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San Martín y la Patria Grande: el proyecto político detrás del Libertador
José de San Martín no pensaba la independencia como un proyecto aislado para cada territorio. Su estrategia militar y política apuntaba a una América del Sur libre y capaz de decidir su propio destino.
Por Alcides Blanco para NLI

Hay una imagen de José de San Martín que la escuela argentina repitió durante generaciones: el general sobre su caballo, cruzando los Andes, espada en mano, conduciendo al Ejército de los Andes hacia la liberación de Chile y, después, del Perú. Es una imagen verdadera, pero incompleta. Porque detrás de aquella extraordinaria operación militar existía una concepción política mucho más amplia que la simple independencia de las Provincias Unidas. San Martín no estaba pensando solamente en liberar un territorio; estaba pensando en impedir que América del Sur quedara nuevamente sometida a una potencia extranjera y en construir las condiciones para que los nuevos Estados pudieran sostener su propia soberanía. Su proyecto no puede separarse de la idea de una independencia continental, de la necesidad de coordinación entre los pueblos americanos y de su permanente preocupación por evitar que las disputas internas destruyeran aquello que la guerra contra España había permitido conquistar.
Por eso, cuando hoy utilizamos la expresión Patria Grande para interpretar el pensamiento sanmartiniano, no estamos diciendo que San Martín utilizara ese término en el sentido político contemporáneo. Estamos empleando una categoría posterior para describir una idea que aparece de manera reiterada en su actuación: las nuevas repúblicas americanas no podían pensarse completamente aisladas unas de otras. La frontera entre los proyectos independentistas no era para él una frontera política definitiva, sino una circunstancia dentro de una lucha mucho más amplia contra el dominio colonial. El Ejército de los Andes, la liberación de Chile y la expedición al Perú forman parte de una misma estrategia porque, desde su perspectiva, la independencia de una provincia o de un solo país no servía de mucho si el poder español conservaba capacidad militar suficiente para reconquistar el resto del continente.
La independencia como proyecto continental
San Martín había comprendido algo que resulta fundamental para entender su estrategia: España podía perder una batalla y seguir siendo una potencia capaz de recuperar territorios. Mientras el centro del poder colonial permaneciera intacto en el Perú, la independencia de los territorios del sur continuaría amenazada. Por eso su plan no consistió en avanzar directamente hacia Lima atravesando el Alto Perú, sino en buscar una vía alternativa: organizar el Ejército de los Andes, cruzar la cordillera, liberar Chile y desde allí avanzar por el Pacífico hacia el corazón del poder español en Sudamérica.
La operación implicaba una concepción política antes que militar. No se trataba simplemente de ganar batallas; se trataba de modificar el mapa estratégico de todo el continente. San Martín necesitaba que Chile fuera independiente porque necesitaba sus puertos, sus recursos y su posición geográfica para continuar la campaña hacia Perú. Necesitaba que Perú dejara de ser el principal bastión realista porque mientras allí existiera un poder español organizado, la independencia sudamericana permanecería incompleta.
La correspondencia de San Martín muestra que esta preocupación por la dimensión continental de la guerra era permanente. En sus comunicaciones con otros dirigentes insistía en la necesidad de coordinar esfuerzos y concentrar recursos para terminar con el poder español. Su famosa frase acerca de que la independencia del Perú era necesaria para asegurar la de Chile y la de las Provincias Unidas sintetiza una lógica que atraviesa toda su estrategia: la libertad de cada territorio dependía también de la libertad de los demás.
Por eso resulta difícil encerrar su pensamiento dentro de las fronteras nacionales que terminarían consolidándose décadas después. San Martín fue argentino, por supuesto, pero su actuación política y militar fue esencialmente americana. Combatió por las Provincias Unidas, pero también organizó la liberación de Chile y condujo la campaña libertadora del Perú. Su horizonte político era necesariamente mayor que el territorio de las Provincias Unidas.
Contra España, pero también contra cualquier dominación extranjera
Existe otro aspecto menos difundido de su pensamiento: para San Martín, la independencia no podía reducirse a cambiar una bandera por otra. Una nación que expulsara a un poder colonial para quedar inmediatamente sometida a otra potencia no habría conquistado una verdadera soberanía.
