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PARADOJAS DE LA ETERNIDAD EN EL ENJAMBRE DIGITAL

I

La vida eterna aparece como una alternativa a los límites que impone la muerte. Desde las religiones a la ciencia, lo eterno se eleva por los aires de lo posible. Sin embargo, lo posible esconde paradojas de intrincada resolución. Por otro lado, el choque entre la cultura pre-digital y pos-digital nos plantea nuevos desafíos en relación a la manera de vincularnos.
Vivimos casi el doble de tiempo que hace cien años; con ello, van aparejado el aumento de las enfermedades crónicas y la disminución o extinción de otros padecimientos. De todas formas, la estadística muestra que Europa, América del norte y Oceanía son las más beneficiadas, no así Asia y África.
La expectativa de vida habla de lo que se espera (cantidad) que uno viva, pero no necesariamente de cómo iré a vivir (calidad). La ciencia propone modelos alternativos de vida saludable basada en el cuidado del físico, mejores opciones terapéuticas, e, inclusive, la congelación de cuerpos y cabezas para un futuro con mayores posibilidades… En tanto que, las religiones presuponen un cuidado espiritual sobre preceptos morales que prometerían la eternidad.
Las paradojas emergen desde las profundidades de la cultura digital. Según el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, el enjambre digital nos propone una sociedad de la transparencia, en donde encontramos individuos aislados, o sea, personas expuestas en su intimidad. Esto conduce a minar el respeto y la elaboración de la confianza, siendo que la intimidad se expone en un anonimato o simulacro repleto de bits. De aquí surgen preguntas como: ¿para qué quisiéramos vivir más tiempo si no hay un nosotros real que nos contenga?, ¿se concreta el deseo de la eternidad con nuestra vida virtual?, ¿cómo haremos para revalorizar nuestros padres y abuelos si dedicamos nuestra vidas a permanecer en una nube de virtualidad? ¿Será que necesitamos de la eternidad imaginaria o esperanzadora para lidiar con las paradojas de la realidad? ¿Huimos de la angustia a través de la religión, la ciencia, y lo digital? ¿Podremos afrontar los malestares que nos aquejan a través del respeto, la comprensión y el acompañamiento? O, ¿estamos condenados a la exclusión social y el olvido una vez que el tiempo pase?

II

Lo paradójico implica lo contrario al sentido común, a la opinión o a la lógica. En la primera parte nos adentramos a fenómenos sociales como: el aislamiento del individuo dentro de la multitud virtual y social, a la posible muerte de la muerte dado por la ciencia y la religión (incluso por lo virtual), a las consecuencias paradojales del aumento de expectativa de vida que, implicarían una mayor cantidad de tiempo pero no necesariamente una mejor calidad.
Lo eterno se vincula con el termino infinito, y esto nos lleva hacia antinomias como: finitamente eterno o infinito transitorio. Tanto la ciencia como la religión no han parado de promocionar a la eternidad. Jorge L. Borges se preguntaba en «Historia de la eternidad»:
«¿Cómo pude no sentir que la eternidad, anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo?».
Ante los repentinos o persistentes agobios a los cuales estamos expuestos, la eternidad surge como una abstracción y una aparente esperanza, tal cual señalaba Borges. Dicha eternidad podría ser una suculenta carnada para doctrinas absolutistas, así como también una serie de atolladeros matemáticos y filosóficos que promoverían la reflexión.
Ahora, cuando analizamos nuestra subjetividad, las paradojas también nos constituyen, y son esos remolinos de contradicción donde se vislumbran las tristezas alegres o las razones delirantes. Fue precisamente Freud que nos condujo hacia la atemporalidad del inconsciente, en un presente continuo (¿eterno?) que, aproxima de manera asombrosa al pasado con el presente y el futuro. Lo traumático del pasado actualizado en el presente y repetido en el futuro. Las ilusiones de lo eterno se desglosan en el más allá de la vida y en el más acá de los sufrimientos y la muerte. ¿Cómo lidiar con las pérdidas de seres queridos cuando siguen presentes en nuestra mente? ¿Cómo reelaborar un hecho pernicioso en la continuidad de lo transitorio? Interrogantes paradojales que abren circuitos de sentimientos, sentimientos haciendo ecos sobre las fronteras de la piel y la incomprensión. Cuando depositamos nuestra memoria en los artefactos tecnológicos, parte de nosotros se nos va, quitándonos la posibilidad de repensar cuestiones que nos afectan o afectaron. El «olvido del recuerdo», generalmente, pone en marcha mecanismos de defensa que nos llevan a repetir patrones simbólicos, emocionales, o habituales. La representación en la era del enjambre virtual se opaca por ese presente puro y perpetuo. El nombre es substituido por la despersonalización narcisista, perdiéndose en la bruma de la mensajería instantánea. Reconectarnos como sujetos, congregarnos en encuentros personales de escucha, diálogo, y empatía: siembra las bases para repensarnos en esa sucesión de cambios, ya sin promesas de eternidad…

