PERDÓN POR TAN POCO
|

PERDÓN POR TAN POCO

Pacha Mama o Madre Tierra son expresiones comúnmente utilizadas para mencionar al planeta Tierra en distintos países, término que expresa la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta en el que todos convivimos. Para lograr un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y el planeta.

El 22 de abril de cada año celebramos el Día Internacional de la Tierra para recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida, el sustento y son nuestro hogar. Este día nos brinda también la oportunidad de concienciar a todos los habitantes del planeta acerca de los problemas que afectan a la Tierra y a las diferentes formas de vida que en él se desarrollan.

Su origen en 1970 establece el inicio del movimiento ambientalista moderno, cuando 20 millones de norteamericanos tomaron las calles y parques para manifestarse por un ambiente saludable y sustentable. A partir de entonces, cada año en esta fecha, el mundo entero reflexiona y se moviliza por el cuidado de la Tierra. Se concientiza sobre los problemas medioambientales de contaminación y conservación de la biodiversidad que afecta el planeta donde vivimos.

El planeta grita por un nuevo modelo de desarrollo sostenible y está en nuestras manos, solo depende de la voluntad que tengamos para hacerlo.

En las últimas cuatro décadas, alrededor de 30% de las regiones naturales del planeta se deterioraron de manera irreversible, a la vez en este período se incrementó la presión humana sobre los recursos naturales y el ambiente hasta en un 50%. Cada segundo media hectárea de bosques es destruida, las emisiones globales de dióxido de carbono doblaron en 2015 la cantidad que se registró en 1950, y hoy aún más de 4 mil millones de seres humanos carecen de agua potable. La situación es preocupante, además de las presiones humanas, los acuerdos internacionales no se respetan. A todo esto hay que agregar el efecto que tuvo el acelerado crecimiento demográfico, que alcanza a más de siete mil millones de personas que demandan espacio, comida y energía, con la correspondiente generación de residuos y desechos.

ALGUNOS DE LOS PRINCIPALES MALES DEL PLANETA, ¿TE RESULTAN FAMILIARES?

  • Reducción de la Capa de Ozono: Causada por contaminantes que son arrojados en la atmósfera, particularmente gases refrigerantes como los CFC empleados en la industria frigorífica.
  • Basura: Producción de millones de toneladas de residuos y desechos que no reciben un apropiado tratamiento.
  • Contaminación de las aguas: Deterioro de la calidad del agua por manejo inadecuado de los desechos, aguas servidas, plaguicidas y fertilizantes. 
  • Contaminación de los suelos: Debido a la liberación de toneladas de plaguicidas, residuos tóxicos y desechos petroleros y mineros, entre cientos de sustancias químicas.
  • Contaminación atmosférica: Deterioro de la calidad del aire, debido a millones de vehículos e industrias que aportan toneladas de gases que deterioran la calidad del aire y lo hacen menos respirable.
  • Contaminación sónica: Generación de ruidos molestos que afectan a millones de personas, causando hipertensión arterial, ulceras, sordera, gastritis.
  • Explosión demográfica: Cada día nacen alrededor de 250 mil niños en el mundo, y cada año la población aumenta alrededor de 80 millones de seres humanos.
  • Deforestación: Cerca de 170 mil km 2 de bosques desaparecen anualmente.
  • Desertificación: Buena parte del planeta comienza a transformarse en desiertos, con el subsiguiente agotamiento de los recursos naturales.

LAS SIETE AMENAZAS DEL PLANETA. GREENPEACE.

Te puede interesar

  • |

    Cuando el cartero traía noticias de verdad

     

    Antes del celular y WhatsApp, el cartero era una figura central de la vida cotidiana argentina. Cartas, postales y telegramas construyeron una cultura de la espera.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hubo un tiempo en la Argentina en que el sonido de una bicicleta frenando frente a la puerta podía despertar una expectativa inmediata. El cartero llegaba con una bolsa cargada de sobres, postales, facturas, revistas y telegramas, y durante algunos minutos podía convertirse en la persona más esperada de toda la cuadra. No existían los mensajes instantáneos, el correo electrónico ni la posibilidad de saber inmediatamente qué estaba haciendo alguien que vivía a cientos de kilómetros. Una carta podía tardar varios días y, precisamente por eso, tenía un valor que hoy resulta difícil de explicar. Había personas que esperaban durante semanas una respuesta, familias que recibían noticias de hijos que habían emigrado a otra provincia o a otro país y parejas que sostenían su relación a través de sobres que viajaban de una ciudad a otra. En aquella Argentina, esperar también formaba parte de comunicarse.

