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Medidas más severas en Cipolletti

Por Resolución del Ministerio de Salud de Río Negro se establecieron medidas sanitarias restrictivas y extraordinarias en Cipolletti a partir de las 8 del jueves 23 de abril de 2020.

Las medidas (que se enumeran en la Resolución anexa) se prolongarán hasta las 24 horas del día 30 de abril próximo, y están fundamentadas en razones epidemiológicas y de protección de la salud colectiva, con carácter preventivo, excepcional y temporario.

La vigilancia epidemiológica en Cipolletti durante la actual emergencia, en concordancia con los criterios establecidos por el Ministerio de Salud de la Nación, en coordinación con el Ministerio de Salud de Río Negro, determinan que deban adoptarse estas medidas sanitarias preventivas a los fines de mitigar los posibles contagios del virus COVID-19.

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    Fotos: Tía Tweety

    Agosto 2026. Las últimas reuniones de los lunes de la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción fueron con tela, aguja e hilo, pegamento y alambre. Entre los iniciales minutos dedicados al aburrimiento y las charlas políticas y personales se cosían trajes y se craneaba la acción directa que durante estas horas es comentada hasta en medios de comunicación europeo: un grupo de Gandalfs protestó en la mismísima puerta del tecnoligarca reaccionario Peter Thiel. La convocatoria fue por mail. Un correo extenso con indicaciones, horarios y un cancionero que además de la nueva letra, indicaba el nombre original para imaginar el ritmo:

    Víctor Heredia – “Todavía Cantamos”

    Peter Peter compadre la concha de tu madre
    Peter Peter compadre la concha de tu madre
    Vos querés Palantires para ver el futuro
    Mirate en el espejo para ver un boludo… Vas a ver un boludo

    Víctor Heredia – “Sobreviviendo”

    Peter es muy amigo de Caputito
    Le vende software caro y le chupa el pito
    Gemelo digital una tapadera
    Que rebotan gemelos contra su pera

    Siguiendo las instrucciones del extenso correo, los y las Gandalf se juntaron junto al lago de la Plaza Sicilia. Rato después, debajo de unos árboles, ante una luz más mortecina de la que invade este invierno a Buenos Aires, armaron un aquelarre: sombreros, cofias, cinturones, anteojos de sol y trajes largos comenzaron a pasar de mano en mano. Entonces, tres decenas de magos grises repasaron el guión de la movida y se pusieron en marcha bajo miradas de sorpresa de paseantes y vecinos de El Rosedal y La Recoleta. Todo fue por correo. La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción no tiene Instagram, ni X, ni Facebook. Solo en Substack tienen la publicación “Tiempo Yihadista” con ciento treinta suscriptores, allí publica desde hace poco tiempo un podcast y notas. Pero su historia es mucho más antigua.

    Febrero 2025. Las paredes de Buenos Aires siempre dicen algo. Quizá algunos se pierdan que entre los grandes anuncios se luce una inmensa cartelería con mensajes de crítica cultural. La falta de atención no está solo en las aulas, sino también en las calles, los subtes, los bondis y hasta en las caminatas. Sacar la mirada del cazabobos de las pantallas es una experiencia que obliga a lecturas múltiples: directas y oblicuas. Gente revolviendo tachos de basura para comer, manifestaciones cada vez más frecuentes, saturación policial y modos de protesta experimentales en centenares de formas ¿Quiénes están detrás de esos stickers y afiches A4 impresos, hechos a mano y pegados en paredes, paradas de colectivos, barandales? Imposible saberlo porque generalmente no tienen “marca” ni quieren tenerla. Son el producto de iniciativas a la que el apuro sociológico suele denominar “micropolítica” (sic). 

    ¿Micro? Detrás de cada una de esas intervenciones hay trabajo colectivo, paciente, autofinanciado y ocupa el lugar que los aparatos organizacionales abandonan una y otra vez en nombre de estrategias lejanas y del autoelogio identitario.  

    Es un día soleado y la ciudad se mece en su habitual ritmo. Esta vez la cartelería de tamaño comercial compite con otra en varios barrios porteños: “Sos adicto a twitter, pelotudo”, “¿Cuántos TikTok vas a ver hoy? La concha de tu madre” y “¿Tu novio usa TikTok? Felicitaciones, estás en pareja con un niño”. Todos los carteles en blanco y con letras negras están firmados por la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción. Yihad: es decir, “esfuerzo”, “empeño” o “lucha” en el camino de Dios. Y este no tiene que ser el mismo para todes. Los comisarios de lo simbólico que olvidaron la hermosa dialéctica entre signo y realidad opinan con la velocidad scroll influenciada por el agite racista arabofóbico y censuran. 