La cuestión era especialmente delicada porque las guerras de independencia sudamericanas coincidieron con una profunda transformación del equilibrio internacional. Gran Bretaña había adquirido una enorme importancia económica y naval; Francia mantenía ambiciones internacionales; España intentaba recuperar sus antiguas posesiones y Estados Unidos comenzaba a proyectar con mayor fuerza su influencia sobre el continente. Las nuevas repúblicas americanas nacían, por lo tanto, en un escenario internacional en el que su debilidad podía convertirlas rápidamente en objetos de disputa entre potencias.
San Martín observaba ese escenario con preocupación. Su correspondencia demuestra una permanente atención hacia la situación europea y hacia las posibilidades de intervención extranjera en América. La independencia política debía estar acompañada por capacidad para defenderla. De poco servía proclamar una república si no existían fuerzas capaces de proteger su territorio, sus recursos y sus decisiones.
En este punto aparece una idea profundamente moderna: la soberanía no consiste solamente en tener un gobierno propio, sino en disponer de la capacidad material para sostener las decisiones propias. Un país políticamente independiente pero económicamente vulnerable, militarmente indefenso o completamente dependiente de potencias extranjeras podía convertirse nuevamente en un territorio subordinado, aunque ya no existiera un virrey español.
Esa concepción ayuda a comprender por qué San Martín otorgó tanta importancia a la organización militar, a los recursos propios y a la coordinación entre los territorios americanos. La independencia debía poder defenderse.
El encuentro con Bolívar y el sueño que quedó incompleto
El episodio que mejor permite observar la dimensión continental del pensamiento sanmartiniano es, probablemente, su encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil, en julio de 1822.
Ambos habían llegado a conclusiones estratégicas similares desde caminos diferentes. Bolívar había impulsado la independencia del norte de Sudamérica y San Martín había construido la campaña desde el sur. Los dos entendían que la derrota definitiva del poder español exigía terminar con el último gran bastión colonial en el Perú.
Lo que ocurrió exactamente durante aquellas conversaciones sigue siendo objeto de debate histórico. No existe una transcripción completa del encuentro y muchas de las versiones posteriores fueron construidas a partir de cartas, testimonios y reconstrucciones. Pero existe un dato que no necesita de ninguna leyenda: San Martín decidió retirarse del escenario peruano y dejó a Bolívar la conducción militar que terminaría derrotando definitivamente a las fuerzas españolas en Ayacucho en 1824.
La decisión es extraordinaria porque San Martín no abandonó Perú después de una derrota. Se retiró después de haber construido las condiciones para la independencia y cuando todavía podía aspirar a conservar una enorme influencia política.
La explicación se encuentra también en su concepción de la independencia. No quería transformar la guerra libertadora en una disputa personal por el liderazgo continental. Había diferencias políticas entre ambos dirigentes y existían cuestiones complejas respecto del futuro institucional del Perú, pero San Martín terminó priorizando una cuestión que consideraba superior: que la independencia pudiera completarse aunque él dejara de ser el protagonista.
Ese gesto tiene una dimensión política enorme. La historia suele recordar a los grandes líderes por su voluntad de poder. San Martín ofrece una imagen diferente: un dirigente que, después de haber construido una campaña militar extraordinaria, aceptó abandonar el centro de la escena cuando consideró que su permanencia podía dificultar el objetivo principal.
La Patria Grande que aparece en su pensamiento, entonces, no era solamente una consigna sentimental de unidad latinoamericana. Era también una estrategia concreta de supervivencia política frente a las potencias coloniales y frente a la fragmentación interna.
Una América unida, pero no necesariamente idéntica
Hablar del proyecto continental de San Martín tampoco significa convertirlo retrospectivamente en defensor de un único Estado sudamericano. Esa interpretación sería tan simplificadora como la visión puramente nacionalista que lo presenta exclusivamente como héroe argentino.
San Martín entendía que los territorios americanos tenían realidades políticas diferentes. Su preocupación principal era que pudieran constituirse como naciones soberanas y evitar el retorno del dominio colonial. El objetivo era la independencia, no necesariamente la desaparición de las identidades políticas particulares.
Por eso su pensamiento puede ser leído como una tensión entre unidad estratégica y diversidad política. Los pueblos americanos podían organizar sus propios gobiernos, desarrollar sus propias instituciones y mantener sus particularidades, pero necesitaban comprender que compartían intereses fundamentales frente a las potencias extranjeras.
