El Intendente Marcelo Orazi recibió el viernes al equipo ‘La Perla del Valle’ que fue subcampeón del Segundo Torneo Deportivo de Inclusión del Comahue de Goalball que se disputó el 5 y 6 de noviembre en el polideportivo Cumelen de nuestra ciudad.
En la oportunidad el Intendente los felicitó por el puesto logrado y por representar a Villa Regina en la competencia. Recordemos que la misma contó con equipos de otros puntos de la provincia y de Neuquén.
El goalball es un deporte de equipo para jugadores con ceguera o baja visión severa. Se basa en el uso del sentido auditivo para detectar la trayectoria de la pelota en juego y requiere una gran capacidad de orientación especial para saber estar situado en cada momento, en el lugar adecuado, con el objetivo de interceptar o lanzar la pelota.
Seis policías de un grupo táctico de la provincia de Santa Fe fueron condenados a penas de prisión efectiva por una secuencia demencial de delitos que los delatan en tres facetas: mejicanear partidas de cocaína a distribuidores para después venderlas, realizar allanamientos ilegales que hacían pasar como actos regulares para descubrir la droga, y también torturar con picana eléctrica a un par de dealers para que estos cantaran quiénes eran sus proveedores.
La secuencia se asemeja a una película hardcore donde efectivos de la policía rosarina se burlan de los fiscales, asaltan una casa donde saben que hay droga y se la llevan después de someter a una pesadilla a los que estaban en la vivienda. Lo que pasó en esa casa fue contado hasta por un nene de ocho años que estaba durante el allanamiento ilegal, que declaró en cámara Gesell desde una ciudad del norte del país donde se encontraba, porque después de sufrir esta brutalidad las personas involucradas como víctimas fueron sacadas de Rosario.
Los condenados pertenecen a un escuadrón especializado de la policía de Santa Fe, el Grupo Alfa de la Policía de Acción Táctica de la Regional Rosario. Abrumados por las pruebas estos aceptaron su responsabilidad en distintos hechos en juicios abreviados donde reconocieron ser culpables de torturas, allanamiento ilegal, falsificación de actas y venta de drogas. Queda con destino a juicio oral y público pendiente el jefe de todos ellos. Los fiscales federales actuantes consideraron que por la gravedad institucional del caso el máximo responsable del grupo, que es un oficial con solo ocho años de antigüedad en la fuerza, debe comparecer en una audiencia abierta.
Algunos detalles de lo ya probado entran en el terreno del delirio. El máximo jefe habla y se ríe de cómo el grupo acechó con el paso de electricidad a dos pequeños distribuidores para que delataran a los que les suministraban la droga. Disfrutan contando cómo les arrancaron la información con un sadismo naturalizado. Comentan entre risas lo que le hicieron a una persona a la que llevaron a un baldío. «Jajaja. Cómo lloraba el de la vía» dice uno de los policías. «No tiene desperdicio», le responde su colega. Finalmente el primero dice que necesita «dar otra sesión de masajes eléctricos».
Los hechos que motivan las condenas son tres. El primero ocurrió el 13 de agosto de 2024 cuando seis suboficiales del grupo ALFA fueron en dos móviles -los 10.065 y 10.533-a una casa de calle Forest 5624. Llegaron sin orden judicial ni motivo que lo justifique. Allí redujeron a Diego Andrés Inturias y José Luis Linares y los retuvieron a éstos junto con Perla Requejo y dos nenes de 8 años y un año. Fue durante 50 minutos sin dar aviso a ninguna autoridad judicial para apropiarse, según Inturias de más de una decena de panes de cocaína que había en el lugar, que eran entre 12 y 15 kilos de sustancia. También se llevaron armas de fuego y cuchillos de colección, cincuenta mil dólares e indumentaria que los ocupantes de la vivienda tenían para la venta.
