Por instrucción de Intendente Marcelo Orazi se realizó esta mañana una reunión para analizar aspectos técnicos-jurídicos relacionados con la toma de posesión de la terminal de ómnibus teniendo en cuenta el vencimiento de la concesión el próximo 30 de agosto.
De la misma participaron el Secretario de Gobierno Guillermo Carricavur, el presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega, el asesor externo Gustavo Arias y los asesores legales del Municipio.
En la oportunidad se abordaron cuestiones legales vinculadas a la finalización del contrato, tras lo cual la Municipalidad tomará posesión de la terminal y se constatará notarialmente el estado edilicio y se exigirá la documentación respaldatoria del activo y pasivo correspondiente.
Al término del encuentro, Carricavur manifestó que “en cuanto a lo edilicio, con el área de Obras Públicas nos abocaremos a los trabajos que sean necesarios para una prestación de servicios acorde a la demanda de los usuarios”.
“Esto en forma previa a los trabajos integrales de remodelación interna y externa que se llevarán a cabo en el marco del convenio firmado con el Ministerio de Transporte de Nación”, indicó.
Cabe aclarar que luego se evaluará cómo seguirá la administración de la termina en el futuro.
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Después de cinco meses de estabilidad cambiaria, el dólar volvió a mostrar una tendencia alcista. Sin embargo, el mercado no está descontando un salto devaluatorio, sino una corrección gradual del tipo de cambio.
Así lo refleja la curva de futuros, que ubica al dólar oficial en torno a $1.642 para diciembre, mientras que bancos y consultoras privadas manejan proyecciones que van desde $1.539 hasta $1.800 para el cierre del año.
De acuerdo con un informe de la Fundación Mediterránea, las posiciones de dólar futuro con vencimiento en diciembre operan con una tasa implícita efectiva anual del 22%, compatible con una depreciación administrada del peso durante el segundo semestre.
«La curva de futuros convalida la expectativa de un reacomodamiento gradual del tipo de cambio para la segunda mitad del año, descartando escenarios de un salto devaluatorio discreto», sostiene el estudio.
En las últimas semanas el dólar mayorista interrumpió la calma que había caracterizado al mercado durante buena parte del año. Este martes operó en $1.482, acumulando una suba del 5,7% desde fines de mayo, mientras que el contado con liquidación avanzó hasta $1.557, con un incremento del 5,5% en el mismo período.
Pese a ello, la entidad remarca que el tipo de cambio oficial continúa un 16% por debajo del techo de la banda cambiaria, fijado actualmente en $1.815, y que, medido en términos reales, todavía se ubica 10% por debajo de los niveles registrados a comienzos de año.
Si bien existen varios factores que llevan a que la presión sobre el dólar aumente, la mayor presión proviene de los ahorristas que ante la suba de la divisa desarman posiciones en moneda local y buscan cobertura en el dólar, cosa que, probablemente no arroje un buen resultado.
«Si bien existen varios factores que llevan a que la presión sobre el dólar aumente, la mayor presión proviene de los ahorristas que ante la suba de la divisa desarman posiciones en moneda local y buscan cobertura en el dólar, cosa que, probablemente no arroje un buen resultado», indicó Gastón D’amico, presidente de Boston Asset Manager.
«Es de esperar que en las próximas semanas tengamos una merma en la demanda de dólares y veamos un precio en descenso. Al igual que durante el 2024, pese a un alto índice de volatilidad de la moneda, no representa un aumento real al final del periodo, es decir, si bien presenta subas y bajas, en la práctica el dólar termina en el mismo valor inicial», añadió.
Las expectativas implícitas en el mercado de futuros coinciden con buena parte de las proyecciones privadas relevadas.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central prevé un dólar mayorista de $1.658 para diciembre, apenas por encima del valor que hoy reflejan los contratos negociados.
Según el informe, esa trayectoria implicaría una depreciación cercana al 14% anual, inferior a la inflación esperada por las consultoras participantes del relevamiento, que ronda el 30,5% para 2026.
