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Se realizó limpieza y barrido de cámaras cloacales

El camión vactor desobstructor de la empresa ARSA estuvo ayer en Villa Regina con el objetivo de llevar adelante tareas tendientes a mejorar el tránsito del líquido cloacal para optimizar el funcionamiento de la red.

Concretamente realizó una limpieza y barrido de las cámaras cloacales ubicadas sobre calle Guaraní hasta el pozo de Belgrano; calle Mitre; Juan Bautista Alberdi entre Onas y Juan Cruz Varela; calle Cipolletti y Allemani.

El Secretario de Obras y Servicios Francisco Lucero agradeció a ARSA “que nos facilitó el camión y así pudimos hacer el trabajo en los sectores más críticos de la red cloacal”.

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    La «Sábana Santa de Turín» bajo la lupa del ADN: una investigación reabre el debate histórico sobre el manto que cubrió el cuerpo de Cristo

     

    Una reciente investigación publicada en bioRxiv analizó el ADN presente en la célebre reliquia conocida como el Sábana Santa de Turín, revelando un mosaico genético sorprendentemente diverso. Los resultados no sólo cuestionan certezas previas, sino que abren un campo de debate que cruza historia, arqueología y biología molecular.

    Por Alcides Blanco para NLI

    FOTO: World History Archive/picture alliance

    Una reliquia histórica bajo el microscopio moderno

    Desde hace siglos, la Sábana Santa de Turín ocupa un lugar central en el imaginario cristiano: se la considera, según la tradición, el sudario que habría envuelto el cuerpo de Jesucristo tras su crucifixión. Sin embargo, su autenticidad ha sido objeto de controversias constantes, especialmente desde que en el siglo XX comenzaron a aplicarse técnicas científicas para estudiar su origen.

    En este contexto, la nueva investigación —basada en muestras recolectadas en 1978— utiliza herramientas de metagenómica, una técnica que permite analizar el conjunto de ADN presente en una muestra sin necesidad de aislar organismos específicos.


    Lo que encontró el ADN: una historia de contaminación y contacto

    El hallazgo central del estudio es contundente: el ADN presente en la tela no corresponde a una única fuente, sino que constituye una mezcla compleja de material genético humano, vegetal, animal y microbiano acumulado a lo largo de siglos.

    Esto implica que la reliquia estuvo expuesta a múltiples entornos, manipulaciones y contextos históricos. Entre los rastros detectados aparecen señales genéticas vinculadas a distintas regiones del mundo, lo que algunos interpretaron apresuradamente como prueba de un origen exótico.

    Sin embargo, los propios análisis indican que esta diversidad no permite determinar el origen geográfico del objeto, precisamente porque el ADN refleja la historia de contactos posteriores y no necesariamente su punto de creación.


    El mito del “ADN indio” y las malas lecturas

    Uno de los aspectos más viralizados del estudio fue la supuesta presencia significativa de ADN del sur de Asia, lo que algunos interpretaron como evidencia de un origen en la región del Indo.

    No obstante, esta conclusión es considerada una lectura errónea o exagerada. El estudio detecta fragmentos genéticos compatibles con diversas poblaciones —incluidas asiáticas— pero dentro de un contexto de contaminación masiva acumulada durante siglos.

    De hecho, la investigación también identifica ADN vinculado a Europa, Medio Oriente e incluso especies introducidas en épocas posteriores a la Viajes de Cristóbal Colón, lo que refuerza la idea de que la tela actuó como un “archivo biológico” de su recorrido histórico más que como evidencia de su origen.


    Ciencia, historia y límites del conocimiento

    El estudio se inscribe en una larga tradición de análisis científicos sobre la reliquia, que incluye pruebas de datación por carbono realizadas en los años 80 —las cuales sugirieron un origen medieval—, así como investigaciones físicas y químicas sobre la imagen impresa en la tela.

    La diferencia clave es que la biología molecular introduce una dimensión nueva: la posibilidad de reconstruir trayectorias históricas a partir de rastros invisibles. Sin embargo, también deja en evidencia sus límites. Como señalan los investigadores, la contaminación genética impide identificar un ADN “original” del objeto, lo que vuelve imposible establecer conclusiones definitivas sobre su procedencia.


    Una reliquia que sigue generando preguntas

    Lejos de cerrar el debate, la investigación refuerza una idea central: la Sábana Santa de Turín es tanto un objeto religioso como un fenómeno histórico complejo, atravesado por siglos de circulación, devoción, manipulación y estudio.

    En ese cruce entre ciencia y creencia, el ADN no aporta certezas absolutas, pero sí algo quizás más valioso: una evidencia tangible de que la historia de la reliquia es, en sí misma, global, dinámica y profundamente humana.

