El Intendente Marcelo Orazi acompañó ayer domingo al Comisionado de Valle Azul Heber Trincheri, en el acto por el 50º aniversario de esa localidad.
En la oportunidad, Orazi, acompañado por el Secretario de Coordinación Ariel Oliveros, transmitió los saludos de toda Villa Regina en esta fecha tan especial.
“Como comunidad hermanas y vecinas, es mi deseo que continuemos transitando este camino de trabajo en conjunto en beneficio de nuestras localidades”, manifestó Orazi.
El ministro Toto Caputo salió a mostrar que el Gobierno tiene cubiertos los próximos vencimientos de deuda, pero dejó una frase que abrió otra discusión. El ministro reconoció que el swap con Estados Unidos de USD 20 mil millones está supuestamente disponible, aunque no puede usarse de manera automática, ni ingresa en las reservas. Si la Argentina necesitara activarlo otra vez, habría que volver a negociar con Washington.
La definición apareció durante la conferencia de prensa en la que Caputo presentó el programa financiero del Gobierno. La puesta en escena buscó transmitir calma. Pero la explicación sobre el swap dejó una zona gris.
«El swap con Estados Unidos está disponible. Si se requiriera, por supuesto tendríamos que ir a, tendríamos que charlarlo nuevamente», dijo Caputo. La frase fue el dato político de la conferencia. Confirmó que la línea existe, pero también reconoció que su uso depende de una nueva conversación con el Tesoro norteamericano.
Después completó: «hay como una especie de creencia que porque el año que viene es un año electoral, algo va a pasar. Nosotros, si bien nos preparamos para eso, no es el escenario base. De vuelta, nuestro trabajo es prepararnos para el peor escenario, y así lo hacemos».
Lo concreto es que para el mercado, el respaldo del Tesoro de Estados Unidos funcionaba como un prestamista de última instancia, comprometido a volcar la cantidad de dólares que sean necesarios para contener una corrida cambiaria, figura que se diluyó con las declaraciones del ministro.
El swap con Estados Unidos está disponible. Si se requiriera, por supuesto tendríamos que ir a, tendríamos que charlarlo nuevamente.
Caputo intentó desactivar la idea de que el año electoral pueda derivar en una crisis cambiaria o financiera. Pero al mismo tiempo reconoció que el Gobierno trabaja con un plan de emergencia. «Si uno mira las herramientas que vamos a tener el año que viene, son muchísimo más grandes y más amplias de las que tuvimos en el 2025», aseguró.
El ministro también ató la calma financiera a los fundamentos de la economía. «Pero la realidad es que creemos que estas reacciones obedecen también a los fundamentos económicos, o sea, no son casuales», afirmó. Luego agregó: «Y la economía va a seguir mejorando, la inflación va a seguir bajando, la economía va a seguir recuperando, y el escenario político se va a ir clarificando».
«Entonces, en ese escenario, la verdad, no creería que algo de eso va a pasar. Pero como dije, nos preparamos para que si eventualmente pase, no sea un, pues pasara, no sea un problema para los argentinos», cerró Caputo. La frase dejó expuesta la tensión del mensaje oficial. No espera una crisis, pero prepara un dique.
Lo cierto es que el swap con Estados Unidos nunca funcionó como una transferencia directa de dólares a las reservas. Al momento de la firma, no sumó un solo dólar a las brutas ni a las netas del Banco Central. Quedó asentado apenas como una «línea de liquidez vigente contractualmente» dentro de las notas marginales de los estados contables del BCRA.
El Tesoro de Estados Unidos también aclaró desde el inicio que no estaba transfiriendo dinero a la Argentina. Lo que habilitaba era un cupo disponible. Es decir, una línea que podía ser usada bajo determinadas condiciones. El Gobierno la presentó como un respaldo de gran volumen, pero en los papeles no engrosó la caja del Banco Central.
La operación también tuvo otra cara. Scott Bessent, el secretario del Tesoro norteamericano, la calificó públicamente como un negocio sumamente rentable para Estados Unidos. La describió como un «home run deal», un éxito total. No habló como un funcionario que había hecho asistencia financiera clásica. Habló como alguien que había cerrado una operación ganadora.
La estrategia que ejecutó el Tesoro de Estados Unidos mezcló auxilio geopolítico a Javier Milei con una jugada de mercado muy conocida en el mundo de los fondos de cobertura. Bessent viene de ese universo. Y la mecánica tuvo el ritmo de una apuesta financiera: entrar cuando el activo está castigado, cobrar tasa y salir cuando el precio mejora.
El primer movimiento fue comprar pesos baratos. Durante la corrida cambiaria previa a las elecciones legislativas de octubre de 2025, el Tesoro norteamericano volcó dólares del tramo activado, unos 2.500 millones, para comprar pesos argentinos en plena devaluación. Esa intervención ayudó a frenar la escalada del dólar libre y le dio aire político al Gobierno en un momento crítico.
El segundo movimiento fue hacer tasa. Los pesos adquiridos por Estados Unidos no quedaron quietos. Fueron colocados de inmediato en instrumentos financieros remunerados del propio Banco Central, con tasas muy elevadas, cercanas al 4 por ciento mensual en ese momento. Según balances oficiales posteriores del BCRA, la Argentina terminó pagándole al Tesoro norteamericano más de 17 millones de dólares netos sólo en concepto de intereses por el trimestre que duró la operación.