El segundo hecho es que los mismos que participaron de ese allanamiento trucho y violento se ocuparon de vender al menos cuatro de esos ladrillos de cocaína días después en la ciudad de Santa Fe según consta en sus propios teléfonos. Por este hecho tres familiares del jefe del grupo policial -su esposa y dos cuñados- también fueron condenados.
El tercer incidente, el más negro de una secuencia impactante, fue el de los tormentos con picana y golpes contra Daniel Yufra y Jonatan Leiva. A quienes los policías le pasaron electricidad en el cuerpo para obtener datos del proveedor del ladrillo de cocaína que tenían. Yufra y Leiva fueron detenidos en la vía pública el 13 de agosto de 2024, en la calle Jean Jaures 5526 de Rosario. Tras conseguir de esa manera los datos que buscaban una hora después irrumpieron sin conocimiento judicial en la casa donde encontrarían la mayor partida de cocaína, y hacia donde según el seguimiento por GPS los móviles se trasladaron sin detenerse después de apretar a los dealers.
El único que después de estas condenas queda con un juicio oral pendiente es el aludido jefe del grupo, el oficial Guillermo Toledo. Que en una pormenorizada crónica de gangsters le cuenta a su colega Juan Angel Balais cómo obtuvieron la información para encontrar los 15 ladrillos de cocaína.
Encontramos a un loco en la puerta de un búnker. Le entramos a revisar el celular y tenía fotos de una metra, fierros. Lo secuestramos. Lo llevamos al medio del campo. Se llevó una cagada a palos.
«Encontramos a un loco en la puerta de un búnker. Le entramos a revisar el celular y tenía fotos de una metra, fierros. Lo secuestramos. Lo llevamos al medio del campo. Se llevó una cagada a palos. Con todo lo que le hicimos, no dijo ni una palabra. Le rompimos la cabeza a pistolazos, lo cagamos a palos con un fierro, lo meamos, lo ahorcamos. No sabés todo lo que le hicimos. Lo dejamos tirado en el medio de la nada, medio en pelotas. No dijo una palabra. Alto soldado era», dice Toledo.
Este audio está en un intercambio del 17 de septiembre de 2024. Unos meses antes, en abril del año pasado, Toledo le explica a un subalterno cómo obtener información en forma ilícita. «Los fierros que metimos la guardia pasada en el oeste, paramos a uno que tenía droga, a ver el teléfono… y es esa foto con los fierros. Y así es, ya le vas a encontrar la vuelta. Depende la dotación que te toque. Tenés que ir viendo cómo laburan los que están con vos», explica Toledo. Al imputar el caso el año pasado la fiscal María Virginia Sosa dijo de Toledo y la metodología de los operativos contada por él mismo: «Un verdadero pedagogo de la ilegalidad».
La reconstrucción de estos hechos surge a partir de que un equipo fiscal conducido por Javier Arzubi Calvo encontrara a los dos dealers torturados por los hombres de la PAT, a partir de testigos que dijeron que el día de los hechos vieron llorando a dos hombres adentro de una camioneta. Allí se estableció que habían sido torturados con picana eléctrica, hasta escupir lo que pedían, con el fin de llegar hasta el proveedor. Torturaban para obtener datos para llegar «al pescado gordo»
Que tenían una picana eléctrica quedó probado por las propias conversaciones de los policías. En un momento en que producían operativos efectivos del mismo grupo mencionaron la dirección de un lugar donde «volvieron a activar». Un integrante pregunta dónde es la acción y otro le responde: «Donde Balais hizo el secuestro de la picana». Ese lugar era un bunker y de allí lo robaron. ¿Dónde se encontró la picana? «En la mochila de suboficial Balais cuando fue allanado», dijeron los fiscales en la audiencia judicial del año pasado.
Un dato relevante es la juventud de los efectivos condenados. Son viejas prácticas de la policía, remarcaron los fiscales, encarnadas por uniformados nuevos. El que más trayectoria tenía en la fuerza santafesina al momento de los hechos llevaba ocho años de servicio. Ninguno era al momento de los hechos mayor de 36 años.