III

Tanto en Psicología como en Filosofía, el fenómeno de la auto-referencia expresa la situación en donde la persona habla de sí misma. En paralelo, la paradoja oculta una auto-referencia que traza un círculo sobre la eternidad. Por ende, surge la pregunta: ¿Cuál es el continente y el contenido de la eternidad? ¿Será que el contenido está en todas partes y el continente en ninguno? O la inversa, ¿será que el continente está en todas partes y el contenido en ninguno? Por otro lado, cabría la hipótesis de múltiples eternidades conviviendo en una comunidad espacio-temporal, y no así una única eternidad que hablaría siempre de sí misma…
Haremos un salto cuántico, tal cual un electrón, para dirigirnos al empuje hacia el suelo del bit. El enjambre digital se introduce en la teoría de la relatividad, planteando un cambio geométrico en cómo disponemos nuestras cabezas. La respuesta es obvia: hacia abajo. El surgimiento del celular es una prueba de ello. Ya no tenemos tiempo para contemplar la fantástica magnificencia de las estrellas, porque nos pensamos muy pequeños. En cambio, mirando para abajo, podemos ver nuestras sombras, nuestros perfiles virtuales, y nuestros mensajes, siendo todo esto: el promontorio de los espejos en donde nos reflejamos. Una vuelta de tuerca digital hacia la eterna auto-referencia. La sociedad del espectáculo y del escándalo refuerza la auto-referencia. Mientras más escandaloso, la curvatura del espacio se pliega y caemos en un hipnotismo desaforado de estupidez.
Para finalizar, haré una salvedad auto-referente, y, comentarles un inquietante sueño que tuve. El sueño comenzó en el patio de mi casa, las secas hojas esparcidas conformaban un pálido colchón amarillento. Se me estaba haciendo tarde para ir a trabajar al hospital. Kiva, mi querido perro, sale rápidamente al patio tambaleando, y medio dormido. Entre tanto, lo gris del cielo me llama la atención, todavía ni de noche ni de día. Siento un repiqueteo líquido sobre las hojas, observo y lo veo a Kiva orinando sobre el colchón de hojas. De repente, oigo un ruido seco y estruendoso que parece venir del techo. Al instante siguiente, escucho otro ruido pero ya más cerca. Vuelvo a mirar hacia el cielo y una lluvia seca de celulares se aproxima. No paran de estrellarse contra el piso. Aquí hay un lapso, o un recorte de escenas, y de mi posición en el patio, cambio bruscamente, y estoy trabajando como enfermero en el hospital. Sin embargo, en las camas no hay personas, ¡hay celulares dañados! Tengo que hacerle un suero endovenoso a uno ellos, parece joven y de la más fina tecnología. El joven celular me habla y dice ofuscado: ¡No me gustan las agujas! Es ahí que despierto desconcertado.