    El ritual de mirar el buzón

    El correo tenía una presencia mucho más importante en la vida cotidiana que la que conserva actualmente. El buzón podía estar junto a la puerta, en una pared o en la entrada del edificio, y abrirlo formaba parte de las pequeñas rutinas domésticas. Había días en los que solamente aparecían facturas y publicidad, pero bastaba reconocer la letra del remitente para que todo cambiara. El sobre se abría con cuidado, a veces utilizando un cuchillo de cocina o simplemente rasgando uno de sus extremos, y antes de leer ya existía una pequeña emoción: alguien se había tomado el trabajo de escribir y enviar aquello.

    Las cartas familiares podían contener varias páginas. Se contaban enfermedades, nacimientos, problemas laborales, viajes, cumpleaños, discusiones y novedades del barrio. Una persona que vivía lejos podía conocer la vida de su familia a través de una descripción detallada que hoy probablemente ocuparía varios mensajes de WhatsApp. También se mandaban fotografías, estampitas, pequeños recuerdos y postales. Para quienes tenían familiares en Europa, Estados Unidos u otros países de América, el correo era durante décadas uno de los principales vínculos con los argentinos que habían partido en busca de trabajo o nuevas oportunidades.

    Los noviazgos a distancia tenían también su propio lenguaje epistolar. Una carta permitía pensar durante horas qué decir, tachar una frase, volver a escribirla y elegir cuidadosamente las palabras antes de cerrar el sobre. Después comenzaba la espera. No había confirmación de lectura ni dos tildes azules: solamente quedaba confiar en que la carta hubiera llegado y esperar una respuesta. Esa demora obligaba a convivir con la incertidumbre de una manera que las tecnologías actuales prácticamente eliminaron.

    El cartero conocía el barrio

    La figura del cartero tenía además una dimensión profundamente territorial. Quien recorría todos los días las mismas calles terminaba conociendo a buena parte de los vecinos, sus horarios y sus casas. Sabía quién recibía cartas del interior, dónde vivía una persona mayor, qué domicilio correspondía a una familia que acababa de mudarse y qué casa estaba vacía porque sus habitantes se habían ido de vacaciones. El cartero formaba parte del paisaje cotidiano del barrio, del mismo modo que el almacenero, el diariero o el encargado de la estación.

    El correo argentino tenía, además, una importancia enorme para la administración de la vida cotidiana. Llegaban documentos, comunicaciones oficiales, facturas, revistas, diarios, tarjetas y todo tipo de correspondencia comercial. Antes de la expansión de las comunicaciones digitales, recibir determinada información podía depender literalmente de que un sobre recorriera correctamente una cadena de oficinas, centros de distribución y carteros hasta llegar a la puerta indicada.

    Y después estaban los telegramas. Su llegada tenía una solemnidad especial porque generalmente estaban asociados con acontecimientos importantes o urgentes. Un nacimiento, una enfermedad grave, una noticia familiar o un fallecimiento podían comunicarse mediante unas pocas palabras que llegaban en un papel mucho más pequeño que una carta. El telegrama tenía algo de acontecimiento en sí mismo: cuando alguien decía que había llegado un telegrama, todos querían saber inmediatamente qué decía.

    Las postales ocupaban otro lugar dentro de aquella cultura. Quien viajaba podía comprar una en Mar del Plata, Córdoba, Bariloche, Mendoza o cualquier destino turístico y enviarla a familiares o amigos. La imagen del lugar visitado aparecía en el frente y detrás se escribían unas pocas líneas. Muchas familias conservaban durante años esas postales en cajones o cajas. No eran solamente recuerdos de un viaje: eran pequeñas pruebas materiales de que alguien había estado allí y había pensado en quienes se habían quedado en casa.

    Del sobre al mensaje instantáneo

    La transformación comenzó lentamente y se aceleró con cada nueva tecnología. El teléfono redujo la necesidad de escribir para ciertas comunicaciones urgentes; luego aparecieron el fax, el correo electrónico, los teléfonos celulares y finalmente las aplicaciones de mensajería. La información dejó de depender de un cartero y pasó a circular prácticamente en tiempo real. La velocidad ganó lo que la espera perdió: hoy podemos saber en segundos si alguien recibió un mensaje, dónde está, qué está haciendo o si leyó lo que acabamos de escribir.

    Pero esa velocidad también modificó la naturaleza de la comunicación. Escribir una carta implicaba detenerse, ordenar las ideas y producir un objeto que iba a viajar físicamente hasta otra persona. Un mensaje actual puede enviarse en pocos segundos y corregirse o reemplazarse inmediatamente. La carta, en cambio, quedaba allí como testimonio de un momento determinado. Décadas después podía volver a abrirse un sobre y recuperar una voz que ya no estaba, reconstruir una relación o recordar cómo pensaba alguien cuando todavía era joven.