Esa concepción resulta particularmente interesante porque anticipa una discusión que atravesaría toda la historia latinoamericana: ¿cómo construir soberanía nacional sin caer en un aislamiento que vuelva vulnerable a cada país por separado?
San Martín parecía haber entendido que una América fragmentada podía ser más fácil de dominar que una América capaz de coordinar sus intereses.
El legado que quedó después de su muerte
San Martín murió en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850, cuando las nuevas repúblicas sudamericanas ya llevaban varias décadas de vida independiente. Para entonces, sin embargo, el proyecto continental que había contribuido a construir estaba atravesado por profundas divisiones. Las guerras civiles, las disputas territoriales y las rivalidades entre las nuevas dirigencias habían reemplazado al enemigo colonial como principal fuente de conflicto.
Aquello que San Martín había intentado evitar se convirtió en una de las grandes tragedias políticas del siglo XIX americano: la independencia no produjo automáticamente unidad, desarrollo ni soberanía económica.
Las nuevas repúblicas quedaron insertas en un sistema internacional profundamente desigual y muchas de ellas desarrollaron economías orientadas hacia la exportación de materias primas y la dependencia de mercados y capitales extranjeros. La ruptura política con España no significó el final de todas las formas de subordinación.
Allí es donde el pensamiento sanmartiniano adquiere una dimensión que excede la efeméride.
Su proyecto no puede ser utilizado como una doctrina política cerrada para el presente, porque San Martín perteneció a otro tiempo, enfrentó otros problemas y no dejó un programa económico moderno en el sentido actual. Pero sí dejó una serie de principios que permiten discutir la idea de soberanía: la independencia como condición indispensable, la defensa de los recursos propios, la coordinación entre los pueblos americanos y el rechazo a que las nuevas naciones fueran simples piezas de las disputas entre potencias.
Por eso la expresión Patria Grande puede resultar útil si se utiliza con rigor histórico. No para inventarle a San Martín pensamientos que pertenecen al siglo XXI, sino para describir una dimensión real de su acción política: nunca entendió la emancipación americana como una colección de pequeñas independencias completamente desconectadas entre sí.
Su ejército cruzó los Andes porque la geografía no podía convertirse en una frontera para la libertad. Su campaña continuó hacia Chile porque la independencia argentina era vulnerable mientras existiera un poder español fuerte en el Pacífico. Avanzó hacia Perú porque allí estaba uno de los principales centros del poder colonial. Y finalmente aceptó retirarse porque entendió que la causa podía ser más importante que el hombre que la conducía.
Tal vez allí se encuentre la parte más profunda de su legado.
San Martín no imaginó una América Grande solamente porque quisiera verla unida en un mapa. La imaginó capaz de decidir su propio destino.
Y esa diferencia es fundamental.
Porque la Patria Grande, entendida desde su experiencia histórica, no significa que todos los países deban ser iguales ni que deban renunciar a sus identidades. Significa comprender que la soberanía de cada uno puede ser más sólida cuando existe cooperación con los demás y que la independencia política pierde buena parte de su sentido cuando las decisiones fundamentales continúan tomándose desde afuera.
Doscientos años después, el mapa sudamericano sigue dividido en Estados diferentes. Pero aquella pregunta que atravesó la vida de San Martín continúa abierta: si los pueblos que conquistaron juntos su independencia pueden también construir juntos las condiciones materiales para defenderla.
Ese fue, quizás, el verdadero horizonte político del Libertador.
No solamente liberar territorios.
Liberar a un continente de la idea de que su destino debía ser decidido por otros.
Se desplomó el Índice de Confianza del Consumidor y preocupa al Gobierno el impacto en la reelección de Milei
Javier Milei se desplomó en el índice de confianza al consumidor que elabora la Universidad Di Tella. En el Gobierno hay preocupación por el impacto del malhumor social en la reelección del Presidente.
Tras la publicación de los números, los libertarios buscaron llevar tranquilidad a sus filas. «Casi 41% el ICC de JULIO de la UTDT. Es lo que sacaríamos en primera vuelta si las elecciones fueran hoy. Un poquito menos que el mes pasado pero mucho mejor a otros presidentes a esta altura del mandato». El análisis del ex funcionario albertista y hoy fervoroso mileísta Antonio Aracre despertó toda clase de bromas en Twitter.
