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PERAS Y MANZANAS: LAS DOS FRUTAS CON MÁS AGROTÓXICOS DE LA ARGENTINA

Datos oficiales del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) confirmaron la presencia de 35 Y 33 agrotóxicos en peras y  manzanas respectivamente. Se encontraron 7869 casos positivos de presencia de agrotóxicos en un grupo de 48 frutas, verduras y hortalizas, entre ellas la pera y la manzana están en el podio. En el 31 por ciento de los casos, los agrotóxicos presentes en los alimentos superaban los límites legales ordenados por el Senasa, mientras que en el 47 por ciento de los casos positivos se hallaron principios activos que están cancelados en la Unión Europea (UE).

Pimiento, manzana y pera fueron los tres alimentos con mayor residuos de agrotóxicos: 37, 35 y 33 principios activos se encontraron entre los casos positivos, sobre un total de 80 agroquímicos encontrados por los controles del Senasa. Uva (30), naranja (30), tomate (30), limón (29), durazno (28), lechuga (26) y banana (24) fueron los alimentos que rankearon entre los diez más contaminados. 

El informe realizado por la Organización Naturaleza de Derechos informa que Senasa detectó que el 49 por ciento de los principios activos en los casos positivos son agentes cancerígenos, de acuerdo a la Agencia de Investigación del Cáncer (IARC-OMS).  Mientras que 47 por ciento están cancelados por la legislación de la Unión Europea —en usos determinados o con prohibición total—, y el 46 por ciento están considerados dentro del grupo de Pesticidas Altamente Peligrosos, calificados así por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por “causar efectos tóxicos agudos o crónicos, y plantean riesgos específicos para los niños”.

Frente a los parámetros vigentes en otras partes del mundo, el informe sostiene que el volumen de casos positivos “obliga a realizar una evaluación integral y dimensionar la carga química diaria y el real nivel de riesgo al que está expuesta la población” y advierte que el sostenimiento de los  “límites máximos de residuos permitidos” (LMR) actuales es un acto inconstitucional, por no preservar el derecho a la salud, y además conforman un incumplimiento de los deberes de funcionario público.

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INFORMACIÓN DE LOS RESULTADOS DE LOS CONTROLES EN LA PERA

En 935 casos se detectaron 35 principios activos. En el 12% de los casos los valores hallados exceden los límites máximos de residuos reglamentarios.

INFORMACIÓN TOXICOLÓGICA DE LOS PRINCIPIOS DETECTADOS EN LA PERA

El 49% de los principios activos son agentes cancerígenos.
El 80% son disruptores endócrinos.
El 20% son inhibidores de las colinesterasas.

INFORMACIÓN DE LOS RESULTADOS DE LOS CONTROLES EN LA MANZANA

En 1.030 casos se detectaron 33 principios activos. En el 21% de los casos los valores hallados exceden los límites máximos de residuos reglamentarios.

INFORMACIÓN TOXICOLÓGICA DE LOS PRINCIPIOS DETECTADOS EN LA MANZANA

El 48% de los principios activos son agentes cancerígenos.
El 73% son disruptores endócrinos.
El 12% son inhibidores de las colinesterasas.

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El agroquímico con más presencia residual entre los 7869 positivos se trata de un insecticida sistémico  que penetra en los tejidos de la planta para luego distribuirse en toda su extensión. Tiene un perfil toxicológico como agente alterador hormonal y mutagnénico, se llama Imidacloprid.  Su uso fue cancelado para aplicación en el exterior por la UE en 2020. La investigación informa que este principio activo está presente en 216 formulados comerciales autorizados en la Argentina y en más del 50 por ciento aparece en combinación con hasta otros cinco químicos.

El reporte toma el último dato preciso disponible en el país, que data de 2015 (“no hay datos oficiales sobre la cantidad de agrotóxicos que se utilizan por año en la Argentina”, expresa el informe de Naturaleza en Derechos), de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe) y lo proyecta de acuerdo al incremento de venta de agroquímicos informado por medios especializados y las cifras de comercio informal —15 por ciento según la FAO— determiando que “la cantidad total anual de agrotóxicos al año 2021, ya es superior a los 600 millones de litros-kilos”.  