El tercer movimiento fue la salida con ganancia. En enero de 2026, ya con el mercado cambiario estabilizado después de las elecciones, el Gobierno argentino recompró la totalidad de esos pesos y le devolvió los dólares a Washington. Estados Unidos se desprendió de los pesos a un valor conveniente y cerró su posición con decenas de millones de dólares en ganancias líquidas.
El resultado fue nítido. Washington no se quedó con un solo peso argentino en su cartera. Cobró intereses. Recuperó los dólares. Y además obtuvo una ganancia financiera sobre la operación. Para Estados Unidos fue una jugada redonda. Para la Argentina, fue una asistencia con un costo significativo.
La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa que el próximo domingo 9 a partir de las 15 horas se realizará una nueva edición de la Feria ReEmprender en la Plaza Primeros Pobladores. Allí, artesanos y pequeños emprendedores podrán exponer sus productos y generar espacios de intercambio y promoción. Desde el área…
La crisis del empleo se espiralizó en el primer cuatrimestre de 2026. De acuerdo a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre enero y abril cerraron 5.654 empresas con la desvinculación laboral de 43.680 trabajadores registrados.
Muchas de estas empresas son de rubros golpeados directamente por la apertura de importaciones y el aumento exponencial de los costos de producción. Entre los sectores más golpeados, aparecen el textil, calzado, autopartes, neumático, metalúrgico, entre otras.
En ese cuadro, especialistas advierten una mutación acelerada del mercado laboral que tiene como aspecto central un corrimiento del trabajo asalariado al cuentapropismo, las apps y múltiples actividades informales y precarias.
Es ahí donde el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, advirtió que casi un millón de puestos de trabajo asalariados se perdieron durante la última década y que casi la mitad de ese número responde a los últimos tres años.
«En situación de desempleo, la opción disponible es pasar a un autoempleo informal. No tenés un empleo formal asalariado disponible, entonces la primera reacción que tenés es pasar a un rebusque», dijo Salvia a Infobae.
Según un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social Argentina, el 29% de quienes salen del sistema de empleo formal se incorporan dentro de ese abanico de ocupaciones informales, un tendencia que -alertó- «se agravó notablemente».
«La desocupación no es del 6%. Si sumás los trabajos de changa de distinta naturaleza, el desempleo en Argentina se acerca al 28 o 30%», agregó Salvia, que habló de un 30% de la fuerza de trabajo en Argentina de alta productividad frente a un70% de subproductividad.
El copresidente de la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (Eurolat), Jorge Pizarro, dijo este lunes ante la delegación europea de este organismo que América Latina «no será la misma» después de la pandemia de coronavirus, que dejó al continente en una «delicada» situación, y alertó sobre el riesgo de que resurjan «nacionalismos y voces que busquen cerrar…
Los cubano-norteamericanos hermanos Mas Canosa le ganaron la pulseada a Paolo Rocca y Marcelo Mindlin y se quedaron con la licitación internacional de un nuevo gasoducto de Vaca Muerta. De aceitados vínculos con Trump, concretaron así su plan desembarcar en la Argentina de Milei, que había fracasado en un primer intento.
Jorge Mas es el líder de la familia y es conocido por ser el presidente del Inter de Miami que sumó a estrellas como Lionel Messi, Rodrigo de Paul, a Javier Mascherano como entrenador y tiene como socio a David Beckhan. Muy cercano a Trump, el empresario llevó a todo el equipo del Inter a la Casa Blanca a compartir una foto con el presidente de Estados Unidos.
Pumpco, la compañía de los hijos del histórico dirigente y empresario anti castrista Jorge Mas Canosa, triunfó asociada con la italiana Bonatti y Contreras Hermanos, una compañía argentina.
Se trata de una obra clave de 1200 millones de dólares que permitirá la exportación de gas natural licuado que extraen YPF, ENI y XRG. El gasoducto se extenderá desde la Meseta Buena Esperanza en Vaca Muerta hasta Sierra Grande. La oferta ganadora fue 15% más barata que la de Techint-Sacde.
Pumpco, la compañía de los hijos del histórico dirigente y empresario anti castrista Jorge Mas Canosa, triunfó asociada con la italiana Bonatti y Contreras Hermanos, una compañía argentina.
El nuevo gasoducto de Vaca Muerta tiene 527 kilómetros de extensión hasta la terminal de exportación. Correrán en paralelo dos ductos, uno de gas de 48 pulgadas de diámetro y otro para líquidos de 24 pulgadas, según informó La Nación.
Pumpco, una empresa que pertenece a MasTec, la compañía fundada por Jorge Mas Canosa y que ahora lidera su hijo Jorge Mas, buscaba desde hace años desembarcar en la Argentina. José Mas es el CEO de MasTec.
Como contó LPO, desde la época de Sergio Massa, los empresarios cubano norteamericanos querían hacer pie en el país. Con la reactivación de los proyectos vinculados a Vaca Muerta y el impulso de Donald Trump, los Mas Canosa comenzaron a competir en distintas licitaciones.
Se presentaron en la reversión del gasoducto norte, en el oleoducto Vaca Muerta Sur y en el gasoducto de SESA, pero siempre perdieron ante Techint-Sacde.
MasTec cuenta con 22 mil empleados. La información contable de la empresa está a la vista porque la compañía de los Mas cotiza en la Bolsa de Nueva York. La compañía construyó más de cinco mil gasoductos y oleoductos en EEUU.
Si bien MasTec ganó la licitación, aún falta que se confirme el proyecto, algo que debería ocurrir entre fines de 2026 y principios de 2027.
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