Aracre saló a bancar al Gobierno en un momento delicado. Sin embargo, no logró generar demasiado entusiasmo. «Dejá de hablar huevadas, Macri fue a las aso 2019 con ICC en 42 y sacó 32 puntos», le respondieron en Twitter. Entre junio y julio de 2026, la confianza en el presidente disminuyó 4,78%.
Como publicó LPO, la crisis pegó fuerte en todos los sectores. Incluso casi la mitad de los libertarios reconoce que su situación económica personal es peor que el año pasado. El principal problema para el gobierno es que la bonanza que festejan en el Ministerio de Economía no llega al bolsillo. Y ese malestar pone en peligro la reelección de Milei.
Casi la mitad de los libertarios dice que su situación económica está peor que el año pasado
Milei cae en todos los segmentos que abarca el índice de la Di Tella. La baja más importante es los sectores de menores ingresos, con 11, 47%, mientras que entre los de mayores ingresos la confianza disminuyó 1,45%.
El desencanto tampoco diferencia en provincias con un electorado más o menos afín al oficialismo: los distritos donde Milei cayó más fuerte son la Provincia, con 6,34% y la Ciudad, con 6,24% de baja. En el interior la caída fue mucho más moderada, de 1,68%, pero en el interanual la baja fue marcada: 8,78% respecto de julio de 2025.
Entre los subíndices que componen el Índice de Confianza del Consumidor «en julio se observaron disminuciones en todos los componentes. Situación Macroeconómica registró la mayor caída mensual (-8,49%) y se ubica 10,54% por debajo del nivel de julio de 2025», explican en el informe.
Si bien Situación Personal disminuyó 3,89% en el mes, respecto de 2025 el derrumbe es notorio: se encuentra 14,98% por debajo del registro de julio de 2025.
Magia argentina contra los tecnofeudales
Fotos: Tía Tweety
Agosto 2026. Las últimas reuniones de los lunes de la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción fueron con tela, aguja e hilo, pegamento y alambre. Entre los iniciales minutos dedicados al aburrimiento y las charlas políticas y personales se cosían trajes y se craneaba la acción directa que durante estas horas es comentada hasta en medios de comunicación europeo: un grupo de Gandalfs protestó en la mismísima puerta del tecnoligarca reaccionario Peter Thiel. La convocatoria fue por mail. Un correo extenso con indicaciones, horarios y un cancionero que además de la nueva letra, indicaba el nombre original para imaginar el ritmo:
Víctor Heredia – “Todavía Cantamos”
Peter Peter compadre la concha de tu madre
Peter Peter compadre la concha de tu madre
Vos querés Palantires para ver el futuro
Mirate en el espejo para ver un boludo… Vas a ver un boludoVíctor Heredia – “Sobreviviendo”
Peter es muy amigo de Caputito
Le vende software caro y le chupa el pito
Gemelo digital una tapadera
Que rebotan gemelos contra su peraSiguiendo las instrucciones del extenso correo, los y las Gandalf se juntaron junto al lago de la Plaza Sicilia. Rato después, debajo de unos árboles, ante una luz más mortecina de la que invade este invierno a Buenos Aires, armaron un aquelarre: sombreros, cofias, cinturones, anteojos de sol y trajes largos comenzaron a pasar de mano en mano. Entonces, tres decenas de magos grises repasaron el guión de la movida y se pusieron en marcha bajo miradas de sorpresa de paseantes y vecinos de El Rosedal y La Recoleta. Todo fue por correo. La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción no tiene Instagram, ni X, ni Facebook. Solo en Substack tienen la publicación “Tiempo Yihadista” con ciento treinta suscriptores, allí publica desde hace poco tiempo un podcast y notas. Pero su historia es mucho más antigua.

