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VILLA REGINA: NO ERA EL NOMBRE ORIGINAL, NI NACIÓ UN 7 DE NOVIEMBRE.

Del sueño de Cipolletti a la obra de Bonoli, pasaron 25 años.

Hace 120 años, el 6 de septiembre de 1899, el Ing. Cesar Cipolletti entregaba al Sr. Emilio Civit, Ministro de Obras Públicas de la Nación, su informe “Estudio de Irrigación – Ríos Negro y Colorado”, en el cual dice: «En cuanto al agua, la hay suficiente para regar más de un millón de hectáreas, es decir más de la mitad de todo el Egipto…». El sueño del Ing. Cipolletti era ejecutar las obras de riego en el Valle Superior del río Negro y posibilitar el asentamiento en la zona de varias colonias que albergara agricultores italianos.

1899 – El Ing. Cipolletti (primero a la derecha), junto a otros ingenieros colaboradores del Estudio de Irrigación.

Después de terminados los estudios del sistema hidráulico, Cipolletti retorna a su patria Italia y realiza una Conferencia en el Aula Magna del Colegio Romano, en Roma ante los soberanos y las destacadas persona-lidades parlamentarias de la Banca y el Comercio, buscando interesar a un Consorcio Bancario, para que con los Gobiernos de Italia y la Argentina, junto con la Empresa del Ferrocarril Sud, pudieran realizar los trabajos proyectados colonizando las tierras con familias italianas. Pero el Ingeniero Cipolletti, no tuvo la fortuna de encontrar el apoyo que necesitaba, políticamente no eran tiempos propicios. Igualmente el Gobierno Argentino lo reclama nueva-mente para que desarrolle su propio proyecto de regulación de aguas y canalización a través del Dique Cordero/Ballester, pero el 23 de enero de 1908, lo sorprende la muerte, en cercanía de las Islas Canarias, en el barco «Tommaso di Savoia» que lo traía a la Argentina. Pero la idea de formar en el Alto Valle varias colonias italianas continuó presente.

Felipe Bonoli, nació y se graduó en ingeniería en Roma. Formaba parte del grupo de ingenieros contratados por el Gobierno Argentino. Y en enero de 1908 viajaba junto a Cipolletti al momento de fallecer. Meses después se casaría con Benedicta, la hija de gran visionario. Ya en Argentina, el destino de Bonoli lo lleva a Mendoza, donde junto a sus cuñados instalan una empresa metalúrgica. Pero nunca pudo olvidar “el sueño” de su suegro y el desarrolla que él comprendía para Río Negro.

Colonia Regina a inicio o mediados de 1925.

Del deseo a la realidad. Todos los nombres.

Ottavio Dinalle entre 1922 y 1923 viajó por varias provincias argentinas (incluida Río Negro) buscando zonas aptas para la radicación de colonos italianos, en este largo recorrido también pudo constatar que la inmigración itálica ya establecida estaba expuesta a diferentes especulaciones económicas y en algunos casos se encontraba en peores condiciones de las que habían dejado en Italia. Era necesario planificar la llegada!

Dinalle realizó varios proyectos de colonización “planificada” para las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Río Negro. Cuando en 1923 se encuentra con el Ing. Felipe Bonoli el reconocimiento de las ideas y proyectos de ambos fue inmediato. Bonoli tenía la capacidad técnica y la ventaja de ser el yerno de Cipolletti (excelentemente conceptuado en ambas naciones) y Dinalle contaba con línea directa a Roma y a Mussolini.

Los dos coincidieron que la mejor región para iniciar un proceso de colonización italiana era el Valle del Río. La primera colonia se ubicaría entre el Km. 1094 (hoy Chichinales) y el Km. 1120 (hoy Ing. L. A. Huergo), en la tierras  de los herederos de Manuel Zorrilla.

Para esta primera colonia, el nombre propuesto era “Vittorio Veneto”, pero el agradecimiento político pudo más y culmina llamándose “Colonia Regina Pacini de Alvear”.