IV

La verdad se pone en juego cuando hablamos de paradoja. Ahora, ¿desde dónde nos posicionamos para hablar de verdad? De ahí que, las diferentes verdades circulan por los diversos espacios del conocimiento. Entonces, si pretendemos ubicar a la eternidad en un sitio o momento determinado, tendremos que servirnos de la topología para intentarlo. Y a la topología, digamos que, no le interesan las dicotomías como blanco y negro, finito e infinito, bueno o malo, lindo o feo, sino más bien las disposiciones, o los lugares que forman una figura geométrica. Lacan intentó salir de la dicotomía freudiana de conciencia e inconsciencia, y utilizó la banda de Moebius para esquematizar un entrecruzamiento, en donde el afuera y el adentro serían la misma cosa, y que, en realidad, se sobrepondrían. El inconsciente ya no sería el sótano donde están guardados los actos fallidos y los sueños, sino que habría una continuidad… Esto fue intuido previamente por Freud con los sueños diurnos.
La cháchara hace parte de la palabra vacía, en tanto que la metáfora y la metonimia configuran la palabra plena. Identificar a la palabra plena es una tarea ardua, ya que no necesariamente está revestida por una verdad universal, sino que tiene que ver con la historia del sujeto, o su propia singularidad. Ahora, cuando queremos hablar de la singularidad de la eternidad, un terreno pantanoso y tupido aparece sin avisar. La eternidad está ligada a una generalidad espacio-temporal, aunque posee una
singularidad de identidad que la define. ¿La eternidad es una palabra tan llena que nos vacía de sentido? ¿O es una palabra vacía que nos llena de sentido?
El enjambre digital se transforma en un espejo en donde también encontramos a otros, pero entre los otros y nosotros hay una fisura. Esto genera una escisión entre una virtualidad mental de imágenes, sensaciones y recuerdos que procuran reconocimiento, y una realidad que nos puede retribuir o no. Sin embargo, lo «externo» de esa realidad se ha convertido en una proyección de nuestra virtualidad interna, planteando una interconexión en donde el afuera y el adentro serían la misma cosa, tal cual la Banda de Moebius antes mencionada. En consecuencia, en nuestra contemporaneidad brotan polarizaciones que oscilan entre el fanatismo de sí mismo, escenificado por Narciso que es atraído como un imán por su imagen hasta morir; y el fanatismo por el Otro que nos pierde en una atroz dualidad de idealización, lo cual puede inducir a una ceguera amorosa o a un odio intenso. Este fanatismo por el Otro se desprende porque para el sujeto, ese Otro representa el yo-ideal, ese que quisiera ser pero no lo consigue.

V

¿Cuáles son los límites de la eternidad? Está claro que no es tan claro dar una respuesta. Es más, pareciera que la eternidad no tuviera límites. El tríptico religión-ciencia-virtualidad nos ubica en un plano análogo. Es así que: la religión transgrede los límites de la vida y de la muerte, prometiéndonos la salvación; en tanto que, la ciencia nos proyecta hacia la superación de las limitaciones corporales, creando así una tecnósfera de esperanzas basada en el auto-cuidado y las tecnologías de la cura y la prolongación de la vida; por último, la virtualidad nos lanza hacia un espacio-movimiento que trasciende las fronteras de las naciones, la comunicación y las posibilidades del sujeto…
Si antes habíamos utilizado la cinta o banda Moebius para esquematizar las des-diferenciación entre el adentro y el afuera, en ese eslabonamiento de continuidad entre lo interior y lo exterior. Ahora, recurrimos al móvil perpetuo, o sea, a un objeto imposible que, en contra de las leyes de la física (segunda ley de la termodinámica), podría funcionar perpetuamente a partir de un sistema energético interior, sin necesidad de recurrir al exterior. Lo contrario a lo que sucede con este objeto imposible, sucede con los organismos vivientes, o sea el objeto imposible no depende del exterior, en tanto que, los organismos vivientes si lo hacen por medio de un intercambio constante entre el adentro y el afuera. La muerte es la ausencia de intercambio, ya sin interior o exterior que proporcione una activa continuidad y retroalimentación.
Los grandes inventos del TBO eran una parodia de estos objetos imposibles, dicha parodia se publicaba en una revista de historietas española (TBO), de ésta surgieron objetos como: el dispositivo anti-cabello en la sopa, el procedimiento para descargar mercancías con jirafa, o el dispositivo para hacer vino con zapatos viejos.
Más allá de lo humorístico del los grandes inventos del TBO, y volviendo al tríptico religión-ciencia-virtualidad, analizamos que: la religión no es falible, o sea, no cuestiona sus fundamentos o realiza una auto-crítica imparcial; en tanto que, la ciencia, aprende de sus errores, es auto-crítica y auto-correctiva aunque, a veces pierde de vista la subjetividad con sus impulsos deterministas; finalmente, y en relación a la virtualidad, pasa por nosotros establecer los límites para una adecuada auto-crítica.

 

PABLO NANI – LA TAPA

Construye una banda de moebius
Imagen Portada: Cortesía Adam Pekalskihttp://www.adampekalski.com/ksiazki12.htm
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  • Posición adelantada

     

    1.

