La Secretaría de Desarrollo Social realizó la primera reunión interinstitucional convocada desde la Municipalidad de Villa Regina, con el propósito de informar respecto al convenio firmado con APASA, (Agencia para la Prevención y Asistencia del Abuso de Sustancias y de las Adicciones), para la implementación de un espacio de Abordaje Integral de las Adicciones. El mismo se enmarca en el Programa C.R.A.I.A (Centros Rionegrinos de Abordaje Integral de las Adicciones).
Estuvieron presentes referentes de: la Secretaria de Igualdad de Género; SENAF (Secretaria de Niñez, Adolescencia y Familia); Fundación Vida en Familia; “El Buen Pastor” Director del Hospital de Villa Regina, y equipo de Salud Mental del mismo, la Secretaria de Desarrollo Social y la Directora de Promoción Social, responsables del dispositivo municipal.
Durante el transcurso de la reunión además de informar respecto al funcionamiento del espacio, y a las características de los CRAIA, se abordaron diversos temas, entre ellos, Encuadre legal de Salud mental, Marcos Teóricos de intervención, funciones del equipo de salud mental comunitaria, abordaje integral, estrategias de trabajo, importancia de la coordinación y articulación interinstitucional, confidencialidad de las situaciones, importancia de los dispositivos grupales, Dispositivos de salud, Programa de Preventores juveniles, modos de intervención desde los espacios no gubernamentales.
Asimismo los referentes de las distintas instituciones coincidieron en resaltar la importancia de continuar con estos encuentros de manera mensual, en pos del sostenimiento de la articulación, la comunicación y la promoción del trabajo en red.
La Secretaria de Desarrollo Social, Luisa Ibarra agradeció la participación de los referentes de las instituciones convocadas y reitero la preocupación por la situación actual de la ciudad de Villa Regina en cuanto al consumo problemático de sustancias, y la importancia del convenio firmado entre el Municipio y APASA.
El dato surge de las estadísticas oficiales de mortalidad y muestra un salto de 21.276 fallecimientos entre 2023 y 2024 entre las personas de 65 años y más. El fenómeno adquiere mayor relevancia cuando se compara la mortalidad observada con un nivel esperado construido sobre años no pandémicos: para 2024, el cálculo arroja unas 33.500 muertes por encima de ese valor de referencia. Las cifras no permiten atribuir cada fallecimiento a una política determinada, pero sí muestran un deterioro sanitario que merece ser investigado.
Por Roque Pérez para NLI
La discusión sobre las condiciones de vida de los jubilados argentinos acaba de adquirir una dimensión que ya no puede reducirse a la evolución del haber mínimo, al precio de los medicamentos o a las protestas frente a las oficinas del PAMI. Las estadísticas oficiales de mortalidad muestran que en 2024 murieron 284.798 personas de 65 años y más, frente a 263.522 en 2023: son 21.276 fallecimientos adicionales en apenas un año. El dato surge de los Anuarios de Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), organismo dependiente del Ministerio de Salud de la Nación encargado de producir, analizar y difundir las estadísticas sanitarias oficiales del país.
La magnitud del salto merece ser observada con cuidado. El aumento equivale a aproximadamente 8,1% en un solo año en el número absoluto de defunciones de personas de 65 años y más. Entre los mayores de 80 años, según la comparación de las estadísticas oficiales, el incremento fue todavía más pronunciado y alcanzó aproximadamente 9,46%. No se trata, por lo tanto, de una diferencia estadística marginal ni de una fluctuación de unas pocas centenas de casos: son decenas de miles de fallecimientos adicionales dentro de la población de mayor edad.
Qué significa realmente hablar de exceso de mortalidad
Para interpretar correctamente estos números hay que introducir un concepto fundamental de epidemiología: el exceso de mortalidad. No consiste simplemente en comparar un año contra el anterior, porque la cantidad de personas que mueren naturalmente puede variar por envejecimiento poblacional, estructura etaria, tamaño de la población y otros factores. La pregunta estadísticamente más interesante es otra: ¿cuántas muertes podían esperarse razonablemente en 2024 y cuántas ocurrieron efectivamente?
