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MORBOSIDAD Y VIOLENCIA MEDIÁTICA

El virus mutó y se transformó en un medio masivo de comunicación que no para de propagarse monotemáticamente.

Un medio masivo de comunicación que está a la espera de un nuevo anónimo contagiado, un nuevo muerto que desfilará por sus indiferentes venas de transmisión de pura catástrofe.

La morbosidad devorando nuestras miradas atrapadas en un mundo en constante alerta. Noticias compulsivas que nos recluyen en un miedo absoluto que nos paraliza, y nos envuelve en un imán de violencia mediática. Nadie nos proteje de su violencia ni de su morbosidad, está en nosotros en permitirles que continuen con ese irrespetuoso e indigno patrón de comunicación.

Y si no es el tema de moda que todos los medios transmiten al unísono, será otro tema que gire nuevamente entre el escándalo y la catástrofe.


¿Habría una posibilidad de poner a los medios masivos y morbosos de comunicación en cuarentena? ¿Habrá alguna regulación que les impida ejercer tanta violencia simbólica? ¿Habrá algún ente autónomo que los regule de alguna forma?

Estamos de acuerdo con la libre expresión, y con la ley de medios, pero cuando la salud emocional o psicológica está en juego por las maneras en que se transmite la información, algún límite en sus formas debe instaurarse.

Hay un ligera brecha para mantener los criterios de realidad y estar informados.Sin embargo, la invasión desmedida y desregulada de los morbosos medios de comunicación masiva está generando un profundo trauma social, por eso está en nosotros a empezar a demarcar los límites entre lo permitido y la violencia.

¿Podremos seguir soportando socialmente tanta calamidad y cacería de urgentes noticias que nos lastiman?

Portada: Germán Busin

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  • Escala la rebelión de concejales libertarios: «Hay que despegarse un poco del Gobierno nacional»

     

    La Séptima (centro bonaerense) fue la única sección electoral de la provincia donde La Libertad Avanza no metió legisladores en septiembre del año pasado. Desde entonces, la interna seccional está envuelta en una vorágine de cruces y portazos que muestran sus picos máximos de tensión por estos días.

    Luego del portazo que la concejal Adela Casamayor dio en Olavarría para pasarse al Partido Libertario, ahora la rebelión de concejales se expande a Azul, donde Saúl Lucero expuso sus reproches al armado libertario y llamó a «despegarse un poco del Gobierno nacional».

    «Pasamos a ser leones de circo, obligados a actuar como ellos quieren, cuando nuestra responsabilidad es representar a los vecinos y no limitarse únicamente a los intereses del Gobierno nacional», dijo Lucero en declaraciones a La Cien Azul.

    Y agregó: «Hace un tiempo vengo evaluando la posibilidad de separarme del bloque. Las tensiones surgen, justamente por mi forma de votar. No considero que debamos actuar como marionetas».

     Pasamos a ser leones de circo, obligados a actuar como ellos quieren, cuando nuestra responsabilidad es representar a los vecinos y no limitarse únicamente a los intereses del Gobierno nacional 

    Según detallaron a LPO fuentes libertarias en la Séptima, el estallido también se registra en otras ciudades de la sección, como Tapalqué. Además, advierten que en el bloque libertario de Azul, además de Lucero, hay una concejal que mantiene una postura similar.

    Todo eso representa un desafío concreto a Pablo Di Salvo, dirigente precisamente con base en Azul que, en diciembre pasado, fue designado coordinador seccional por Sebastián Pareja, en reemplazo de Alejandro Speroni, que encabezó la boleta libertaria que fracasó en su intento de acceder al Senado bonaerense.

    Desde su llegada, Di Salvo es blanco de acusaciones internas. Primero por parte de Casamayor, que lo denunció por «aprietes» para posar en una foto de unidad del bloque libertario en Olavarría de la que la concejal se arrepintió, para luego avanzar con las acusaciones.

    Concejal denunció «aprietes» de un armador de Pareja y explotó la interna libertaria en Olavarría

    La atomización libertaria en las dos principales ciudades de la sección recrudece reclamos internos que también van de la mano con las designaciones en las oficinas locales de Anses y Pami.

    «Los nombramientos en las dependencias nacionales siempre recaen en las mismas personas que buscan posicionarse», dijo Lucero. 

    En Olavarría, en tanto, resuena en la interna libertaria el mensaje que Alejandro Carrancio dio esta semana a una radio local. Ahí, adelantó que las candidaturas locales de 2027 hay que buscarlas en quienes fueron al encuentro de Suipacha.

     «Si ahora quieren bajar línea y ordenar, se les pasó el tiempo», dijo a LPO un dirigente de la interna libertaria en la Séptima en rebelión a las directivas de Pareja y sus armadores seccionales

    A esa actividad, desde Olavarría fueron la coordinadora Celeste Arouxet y su mano derecha, el concejal y titular del Pami local, Guillermo Lascano. Ambos, son cada vez más resistidos por el pan-libertarismo olavarriense, que acelera sus reuniones por fuera de los coordinadores puestos por Pareja.

    «Si ahora quieren bajar línea y ordenar, se les pasó el tiempo», dijo a LPO una voz de la interna que evidenció su malestar con el mensaje de Carrancio, que hace pie en la sección a través de la diputada Geraldine Calvella.