    Por eso muchas familias conservaron cartas durante generaciones. Algunas aparecen todavía dentro de cajas antiguas, junto con fotografías, documentos y postales. Son archivos íntimos de la historia argentina, porque permiten observar cómo hablaban las personas comunes, qué preocupaciones tenían, qué palabras utilizaban y qué acontecimientos atravesaban sus vidas. La historia de un país no está solamente en los discursos presidenciales, las leyes o los grandes acontecimientos: también está en esas hojas escritas a mano que alguien guardó porque no quería perderlas.

    El cartero desapareció de la vida cotidiana como figura central, pero no dejó de existir. Continúa llevando correspondencia, documentos y paquetes, aunque su función quedó transformada por una sociedad en la que la comunicación personal viaja mayoritariamente por medios digitales. Aquella espera frente al buzón parece pertenecer a un mundo remoto, aunque apenas hayan pasado unas pocas décadas.

    Quizás por eso una carta antigua produce una sensación tan particular. No necesita una contraseña, una batería ni conexión a internet. Puede estar amarillenta, doblada en cuatro y tener una estampilla que ya no se fabrica. Al abrirla, vuelve a aparecer una persona y vuelve a hablar desde otro tiempo. Hubo una Argentina en la que las noticias viajaban en bicicleta, dentro de una bolsa de cuero y detrás de un sello postal; y quizá por eso, cuando finalmente llegaban, parecían importar un poco más.

     

  • La Isla 58 sumó otro atractivo: la biblioteca al aire libre

    La Isla 58 cuenta con un nuevo atractivo: la biblioteca al aire libre, ubicada en la zona donde se encuentra el avistaje de aves. Este espacio fue inaugurado con el objetivo de  ofrecer una propuesta innovadora en el marco de la pandemia que nos atraviesa desde el año pasado. Pero además con el fin de…

  • La inflación en La Plata y Bahía Blanca volvió a subir impulsada por alimentos

     

    La inflación de agosto en los grandes centros urbanos de la provincia registra un rebote impulsado por los alimentos que corta una etapa de desaceleración iniciada en abril y da señales de recalentamiento hacia septiembre.

    En La Plata, la variación mensual fue de 1,8%, un incremento de 0,2% respecto de julio. En Bahía Blanca, el índice de precios de agosto fue de 2%, superando en 0,3% el ritmo inflacionario del mes pasado.

    Estos datos van a contramano de las perspectivas de desaceleración planteadas por el Gobierno para el último cuatrimestre del año.

     Entre los productos que tuvieron las mayores subas en la capital bonaerense estuvieron la banana (23,6%), cebolla (14,9%), harina (10,5%), carne picada (7,2%) y zanahoria (6,0%). 

    De acuerdo a un informe de la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de La Plata, Alimentos y Bebidas fue el rubro de mayor incidencia durante agosto, explicando la mitad del incremento registrado durante el mes.

    Entre los productos que tuvieron las mayores subas en la capital bonaerense estuvieron la banana (23,6%), cebolla (14,9%), harina (10,5%), carne picada (7,2%) y zanahoria (6,0%).

    Transporte y Combustibles fue el segundo rubro de mayor incidencia (2,3%) y para septiembre las perspectivas son alcistas, ya que el mes arrancó con un incremento 4,79% en el boleto de los colectivos.

     De la canasta de veinte variedades básicas de alimentos en Bahía, los productos que más subieron fueron papa (25,6%), pan (12,4%) y té (6,1%). 

    «Los servicios públicos mantienen durante 2026 un ritmo de crecimiento elevado, con un promedio mensual de 4,8%, prácticamente el doble de las variaciones mensuales registradas por el índice general», advierte el informe de la FCE.

    Y agrega: «Al tratarse de gastos fijos que los hogares deben afrontar todos los meses, su aumento sostenido reduce el ingreso disponible para otros consumos».

    En Bahía Blanca, el Indice de Precios al Consumidor del Centro Regional de Estudios Económicos, Creebba, mostró que la suba del 2% estuvo impulsada centralmente por los rubros Educación (4,3%), Vivienda (3,1%) y Alimentos y Bebidas junto con Esparcimiento (2,4%), que crecieron por encima del promedio.

    Respecto a los precios de la canasta de veinte variedades básicas de alimentos en Bahía, los productos que más subieron fueron papa (25,6%), pan (12,4%) y té (6,1%).

    Molinos frenan la entrega de harina por la disparada del trigo y panaderos acusan «un golpe de nocaut»

    El aumento del pan es un dato que ya venía siendo alertado por entidades panaderiles, que acusaron en los últimos días que algunos molinos frenan la entrega de harina por la disparada del trigo, lo que genera un panorama de incertidumbre que en algunas ciudades empieza a trasladarse a precios.