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MORBOSIDAD Y VIOLENCIA MEDIÁTICA

El virus mutó y se transformó en un medio masivo de comunicación que no para de propagarse monotemáticamente.

Un medio masivo de comunicación que está a la espera de un nuevo anónimo contagiado, un nuevo muerto que desfilará por sus indiferentes venas de transmisión de pura catástrofe.

La morbosidad devorando nuestras miradas atrapadas en un mundo en constante alerta. Noticias compulsivas que nos recluyen en un miedo absoluto que nos paraliza, y nos envuelve en un imán de violencia mediática. Nadie nos proteje de su violencia ni de su morbosidad, está en nosotros en permitirles que continuen con ese irrespetuoso e indigno patrón de comunicación.

Y si no es el tema de moda que todos los medios transmiten al unísono, será otro tema que gire nuevamente entre el escándalo y la catástrofe.


¿Habría una posibilidad de poner a los medios masivos y morbosos de comunicación en cuarentena? ¿Habrá alguna regulación que les impida ejercer tanta violencia simbólica? ¿Habrá algún ente autónomo que los regule de alguna forma?

Estamos de acuerdo con la libre expresión, y con la ley de medios, pero cuando la salud emocional o psicológica está en juego por las maneras en que se transmite la información, algún límite en sus formas debe instaurarse.

Hay un ligera brecha para mantener los criterios de realidad y estar informados.Sin embargo, la invasión desmedida y desregulada de los morbosos medios de comunicación masiva está generando un profundo trauma social, por eso está en nosotros a empezar a demarcar los límites entre lo permitido y la violencia.

¿Podremos seguir soportando socialmente tanta calamidad y cacería de urgentes noticias que nos lastiman?

Portada: Germán Busin

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  • Se parte la UIA: Moretti destrozó a Caputo y Rappallini salió a desautorizarlo

     

    La tensión entre la industria y el gobierno de Javier Milei terminó abriendo una interna feroz dentro de la propia central fabril. En pocas horas, Guillermo Moretti acusó a Luis Caputo de ser un «trader que no sabe lo que es un torno», Martín Rappallini reclamó por la caída de la actividad y el costo de la energía, Caputo respondió que no gobierna para «determinados empresarios» y, cuando todavía quedaba humo sobre el campo de batalla, el presidente de la UIA salió a desautorizar a su vicepresidente. 

    La secuencia arrancó apenas una hora antes del acto oficial por el Día de la Industria. Moretti, uno de los vicepresidentes de la UIA y referente industrial de Santa Fe, decidió romper todos los diques. «Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es la industria, no tiene idea», afirmó en una entrevista concedida a El Destape. Y apuntó directamente contra Caputo: «Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno». También cuestionó el crecimiento del patrimonio del ministro y sostuvo que sus finanzas personales habían aumentado «un 37% en dólares» mientras la Argentina se endeudaba. 

    Moretti fue bastante más lejos que la posición institucional que venía preparando la UIA. Habló directamente de «una política de desindustrialización» y vinculó la supervivencia fabril con las escuelas técnicas, las universidades, el CONICET y el INTI. También puso el foco sobre la diferencia entre los sectores beneficiados por el modelo. «Hay sectores en los que este Gobierno está apostando muy fuerte, el tema de la minería, energía y el petróleo», dijo, mientras describió a la industria manufacturera en una situación «muy difícil». 

    El clima ya venía cargado desde la víspera. Rappallini había anticipado que preparaba un discurso duro para el Día de la Industria y el Gobierno respondió vaciando políticamente el encuentro. El acto se hizo en la planta del Laboratorio Elea, en Malvinas Argentinas, ante unos 200 industriales y sin funcionarios nacionales de primera línea. 

    Choque total del gobierno con la UIA: el vice dijo que Caputo es un trader y Milei bajó a Santilli del acto

    Sin embargo, cuando Rappallini subió al escenario, su discurso terminó pareciendo moderado al lado de la descarga de Moretti. El presidente de la UIA presentó números muy duros: la producción industrial está 10% por debajo de 2022, hay ramas con caídas de entre 25% y 30% y desde agosto de 2023 se perdieron 90.000 empleos asalariados registrados. «La economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad», afirmó.Ese punto toca uno de los nervios del programa económico de Caputo. 