Febrero 2025. Las paredes de Buenos Aires siempre dicen algo. Quizá algunos se pierdan que entre los grandes anuncios se luce una inmensa cartelería con mensajes de crítica cultural. La falta de atención no está solo en las aulas, sino también en las calles, los subtes, los bondis y hasta en las caminatas. Sacar la mirada del cazabobos de las pantallas es una experiencia que obliga a lecturas múltiples: directas y oblicuas. Gente revolviendo tachos de basura para comer, manifestaciones cada vez más frecuentes, saturación policial y modos de protesta experimentales en centenares de formas ¿Quiénes están detrás de esos stickers y afiches A4 impresos, hechos a mano y pegados en paredes, paradas de colectivos, barandales? Imposible saberlo porque generalmente no tienen “marca” ni quieren tenerla. Son el producto de iniciativas a la que el apuro sociológico suele denominar “micropolítica” (sic).
¿Micro? Detrás de cada una de esas intervenciones hay trabajo colectivo, paciente, autofinanciado y ocupa el lugar que los aparatos organizacionales abandonan una y otra vez en nombre de estrategias lejanas y del autoelogio identitario.
Es un día soleado y la ciudad se mece en su habitual ritmo. Esta vez la cartelería de tamaño comercial compite con otra en varios barrios porteños: “Sos adicto a twitter, pelotudo”, “¿Cuántos TikTok vas a ver hoy? La concha de tu madre” y “¿Tu novio usa TikTok? Felicitaciones, estás en pareja con un niño”. Todos los carteles en blanco y con letras negras están firmados por la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción. Yihad: es decir, “esfuerzo”, “empeño” o “lucha” en el camino de Dios. Y este no tiene que ser el mismo para todes. Los comisarios de lo simbólico que olvidaron la hermosa dialéctica entre signo y realidad opinan con la velocidad scroll influenciada por el agite racista arabofóbico y censuran.
En el mismo cartel un código QR ofrece más información a quien sólo apunte su cámara. Algún desprevenido manifiesta temor a hacerlo, como si los “palantires” de las grandes corporaciones tecnológicas ya no los estuvieran monitoreando. El QR es el acceso a una declaración, recomendación de libros y del substack de Ted Gioia, quien elaboró un alarmante informe sobre el “estado de la cultura” en Estados Unidos. alertando de los efectos devastadores de los entornos digitales sin regulación sobre la subjetividad y los lazos sociales.

Pocos medios se hicieron eco de aquel amanecer. Antes de ese día inaugural la Yihad ya estaba en marcha y no hubo semana en que ellos y ellas no se reunieran.
Marzo 2026. Se puede leer en el Substack “Tiempo yihadista”:
“La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción es un esfuerzo colectivo por hacer circular la percepción de que el modo de existencia que nos imponen hoy las plataformas estandariza nuestra experiencia digital, empobrece nuestra experiencia vital y daña nuestra capacidad de organización política.
Hace falta poner en valor, tomarse en serio la pregunta: ¿Podemos seguir viviendo así? ¿Podemos seguir haciendo política así?
Las plataformas de las Corporaciones de la Distracción están diseñadas para hacer que permanezcamos en ellas la mayor cantidad de tiempo que sea posible. Y mientras los cuatro o cinco tipos más ricos del mundo ganan guita secuestrando nuestra atención, vamos concediendo terreno a las lógicas de su imperio en el campo de la subjetividad y del contrato social. Cuanto más tiempo le dedicamos —regalamos— a las Corporaciones de la Distracción, menos le dedicamos a la conformación y reconocimiento de nuestra propia identidad y la identidad de nuestras comunidades.”
Este grupo —que puede superar la centena en los “Slam de discurso político”— está formado por jóvenes con una edad promedio que apenas araña los treinta años. De verba brillante y encendida, pueden armar un intertexto entre el manga, Mark Fisher, Perón, teóricos del aceleracionismo, Borges y saberes de alquimia. Laburantes y estudiantes. Autofinanciados hasta el detalle, sus reuniones son “sagradas”.

Respetan el orden del día de manera democrática. Toda reunión tiene una “cronodivergencia” permitida como horizonte. A todas llega siempre un núcleo persistente de miembros, pero también de sueltos que se acercan, prueban, amarren o no al grupo. Allí se experimenta más allá de los agotadores e interminables diagnósticos y sobrediagnósticos sobre los efectos de la cultura digital. Para los yihadistas contra las corporaciones, la política no sólo se dice, sino que se hace; se ensaya en todo encuentro que comienza con quince minutos de aburrimiento: una señal da comienzo a un tiempo en que nadie puede moverse, hablar, leer, ir al baño, ni tomar un mate. Silencio colectivo, mirada hacia adentro en una época donde la economía de la atención no supera los cincuenta segundos. Luego se tratan los temas de agenda y alguno que se sume. Antes de finalizar se hace una vaquita para comprar empanadas y varios sacan sus tupers. Todas y todos tienen un nombre elegido, el único que todos conocen es el de Lisandro Al-Gaib, el líder espiritual de la Yihad que firma todo lo que se comunica.