Ellos nos agarraron en la vía pública, en Jean Jaures, esa calle era una cortadita. Eran un montón… eran como cuatro patrulleros, tres seguro. Ahí nomás nos empezaron a picanear.
El testimonio en la causa de uno de los dealers torturados por la policía está volcado en las actas de acusación. «Ellos nos agarraron en la vía pública, en Jean Jaures, esa calle era una cortadita. Eran un montón… eran como cuatro patrulleros, tres seguro. Ahí nomás nos empezaron a picanear. A sacar la remera ¿viste? y a mostrarle acá la parte de la cola, a picanearnos. El primero fue un toquecito y ya de afuera, continuo nos dejaban y nosotros decíamos ¿por qué nos están haciendo eso? Si nosotros no estamos ni resistiendo a la autoridad ni faltando el respeto. Nos hacían agachar la cabeza, nosotros agachamos la cabeza y se reían. Se reían y a mi compañero después lo agarraron aparte. Y le dijeron a dónde había sacado. Nos pedían que les dijéramos dónde estaba el pescado gordo».
Los relatos de los que tenían la droga son impactantes y transparentes. La admisión de que tenían droga en su casa no les merecerá condena a raíz de la completa ilegalidad de los operativos policiales que son nulos para un trámite judicial. Quizá por eso hablaron con tanta elocuencia.
Uno de los tenedores de la cocaína, Diego Inturias, reveló lo que pasó cuando la brigada le tiró la puerta abajo en su casa de la calle Forest. «A los diez minutos que entraron pedí hablar con el jefe. Y ahí me sientan en la mesa con un policía gordito y me dice que él es el jefe». «Tenes huevo negrito eh, para hablar conmigo»…
Lo que sigue contado por el distribuidor es una película de mercenarios. «Ahí me sacaron del piso, me sentaron en la mesa de la cocina, el gordito se sentó en frente mío, cara descubierta, mía y de él, ahí yo le dije que ya perdí, dejá de lado mi familia, te entrego todo. Me dijo «¿pero qué tenes?» Hay de todo le dije, hay droga, dólares y pesos. Ahí ya habían encontrado las armas que estaban en el placard empotrado. Me dijo «tenes un montón de armas, ya estás re complicado con esto, me llevo una parte de las armas, lo otro lo dejo en la mesa, te dejo medio kilo de droga en la mesa así te dan poco tiempo, como mucho un año preso y vos le sacas toda culpa y todo cargo a tu familia». Le pregunté si estaba seguro si podía salir así, y me dijo que estaba seguro y que él sabía que como mucho en un año me daban la libertad. Me dijo «confía en mí que yo sé de esto». Ahí el gordito me dijo por qué habían llegado, «me dijo un amigo tuyo al que lo agarramos con un kilo te vendió. Tenía una camioneta gris. Lo agarramos con un kilo, cantó como un pajarito tu amigo»».
El equipo de investigación fue liderado por los fiscales federales Javier Arzubi Calvo y María Virginia Sosa. En el juicio abreviado aceptaron condena el policía Jesús Angel Balais a 7 años de prisión efectiva e inhabilitación absoluta por vejaciones y apremios ilegales, violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad, sustracción de elementos, falsificación de instrumento público y comercio de estupefacientes agravado.
También Fernando Nicolás Ferreira a seis años y medio por violación de domicilio y comercio de estupefacientes. Iván Severino Schneider a 4 años y seis meses por iguales delitos. Gerardo Sebastián Pérez a igual pena por mismos delitos. Sergio Nicolás Robledo a tres años y seis meses por la violación de domicilio y comercio de estupefacientes y Miguel Alberto Aguilar a dos años de prisión por incumplimiento de deberes de funcionario público. Todas las penas son de cumplimiento efectivo. Asimismo fueron sentenciadas a tres años de prisión tres familiares de Guillermo Toledo que participaron de la comercialización de la droga llevada de Rosario a Santa Fe.