    Rappallini destacó que durante los últimos dos años los precios industriales subieron alrededor de 140%, contra un incremento cercano al 190% del nivel general y del 400% en los servicios. «La industria le está poniendo el hombro en la estabilización», dijo. 

     Guillermo Moretti 

     El reclamo más concreto apareció con la energía. Rappallini denunció que numerosas empresas, especialmente pymes, recibieron facturas de gas y electricidad que se multiplicaron entre tres y cinco veces. La UIA atribuye parte del salto a la decisión oficial de trasladar a los industriales el diferencial generado por el costo de importación de energía y viene reclamando un mecanismo de compensación. «Seguimos aguardando una respuesta», lanzó. 

    Al mismo tiempo pidió que Vaca Muerta no sea únicamente una plataforma para exportar hidrocarburos sino también una palanca para exportar producción industrial argentina. 

    La central fabril desplegó además una agenda de siete puntos: recuperación de actividad y crédito, reducción del costo argentino, defensa frente a la competencia desleal, energía, morosidad, infraestructura y modernización laboral. Rappallini pidió un «puente» entre la economía que queda atrás y la economía competitiva que pretende construir Milei. 

    También reclamó un pacto fiscal industrial para reducir impuestos nacionales, provinciales y municipales y advirtió que en algunos sectores los productos ingresados por circuitos irregulares representan entre 30% y 50% del mercado. «Esto lejos está de ser libre mercado», afirmó. 

    Caputo no dejó pasar el desafío. Horas después, durante el foro Vientos de Cambio, defendió el programa económico y rechazó el diagnóstico industrial. «El camino en el que estamos es el correcto. Estamos en un proceso de reconversión», afirmó. Después trazó la frontera política de la discusión: «El mío como ministro es defender el interés de todos los argentinos, no el de algunos o el de alguien en particular». 

    El ministro endureció todavía más la respuesta. Dijo que el modelo anterior había protegido empresarios mediante subsidios en energía, tipo de cambio y precios, y aseguró que la economía ahora crecerá «en dos velocidades». Sobre Moretti fue tajante: «El feedback de las industrias no es el que dijo hoy el vice de la UIA». Según Caputo, muchos empresarios entienden que llegó el momento de «reconvertirse» e invertir. «Si no nos adaptamos al mundo, cerremos las fronteras», resumió. 

    Milei completó la pinza esa misma tarde. En el mismo foro descartó cualquier flexibilización del programa por razones electorales. «El resultado fiscal no se negocia», afirmó. Y agregó: «No vamos a negociar la política monetaria porque no vamos a parar hasta terminar de derrotar la inflación». El Presidente condensó su posición en una frase que dejó poco margen para las demandas industriales: «Las buenas políticas no se negocian».

    Pero cuando parecía que la historia quedaba reducida al choque entre el Gobierno y los industriales, apareció el capítulo más incómodo para la UIA. Rappallini salió públicamente a despegarse de Moretti. Y lo hizo con una dureza que llamó la atención. 

    Después llegó la estocada. En LN+, Rappallini buscó bajar la temperatura y se mostró mucho más conciliador con el Gobierno. «Nosotros estamos de acuerdo con el orden macroeconómico, estamos de acuerdo con el equilibrio fiscal, estamos de acuerdo con bajar la inflación», afirmó. Y aclaró que la discusión con Caputo pasa por la economía real: «Lo que planteamos es que ahora tenemos que crecer». 

    También buscó quitarle amortiguar el choque: «No estamos en contra del Gobierno, estamos planteando una agenda industrial». Rappallini defendió además el rumbo general y sostuvo que «hay muchas cosas que se hicieron bien», aunque advirtió que «la actividad está claramente amesetada». 

    Rappallini sostuvo que Moretti «puede tener su propia mirada», pero aclaró que sus declaraciones representan «una posición personal o provincial, no la posición institucional de la UIA». Incluso recordó que la entidad tiene ámbitos internos para procesar las diferencias antes de expresarlas hacia afuera. El presidente de la central fabril terminó marcándole los límites a su vicepresidente en público.   

