Acreditan el IFE a los que optaron cobrar por CBU y con DNI terminado en 2

Los beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) con Documento Nacional de Identidad (DNI) terminado en 3, que seleccionaron el cobro de los $10.000 a través de una Cuenta Bancaria Uniforme (CBU), percibirán a partir de hoy la ayuda dispuesta por el Gobierno para paliar los efectos del coronavirus en los sectores de menores recursos.

Desde ayer comenzó a acreditarse el monto del IFE a las personas que habiéndose inscripto entre el 27 y 31 de marzo seleccionaron la opción de cobro por CBU entre el 11 y el 15 de abril pasados, precisó la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

En total, suman casi un millón de personas a las que se les acreditará el dinero en sus cuentas de acuerdo con el número de terminación de sus DNI, a razón de un dígito por día hábil.

El esquema de pago continuará el lunes 27 con DNI terminado en 4; el martes 28; en 5; el miércoles 29, en 6; el jueves 30; en 7; el lunes 4 de mayo, terminados en 8 y el martes 5, en 9.

La Anses remarcó que este cronograma no incluye a las personas que optaron por los distintos medios de cobro entre el 16 y el 20 de abril pasado.

El monto del IFE será depositado en las cuentas de cada uno de los beneficiarios y deberá ser retirado -tal como se hace habitualmente- de los cajeros automáticos utilizando la tarjeta de débito.

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • Una sola empresa se presentó para operar la «ART» que creó Pullaro para controlar el presentismo de los estatales

     

     El gobierno de Maximiliano Pullaro avanzó con la licitación del nuevo sistema integrado de salud laboral para los trabajadores estatales, dicho de manera fácil, el mecanismo para controlar presentismo, resúmen en los gremios. El dato curioso es que solo hubo un solo interesado en el pliego para un negocio de mil millones de pesos.

    Según el acta oficial, a la que accedió LPO, únicamente cotizó SML Consultores Médicos, una firma vinculada a la aseguradora Experta, que de esta manera quedó en posición de quedarse con un contrato millonario para gestionar el control médico y el ausentismo en toda la administración pública provincial.

    El dato no es menor. En el mercado de la medicina laboral y los riesgos del trabajo operan al menos unas quince empresas con capacidad técnica para prestar el servicio. Sin embargo, ninguna de ellas se presentó. Ni siquiera Colonia Suiza, una de las compañías líderes que trabaja con ART y grandes empleadores.

    [Pullaro crea una «ART» para combatir el ausentismo, que en los estatales provinciales duplica la media internacional]

    En el sector no dudan en vincular esa ausencia masiva con las condiciones del pliego. «Es imposible cumplir con lo que piden con ese presupuesto», explicó a LPO un operador con años en el negocio de los seguros.

    La licitación contempla la cobertura integral de la salud laboral de toda la administración pública provincial, incluyendo docentes, policías, empleados administrativos, pasantes y becarios.

    Pero además, según deslizan fuentes del sector, exige una presencia territorial extrema de agentes sanitarios: piden capacidad de respuesta en cada punto de la provincia donde haya un trabajador estatal, o sea, en todos lados, señaló una fuente al tanto del pliego que habló con LPO.

     La provincia tiene docentes y policías en todo el territorio. Para cumplir el pliego tenés que tener cobertura real en cada lugar. Eso no se arma con mil doscientos millones. O saben que no van a ser tan exigente en el monitoreo o se van a dar la cabeza contra la pared.

    Eso implica, en la práctica, montar una red de prestadores médicos que cubra no solo las grandes ciudades sino también pueblos y localidades pequeñas, donde la presencia de profesionales es más escasa y los costos operativos se disparan.

    «La provincia tiene docentes y policías en todo el territorio. Para cumplir el pliego tenés que tener cobertura real en cada lugar. Eso no se arma con mil doscientos millones», resumieron y agregaron «o saben que no van a ser tan exigente en el monitoreo o se van a dar la cabeza contra la pared».

