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Medidas más severas en Cipolletti

Por Resolución del Ministerio de Salud de Río Negro se establecieron medidas sanitarias restrictivas y extraordinarias en Cipolletti a partir de las 8 del jueves 23 de abril de 2020.

Las medidas (que se enumeran en la Resolución anexa) se prolongarán hasta las 24 horas del día 30 de abril próximo, y están fundamentadas en razones epidemiológicas y de protección de la salud colectiva, con carácter preventivo, excepcional y temporario.

La vigilancia epidemiológica en Cipolletti durante la actual emergencia, en concordancia con los criterios establecidos por el Ministerio de Salud de la Nación, en coordinación con el Ministerio de Salud de Río Negro, determinan que deban adoptarse estas medidas sanitarias preventivas a los fines de mitigar los posibles contagios del virus COVID-19.

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  • Elige tu propio Santilli

     

    Hay una historia que pinta de cuerpo y alma al flamante jefe de Gabinete. Corría el año 2009. Diego Santilli acababa de conseguir su primer cargo ejecutivo en el Gobierno porteño: ministro de Espacio Público. El jefe de Gabinete era Horacio Rodríguez Larreta y veía al Colo como un posible competidor para la sucesión de Mauricio Macri. Larreta había centralizado toda la comunicación y la pauta publicitaria en su figura. Era habitual verlo en las pantallas de las estaciones de subte, incluso más que a Macri. Santilli quería hacerse más conocido, pero la orden era dejarlo afuera. Hasta que descubrió que en el contrato de la basura había un fondo destinado a fomentar la ecología y el reciclado. Y se mandó, esquivando el cerco de Larreta. Ahí fue cuando en los cines se vio a Santilli, promoviendo el cuidado del ambiente. Y usó el Ministerio para empezar a promover su propia imagen. 

    Otros tiempos. 

    Santilli llega hoy a la jefatura de Gabinete reconvertido al credo de la extrema derecha y con la idea de relanzar el Gobierno de La Libertad Avanza, aceitar los contactos políticos y cimentar su camino a la gobernación bonaerense o a la jefatura de Gobierno porteña, dos destinos que —en su momento— Macri le negó.

    Entrador, campechano, Santilli es el prototipo de operador político: un político profesional que destina horas a almuerzos, cafés, y rosca sin mezquinar tiempo. Es todo lo que Milei decía despreciar y, para hacer un salto temporal, Macri como presidente también: los rosqueros eran “los orcos”, que se metían en el barro, y los “elfos” eran la nueva política. Milei trocó esa división en “casta” y “argentinos de bien”. Lo que queda claro: Santilli es alguien que sabe meterse en el barro de la política. Y ambos presidentes lo necesitaron. 

    Durante bastante tiempo, en las usinas de LLA, gastaron a Santilli por acompañar desde el discurso sin nada a cambio. Era, para bosses trolls como El Gordo Dan, un cero a la izquierda, un arribista. Pero todo cambió el año pasado cuando logró ir tercero en la boleta bonaerense —después de Karen Reichardt— como parte de un acuerdo entre LLA y el PRO que negoció Cristian Ritondo (otro personaje importante en la vida política de Santilli). Luego vinieron las revelaciones del pago de Fred Machado a José Luis Espert y “El Profe”, al que Milei —sin escuchar las advertencias— le había dado la cabeza de la boleta, se cayó.

    Entonces Karina Milei eligió a Santilli para que encabezara la campaña. No se privó de nada: hizo spots diciendo “para votar al Colorado, marcá al Pelado”, fue al programa del Gordo Dan y se comprometió a pelarse si ganaba la elección. Finalmente, con la victoria bajo el brazo, se cortó un poco el pelo en los estudios de Carajo. Ese rapado fue como su bautismo: ya era un mileísta más.

    Cuando lo nombraron ministro de Interior, comenzó a acumular poder internamente, pese a que Adorni le hacía la marca personal (al principio, quería estar en todos los encuentros que el nuevo ministro tenía con los gobernadores). De hecho, cuando lo nombraron, le recortaron funciones a su ministerio para que tuviera poco manejo de áreas con caja.

