Después de varios días con problemas de falta de agua en Villa Regina, el municipio solicita a los vecinos realizar un uso adecuado del agua, e informa que se está trabajando en el sistema en general como también continuamente en la reparación de las bombas que fallan por el uso cotidiano (funcionan las 24hs del día).
A su vez, ayer, desde la toma de Godoy se solucionó el conflicto de impulsión de agua, por lo que gran parte de la ciudad debería hoy estar recibiendo el agua con mayor presión, sobrepasando el conflicto de la escasez. El incremento de la presión es directamente proporcional al correr del tiempo, pero es válido aclarar que la red estuvo totalmente descargada por lo que puede haber demorado un poco más de lo normal.
Que la toma de Godoy no haya funcionado a un 100% y el aumento considerable del consumo como consecuencias de las altas temperaturas fueron los principales focos sindicados por el municipio como causante del problema.
#LaTapa se comunicó con Gabriel Sabadín, director de obras sanitarias del municipio de Villa Regina quien nos explicó cuales fueron los conflictos principales y como se avanzó en la solución del problema que afectó a gran parte de la comunidad reginense.
A mediados de la semana pasada empezamos a tener fallas en algunas bombas (…) el sector en el que más nos vimos afectados fue en la toma de Godoy, así no podíamos abastecer a la planta potabilizadora para poder levantar la presión en todos los sectores de la ciudad
Gabriel Sabadín, director de obras sanitarias
La sociedad reginense se expresó en buen número enredes sociales a partir conflicto, en gran parte debido a que no es un problemática aislada sino que es una cuestión que se repite una y otra vez a lo largo del tiempo. Una problemática que siempre fue abordada con paliativos y por ende se sostiene con el pasar de los años y las gestiones.
Si uno de los disparadores es el aumento del consumo por altas temperaturas “¿Qué pasará en enero, dónde se esperan temperaturas arriba de los 40 grados?», era una de las preguntas que recorría las redes ayer por la tarde. También algunos reginenses apuntaron contra sus propios vecinos, “¿Qué hacemos con los que riegan durante horas o lavan los autos en las calles?”.
La función de un municipio es prevenir y solucionar de raíz cualquier problema que tenga que ver con servicios básicos, como lo es el abastecimiento de agua potable, un derecho innegable para cualquier persona. Mayormente si son problemas estructurales y no naturales. Pero a la vez como ciudadanos debemos asumir el compromiso de un uso consciente del agua. No sólo racionalizar su uso (usar menos), si no darle valor real al consumo de un elemento vital como lo es el agua.
¿Será que cada uno tiene que aportar lo suyo? Vos como ciudadano reginense, ¿qué pensás?. Dejanos tu comentario bajo el link de este artículo en nuestra fan page.
Hoy jueves 04 de junio a las 11:30 hs la Asociación de Bomberos Voluntarios de Villa Regina realizará un toque de sirena durante un minuto, así como otros cuarteles en todo el país en memoria de los camaradas bomberos de la Policía Federal, caídos en acto de servicio el pasado 02 de junio cuando combatían…
El Festival de Arte del programa Maratón Cultural, organizado por la Secretaria de Estado de Cultura de Rio Negro y la Municipalidad de Cipolletti, tendrá lugar el 22, 23 y 24 de octubre en el Complejo Cultural de Cipolletti. Ya se pueden retirar las entradas gratuitas por la boletería del Complejo Cultural de Cipolletti, ubicado…
El ferrocarril no fue simplemente un medio de transporte más. A lo largo del siglo XIX se convirtió en una de las transformaciones materiales más profundas del capitalismo industrial, capaz de modificar economías, territorios, ritmos de vida y relaciones sociales. Allí donde apareció, alteró de manera irreversible la forma de producir, de comerciar y de habitar el espacio. Como explican Teresa Eggers Brass y Marisa Gallego en su manual Historia mundial contemporánea, el tren fue una de las herramientas centrales mediante las cuales la Revolución Industrial logró integrar espacios distantes a la economía nacional e internacional.
En los países extensos y con escasas vías fluviales navegables, el ferrocarril cumplió una función decisiva: redujo distancias que antes parecían insalvables, integró regiones aisladas y permitió articular economías locales con mercados nacionales e internacionales. En Estados Unidos, la unión ferroviaria del Este con el Oeste en 1869 selló la expansión territorial y la consolidación de un mercado interno continental. En la Argentina, el ferrocarril posibilitó el abaratamiento de los fletes y transformó a los cereales y las carnes en pilares del modelo agroexportador, incorporando vastas zonas productivas al circuito del comercio mundial.
Una infraestructura funcional a la especialización primaria de la economía
El ferrocarril fue introducido formalmente en la Argentina en 1857, con la inauguración del Ferrocarril del Oeste, que unía la ciudad de Buenos Aires con la zona de Floresta. A diferencia de una idea muy difundida, este primer emprendimiento no fue financiado por capitales extranjeros, sino principalmente por capitales locales y estatales. El Estado de la provincia de Buenos Aires, junto con comerciantes y estancieros vinculados al comercio exterior, impulsó esta inversión como una forma de modernizar el transporte y reducir los costos logísticos.