    El azuleño Di Salvo también suma críticas: «Se subió al caballo y está tomando malas decisiones», sostuvo otro dirigente consultado. Mientras tanto, circula la versión de un regreso de Speroni al armado seccional de la mano de Carrancio, ahora para controlar a los concejales libertarios, movida que ya tiene a Lilia Lemoine como principal impulsora.

     

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  • Vivirás entre luciérnagas

     

    Cristian Alarcón

    Periodista. Escritor. Buenos Aires.

    Rossana Reguillo nos había convencido: ella siempre saldría victoriosa. Ni el golpe seco contra el suelo y las operaciones después, ni las entradas al hospital por el pulmón luego de que los Benson & Hedges habían hecho su tarea, ni las del corazón, ni las de las últimas veces, cada vez que a lo largo de los años salía de una encrucijada del cuerpo, retomaba la tarea con la misma energía titánica y volvía a tramar una acción o una intervención certera, filosa, efectiva. Rossana no nos tenía preparados para que en una semana todo se fuera a la chingada, y de pronto la noticia de su agonía nos dejara en guardia. Entonces vino el vacío, la estupefacción, y después la espera larga de los que sabíamos que algo peor ocurriría. Su muerte llegó el sábado a la madrugada para dejar un lamento que cruza de Guadalajara y hasta el confín austral en ese camino que ella hizo tantas veces leyendo América Latina con su ojo dotado, único. 

    Desde ese momento el abatimiento hizo mella y me derrumbó. Solo atiné a comenzar una lenta recolección de los brotes que ella misma dejó sembrados aquí y allá con su pensamiento y con su espíritu. La chamana, le decía un novio mío que la vio mil veces en San Telmo, y La reina del sur, la bautizó un amigo dejándole el mote al que no se negaba. En su nombre los amigos que escribieron enseguida, los que ya estábamos en red, los que hacía años no hablábamos, acordamos este homenaje colectivo. Los mensajes fueron llegando hasta convertiste en este palimpsesto hecho de agradecimientos, y de anécdotas, de sentires y reflexiones que se mezclan para construirla como la intelectual y la activista que fue. Esa foto la tomó Patricia Nieto cuando vinieron las dos y tantos más al Festival de La Palabra en el 2014. 

    Aquella vez la pudimos alojar en un hotelazo, así que no se quedó en mi casa, donde había pasado otras estancias en Buenos Aires. En una de ellas, creo que en el 2009, Rossana era nuestra huésped el día en que en la vida de mi hijito ocurrió algo terrible. Entonces aún no era yo formalmente su papá, pero él ya me había elegido, yo me hacía cargo de su educación y pasaba varios días a la semana en mi casa. La noticia de una muerte terrible en su familia biológica había estremecido a todos. La tristeza lo había invadido, no salía de ella. Ahora él y yo la recordamos a Rossana en ese momento más que en ningún otro. Porque esa tarde ella dejó todo, abandonó las mil reuniones y los amigos y las cenas y las invitaciones que la inundaban cada vez que estaba en la ciudad, y se sentó con él, en el piso del living a jugar. Tomó de una repisa cada adorno que encontró: un león de no sé dónde, un ángel de madera guatemalteco, un auto de colección, un oso medio roto, cosas que arrastraba yo de no sé cuándo. Y con cada objeto se inventó un personaje para construir un mundo en el que lo que había pasado transmutaba a ojos de mi hijo volviéndose seres especiales, con aura, capaces de volar. La muerte no los rozaba. 

    Esa Rossana a la que todos los que aquí escribimos conocimos de alguna manera es la que nos hace hoy entregarles este fractal de ella misma. En su homenaje, los brotes de su montaña. 

    ***

    Marcela Turati 

    Periodista. Ciudad de México.

    Desde el año pasado cuando las Madres Buscadoras irrumpieron en el rancho de Teuchitlán y nos horrorizaron las fotografías de las ropas abandonadas de sus hijos desaparecidos, Rossana creó un chat para comenzar una conversación con Ale Guillén y conmigo para acomodar las emociones y analizar lo que veíamos. 

    “Veo dos lógicas en la desaparición: A) levantón al azar para ejecutar y dejar mensajes diversos B) desaparición para reclutamiento forzado”, escribió los primeros días. Entre nuestros intercambios de entrevistas o noticias, a veces mencionaba sus tristezas, mostraba su asco hacia quienes querían ocultar las desapariciones, se reía de los análisis simplistas que publicaban algunos medios, nos alumbraba con extractos académicos y con sus reflexiones sobre cómo activar la contramáquina para desmontar esas violencias.

    Siempre me sorprendía. Como cuando se preguntó cuántos jóvenes se necesitan para sostener la estructura criminal del Cártel de Jalisco Nueva Generación y horas más tarde tenía una cifra (obtenida con la IA que nos presumía que había entrenado a conciencia) y una columna ya redactada que le publicaron al día siguiente. O cuando leyó en las nóminas del Mencho el mísero pago a los “muchachos de choke” (sicarios) y se alborotó: “Tengo que escribir sobre eso”. O aquella vez que nos anunció: “Chale. Chicuelas, entré al hospital… corazón y pulmón” y dejó de contestar hasta que reapareció, días después, a dar de nuevo la batalla. 