Recordemos que solo cinco años antes, entre 23 de octubre y 2 de noviembre de 1918, se había desarrollado la batalla de Vittorio Veneto, que enfrentó a las fuerzas armadas del Reino de Italia con las del Imperio austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial y significó la derrota definitiva del Imperio.

También pensaron realizar una segunda colonia en cercanía de la Estación de Chimpay, esta se llamaría “Monte Grappa” (Montaña en la Región del Veneto que se convirtió en el pilar más importante de la defensa italiana durante la guerra del 1914 a 1918). Idea que no prosperó.

Pero volvamos. Idealmente Regina nace en la mente de sus creadores como “Vittorio Veneto”. En octubre de 1923, la CIAC ya conformada  como sociedad había iniciado los trabajos en los terrenos adquiridos a los Zorrila, pero para su completa legalidad solo faltaba la firma en el decreto aprobatorio del Presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, quien estaba casado con la cantante de ópera, hija de italianos nacida en Portugal, Regina Pacini.

Sr. Presidente, gracias por la firma. Manden telegrama informando que cambiamos el nombre de la Colonia, desde ahora se llamará “Colonia Regina Pacini de Alvear”, si bien en la práctica era «Colonia Regina Alvear». Igualmente hasta que el nuevo nombre se fue haciendo conocido, era más fácil y sencillo ubicar al nuevo pueblo por su situación dentro del tendido del Ferrocarril Sud, es decir el “Km 1106”.

A principios del siglo XX, todos los países que pretendían mostrarse como potencias ante el mundo, debían poseer mínimamente colonias en el exterior. Italia no podía ni quería ser menos, si bien no contaba con el poderío militar y económico necesario para realizarlo. Pero si ya contaba con colonos italianos dispersos por todo el mundo. Entre ellos, los de Colonia Regina. Testimonio orales reginenses cuentan que no faltaron ideólogos que pensaron hacer del pueblo un enclave italiano en la Patagonia, como el Peñón de Gibraltar. Al parecer esta idea llegó a los oídos del Presidente M.T de Alvear, quien les recordó que estaban en territorio argentino. La respuesta reginense solo fue “literal”, procedieron a can-celar “Pacini de Alvear” quedando solo “Colonia Regina”. La colonia creció y en algún momento pasó a ser “Villa Regina”.

Otra particularidad, es encontrar reiteradas veces, en libros y artículos periodísticos de la época fundacional, esta cita: “Pueblo y Colonia de Villa Regina”. Donde el “pueblo” sería la parte céntrica y la “colonia” toda la zona de chacras. Hoy esta diferencia ya no existe, pero en aquellos años se ve que demarcaba dos mundos distintos, distanciados por algo más que un par de kilómetros.

¿¿¿Y si organizamos los festejossss????  Pero necesitamos poner una fecha!!!!

Como no había una data expresa de fundación, se seguía festejando el aniversario sin fecha cierta, hasta que en Octubre de 1958 se establece la fecha que todos recordamos. “La Municipalidad por resolución unánime de los Sres Concejales según consta en al Acta 25 / 58, decidieron fijar como fecha de Fundación de Villa Regina, el 7 de Noviembre de 1924, tomándose en base para ello que en dicho día, el señor Presidente de la Nación Argentina, Dr. Marcelo T. de Alvear, firmó el Decreto Nro. 18.728 de aprobación de los Estatutos de Colonización de, la (C.IAC.) Compañía Italo Argentina de Colonización”.

Con esta resolución los reginenses unificaron los festejos en un solo día, y dejaron de realizarlo en cualquier momento del año. Al parecer, algunos chacareros colonos no quedaron conformes con fecha elegida. Para ellos, tenía mayor significancia, seleccionar un día relacionado al inicio de la producción, y no uno que evocara “el procedimiento administrativo” de la Compañía con la cual tuvieron serias diferencias.      

No deja de llamar a la atención,  que la fecha propuesta para el aniversario (que con el tiempo todos recuerdan como fecha de fundación), es decir, el 7 de Noviembre de 1924, pero para ese día… Regina ya estaba fundada!!

