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PIZZA, RAP Y SKATE

Se organizó en el Skatepark de Villa Regina un evento que nucleó raperos y riders de la región, deporte y música, juventud y cultura; fueron los ejes de una tarde/noche espectacular sobre la Av. 9 de julio.

En el Skatepark de Villa Regina a partir de las 16hs y hasta las 24hs del domingo pasado “Pizza Rap y Skate” juntó a casi medio centenar de pibes que fluyeron haciendo lo que les gusta y lo que les hace bien. Deporte, música y juventud; divino tesoro.

La organización del evento fue autogestionada por los mismos deportistas y artistas que utilizan el espacio a diario, y sin fines de lucro. Al no haberse realizado ningún evento en lo que va del año, decidieron que era un buen momento para realizar el primero en conjunto con varias disciplinas.

@emilianopichi PIZZA RAP Y SKATE evento que realizaron raiders y hiphoperxs de la ciudad y reunió a pibes de toda la región! Juventud, divino tesoro!! #riders #hiphop #deporte #skaters #latapa #villaregina #patagonia ♬ FRESCO – WOS

Este evento tuvo dos torneos de Skate y dos torneos de Rap, convocó a riders de la zona que están en un nivel elevado respecto a lo que solemos ver en la ciudad, algo sumamente positivo, ya que esto estimula el crecimiento de los que practican el deporte en el Skatepark de Villa Regina.

Se llevó a cabo una nueva modalidad de batalla que se llama “ronda de plaza”, consiste en una hora de freestyle libre, como no se cobró inscripción todos los que quisieron pudieron participar y fue un poco la entrada en calor para las batallas. Esta temática no suele hacerse y de algún modo tiene como objetivo que en las batallas los participantes eviten insultarse, sino más bien tengan su tiempo libre para freestalear.

“Quedamos todos muy satisfechos, tuvimos errores pero lo fuimos manejando bien con tranquilidad y paciencia, entendiendo que la cosa va por la expresión del arte, que a través de la música y del deporte se puede sacar a los chicos de la calle. La música, el deporte y los amigos te sacan de la calle”.

Misael Wegierski, uno de los organizadores de Pizza, rap y skate.

El ganador fue “Nat” Natanael Torres y quedó 2do “LFA” Lautaro Inalaef de Huergo. En las batallas de Freestyle se anotaron 14 raperos y ganó “Yonker” Julian Huenchulao, y quedó segundo “VMU” Victor Ulloa.

También se llevó a cabo un “Game of Skate” que es un juego de skate de piso, donde participaron 8 skaters y lo ganó el roquense Matías de la Hoz, segundo Yordi Villaroel de Allen y 3ro Fede Gonzalez de Regina.

Además se realizó una “Jump” premiando al “Best Trick” donde compitieron todos los skaters, unos docena de participantes. Ganó Santiago Sanchez de Roca que se cansó de bajar trucos, segundo volvió a aparecer en el podió Matias de la Hoz y tercero Gustavo Telechea de Roca.

“Nos encontramos con chicos que nunca habían recibido un diploma, y se fueron felices, eso nos dejó sorprendidos, es muy loco, entendieron que todos estamos dispuestos para dar algo más”.

Misael Wegierski

“La idea es planificar eventos cada dos meses. Nos gustaría el próximo evento tener el apoyo de nuestra municipalidad, para por lo menos que nos pasen la corriente o nos consulten si necesitamos algo para poder organizar algo más pro, como ya lo hemos hecho en eventos anteriores. En Regina siempre nos apoyaron, terminamos muy contentos, la predisposición y el oído siempre lo ponemos para la gente que quiera aportar. Nosotros tratamos de que la cultura sea una familia y estemos todos juntos y unidos, sin diferencias ni problemas entre la gente”.

Misael Wegierski

Entre los premios para los participantes repartieron pizzas durante toda la jornada, tatuajes, diplomas, tablas, remeras, producciones, beats y portadas…

Flyers del evento PIZZA RAP Y SKATE
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  • Primero hay que saber sufrir

     