Guillermo Toledo negocia el cierre de su caso con un acuerdo parcial de reconocimiento de culpa aunque habrá con él, jefe del operativo, lo que se llama un juicio de cesura donde la pena se discutirá en una audiencia oral y pública.
Los detalles que dieron los fiscales en las audiencias preliminares fueron increíbles. «La preocupación de Toledo no era que se descubriera su accionar ilegal. Queda muy claro en su teléfono que lo que más temía era que le robaran la droga que él había robado», dijo uno de los acusadores.
Las revelaciones surgidas de lo que contaron los involucrados en esta historia son abrumadores. Resalta lo que terminó de contar Inturias cuando llegaron a su casa a sacarle la droga y lo interrogaron por la plata que tuviera en la casa.
«Fui a buscar los dólares en una vitrina donde había fotos y demás, los dólares estaban entre unos libros de esa vitrina, los había guardado ese mismo día. Los escondí apenas tocaron el timbre los policías. Eran más de cincuenta mil dólares. Fui ahí mismo a buscarlos para entregárselos y no estaban. Ahí el gordito ya me empezó a decir que le mentía, que no había nada ahí. En ese momento se acerca el policía que tenía cara de viejo, lo codea al gordito y le dice que se calle en voz baja, que ya tenía la plata él, que ya la había agarrado. Ahí el gordito me dice a mí que me quede en el molde».
Sobre la cocaína que tenía en la vivienda, dijo Inturias sobre los policías. «Me llevaron a buscar la droga, todos estaban buscando, pero no habían encontrado droga todavía. Habían buscado hasta en las ventanas, fui a la pieza y les mostré dónde estaba la droga debajo de la cama. Estaban todos los policías ahí. Cuando vieron la droga, el gordito dice «Ya estamos chicos, ya estamos. Coronamos».
Hay gestos simples en apariencia que pueden encender la luz para iluminar el mundo. O la mecha de una pequeña revolución que hacen de cierto rincón del planeta un lugar más justo y amable, o simplemente más habitable para vivir, soñar y amar.Gestos como el de Rosa Parks, la costurera afroamericana que el 1 de diciembre de 1957 en Alabama no cedió su asiento de colectivo a un pasajero blanco y desató en Estados Unidos la subversión en pro de los derechos raciales. O el del joven hippie gay George Harris cuando, en medio de una movilización pacífica contra la guerra de Vietnam en Washington el 21 de octubre de 1967, colocó un clavel en el cañón del rifle de un militar y fue inmortalizado por la fotografía de Bernie Boston como el símbolo del Flower Power. O el de las trans y las travestis que dijeron “NO” y se rebelaron contra las razias policiales en las célebres gestas del bar neoyorkino de Stonewall. No es grandilocuente afirmar que el gesto de Ignacio “Nacho” Lago, el extremo de Colón de Santa Fe, de salir del clóset y presentar a su novio en público pertenece a esa tradición.
Es un hito en la historia del fútbol argentino: el primer futbolista en actividad de un club profesional en visibilizar públicamente su homosexualidad, rompiendo con más de un siglo de temores, vergüenzas, silencios y tragedias en ese deporte. Un gesto que, además, trasciende el fútbol. Por dos motivos: primero, porque subvierte uno de los lugares paradigmáticos a partir de los cuales se construyó la masculinidad hegemónica local, es decir, el machirulismo sobre el que se asienta la dominación masculina, la inequidad y las violencias por razones de género en Argentina. Y segundo —y no es un dato menor— porque lo hace en un momento histórico del país en donde el ultraderechista discurso oficial del gobierno nacional institucionaliza discursos de odio contra la comunidad LGTB+.
2.