     

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    Un reptil olvidado durante décadas cambia la historia de la Patagonia

     

    Un equipo del CONICET logró identificar una nueva especie que vivió hace unos 70 millones de años en el sur argentino. El hallazgo no solo completa un vacío científico, sino que revela cómo era la vida en el final de la era de los dinosaurios.

    Por Alina C. Galifante para NLI

    Reconstrucción del cráneo dePaleoteius por el técnico Santiago Miner.

    En la inmensidad de la Patagonia, donde el viento parece arrastrar ecos de otro tiempo, un grupo de científicos argentinos acaba de reescribir una parte clave de la historia natural. A partir de restos fósiles dispersos y estudiados durante décadas, investigadores del CONICET lograron identificar una nueva especie de reptil prehistórico que habitó la región hace unos 70 millones de años, en el tramo final del período Cretácico.

    Lo que durante años fueron piezas sueltas —huesos aislados, fragmentos de armadura, registros incompletos— hoy se convirtió en una historia coherente: la de un animal único que ayuda a entender cómo evolucionaban las especies en el extremo sur del planeta justo antes de la gran extinción.

    Un rompecabezas armado con décadas de ciencia

    El descubrimiento no fue producto de un hallazgo repentino, sino de algo mucho más profundo: la reinterpretación de material acumulado desde la década del ’80.

    Los restos provenían de la zona de Salitral Moreno, en Río Negro, y habían sido recolectados por distintos equipos a lo largo de los años. Sin embargo, recién ahora, gracias a nuevas técnicas y comparaciones, los especialistas pudieron determinar que pertenecían a una especie completamente nueva.

    Ese proceso revela algo clave sobre la ciencia: no siempre avanza con explosiones espectaculares, sino muchas veces con paciencia, revisión crítica y acumulación de conocimiento.

    Un animal pequeño en un mundo de gigantes

    La nueva especie —un reptil acorazado emparentado con los dinosaurios— presentaba una característica llamativa: su tamaño era inusualmente reducido.

    Mientras otros animales similares alcanzaban entre cuatro y cinco metros de largo, este ejemplar medía apenas entre dos y tres metros. Ese dato no es menor. Para los investigadores, podría tratarse de un caso de “enanismo insular”, un fenómeno evolutivo que ocurre cuando los recursos son escasos y favorecen a individuos más pequeños.

    En aquel entonces, gran parte de la Patagonia estaba fragmentada por brazos del mar, lo que generaba ecosistemas aislados, casi como islas, donde las especies debían adaptarse para sobrevivir.

    En otras palabras, no era un animal “pequeño” por casualidad: era el resultado de un ambiente hostil que moldeaba la vida a su medida.

    La Patagonia, un laboratorio del pasado

    Este descubrimiento también confirma algo que la paleontología viene señalando hace años: la Patagonia no es solo un territorio rico en fósiles, sino un verdadero laboratorio natural para entender la evolución global.

    Durante el Cretácico tardío, los continentes aún estaban conectados de formas diferentes a las actuales. Eso permitió intercambios biológicos entre el norte y el sur, con especies que migraban y se adaptaban a nuevos ambientes.

    Así, animales que evolucionaron originalmente en el hemisferio norte terminaron llegando a Sudamérica, donde desarrollaron características propias. El nuevo reptil identificado es, precisamente, una pieza clave en ese rompecabezas biogeográfico.

    Más que un fósil: una ventana a la extinción

    El valor del hallazgo no se limita a sumar una especie nueva al catálogo científico. Lo verdaderamente relevante es que permite reconstruir cómo eran los ecosistemas poco antes del evento que cambió la historia del planeta: la extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

    Cada hueso, cada fragmento de armadura, cada detalle anatómico aporta información sobre cómo vivían, se alimentaban y sobrevivían estos animales en un mundo que estaba a punto de desaparecer.

    En ese sentido, el descubrimiento funciona como una advertencia silenciosa: la vida en la Tierra siempre está en transformación, y las condiciones ambientales pueden redefinirla por completo.

    Ciencia argentina en tiempos de ajuste

    En un contexto donde la ciencia suele ser blanco de recortes y cuestionamientos, este tipo de hallazgos pone en evidencia algo difícil de negar: la investigación sostenida en el tiempo genera conocimiento estratégico, incluso décadas después de iniciado un trabajo.

    El propio estudio demuestra que sin inversión constante, sin equipos formados y sin continuidad institucional, muchos de estos descubrimientos simplemente no existirían.

    Porque lo que hoy aparece como un “nuevo reptil” no es solo un fósil: es el resultado de años de trabajo silencioso, muchas veces invisibilizado, pero fundamental para comprender nuestro lugar en la historia del planeta.

     

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