    Hay gestos simples en apariencia que pueden encender la luz para iluminar el mundo. O la mecha de una pequeña revolución que hacen de cierto rincón del planeta un lugar más justo y amable, o simplemente más habitable para vivir, soñar y amar.Gestos como el de Rosa Parks, la costurera afroamericana que el 1 de diciembre de 1957 en Alabama no cedió su asiento de colectivo a un pasajero blanco y desató en Estados Unidos la subversión en pro de los derechos raciales. O el del joven hippie gay George Harris cuando, en medio de una movilización pacífica contra la guerra de Vietnam en Washington el 21 de octubre de 1967, colocó un clavel en el cañón del rifle de un militar y fue inmortalizado por la fotografía de Bernie Boston como el símbolo del Flower Power. O el de las trans y las travestis que dijeron “NO” y se rebelaron contra las razias policiales en las célebres gestas del bar neoyorkino de Stonewall. No es grandilocuente afirmar que el gesto de Ignacio “Nacho” Lago, el extremo de Colón de Santa Fe, de salir del clóset y presentar a su novio en público pertenece a esa tradición. 

    Es un hito en la historia del fútbol argentino: el primer futbolista en actividad de un club profesional en visibilizar públicamente su homosexualidad, rompiendo con más de un siglo de temores, vergüenzas, silencios y tragedias en ese deporte. Un gesto que, además, trasciende el fútbol. Por dos motivos: primero, porque subvierte uno de los lugares paradigmáticos a partir de los cuales se construyó la masculinidad hegemónica local, es decir, el machirulismo sobre el que se asienta la dominación masculina, la inequidad y las violencias por razones de género en Argentina. Y segundo —y no es un dato menor— porque lo hace en un momento histórico del país en donde el ultraderechista discurso oficial del gobierno nacional institucionaliza discursos de odio contra la comunidad LGTB+.

    2.

    El contexto fue Sangre y Luto, un programa dedicado al Club Colón de Santa Fe. En ella, el joven de veintitrés años recibió una sorpresa de la producción con breves testimonios de sus seres queridos que le manifestaban su apoyo, cariño y admiración. Entre ellos, sorpresivamente, las intervenciones incluyeron la del fotógrafo Gonzalo Huser, novio de Lago, que apareció con un mensaje personal aludiendo a la victoria por tres a cero de Colón sobre San Miguel y al tercer gol definitivo que tuvo como autor a Nacho:

    “Hola, gordo, espero que te haya gustado la sorpresa. No me queda más que felicitarte y agradecerte por la excelente persona y el excelente profesional que sos. Sé toda la garra que le ponés a esto, sé que tenés un sueño. Te quiero mucho y gracias por defender los colores de mi ciudad”.

    Un paralelismo sin precedentes entre la pasión por el deporte y la pasión amorosa entre varones. Si este hecho presenta un antecedente inédito para el fútbol local, no es menos la reacción de un Lago visiblemente emocionado que confesó sin rodeos la naturaleza del vínculo: “Es un amor irracional, lo vivimos de esta manera, igual que con el fútbol. Lo que sentimos, lo tratamos de expresar”. A su vez, Nacho alegó no sospechar siquiera de que su amado iba a aparecer en cámara: “No sé cómo no me di cuenta, vivo adentro de casa. Es muy atento y da sus muestras de cariño de manera muy especial”.

    3.

    ¿Por qué debería importar, aún en pleno siglo XXI, la sexualidad de lxs deportistas? Porque el deporte en general —y particularmente el fútbol— sigue siendo uno de los últimos reductos del secretismo, la discriminación sexual y las acciones homo-lesbo-trans odiantes.

    Hay y hubo historias dramáticas e incluso trágicas que de tan recientes todavía queman. El inglés Justin Fashanu (1961-1998) fue el primer futbolista abiertamente gay cuya vida terminó en el suicidio tras una existencia marcada por lesiones en el cuerpo, insultos en los ámbitos públicos y la doble discriminación por gay y negro. El uruguayo Wilson Oliver (1966) vio truncado su sueño de llegar a la primera división de su país porque la homofobia del ambiente lo obligó a recluirse. Y tantas y tantos otros seres anónimos vivieron o viven en silencio sus preferencias eróticas porque parecen discrepar o entran en contradicción con los ideales de los universos deportivos. Quizás quien mejor resumió en una frase las dramáticas vicisitudes de no tener una identidad heteronormativa y ser deportista fue el boxeador estadounidense Emile Griffith: “Maté a un hombre y el mundo me perdonó. Pero amé a un hombre y el mundo quiso matarme. Aunque nunca fui a la cárcel, estuve en prisión toda mi vida”. Se refería al asesinato de su rival en el ring, Benny Paret, luego de que este le dijera “maricón” al oído.

