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VILLA REGINA: NO ERA EL NOMBRE ORIGINAL, NI NACIÓ UN 7 DE NOVIEMBRE.

Del sueño de Cipolletti a la obra de Bonoli, pasaron 25 años.

Hace 120 años, el 6 de septiembre de 1899, el Ing. Cesar Cipolletti entregaba al Sr. Emilio Civit, Ministro de Obras Públicas de la Nación, su informe “Estudio de Irrigación – Ríos Negro y Colorado”, en el cual dice: «En cuanto al agua, la hay suficiente para regar más de un millón de hectáreas, es decir más de la mitad de todo el Egipto…». El sueño del Ing. Cipolletti era ejecutar las obras de riego en el Valle Superior del río Negro y posibilitar el asentamiento en la zona de varias colonias que albergara agricultores italianos.

1899 – El Ing. Cipolletti (primero a la derecha), junto a otros ingenieros colaboradores del Estudio de Irrigación.

Después de terminados los estudios del sistema hidráulico, Cipolletti retorna a su patria Italia y realiza una Conferencia en el Aula Magna del Colegio Romano, en Roma ante los soberanos y las destacadas persona-lidades parlamentarias de la Banca y el Comercio, buscando interesar a un Consorcio Bancario, para que con los Gobiernos de Italia y la Argentina, junto con la Empresa del Ferrocarril Sud, pudieran realizar los trabajos proyectados colonizando las tierras con familias italianas. Pero el Ingeniero Cipolletti, no tuvo la fortuna de encontrar el apoyo que necesitaba, políticamente no eran tiempos propicios. Igualmente el Gobierno Argentino lo reclama nueva-mente para que desarrolle su propio proyecto de regulación de aguas y canalización a través del Dique Cordero/Ballester, pero el 23 de enero de 1908, lo sorprende la muerte, en cercanía de las Islas Canarias, en el barco «Tommaso di Savoia» que lo traía a la Argentina. Pero la idea de formar en el Alto Valle varias colonias italianas continuó presente.

Felipe Bonoli, nació y se graduó en ingeniería en Roma. Formaba parte del grupo de ingenieros contratados por el Gobierno Argentino. Y en enero de 1908 viajaba junto a Cipolletti al momento de fallecer. Meses después se casaría con Benedicta, la hija de gran visionario. Ya en Argentina, el destino de Bonoli lo lleva a Mendoza, donde junto a sus cuñados instalan una empresa metalúrgica. Pero nunca pudo olvidar “el sueño” de su suegro y el desarrolla que él comprendía para Río Negro.

Colonia Regina a inicio o mediados de 1925.

Del deseo a la realidad. Todos los nombres.

Ottavio Dinalle entre 1922 y 1923 viajó por varias provincias argentinas (incluida Río Negro) buscando zonas aptas para la radicación de colonos italianos, en este largo recorrido también pudo constatar que la inmigración itálica ya establecida estaba expuesta a diferentes especulaciones económicas y en algunos casos se encontraba en peores condiciones de las que habían dejado en Italia. Era necesario planificar la llegada!

Dinalle realizó varios proyectos de colonización “planificada” para las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Río Negro. Cuando en 1923 se encuentra con el Ing. Felipe Bonoli el reconocimiento de las ideas y proyectos de ambos fue inmediato. Bonoli tenía la capacidad técnica y la ventaja de ser el yerno de Cipolletti (excelentemente conceptuado en ambas naciones) y Dinalle contaba con línea directa a Roma y a Mussolini.

Los dos coincidieron que la mejor región para iniciar un proceso de colonización italiana era el Valle del Río. La primera colonia se ubicaría entre el Km. 1094 (hoy Chichinales) y el Km. 1120 (hoy Ing. L. A. Huergo), en la tierras  de los herederos de Manuel Zorrilla.

Para esta primera colonia, el nombre propuesto era “Vittorio Veneto”, pero el agradecimiento político pudo más y culmina llamándose “Colonia Regina Pacini de Alvear”.

Recordemos que solo cinco años antes, entre 23 de octubre y 2 de noviembre de 1918, se había desarrollado la batalla de Vittorio Veneto, que enfrentó a las fuerzas armadas del Reino de Italia con las del Imperio austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial y significó la derrota definitiva del Imperio.