Naturaleza en Derechos advierte que es llamativo el incremento de un 1000 por ciento de los análisis en el último trienio informado, en relación a los informes 2011-2013 y 2014-2016, cuando los controles rondaban los 3400 y ascendió a 356.940.

La organización confirma que el Senasa “omite maliciosamente aclarar que ese número de registros (356.940) comprende también a las evaluaciones sobre metales pesados, microtoxinas y microbiológicos realizados por el organismo” y “bajo ese artilugio de computar indebidamente las categorías” reduce la incidencia de los casos positivos sobre el total de los analizados. 

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Sabelo: si tiene agrotóxico, no es alimento.
Descargalo desde aquí:https://goo.gl/GbNExd
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Informe «Alimentos & Residuos de Agrotóxicos en la Argentina». Resultados de los controles oficiales del SENASA 2017-2019 en toda la Argentina, en frutas, hortalizas, verduras, cereales y oleaginosas sobre presencia de agrotóxicos»El veneno continua llegando al plato» de Naturaleza de Derechos.

Todas las imágenes usadas fueron extraídas de «El plato fumigado».

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  • Milei descartó una ayuda a los morosos: «nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse»

     

    Javier Milei descartó que el gobierno contemple algún plan de ayuda para los millones de argentinos endeudados. «Nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse», los culpó.

    Al igual que Luis Caputo, el presidente se desentendió de un problema que afecta al 12,8% de las familias argentinas, según el último informe del Banco Central. Según una encuesta de Opina Argentina, la mitad de los argentinos se endeudó para pagar gastos cotidianos, como la comida.

    Milei dijo que el salto de la morosidad es un «problema entre privados». «¿Es correcto que yo le haga pagar a usted eso?», preguntó en una entrevista con Luis Majul.

    El presidente sostuvo que «obviamente» los endeudados tienen responsabilidad y se mostró poco empático con la situación que atraviesan millones de argentinos. «¿Les pusieron una pistola en la cabeza para endeudarse? Bueno», afirmó.

    «Decir que lo tiene que arreglar el Estado es pasarle la cuenta a todos los demás. Eso no está bien», agregó Milei y dijo que el gobierno «fomenta» que los bancos refinancien las deudas.

    Caputo descartó una ayuda a quienes se endeudaron para comprar alimentos: «Que se hagan cargo de sus decisiones» 

    Los dichos de Milei están en línea con las declaraciones de Caputo, que sostuvo que «es un tema entre privados» y que los deudores tienen que hacerse cargo de sus decisiones. «Si yo te ayudo a vos porque tomaste mal un crédito… y yo no sé si vos tomaste mal el crédito porque no llegabas a fin de mes o porque alguien te había contado que Milei se iba y el dólar se iba a ir», indicó el ministro de Economía.

    «Tampoco hay mucho que nosotros podamos hacer ahí. Es parte también de la gimnasia de los bancos. Nosotros en su momento le dijimos a más de un banco: ‘Si estás prestando plata al 10% mensual, los sueldos crecen al 2%, lo más probable es que esta gente no te pague'», completó Caputo.

    Según la consultora EcoGo, hay 20,9 millones de argentinos con algún crédito vigente, pero el dato más alarmante es que 5,8 millones ya registran atrasos mayores a 90 días.

     

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    YPF vende MetroGAS por US$780 millones: Milei entrega otro activo estratégico y el negocio queda en manos de Manzano y Vila

     

    YPF aceptó la oferta de Edenor para quedarse con el 70% de MetroGAS y el 5% de MetroENERGÍA por US$780 millones. La operación implica la salida de la petrolera de mayoría estatal del control de una de las principales distribuidoras de gas del país y consolida al grupo empresario de José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti como un actor cada vez más poderoso del mapa energético argentino.

    Por Roque Pérez para NLI

    Hay operaciones empresariales que pueden leerse como una simple transacción financiera y otras que, detrás de los números, cuentan una historia mucho más profunda sobre el rumbo de un país. La venta del 70% de MetroGAS por US$780 millones que YPF acordó con Edenor pertenece claramente a la segunda categoría. La petrolera de mayoría estatal decidió desprenderse de su participación controlante en una de las principales distribuidoras de gas de la Argentina, en una operación que todavía debe atravesar las condiciones y autorizaciones regulatorias correspondientes, pero que ya marca una definición estratégica: YPF abandona el control de MetroGAS y el negocio queda en manos de un conglomerado privado encabezado por José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti.