El contexto fue Sangre y Luto, un programa dedicado al Club Colón de Santa Fe. En ella, el joven de veintitrés años recibió una sorpresa de la producción con breves testimonios de sus seres queridos que le manifestaban su apoyo, cariño y admiración. Entre ellos, sorpresivamente, las intervenciones incluyeron la del fotógrafo Gonzalo Huser, novio de Lago, que apareció con un mensaje personal aludiendo a la victoria por tres a cero de Colón sobre San Miguel y al tercer gol definitivo que tuvo como autor a Nacho:
“Hola, gordo, espero que te haya gustado la sorpresa. No me queda más que felicitarte y agradecerte por la excelente persona y el excelente profesional que sos. Sé toda la garra que le ponés a esto, sé que tenés un sueño. Te quiero mucho y gracias por defender los colores de mi ciudad”.
Un paralelismo sin precedentes entre la pasión por el deporte y la pasión amorosa entre varones. Si este hecho presenta un antecedente inédito para el fútbol local, no es menos la reacción de un Lago visiblemente emocionado que confesó sin rodeos la naturaleza del vínculo: “Es un amor irracional, lo vivimos de esta manera, igual que con el fútbol. Lo que sentimos, lo tratamos de expresar”. A su vez, Nacho alegó no sospechar siquiera de que su amado iba a aparecer en cámara: “No sé cómo no me di cuenta, vivo adentro de casa. Es muy atento y da sus muestras de cariño de manera muy especial”.
3.
¿Por qué debería importar, aún en pleno siglo XXI, la sexualidad de lxs deportistas? Porque el deporte en general —y particularmente el fútbol— sigue siendo uno de los últimos reductos del secretismo, la discriminación sexual y las acciones homo-lesbo-trans odiantes.
Hay y hubo historias dramáticas e incluso trágicas que de tan recientes todavía queman. El inglés Justin Fashanu (1961-1998) fue el primer futbolista abiertamente gay cuya vida terminó en el suicidio tras una existencia marcada por lesiones en el cuerpo, insultos en los ámbitos públicos y la doble discriminación por gay y negro. El uruguayo Wilson Oliver (1966) vio truncado su sueño de llegar a la primera división de su país porque la homofobia del ambiente lo obligó a recluirse. Y tantas y tantos otros seres anónimos vivieron o viven en silencio sus preferencias eróticas porque parecen discrepar o entran en contradicción con los ideales de los universos deportivos. Quizás quien mejor resumió en una frase las dramáticas vicisitudes de no tener una identidad heteronormativa y ser deportista fue el boxeador estadounidense Emile Griffith: “Maté a un hombre y el mundo me perdonó. Pero amé a un hombre y el mundo quiso matarme. Aunque nunca fui a la cárcel, estuve en prisión toda mi vida”. Se refería al asesinato de su rival en el ring, Benny Paret, luego de que este le dijera “maricón” al oído.
Cuando se piensa en y frente a estas tristes historias, las salidas del clóset cobran su verdadera relevancia: el hecho de que, más que afirmaciones individuales y subjetivas, son de naturaleza social y política. El concepto de “clóset” fue central en la construcción de las identidades homosexuales desde el siglo XIX porque ese “armario” donde se guardan secretos se construye al mismo tiempo que la identidad y el personaje homosexual.
Una de las grandes discusiones que plantea el clóset es la de la división entre la vida pública y la vida privada. Es decir, una de las defensas para continuar en el armario es la defensa de la vida privada. Quizá la respuesta es que el armario no es una estructura meramente individual, no pertenece estrictamente al ámbito privado de las personas. Salir del clóset, decir abiertamente que se tienen deseos y sentimientos amorosos hacia personas del mismo sexo, no es revelar la vida privada, sino ser parte de un proyecto colectivo que contribuye a cambiar concepciones negativas sobre la homosexualidad. Por ejemplo, la salida del clóset de algunos personajes públicos, como la de Lago, puede colaborar a que se dejen de hacer chistes ofensivos en los vestuarios, nominaciones injuriantes en las tribunas y en los espacios públicos. A erradicar definitivamente esa idea de hombría, de machirulo, de masculinidad hegemónica que, construida especialmente desde el fútbol, ha despreciado la vida de tantos seres humanos.