También pensaron realizar una segunda colonia en cercanía de la Estación de Chimpay, esta se llamaría “Monte Grappa” (Montaña en la Región del Veneto que se convirtió en el pilar más importante de la defensa italiana durante la guerra del 1914 a 1918). Idea que no prosperó.

Pero volvamos. Idealmente Regina nace en la mente de sus creadores como “Vittorio Veneto”. En octubre de 1923, la CIAC ya conformada  como sociedad había iniciado los trabajos en los terrenos adquiridos a los Zorrila, pero para su completa legalidad solo faltaba la firma en el decreto aprobatorio del Presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, quien estaba casado con la cantante de ópera, hija de italianos nacida en Portugal, Regina Pacini.

Sr. Presidente, gracias por la firma. Manden telegrama informando que cambiamos el nombre de la Colonia, desde ahora se llamará “Colonia Regina Pacini de Alvear”, si bien en la práctica era «Colonia Regina Alvear». Igualmente hasta que el nuevo nombre se fue haciendo conocido, era más fácil y sencillo ubicar al nuevo pueblo por su situación dentro del tendido del Ferrocarril Sud, es decir el “Km 1106”.

A principios del siglo XX, todos los países que pretendían mostrarse como potencias ante el mundo, debían poseer mínimamente colonias en el exterior. Italia no podía ni quería ser menos, si bien no contaba con el poderío militar y económico necesario para realizarlo. Pero si ya contaba con colonos italianos dispersos por todo el mundo. Entre ellos, los de Colonia Regina. Testimonio orales reginenses cuentan que no faltaron ideólogos que pensaron hacer del pueblo un enclave italiano en la Patagonia, como el Peñón de Gibraltar. Al parecer esta idea llegó a los oídos del Presidente M.T de Alvear, quien les recordó que estaban en territorio argentino. La respuesta reginense solo fue “literal”, procedieron a can-celar “Pacini de Alvear” quedando solo “Colonia Regina”. La colonia creció y en algún momento pasó a ser “Villa Regina”.

Otra particularidad, es encontrar reiteradas veces, en libros y artículos periodísticos de la época fundacional, esta cita: “Pueblo y Colonia de Villa Regina”. Donde el “pueblo” sería la parte céntrica y la “colonia” toda la zona de chacras. Hoy esta diferencia ya no existe, pero en aquellos años se ve que demarcaba dos mundos distintos, distanciados por algo más que un par de kilómetros.

¿¿¿Y si organizamos los festejossss????  Pero necesitamos poner una fecha!!!!

Como no había una data expresa de fundación, se seguía festejando el aniversario sin fecha cierta, hasta que en Octubre de 1958 se establece la fecha que todos recordamos. “La Municipalidad por resolución unánime de los Sres Concejales según consta en al Acta 25 / 58, decidieron fijar como fecha de Fundación de Villa Regina, el 7 de Noviembre de 1924, tomándose en base para ello que en dicho día, el señor Presidente de la Nación Argentina, Dr. Marcelo T. de Alvear, firmó el Decreto Nro. 18.728 de aprobación de los Estatutos de Colonización de, la (C.IAC.) Compañía Italo Argentina de Colonización”.

Con esta resolución los reginenses unificaron los festejos en un solo día, y dejaron de realizarlo en cualquier momento del año. Al parecer, algunos chacareros colonos no quedaron conformes con fecha elegida. Para ellos, tenía mayor significancia, seleccionar un día relacionado al inicio de la producción, y no uno que evocara “el procedimiento administrativo” de la Compañía con la cual tuvieron serias diferencias.      

No deja de llamar a la atención,  que la fecha propuesta para el aniversario (que con el tiempo todos recuerdan como fecha de fundación), es decir, el 7 de Noviembre de 1924, pero para ese día… Regina ya estaba fundada!!

Siguiendo a Pantaleone Sergi dice: “De hecho, los trabajos se iniciaron el 23 de octubre de 1924: en esa fecha fueron levantadas una pequeña cabaña de madera y dos carpas para acoger a los primeros en llegar”.

