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Nuestro huso horario no tiene sentido

Llega poco a poco el verano y en Argentina notamos algo, los días se exitenden hasta bien entrada la noche.

¿Es porque estamos muy hacia el sur? ¿Cerca del círculo polar? No señores, es porque somos unos pelotudos y usamos un huso horario que no tiene nada que ver con nosotros.

Si bien tenemos casos peores donde los husos son ajustados a fracciones de hora que tampoco tienen sentido lo nuestro no responde a ninguna lógica.

En otra época, y con ello me refiero a cien años atrás, podría llegar a haber tenido sentido porque, supuestamente, el huso horario -3 era para aprovechar las horas de luz de forma laboral.

Es por esto que muchos países todavía, de forma estúpida y primitiva, insisten con el «horario de verano» que nunca sirvió para absolutamente nada.

Usar un horario coordinado entre países tiene sentido, a veces, para los negocios. Así pues en Europa se suele mantener lo más posible un mismo huso aun a sabiendas de que, por un lado España queda medio torcido y por el otro los de Europa del Este también, pero dentro de todo es bastante cómodo para ellos.

Ahora bien, llega el verano y arruinan toda esa comodidad porque empiezan los ajustes de verano y no son coordinados: cada uno decide si lo hace o no.

Si trabajaste como developer y tuviste alguna vez que lidiar con time zones ya sabrás el delirio que es esto, si nunca lo hiciste, imaginen que nuca ningún sistema tiene toda la información correcta de decisiones polítcas y algo «va a fallar», siempre.

Horario universal

Existe el horario » Coordinated Universal Time» (UTC) que no varía y tiene un eje central, algunos hasta proponen usarlo como el horario del mundo.

Es decir, abolir completamente las zonas horarias y pasar a usar la misma hora al mismo tiempo en todo el mundo.

Esto tiene ciertas ventajas (los sistemas serían más sencillos, claro), pero sin dudas no es «humano», rompería otros esquemas, los sociales.

Deberíamos cambiar completamente nuestra concepción del tiempo a algo universal cuando siempre fue local. El sol sale a tal hora y se va a tal otra, así fue en tu cerebro desde que naciste, siempre tuvo lógica porque tu pequeño grupo social vive en un lugar del mundo, no en todos a la vez.

Miren este mapa, dónde está Argentina? Donde debería

Horario de boludos

Ahora bien, tenemos como huso horario el -3 que corresponde a Groenlandia o Río de Janeiro, no hay ninguna parte de nuestro país que esté en -3, la mayoría está perfectamente en -4 y un tercio en -5 inclusive.

Supongamos que, por coordinación, preferimos quedarnos en -4 como hace Chile y listo, ya es más sencillo todo, en la misma franja horaria de Chile, Bolivia, Paraguay, medio Brasil, Venezuela, medio Caribe y la puntita de Canadá.

Argentina se había sumado al sistema internacional de husos en 1920 adoptando el -4 durante el gobierno de Irigoyen y recién en 1930 se optó por el horario de verano.

Miren este mapa, dónde está Argentina? Donde debería

En contexto tendría sentido, insisto, porque casi todo el país no tenía luz eléctrica, era un lujo de ciudad, en el campo había que trabajar aprovechando la luz del sol. Así que de 1930 a 1969 se usaba el cambio de hora.

La cagada se concretó con Onganía que decidió cortar con este inútil cambio y la dejó como estaba… sin volverla a -4, la dejó en -3! Al pedo!

Para el tercer gobierno de Perón volvieron a la hora de verano pero la pasaron a -2! es la hora de las pocas islas que hay en medio de la dorsal oceánica del Atlántico, un delirio!

Hay casos peores pero ¿Por qué no arreglarlo?

Algunos países tienen varios husos en su extensión, los dos mejores ejemplos son los EEUU y Rusia, hacen malabares pero más o menos dejaron el territorio dividido por las zonas horarias que les correspondían.

Pero tenemos casos como China que tiene uno sólo para todo el país, +8, y si uno se va a Pakistán pasa a +5 de golpe, tres de diferencia, o Afganistán 4 horas y media (si, y media), o India… 5 horas y media! Un país como India hace eso de meterle media hora! Podrían ser +5 pero no, le mandaron media para acomodar todo el país en cierto «promedio» imaginario.

Dato tonto: si uno sale de las Islas Christmas un día llega a Hawaii el día anterior 😛 El otro día conocí a alguien que había hecho ese viaje justo en año nuevo, así que salió en 2019 para llegar a destino en 2018.

Pero ¿Por qué no podemos ajustar nuestro horario?

No hay nada que nos lo impida, el país está casi en su totalidad electrificado, ya no hace falta aprovechar esa luz, menos en verano, y todos los horarios laborales se pueden , tranquilamente, ajustar a las circunstancias.