Siguiendo a Pantaleone Sergi dice: “De hecho, los trabajos se iniciaron el 23 de octubre de 1924: en esa fecha fueron levantadas una pequeña cabaña de madera y dos carpas para acoger a los primeros en llegar”.

Hoy es el 95º Aniversario de Regina. Pero hace 61 años, desde 1958, que se festeja todos los 7 de noviembre. Y los restantes 34 años en que día o días se celebraron??? Veamos que decía Franco González:

5 de marzo de 1925 –   “Durante varios años, el Pueblo y Colonia de Villa Regina recordó esta fecha como día de la inauguración de la «Colonia Regina Pacini de Alvear». Este día, se celebró una gran reunión en la Chacra 109, «Ex Isla San Alberto «, a la que asistieron entre otros, S.E. el Embajador de Italia en la Argentina, Conde Luis Aldrovando Marescotti Di Viano ; el Presidente de la Sociedad Italiana en la Argentina, Signore Vendemíatto ; el Commendatore, Héctor Valsecchi, Presidente de la C.I.A.C. ; Autoridades del Gobierno Argentino ; accionistas de los Bancos Italianos ; el Gerente de la Compañía, Ingeniero Felipe Bonoli ; Autoridades de la Comuna de Villa Regina ; Periodistas de los Diarios «La Prensa» y «La Nación» ; vecinos y colonos; imponiéndose a los visitantes del desarrollo de la Colonización”.

29 de Abril de 1945“Siendo Presidente de la Comuna Reginense, el Ing. Jorge Antonio Bonorino, se conmemora por primera vez un Aniversario de Villa Regina, debido a que la producción se inició ese día del año 1925, se celebró el 20 Aniversario”.

La figura del Ing. Felipe Bonoli. Casi olvidado por la ciudad que fundo???!!!

Iniciábamos diciendo: “Del sueño de Cipolletti a la obra de Bonoli, pasaron 25 años”. Cuando Bonoli asume la Gerencia de CIAC en 1924 tenía 41 años, pero desde 1908 conocía y compartía la visión del Ing. Cipolletti.

Con la llegada al poder del fascismo en Italia, es probable que Bonoli haya detectado que era el momento justo para intentar formar una colonia italiana en el Alto Valle. Sin contactos políticos es impensable que haya podido trasladar desde Italia 400 familias para fundar Regina. Probablemente fue más oportunista que fascista.  

En enero de 1930 (solo 6 años luego de la fundación) Bonoli renuncia a la Gerencia de la CIAC. Pantaleone Sergi dice: “dejó el trabajo porque no estaba de acuerdo con la actitud vejatoria de la sociedad con respecto a los cesionarios” .Regresó por primera vez en 1949, por la inauguración del Busto al Ing. Cesar Cipolleti, emplazado en la esquina de 25 de Mayo y Don Bosco. Y volvió en 1960 con motivo de celebrarse el 36º Aniversario de la Ciudad, de esta su última visita tomamos parte de su discurso transcripto por Franco González.

(…) “después de largo periodo que duró mi ausencia.. -si se me permiten usar esta palabra- ya que circunstancias adversas y dolorosas, me habían obligado a alejarme de este lugar, en que había consagrado todo mi entusiasmo juvenil, todas mis energías, toda mi pasión. (…) Han pasado ya 36 años de la fundación de la Colonia, deseo recordar en estas circunstancia mis primeros pasos,  para llevar a cabo la obra que me había propuesto, con el propósito de demostrar cómo se había podido encarar el problema de Colonización, con familias de agricultores italianos, inmigrados, contando con los medios financieros necesarios. (…) La emoción que me invade desde ayer, es tan grande, que no tengo palabras para describirla. Igual es la satisfacción de encontrar a todos los colonos contentos, por haber triunfado en la lucha.

Me propongo visitarlos en sus propias chacras, y es cierto que mucho de ellos ya dejaron para siempre esta tierra de lágrimas, encontraré a los hijos y nietos que seguirán, en perfección, cuanto hicieron sus padres, son éstos que están llamados no solo a intensificar siempre más los trabajos, sino a compenetrarse de la gran misión que se le ha confiado, de una estrecha unión en esta nuestra segunda patria

(…) Desgraciadamente nos sorprendieron los años de crisis, empezando en el año 1928, cuando los productos ya no tenían valor alguno.