Hoy es el 95º Aniversario de Regina. Pero hace 61 años, desde 1958, que se festeja todos los 7 de noviembre. Y los restantes 34 años en que día o días se celebraron??? Veamos que decía Franco González:

5 de marzo de 1925 –   “Durante varios años, el Pueblo y Colonia de Villa Regina recordó esta fecha como día de la inauguración de la «Colonia Regina Pacini de Alvear». Este día, se celebró una gran reunión en la Chacra 109, «Ex Isla San Alberto «, a la que asistieron entre otros, S.E. el Embajador de Italia en la Argentina, Conde Luis Aldrovando Marescotti Di Viano ; el Presidente de la Sociedad Italiana en la Argentina, Signore Vendemíatto ; el Commendatore, Héctor Valsecchi, Presidente de la C.I.A.C. ; Autoridades del Gobierno Argentino ; accionistas de los Bancos Italianos ; el Gerente de la Compañía, Ingeniero Felipe Bonoli ; Autoridades de la Comuna de Villa Regina ; Periodistas de los Diarios «La Prensa» y «La Nación» ; vecinos y colonos; imponiéndose a los visitantes del desarrollo de la Colonización”.

29 de Abril de 1945“Siendo Presidente de la Comuna Reginense, el Ing. Jorge Antonio Bonorino, se conmemora por primera vez un Aniversario de Villa Regina, debido a que la producción se inició ese día del año 1925, se celebró el 20 Aniversario”.

La figura del Ing. Felipe Bonoli. Casi olvidado por la ciudad que fundo???!!!

Iniciábamos diciendo: “Del sueño de Cipolletti a la obra de Bonoli, pasaron 25 años”. Cuando Bonoli asume la Gerencia de CIAC en 1924 tenía 41 años, pero desde 1908 conocía y compartía la visión del Ing. Cipolletti.

Con la llegada al poder del fascismo en Italia, es probable que Bonoli haya detectado que era el momento justo para intentar formar una colonia italiana en el Alto Valle. Sin contactos políticos es impensable que haya podido trasladar desde Italia 400 familias para fundar Regina. Probablemente fue más oportunista que fascista.  

En enero de 1930 (solo 6 años luego de la fundación) Bonoli renuncia a la Gerencia de la CIAC. Pantaleone Sergi dice: “dejó el trabajo porque no estaba de acuerdo con la actitud vejatoria de la sociedad con respecto a los cesionarios” .Regresó por primera vez en 1949, por la inauguración del Busto al Ing. Cesar Cipolleti, emplazado en la esquina de 25 de Mayo y Don Bosco. Y volvió en 1960 con motivo de celebrarse el 36º Aniversario de la Ciudad, de esta su última visita tomamos parte de su discurso transcripto por Franco González.

(…) “después de largo periodo que duró mi ausencia.. -si se me permiten usar esta palabra- ya que circunstancias adversas y dolorosas, me habían obligado a alejarme de este lugar, en que había consagrado todo mi entusiasmo juvenil, todas mis energías, toda mi pasión. (…) Han pasado ya 36 años de la fundación de la Colonia, deseo recordar en estas circunstancia mis primeros pasos,  para llevar a cabo la obra que me había propuesto, con el propósito de demostrar cómo se había podido encarar el problema de Colonización, con familias de agricultores italianos, inmigrados, contando con los medios financieros necesarios. (…) La emoción que me invade desde ayer, es tan grande, que no tengo palabras para describirla. Igual es la satisfacción de encontrar a todos los colonos contentos, por haber triunfado en la lucha.

Me propongo visitarlos en sus propias chacras, y es cierto que mucho de ellos ya dejaron para siempre esta tierra de lágrimas, encontraré a los hijos y nietos que seguirán, en perfección, cuanto hicieron sus padres, son éstos que están llamados no solo a intensificar siempre más los trabajos, sino a compenetrarse de la gran misión que se le ha confiado, de una estrecha unión en esta nuestra segunda patria

(…) Desgraciadamente nos sorprendieron los años de crisis, empezando en el año 1928, cuando los productos ya no tenían valor alguno.

El desaliento entre los colonos empezó a cundir, empezando también mi lucha con los Banqueros y Directores de la Compañía por una parte, para conseguir mayor apoyo financiero, más necesario que nunca.

Había que defender de cualquier forma la producción, renunciando por el momento al cobro de los intereses y cuotas de amortización, de las deudas contraídas por los colonos.  

(…) No obstante todos mis afanes, la mayoría de los colonos no me demostraron ya la confianza necesaria, creyendo haber sido objeto de un engaño.