En casi la totalidad del país menos las grandes ciudades la gente no trabaja en el horario de la siesta. Si es en localidades muy calurosas dejan una brecha en medio de su horario. Ellos mismos fueron creando las reglas para que esto funcione así.

En los únicos lugares donde se sigue a rajatabla una tabla de horarios ridícula y nada adaptada al humano es en las grandes urbes. Por alguna razón se asumió que lo que se hacía en las grandes ciudades del mundo funcionaba y no, resultó ser totalmente alienante y poco eficiente.

Pero ¿Por qué debería seguir sosteniéndose eso? Además, si la idea es que aproveche la luz del sol corramos todo para que, al salir de la oficina, todavía sea de día y listo! Me voy a disfrutar del «día» aunque sean las 10 de la «noche» 😀

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    Milei reordena los subsidios al gas

     

    Con un DNU firmado en pleno ajuste, el Gobierno modificó el Plan Gas.Ar para “aplanar” las tarifas durante el año. El cambio garantiza el cobro de las petroleras y traslada al Estado —y al presupuesto— el costo completo de la variación estacional del gas.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    El Decreto 26/2026, publicado este lunes en el Boletín Oficial, introduce una modificación clave en el Plan Gas.Ar para hacerlo compatible con el nuevo régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF). Bajo el argumento de evitar saltos tarifarios en invierno, el Gobierno de Milei resolvió que el precio del gas que pagan los usuarios se calcule como un promedio anual, eliminando el diferencial estacional visible en las boletas. Sin embargo, el trasfondo del cambio deja una certeza: el Estado pasa a absorber íntegramente las diferencias de precio, garantizando la renta del sector hidrocarburífero.

    La medida se adoptó por Decreto de Necesidad y Urgencia, sin debate previo en el Congreso, y redefine uno de los puntos centrales del esquema creado en 2020 para asegurar producción local de gas y reducir importaciones.


    Precio “plano” para el usuario, cobertura total para las petroleras

    El núcleo del decreto es la sustitución del punto 13 del Plan Gas.Ar, que habilita explícitamente a la Secretaría de Energía a fijar un Precio Anual Uniforme del gas. Ese valor será el que llegue a los usuarios residenciales, independientemente de la época del año.

    En la práctica, esto implica que:

    • En verano, cuando el gas es más barato, el usuario pagará un precio más alto que el de mercado.
    • En invierno, cuando el gas es más caro, el usuario pagará menos que el precio real de abastecimiento.

    La diferencia —ya sea a favor o en contra— queda siempre a cargo del Estado nacional. El decreto es explícito: el Tesoro cubrirá cualquier desfasaje entre el precio anual uniforme y el precio que surge de las subastas del Plan Gas.Ar, ajustadas por estacionalidad.

    De este modo, las empresas productoras cobran el precio pleno comprometido, sin asumir riesgos por la nueva modalidad de facturación al usuario.


    Subsidios “focalizados”, pero garantizados

    El Gobierno presenta la medida como parte del ordenamiento de los subsidios energéticos. Sin embargo, lejos de reducirlos, el decreto consolida un esquema donde el Estado actúa como amortiguador absoluto del sistema. No solo subsidia cuando el precio es alto, sino que también administra compensaciones inversas cuando el precio de mercado es menor.

    Para ello, el DNU ordena modificar el régimen de cálculo de compensaciones del Plan Gas.Ar, admitiendo que:

    • En algunos meses el Estado deba pagar montos adicionales a los productores.
    • En otros meses, se realicen deducciones.
    • El balance cierre siempre a favor de la estabilidad del negocio energético.

    El objetivo declarado es evitar cortes en la cadena de pagos y garantizar previsibilidad al sector, aun en un contexto de ajuste fiscal severo sobre jubilaciones, salarios y políticas sociales.


    Ajuste para abajo, blindaje para arriba

    Mientras Milei sostiene un discurso de “déficit cero” y poda del gasto público, el Decreto 26/2026 muestra otra cara de la política energética: cuando se trata del gas y de las petroleras, el Estado sigue siendo garante de rentabilidad. El riesgo del mercado no se traslada a las empresas, sino al presupuesto público.

    En términos concretos, el usuario puede ver boletas más estables a lo largo del año, pero el costo estructural del sistema sigue recayendo sobre el Estado, en un esquema que posterga cualquier discusión de fondo sobre tarifas, renta energética y soberanía sobre los recursos.

    El DNU ahora deberá ser tratado por la Comisión Bicameral del Congreso. Pero, como ya es habitual, el modelo queda en marcha: precios “suavizados” para el consumo, negocios asegurados para arriba y un Estado que paga la cuenta.

     

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