    Le parecía urgente entender esto que pasaba en Jalisco, su tierra, y trazar las cartografías de las violencias.  

    “Estoy un poco mal de mis pulmones, mi pinche epoc me pasa factura… pero todo bien… mucho trabajo, entrevistas a distancia, escritura”, dijo cuando salió de otra hospitalización, restándole importancia. Llevaba una racha de llorar mucho. Cuando presentaba un libro que le dolía o daba charlas, o aquella vez que amadrinamos la Cartografía de la Ausencia, se emocionaba hasta las lágrimas y la voz se le atascaba al hablar de “los morritos” a quienes este país no les procura un futuro (“los que aprendieron qué eran las cuatro letras antes que Ayotzinapa”) o de las Madres Buscadoras que auscultan la tierra para ver si sus hijos ahí están enterrados.

    Busco en el Facebook y encuentro que nos encontramos en 2011 para nunca soltarnos. Rossana ya era una leyenda de la antropología latinoamericana cuando comenzó a acercarse a las periodistas que narrábamos las sórdidas violencias desatadas por la “narcoguerra”: nos llamaba para intercambiar ideas, aplaudía en foros la importancia de nuestro trabajo, y riendo y brindando con nosotras en encuentros de cronistas terminábamos armando juntas nuevas conspiraciones. Siempre nos acercaba libros y nombres de intelectuales para ayudarnos a poner palabras al horror que documentábamos. Para, como decía, lograr sostenerle la mirada, analizarlo, “contribuir a un debate que vuelva inútil la opción por la violencia”, acompañar a quienes sufren, y acuerparnos siempre en red, siempre cerca. 

    Eso hizo hasta el final: acompañarnos, cuidarnos.

    Leo nuestro chat “Pensar Juntas” y encuentro casi al final un: “Buen día! Ya salí del hospital. Estoy mucho mejor y con ciertas claridades de cómo necesito cuidarme”, seguido de un emoji festivo. Hoy me duelo por no haber comprendido que Rossana era frágil, que no era inmortal, que las luciérnagas también se apagan. No entiendo cómo no le hicimos muchos homenajes en vida. 

    Nuestros últimos mensajes quedaron sin su respuesta. 

    De nuestro intercambio, en especial me queda uno de sus mensajes como herencia, promesa, pendiente: “¡Vamos a articular las contramáquinas!”

    ***

    Néstor García Canclini

    Académico. Ciudad de México. 

    Con enorme dolor quiero participar en el duelo que muchos estamos haciendo por la partida de Rossana Reguillo. Desde los de una generación anterior hasta los jóvenes de todas las edades admiramos siempre en ella una investigación que refundó los estudios culturales y comunicacionales nutriéndose a la vez en la antropología, la sociología y las ciencias políticas. Su novedad brotó de recolocar el trabajo académico en las precariedades de los jóvenes, violencias estremecedoras (entrevistas a sicarios y a familiares de desaparecidos) y las tecnologías digitales. Habló a la vez en los tiempos largos de la reflexión académica, en revistas de opinión inmediata y en las espasmódicas redes. Juntó relatos, miradas sobre coyunturas estructurales y afectos. Presencia pública constante reconocida por los mejores analistas de medios y seguimiento incesante en redes, años en Facebook y en tiempos recientes en Twitter (24.000 seguidores). Creó con jóvenes del Iteso de Guadalajara el SignaLab, un laboratorio tecno avanzado que llegó a ser reconocido por centros de investigación internacionales y por el Instituto Nacional Electoral, que le encargó elaborar -a partir de decenas de miles de preguntas para el debate  de las últimas elecciones presidenciales- las que se usarían en la confrontación televisiva. Algunos del gobierno, con el pretexto de que Rossana les había hecho críticas, exigieron que siguiera el Signa Lab pero la quitaran a ella. La ola de recuerdos que llegan hoy de muchos países confirma que no es fácil sacarla del juego. Alumnos y profesores, que la tuvieron como maestra y modelo de profesora-activista-intelectual en red insistirán en hacerla presente en batallas ciudadanas, universidades, tribunas tan imprevisibles como cuando un Papa la invitó al Vaticano para explicar a los cardenales qué pasa con los jóvenes. Estará largo tiempo.

    ***

    Gabriel Kessler 

    Sociólogo. Buenos Aires.

    Rossana amaba Buenos Aires. Un día, caminando por la ciudad, le pregunté por qué le gustaba tanto. Me dijo —comparando con las otras dos ciudades donde más vivía cuando no estaba en Guadalajara: Barcelona y Ciudad de México— que en una se sentía inteligente y en la otra hermosa. No recuerdo cuál era cuál. Pero en Buenos Aires, me dijo, se sentía hermosa e inteligente. Así era Rossana: una inteligencia que no se separaba nunca del cuerpo, de la sensibilidad, de la experiencia vivida. Sus respuestas tenían siempre algo único, inesperado, pero al mismo tiempo profundamente situado en el mundo, en la estética y en los afectos. Con esa mirada pensaba América Latina y, sobre todo, su México, que la apasionaba y a menudo la desesperaba.