Entre los bancos internacionales también predominan escenarios de ajuste moderado, aunque con diferencias significativas. Wells Fargo proyecta un dólar de $1.539 para el cuarto trimestre, mientras que JP Morgan y MUFG lo ubican cerca de $1.550. En el extremo superior aparecen BBVA, con una estimación de $1.705, y Capital Economics, que proyecta un cierre de $1.800.
«La estabilidad cambiaria tranquilamente puede durar hasta comienzo del 2027. El Gobierno está logrando bajar la inflación, sumando a los casi USD 11.000 millones comprados por el Banco Central en lo que va del año y con la posible vuelta a los mercados internacionales, el Gobierno tiene todo para que no se le escape el tipo de cambio», comentó Gastón Otaola, analista en Bull Market Brokers.
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Naturalizamos la situación de pandemia y el NO plan, la agria espera y el paso del tiempo cansino. Aguardando no sé qué. Quizás la vacuna. Naturalizamos leer los números como meros números. Como algo frío, matemático. Descartable. Son personas, son queridos. Queribles. Dejan amor, amores. Seres. Naturalizamos estar sobre el umbral, ese pasaje en el…
El gobernador de San Juan, Marcelo Orrego, tuvo que suspender la misión oficial que desarrollaba en Londres y Estados Unidos para volver a la provincia tras la tragedia del helicóptero que cayó en Valle Fértil y provocó la muerte de siete personas, entre ellas cuatro integrantes de la plana mayor del sistema de seguridad provincial.
La tragedia, ocurrida durante un operativo vinculado a una capacitación del Sistema Nacional de Manejo del Fuego, generó una profunda conmoción en San Juan. En ese marco, el Gobierno provincial decretó tres días de duelo, dispuso que las banderas permanezcan a media asta y suspendió los actos oficiales de carácter festivo en homenaje a las víctimas.
Orrego decidió volverse de la gira cuando se confirmó la magnitud del accidente, con el objetivo de acompañar personalmente a los familiares, amigos y compañeros de las víctimas, además de seguir de cerca la evolución de la investigación y las acciones que lleva adelante el Gobierno provincial.
Mientras el mandatario regresa al país, la comitiva oficial que lo acompaña continuará con la agenda técnica prevista en el exterior para garantizar la continuidad de los compromisos institucionales asumidos durante la misión internacional.
La fecha que quedó grabada en la historia responde a un calendario que Rusia ya no utiliza. La insurrección bolchevique comenzó el 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, pero esa misma jornada correspondía al 7 de noviembre en el calendario gregoriano. La diferencia de 13 días explica por qué la Revolución de Octubre ocurrió, para buena parte del mundo, en noviembre.
Por Alcides Blanco para NLI
La historia suele quedar atrapada en los nombres con los que fue bautizada. La Revolución de Octubre es uno de los ejemplos más famosos. Durante generaciones, millones de personas aprendieron que el 25 de octubre de 1917 los bolcheviques encabezados por Vladimir Lenin tomaron el poder en Rusia y pusieron en marcha uno de los procesos políticos más trascendentales del siglo XX. Sin embargo, si alguien viajara hasta aquella misma fecha utilizando el calendario que actualmente rige en la mayor parte del mundo, descubriría algo aparentemente desconcertante: el 25 de octubre ruso era el 7 de noviembre para el resto de Europa.
No se trata de un error histórico ni de una modificación posterior de los acontecimientos. La explicación está en una cuestión aparentemente menor, pero fundamental para comprender cómo se registraban las fechas en la Rusia de comienzos del siglo XX: el Imperio ruso todavía utilizaba el calendario juliano, mientras que la mayoría de los países europeos ya se regían por el calendario gregoriano, establecido en 1582 por iniciativa del papa Gregorio XIII. Entre ambos calendarios existía entonces una diferencia de 13 días.