Sin embargo, esta etapa inicial dio paso rápidamente a una segunda fase. Desde la década de 1860 y, sobre todo, tras la consolidación del Estado nacional, la expansión ferroviaria quedó dominada por el capital británico. Bancos, empresas y fondos de inversión ingleses encontraron en la Argentina un destino rentable para el excedente de capital generado por la Revolución Industrial. El Estado argentino ofreció concesiones amplias, garantías de rentabilidad y beneficios fiscales, asegurando altas ganancias a los inversores extranjeros.
El resultado fue una red ferroviaria diseñada principalmente para servir al modelo agroexportador. El trazado adoptó una forma radial, con centro en el puerto de Buenos Aires, orientada a transportar materias primas desde el interior hacia el mercado mundial. A diferencia de lo ocurrido en los países industrializados, el ferrocarril argentino no fue concebido como una herramienta para integrar un mercado interno industrial, sino como una infraestructura funcional a la especialización primaria de la economía.
A todo vapor
Como todo producto de la Revolución Industrial, el ferrocarril no surgió plenamente desarrollado. Su evolución fue lenta en los comienzos y explosiva en las décadas posteriores, acompañando el proceso de acumulación de capital y la expansión industrial. Ya en el siglo XVII existían sistemas primitivos de rieles de madera por los que circulaban vagonetas tiradas por caballos, utilizadas para transportar carbón desde las minas hasta los puertos. Aquellas soluciones técnicas anticipaban una lógica que luego se profundizaría: organizar el transporte masivo de mercancías de manera regular y eficiente.
El verdadero salto tecnológico se produjo a comienzos del siglo XIX, cuando los rieles de madera fueron reemplazados por rieles de hierro y se diseñaron las primeras locomotoras a vapor capaces de arrastrar varios vagones al mismo tiempo. En un primer momento, el ferrocarril se utilizó casi exclusivamente para el transporte de cargas minerales en Inglaterra, ya que el traslado de pasajeros resultaba todavía demasiado costoso. Sin embargo, la reducción progresiva de los costos y las mejoras técnicas permitieron su rápida expansión como medio de transporte masivo.
La inauguración de la línea Liverpool–Manchester en 1829 marcó un punto de inflexión histórico. Por primera vez, dos grandes centros industriales quedaron unidos de manera permanente, acelerando la circulación de mercancías, personas e información. Para mediados del siglo XIX, Gran Bretaña ya contaba con miles de kilómetros de vías férreas y, hacia fines de ese siglo, transportaba millones de pasajeros de distintas clases sociales, consolidando una nueva experiencia del tiempo, el espacio y la movilidad.
La construcción de los ferrocarriles implicó una transformación profunda del territorio. No se trató solo de fabricar locomotoras, vagones y rieles, sino de levantar estaciones, talleres, depósitos y puentes, abrir túneles, cortar montañas y construir viaductos. El ferrocarril fue una obra integral de la modernidad industrial, una infraestructura que reconfiguró el paisaje y dejó marcas duraderas en la organización del espacio económico y social.
Trenes eléctricos
En las últimas décadas del siglo XIX, la incorporación de la electricidad abrió un nuevo capítulo en la historia ferroviaria. Primero aplicada a las señales y luego a la propulsión, la electricidad permitió ensayar alternativas al vapor. En 1842 se realizaron los primeros intentos de trenes eléctricos, aunque con resultados limitados. El perfeccionamiento del sistema llegó con la incorporación de un tercer riel conductor y, en 1881, esta tecnología fue aplicada con éxito en el ferrocarril de Berlín y presentada en la Exposición Internacional de Electricidad de París.
A pesar de estos avances, la electrificación no se impuso de inmediato de manera masiva. Durante mucho tiempo, el vapor siguió siendo predominante, especialmente en los trayectos largos y en el transporte pesado. La electricidad, sin embargo, se volvió indispensable en los trenes subterráneos, donde era necesario evitar la contaminación del aire, y en los sistemas de transporte urbano, como tranvías y trolebuses. Más adelante, el desarrollo del motor diésel ofreció una nueva alternativa para las locomotoras, combinando eficiencia y menor dependencia de infraestructuras complejas.
El caso argentino
Pero el ferrocarril no solo reorganizó el espacio y aceleró los intercambios: también consolidó modelos económicos desiguales. En el caso argentino, la red ferroviaria no fue pensada como una herramienta para integrar un mercado interno diversificado ni para impulsar un proceso de industrialización autónoma. Por el contrario, los rieles fijaron un patrón de desarrollo dependiente, subordinado a las necesidades del comercio exterior y a los intereses del capital que lo financiaba.
El trazado ferroviario respondió a una lógica clara: extraer y exportar. Las líneas se organizaron de manera radial, convergiendo en el puerto de Buenos Aires, desde donde partían las materias primas hacia Europa. Esta configuración no fue un accidente geográfico ni una simple elección técnica, sino la expresión material de un modelo económico basado en la especialización primaria y en la inserción subordinada en el mercado mundial.