    El contraste con Moretti quedó expuesto. El presidente de la UIA se preocupó por dejar un puente tendido hacia Economía.

    Hay además un dato que vuelve más delicada la posición de Rappallini frente al Gobierno. El empresario es inversor del Proyecto San Jorge Cobre Mendocino, la mina de cobre y oro de Uspallata que ingresó al RIGI. El proyecto había sido presentado inicialmente por unos 630 millones de dólares y finalmente fue aprobado con una inversión total proyectada de 891 millones de dólares

    La pelea con Caputo dejó así una grieta expuesta dentro de la principal organización industrial del país. Moretti pateó el tablero, Rappallini trató de ordenar las piezas y el Gobierno aprovechó para reafirmar que no piensa modificar el rumbo. 

     

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  • «La declaración de Trump sobre Malvinas es una presión al Reino Unido, no un gesto a Milei»

     

    La cadena nacional anunciada para el jueves por Javier Milei promete incluir una anuncio sobre las Islas Malvinas. El Presidente se entusiasmó con el guiño que insinuó Donald Trump y llevó el tema a la reunión de gabinete de este martes en la que aseguró que había avances «fuertes» sobre el pedido de soberanía.

    En ese marco, afirmó en un reportaje con El Observador que  «Ayer ha pasado algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada de los argentinos».

    El misterio alrededor del futuro discurso abre una serie de interrogantes relacionados con medidas y propuestas vinculadas con una agenda que Milei siempre esquivó e incluso lo mostró cerca de la posición inglesa sobre la autodeterminación de los kelpers o reprochó la bandera desplegada por la Scaloneta en la semifinal del mundial contra Inglaterra.

    En este contexto, Mariana Altieri, Doctora en Ciencias Sociales y Presidente de Fundación Meridiano de Asuntos Internacionales y Política Exterior, habló con LPO y dijo que «la declaración de Donald Trump es relevante porque es la primera vez que un presidente de Estados Unidos da este espaldarazo, pero no deja de ser un declaración de un líder como Trump que es rupturista respecto de la diplomacia tradicional norteamericana pero se caracteriza por no cumplir con aquello con lo que amenaza. Por eso, hay que tomarlo con pinzas porque no lo dice pensando en Argentina, no es un gesto hacia Milei y sino que está marcado su vinculación con Europa y en especial  con Reino Unido y sus socios de la OTAN».

    Milei ahora juega la carta Malvinas, entusiasmado por el guiño de Trump

    La autora del Libro «Malvinas y Gibraltar, Conflictos Atrincherados», afirmó que «Trump usa Malvinas como un elemento más para presionar a Reino Unido para que aumente el gasto en defensa. Si EEUU utiliza su postura respecto de Malvinas para presionar a los británicos es porque Malvinas es un tema importante para la política exterior británica, si no no lo utilizarían».  

    Hay que tomarlo con pinzas porque no lo dice pensando en Argentina, es decir, no es n gesto hacia Milei y mucho menos una lógica de cambio de mirada sobre la región sino es sobre su vinculación con Europa y en especial con Reino Unido y sus socios de la OTAN

    En ese sentido, Altieri planteó que «la alianza que tiene Trump con Milei es más un aprovechamiento de la alineación total de Milei que puede darle cierta viabilidad  a esta amenaza. Esto no significa que lo cumpla. La alianza de Estados Unidos con Reino Unido es sostenida en el tiempo, integral, estratégica y de iguales. Nosotros tenemos una relación profundamente asimétrica con ambos y la realidad es que a EEUU le sirve que el Reino unido tenga el control del Atlántico Sur. La comandancia de eso está en Malvinas». 

    «Occidente disputa con China que está invirtiendo en la Antártida y tienen cada vez más presencia y eso es lo que le preocupa a EEUU. Por eso, le conviene que Reino Unido tenga presencia en esa zona antes que Argentina, dado que puede venir otro gobierno con más afinidad con China o que quiera entrar a los BRICS. En ese marco es que dudo que EEUU quiera que se avance con el reclamo de soberanía», añadió.