    Julián Galdeano, secretario de Vinculación Institucional

    Las estimaciones de las empresas médicas locales ubican el costo razonable del servicio por encima de los 2.500 millones de pesos, más del doble del monto que trascendió como referencia oficial. Incluso algunas ofertas habrían superado ampliamente ese número, lo que refuerza la idea de un desfasaje entre las exigencias técnicas y el presupuesto previsto.

    En el negocio de la salud señalan al radical Julián Galdeano como el que encargado de armar la licitación. «En definitiva hizo su trabajo» ironizó un empresario de la ciudad de Santa Fe. Galdeano es el secretario de Vinculación Institucional de la provincia.

    Los ganadores eran accionistas de la aseguradora La Caja y se hicieron del control pleno en 2015 tras la salida de Generali que fue rebautizada como Experta. En ese movimiento también reordenaron su sociedad con los D’Onofrio en La Estrella Seguros de Retiro, una caja histórica del sistema previsional.

    Desde entonces, ambos grupos manejan un entramado que combina seguros laborales, ART, servicios médicos y de retiros ocupando una porción importante del mercado. De esa manera, debajo de Experta armaron una estructura propia de medicina laboral.

    La sociedad madre es SML y la ART es SML Consultores Médicos, dedicada a servicios de salud ocupacional y control de ausentismo. Es decir, el mismo grupo que asegura a los trabajadores también interviene en el monitoreo de su presentismo, cerrando un circuito completo de negocio.

    Ahí es donde aparece la licitación santafesina: SML Consultores Médicos no es una firma aislada sino una pieza de ese engranaje. El contrato para controlar el presentismo estatal termina así en manos de un holding que integra seguros, salud y gestión laboral asociado a los D’Onofrio, socios con Werthein en los negocios.

    Ahora en Santa Fe, el resultado es una licitación formalmente abierta pero sin competencia real, en un servicio clave para la gestión de los recursos humanos del Estado. Un esquema que en los gremios estatales miran con desconfianza y temen que el sistema se convierta en una ART que no tenga como objetivo primario velar por la salud laboral. 

     

    Difunde esta nota
  • Y nosotros, a salvo

     

    Cuando un acontecimiento conmueve a una sociedad, se buscan respuestas para  estabilizarla y así contener el temor que provoca la angustia. Dependiendo de qué acontecimiento se trate, la respuesta puede demorar más o menos. Cuánto más rápido llegue, menos posibilidades de abrir el espacio para la interrogación y el despliegue de las aristas de aquello que causa escozor.

    En cuestiones de seguridad ciudadana los discursos que clausuran aparecen de inmediato: “la justicia es una puerta giratoria”, las “penas son blandas”, hay que “meter bala”. En casos de corrupción, se instala el “son todos chorros”, los “políticos son todos iguales” o “más de lo mismo”. Y así podríamos seguir casi hasta el infinito. 

    En el caso del tiroteo en una escuela de la localidad santafesina de San Cristóbal, esto sucede de forma muy fallida. Los argumentos que están más a la mano parecen no bastar. Algo de la materialidad de los hechos ofrece algunas pistas: hay un adolescente muerto y otros heridos. Hay familias para las cuales este evento marca un antes y un después en sus trayectorias vitales. Hay una escuela a la que se le exigen respuestas de manera incondicionada. Hay una comunidad que aún no sabe del todo qué habrá de duelar. Hay una brecha generacional que la aceleración tecnológica —pero no sólo— vuelve muy difícil saldar. Hay un aire familiar entre el chico que dispara en una escuela y un espejo en el que hoy muchos no quisieran verse reflejados, pero que es el norte de quien gobierna este país: Estados Unidos. 

    Entre las estrategias más comunes para explicar situaciones que provocan malestar está la imputación de “culpas” y la identificación de “culpables”. El repertorio puede ser heterogéneo pero el efecto es similar: quedarse “a salvo” de las implicancias que trae el hecho. 