    Rossana veía antes. Vislumbraba temas, lenguajes, climas, cuando todavía no eran evidentes, y los compartía con una generosidad que se extendía por toda América Latina. En mi caso, cuando empecé a interesarme por el miedo al crimen y sus efectos en la vida común, su texto en Ciudadanías del miedo, el libro coordinado por la también tempranamente desaparecida Susana Rotker, era una referencia obligada. Allí ya estaba esa intuición tan suya: el vínculo entre temor y efectos autoritarios en nuestras sociedades. Ese texto me marcó. La contacté y nos vimos por primera vez, creo que hacia 2008, en una de esas veladas inolvidables que organizaba Cristián Alarcón. Desde entonces, nuestros caminos se cruzaron muchas veces. Nunca dejé de leerla, de seguir los rumbos que abría: en sus temas, en sus lenguajes, en su apuesta temprana por la crónica —como en Anfibia— y en sus apuestas más recientes, como Signa Lab.

    Había en Rossana una forma de estar en el mundo que hacía de cada idea una experiencia, y de cada experiencia, una forma de pensamiento compartido, por eso no se fue, sigue en todas y todos  los que aprendimos con ella. 

    ***

    Mauricio Sepúlveda Galeas

    Académico. Santiago de Chile. 

    Con Rosana, en la Barcelona de los 2000, yo era su «anti-guía»: planeaba llevarla a un lugar, y nunca llegábamos porque yo me perdía. Pero esa era la magia: cada desvío se convertía en un paseo antropológico. Con ella, no importaba llegar al sitio exacto: cada rincón era una nueva historia.

    Rosana tenía una apertura afectiva que te abrazaba de inmediato. En ella, la vida cotidiana y lo intelectual fluían sin separaciones. Y siempre te empujaba a más: organizaba, conectaba, y en un consejo te hacía repensar el pensamiento mismo. Su legado es, sin duda, enseñarnos a no dejar de perdernos y a no dejar de pensar con esa misma generosidad.

    ***

    Gabriela Polit

    Académica. Austin.

    Quizás no sea el texto más memorable de Rossana, pero la crónica de su visita al Vaticano es lo que me vino a la mente al enterarme de su muerte. Era un texto inteligente que, de manera sutil, hacía notar la arbitrariedad de los protocolos jerárquicos y misóginos de la iglesia. Cuando la leí aquella vez, imaginé la dificultad de la Rossana insumisa, curiosa, irreverente, siguiéndolos durante esa visita que fue una invitación del Papa. 

    La explicación del capricho de mi memoria, imagino, es que, ante el rigor de la muerte, la imagino curiosa, irreverente e insumisa ante San Pedro. Espero tu crónica mordaz, Rossana. Un texto criticando las desigualdades entre ángeles y arcángeles; cuestionando la santidad de los santos y haciendo el reclamo de por qué en la casa de Dios en la tierra la smujeres no podemos vestirnos de blanco. ¡Buen viaje, querida Rossana!

    ***

    Alejandro Grimson

    Antropólogo. Buenos Aires. 

    Treinta años de amistad no se evaporan con nada. Ni siquiera con la muerte. El legado era claro, de vieja escuela: pasión por conocer, romperse la cabeza en la escritura, prepotencia del trabajo, buscar los límites incesantemente, pensar cosmopolíticas, jugárselas donde se pueda, cultivar la amistad, la conversación, cuidar los amores y desplegar la risa contra el poder. Ella fue agudeza, ironía y sarcasmo contra lo instituido. Llegó a infundir temor en algunos poderosos que la amenazaron.

    Ahora estamos más solos. Mi amiga de alta intensidad y cómplice irremplazable partió. Dedicó su vida a entender este mundo brutal, sus violencias, sus cifrados, sus incomprensiones. Especialista con títulos y honores en incomunicación. Era tapatía, mexicana, latinoamericana. No tenía fronteras. Su pensamiento voló, flamea, vivirá entre luciérnagas.  Siempre, a abismos de las contabilidades contemporáneas. Desafió el sentido común, la falta de imaginación, construyó afectos sólidos, no se cansaba de innovar, de aprender ni de llenar el mundo de carcajadas hasta el final.

    Querida amiga: tu ausencia hará todo más arduo, más desafiante. En tu memoria buscaremos hacer lo imposible para un mundo donde quepan muchos mundos.

    ***

    Oscar Martínez

    Periodista. El Salvador. 

    No recuerdo la ciudad donde la vi hace años decir aquello. Quizá era Guadalajara, quizá era Monterrey. Bogotá, puede ser. No recuerdo el año, pero recuerdo, eso sí, que fue antes de 2010, porque yo apenas incursionaba en el mundo de los cronistas mexicanos y había llegado a escucharla porque esos cronistas hablaban de la claridad de ella. Lo que no olvido son las palabras que dijo ni tampoco el gesto elocuente, salpicado de rabia, con que las dijo. 