    Para la especialista, «la política de Milei sobre las Malvinas está en dentro del gran paraguas de toda su política exterior que es su alineamiento total con Estados Unidos, lo cual es complejo porque no estamos hablando de un realismo periférico con una idea de cuáles son lo intereses de la Argentina como país medio latinoamericano de alinearse con la potencia emergente y sacar provecho, como ocurrió con el menemismo o planteaba Carlos Escudé». 

    «La idea de hacer una buena letra, buen vínculo con la OTAN y lograr que Reino Unido nos transfiera las islas porque no nos considera una amenaza. Mi perspectiva es que no vamos a conseguir eso desde ese lugar porque quedo demostrado que ese tipo de cooperación favorece la ocupación y Reino Unido se ha aprovechado del paraguas de ocupación de los 90, el pacto Foradori-Duncan posterior y no hay ninguna intención real de cedernos soberanía», continuó.

    A su vez, remarcó que «lo que está haciendo Milei con su política va mucho más allá que eso porque no está haciendo una evaluación de los intereses argentinos sino que defiende el propio interés norteamericano como nuestro interés y por eso lleva adelante gestualidades para mostrar que tan alineados estamos. Nos ha causado mucho daño en posturas históricas que generaron malestar en aliados importantes en el debate de la descolonización como el G77 y todo el Sur Global, es decir, nos debilita en lugar de darnos espalda para negociar».

    Trump dijo que podría revisar el apoyo a Gran Bretaña en la disputa por Malvinas

    La analista internacional señaló que «para Milei y su gobierno, Malvinas es un problema, una piedra en el zapato en la relación de Estados Unidos y Reino Unido porque queremos ser los mejores amigos y no podemos. Lo de Milei es pensar que EEUU va a hacer que nos devuelvan las islas, es una entrega absoluta de la soberanía, por eso va a querer mostrar como logro propio esta declaración de Trump».

    Para Milei y su gobierno, Malvinas es un problema, una piedra en el zapato en la relación de Estados Unido sy Reino Unido porque queremos ser los mejores amigos. Lo de Milei es pensar que EEUU va a hacer que nos devuelvan las islas, es una entrega absoluta de la soberanía, por eso va a querer mostrar como logro propio esta declaración de Trump

    «Si Trump llegara a hacer una declaración de apoyo total a la soberana argentina de las Malvinas hay que saber como usarlo, es una ventana de oportunidad y es mejor que esté a que no esté, pero si no tenemos una estrategia que incomode a los británicos no va a servir de nada», apuntó.

    Por último, Mariana Altieri planteó que «hay una deuda pendiente de la democracia a la hora de pensar una estrategia de recuperación de las Islas Malvinas, la derrota en la guerra generó un trauma que nos impide pensar una política de sostenimiento de la soberanía y una estrategia para su recuperación. Si mañana Trump presiona a los británicos y Argentina se sienta en una mesa de negociación, no tiene nada que decir respecto a lo que está dispuesto a ceder o no. ¿Qué hacemos con los recursos naturales y su explotación? ¿Qué hacemos con la base militar? ¿ Y la población implantada? ¿Son argentinos porque nacieron en nuestro territorio? Hay discusiones que tenemos darnos para que esto sea viable».

    «Lo que nosotros planteamos es la idea de la defensa revisionista que nos permita romper el aislamiento artificial. Implica invertir en defensa porque no tenemos la capacidad de ocupar el Atlantico Sur, proyectar poder sobre las islas pacíficamente, tener los F-16 asentados en Río Gallegos, tener capacidad submarina y ocupar el Atlántico Sur, no sólo militarmente sino tenemos que poder pescar, ofrecer licencias, sancionar a las empresa que pescan ahí con licencia britana y a las empresas de hidrocarburos para subir el costo de la ocupación. Romper el aislamiento artificial es pensar una política para la sociedad civil de las islas, tener un canal de diálogo que no implica reconocerlo como interlocutor pero que son un actor dentro de la política británica. Hay que evitar facilitarle la ocupación», concluyó. 

     

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