    La culpa es del chico. “Un adolescente típico”. A pesar de las declaraciones de distintos docentes y personas cercanas al estudiante, algunos medios insistieron en encontrar signos que permitan psicopatologizarlo. La patologización del sujeto es un recurso útil para acallar todas aquellas conductas que ponen en escena un malestar producido por la propia sociedad. Se patologiza aquel comportamiento que pone en riesgo la actitud “esperada” por una sociedad como la nuestra, que tiende a normalizar sus propios efectos “iatrogénicos”. Entre los signos que permiten esa patologización se encuentran los cortes autoinflingidos en los brazos, una práctica recurrente en adolescentes, que bien podría conducir el debate público -como sí realizaron algunos expertos- hacia la cuestión de la salud mental como derecho humano. Más aún la cuestión de la salud mental como hecho social y político, como modo de tramitar o gestionar el sufrimiento psíquico que produce la sociedad en la que vivimos.

    La culpa es de la familia. Cuando las explicaciones psicopatologizantes se quedan cortas, se apela a la familia. El problema no es el adolescente -se sentencia- sino sus padres, uno de los cuales, además, padecería “alucinaciones” y por eso estaría medicado. Por si fuera poco, se agrega que estaría atravesando un divorcio. Este es el segundo recurso privatizador del conflicto que el drama trae a escena. La familia tradicional-patriarcal es para este sistema, en efecto, uno de sus pilares. Un desvío en el cual lo que se espera de ella -el divorcio- puede ser pensado, luego, como el causante del malestar del adolescente que lo pudo haber empujado a cometer ese acto de violencia. Una vez más, en lugar de deconstruir esa concepción hegemónica y muchas veces opresiva del vínculo, se la vuelve a afirmar al ubicar su supuesto derrumbe como el desencadenante del hecho funesto. Se tejen así las tramas que sostienen, todavía hoy, formas de sufrimiento social.

    La culpa es de los compañeros. Antes de dirigir la mirada a la institución Escuela se posa la vista sobre los “malos compañeros”. Ahora otros adolescentes serían los responsables de inducir la conducta violenta por medio de las formas de “hostigamiento” que, si bien siempre existieron -se afirma- ahora habrían escalado. Lo que en estos casos queda sin interrogar es ¿qué marcas sociales, qué índices sociohistóricos hacen posible aún hoy esas modalidades del desprecio y agresión entre pares? ¿Qué nos dicen acerca de las modalidades contemporáneas del lazo social esos modos de forjar comunidad en la agresión hacia otros? ¿En dónde se gestan esas prácticas? ¿Qué tipo de identidad se afirma en y con ellas? ¿Cuáles son los espacios propicios para desactivarlas? 

    La culpa es de las redes sociales. Se razona con alguna veracidad que son las redes sociales los catalizadores de la comunidad de castigo que, conducidas por el algoritmo, convierten a los adolescentes en autómatas de la violencia. Si bien hay mucho de cierto, eso sólo no alcanza. Las RRSS son el epifenómeno de una constelación de transformaciones sociales que debemos interrogar con más detenimiento. ¿Qué explica e implica que sea allí donde los adolescentes pasan la mayor parte de su tiempo? ¿Qué formas del lazo social se producen allí? ¿Qué voces predominan? ¿Quién establece las reglas? ¿Quién acumula en virtud de ellas?

    La culpa es de la Escuela. Quizás lo más fácil sea responsabilizar a una de las instituciones más esenciales pero también más vapuleadas de la sociedad: la Escuela. Ella sería la principal responsable de no prestar atención al individuo, cuando debe formar al ciudadano. Ella no sabría distinguir hostigamiento de bullying. Ella debería saber sobreponerse a todo lo que atenta contra ella misma para actuar como “debe hacerlo”. Como si la Escuela no formase parte de la sociedad que la acoge (y ataca); como si contara con todos los recursos presupuestarios, pedagógicos y humanos para estar a la altura de los desafíos del presente. Como si ella sola y por sí misma pudiera y debiera ser el reservorio moral de una sociedad dañada.  