Por eso, cuando los bolcheviques avanzaron sobre los principales puntos estratégicos de Petrogrado durante la noche del 24 al 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, en los países que utilizaban el calendario gregoriano ya era la noche del 6 al 7 de noviembre. La revolución que Rusia llamó “de Octubre” ocurrió, entonces, en noviembre según el calendario que hoy utilizamos.
Dos calendarios para una misma revolución
Para entender el asunto hay que retroceder algunos siglos. El calendario juliano había sido introducido por Julio César en el año 46 antes de Cristo y durante muchísimo tiempo fue utilizado como referencia en Europa. El problema era que su cálculo del año solar contenía una pequeña diferencia que, acumulada durante siglos, provocaba un desplazamiento progresivo de las fechas respecto de las estaciones.
En 1582 se introdujo el calendario gregoriano para corregir ese desfasaje. Los países católicos comenzaron a adoptarlo rápidamente, aunque otros Estados europeos lo hicieron mucho después. Rusia, vinculada además a la tradición de la Iglesia ortodoxa, mantuvo durante siglos el calendario juliano.
Así, mientras Francia, España, Italia y otros países europeos ya utilizaban el calendario gregoriano, Rusia continuaba registrando oficialmente sus acontecimientos con el sistema anterior. La diferencia, que durante buena parte de la historia había sido de 10 u 11 días, llegó a 13 días en los siglos XX y XXI.
Eso significa que un acontecimiento fechado oficialmente en Rusia como 25 de octubre de 1917 debe convertirse en 7 de noviembre de 1917 al trasladarlo al calendario gregoriano.
La confusión se vuelve todavía mayor porque los propios protagonistas de la revolución utilizaron las fechas del calendario vigente en Rusia. Para ellos, aquella jornada era efectivamente octubre. El nombre Revolución de Octubre no fue una equivocación: era la denominación correcta dentro del sistema de fechas que utilizaba el Estado ruso.
La revolución que cambió el siglo XX
Pero detrás de esos 13 días existe una historia mucho más profunda. La revolución no surgió de la nada ni comenzó y terminó en una única jornada. 1917 fue el resultado de una crisis acumulada durante años, agravada por la Primera Guerra Mundial, la pobreza, el hambre, las enormes desigualdades sociales y el agotamiento de un régimen autocrático que tenía en el zar Nicolás II su máxima autoridad.
Rusia había ingresado en la Primera Guerra Mundial en 1914 y el conflicto tuvo consecuencias devastadoras. Millones de soldados murieron, resultaron heridos o fueron tomados prisioneros. La economía se deterioró, las ciudades comenzaron a sufrir problemas de abastecimiento y la población campesina soportó enormes sacrificios.
En febrero de 1917 —también aquí hay que hacer la conversión de calendario— una oleada de huelgas, protestas y movilizaciones terminó provocando la caída del zar Nicolás II, que abdicó el 15 de marzo según el calendario gregoriano, correspondiente al 2 de marzo del calendario juliano.
La monarquía había caído, pero la crisis estaba lejos de resolverse.
Se formó un Gobierno Provisional, mientras paralelamente se fortalecían los soviets, consejos integrados por trabajadores y soldados. Se produjo así una situación de poder dual: por un lado, las instituciones del Gobierno Provisional; por otro, una estructura política nacida de la movilización popular.
El problema fundamental era que el nuevo gobierno decidió continuar la guerra. Para una población exhausta, esa decisión resultó cada vez más difícil de aceptar.
En ese escenario crecieron los bolcheviques, encabezados por Lenin, que sintetizaron buena parte de sus consignas en demandas que podían ser comprendidas fácilmente por una sociedad atravesada por la crisis: paz, pan y tierra.
Del 25 de octubre al 7 de noviembre
Durante el otoño ruso de 1917, la situación política se volvió explosiva. Los bolcheviques lograron aumentar su influencia en los soviets de Petrogrado y Moscú y comenzaron a preparar una insurrección destinada a desplazar al Gobierno Provisional.