    En el mismo cartel un código QR ofrece más información a quien sólo apunte su cámara. Algún desprevenido manifiesta temor a hacerlo, como si los “palantires” de las grandes corporaciones tecnológicas ya no los estuvieran monitoreando. El QR es el acceso a una declaración, recomendación de libros y del substack de Ted Gioia, quien elaboró un alarmante informe sobre el “estado de la cultura” en Estados Unidos. alertando de los efectos devastadores de los entornos digitales sin regulación sobre la subjetividad y los lazos sociales. 

    Pocos medios se hicieron eco de aquel amanecer. Antes de ese día inaugural la Yihad ya estaba en marcha y no hubo semana en que ellos y ellas no se reunieran.

    Marzo 2026. Se puede leer en el Substack “Tiempo yihadista”:

    “La Yihad contra las Corporaciones de la Distracción es un esfuerzo colectivo por hacer circular la percepción de que el modo de existencia que nos imponen hoy las plataformas estandariza nuestra experiencia digitalempobrece nuestra experiencia vital y daña nuestra capacidad de organización política.

    Hace falta poner en valor, tomarse en serio la pregunta: ¿Podemos seguir viviendo así? ¿Podemos seguir haciendo política así?

    Las plataformas de las Corporaciones de la Distracción están diseñadas para hacer que permanezcamos en ellas la mayor cantidad de tiempo que sea posible. Y mientras los cuatro o cinco tipos más ricos del mundo ganan guita secuestrando nuestra atención, vamos concediendo terreno a las lógicas de su imperio en el campo de la subjetividad y del contrato social. Cuanto más tiempo le dedicamos —regalamos— a las Corporaciones de la Distracción, menos le dedicamos a la conformación y reconocimiento de nuestra propia identidad y la identidad de nuestras comunidades.”

    Este grupo —que puede superar la centena en los “Slam de discurso político”— está formado por jóvenes con una edad promedio que apenas araña los treinta años. De verba brillante y encendida, pueden armar un intertexto entre el manga, Mark Fisher, Perón, teóricos del aceleracionismo, Borges y saberes de alquimia. Laburantes y estudiantes. Autofinanciados hasta el detalle, sus reuniones son “sagradas”. 

    Respetan el orden del día de manera democrática. Toda reunión tiene una “cronodivergencia” permitida como horizonte. A todas llega siempre un núcleo persistente de miembros, pero también de sueltos que se acercan, prueban, amarren o no al grupo. Allí se experimenta más allá de los agotadores e interminables diagnósticos y sobrediagnósticos sobre los efectos de la cultura digital. Para los yihadistas contra las corporaciones, la política no sólo se dice, sino que se hace; se ensaya en todo encuentro que comienza con quince minutos de aburrimiento: una señal da comienzo a un tiempo en que nadie puede moverse, hablar, leer, ir al baño, ni tomar un mate. Silencio colectivo, mirada hacia adentro en una época donde la economía de la atención no supera los cincuenta segundos. Luego se tratan los temas de agenda y alguno que se sume. Antes de finalizar se hace una vaquita para comprar empanadas y varios sacan sus tupers. Todas y todos tienen un nombre elegido, el único que todos conocen es el de Lisandro Al-Gaib, el líder espiritual de la Yihad que firma todo lo que se comunica. 

    ¿Qué es la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción?, pregunto uno de los lunes de marzo de este año, un día de calor sofocante. Todos se miran entre sí, buscando respuesta y se arma una definición conjunta que llevaría la firma de “Lisandro Al-Gaib”. 

    —Somos un conjunto de experiencias militantes diversas. Entre nosotros hay gente con militancias políticas orgánicas y otros que nunca militaron. Esto lo hace interesante porque nos permite repensar la militancia sin que nadie se queme. Estamos orgullosos y orgullosas de que no se pueda responder una sola cosa. Nos unió una lectura de los síntomas de la actualidad y una preocupación concreta de un problema nodal-transversal de la época: la crisis de la imaginación política de cómo soñar, militar, compartir. Las corporaciones de la distracción están en la base de esta situación. La derecha nos acusa de “progres”, pero entre nosotros y nosotras hay muchas posiciones. Nuestro objetivo es terminar con las corporaciones de la distracción. El yihadismo no es solo una forma de militar, sino también de estar, que sale de la anomia política y sus tangentes. Nos juntamos frente a una crisis que es política y también de salud mental. 

    ¿Y qué es lo que les permite estar juntos? Podemos identificar que en nuestra política hay amor y amistad. Sostener una grupalidad o un proyecto a partir del contagio es lo que nos permite esta insistencia. Estas reuniones son tres horas en las que estamos sin celular, algo que no se suele hacer ni en el trabajo ni cursando. Construimos confianza, una política del deseo sin paternalismos, en donde discutimos lo que pasa y nos pasa. En los “Slam de discurso político” hay distintas posiciones, hay debate, votamos al mejor.