    En un panel de uno de esos eventos donde académicos de alto prestigio dicen cosas profundas y altamente enredadas, ella hablaba con una sencillez retadora, como diciendo: «Para hacerme entender, no tengo porqué decir todas las palabrotas que aprendí». Llegó el turno de preguntas y un estudiante joven -o eso parecía- preguntó a ella si podía explicar más lo que había dicho acerca de relativizar la mirada para entender al otro, al sujeto que sufre, al muchacho que pasa de la rebeldía al delito. El moderador, un señor cano que sí había dicho todas las palabras grandes que conocía, atajó la pregunta del estudiante y dijo que aquello hacía referencia a poner en duda lo que uno piensa antes de entrar a conversar con las personas a las que uno va a describir. Ella se volteó de la silla, dejó de dar la espalda al moderador, descruzó las piernas, le pidió el micrófono con el gesto de mano con el que alguien dice «me toca». Y dijo con severidad, viendo al señor cano: «No dije eso». Luego, volvió a enredar sus piernas y dijo al muchacho, con una voz comprensiva: «Me refiero a que uno debe cambiar su mirada, lo que uno entiende del mundo -se quitó los lentes y abrió con uno de sus dedos uno de sus ojos-. Quitarse los ojos propios e intentar lo más que se pueda, por imposible que parezca, mirar el mundo con los ojos del otro». Y devolvió el micrófono al ya apocado moderador. 

    Después de aquella charla nos hicimos cercanos y la escuché muchas veces en distintas ciudades repetir aquello de formas diferentes, siempre elocuentes, siempre fascinantes. Supongo que, en la titánica tarea de mirar el mundo con ojos prestados, a Rossana Reguillo se le fue parte de la vida. Yo nunca olvidaré aquella sencilla lección. Por imposible que parezca, ando por ahí intentando hacerle caso y ponerme las lumbreras de alguien más. En estos tiempos donde tantos quieren mirar con los ojos propios solo aquello que les agrade, ella deja un hueco enorme. Rossana, la mujer que buscaba miradas ajenas para tener algo propio que decir. Nos vas a hacer falta. 

    ***

    Gabriela Wiener

    Escritora. Madrid. 

    ¿Qué muere cuando muere un oráculo? Con el tercer ojo con el que leía lo incierto, Rossana Reguillo nos enseñó a los cronistas a completar el sentido de sus respuestas, pero sobre todo a cambiar las preguntas. Para ella, la pasión alegre era encontrarnos en la lucha, en una utopía. Vernos orientadas hacia esa convergencia, hacia esa insurgencia, es su más poderoso legado. ¿Lograremos conservar, como nos enseñó, la memoria de lo intolerable, de lo justo, de lo innegociable? ¿Seremos capaces de cambiar el miedo, el silencio, por las pasiones alegres? Muchos años antes de que el gobierno del Perú asesinara a decenas de jóvenes andinos y aymaras por manifestarse contra el régimen, la profesora Reguillo me había prometido que esa juventud encontraría la forma de seguir unida en la protesta y en la imaginación de otros futuros posibles. Aún después de sus muertes, sigo creyendo en ese vaticinio. Cuando un oráculo muere, nunca muere.

    ***

    Omar Rincón

    Académico. Bogotá.

    Rosana Reguillo es, y seguirá siendo LA mujer indispensable, en un campo muy machito como lo es la comunicación y lo cultural. Pensó y sintió e indagó siempre contra lo establecido, lo obvio, el copy y paste teórico. Ella construyó una manera propia, única, singular de imaginar-pensar las culturas y la comunicación: siempre poniendo el cuerpo en los afectos y lo público y el vínculo a lo político irredento.
    Rossana es una figura ineludible para todos los que trabajamos intentando hacer e intervenir sentidos desde el sur global, desde la mirada de lo que es distinto e insurrecto. Ella nos enseñó que en América Latina los sentidos se encuentran en los sentires no evidentes, esos que se van como el agua por las grietas donde habitan los poderes de lo nefasto.
    Su lucha fue por una sociedad más politizada, más activista, más experimental. Pero sobre todo creo que una de las cosas que valoro más de ella es que era una mujer que ponía el cuerpo en la amistad, en sus afectos, en sus estudiantes. Era cuerpo presente activo en la vida de los afectos. De mi parte solo un gran afecto, por esa chica maravillosa, esa mujer a la que admiro por siempre.

    ***

    Ana María Saavedra

    Periodista. Cali, Colombia. 

    Le pedí a la IA que escribiera dos párrafos sobre Rossana Reguillo. Dijo que Reguillo “no solo fue una académica de gabinete, sino una etnógrafa que caminó las calles y navegó los algoritmos con la misma agudeza”. Dijo tantas y tantas cosas sobre la “cartógrafa de la ‘maquinaria de muerte’ o necropolítica”.

    Pero la IA no sabe que a Rossana la conocí en 2009, un año que marcó mi vida, por muchas razones, una beca de seis meses en España y un encuentro de la Fundación Gabo, que reunió periodistas, expertos académicos y escritores que investigamos sobre el crimen organizado y el narcotráfico. Mientras escribo esto, la banda sonora de mi cabeza es “Yo no sé mañana, yo no sé mañana. Si estaremos juntos, si se acaba el mundo”, la canción de Luis Enrique que bailamos tantas noches en el Casa Blanca, una discoteca en algún lugar que creo era el centro de Ciudad de México.

    Y buscando entre mi memoria, que en realidad es el Facebook, las USB con las fotos y mi correo de Yyahoo –todo muy de los 2000– encontré dos correos con palabras de otro de los miembros de esta operación Casa BClanca,  nuestro querido Javier Valdez, asesinato por el narco en Sinaloa el 15 de mayo de 2017. Así que no hablaré sobre Rossana, dejaré que la memoria de unos correos hablen por mi:

    7 de diciembre de 2009.  “Felicidades a Almazán, Diego Osorno y Rossana Reguillo, de quien me siento orgulloso por su prosa, conocimientos, sensibilidad y valentía. (…) Un abrazo especial a Rossana, nuestra luz en medio de este páramo desolador y sangriento. Javier V”.