    La culpa es del Gobierno. Cuando la culpa no es de la Escuela es de quienes la dejan sin presupuesto y enseña con el ejemplo a deshumanizar, a denigrar, a ningunear, a violentar a sus adversarios. Esto es cierto y no. Lo es en cuanto a  que desde hace años la Escuela está siendo asfixiada presupuestariamente, desprestigiada y deslegitimada para poder justificar esa asfixia. Pero aún así y a pesar de todo, es en las escuelas donde se produce aún ese milagro de aprender a leer, a escribir; a respetar los tiempos de los otros, a tratar a esos otros como un igual; a poner límites a los improperios, a los atropellos, al incumplimiento de las reglas y el derecho que se practica en la cúspide del poder.

    La culpa es de la comunidad. Una población pequeña que debería funcionar con la lógica propia de las comunidades, vincularse a través del sentimiento y no del interés, de la afectividad y no del cálculo, del cuidado de otros y no del desprecio, que debería ocultar las armas que usan para cazar y no dejarlas al alcance de adolescentes. Pero se olvida que esas comunidades de pequeña escala están sometidas a los mismos imperativos de las grandes urbes. Más aún, quizás en ellas y en virtud de esos mismos rasgos, los mandatos se sientan con mayor fuerza, el peso de la mirada del otro sea más incisivo, el desgaste, el agobio, el desamparo que hoy nos gobierna, se experimente de manera más intensa. ¿Qué redes de contención comunitarias podemos reforzar para evitar o amortiguar los golpes? ¿Cuáles salidas aún propicia esa pequeña escala? ¿Cuáles ya están para siempre perdidas?

    Si todavía quisiéramos encontrar más culpables, podemos señalar a ese gran Otro: el capitalismo neoliberal, que reorganiza -como dice Vladimir Saflatle- las formas del deseo, del lenguaje y del trabajo. Y nos impone, sin que muchas veces lo percibamos, desear determinadas cosas, hablar de determinado modo y trabajar bajo ciertos regímenes. Esa trama compleja está cargada de anhelos que, lejos de emanciparnos, nos atan a bienes (espirituales o materiales) que sólo nos colman de maneras efímeras. Nos hace hablar no sólo excluyendo con violencias otros lenguajes que podrían proveernos de formas de valoración heterogéneas, sino violentando todo aquello que desborde la lógica de la identidad y la identificación. Nos somete a modalidades de trabajo opresivas que, una vez normalizada la crisis, se tornan cada vez más competitivas, obligándonos a multiplicar esfuerzos hasta niveles insoportables por temor a quedar fuera del sistema. 

    Estas formas de enajenación, de violencia y expoliación sólo pueden ser gestionadas a costa de altas dosis de sufrimientos psíquico-sociales. Algunas veces esos sufrimientos se condensan en hechos que interrumpen nuestra cotidianidad a la manera en que un lapsus se cuela en la corriente continua de la conciencia, invitándonos a ir más allá de lo que creemos saber. Tener una escucha atenta como sociedad es lo menos que podemos hacer cuando estamos ante él.

    La entrada Y nosotros, a salvo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • Información sobre becas municipales

    El Concejo Deliberante de Villa Regina da a conocer el listado de beneficiarios de becas municipales e informa que se disponen de 5 días hábiles para realizar impugnaciones. Este plazo rige a partir de hoy viernes 17 y se extiende hasta el jueves 23 inclusive, dándose cumplimiento a lo establecido en la ordenanza 041/2021. Aclara…

    Difunde esta nota
  • | |

    ESTE SÁBADO FESTIVAL GASTROROCK EN REGINA

    El próximo día sábado 24/07 a partir de las 17 hrs en el predio «Utopía Multiespacio» ubicado en la calle San Luis 350 de la ciudad de Villa Regina, se realizará el festival ‘Gastro Rock´. El evento cuenta con la participación de 3 bandas en formato acústico, tocarán: Hora Libre Martin Belizan Nat & Flora…

    Difunde esta nota

Deja una respuesta