(…)…”El Directorio de la C.I.A.C, influenciado por la decisión del I.C.L.E, consideraba que el Ingeniero Bonoli no se cansaba de pedir siempre mayores ayudas a favor de los colonos, no era ya persona grata y adoptó actitudes que me obligaron a retirarme definitivamente de la colonia…”

Desde que dejara Villa Regina en 1930 hasta que falleciera en 1967, Bonoli continuo con su espíritu de colono fundador trabajando para otras empresas en Bolivia (1940), en Jujuy (1956), en Colombia (1956) y a los 84 años lo sorprende la muerte cuando trabajaba en “otro proyecto más” de colonización con italianos en Senillosa. Sí, a solo 116 km. de Villa Regina!!! No habría nada de casualidad si vemos que el COPADE neuquino se fundó en 1963, y uno de los primeros integrantes del mismo fue el Ing. Felipe Bonolli Cipolletti, hijo del fundador de Regina.

Monumento recordatorio del Ing. Felipe Bonoli, ubicado en la Plaza de Jubilados.

Bonoli descansa en el cementerio local. Y su recuerdo apenas perdura en el nombre de una calle que tiene 2 cuadras y ½, cuadras que no llegan ni a los 100 metros cada una!!! Y un monumento pequeño y casi hecho a “mitad” en una plaza. Para él, no hubo ni una avenida, ni un barrio, ni una plaza, con su nombre! Demasiado poco para quien diera el impulso primero y fundamental para que hoy exista Villa Regina.      


En el año 2012, desde el lunes 5 al miércoles 7 de noviembre, nos visitó Pantaleone Sergi, historiador, escritor y periodista italiano, autor del extenso artículo de investigación “Un modelo fascista de emigración italiana en Argentina. Así nació Villa Regina, en Alto Valle de Río Negro”, realizado en base a documentos encontrados en la Fundación Ugo Spirito de Roma. Con total razón Pantaleone Sergi, propone en su artículo, que la historia conocida de Regina es solo el segundo capítulo, y él con gran estilo nos propone leer el primero!! Aquí lo dejamos en descarga. Buena lectura!!!    

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    5. Las Malvinas son argentinas

    De todos los cruces políticos que ligaron al Mundial con la Argentina, ninguno tronó con la fuerza de la sábana con la proclama “Las Malvinas son argentinas” que mostraron algunos futbolistas argentinos. La exhibición ocurrió después de dos hechos también potentes: el primero, la acción combinada de la FIFA y del gobierno argentino para que Malvinas no gravitara en la escena de la semifinal con Inglaterra; el segundo, la más épica de las actuaciones de la Selección, ese 2-1 sudado durante un segundo tiempo inolvidable, con dos goles agónicos y con Messi transfiriéndole a los rivales la sensación conmovedora de que esa tarde no le cabía la derrota. Más allá de que la portación de la sábana reinstaló con vigor al derecho argentino sobre las islas en el corazón de la escena política y periodística, la propia sábana es todo un dato: la confeccionaron unas poquitas personas y se la lanzaron desde la tribuna a los jugadores. De otra manera y con todas las salvedades del caso, la acción puede ser pensada desde una célebre categoría de Antonio Gramsci: la generó la sociedad civil y no la sociedad política. ¿Vale el ejemplo para medir los límites que hoy manifiesta la sociedad política para representar y encabezar lo que late en la sociedad? El presidente argentino, Javier Milei, y uno de sus predecesores, Mauricio Macri (además, en la Fundación FIFA), la jugada no les gustó nada. ¿Cómo analizar el rol del presidente de la AFA, Claudio Tapia, tan antagonista de algunas empresas de medios y tan afianzado en su espacio específico? Gramsci no se ocupó demasiado del fútbol, salvo en un artículo de 1918 en el que, palabras más o menos, evaluó que “el fútbol es el reino de la lealtad ejercida al aire libre”. La frase ya suena extraña para el deporte de alto rendimiento pero acaso retrata cómo unos muchachos que brillan con la pelota se comportaron leales a un sentimiento popular gracias a una sábana que decía lo que había que decir.

