oportunidad que no necesariamente es argentina

    El otro elemento que vuelve especialmente significativo el discurso presidencial es Donald Trump. Apenas unos días antes, el mandatario estadounidense había dejado abierta la posibilidad de revisar la posición de Washington frente a la cuestión Malvinas. Consultado en el Salón Oval sobre si Estados Unidos podía modificar su postura histórica, Trump respondió que revisa todas las posiciones y que esa era «solo una» entre muchas. No anunció un cambio concreto de política, pero dejó deliberadamente abierta una puerta.

    El contexto importa. La declaración de Trump apareció en medio de sus fuertes presiones sobre el Reino Unido para que aumente su gasto militar y acompañe más decididamente la estrategia internacional de Washington. Por eso, una parte importante del análisis internacional interpreta la carta Malvinas no como un repentino descubrimiento de la causa argentina por parte de la Casa Blanca, sino como una herramienta de presión de Trump sobre Londres.

    Y esto modifica considerablemente la lectura. Porque si Trump utiliza Malvinas como una ficha en su negociación con el Reino Unido, la causa argentina corre el riesgo de convertirse nuevamente en una pieza dentro del tablero estratégico de una potencia que tiene sus propios intereses globales.

    Milei, naturalmente, puede considerar que esa circunstancia representa una oportunidad histórica. Y desde una perspectiva diplomática, cualquier modificación de la posición de una potencia como Estados Unidos puede resultar relevante para la Argentina. Pero existe una diferencia sustancial entre aprovechar una oportunidad internacional desde una posición autónoma y hacerlo subordinando la estrategia nacional a los intereses de quien ofrece esa oportunidad.

    El problema se vuelve todavía más evidente cuando la misma potencia que eventualmente podría modificar su postura sobre Malvinas es presentada por el Gobierno argentino como su principal aliado estratégico y cuando la presencia militar estadounidense en Tierra del Fuego fue reivindicada por el propio Milei como parte del camino para recuperar las islas.

    ¿Contra Inglaterra con una mano y abrazados a Estados Unidos con la otra?

    El discurso presidencial tiene, entonces, una paradoja difícil de esquivar. Milei endurece su posición frente a las empresas que explotan recursos naturales en Malvinas, cuestiona al Reino Unido y reivindica la soberanía argentina, pero al mismo tiempo acelera una infraestructura militar en el extremo sur cuyo desarrollo está inserto en una relación de cooperación estratégica con Estados Unidos.

    Incluso las sanciones anunciadas ayer tienen un componente concreto que merece atención: el Gobierno apunta al proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas, y pretende ampliar las herramientas para impedir que empresas vinculadas con esa explotación puedan operar en territorio argentino. La decisión coloca nuevamente los recursos naturales del Atlántico Sur en el centro de la disputa, justamente cuando el petróleo de Malvinas empieza a adquirir una importancia económica y geopolítica cada vez mayor.

    Pero la soberanía no se reduce a quién puede o no perforar un pozo. Soberanía también significa decidir con quién se establecen alianzas militares, qué fuerzas extranjeras participan de la arquitectura estratégica del territorio nacional, qué intereses se protegen y cuál es el grado de autonomía con el que se toman esas decisiones.

    Por eso la frase incorporada al Acta de Independencia en 1816 vuelve a resultar incómodamente actual. Aquellos congresales no escribieron solamente que querían dejar de pertenecer a España. Escribieron que no querían pertenecer a ninguna otra dominación extranjera. Y lo hicieron precisamente porque conocían el riesgo de que una revolución emancipadora pudiera terminar cambiando de dueño.

    La Argentina del siglo XXI no es la Argentina de 1816 y Estados Unidos no es Portugal. Las circunstancias son completamente diferentes. Pero la pregunta de fondo conserva una vigencia extraordinaria: ¿para recuperar una parte de nuestro territorio nacional necesitamos apoyarnos militarmente en otra potencia extranjera?

    Milei parece haber encontrado en Malvinas una causa capaz de recuperar una bandera política que durante buena parte de su gobierno había quedado relegada detrás de su alineamiento incondicional con Washington y de sus elogios a Margaret Thatcher. Ahora el Presidente habla de soberanía, sanciona empresas que explotan recursos en las islas y anuncia mayor presencia argentina en el Atlántico Sur.

    Pero justamente por eso la discusión merece ser mucho más profunda que una consigna. Malvinas no puede convertirse en una bandera que se agita contra Londres mientras se entrega el mapa estratégico del Atlántico Sur a Washington. Defender la soberanía argentina sobre las islas implica, también, discutir la soberanía sobre el territorio continental, los recursos naturales, el mar, la Antártida y las decisiones estratégicas que afectan a toda la región.

    En 1816, los hombres reunidos en Tucumán entendieron que la independencia no consistía en elegir cuál sería la próxima potencia a obedecer. La independencia consistía en no tener amo. Dos siglos después, esa diferencia sigue siendo demasiado importante como para dejarla flotando en una cadena nacional.

     

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