    Cuando se piensa en y frente a estas tristes historias, las salidas del clóset cobran su verdadera relevancia: el hecho de que, más que afirmaciones individuales y subjetivas, son de naturaleza social y política. El concepto de “clóset” fue central en la construcción de las identidades homosexuales desde el siglo XIX porque ese “armario” donde se guardan secretos se construye al mismo tiempo que la identidad y el personaje homosexual.

     Una de las grandes discusiones que plantea el clóset es la de la división entre la vida pública y la vida privada. Es decir, una de las defensas para continuar en el armario es la defensa de la vida privada. Quizá la respuesta es que el armario no es una estructura meramente individual, no pertenece estrictamente al ámbito privado de las personas. Salir del clóset, decir abiertamente que se tienen deseos y sentimientos amorosos hacia personas del mismo sexo, no es revelar la vida privada, sino ser parte de un proyecto colectivo que contribuye a cambiar concepciones negativas sobre la homosexualidad. Por ejemplo, la salida del clóset de algunos personajes públicos, como la de Lago, puede colaborar a que se dejen de hacer chistes ofensivos en los vestuarios, nominaciones injuriantes en las tribunas y en los espacios públicos. A erradicar definitivamente esa idea de hombría, de machirulo, de masculinidad hegemónica que, construida especialmente desde el fútbol, ha despreciado la vida de tantos seres humanos.

    En contraposición al insulto y al odio que arruinó tantas existencias, es necesario salir del clóset y, de esa manera, construir una genealogía del orgullo que contribuya a nuevos proyectos de vida. En esa línea, la imagen de Nacho Lago declarando orgullosamente su “amor irracional” por su pareja se suma a la foto del año pasado del jugador de Boca, Sebastián Vega, subido al aro de básquet con la bandera multicolor. Y a otras tantas imágenes: la de la tenista francesa Amelie Mauresmo besándose con su novia tras consagrarse campeona en el Abierto de Australia de 1999; la del jugador de rugby Gareth Thomas sonriendo junto a su novio desde las tapas de la revista gay Attitude; la de Jason Collins, el jugador de básquet que desde la portada de Sports Illustrated afirmaba en 2013: “Soy negro, juego en la NBA y soy gay”. O la del boxeador puertorriqueño Orlando Cruz repartiendo trompadas en el ring luciendo el short multicolor.

    4.

    Desde sus orígenes asociados a inmigrantes que construían los ferrocarriles y su traslación a los potreros, el fútbol fue considerado en Argentina un espacio que definía a la masculinidad hegemónica y un ritual de ocio exclusivamente practicado por los “varones de verdad”.

    En su estudio pionero sobre las masculinidades en Argentina, el antropólogo Eduardo Archetti indicó que el fútbol era el lugar de la masculinidad de los estratos populares y el polo el deporte paradigmáticamente rural asociado a los estancieros y las clases privilegiadas. Con el tiempo, en las figuras ejemplares de Maradona y Messi el fútbol se consolidó como aquel que podía dar lugar a la masculinidad tanto en la variante del mujeriego empedernido que reivindica sus orígenes populares como en la del esposo y padre ejemplar que ostenta una identidad empresarial que se codea con la ultraderecha estadounidense. Parafraseando al sociólogo Enrique Gil Calvo, desde el fútbol, Maradona y Messi podían encarnar alternativamente las máscaras masculinas de héroes, patriarcas y monstruos.

    La salida del clóset de Nacho Lago es la construcción de un nuevo tipo de héroe, de una nueva forma de vivir la masculinidad donde cobra nuevamente valor el amor irracional en desmedro de otras relaciones viciadas por el poder o el dinero. Es la épica de un joven gay nacido en Isidro Casanova y encumbrado a las altas esferas de los deportistas de élite. Es decir, contrariando el viejo antagonismo entre masculinidad subalterna y éxito profesional, Lago se erige en futbolista prestigioso y popular sin necesidad de usar ninguna motosierra.

    Es allí donde el discurso de la sexualidad, tan devaluado en los últimos tiempos, vuelve a cobrar el carácter renovador de la sociedad asociado a las gestas de los años sesenta y expresado en los grafitis de estudiantes en mayo del 68: “Cuantas más ganas tengo de hacer el amor, más ganas tengo de hacer la revolución”. O “Abran el cerebro tan a menudo como la bragueta”.

    5.