El desaliento entre los colonos empezó a cundir, empezando también mi lucha con los Banqueros y Directores de la Compañía por una parte, para conseguir mayor apoyo financiero, más necesario que nunca.

Había que defender de cualquier forma la producción, renunciando por el momento al cobro de los intereses y cuotas de amortización, de las deudas contraídas por los colonos.  

(…) No obstante todos mis afanes, la mayoría de los colonos no me demostraron ya la confianza necesaria, creyendo haber sido objeto de un engaño.

(…)…”El Directorio de la C.I.A.C, influenciado por la decisión del I.C.L.E, consideraba que el Ingeniero Bonoli no se cansaba de pedir siempre mayores ayudas a favor de los colonos, no era ya persona grata y adoptó actitudes que me obligaron a retirarme definitivamente de la colonia…”

Desde que dejara Villa Regina en 1930 hasta que falleciera en 1967, Bonoli continuo con su espíritu de colono fundador trabajando para otras empresas en Bolivia (1940), en Jujuy (1956), en Colombia (1956) y a los 84 años lo sorprende la muerte cuando trabajaba en “otro proyecto más” de colonización con italianos en Senillosa. Sí, a solo 116 km. de Villa Regina!!! No habría nada de casualidad si vemos que el COPADE neuquino se fundó en 1963, y uno de los primeros integrantes del mismo fue el Ing. Felipe Bonolli Cipolletti, hijo del fundador de Regina.

Monumento recordatorio del Ing. Felipe Bonoli, ubicado en la Plaza de Jubilados.

Bonoli descansa en el cementerio local. Y su recuerdo apenas perdura en el nombre de una calle que tiene 2 cuadras y ½, cuadras que no llegan ni a los 100 metros cada una!!! Y un monumento pequeño y casi hecho a “mitad” en una plaza. Para él, no hubo ni una avenida, ni un barrio, ni una plaza, con su nombre! Demasiado poco para quien diera el impulso primero y fundamental para que hoy exista Villa Regina.      


En el año 2012, desde el lunes 5 al miércoles 7 de noviembre, nos visitó Pantaleone Sergi, historiador, escritor y periodista italiano, autor del extenso artículo de investigación “Un modelo fascista de emigración italiana en Argentina. Así nació Villa Regina, en Alto Valle de Río Negro”, realizado en base a documentos encontrados en la Fundación Ugo Spirito de Roma. Con total razón Pantaleone Sergi, propone en su artículo, que la historia conocida de Regina es solo el segundo capítulo, y él con gran estilo nos propone leer el primero!! Aquí lo dejamos en descarga. Buena lectura!!!    

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    La sociedad está estallada. El sistema político está estallado. El Congreso no existe. El mundo del trabajo está en ruinas. Nuestras categorías para pensar el mundo estallaron y nuestras formas de vida también. Ante el umbral de una nueva etapa del gobierno libertario, se impone una pregunta: ¿y ahora qué? Una pregunta que, en este contexto convulsionado, no parece poder recibir una ordenada programática de respuesta. Ante el estallido de la vida, juntar las esquirlas, y en el poco tiempo que nos queda entre laburo y laburo, armar molotovs de pensamiento como si fuéramos infiltrados en una batalla cultural que sólo nos incluye para excluirnos.

    Basta de indignación, basta de sorpresas. Basta de encuestas fallidas y de pseudo-predicciones baiteras para el 2027. La catástrofe es hoy. Ya fue dicho mil veces, pero no nos hacemos cargo: el futuro ya llegó, y no era lo que imaginábamos. Ahora, a conocer y habitar sus reglas, para destruirlas desde dentro.