Tomando como referencia los valores que venimos analizando para 2017, 2018, 2019 y 2023, es decir, años que permiten evitar el comportamiento extraordinario producido por la pandemia de COVID-19, el promedio de defunciones de personas de 65 años y más se ubica en torno de 251.255 muertes anuales. Frente a las 284.798 efectivamente registradas en 2024, la diferencia alcanza aproximadamente 33.543 fallecimientos.
Ese cálculo debe ser presentado con precisión: 33.543 significa que la cantidad observada en 2024 estuvo aproximadamente 33.500 por encima del nivel obtenido mediante esa referencia estadística. Un salto de semejante magnitud entre la mortalidad esperada y la observada constituye una señal sanitaria que requiere explicación. Y la explicación no puede construirse solamente mirando las estadísticas de mortalidad: hay que cruzarlas con el acceso a medicamentos, consultas, tratamientos, vacunación, alimentación, ingresos previsionales, internaciones y utilización efectiva del sistema sanitario.
El dato aparece en el primer año completo de Milei
La dimensión política de la cifra surge de una circunstancia temporal imposible de ignorar: 2024 fue el primer año calendario completo de la presidencia de Javier Milei. El nuevo gobierno asumió el 10 de diciembre de 2023 y durante 2024 implementó una política económica caracterizada por una fuerte reducción del gasto público, contracción de distintas partidas sociales y modificaciones en los mecanismos de acceso a medicamentos para los afiliados del PAMI.
La coincidencia temporal, por sí sola, no prueba que las políticas implementadas por el Gobierno hayan provocado las muertes. Pero sí establece un período concreto para investigar. La pregunta relevante deja de ser simplemente cuántos jubilados murieron y pasa a ser qué ocurrió con las causas de esas muertes y con las condiciones sanitarias y económicas de esa población durante el mismo período.
La ausencia de datos oficiales de mortalidad correspondientes a 2025 constituye hoy una limitación importante. La DEIS ya tiene publicado el anuario de Estadísticas Vitales 2024, pero la serie oficial de 2025 todavía no está disponible.
Medicamentos, ingresos y salud: la explicación que todavía debe investigarse
La cuestión de los medicamentos ocupa un lugar central en el debate porque para una parte importante de la población mayor el tratamiento farmacológico no constituye un gasto prescindible sino una condición para mantener bajo control enfermedades crónicas. Hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, patologías respiratorias y múltiples afecciones propias de edades avanzadas requieren tratamientos sostenidos y, en muchos casos, combinaciones de medicamentos.
Por eso, una interrupción, reducción o postergación de tratamientos puede tener consecuencias sanitarias. La propia estadística sanitaria permite avanzar en esa dirección. Hay además un elemento demográfico que obliga a ser todavía más rigurosos: una población envejecida naturalmente registra más fallecimientos, aun cuando las condiciones sanitarias no empeoren. Por eso, comparar solamente 2023 contra 2024 puede sobreestimar o subestimar la dimensión real del fenómeno. El análisis de exceso de mortalidad intenta justamente corregir parcialmente esa dificultad mediante una referencia histórica.
Lo que muestran los números disponibles es, en consecuencia, más serio que una simple consigna política. Argentina registró en 2024 un aumento excepcional de las muertes entre las personas de 65 años y más respecto de 2023, después de la salida de los años extraordinarios de la pandemia. Y cuando se utiliza una referencia estadística no pandémica, la mortalidad observada queda muy por encima del promedio utilizado como línea de comparación.
Eso no permite mirar hacia otro lado frente a 33.543 muertes por encima de ese nivel de referencia y atribuirlas simplemente al azar demográfico. La discusión política, en definitiva, debería empezar por reconocer ese dato. La vida de las personas mayores no puede medirse solamente por cuánto aumenta nominalmente una jubilación o por cuánto dice el Gobierno que gasta en una obra social. También debe medirse por su capacidad efectiva de acceder a medicamentos, controles, tratamientos, alimentación y atención médica. Si en el primer año completo del gobierno de Milei la mortalidad de los mayores de 65 años saltó en más de 21.000 casos respecto del año anterior y alcanzó un nivel aproximadamente 33.500 fallecimientos superior a la referencia estadística utilizada en este análisis, el fenómeno exige una investigación sanitaria profunda.