    En Masculinidades: fútbol, tango y polo en Argentina, Archetti supo explicitar las múltiples maneras en que el fútbol se erigió en espacio privilegiado para construir el machirulismo argento. Por un lado, en clave histórica, constituyó un universo típicamente masculino, un mundo “de varones sin mujeres” que se incluirían en lo que Eve Kosofsky Sedwick llama homosocialidad. Las comunidades homosociales se caracterizan por lazos vinculares —basados en la amistad, la fascinación o la admiración— exclusivamente entre varones. Con frecuencia, en la homosocialidad los varones están unidos por una fuerte intensidad afectiva que lo diferencia de la homosexualidad por su virulenta homofobia y desprecio a los homosexuales.

    Eso más allá de la intensidad erótica que pueden alcanzar las relaciones entre varones que comparten la vida en espacios íntimos como el dormitorio y el vestuario. O de las fascinaciones eróticas entre los fanáticos de fútbol y ciertos jugadores que tan bien supo reflejar la película El hincha (1951) de Manuel Romero, interpretada por Enrique Santos Discépolo. O más allá de las freudianas sublimaciones y connotaciones homosexuales presentes en el propio objetivo del fútbol —ya señaladas por Juan José Sebreli—, consistente en meter el gol en el arco del patio trasero del adversario. O de la costumbre arraigada de tocar y abrazar al goleador del propio equipo. Más allá de apilarse los cuerpos masculinos como en una orgía con la excusa del festejo del gol, o tocando las nalgas de un compañero, la homosexualidad aparecía en el espacio de lo prohibido, de lo antinatural, de lo que no debía y no podía ser.

    Por otro lado, la discriminación y exclusión de los homosexuales del mundo de los “hombres de verdad” podía expresarse en discursos de odio, bromas en los vestuarios, cánticos de las hinchadas o acciones violentas literales contra el cuerpo de los homosexuales.  De esas y de otras maneras, las comunidades homosociales devenían centrales para reforzar la identidad masculina, el dominio social y las estructuras de poder patriarcales.  

    Por ello, el gesto ejemplar de Lago viene a socavar ciertas bases estructurales de la dominación masculina y, por lo tanto, de legitimación de la violencia simbólica y de la violencia física sobre las mujeres y las identidades alternativas a la heteronormatividad.

    6.

    No se suele analizar con demasiada frecuencia la relación existente entre los lenguajes políticos de Milei y sobre todo el uso recurrente del insulto personalizado con alusiones sexuales violentas —con particular obsesión con el sexo anal— y el lenguaje injuriante de las comunidades homosociales tales como las hinchadas de las canchas de fútbol o las barras de amigos y los vestuarios masculinos.   

    Una de las metáforas sexuales más recurrentes que utiliza el mandatario argentino para despreciar a sus opositores políticos es la del mandril, en referencia a los simios de nalgas desnudas y coloradss, donde sobrevuela la idea del sexo anal como una analogía del sometimiento corporal y político. Y que encontraron su vergonzante cúspide en el discurso de Davos en donde Milei asoció a la homosexualidad con el abuso infantil. Quizás gran parte de la popularidad del discurso mileísta pueda explicarse en el hecho de haber institucionalizado cierto lenguaje de larga data presente en el machirulismo de los sectores y las culturas populares.

    La muestra pública de amor entre Nacho Lago y su novio en este contexto cobra importancia ejemplar y singular coraje. En tiempos en que se pretende desacreditar o bajar el precio de las luchas LGBT+, en devolvernos al armario o al lugar del secreto, la vergüenza, la condena y la enfermedad, Lago propone que no hay nada vergonzoso, pecaminoso o patológico en el amor entre varones, sino que puede ser algo digno de orgullo, bienestar y felicidad. Asimismo, desacredita viejas y anquilosadas concepciones sobre el fútbol y habilita a que otrxs deportistas puedan vivir de manera libre —la verdadera libertad, no la que propone el Gobierno— su sexualidad, su identidad y sus formas de amar y sentir. Hace realidad una escena que en algún momento pareció simplemente un sueño o una utopía: la de los futbolistas varones besándose apasionadamente en la boca en la cancha de fútbol al son de y en el video de la canción “Nunca quise”.

    Que un joven bello, en la plenitud de la concupiscencia y de los atributos físicos, se presente frente a un Milei desvencijado tan solo con la frescura, la pureza y el lenguaje del amor irracional y de la legitimación del sexo anal, puede ser tan subversivo y nocivo para la ordalía neoliberal, como el Ángel-Demonio para la familia burguesa de Teorema de Pier Paolo Pasolini. Quizás baste con ese gesto para comenzar con el principio del fin de la larga noche de la infamia.

    La entrada Posición adelantada se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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