    6. Los ricos

    El Mundial albergado principalmente por el país que timonea el imperio más poderoso de los últimos siglos corroboró que al fútbol de élite lo miran en los estadios sólo las élites. “Precios pornográficos” fue la calificación que, con justeza, les estamparon voces múltiples a los precios de las entradas. La pornografía económica no se circunscribió a las entradas. Ir a un Mundial es un proyecto precioso, pero cada cuatro inviernos es más inaccesible para las masas cada vez más empobrecidas. Eso abarca a los públicos de muchas geografías y a los de los Estados Unidos, México y Canadá, sedes de esta cita, donde, con los matices de cada caso, se reproduce esa lógica. Verdad añadida: la pasión argentina permitió historias de gente que fantaseó y ejecutó delirios encantadores para llegar a los estadios, pero son transgresiones frente a lo dominante. ¿De quién es el fútbol, entonces? Y, asumiendo los alcances del fútbol, preguntarse de quién es el fútbol, ¿no es preguntarse de quién es la vida?

    7. Lo verdadero

    El Mundial certificó que el fútbol es el espectáculo central de una existencia en la que todo se espectaculariza. Está emplazado en el pico más alto de la intersección entre la industria del espectáculo, la industria del entretenimiento y la industria de la comunicación. El gol de Ferrán Torres al Dibu Martínez ranqueará encumbrado entre los acontecimientos humanos que más humanos observaron a la vez y, sobre todo, se multiplicará como secuencia extraída del tiempo para reiterarse y reiterarse hasta adquirir autonomía del propio partido en el que sucedió. El Mundial concebido para que sólo lo respiren de cerca los ricos acaparó audiencias inéditas entre los no ricos. Nada indica que, con la acumulación de nuevos y antiguos hábitos para ver/consumir, la espiral ascendente del fútbol se detenga. Lugar donde ser con otros y con otras, pertenencia compartida en un universo en el que las pertenencias colectivas no atraviesan sus horas doradas, arraigo popular hondo capitalizado por los dueños de la Tierra (y de las corporaciones más que comunicacionales), el fútbol en vivo parece funcionar como lo que el periodista Marcelo Gantman denomina “el último refugio de lo verdadero”. Una contraposición a la hegemonía de la virtualidad y al paso avasallante de las inteligencias artificiales. El Negro Fontanarrosa lo pintó como nadie en su cuento “La observación de los pájaros”: “Se lava las manos, se mira en el espejo. Tiene más de mil nuevas canas en las sienes. Hay dos arrugas novedosas y profundas en la frente. Las ojeras se han tornado más oscuras. Uno ha envejecido cinco años otra vez, igual que siempre. Todo por un clásico, apenas. Un partido de fútbol, simplemente”. Una experiencia real que engloba y conforma a la realidad de millones.

    8. La sobrenarración

    En Buenos Aires, con frío y con humedades, todavía desovillando por qué la Selección casi no soltó ni un tiro al arco que defendía Unai Simón, Julián interpeló a su padre: “¿Cuántas palabras se habrán dicho en los medios por cada minuto que jugó la Selección y por cada minuto del Mundial?”. El padre decodificó rápido que la consulta resultaba retórica, imposible para las matemáticas. ¿Cuántas palabras?, ¿cuántas imágenes?, ¿cuánta pantalla más pantalla más pantalla?, ¿cuánto streaming?, ¿cuánto cronista de celular?, ¿cuántas expresiones de viejo periodismo y de actual no sólo periodismo?, ¿cuánta afirmación en las redes sociales digitales?, ¿cuánta teoría conspiradora aferrada a una nada expuesta como algo?, ¿cuánta imagen ni de los córners ni de los penales sino de individuos que se fotografían y difunden dónde y cómo y con quién ven tal partido?, ¿cuánta imagen de quienes acuden privilegiadamente a los estadios y esparcen su rostro, su cuerpo, su camiseta, su sonrisa —siempre sonrisa— para avisarle, vaya a saber a quién, que están ahí o, directamente, que existen porque el documento que verifica la existencia es colgar una foto en las redes? Fútbol es fútbol, pero, en simultáneo, un pretexto para reproducir los procederes de costumbre, sólo que el espacio amplificador y legitimador del fútbol y del Mundial torna al “yo estoy acá” un “yo estoy acá” especial. Si la vida es un gran relato, el fútbol sobresale como relato entre los relatos. 

