Por instrucción de Intendente Marcelo Orazi se realizó esta mañana una reunión para analizar aspectos técnicos-jurídicos relacionados con la toma de posesión de la terminal de ómnibus teniendo en cuenta el vencimiento de la concesión el próximo 30 de agosto.
De la misma participaron el Secretario de Gobierno Guillermo Carricavur, el presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega, el asesor externo Gustavo Arias y los asesores legales del Municipio.
En la oportunidad se abordaron cuestiones legales vinculadas a la finalización del contrato, tras lo cual la Municipalidad tomará posesión de la terminal y se constatará notarialmente el estado edilicio y se exigirá la documentación respaldatoria del activo y pasivo correspondiente.
Al término del encuentro, Carricavur manifestó que “en cuanto a lo edilicio, con el área de Obras Públicas nos abocaremos a los trabajos que sean necesarios para una prestación de servicios acorde a la demanda de los usuarios”.
“Esto en forma previa a los trabajos integrales de remodelación interna y externa que se llevarán a cabo en el marco del convenio firmado con el Ministerio de Transporte de Nación”, indicó.
Cabe aclarar que luego se evaluará cómo seguirá la administración de la termina en el futuro.
Javier Milei hizo un llamado a la unidad nacional para defender las Malvinas y anunció que endurecerá las sanciones para las empresas petroleras que operen en las islas, en un mensaje emitido por cadena nacional con duras críticas al Reino Unido.
El presidente invitó «a toda la dirigencia política, económica y social de la argentina a sumarse como una misma voz a este reclamo». «Las islas son nuestras y nos las arrebataron», dijo.
«En el mundo corren vientos de cambio favorables a nuestro reclamo. Recientemente el presidente Trump declaró que los Estados Unidos están revaluando su posición histórica con relación a Malvinas», dijo el libertario sobre las declaraciones del presidente de Estados Unidos que motivaron la cadena nacional.
Milei firmará un decreto para endurecer las sanciones y penas estipuladas en la ley que el kirchnerismo aprobó en 2011 contra las compañías que actúen en el archipiélago, las que no podrán trabajar en la Argentina y se expondrán a un juicio en ausencia.
Milei confirmó que el Gobierno desplegará «todas las herramientas del Estado, diplomáticas, económicas, judiciales y legales para disuadir a los actores estatales y no estatales que violenten la soberanía» sobre las Malvinas.
Además, anunció que dispondrá mayores recursos al Ministerio de Defensa a través de un DNU para construir una base militar en Tierra del Fuego. El anuncio es cuanto menos curioso, habida cuenta que el propio Milei desfinanció las Fuerzas Armadas, eliminó la obra pública y compró unos aviones que, por una restricción de Inglaterra que él mismo aceptó, no tienen radar ni alcance para operar en el Atlántico Sur.
En el gobierno dijeron de todos modos que «hace mucho tiempo que un Presidente no planteaba el tema con tanta fuerza y decisión política». En ese sentido dijeron que el discurso, escrito por Santiago Caputo, tuvo un tono mucho más presidencial, hablando de soberanía, unidad nacional y de los intereses de la Argentina, y sin insultos ni teorías rimbombantes.
El cambio más radical de Milei fue en el discurso antibritánico, luego de haberse declarado fan de Margaret Thatcher y de haber intentado prohibir las manifestaciones sobre Malvinas en la semifinal que La Scaloneta le ganó a Inglaterra en el Mundial de Estados Unidos.
El Intendente Marcelo Orazi participó este martes de la entrega de insumos a establecimientos educativos de la ciudad que fueron adquiridos a partir del convenio que la Municipalidad firmó con el Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro. En este caso, la Escuela Primaria N° 257 y la Escuela N° 143 recibieron una…
En virtud del Decreto de Necesidad y Urgencia del Gobierno Nacional N° 334 que suspende la presencialidad en distintas actividades y en función de garantizar la prestación de los servicios esenciales y necesarios para afrontar la emergencia sanitaria en el marco de las nuevas disposiciones nacionales, la Municipalidad de Villa Regina informa cómo será la…
Tras poner en duda el apoyo a Reino Unido en la disputa por la soberanía de Malvinas y hacer que Javier Milei se subiera a la causa, Donald Trump mandó otro mensaje confuso al postear una foto con el rey del Reino Unido.