    Una propuesta: que el 7 de julio sea el Día de las Lágrimas. Una conmemoración humilde, casi imperceptible, perdida en la jungla de efemérides, para esa jornada en la que una enorme cantidad de personas —digamos millones, aunque seguramente sea poco— se puso de acuerdo para inundarse los ojos, enrojecerse las escleróticas, refregarse los párpados, respirar con fuerza para mandar los mocos para dentro, sonarse la nariz, respirar como si fallara el burro de arranque, sentir una lágrima rodar por la mejilla, atrás otra, y atrás otra maleducada más, así hasta que un francés decidió terminar con el calvario en un estadio en Atlanta. Y la cosa no terminó ahí, porque a un camarógrafo se le ocurrió hacer zoom en la cara de Lionel Messi y, sorpresa, él también tenía una sudestada en la cara, con vientos en forma de ahogo por el llanto. El rey lloró. Y entonces apareció el protocolo de la FIFA, porque siempre es bueno que los protocolos acomoden los desbordes humanos, y fue el turno del técnico ganador de explicar qué había ocurrido en esos noventa minutos. Y el entrenador pidió disculpas, tomó aire y dijo: 

    —No puedo levantar la mirada, lo siento. Estoy muy emocionado. Qué grupo de jugadores, hermano. Ya está, me tengo que ir.

    Y abandonó la nota, los protocolos, las publicidades, al periodista y al micrófono, para irse a llorar tranquilo. 

    Pánico y locura en Atlanta

    El día arrancó con la fría indolencia con la que se mueve el tiempo. La misma que hiere a Borges en el comienzo de El Aleph: “Noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita”. Frío, bruma y sol amarrete. La gente en la calle, apurada como en una navidad anticipada. Relación directamente proporcional en cuanto al tiempo y a la atención del comerciante: cuanto más cerca del mediodía entrabas a un negocio, más cara de culo te ponían. Camisetas debajo de dos o tres capas de ropa, banderitas pintadas en los cachetes de los oficinistas, bufandas celestes y blancas, niños y niñas retiradas antes de tiempo de los jardines. Todas esas historias mínimas que ocurren cada cuatro años alrededor de un evento que siempre se desarrolla a miles de kilómetros nuestro pero que nos emociona, nos ata, nos pega, nos ilusiona y nos lastima mucho más que casi todo lo que ocurre más cerca. Así son los mundiales, yo no hago las reglas. 

    Cerca de las doce del mediodía los celulares cruzan mensajes. Todos somos Gastón Edul. Juega Nico González, sale De Paul. Al rato, el Edul real dice que no, que nada que ver, que el equipo es el que habían dicho el día anterior: Paredes, Tagliafico y Julián Álvarez adentro. Mismos titulares que ganaron la semifinal contra Croacia hace tres años y medio. Para disimular nuestra nostalgia crónica también recordamos que ese mismo mediocampo bailó a Brasil hace un año y medio. La Scaloneta, desde la conformación misma de la lista de convocados, parece seguir el mandato de Lionel Messi: el tiempo no es tan importante. 

    Mientras Argentina entraba al campo de juego, un coro de timbres vibraba en las casas argentinas. Alguien respondía un whatsapp diciendo esperá que canten el himno y bajo. Otro cerraba la puerta con llave y daba vuelta el cartel de abierto. Alguno más allá bajaba la cortina y subía el volumen. Otro subía la radio en la camioneta. Aquella se apuraba para comprar las medialunas prometidas para la juntada. Aquel se preguntaba para qué había comprado comida con ese nudo en la garganta. Entonces los himnos. 

    Segunda propuesta: cantar el himno y “Naranjo en flor”. Jamás se me ocurriría quitarnos la posibilidad de afirmar que juramos con gloria morir y que los laureles que supimos conseguir serán eternos. Pero creo que cantar el tango, aunque sea su estribillo, sería sincerarnos con lo que está por ocurrir. Como el cartel que dice parental advisory en los cd’s, los pulmones quemados en el tabaco o la leyenda “los hechos y personajes del siguiente programa son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia”, arrancar cantando ese tema funcionaría como advertencia para los ajenos y como un recordatorio para los propios. No, no viniste a atragantarte con salame y birra. Viniste a sufrir, a pasarla mal. Un amigo me dijo por mensaje: “Hoy Argentina pasó a ser un país con promedio de vida más corto”. Pero no nos adelantemos. Estamos en el himno. Imaginen conmigo: estadio lleno, parlantes al taco, gente abrazada, llorando por cumplir el sueño de estar en un Mundial y entonces suena el bandoneón acompañado de los violines. Primero hay que saber sufrir. Después amar. Después partir. Y al fin andar sin pensamientos. Perfume de naranjo en flor. Promesas vanas de un amor, que se escaparon con el tiempo. Después, ¿Qué importa del después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado. Como un pájaro sin luz. Solo el estribillo, como con el himno de Vicente López y Planes. Les dejo la propuesta por ahí, para que sepamos dónde nos metemos y para que el resto sepa a los inestables que se está por enfrentar. 