En contraposición al insulto y al odio que arruinó tantas existencias, es necesario salir del clóset y, de esa manera, construir una genealogía del orgullo que contribuya a nuevos proyectos de vida. En esa línea, la imagen de Nacho Lago declarando orgullosamente su “amor irracional” por su pareja se suma a la foto del año pasado del jugador de Boca, Sebastián Vega, subido al aro de básquet con la bandera multicolor. Y a otras tantas imágenes: la de la tenista francesa Amelie Mauresmo besándose con su novia tras consagrarse campeona en el Abierto de Australia de 1999; la del jugador de rugby Gareth Thomas sonriendo junto a su novio desde las tapas de la revista gay Attitude; la de Jason Collins, el jugador de básquet que desde la portada de Sports Illustrated afirmaba en 2013: “Soy negro, juego en la NBA y soy gay”. O la del boxeador puertorriqueño Orlando Cruz repartiendo trompadas en el ring luciendo el short multicolor.
4.
Desde sus orígenes asociados a inmigrantes que construían los ferrocarriles y su traslación a los potreros, el fútbol fue considerado en Argentina un espacio que definía a la masculinidad hegemónica y un ritual de ocio exclusivamente practicado por los “varones de verdad”.
En su estudio pionero sobre las masculinidades en Argentina, el antropólogo Eduardo Archetti indicó que el fútbol era el lugar de la masculinidad de los estratos populares y el polo el deporte paradigmáticamente rural asociado a los estancieros y las clases privilegiadas. Con el tiempo, en las figuras ejemplares de Maradona y Messi el fútbol se consolidó como aquel que podía dar lugar a la masculinidad tanto en la variante del mujeriego empedernido que reivindica sus orígenes populares como en la del esposo y padre ejemplar que ostenta una identidad empresarial que se codea con la ultraderecha estadounidense. Parafraseando al sociólogo Enrique Gil Calvo, desde el fútbol, Maradona y Messi podían encarnar alternativamente las máscaras masculinas de héroes, patriarcas y monstruos.
La salida del clóset de Nacho Lago es la construcción de un nuevo tipo de héroe, de una nueva forma de vivir la masculinidad donde cobra nuevamente valor el amor irracional en desmedro de otras relaciones viciadas por el poder o el dinero. Es la épica de un joven gay nacido en Isidro Casanova y encumbrado a las altas esferas de los deportistas de élite. Es decir, contrariando el viejo antagonismo entre masculinidad subalterna y éxito profesional, Lago se erige en futbolista prestigioso y popular sin necesidad de usar ninguna motosierra.
Es allí donde el discurso de la sexualidad, tan devaluado en los últimos tiempos, vuelve a cobrar el carácter renovador de la sociedad asociado a las gestas de los años sesenta y expresado en los grafitis de estudiantes en mayo del 68: “Cuantas más ganas tengo de hacer el amor, más ganas tengo de hacer la revolución”. O “Abran el cerebro tan a menudo como la bragueta”.
5.
En Masculinidades: fútbol, tango y polo en Argentina, Archetti supo explicitar las múltiples maneras en que el fútbol se erigió en espacio privilegiado para construir el machirulismo argento. Por un lado, en clave histórica, constituyó un universo típicamente masculino, un mundo “de varones sin mujeres” que se incluirían en lo que Eve Kosofsky Sedwick llama homosocialidad. Las comunidades homosociales se caracterizan por lazos vinculares —basados en la amistad, la fascinación o la admiración— exclusivamente entre varones. Con frecuencia, en la homosocialidad los varones están unidos por una fuerte intensidad afectiva que lo diferencia de la homosexualidad por su virulenta homofobia y desprecio a los homosexuales.