    ***

    Víctor Hugo Robles

    Escritor, activista. Santiago de Chile. 

    A Rossana, sus amigos le decíamos  la reina del sur. No solo por su reinado en estudios sobre juventudes urbanas, violencias políticas, tecnologías de la comunicación y ciencias sociales sino también por ser una chingona de los márgenes, los territorios en disputas, dolores y esperanzas de un pueblo. Profesora en su México lindo y querido que llora su triste e irreparable partida.

    Desde una perspectiva única e inédita, Rossana Reguillo describió la compleja realidad mexicana desentrañando el impacto de las estructuras criminales de la sociedad, del narco y la violencia institucional. Pionera en estudio e investigación de redes sociales, desnudó las estrategias del poder político. No importando filiaciones. Ganando adeptos y detractores e incluso sufriendo amenazas de muerte. Pese a todo y contra todo, usó su voz para iluminar la realidad mexicana, acompañando a las madres de los desaparecidos, las Madres Buscadoras, nunca perdiendo la esperanza, mucho menos su dulce sonrisa.      

    La conocí en octubre del 2005 en la Universidad ARCIS en Santiago, bello lugar donde trabajé coordinando la editorial junto a la periodista Rita Ferrer. Fue invitada por la ensayista y crítica cultural Nelly Richard, gran anfitriona e intelectual, entonces vicerrectora de Extensión, Comunicaciones y Publicaciones, mucho antes de su amargo e imperdonable cierre forzado. Rossana Reguillo, junto a la académica Diana Taylor de la Universidad de Nueva York, fueron las invitadas de honor del Coloquio Internacional Políticas del Recuerdo. Dimensiones performáticas de las conmemoraciones. 

    Rossana era una mujer hermosa, tez morena, melena negra, ligeramente encorvada, seguramente debido a un accidente en moto cuando era joven. Muy cariñosa, muy acogedora, muy conversadora, muy, muy mexicana.

    Su visita a Chile dejó muchos recuerdos, huellas imborrables y complicidades eternas. Amó Santiago y sus locas desviaciones, sus amistades. En noviembre de 2012, Rossana presentó a Lemebel en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara cuando Pedro escupió a los representantes del ministerio de las Culturas y las Artes de Sebastián Piñera. Fue su desquite por haberlo subido al avión solo porque sobraba un pasaje. Hermoso e inolvidable acto de rebeldía que Pedro dedicó a su gran amigo, el fallecido cronista mexicano Carlos Monsiváis. 

    Hoy, Rossana, Monsi y Lemebel se saludan, se besan y gozan la eternidad.

    ***

    Alejandro Almazán

    Escritor y periodista. México.

    Rossana querida, gracias por tu lucidez. Por ver lo que la mayoría no vemos. Tu obra es fundamental para comprender la evolución de la violencia en México. Comenzaste estudiando a jóvenes en contextos marginales en la década de 1980. En 2006, cuando Calderón lanzó su guerra, notaste que víctimas y victimarios eran cada vez más jóvenes. Para conceptualizar esta realidad, retomaste el estudio de Hannah Arendt sobre los campos de exterminio nazi y la comparaste con la violencia que ejerce el narcotráfico.

    Acudiste a Primo Levi para acuñar el término Narcomáquina. Incluso planteaste el “narcoñol” como una suerte de lengua. Fuiste de las que dijo que el conteo de muertos es inútil: no repone nada, menos a la “humanidad” perdida en los cuerpos mutilados.

    Apostaste por la capacidad intelectual “crítica, artística, periodística y ciudadana” de hacer visible, de denunciar el “crimen ontológico” de la Narcomáquina. Cuando te fue insuficiente el concepto, desarrollaste Necromáquina, otro un dispositivo de muerte, horror y aniquilación; y Contramáquina, una resistencia encarnada por las madres buscadoras.

    Me quedo con ese par de fotografías que nos tomamos con toda esa banda de periodistas que con el tiempo tomó su camino, pero que seguía ligada a ti, a tus enseñanzas. Buen viaje, maestra.

    ***

    Dante Leguizamón

    Periodista. Córdoba. 

    Éramos unas 30 personas en el auditorio del Museo Rufino Tamayo, en DF, México. Asistíamos a un seminario de la Fundación Gabo llamado “Narcotráfico y violencia en las ciudades de América Latina: retos para un nuevo periodismo”. Sobre el escenario un periodista brasileño hablaba en primera persona de “una incursión de las fuerzas de seguridad a las favelas” y me empezó a dar asco. En mi cuadernito de lunares blancos y negros, escribí: “Este no es periodista, este es un constructor de miedo”, parafraseando algo que le había escuchado a Cristian Alarcón poco tiempo antes. A mí lado había una mujer de manos huesudas que tomaban nota rápido, como si estuvieran bien ejercitadas en el asunto. Nunca nos habíamos visto, pero espió mi cuaderno y cuando leyó lo que había escrito, se me acercó al oído y me dijo:

    -No sólo eso. 

    Dio vuelta sus propios apuntes para mostrarme lo que iba a escribir para mí: “Además, es un pelotudo”. 