    9. Diego

    En los estadios gigantes donde hubo minorías y en las callecitas perdidas de la argentinidad anónima, Maradona. En los banderazos y en las canciones, Maradona. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, versificó alguien entre la multitud para que la multitud lo validara con la garganta. Enamorado como tantos del camino desplegado por la Selección de Lionel Scaloni, un ingeniero que llevó a babuchas a su hija menor en los tributos a la Selección que crecieron a los lados del Obelisco lo resumió con entereza ideológica y con los hombros fatigados: “Malvinas, el Diego, esta Selección: la patria”. La idea de patria, tan baqueteada, se repone como nunca en los mundiales —aunque juega el fútbol de un país y no el país— y Diego es la condensación de esa idea. El fútbol se empecina, confrontando con parte de las rutas narrativas preeminentes, en presentarse con un pasado, con un afincamiento en el origen. Lo patentan las hinchadas de los clubes, lo fortalecen las alusiones a Diego en tantas circunstancias que son posteriores o ya muy posteriores a Diego. Y hay otra zona de participación de Maradona en un Mundial disputado cuando se arriman los seis años de su muerte: las rebeliones. Maradona funge como un estandarte latente que antagoniza con los que “roban el fútbol”, como los bautizaron Ángel y María Cappa. Cuando los argentinos amarraron el trapo malvinense, miles repitieron “como el Diego”. Cuando Cuti Romero recogió su medalla y no saludó a Trump, otros miles aseveraron “como el Diego”. Cuando el español Borja Iglesias satisfizo la formalidad pero descerrajó objeciones, otros más elogiaron “como el Diego”. Cuando los iraníes se quejaron por el trato discriminatorio del gobierno de Trump, retumbó “como el Diego”. Cuando el árbitro somalí retornó a su casa y denunció que lo habían retenido y rechazado los oficiales migratorios, alguien tipeó “como el Diego”. Durante el Mundial, el investigador argentino Lucas Zalduendo sacó el libro La selección de los valientes, con las trayectorias de futbolistas insumisos, que ya va requiriendo un segundo volumen con este Mundial. Sus protagonistas son como el Diego.

    10. La identidad

    Campeón mundial con Argentina en 1986, Jorge Valdano apoyó el alma entre los dedos para que, en su columna del domingo de la final en el diario El País, floreciera lo que emblematiza esta Selección: “Es el producto de un país que hizo del deporte una expresión cabal de su manera de ser. Hay más de 12 mil clubes sociales en Argentina enclavados en cada barrio, en cada pueblo. Son mucho más que un lugar de encuentro entre gente de distinta procedencia. En esos clubes, generalmente polideportivos, se ayuda a construir comunidad porque el deporte, y muy especialmente el fútbol, integra. Es ahí donde se aprende el oficio, porque hay un conocimiento popular acumulado por años de amor al fútbol. Los jugadores que hoy defienden la camiseta de la Selección juegan en clubes de primer nivel europeo. Pero antes de llegar hasta allí pasaron por aquella escuela de convivencia donde recogieron, desde la primera infancia, una pasión que, llegado el caso, se convierte en rabia competitiva. Cuando las cosas no salen, cuando los partidos se complican, el fútbol deja de ser un juego para convertirse en una obligación sentimental que nos representa”.

    Juego industrializado, cooptado en la esfera de las decisiones por aquellos que conciben a sociedades y a la naturaleza como un manjar para comer sin repartir, nudo de las transformaciones tecnológicas que modifican drásticamente las subjetividades, el fútbol se esmera en defenderse. Como si un primitivismo hermoso o un salvajismo necesario le reaparecieran para resistir que lo demuelan. Se nota en eso que percibe Valdano: hasta en un Mundial, los que pisan cada yuyo vibran, lloran y saltan igual que en el potrero que les inauguró lo que son. Lo que son: cualquiera del montón que no llegó ahí pero está ahí porque esos cracks están ahí. También en esa clave habita el secreto. Y, si no, que lo charlen con dos chiquitos que, en este instante, en una placita embarrada, abriendo sus vacaciones de invierno, intercambian pelotazos tenaces enfundados en camisetas que son celestes y blancas. Uno hace jueguitos pero el viento o la conversación o la falta de entrenamiento le frenan el intento luego de siete toques. El otro lo enfoca y, mientras va por su oportunidad, le grita: “¿Quién te creés que sos? ¿Messi?”.

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