Y esa investigación tiene que continuar: cuánto de este exceso responde a la estructura demográfica, cuánto a las secuelas de la pandemia y cuánto podría estar asociado con el deterioro de las condiciones sociales y sanitarias de los adultos mayores durante la nueva etapa económica.
Por ahora, el dato oficial ya plantea una pregunta incómoda para el Gobierno: en 2024 murieron 21.276 personas de 65 años y más que el año anterior. Y una democracia que pretende proteger a sus mayores debería considerar ese número no como una molestia estadística, sino como una señal que merece ser explicada con la máxima rigurosidad.
Fuentes principales: Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), Ministerio de Salud de la Nación, Estadísticas Vitales – Año 2023 y Estadísticas Vitales – Año 2024; registros oficiales de mortalidad y análisis estadístico de exceso de mortalidad. La DEIS es el organismo nacional responsable de producir y analizar las estadísticas vinculadas con las condiciones de vida y los problemas de salud.
Noviembre de 2016 está terminando, el desastre aéreo se multiplica en las noticias, y me cruzo con un posteo en Facebook sobre la vida, la muerte y el viaje final del Chapecoense. Lo escribe Luã Marinatto, un periodista acostumbrado a narrar la violencia de cada día en Río de Janeiro, y yo lo leo una y otra vez:
El lateral izquierdo, aunque no muy popular, fue citado para vestir la camiseta de la selección brasilera. El técnico, ya con mucha más experiencia, debutaría en finales internacionales, al igual que el propio club. El arquero, en una etapa excelente —ver ese balón defendido con los pies, que podría haberlo cambiado todo, es una prueba de lo frágil que es nuestra existencia—, estuvo a punto de fichar con el primer gran club de su carrera. El periodista dejó sola a su esposa, embarazada de un hijo al que no conocerá. El locutor superó un cáncer en el intestino, otro en el pulmón (con metástasis en ambos casos), una infección generalizada y un mes en coma, e incluso así volvió a trabajar. El chico de mi edad, que buscaba un lugar en la misma profesión que yo, era visto por todos como talentoso y prometedor. Otro, aún más joven, fue apodado por sus colegas «labrador humano», como Guga, por su carisma y alegría. El camarógrafo que se inició en la empresa como portero y hoy era una de las figuras más respetadas del país en la materia.
Historias, historias, historias… Más de setenta historias interrumpidas abruptamente. ¿Jugaría el lateral un Mundial? ¿El padre creería que el hijo sería más parecido a él o a la madre? ¿Se convertiría el reportero en un referente, ganaría premios, dejaría el periodismo para abrir un bistró? Preguntas sin respuesta porque, como dice el refrán, para morir basta con estar vivo. Para sufrir y llorar también. Que tengamos fuerza. Y comprendo —de nuevo— que la línea que divide la tragedia del triunfo es borrosa, y que «tragedia» y «triunfo» son dos cuestiones quizás no completamente opuestas, quizás incluso semejantes como ramas de un mismo árbol.
El desenlace de noviembre en Buenos Aires suele traer un aire caliente, húmedo. Esa es la atmósfera en la que encuentro el posteo en Facebook de Luã Marinatto y en la que ocurre algo más, algo importante, algo inesperado: una noche me entretengo pasando noticias en mi teléfono mientras viajo en un taxi con la ventanilla abierta y dejo que el viento me pegue en el rostro. Noticias hay. Noticias nunca faltan. Sin embargo, no recordaré ninguna de las que leí. Excepto esta:
«¿Y si hubiese hecho el gol?», dice el jugador argentino que casi impidió la llegada del Chapecoense a la final de la Sudamericana.
Ese es el título de una entrevista de Folha de São Paulo a Marcos Angeleri, el defensor de San Lorenzo que tuvo esa última chance en el minuto 48, y que casi logra convertir. El arquero Danilo desvió su remate con el pie. Un milagro, pensaron los fans del equipo brasilero entonces. Ahora se preguntan si no fue una maldición.
Esa entrevista me impresiona, me conmueve, me sacude, me estremece —y un diccionario de sinónimos no será suficiente para describir el impacto. Angeleri carga en sus hombros con una pregunta sin respuesta y en esa entrevista admite lo que muchos sentimos ante las tragedias una vez que han ocurrido: la ilusión de que se podrían haber evitado. Es un dolor sin consuelo y se vuelve todavía peor porque ya no queda nada por hacer. La culpa es un garrote vil. Angeleri ha quedado estaqueado en una paradoja, en el remordimiento de algo que jamás estuvo bajo su control.