    El Gobierno y la conducción de YPF presentan la decisión como parte de una reorganización del portafolio de la compañía, orientada a concentrar capital y esfuerzos en la producción de hidrocarburos, especialmente en Vaca Muerta. Desde esa mirada, la distribución de gas no forma parte del núcleo estratégico que la petrolera quiere conservar y la venta permite obtener US$780 millones para destinarlos a otras inversiones. El argumento puede tener una lógica empresarial, pero la pregunta política que inevitablemente aparece es otra: ¿qué significa para la Argentina que una empresa de mayoría estatal abandone el control de una infraestructura energética que llega a millones de hogares y que el Estado había recuperado indirectamente en 2012?

    De Gas del Estado a YPF y otra vez al sector privado

    Para entender qué está ocurriendo hay que retroceder varias décadas. MetroGAS nació durante el proceso de privatización y fragmentación de Gas del Estado, llevado adelante durante el gobierno de Carlos Menem. Aquella transformación significó el desmantelamiento de la empresa estatal que había concentrado durante décadas buena parte de la actividad gasífera argentina y la transferencia de segmentos del negocio a compañías privadas. MetroGAS quedó como una de las grandes distribuidoras del área metropolitana.

    La historia tuvo un giro significativo en 2012, durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner. YPF, que acababa de volver al control estatal tras la expropiación del 51% de las acciones que estaban en manos de Repsol, decidió ejercer una opción de compra sobre el 54,67% de Gas Argentino que pertenecía a British Gas. De ese modo, YPF pasó a controlar indirectamente el 70% de MetroGAS, convirtiéndose en el accionista mayoritario de la principal distribuidora de gas del país. La propia documentación de YPF de aquel año señalaba que el objetivo era hacer de MetroGAS una empresa más eficiente y rentable y recuperar su valor estratégico dentro de la matriz energética nacional.

    El contraste con la situación actual es difícil de ignorar. Catorce años después, el camino se invierte: aquello que el Estado había recuperado a través de YPF vuelve a quedar bajo control privado. Por eso, aunque técnicamente no sea correcto decir que el gobierno de Javier Milei “privatizó MetroGAS” —la empresa ya había sido privatizada décadas atrás—, sí es correcto afirmar que el Estado vuelve a retirarse del control de un activo energético estratégico que había recuperado.

    Y la diferencia no es menor. La venta tampoco significa que el Estado desaparezca del negocio energético: YPF continúa siendo una pieza central del sistema y conserva activos de enorme importancia. Pero sí expresa una determinada concepción acerca de cuál debe ser el papel estatal: concentrarse en producir hidrocarburos, particularmente en Vaca Muerta, y desprenderse de otras posiciones dentro de la cadena energética.

    El comprador no es un actor cualquiera

    La otra mitad de la historia está en quién se queda con MetroGAS. La compradora es Edenor, la principal distribuidora eléctrica del país, controlada por un grupo empresario integrado por José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti. La oferta de US$780 millones fue seleccionada luego de un proceso competitivo en el que participaron distintos interesados por la distribuidora.

    El movimiento tiene una importancia que excede ampliamente a MetroGAS. El grupo que controla Edenor amplía ahora su posición dentro del mercado energético y suma el control de una de las principales distribuidoras de gas a su presencia en el negocio eléctrico. En otras palabras, un mismo entramado empresario pasa a tener una posición mucho más relevante en dos servicios esenciales: electricidad y gas.

    Además, Manzano no llega desde afuera de MetroGAS. El empresario ya tenía participación accionaria en la compañía a través de Integra Capital, lo que vuelve todavía más significativa la operación: no se trata simplemente de la llegada de un nuevo competidor, sino de la consolidación del control en manos de un grupo que ya tenía presencia en la distribuidora. Durante el proceso de venta, el grupo encabezado por Manzano, Vila y Filiberti fue identificado como uno de los principales interesados en quedarse con el paquete accionario de YPF.