    2. Un auto acelara desbocado hacia nosotros

    Durante décadas, la política pudo pensarse —desde el modelo de la teoría de juegos— a partir del llamado “dilema del prisionero”: dos actores enfrentados, incomunicados entre sí, obligados a decidir sin garantías si cooperar o traicionar. Si ambos cooperan, todos ganan un poco. Si ambos traicionan, todos pierden. Y si uno traiciona mientras el otro coopera, uno se salva y el otro paga el costo entero. La política, en ese esquema, todavía era un arte del cálculo: cuánto conviene ceder, cuánto conviene aguantar, cuánta traición es tolerable para que el sistema no estalle.

    Pero ese tablero ya no organiza la escena.

    El conflicto contemporáneo se parece cada vez menos a un problema de cooperación imperfecta y cada vez más al del llamado “juego de la gallina” (nosotrxs diríamos “juego del gallina”, del cobarde): dos autos lanzados de frente, a toda velocidad, y gana el que no frena. El ejemplo pop es la carrera suicida de Rebelde sin causa: no se trata de negociar, ni de optimizar resultados, sino de demostrar quién está dispuesto a llegar más lejos.

    El pasaje del dilema del prisionero al juego del gallina marca un desplazamiento brutal de las reglas de juego, del trazado del mapa político, previo a la distinción entre derecha e izquierda. Con el trasfondo de la catástrofe inminente, pasamos de la política como administración del conflicto a la política como prueba de coraje destructivo, de la cooperación racional a la intimidación existencial. Ya no se condena al traidor, se humilla al que duda o frena. La victoria no consiste en mejorar el resultado común, sino en obligar al otro a renunciar a su propia estrategia, a su propio relato y, finalmente, a su legitimidad. Si antes había un castigo para el oportunista, hoy se le perdona todo al temerario.

    Aquí no hay equilibrio cooperativo posible. Es un juego asimétrico, de suma cero, gobernado por el riesgo puro. El que pierde no sólo pierde: es despojado de toda legitimidad. Y el que gana sólo puede ganar produciendo, en el otro, la convicción de que está loco. Hacer política en este escenario exige, literalmente, volverse loco. O aceptar la derrota antes de empezar. Por eso el perdedor siempre interpreta al ganador como un desquiciado: alguien dispuesto a destruirlo todo con tal de no aflojar. Y esa percepción no es un malentendido, sino la condición misma de la victoria. En el juego de la gallina, parecer racional es una riesgosa desventaja política y existencial.

    ¿Cómo se actúa en este contexto? ¿Debemos asumir la exasperación y apretar nuestro acelerador? ¿Debemos intentar cambiar las reglas de juego? ¿Podremos cambiarlas si, en esta dinámica bélica que se nos impone, sólo atinamos a pegar el volantazo cada vez que se ponen en juego nuestras banderas más elementales?

    Milei maneja un bólido feroz e incontrolado acelerando directo hacia nosotros. La perspectiva adrenalínica de la catástrofe total, de la destrucción total, fascina, intimida y disciplina. El credo de la posdemocracia reza: con la catástrofe se come, se cura y se educa. ¿Quién ganó cuando todos aceptamos que estas reglas son las únicas posibles? Milei maneja el auto y seguramente morirá en él. Él es el doble de riesgo de quienes necesitan convencernos de que esta es la única política posible: la guerra, la intimidación, la “amenaza existencial”, la eliminación del otro. 

    Necesitamos cambiar las reglas de este juego, pero para que lograrlo no coincida con admitir la trampa de la derrota anticipada, vamos a tener que jugárnosla a todo o nada. Una paradójica democracia de guerra (lucha de clases, para decirlo con los clásicos). O también: jugárnosla a todo o nada por la democracia es la única salida a la avanzada belicista del neofascismo que no implique una claudicación anticipada. Recordar que nunca hubo democracia sin afirmación insumisa, pre-democrática, de las reglas de la democracia. Cambiar las reglas implicará primero admitir que hoy la democracia no es el juego que jugamos. El bólido avanza hacia nosotros, no hay tiempo para juntar firmas. Tenemos que acelerar una salida del juego perverso de la aceleración.