¿Qué es la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción?, pregunto uno de los lunes de marzo de este año, un día de calor sofocante. Todos se miran entre sí, buscando respuesta y se arma una definición conjunta que llevaría la firma de “Lisandro Al-Gaib”.
—Somos un conjunto de experiencias militantes diversas. Entre nosotros hay gente con militancias políticas orgánicas y otros que nunca militaron. Esto lo hace interesante porque nos permite repensar la militancia sin que nadie se queme. Estamos orgullosos y orgullosas de que no se pueda responder una sola cosa. Nos unió una lectura de los síntomas de la actualidad y una preocupación concreta de un problema nodal-transversal de la época: la crisis de la imaginación política de cómo soñar, militar, compartir. Las corporaciones de la distracción están en la base de esta situación. La derecha nos acusa de “progres”, pero entre nosotros y nosotras hay muchas posiciones. Nuestro objetivo es terminar con las corporaciones de la distracción. El yihadismo no es solo una forma de militar, sino también de estar, que sale de la anomia política y sus tangentes. Nos juntamos frente a una crisis que es política y también de salud mental.
¿Y qué es lo que les permite estar juntos? Podemos identificar que en nuestra política hay amor y amistad. Sostener una grupalidad o un proyecto a partir del contagio es lo que nos permite esta insistencia. Estas reuniones son tres horas en las que estamos sin celular, algo que no se suele hacer ni en el trabajo ni cursando. Construimos confianza, una política del deseo sin paternalismos, en donde discutimos lo que pasa y nos pasa. En los “Slam de discurso político” hay distintas posiciones, hay debate, votamos al mejor.
Diciembre 2025. La Yihad convoca al “Cuarto Slam de discurso político”. El lugar de la cita es enviado previa inscripción. Llega otro mail: el encuentro será en Chacarita y la clave para ingresar es “Luigi Mangione”. Al traspasar la puerta hay un gran patio con parrilla para carnívoros y veganos. Todo es ofrecido a precio “anti corporación” y si borrás tu cuenta de Instagram te convidan un Fernet gratis. Las puertas del encuentro se cierran. Ya nadie podrá ingresar. Todos son invitados a aburrirse, una especie de oración en silencio. Sentados en sillones, sobre almohadones o directamente sobre el pasto, un centenar de jóvenes, y muy pocos post cuarenta, miran el cielo, el piso o la nada. Nadie rompe esa magia colectiva. Las reglas son claras: 1. No hay temática: el discurso puede hablar de lo que se quiera. 2. Se puede ser ultra coyuntural también. 3. Hay una sola regla formal: el discurso arranca cuando se sube a la tarima y los propios militantes dejan de cantar. 4. Hay límite de tiempo: entre 6 y 15 minutos dependiendo de cuántos dirigentes haya. Y un recordatorio: “A nadie le gusta perder, eso es todo.”
Cada slam consagra un ganador o ganadora. En su tiempo de exposición discurren sobre tópicos diversos: crítica a las redes, defensa de la dialéctica, llamados a proteger la industria nacional, el ambiente, los bienes comunes, la soberanía y la invitación constante a alimentar la imaginación política. Antes de votar se abren las alianzas por lo que los participantes votan siempre a un colectivo creado por afinidades y acuerdos. El Discurso Campeón del Primer Slam fue el de Ruina —no se premian personas sino concepciones— que en uno de sus mejores pasajes alerta: “Porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre, porque es URGENTE que nos despojemos del cinismo y volvamos a vivir remitiendo al carácter ideológico de nuestra existencia. Porque necesitamos volver a hacer, pensar, sentir y callar por CONVICCIÓN y no para ser cancheros, para ser simpáticos, para ser exportables, para ser candidateables o adinerados. Porque tenemos que dejar de concederle a las corporaciones de la distracción y al embrutecimiento terreno en nuestra vida diaria, de darle la mano a la cultura de la decadencia moral, ética y estética. Porque no hay que negociar más con el cinismo, porque hay que volver a poner en valor la ternura y la conmoción verdaderas.”