    Pasan los himnos y arranca esa cosa que vinimos a ver. No es un juego, no es un deporte, no es un divertimento, no es un evento artístico, no es nada que podamos terminar de entender ni de explicar. ¿Qué es un partido de la selección argentina? Les dejo la pregunta para que la respondan de acá al sábado. Pienso que es una mezcla de lo grande y lo chico, la patria que hace llorar a millones por un volante central que corta un contragolpe y el abrazo con el que festejas con un amigo, las ganas de mandarle un mensaje a esa persona para decirle que lloraste y sobreviviste y saber que el tipo más lejano y repugnante seguramente está contento por lo mismo. Invitación al delirio colectivo, la unión cada vez más utópica y la posibilidad de meter el cerebro en remojo durante un par de horas. También es un partido de fútbol en el que tu destino, el de tu perro, el de tu vecino, el de tu kiosquero, el de tu amante, el del sodero, el del parrillero, el de la que se puso a hacer uber, el del que pasea a tu perro, el del becario del conicet que no sabe si le renuevan la beca, el del florista, el del almacenero que no vendió nada en la semana de la dulzura y el de Chiqui Tapia, dependen de lo que hagan once tipos contra otros once tipos. Y da la casualidad de que, como ya se ha dicho, tu destino, el mío, el de todos los mencionados y también los omitidos, es un destino de tango. 

    Y así es como a los quince minutos nos preguntamos quién carajo nos mandó a engancharnos con el fútbol. Y la pregunta no aparece de la nada. Tiene una causa concreta: Egipto, ese país que solo ganó un partido por mundiales, te acaba de hacer un gol. Y ves como ese almuerzo con amigas, ese certificado médico trucho que presentaste en el laburo o esa juntada espontánea con desconocidos en un bar del centro, se transforma en una pesadilla. Pero, como todo siempre puede ser infinitamente peor, seis minutos después, es decir a los veintiuno, Lionel Messi, el capitán de nuestras ilusiones, erra un penal. Y la cosa no termina ahí. Falta el segundo tiempo. Y falta que te hagan otro gol, pero que lo anulen. La cosa empieza a parecerse a El juego del miedo versión Gianni Infantino, con la participación especial de Mo Salah. Porque ahora sí, esta vez es en serio, Egipto hace el segundo gol. Y nosotros volamos de él. Y Argentina se fue a la puta. 

    Hacia la luz del día

    Dos minutos después del segundo gol de Egipto, François Letexier, el árbitro del partido, levantó sus manos y señaló hacia los bancos de suplentes. Pausa de hidratación. Fue el equivalente a la campana que salva a un boxeador del knockout. De fondo suena, algo desubicada para la ocasión, la voz y la guitarra de John Denver: “Take me home, country roads”. Caminos rurales, llévenme a casa. Al lugar que pertenezco, dice Denver y la cámara enfoca a Messi dando vueltas en la cancha. Como si se tratara de un misterio, el capitán argentino busca el lugar que le pertenece en ese rectángulo verde. El final aparece ahí, palpable, al alcance de la mano están esos próximos veinte minutos que pueden ser los últimos en un mundial. Scaloni apela a uno de sus trucos y mete un tercer cambio —antes habían entrado Nicolás González y Lautaro Martínez—: lateral por lateral, Montiel por Molina. 

    La primera jugada después de la pausa es un mensaje. Desborda Nico y, casi al borde del área chica, patea Lautaro, pero la pelota pega en un egipcio. Argentina va como el león que termina con la breve vida feliz de Francis Macomber en el cuento de Hemingway: con lo que puede. Messi intenta por el medio y la pierde. Sigue enganchado en el penal del primer tiempo. Egipto maneja la pelota y deja mano a mano a Mahmoud Trézéguet. La pelota se va apenas afuera. Van setenta y siete minutos, la próxima posesión de Egipto será para sacar del medio.

    Hay un córner y un rebote. Un centro y otro rebote. Un lateral y un pase al medio. Todo es caos, como en el infierno. Hacia ahí tuvo que bajar Orfeo para rescatar a su amada Eurídice hace muchos muchos años. Orfeo cumplió su misión pero la historia terminó mal. Ahora la pelota la tiene Julián casi al borde del área. Da un pase corto, de unos cinco metros, para Messi. Nuestro Orfeo la acomoda cortita y tira un centro que logra pasar la línea defensiva para caerle a Cuti Romero que mete un latigazo con la cabeza como si tuviera un bate de baseball. Mostafa Shobeir, el arquero, la toca pero no alcanza. A los setenta y ocho minutos la pelota entra por primera vez en el arco de ellos. 