Pensar que una jugada de fútbol puede encender o apagar tantas vidas ajenas seguramente es una trampa mental. Sin embargo, ¿no hay algo de eso? ¿Quién se animaría a negar que el fútbol tuerce la existencia de miles de seres humanos, en tantas circunstancias distintas? Después de leer aquella entrevista, no podré olvidar lo que él puso en palabras ni el abismo que abrió.
«Lo atormenta la posibilidad de haber podido cambiar el destino», sigo leyendo en Folha de São Paulo. No sólo el de San Lorenzo, sino el de una tragedia aérea.
Angeleri asume que es injusto consigo mismo al pensar en eso. Pero no lo puede evitar. «Cuando supe lo del accidente, fue lo primero que pensé. La oportunidad perdida. En el vestuario estaba molesto porque había tenido la oportunidad de poner a nuestro equipo en una final y darles una alegría a los hinchas. Pero lo que sucedió después va mucho más allá del fútbol. Es inevitable pensar: ¿y si hubiera hecho el gol?». Y si hubiera hecho el gol…
La sola chance desafía las certezas del pensamiento asertivo, fáctico, lógico. Inesperadamente, un jugador de fútbol habla de metafísica y coloca a uno de los diarios más importantes de Brasil fuera del foco de lo usual, en una zona nebulosa. Por un momento, algo en el orden de lo real se deforma. Y si hubiera hecho el gol…
Una pregunta conduce a otra: ¿existe un destino que hizo que el disparo de Angeleri fallara y que 71 personas murieran? Y si existe, ¿esa misma fuerza hizo que hubiera seis sobrevivientes? Finalmente, ¿por qué sobreviven los que sobreviven y cuál es su secreto?
El diario Infobae reproduce las palabras de Angeleri en una nota del 30 de noviembre, y parece creer que sí, que hay un destino. Título: «Marcos Angeleri, el hombre que pudo cambiar el destino del Chapecoense».
En Folha de São Paulo, el 4 de diciembre, el columnista Juca Kfouri escribe sobre algunos escenarios alternativos: «Si no hubiera existido la defensa de Danilo, si no hubiera existido el delito de falta de combustible, si no hubiera…».
¿Es el destino? ¿Es el azar? ¿Es la mala suerte? ¿Es una coincidencia? ¿Es el libre albedrío? ¿Es una simple narración? ¿Es la torpeza del ser humano o es su habilidad?
Al día siguiente también hace calor en Buenos Aires, también hay un aura espesa. Todas esas preguntas se vuelven un solo acertijo que sigue ahí, acechando entre mis pensamientos. Acecha cuando abro los ojos. Acecha cuando vuelco un poco de café. Acecha cuando me preparo para salir. Acecha. Y continuará acechando.
El filósofo Michael Gelven escribe en The Asking Mystery [El misterio de la pregunta] que los grandes interrogantes valen más que las grandes respuestas, y que no preguntamos para aprender, sino que aprendemos para preguntar.
«El acto de preguntar es en sí mismo una especie de razonamiento y un recurso para encontrar la verdad», señala. Aunque hay muchas respuestas flotando entre nosotros, hay pocas preguntas sustanciales, fundamentales, correctamente planteadas. Y cuando una de estas preguntas aparece, hay un camino por delante. Escribe Gelven: «Nada —ni la fundación de los imperios, ni la división de los átomos, ni la procreación de las especies— es tan espectacular como esto».
***
Destino, del latín destinare: hacer puntería, apuntar, dar en el blanco. Según la Real Academia Española, es «el encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal». En inglés hay dos palabras para «destino»: destiny y fate. El primero suele implicar un propósito, una corona esperando al final del camino. Lo que se llama fate, en cambio, es una fuerza que arrolla las voluntades. Muchas veces impone una tragedia. Azar, del árabe az-zahr: el juego de dados. Apuntar y tirar los dados: un mismo gesto de arrojo hacia un resultado que todavía no se conoce. En el minuto 48, el disparo de Angeleri fue las dos cosas a la vez —apuntó, decidió, pateó hacia un lado— y fue, también, un dado en el aire: ni él ni el arquero Danilo sabían, en el instante del impacto, hacia dónde iba a salir la pelota.