La noche del 24 al 25 de octubre del calendario juliano, fuerzas revolucionarias ocuparon puntos estratégicos de Petrogrado: puentes, estaciones, centrales de comunicaciones y edificios fundamentales para controlar la ciudad.
El objetivo era aislar al Gobierno Provisional y tomar los centros neurálgicos del poder.
El episodio más simbólico fue la toma del Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. En las horas siguientes, los ministros fueron detenidos y el poder quedó en manos del Consejo de Comisarios del Pueblo, encabezado por Lenin.
Pero aquí aparece nuevamente la cuestión del calendario.
Para los rusos de aquel momento, el asalto decisivo estaba ocurriendo el 25 de octubre de 1917. Para los países que utilizaban el calendario gregoriano, era el 7 de noviembre.
Cuando la revolución pasó a ser estudiada internacionalmente, muchos historiadores comenzaron a utilizar las fechas gregorianas para facilitar la comparación con los acontecimientos del resto del mundo. Sin embargo, el nombre original permaneció: Revolución de Octubre.
La paradoja quedó instalada para siempre.
Lenin, Trotsky y una revolución que no terminó aquella noche
Otro error frecuente consiste en imaginar la Revolución de Octubre como un golpe instantáneo que produjo inmediatamente un Estado soviético consolidado. En realidad, la toma del poder fue el comienzo de un proceso mucho más largo.
Los bolcheviques debieron enfrentar a sus adversarios políticos, reorganizar el Estado, hacer frente a la resistencia armada y, finalmente, atravesar una guerra civil que se extendió desde 1918 hasta aproximadamente 1922.
Entre las figuras centrales del proceso estuvieron Lenin y León Trotsky, quien tuvo un papel decisivo en la organización militar de la revolución y en la creación del Ejército Rojo. También participaron miles de dirigentes, militantes, obreros, soldados y campesinos cuyas historias quedaron muchas veces subordinadas a los nombres de los grandes líderes.
La revolución tampoco fue un fenómeno exclusivamente urbano. La cuestión de la tierra, el poder de los terratenientes y la situación de los campesinos fueron elementos fundamentales para entender la crisis del viejo régimen.
En 1918, el nuevo gobierno decidió adoptar oficialmente el calendario gregoriano. Rusia pasó directamente del 31 de enero al 14 de febrero de ese año, eliminando así los 13 días de diferencia que existían con el calendario occidental.
Desde entonces, Rusia comenzó a utilizar el mismo calendario civil que gran parte del mundo.
Pero la revolución ya había quedado bautizada.
¿Entonces fue en octubre o en noviembre?
La respuesta correcta es: en ambos, dependiendo del calendario utilizado.
El acontecimiento comenzó el 24-25 de octubre de 1917 según el calendario juliano vigente en Rusia. Esa misma fecha correspondía al 6-7 de noviembre de 1917 según el calendario gregoriano.
Por eso, cuando hoy se conmemora la Revolución de Octubre el 7 de noviembre, no se está cambiando la historia. Se está utilizando el calendario que Rusia adoptó posteriormente.
La paradoja tiene incluso una dimensión simbólica. La revolución que pretendía romper con el viejo orden terminó siendo recordada con una fecha perteneciente a un sistema de calendario que el nuevo poder abandonaría pocos meses después.
La historia, como suele ocurrir, también está hecha de pequeños detalles.
Trece días separan octubre de noviembre. Pero esos trece días también sirven para recordar algo más importante: las fechas históricas no existen aisladas del mundo que las produjo. Detrás de una jornada revolucionaria hubo una guerra, millones de personas movilizadas, una monarquía en crisis, hambre, desigualdad, luchas políticas y una sociedad que había llegado al límite.
La Revolución de Octubre fue, entonces, una revolución de noviembre para nuestro calendario. Pero siguió siendo de octubre para quienes la hicieron.
Y así quedó grabada en la memoria histórica: una revolución que ocurrió en noviembre, pero que la historia decidió llamar Octubre.
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