    3. La política del todo o nada

    Esta nueva dinámica de la política, que nos tiene entre frenéticos y paralizados, no es sólo política, es también social. Una política catastrofista, del todo o nada, genera una sociedad en donde el todo y la nada se separan cada vez más: de un lado todos los recursos, del otro nada. El acelerador de Milei es un acelerador de la miseria, tanto macro como micro: cada vez es más visible la relación sistémica entre la destrucción del entramado productivo y sus efectos en las economías cotidianas de la gente.

    La crisis económica, maquillada por el gobierno, inunda cada vez más toda conversación. Hoy la sobremesa argentina reemplazó la vieja grieta por la condición de miseria unánime como tema omnipresente. Que cómo llego a fin de mes; que empecé a hacer Uber para completar; que me despidieron del laburo, y encima estaba en negro; que la prepaga canceló su convenio con el médico que me atendía; que me mudo con dos amigos porque no puedo pagar el alquiler; que sólo tengo una suplencia, así que me bajé Rappi; que a mi pareja no le renovaron el contrato; que estoy terminando una carrera universitaria pero ni sueño dedicarme a aquello para lo que me habilita mi título; que estoy sobrecalificado para un laburo al que se presentaron un montón de sobrecalificados; que no paro ni los domingos; y un largo etcétera que muestra que la aceleración no sólo refiere a las reformas que se propone el gobierno, sino también al recrudecimiento de sus efectos.

    Las ganancias se concentran, la gente sobra, y la IA lubrica, acelera y escala el proceso. Si en los noventa el estallido demoró diez años, la política actual parece acelerar también el choque de su propio modelo. “Hacer lo mismo, pero más rápido” incluía, también, al estallido.

    La política de la catástrofe implica una política social de la catástrofe. El gobierno de Milei es una fábrica de producción de miseria, en la que cada vez más gente tendrá menos que perder. Milei nos está transformando a su imagen: el político sin nada que perder, y por lo tanto dispuesto a todo, está produciendo toda una generación sin nada que perder, que va a estar dispuesta a todo. Y cuando haya un ejército de gente sin nada que perder, será difícil que esto no estalle con la misma fuerza explosiva con que la época encumbró la catástrofe programada como única regla posible de lo social.

    4. La caída de los velos

    Vivimos un tiempo de colapso de las mediaciones. La crisis del sistema de representación política no es un fenómeno aislado: es apenas un síntoma de una crisis mucho más vasta que ha deslegitimado toda forma de institucionalidad, toda figura de intermediación, la gramática misma de la vida pública como vida simbólica. La ultraderecha y los algoritmos son signos convergentes de una misma orientación de la época: populismo de plataformas.

    En este tecnopopulismo, donde toda mediación colapsa, la política se reorganiza alrededor de dos rasgos dominantes: la latencia de la guerra como reverso de lo político, y la espectacularización de la crueldad como tecnología de disciplinamiento. Sí, la guerra como verdad de la política y la crueldad como verdad del sujeto, eso parece escupir la época.

    La latencia de la guerra es la emergencia a primer plano de la política del fondo anómico, violento, de su proceder, ahora liberado de los frenos institucionales que lo contenían. El colapso del multilateralismo y la renovación de las aspiraciones imperiales del “destino manifiesto” norteamericano sumado a la “tierra prometida” de Israel en medio oriente son el norte del nuevo caos global.

    La espectacularización de la crueldad se consuma en la estética de la obscenidad de los ultrarricos. Estética de lo explícito que oficia como una auténtica pedagogía global de la crueldad. Los archivos de Jeffrey Epstein llegan como metonimia de época: caída de los velos, visibilidad total, exhibición orgullosa de los privilegios. Revelaciones que no erosionan el poder, sino que consolidan su perversión más oscura.

    Crisis de las mediaciones, que se expresa, por arriba, en la legitimación abierta, “desinhibida”, como se dice, del despojo económico y la represión policial, y, por abajo, en la inorganicidad y la falta de conducción. Y todo ello bajo una gramática que tiende al aflojamiento de toda referencia normativa en un horizonte cada vez más regido por la anomia del contexto bélico, la ausencia de reglas estructural de un conflicto en el que, sin mediación, ya sólo tramita flujos de violencia y de descarga.