    Diciembre 2025. La Yihad convoca al “Cuarto Slam de discurso político”. El lugar de la cita es enviado previa inscripción. Llega otro mail: el encuentro será en Chacarita y la clave para ingresar es “Luigi Mangione”. Al traspasar la puerta hay un gran patio con parrilla para carnívoros y veganos. Todo es ofrecido a precio “anti corporación” y si borrás tu cuenta de Instagram te convidan un Fernet gratis. Las puertas del encuentro se cierran. Ya nadie podrá ingresar. Todos son invitados a aburrirse, una especie de oración en silencio. Sentados en sillones, sobre almohadones o directamente sobre el pasto, un centenar de jóvenes, y muy pocos post cuarenta, miran el cielo, el piso o la nada. Nadie rompe esa magia colectiva. Las reglas son claras: 1. No hay temática: el discurso puede hablar de lo que se quiera. 2. Se puede ser ultra coyuntural también. 3. Hay una sola regla formal: el discurso arranca cuando se sube a la tarima y los propios militantes dejan de cantar. 4. Hay límite de tiempo: entre 6 y 15 minutos dependiendo de cuántos dirigentes haya. Y un recordatorio: “A nadie le gusta perder, eso es todo.” 

    Cada slam consagra un ganador o ganadora. En su tiempo de exposición discurren sobre tópicos diversos: crítica a las redes, defensa de la dialéctica, llamados a proteger la industria nacional, el ambiente, los bienes comunes, la soberanía y la invitación constante a alimentar la imaginación política. Antes de votar se abren las alianzas por lo que los participantes votan siempre a un colectivo creado por afinidades y acuerdos. El Discurso Campeón del Primer Slam fue el de Ruina —no se premian personas sino concepciones— que en uno de sus mejores pasajes alerta: “Porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre, porque es URGENTE que nos despojemos del cinismo y volvamos a vivir remitiendo al carácter ideológico de nuestra existencia. Porque necesitamos volver a hacer, pensar, sentir y callar por CONVICCIÓN y no para ser cancheros, para ser simpáticos, para ser exportables, para ser candidateables o adinerados. Porque tenemos que dejar de concederle a las corporaciones de la distracción y al embrutecimiento terreno en nuestra vida diaria, de darle la mano a la cultura de la decadencia moral, ética y estética. Porque no hay que negociar más con el cinismo, porque hay que volver a poner en valor la ternura y la conmoción verdaderas.” 

    Todos los discursos de slam posteriores (Lucho, el Partido Imaginario) insistieron con esta crítica, defendieron la educación pública, reivindicaron a los 30.000, criticaron la melancolía de la repetición y desarmaron las políticas liberticidas del actual gobierno. El Quinto Slam está llegando. Se amasó en las jornadas de costura y artesanía autofinanciadas, entre silencios, diálogos, telas grises y ensayo de cantitos para Peter Thiel y los tecnoligarcas.

     Agosto 2026.

    León Gieco – “Sólo le pido a Dios”

    Sólo le pido a Dios
    Que se mueran los tecnoligarcas
    Que se mueran para siempre
    Todos esos amigos de Jeffrey Epstein

    La caminata desde el improvisado aquelarre hasta la mansión de Thiel son veinte cuadras. Durante esos dos kilómetros las miradas y los celulares no paran de enfocar a los Gandalf que caminan guiados por el sonido de un silbato que indica cuándo bajar el ritmo. No hay selfies, sólo fotos de los transeúntes entre quienes prima la simpatía, como el de un ciclista de Avenida Libertador que festeja el paso de magos con una sonrisa y un “Argentina, no lo entenderías”. Durante la procesión en la Avenida el viento vuela algún que otro sombrero, el paso lento se combina con un andar rápido hasta llegar al Instituto Sarmantiniano. Es 17 de agosto, fecha de homenaje al prócer. De cara a la estatua del Libertador la troupe mágica se para y le dedica un minuto de aplausos con algunos gritos de “¡Viva la Patria!” y “¡Viva la Patria Grande!”. Mágicamente ese homenaje retrasa el tiempo para producir un cruce mágico: el Regimiento de Granaderos que venía de un acto oficial y el grupo de los Gandalf que comienza a aplaudir ante la mirada de algunos simpáticos y otros atónitos. No conformes con los aplausos, empiezan a tronar a pecho la Marcha de San Lorenzo, lo que arranca sonrisas a varios granaderos y hasta el corcoveo de algunos caballos. Entre ese fervor patrio y la mansión de Thiel sólo hay doscientos metros. La alegría y cierto cuidado se palpa en el aire.