Mientras en los países industrializados el ferrocarril articuló regiones productivas, estimuló la industria y fortaleció el mercado interno, en la Argentina funcionó como un instrumento de integración externa antes que nacional. El interior quedó conectado al puerto, pero no entre sí; los flujos económicos se orientaron hacia afuera y no hacia la construcción de un sistema productivo equilibrado.
Además, el predominio del capital extranjero en la expansión ferroviaria reforzó esta dinámica. Las decisiones sobre recorridos, tarifas y prioridades de inversión estuvieron guiadas por la rentabilidad de la exportación y no por las necesidades del desarrollo interno. El Estado argentino, lejos de corregir esta orientación, la consolidó mediante concesiones, garantías y beneficios que aseguraban la ganancia privada a costa de una planificación soberana del territorio.
De este modo, el ferrocarril se convirtió en una infraestructura estratégica del modelo agroexportador, pero también en un factor de reproducción de las desigualdades regionales y sociales. Los rieles acercaron los campos al puerto, pero alejaron al país de un desarrollo industrial propio. No integraron una economía nacional compleja: fijaron una estructura dependiente cuyos efectos se proyectaron durante décadas.
Así, la tecnología que prometía progreso y modernización terminó funcionando, en el caso argentino, como soporte material de una economía orientada hacia afuera, vulnerable a los vaivenes del mercado internacional y estructuralmente desigual.
Como si el país hubiera entrado al otro lado de Hawkins, una seguidilla de hechos insólitos, climáticos y políticos parece confirmar que algo raro está pasando en la Argentina. Olas gigantes donde no deberían existir, diluvios urbanos, accidentes tan improbables que rozan lo fantástico y un relato económico que no cierra ni con luces de Navidad.
Por Tomás Palazzo para NLI
Desde hace semanas, la sensación es la de estar mirando una temporada nueva de Stranger Things, pero con mate, empanadas y conferencias de prensa. En el pueblo imaginario de Hawkins había portales; acá, los portales se abren en la costa, en las autopistas y en los informes oficiales.
El clima como mensaje del “otro lado”
Por un lado la ola gigante en la costa bonaerense, un meteotsunami que dejó víctimas, heridos y una pregunta flotando en el aire: ¿qué hace una ola de ese tipo en un balneario familiar? El mar avanzó como si alguien hubiera abierto una grieta invisible entre dimensiones, recordando que la naturaleza no suele pedir permiso cuando se la ignora.
No olvidemos el diluvio en el AMBA, con autos flotando en la Panamericana, shoppings anegados y barrios convertidos en lagunas improvisadas. No fue ciencia ficción: fue agua, granizo y caos real. Pero el clima, como en las mejores series, parecía insistir con una advertencia que algunos prefieren no escuchar.
Señales pequeñas, rarezas gigantes
En medio de ese escenario, apareció una escena digna de guion surrealista: un vidrio que cae desde lo alto y le pega en la cabeza a un hombre que tomaba café tranquilamente. Nada sobrenatural, dirán algunos. Pero en tiempos extraños, incluso lo cotidiano parece cargado de un simbolismo inquietante: nadie está del todo a salvo cuando el mundo pierde estabilidad.
En Stranger Things, el mal no siempre aparece de golpe. A veces se manifiesta en detalles mínimos, en ruidos extraños, en objetos que caen sin explicación. La Argentina de hoy parece moverse en ese mismo registro.
La economía como el monstruo invisible
Y entonces llega el capítulo final, el más político de todos. El nuevo IPC de diciembre marcó 2,8% y volvió a subir, mientras desde el Gobierno insisten en que la inflación “está bajando”. El problema es que, en el mundo real, los precios subieron mucho más del 30% anual, aunque el relato oficial intente vender otra historia.
Como Henry Creel antes de convertirse en algo más oscuro, hay personajes que niegan la realidad que tienen enfrente. Negar el cambio climático, negar los datos que no convienen, negar lo que la gente siente en el bolsillo. En Hawkins eso abría portales. En la Argentina, abre una brecha cada vez más grande entre el discurso y la vida cotidiana.
No hace falta decirlo explícitamente. Las analogías están ahí, flotando en el aire, como las luces titilando cuando algo del otro lado se acerca. Cuando la realidad se niega sistemáticamente, lo extraño deja de ser excepción y se vuelve norma.
La pregunta no es si estamos viviendo una versión local de Stranger Things. La pregunta es cuánto más va a durar esta temporada y quién va a animarse, de una vez, a cerrar el portal.
La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina informa que están abiertas las inscripciones para los talleres de piano, uñas esculpidas y mosaiquismo. Los días y horarios en que se dictarán los talleres son los siguientes: -Piano: clases individuales, los jueves a las 9 horas -Uñas esculpidas: martes y jueves de 20 a…
Escribe Mariana Herrero Evans para #LaTapa Después de levantar el cartel de la Educación Sexual Integral (ESI) como excusa para rechazar el proyecto de la interrupción legal del embarazo, los argentinos nos enfrentamos a este grupo organizado en contra de la misma educación que pregonaban hace apenas 3 meses. Diversas agrupaciones religiosas lanzaron una campaña…
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