    Por lo general, los goles para descontar una derrota se gritan pero no mucho. Se mete puñito. El grito es corto como patada de chancho. Seco. Más una descarga que una celebración. Pero este sí se grita. En la cancha, en las ventanas, en los balcones, en los autos y las bicicletas. La ciudad se vuelve una orquesta deforme de cornetas, gritos, bocinas y aplausos. 

    En este caso sí importa el después. Argentina se recupera y sale. Con el pase acertado Messi ahora está rápido, toca en velocidad y va a buscar. “Bien sabemos por Messi que los buenos pases te rejuvenecen. Por 10 minutos volvió a tener 19 años”, escribió Lucas Jiménez después del partido. Le volvió la lucidez, la tira por un costado y la busca por el otro, es más rápido que los rivales. Tira un centro pero Lautaro cabecea desviado. Primer aviso. Y en esta casa las cosas no se dicen dos veces. La vuelve a agarrar Messi-Orfeo que la levanta como buscando que la historia se repita. Rebota en un rival. Le cae otra vez a él que insiste con la misma jugada. Entonces el caos, pero esta vez como salida, como purga, como exorcismo, como catarsis. La pelota rebota en un defensor y va para el área. Cae llovida en el segundo palo. Lautaro la baja con una pirueta. La pelota sale hacia el medio del área. El pánico y la locura ahora se escriben en árabe. Montiel la quiere frenar, le queda alta. Un defensor pasa de largo. Montiel tiene una segunda oportunidad, pero está de espaldas al arco. La única opción es dársela a Messi que llega de frente y sin marca. Una prueba de la existencia de Dios. 

    Messi retira la pierna izquierda hacia atrás y dirige el botín hacia la pelota que está picando frente a él. En ese pedazo de cuero sintético se superponen los nervios, las cábalas, el tipo que acaba de prometer otro tatuaje aunque no sabe con qué lo va a pagar, la que prometió caminar a Luján, el que sufre porque no quiere que su hijo vea a su ídolo perder, todas las tensiones de un país sobrecargan el impacto del botín contra la pelota que sale disparada contra el arco egipcio. Toca en los guantes de Shobeir, pega en el travesaño, pica en la línea y termina inflando la parte de la red que suele quedar invicta, la de arriba. Todos somos Víctor Sueiro. 

    Ahora se acaban de cumplir 90 minutos de juego. En otra época el partido estaría llegando a su fin, pero en estos tiempos pueden faltar diez minutos más. Messi, envalentonado, intenta filtrar un pase pero lo cortan. Roba Egipto y sale para la contra. Cuti Romero está en el área. Lisandro Martínez, como mediocampista. Omar Marmoush acelera, la pelota pasa por el botín de Salah. La vuelve a agarrar Marmoush y se va. Son ellos dos y Trézéguet contra la sola presencia de Leandro Paredes, que retrocede como buscando ganar tiempo para desactivar la bomba. Entonces el volante central, el tipo que siempre juega con manga larga y jamás erra un pase, da un paso al frente como para dejar a Trézéguet en offside. Se tira al piso como si de repente lo hubiera poseído Bruce Willis o Harrison Ford y roba la pelota. Paredes soldado heróico, cubriéndose de gloria. El estadio celebra el quite. Es un gol no gol.

    El partido entra en el ritmo frenético de la final en Qatar contra Francia. Un electrocardiograma en vivo y en directo para todo un país. Si sobreviviste al partido de ayer no necesitas hacerte chequeos (mentira, sí, andá al médico). Un ida y vuelta, golpe por golpe como cuando en el boxeo los dos están cansados pero van al frente. Messi vuelve a intentar y la pierde. Egipto va, Montiel rechaza y la pelota vuelve a ellos. Trézéguet abre para Salah que encara como si no hubiera otra salida. El que lo marca, de manera inentendible, es Julián Álvarez que la roba como el mejor lateral izquierdo y sale. Egipto está mal parado atrás. Julián la tira para Lautaro Martínez que no la puede parar pero se queda con la pelota. Son dos contra dos. Lo acompaña Enzo. Lautaro se acomoda y tira el centro. Enzo Fernández salta como Michael Jordan, acompasa el movimiento de su cabeza con el de sus manos y mete un frentazo contra el palo imposible para el arquero. Gol. Tres a dos. Cleopatra, ¿cuál es tu tumba tu tumba?