    Me di cuenta de que la palabra pelotudo la usaba porque sabía que yo era argentino y a partir de ese momento comenzamos a cuchichear. 

    Al terminar la charla se nos acercó Cristian Alarcón que nos había visto cómplices y preguntó qué nos había parecido. Entonces, tratando de hacerme el estudiado e impactar a mi nueva amiga que pensé que también era periodista, contesté: 

    -¿Cómo era esa académica que me contaste y trabaja con la idea de que el miedo es un proyecto político?

    Cristian se rió y me señaló a la mujer que estaba a mi lado. Acababa de citar a mi nueva amiga: Rossana Reguillo. 

    Hasta entonces y todavía hoy, los académicos me dan miedo porque siento que muchos no pueden salir de su clase magistral y de ese tono erudito que los acomoda a medida que hacen que uno se sienta cada vez más incómodo y pequeño. Rossana era diferente. Ella era una traductora de su saber, quería que todos supiéramos lo que ella sabía. 

    Con los años volveríamos a encontrarnos otras veces. Rossana hablaba y discutía todo el tiempo. Ponía sus ideas en juego con el compañero con el que tomaba whisky o con el que desayunaba. Una noche, después de pensar y pensar en cómo narrar la violencia, todos los asistentes al seminario nos íbamos a bailar a Casablanca, un bar donde conocí a la verdadera Reguillo, la que más amé, la mejor docente que tuve en mi vida, la que me enseñó a bailar salsa al ritmo de Luis Enrique y cantando a gritos con los compañeros la canción de aquellas jornadas: “Yo no sé mañana, si estaremos juntos, si se acaba el mundo…”. 

    -Abre las piernas cordobés, que al final eres un cobarde. Déjame entrar que esto se baila con todo el cuerpo y no puedes estar así tan tímido. Entrega los hombros al ritmo, yo me encargo de tu cintura. 

    Y con su pierna entre las mías me sentí por unos días el mejor bailarín de salsa de la noche mexicana y no el tronco que volví a ser apenas pisé nuevamente suelo cordobés. 

    Adiós Rossana. Gracias. 

    ***

    Ximena Poo

    Periodista y Académica. Santiago de Chile. 

    La que ha líado nuestra maestra y amiga al irse tan pronto, justo cuando el mundo cruje y los tiempos se nos hacen hostiles. Nos queda su apachacho constante, sus ideas que muerden, su academia que desafió el canon, su fuerza cuando a una se le venía la academia encima (atesoro la carta que con la generosidad del tiempo que solo ella conocía me escribió el año pasado para pasar a ser profesora titular en la U. de Chile mientras hablábamos de la crueldad del sistema). Me siento una afortunada al haberla conocido, abrazado y reído y llorado con ella cuando nos cruzábamos en el camino de nuestra América Latina que grita y grita cuando se van lxs buenxs como Rossana lo fue. Desde ahora será luciérnaga, como se escribe en su último libro. Y nos queda su risa para desafiar a la muerte, porque, seguro, la sigue peleando allá donde esté. En el Grupo de Trabajo Comunicación y Ciudad de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Comunicación (ALAIC), que ella fundó y que coordino hoy, asumimos su partida, pero no su ausencia; la íbamos a abrazar en Monterrey, en julio, pero abril se la llevó. 

    Ha sido un honor, un privilegio, indignarse con ella cuando hablamos de violencia, de los Estados ausentes, del odio en las calles. Y ha sido un alivio pensar con ella la esperanza, esa estrella que nos clava a la tierra y nos hace sentir que la vida puede ser distinta mientras se sufre y se goza. Aquí estaremos, Rossana eterna, para seguir leyéndote en clases con el fin de que nuestrxs estudiantes latinoamericanxs nunca bajen los brazos. Aquí te seguimos para pelearla juntxs.

    ***

    Verónica Gago

    Académica y activista. Buenos Aires.

    Rossana Reguillo se mueve al ras del suelo y en la altura de un pensamiento singular que nos deja métodos y pistas sobre cómo hacer eso que llamamos trabajo anfibio de investigar y escribir. Hay que leerla porque ella nos regala, al menos, tres claves para tener a mano.

    Anticiparse es animarse. Entendió el territorio digital como campo de investigación prolífico, cuando se lo miraba con sospecha y desdén. Se sumergió ahí de la mano de las juventudes a las que seguía con respeto y admiración. Redefinió la noción de territorio cuando se decía que las redes lo iban a reemplazar.

    Ser anfibia es confiar en la colaboración. «Para mí lo anfibio es la perspectiva de la colaboración» dijo y nos conquistó. Por eso si es pionera es siempre con otrxs, en conexión, buscando desafiar las fronteras de las disciplinas, los lenguajes y las policías del saber.

    Para experimentar, hay que ser rigurosa. Se tomó en serio la experimentación, con un trabajo paciente y dedicado. Las investigaciones llevan su tiempo, decía, porque es esa marca de tiempo lo que permite masticar y entender, eso que Rossana se proponía con pasión.

    Gracias Rossana.

    La entrada Vivirás entre luciérnagas se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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  • El PRO se rearma en oposición a Valenzuela en Tres de Febrero y acusa «abandono de la gestión»

     

    El PRO empezó a rearmarse en Tres de Febrero con un definido perfil opositor a Diego Valenzuela y acelera una construcción tendiente a disputarle el municipio en 2027. Para eso, ya comenzaron a lanzar acusaciones de «abandono de la gestión».