Todos los discursos de slam posteriores (Lucho, el Partido Imaginario) insistieron con esta crítica, defendieron la educación pública, reivindicaron a los 30.000, criticaron la melancolía de la repetición y desarmaron las políticas liberticidas del actual gobierno. El Quinto Slam está llegando. Se amasó en las jornadas de costura y artesanía autofinanciadas, entre silencios, diálogos, telas grises y ensayo de cantitos para Peter Thiel y los tecnoligarcas.
Agosto 2026.
León Gieco – “Sólo le pido a Dios”
Sólo le pido a Dios
Que se mueran los tecnoligarcas
Que se mueran para siempre
Todos esos amigos de Jeffrey EpsteinLa caminata desde el improvisado aquelarre hasta la mansión de Thiel son veinte cuadras. Durante esos dos kilómetros las miradas y los celulares no paran de enfocar a los Gandalf que caminan guiados por el sonido de un silbato que indica cuándo bajar el ritmo. No hay selfies, sólo fotos de los transeúntes entre quienes prima la simpatía, como el de un ciclista de Avenida Libertador que festeja el paso de magos con una sonrisa y un “Argentina, no lo entenderías”. Durante la procesión en la Avenida el viento vuela algún que otro sombrero, el paso lento se combina con un andar rápido hasta llegar al Instituto Sarmantiniano. Es 17 de agosto, fecha de homenaje al prócer. De cara a la estatua del Libertador la troupe mágica se para y le dedica un minuto de aplausos con algunos gritos de “¡Viva la Patria!” y “¡Viva la Patria Grande!”. Mágicamente ese homenaje retrasa el tiempo para producir un cruce mágico: el Regimiento de Granaderos que venía de un acto oficial y el grupo de los Gandalf que comienza a aplaudir ante la mirada de algunos simpáticos y otros atónitos. No conformes con los aplausos, empiezan a tronar a pecho la Marcha de San Lorenzo, lo que arranca sonrisas a varios granaderos y hasta el corcoveo de algunos caballos. Entre ese fervor patrio y la mansión de Thiel sólo hay doscientos metros. La alegría y cierto cuidado se palpa en el aire.

Ya en la puerta de la mansión del tecnoligarca fascistoide se despliega el cartel mitad en inglés, mitad en castellano: “You shall not pass. La concha de tu madre”. De una de las ventanas de Thiel una mujer se asoma y saca una foto rápidamente. Las cámaras que cuidan al magnate obviamente están encendidas y el intercomunicador de su puerta se enciende. El cancionero es repasado una y otra vez entre bailes y algún pogo. Los pocos que pasan se detienen, filman y hasta un auto de alta gama frena en la esquina y festeja la movida mientras filma con su celular algunas de las imágenes que hoy recorren el mundo.
Antes de finalizar, se hace una ronda y se canta el himno con coro final a puro salto. El encuentro se cierra con un aplauso y se desanda el camino. Se vuelve a aplaudir al Libertador cuando se pasa ante su imagen, se camina por la Avenida con su nombre, se responde las preguntas de algún transeúnte y de nuevo se junta el aquelarre que entre saludos, comentarios y algún mate comienza a planificar el próximo encuentro obligado de todos los lunes y el Quinto Slam. Como si no hubiera un antes y un después, porque entre vivir y hacer política no hay límite posible.

La entrada Magia argentina contra los tecnofeudales se publicó primero en Revista Anfibia.
Jorge Macri sumó nueve bancos al programa de desendeudamiento de familias que impulsó Santoro
El gobierno de Jorge Macri sumó a nueve bancos al Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal de la Ciudad, una iniciativa que nació de un proyecto presentado por el legislador opositor Leandro Santoro y terminó convertida en ley después de una negociación con el Ejecutivo porteño.
La medida busca atender uno de los problemas que más creció en los últimos meses: las familias que acumularon deudas de tarjetas y préstamos y ya no pueden sostener las cuotas.
Banco Ciudad, Santander, ICBC, Supervielle, Credicoop, Comafi, BBVA, Galicia y Banco Piano adhirieron al programa. La incorporación de las entidades amplía considerablemente el alcance de una herramienta que hasta ahora dependía de conseguir que los bancos aceptaran las condiciones fijadas por la Ciudad.