    Ya en la puerta de la mansión del tecnoligarca fascistoide se despliega el cartel mitad en inglés, mitad en castellano: “You shall not pass. La concha de tu madre”. De una de las ventanas de Thiel una mujer se asoma y saca una foto rápidamente. Las cámaras que cuidan al magnate obviamente están encendidas y el intercomunicador de su puerta se enciende. El cancionero es repasado una y otra vez entre bailes y algún pogo. Los pocos que pasan se detienen, filman y hasta un auto de alta gama frena en la esquina y festeja la movida mientras filma con su celular algunas de las imágenes que hoy recorren el mundo. 

    Antes de finalizar, se hace una ronda y se canta el himno con coro final a puro salto. El encuentro se cierra con un aplauso y se desanda el camino. Se vuelve a aplaudir al Libertador cuando se pasa ante su imagen, se camina por la Avenida con su nombre, se responde las preguntas de algún transeúnte y de nuevo se junta el aquelarre que entre saludos, comentarios y algún mate comienza a planificar el próximo encuentro obligado de todos los lunes y el Quinto Slam. Como si no hubiera un antes y un después, porque entre vivir y hacer política no hay límite posible.

    La entrada Magia argentina contra los tecnofeudales se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Fuerte jugada de Villarruel para que Sagasti pueda votar contra la ley de tierras de Milei

     

    Victoria Villarruel le concedió a Anabel Fernández Sagasti la posibilidad de votar en la sesión de este jueves, cuando se trate la ley de tierras, a través de medios telemáticos y garantizó un voto más a la oposición contra la iniciativa de Federico Sturzenegger. El decreto de la presidenta del Senado es un misilazo para Javier Milei, que puede sufrir una dura derrota si fracasa por cuarta vez el bloque oficialista en su intento por debatir el dictamen de inviolabilidad de la propiedad privada.

    Fuentes del peronismo comentaron a LPO que la Vicepresidenta «fue muy empática» cuando la senadora mendocina le comunicó su situación, con 32 semanas de embarazo y la prescripción médica de no viajar desde su provincia natal hasta la Capital Federal.

    Sin embargo, Villarruel decretó la autorización «ad referéndum del Senado» para que la senadora «pueda participar de manera remota o virtual, con voz y voto, mientras subsista la restricción médica acreditada mediante el certificado obrante en el expediente». Es decir, la habilitación de la Vice deberá ser sometida a consideración de todos los bloques en recinto, aunque se supone que no debería ser rechazada.

    La definición es un condimento más en la pelea de la Casa Rosada con Villarruel, que mostró con esta maniobra su autonomía para manejarse según el reglamento pese a que su aplicación complique la media sanción de un proyecto del oficialismo. «Coquetea con el peronismo y encima defiende la democracia», dijo una fuente parlamentaria.

    Mayra salió a defender a Sagasti, pero no tuvo éxito: «decile que renuncie, vale la pena»

    Además, la jugada le da a Villarruel una dosis de fortaleza en medio de los ataques de Patricia Bullrich y Diego Santilli, que pidieron su renuncia por la resistencia de la Vicepresidenta a votar la ley de tierras tras el partido de Argentina contra Inglaterra en el Mundial y hacerse eco por Twitter de comentarios que cuestionan la salud mental de Javier Milei, respectivamente.

    El antecedente más parecido al de Fernández Sagasti es el caso de la diputada Blanca Osuna, quien votó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en diciembre de 2020, desde una sala de internación en la que atravesaba cuidados médicos por el COVID19.

    La jugada le da a Villarruel una dosis de fortaleza en medio de los ataques de Patricia Bullrich y Diego Santilli, que pidieron su renuncia por la resistencia de la Vicepresidenta a votar la ley de tierras tras el partido de Argentina contra Inglaterra en el Mundial y hacerse eco por Twitter de comentarios que cuestionan la salud mental de Javier Milei.

    De hecho, Villarruel apeló como argumento al fallo de la Corte Suprema ante el pedido de Cristina Kirchner a los jueces de una «acción declarativa de certeza», también durante la pandemia y para el funcionamiento de la Cámara Alta por medios virtuales. Allí los magistrados entendieron que «ninguna cláusula constitucional veta la posibilidad de que las cámaras se reúnan, deliberen y voten de forma remota» y que «el Senado cuenta con todas las atribuciones para interpretar su reglamento en cuanto al modo remoto o virtual de sesionar, en ejercicio de la autonomía normativa que le confiere el artículo 66 de la Constitución».

    La Vicepresidenta también consideró en su disposición que la senadora mendocina «no pretende interrumpir ni dejar de ejercer sus funciones sino continuar desempeñándolas».

    Desde el peronismo, aclararon que la aprobación de la participación de Fernández Sagasti de forma remota «no necesita sumarse al temario, como las renuncias de senadores o licencias» y explicaron que «la mayoría que hace falta es de la mitad más uno».

     

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