Meses más tarde le voy a preguntar por el destino y el azar, y también por la jugada de Angeleri y el rechazo de Danilo, a un matemático, en una oficina vidriada de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Va a escuchar con atención y después de pensar un rato me dirá que las preguntas están mal hechas.
—Hablamos de Marcos Angeleri porque Marcos Angeleri erró el gol. Si no, no estaríamos hablando de él —dirá Pablo Groisman—. ¿Cuál era la probabilidad de que Angeeri no hiciera un gol en el minuto final y de que justo después se cayera el avión? Esas son las preguntas correctas.
***
Quizás hay un extraño malentendido. Quizás somos nosotros quienes nos contamos historias que en realidad sólo existen en nuestra mente, y aun así las llamamos «destino». Quizás somos nosotros quienes queremos detener el caos en el que se mueve el mundo y alimentamos una máquina de crear cuentos a la que llamamos «predeterminación».
Sospecho esas cosas y algunas otras, y acaso sea mejor que las sospechas nunca se confirmen, que la vida siga adelante con sus misterios. Esta no es mi tragedia, me digo. Pero hay algo que me está empujando hacia ella una y otra vez. Y las preguntas difíciles que provoca me dejan una marca. A esas preguntas sí las puedo considerar propias. En el núcleo de esta narración empiezo a compartir algo con el arquero Danilo, con el defensor Marcos Angeleri y con las personas que vivieron los hechos. Como ellos, yo también necesito saber si lo del minuto 48 y todo lo que vino después fue una gran coincidencia o qué.
Porque ¿quién podría aceptar que un equipo modesto como el Chapecoense reciba un espaldarazo del destino —supongamos— sólo para, después, ser engullido de un mordiscón por la muerte? ¿Y qué pasaría si existiera una explicación a todo esto? ¿Y si esa explicación no fuera sólo una fantasía? No sé qué pasaría.
Cuando uno desarma el envoltorio de una historia, a veces aparece lo imprevisto. Resulta que ibas tras la pista de un equipo de fútbol y de una compañía aérea, y de repente estás descendiendo —ya sin marcha atrás— hacia las consecuencias de un enigma tan antiguo como la humanidad: azar o destino.
Esto es lo que se llama «serendipia».
Buscando algo, uno encuentra otra cosa. En 1961, Gay Talese, que más tarde se convertiría en un héroe del Nuevo Periodismo Americano, escribió su primer libro, la crónica sorprendente de un paseo por su ciudad. Lo tituló Nueva York: Una jornada de hallazgos casuales (en inglés, New York: A Serendipiter’s Journey). Y ahora pienso que, de pronto, la pregunta desvelada que surge luego del desastre aéreo parece conducir a una particular jornada de hallazgos casuales: «¿Y si hubiera hecho el gol?».
La Municipalidad de Villa Regina informa que actualmente NO existe ningún loteo autorizado en el sector rural. Además reitera que, según las ordenanzas vigentes, está prohibida la venta, sin previa autorización del Municipio, de lotes ubicados en terrenos sociales. Por ello, antes de realizar cualquier operación comercial se debe concurrir al edificio municipal a consultar…
La consultora Taquion realizó un sondeo en el país sobre 2.270 casos para analizar el índice de confiabilidad de los argentinos sobre nosotros mismos, nuestros representantes y personalidades argentinas reconocidas a nivel nacional y mundial; empresarios, comerciantes y fuerzas de seguridad. La encuesta fue realizada entre el 6 y el 11 de junio, previo al…
La Soñada es uno de los emprendimientos turísticos reginenses ligados al turismo rural, en el último tiempo varios emprendedores de la región decidieron apostar a revalorizar la chacra bajo otros conceptos. La fruticultura, vedette histórica de la región se ahoga frente al avance del fracking y al agobio de los grandes productores, los pequeños, sofocados,…
Desde que la pandemia llegó al país, o más bien desde que comenzó la primera etapa de confinamiento el Estado en todos sus escalafones, viene reforzando el concepto de unión ciudadana, de empatía, de cuidarse uno para cuidar al otro, “si te cuidás vos, nos cuidás a todos”. También los mensajes de normas de cumplimiento…
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