El esquema permite refinanciar deudas en mora originadas en tarjetas de crédito y préstamos personales. El plazo será de hasta 24 meses y la tasa fija no podrá superar el 35% nominal anual. El trámite se realizará directamente ante el banco o entidad financiera adherida.
Denunciaron a Mercado Libre por usura y aseguran que cobra tasas 20 veces más altas que en Brasil
El programa surgió de la Ley 6.959, sancionada por la Legislatura porteña el 18 de junio. El proyecto original fue presentado por Santoro junto con los legisladores Alejandro Grillo y Claudia Neira.
Las familias porteñas podrán refinanciar sus deudas de tarjetas de crédito y préstamos en mora con más plazo y una tasa de interés fija. Es un alivio para la clase media que trabaja, se esfuerza y quiere ponerse al día.
La norma tiene como objetivo facilitar la refinanciación de las deudas de consumo, evitar la exclusión del sistema crediticio y reducir la carga financiera sobre los hogares porteños.
La ley alcanza a las deudas registradas hasta el 1° de junio pasado. Para ingresar, el deudor deberá encontrarse en situación 2 o 3 del Banco Central, es decir, acumular entre 60 y 180 días de atraso.
Además, los ingresos del grupo familiar deberán ser inferiores a diez salarios mínimos y el pago mensual de las deudas deberá representar más del 30% de los ingresos del hogar.

También se exige acreditar domicilio real en la Ciudad durante al menos los últimos dos años. No podrán ingresar quienes tengan más de un inmueble, vehículos de menos de cinco años de antigüedad -salvo que acrediten su utilización para trabajar-, embarcaciones, aeronaves o bienes suntuarios sujetos a registro.
Tampoco quienes posean activos financieros superiores a la deuda que pretenden refinanciar o hayan comprado divisas durante el período en que se generaron los compromisos impagos.
Milei descartó una ayuda a los morosos: «nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse»
Para conseguir que los bancos entren al programa, la Ciudad puso además una ficha propia sobre la mesa. Las entidades adheridas tendrán una reducción del 50% de Ingresos Brutos sobre los intereses que perciban por estas refinanciaciones.
Es el incentivo fiscal que permitió convertir el acuerdo político en una herramienta con participación del sistema financiero.
«Las familias porteñas podrán refinanciar sus deudas de tarjetas de crédito y préstamos en mora con más plazo y una tasa de interés fija. Es un alivio para la clase media que trabaja, se esfuerza y quiere ponerse al día», afirmó Jorge Macri.
La decisión marca una diferencia política con el gobierno de Milei. Mientras la Ciudad diseñó una regulación, ofreció un beneficio fiscal y fijó condiciones para la refinanciación, Luis Caputo sostuvo que el endeudamiento de las familias es un tema entre privados y descartó una asistencia directa del Estado.
El jefe de Gobierno destacó además que la iniciativa fue trabajada «en conjunto entre el Poder Ejecutivo y la Legislatura para convertirla en una ley financieramente viable».
La decisión marca una diferencia política con el gobierno de Javier Milei en dos terrenos sensibles. El primero es la intervención estatal frente al salto de la morosidad. Mientras la Ciudad diseñó una regulación, ofreció un beneficio fiscal y fijó condiciones para la refinanciación, Luis Caputo sostuvo que el endeudamiento de las familias es un «tema entre privados» y descartó una asistencia directa del Estado. «Tampoco hay mucho en lo que nosotros podamos hacer ahí», dijo el ministro.
Pero hay una segunda diferencia, esta vez estrictamente política. Macri tomó un proyecto impulsado por Santoro, principal referente opositor en la Ciudad, lo negoció con la Legislatura y lo convirtió en una política del Ejecutivo.
La operación tiene, por supuesto, una lectura política. Santoro consiguió instalar desde la oposición una iniciativa que terminó convertida en política pública y Jorge Macri se quedó con la ejecución y la incorporación de los bancos. En el medio quedaron las familias endeudadas, que son finalmente las que explican el acuerdo. La mora hizo algo que la política nacional viene encontrando bastante más difícil: sentar al oficialismo y a la oposición alrededor de la misma mesa.