    Con apoyo de Jorge Macri y Soledad Martínez, el reseteo del partido amarillo es liderado por Sergio Iacovino, armador original del PRO en el distrito junto a Valenzuela y, desde la presidencia del Concejo Deliberante local, uno de los actores centrales en los inicios de la gestión.

    En el entorno de Iacovino detallaron a LPO que la relación con Valenzuela comenzó a agrietarse a partir de la estrategia del intendente en la campaña hacia las generales de 2019, luego de las PASO en las Alberto Fernández le había sacado una amplia diferencia a Mauricio Macri.

    «Era muy fuerte repartir la boleta de Alberto con la de él», señalaron voces del PRO al recordar el punto de «quiebre» con Valenzuela, al que acusaron de hacer lo mismo en 2023, suplantando la boleta de Patricia Bullrich por la de Javier Milei.

    Sergio Iacovino, de ser la mano derecha de Valenzuela a encabezar la nueva etapa del PRO en Tres de Febrero, con fuertes críticas a la gestión local

    Pero en Tres de Febrero aseguran que también jugó fuerte en la ruptura entre ambos dirigentes la actitud de Valenzuela de no darle cabida a la intención de Iacovino de posicionarse como un eventual sucesor suyo en la intendencia. «Diego siempre quiso un proyecto totalmente personal», dicen.

    En el macrismo definen a Iacovino como un «PRO puro» que integra el espacio desde 2005, pasando por asambleísta del partido y apoderado en varias elecciones.

    En precisamente por ese alineamiento que sostienen que, más allá de las pretensiones de competir el año que viene por el municipio, todo está supeditado a la estrategia provincia del partido que, para empezar a delinear esas cuestiones, se reunirá el martes que viene en la sede de Balcarce.

     Iaconivo fue funcionario del gobierno de Milei. Su salida se dio en el marco de la disputa entre el PRO y los libertarios en la Ciudad. Ahí, Iacovino integró la lista amarilla liderada por Silvana Lospennato. 

    «El PRO tiene ganas de tener presencia territorial en toda la provincia y en todos los distritos», señalaron a LPO dirigentes con llegada a la intendenta de Vicente López y referente bonaerense del partido, Soledad Martínez.

    Se trata de una estrategia que empujan las líneas más alejadas de los libertarios «No está echo para desaparecer el PRO. No nos podemos quedar en casa mirando cómo todos los que buscan un cargo se van a LLA o forman un partido nuevo», dicen.

    Iaconivo fue funcionario del gobierno de Milei, ocupando una subsecretaría en Legal y Técnica de la que fue eyectado a finales de marzo del año pasado, cuando estaba declarada la disputa entre el PRO y los libertarios en la Ciudad. Ahí, Iacovino integró la lista amarilla liderada por Silvana Lospennato.

    Pareja apagó la rebelión de Valenzuela con la amenaza de darle vuelta el Concejo Deliberante

    Cerca del ex funcionario de Legal y Técnica señalaron que su rol en el gobierno libertario fue meramente «técnico» y sin correrse de su pertenencia PRO.

    Superada la elección porteña , Iacovino comenzó a rearmar el partido en Tres de Febrero con Valenzuela oficialmente afiliado a La Libertad Avanza (LLA). Sin embargo, pospuso la visibilización del perfil crítico a la gestión local a raíz de la alianza entre el PRO y LLA en las legislativas de la provincia.

    Hoy, con Valenzuela en el Senado bonaerense tras no lograr asumir al frente de Aduana, Tres de Febrero tiene a Rodrigo Aybar como intendente interino. Pero en el PRO no dudan que Valenzuela sigue teniendo el control total de la gestión municipal junto con su esposa, Daniela Reich.

     Una gestión que supimos formar con el ADN del PRO, con cercanía, escucha, resolución de problemas y la coherencia en los principios y valores que guían nuestro partido, todo se abandonó  

    En ese contexto, en el PRO acusan «un gobierno cerrado» y «un manejo poco transparente de la gestión. En esa línea fue Iacovino con un mensaje en redes que marcó el inicio de la etapa opositora del partido en el distrito.

    «El problema mayor de nuestro municipio es la ausencia y abandono de la gestión desde hace muchos años, cuando se priorizaron intereses personales por sobre la vocación de servicio y el trabajo por el vecino», dijo Iacovino en X al focalizar en la acumulación de basura y falta de limpieza en Ciudadela.

    Y agregó: «Una gestión que supimos formar con el ADN del PRO, con cercanía, escucha, resolución de problemas y la coherencia en los principios y valores que guían nuestro partido, todo se abandonó y por eso nos proponemos recuperar desde el PRO el compromiso con el vecino».

    Valenzuela con su reemplazante interino, Rodrigo Aybar.

    Aunque no estaba blanqueada en la superficie, la fractura del PRO con Valenzuela hizo que el sector hoy encuadrado con Iacovino no tuviera lugar en la lista al Concejo en 2025 y, por tanto, hoy no tenga representación en el deliberativo.

    Para trabajar una propuesta al año que viene, en el PRO aseguran mantener estrechos vínculos con dirigentes del radicalismo que también se vieron excluídos de la gestión municipal. 

     

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