    Aunque usted no lo crea, en un momento el partido termina. Entonces empiezan a volar los mensajes y las confesiones. Las promesas y los que apagaron la tele. Empiezan las listas negras en los grupos de whatsapp: vos dijiste esto, vos criticaste a Scaloni, aquel retiró a Messi. Todos somos la side. Espionaje y lágrimas. Fuego y pasión. Solemos asociar lo pasional con el fútbol, pero nos olvidamos que su etimología proviene del latín patior que significa padecer o sufrir. Primero hay que saber sufrir.

    En 1842, el egiptólogo Richard Lepsius publicó la primera edición de El libro de los muertos, una recopilación de invocaciones mortuorias del Antiguo Egipto traducidas de jeroglíficos. Estos textos eran las palabras que les dedicaban a los fallecidos, casi como una guía para lo que se encontraran al otro lado de la vida. La traducción correcta del título es menos marketinera que El libro de los muertos, sería: Salida del alma hacia la luz del día. Y las primeras líneas dicen así: “En los Conjuros que aquí comienzan, se narra la Salida del Alma, hacia la plena Luz del Día, su Resurrección en el Espíritu”.

    La entrada Primero hay que saber sufrir se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    LA LLEGADA

    Todos los contenidos de HISTORIA publicados en #LaTapa disponibles en el siguiente Link: https://latapa.com.ar/category/sociedad/historia/ En la semana del inmigrante compartimos relatos de nuestra historia narrados por protagonistas. En este fragmento «La Llegada». Antonia Marcó de Liberatti María Marta Marcó de Kiberatti Bogoslav Toncovich Juan Basilio Benedetti Vicente Santos Enei Francisco Galetta Entrevistas: Magalí Catriquir (Museóloga)Realización:…

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  • Kicillof anunció una inversión de USD 400 millones de Dreyfus para una mega planta en Bahía

     

    Louis Dreyfus Company (LDC) invertirá USD 400 millones para levantar en Bahía Blanca una mega planta de molienda multisemillas con una capacidad de procesamiento de hasta 4.000 toneladas de semillas diarios, algo que, en el caso del girasol, la convertirá en una de las relevantes a escala mundial.

    Por esa razón, autoridades de Dreyfus se reunieron con el gobernador Axel Kicillof y el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, para dar detalles de la obra que la multinacional cerealera tiene previsto comenzar en este mismo año.

    La inversión tiene una fuerte gravitación en el mapa productivo bonaerense. Buenos Aires es, por lejos, la mayor productora de girasol y registró en los últimos años un crecimiento significativo, pasando 990 mil hectáreas sembradas hace cinco años, a 1.270.000 en la presente campaña, una expansión del 28%.

     La planta de molienda procesará girasol, soja, colza y camelina y se desarrollará dentro del complejo industrial que la empresa posee en el puerto de Bahía Blanca 

    En Dreyfus destacaron que se trata de una de las mayores inversiones de la compañía en el sector agroindustrial argentino durante la última década, así como su primer desarrollo construido íntegramente desde cero en ese período.

    La planta de molienda procesará girasol, soja, colza y camelina y se desarrollará dentro del complejo industrial que la empresa posee en el puerto de Bahía Blanca, integrando la infraestructura existente de almacenamiento y logística con el puerto.

    Kicillof con autoridades de Dreyfus.

    Para esta mega planta se prevé incorporar equipamiento de última generación para el procesamiento eficiente de oleaginosas, con infraestructura energética térmica basada en biomasa renovable proveniente de cáscaras de girasol, contribuyendo a optimizar el uso de energía y reducir las emisiones de carbono.

    Según detallaron en la Provincia, durante la reunión se puso de relieve la importancia de la logística de cargas, el sistema portuario y la red vial como herramienta para potenciar la competitividad del aparato productivo bonaerense.}

    En Bahía Blanca prevén que, durante la etapa de construcción, la obra generará más de 1.000 puestos de trabajo, en tanto que, una vez operativa, dará más de 70 empleos permanentes. 

    En esa línea, se destacó la necesidad de fortalecer la infraestructura que permite reducir costos y mejorar la inserción internacional de la producción provincial. Ahí, se abordaron diversas alternativas y proyectos.

    Además se analizaron las oportunidades que ofrecen otras oleaginosas con alto contenido de aceite, particularmente la camelina y la carinata, materias primas destinadas a la producción de biocombustibles avanzados. Al respecto, la planta industrial sería no solo una oportunidad para la expansión del girasol, sino también de estos otros cultivos.

    En Bahía Blanca destacaron la inversión también desde el punto de vista de la creación de empleo. En la comuna prevén que, durante la etapa de construcción, la obra generará más de 1.000 puestos de trabajo, en tanto que, una vez operativa, dará más de 70 empleos permanentes.

     

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