Eso más allá de la intensidad erótica que pueden alcanzar las relaciones entre varones que comparten la vida en espacios íntimos como el dormitorio y el vestuario. O de las fascinaciones eróticas entre los fanáticos de fútbol y ciertos jugadores que tan bien supo reflejar la película El hincha (1951) de Manuel Romero, interpretada por Enrique Santos Discépolo. O más allá de las freudianas sublimaciones y connotaciones homosexuales presentes en el propio objetivo del fútbol —ya señaladas por Juan José Sebreli—, consistente en meter el gol en el arco del patio trasero del adversario. O de la costumbre arraigada de tocar y abrazar al goleador del propio equipo. Más allá de apilarse los cuerpos masculinos como en una orgía con la excusa del festejo del gol, o tocando las nalgas de un compañero, la homosexualidad aparecía en el espacio de lo prohibido, de lo antinatural, de lo que no debía y no podía ser.
Por otro lado, la discriminación y exclusión de los homosexuales del mundo de los “hombres de verdad” podía expresarse en discursos de odio, bromas en los vestuarios, cánticos de las hinchadas o acciones violentas literales contra el cuerpo de los homosexuales. De esas y de otras maneras, las comunidades homosociales devenían centrales para reforzar la identidad masculina, el dominio social y las estructuras de poder patriarcales.
Por ello, el gesto ejemplar de Lago viene a socavar ciertas bases estructurales de la dominación masculina y, por lo tanto, de legitimación de la violencia simbólica y de la violencia física sobre las mujeres y las identidades alternativas a la heteronormatividad.
6.
No se suele analizar con demasiada frecuencia la relación existente entre los lenguajes políticos de Milei y sobre todo el uso recurrente del insulto personalizado con alusiones sexuales violentas —con particular obsesión con el sexo anal— y el lenguaje injuriante de las comunidades homosociales tales como las hinchadas de las canchas de fútbol o las barras de amigos y los vestuarios masculinos.
Una de las metáforas sexuales más recurrentes que utiliza el mandatario argentino para despreciar a sus opositores políticos es la del mandril, en referencia a los simios de nalgas desnudas y coloradss, donde sobrevuela la idea del sexo anal como una analogía del sometimiento corporal y político. Y que encontraron su vergonzante cúspide en el discurso de Davos en donde Milei asoció a la homosexualidad con el abuso infantil. Quizás gran parte de la popularidad del discurso mileísta pueda explicarse en el hecho de haber institucionalizado cierto lenguaje de larga data presente en el machirulismo de los sectores y las culturas populares.
La muestra pública de amor entre Nacho Lago y su novio en este contexto cobra importancia ejemplar y singular coraje. En tiempos en que se pretende desacreditar o bajar el precio de las luchas LGBT+, en devolvernos al armario o al lugar del secreto, la vergüenza, la condena y la enfermedad, Lago propone que no hay nada vergonzoso, pecaminoso o patológico en el amor entre varones, sino que puede ser algo digno de orgullo, bienestar y felicidad. Asimismo, desacredita viejas y anquilosadas concepciones sobre el fútbol y habilita a que otrxs deportistas puedan vivir de manera libre —la verdadera libertad, no la que propone el Gobierno— su sexualidad, su identidad y sus formas de amar y sentir. Hace realidad una escena que en algún momento pareció simplemente un sueño o una utopía: la de los futbolistas varones besándose apasionadamente en la boca en la cancha de fútbol al son de y en el video de la canción “Nunca quise”.
Que un joven bello, en la plenitud de la concupiscencia y de los atributos físicos, se presente frente a un Milei desvencijado tan solo con la frescura, la pureza y el lenguaje del amor irracional y de la legitimación del sexo anal, puede ser tan subversivo y nocivo para la ordalía neoliberal, como el Ángel-Demonio para la familia burguesa de Teorema de Pier Paolo Pasolini. Quizás baste con ese gesto para comenzar con el principio del fin de la larga noche de la infamia.
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