Trump hizo el sugestivo posteo junto al Rey Carlos en la Casa Blanca pocas horas después de la cadena nacional en la que Milei concretó la puesta en escena de su giro pro Malvinas, tras pasarse años elogiando a la criminal de guerra Margaret Thatcher.
La semana pasada, Trump dijo que podría «revisar» su postura sobre Malvinas, en un intento de presión al Reino Unido para aumente su presupuesto de defensa y apoye a Estados Unidos en la guerra con Irán.
Necesitado de cambiar la agenda mediática y tener un eje discursivo nuevo, Santiago Caputo aconsejó a Milei dar un giro total en el tema Malvinas, un mes después de haber criticado a los jugadores de La Scaloneta que reclamaron la soberanía de las islas en el Mundial.
«En el mundo corren vientos de cambio favorables a nuestro reclamo. Recientemente el presidente Trump declaró que los Estados Unidos están revaluando su posición histórica con relación a Malvinas. Esta amenaza no es inocua. Los Estados Unidos evalúan ese cambio de posición porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica», se entusiasmó Milei en su discurso por cadena.
Pero se sabe que Trump no se caracteriza por tener posturas duraderas y pocas horas después posteó una foto con el Rey Carlos, en la que parece reafirmar la alianza histórica con Londres pese a su pelea con el gobierno británico.
«A esta altura deberíamos tener en cuenta que Trump se ha vuelto un líder poco previsible para tomar en serio sus declaraciones y no las del Departamento de Estado», opinó el analista político Lucas Romero sobre la foto posteada por Trump.
La tenista Agustina García es la deportista destacada de los Premios Etapas 2023. Terminaron los Premios eTapas 2023 con una nueva participación de 20 deportistas locales en etapa formativa que fueron destacadxs y elegidxs por sus propios profesores, siendo esta selección un premio en sí mismo. En los eTapas buscamos destacar el compromiso, el compañerismo, la dedicación…
Los bailes de los clubes de barrio fueron una tradición argentina que reunió música, familias, jóvenes y comunidad durante décadas. Una mirada a aquella vida social.
Por Alcides Blanco para NLI
Hubo un tiempo en que para salir un sábado a la noche no hacía falta conocer la cartelera de una discoteca, reservar una mesa ni cruzar media ciudad buscando el lugar de moda. En buena parte de la Argentina, alcanzaba con caminar unas pocas cuadras hasta el club del barrio, donde podía haber baile, orquesta, buffet, pista, rifas, juegos, partidos, reuniones y, sobre todo, gente conocida. Durante décadas, esas instituciones fueron mucho más que espacios deportivos: funcionaron como verdaderos centros comunitarios en los que distintas generaciones compartían buena parte de su tiempo libre. En los años 60 y 70, los grandes bailes de carnaval y las fiestas organizadas por clubes llegaron a convocar multitudes, con artistas populares, orquestas y precios accesibles.
El sábado empezaba mucho antes del baile
La preparación para el baile también formaba parte del ritual. Había que decidir qué ponerse, arreglarse un poco más de lo habitual y, en el caso de los adolescentes, negociar con los padres la hora de regreso. Para muchos jóvenes, el club era además uno de los pocos lugares donde podían encontrarse con amigos y compañeros fuera de la escuela, el trabajo o la familia. La pista se convertía así en un territorio de sociabilidad donde se cruzaban generaciones y grupos que durante la semana tenían rutinas completamente diferentes. En algunos barrios, además, el baile estaba directamente vinculado con la identidad de la institución: el club organizaba la fiesta, vendía las entradas, contrataba a los músicos y convertía sus instalaciones deportivas en un salón de celebraciones.
La escena podía ser muy sencilla: mesas alrededor de la pista, familias conversando, parejas jóvenes esperando que empezara la música y chicos que entraban y salían del salón. En otros casos, especialmente cuando llegaban artistas reconocidos, el acontecimiento adquiría una dimensión mucho mayor. Boca Juniors, Vélez Sarsfield, San Lorenzo y otros clubes fueron escenario de grandes bailes populares, en los que podían presentarse figuras de enorme convocatoria. En los años 60 tuvieron presencia artistas como Los Cinco Latinos y Los Gatos, mientras que durante los 70 los bailes de clubes porteños llegaron a reunir a figuras como Sandro, Palito Ortega, Leonardo Favio y Joan Manuel Serrat.