    Pero todo esto fue lo que se vio públicamente. Detrás hubo horas y más horas de trabajo de artesano para construir relaciones personales de confianza con los principales actores de LLA. De rosca, vamos. Fue construyendo un lugar que pocos tienen: puede hablar con Karina Milei y con Santiago Caputo, además de con el presidente. Ese fue su principal valor: al elegirlo, ningún sector de la interna oficialista resigna nada.

    ¿Cómo lo hizo?

    Cuando Milei asumió como presidente, Santilli era diputado. A diferencia de otros dirigentes del PRO, giró su discurso público hacia la prédica anticasta y comenzó a tuitear como el más libertario. Al punto de que los compañeros de bancada PRO lo gastaban: “El Colo se sobregiró”, decían. El Colo, más bien, leyó los tiempos.

    Junto con Cristian Ritondo se convirtió en uno de los dirigentes que más trabajó para tender puentes entre amarillos y violetas. Con extensa experiencia parlamentaria, los dos trabajaron más que los mileístas para que se aprobara la Ley Bases. Hicieron la mayoría de los acuerdos luego de la gaffe de Oscar Zago —entonces jefe de bloque— que terminó con la caída de la primera Ley Ómnibus.

    Hubo una suerte de división de frentes con Ritondo: mientras el jefe de la bancada PRO estableció una relación cercana con Santiago Caputo, Santilli fue por el karinismo. El Colo cimentó sus vínculos con los Menem: primero fueron cenas con Lule y con Darío Wasserman, titular del Banco Nación y marido de Pilar Ramírez, la lugarteniente porteña de la secretaria general de la Presidencia. De esas cenas empezó a participar la hermanísima. Y luego Santilli comenzó a compartir comidas mano a mano con ella. Ninguno de esos encuentros se filtró a la prensa, algo que ayudó a construir una relación de confianza mucho antes incluso de asumir un cargo en el gabinete. Fueron dos años de construir vínculos. Sobre esa construcción llegó Santilli al lugar donde está hoy. Convergieron la astucia del Colo con la tendencia del gobierno a incendiarse: siempre Santilli aparece para apagarles el fuego. Un operador sonriente, dispuesto y útil. Así fue, también, como se ganó un lugar en la mesa política del Gobierno.

    La primera negociación electoral de la que tuvo que participar fue con Sebastián Pareja, hombre duro de la hermanísima, que lo relegó al tercer lugar en la lista con la idea de esconderlo. Es el contrincante de Santilli por la gobernación bonaerense. Salvo que el Colo dé un giro y vuelva a su primer amor: la jefatura de Gobierno porteña (algo que por ahora niega).

    Peronista y millonario

    De chico la pasaba mal por ser pelirrojo. Un compañero grandote “como King Kong” lo jodía todos los días: “Fideos con tuco, fideos con tuco”. Hasta que El Colo le dio una buena patada en la entrepierna. No fue la única vez que su color del pelo fue el protagonista: una vez, con otros amigos traviesos del colegio, tiraron huevos e intentaron huir. Pero el cura del colegio lo cazó al vuelo después de correrlos tres cuadras. Le gritó: “Dejá de correr, Santilli, que vos sos colorado y ya te reconocí”. Estuvo un año entero sin recreo.

    Hijo de una familia acomodada de Palermo, Santilli se fue y volvió de la casa paterna hasta los 32 años. Se recibió de contador público en la UBA y después hizo posgrados afuera: Marketing en Berkeley; Mercados de Futuros y Opciones en el Instituto de Industrias Futuras en Washington, y Administración y Gestión Pública en la Escuela de Administración Pública de París. Terminó su ciclo en el exterior trabajando como broker en el World Trade Center: lo recordó en una entrevista que le hice hace tiempo: “Había comenzado a funcionar el mercado de opciones y futuros (Commodity Futures Trading Commission) y era uno de los mercados más volátiles con los que las empresas se financiaban. Me fui a operar en las Torres Gemelas, en el pit, el recinto de transacciones. Es igual que en las películas. Me iba bien porque estaba acostumbrado a la volatilidad argentina”.