    Para el pueblo trabajador, esta dinámica viene implicando dificultades de organización, en un contexto de declive del poder de los sindicatos, y de defección política de los partidos políticos. Ahora bien, que las formas organizativas estén en crisis de ninguna manera significa que las energías del malestar estén contenidas. Todo lo contrario, se percibe una aceleración del malestar y de las energías liberadas por ese malestar.

    Si la volatilidad es el rasgo más destacado de este momento, si las instancias organizativas de la clase trabajadora están deslegitimadas, debemos preguntarnos no sólo cómo organizarnos en este contexto, sino también cómo aprovechar la volatilidad de época a favor de las mayorías.

    Por supuesto que hay que hacer todo para sumar, organizar y acumular poder popular. Pero al mismo tiempo debemos pensar esa dimensión de la acción colectiva, cada vez más amplia, que va más allá de la lógica de la acumulación. Una turba de precarios es más fácil de gobernar, pero también más difícil. Porque cuando ya no haya nada que perder, esto se va a caldear de verdad. Y allí valdrá no sólo la organización, sino también la actuación estratégica de energías inorganizables que son parte legítima del paisaje caótico de la vida popular contemporánea.

    El estallido vendrá de manera más sorpresiva que en otros tiempos, porque la acumulación de estos tiempos no es primeramente de estructuras, sino acumulación afectiva, física, sensible y nerviosa. Ese acumulado inorgánico de malestar debe ser reconocido en toda su legitimidad.

    Si los “ingenieros del caos” gobiernan, debemos preguntarnos qué fuerzas movilizan a las víctimas del caos. Lo nuevo emergerá menos como respuesta a la pregunta por cómo restaurar el orden que de la disputa por las energías liberadas en este desborde. El problema es qué organización de la resistencia puede hacerse cargo de este caos sin sucumbir a él, pero también sin excluirlo de su esquema de pensamiento y acción.

    5. Desbordar a Milei

    Ya ha sido dicho de muchas maneras: lo que sea que le gane a Milei va a ser algo que desborde a Milei, no que lo contenga, algo post-Milei, no pre-Milei, un futuro más tentador que la seducción de la catástrofe, y no el retorno a un pasado defensivo, que ya no moviliza ningún deseo y ninguna verdad histórica.

    No, no estoy hablando en contra del peronismo, sino justo al revés, a su favor. Lo único que puede desbordar a Milei es un peronismo que sepa renovar la fuerza plástica y polimorfa que lo definió en los grandes umbrales de transformación y convulsión de nuestra historia.

    El peronismo siempre supo moverse en contextos de crisis de la representación, y supo convertir el adelgazamiento de las mediaciones en formas de populismo que, justamente, desde los bordes de la democracia, restituyeran el poder de las clases trabajadoras y postergadas como único fundamento posible de un orden democrático.

    No parece que las versiones actuales del peronismo estén interesadas en activar esa potencia. Ni el kirchnerismo melancólico-defensivo, ni el morenismo doctrinario-trumpista, ni la esperanza blanca de fantasmas estilo Pichetto representan al peronismo mostri que necesitamos. Pero que no nos confundan: el peronismo siempre es mucho más que sus versiones realmente existentes.

    En una época de gobierno a través del caos la resistencia vendrá más en forma de movimientos que de partidos, de estallidos esporádicos que de acumulación progresiva, de energías desatadas que de organización. Organizar el malestar significará dar forma orgánica a lo que carece de forma, pero también detectar esas fuerzas inorgánicas que se oponen a la concentración de la riqueza y el poder, legitimar esas fuerzas antifascistas que, en su deformidad, afirman una actualidad y legitimidad de época.El peronismo es el nombre argentino para ese difícil metabolismo colectivo, siempre inestable, en el que lo inorgánico y lo orgánico negocian sus roles en favor de los destinos populares. La memoria histórica, política y militante de un movimiento que supo hacer de las oscilaciones entre organización y desborde una forma de populismo democrático, es la fuente de aquello que podrá no contener sino desbordar a Milei. No se trata de volver a las formas del pasado, sino de reconectar con las fuerzas vivas del porvenir.

    La entrada Los sueños y las guerras se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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