La música también contaba la transformación de una sociedad que estaba cambiando rápidamente. El tango seguía presente, pero convivía con la música tropical, el folklore, el pop y el naciente rock nacional. En una misma década podían coexistir una orquesta de tango, una banda de música tropical y un conjunto juvenil que tocaba canciones eléctricas. Esa mezcla no era solamente musical: expresaba el encuentro entre generaciones y la incorporación de nuevas formas de vestirse, bailar y relacionarse. El baile era uno de los lugares donde los cambios culturales podían verse en vivo, sin necesidad de que nadie los explicara.
El club como segunda casa
El fenómeno no apareció de la nada. Los clubes de barrio se habían consolidado durante las décadas anteriores como organizaciones sociales profundamente arraigadas en los barrios populares y de clase media, vinculadas al deporte, la educación física, las actividades culturales y la vida comunitaria. Investigaciones sobre la historia de estas instituciones destacan precisamente su papel en la formación de la cultura popular argentina durante las décadas de 1930 y 1940.
Por eso el club podía ser, para una familia, una especie de segunda casa. Allí se jugaba al fútbol, al básquet o al baby fútbol, se practicaba gimnasia, se organizaban campeonatos de cartas, se festejaban cumpleaños y se realizaban reuniones sociales. También estaban el buffet, el salón, las comisiones de vecinos y las actividades de las distintas categorías deportivas. En algunos lugares había biblioteca, teatro o cine. La institución pertenecía al barrio porque el barrio participaba activamente de su funcionamiento, una diferencia importante respecto de buena parte de los espacios de entretenimiento posteriores, cada vez más organizados alrededor del consumo.
Los bailes tenían además una dimensión económica. Para muchos clubes, las fiestas constituían una fuente de ingresos que permitía financiar actividades deportivas y mantener las instalaciones. No era extraño que una noche de gran convocatoria sirviera para recaudar fondos destinados a comprar equipamiento, reparar el techo del gimnasio o sostener alguna disciplina infantil. El espectáculo y la vida comunitaria se mezclaban entonces de una manera que hoy puede resultar extraña: la diversión del sábado podía contribuir a pagar el funcionamiento cotidiano de una institución del barrio.
Hacia fines de los 70 y durante las décadas siguientes, ese mundo comenzó a transformarse. Las nuevas formas de entretenimiento, la expansión de las discotecas, los cambios en las pautas de consumo y las modificaciones en la vida urbana fueron quitándole centralidad a los grandes bailes de club. Una mirada retrospectiva sobre aquella época señala justamente que hasta los años 70 los clubes podían concentrar una vida social intensa que luego comenzó a fragmentarse.
La desaparición de aquellos bailes no significó solamente el reemplazo de un tipo de música por otro. También representó la pérdida progresiva de un espacio de encuentro territorial, donde era posible conocer a personas de distintas edades sin que existiera necesariamente una finalidad comercial detrás. El club seguía siendo club, pero algunas de las funciones sociales que había concentrado comenzaron a repartirse entre gimnasios, centros comerciales, discotecas, restaurantes, televisión y, mucho después, las nuevas formas de comunicación digital.
Quizás por eso, cuando alguien recuerda aquellos sábados de baile, no está evocando únicamente una canción o una pista. Está recordando una forma de vivir el barrio. La entrada podía costar poco, la orquesta podía tocar durante horas y alguien podía terminar la noche sentado en una mesa conversando con personas que conocía desde hacía años. En tiempos en que buena parte del entretenimiento se consume de manera individual y a través de una pantalla, aquellos salones representan una experiencia diferente: la de una comunidad que se reunía físicamente para divertirse, encontrarse y, de paso, sostener la institución que consideraba propia.
Los clubes de barrio todavía existen y muchos continúan cumpliendo funciones sociales fundamentales. Lo que cambió fue el lugar que ocupan dentro de la vida cotidiana. Aquellas pistas de baile llenas durante los sábados y carnavales forman parte de una Argentina que ya no existe de la misma manera, pero que dejó una huella profunda en la memoria de varias generaciones. Y quizá la mejor forma de entender aquellos bailes no sea preguntarse solamente qué música sonaba, sino qué clase de sociedad necesitaba reunirse en un club para bailar hasta la madrugada.
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