    Aquí aparece uno de los interrogantes centrales que deja la operación. El Gobierno de Milei llegó al poder prometiendo combatir la concentración del poder económico y terminar con supuestos privilegios de la “casta”. Sin embargo, en el sector energético se observa una dinámica en la que activos estratégicos van pasando de manos estatales o de grandes empresas a otros grupos privados con enorme capacidad de concentración.

    La discusión, por supuesto, no debería reducirse a nombres propios. Lo verdaderamente importante es preguntarse qué estructura energética está construyendo la Argentina y quiénes tendrán capacidad para decidir sobre ella en los próximos años.

    Vaca Muerta como argumento y la concentración como consecuencia

    La justificación de YPF tiene un elemento difícil de discutir: la compañía necesita concentrar recursos para desarrollar Vaca Muerta, aumentar la producción de petróleo y gas y transformar ese recurso en una fuente creciente de exportaciones y divisas. En esa estrategia, desprenderse de activos considerados secundarios puede liberar capital para invertir en exploración y producción.

    Pero una cosa es reconocer esa lógica y otra muy distinta aceptar que la distribución energética sea un asunto menor. Producir gas es estratégico; distribuirlo también. Las redes que llevan el combustible hasta los hogares, comercios e industrias constituyen una infraestructura esencial de la economía argentina. MetroGAS tiene millones de usuarios y una posición central dentro del sistema de distribución del área metropolitana.

    Por eso la operación abre un debate que va mucho más allá de los US$780 millones. ¿Cuánto vale para el país que YPF controle una distribuidora de esta magnitud? ¿Es correcto medir su conveniencia exclusivamente por la rentabilidad financiera que puede obtener la petrolera? ¿Qué ocurre cuando el Estado abandona posiciones dentro de la cadena y esas posiciones son acumuladas por grandes conglomerados privados?

    No se trata de sostener que toda empresa energética debe ser necesariamente estatal. El problema es otro: la privatización y la concentración no son sinónimos de eficiencia por sí mismas. El funcionamiento de estos servicios depende también de regulación, tarifas, inversiones, calidad, mantenimiento de las redes y capacidad del Estado para controlar a empresas que operan en mercados donde los usuarios no pueden simplemente elegir otra red de gas o de electricidad.

    La historia argentina ofrece demasiados antecedentes como para tratar estos procesos como si comenzaran hoy. La privatización de los servicios públicos durante los años 90 mostró que la transferencia de activos estatales al sector privado no elimina la necesidad de regulación pública. Por el contrario, la vuelve todavía más importante.

    Ahora, bajo el gobierno de Milei, el péndulo vuelve a desplazarse con fuerza en la otra dirección. YPF vende MetroGAS, Edenor avanza sobre el negocio gasífero y el Estado concentra su apuesta en la explotación de Vaca Muerta.

    La operación puede terminar siendo un buen negocio financiero para YPF. Puede incluso formar parte de una estrategia razonable para convertir a la petrolera en una compañía más enfocada y competitiva. Pero hay una dimensión que el balance contable no puede resolver: quién controla los recursos, las redes y los servicios que sostienen la vida cotidiana de millones de argentinos.

    En 2012, YPF había recuperado MetroGAS bajo la premisa de que se trataba de una pieza importante de la matriz energética nacional. En 2026, la misma compañía decide que es un activo del que puede desprenderse por US$780 millones. Entre una decisión y otra pasaron apenas catorce años, pero también cambió profundamente la concepción sobre el papel del Estado en la economía.

    Y quizás allí esté la verdadera noticia.

    Mientras el Gobierno de Milei habla de convertir a la Argentina en una potencia energética a partir de Vaca Muerta, el Estado se retira de una parte cada vez mayor de la cadena que conecta esa energía con los usuarios. Y en ese proceso, los grandes grupos privados no sólo compran empresas: también acumulan poder sobre sectores estratégicos de la economía.

    La venta de MetroGAS es, entonces, mucho más que una operación de US$780 millones. Es otra pieza del nuevo mapa energético argentino. Y esta vez, el Estado vuelve a estar del lado de afuera.

     

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