    Su jefe de ese entonces murió en el atentado del 11 de septiembre. “Para entonces era director del Banco Ciudad. Llegué a mi despacho y tenía un televisor chiquito, de 14 pulgadas, detrás de una puerta de madera. Entonces, vengo entrando y veo una torre incendiada y un avión que se estrella contra la segunda. Y digo: ‘No me acuerdo de esta película. No la vi esta’. Y después me di cuenta que estaban transmitiendo en vivo. No lo podía creer. Era donde había laburado”, cuenta Santilli. 

    Volvió a la Argentina en 1994 y se reinsertó en el peronismo. De nuevo, Santilli: “Me acuerdo que me llamó la atención cuando iba a Ciencias Económicas en la UBA que no veía representado al peronismo. Era todo Franja Morada. Ahí me puse a militar en la Juventud Peronista. Me metí a hacer lo que hace todo el mundo cuando empieza: militar en la Unidad Básica, repartir volantes, alguna pintada en algún paredón que en ese momento eran grandes. Ahora, cada vez quedan menos. No era bueno como letrista. Tal vez con algún blanqueado anduve bien, pero como letrista no era bueno”.

    En política tuvo ayuda de su padre, Hugo Santilli, dirigente peronista y de River Plate. Fue uno de los doce que apoyaron a Carlos Saúl Menem para derrotar a Antonio Cafiero en la interna. Menem recompensó a Hugo Santilli con la presidencia del Banco Nación. Pero Santilli se terminó yendo, principalmente por sus diferencias con Domingo Cavallo. En la Capital, el padre de El Colo peleó contra Carlos Grosso, pero perdieron con el peso que sumó Franco Macri. Era un peronista histórico: trabajó para el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, en el ministerio de Bienestar Social. Se peleó con José Lopez Rega y tuvieron que huir a Córdoba con toda la familia.

    También el paso de Santilli padre por la presidencia de River dejó historias que marcan al Colo. En una oportunidad, en la cancha de Ferro, el entonces presidente del club le pidió al comisario que bajara a unos hinchas que estaban colgados moviendo el alambrado y los oficiales le respondieron: “Señor, ese es su hijo”.

    “Una vez, mi viejo se iba en una gira – recuerda el Colo – me dio la llave del despacho para buscarle algo y veo quince remeras. Pensé que eran para regalar. Nos llevamos una remera cada uno y nos fuimos a jugar a la plaza Chile con mi hermano. Cuando fue a la gira no estaban las remeras y casi se arma un lío con Adidas, hasta que mamá nos vio. Eran las de los jugadores”. 

    Del menemismo al PRO

    En los noventa, cuando volvió a la Argentina, mezcla de yuppie y dirigente peronista —muy en la vibra del menemismo—, Santilli se metió de cabeza en el PJ comandado por Miguel Ángel Toma, que fue su padre político y el de Ritondo. Se sumaron a la campaña de “Palito” Ortega presidente (allí Santilli coincidió tanto con Sergio Massa, como con Jorge Capitanich y Horacio Rodríguez Larreta). 

    A mediados de los noventa Santilli recaló en  la dirección de Migraciones, a cargo de Hugo Franco. Luego fue al Instituto de Previsión Social de Buenos Aires, nombrado por el entonces gobernador Carlos Ruckauf junto a Larreta. Desembarcó allí de la mano de Gustavo Béliz. Fue entonces cuando conoció a su primera esposa, la periodista Nancy Pazos, quien apuntaló su carrera política; con ella tuvo tres hijos. Desde 2014 está en pareja con la ex modelo y empresaria Analía Maiorana.

    En 2003, la dupla Ritondo-Santilli acompañó a Daniel Scioli como candidato a jefe de gobierno porteño, pero Néstor Kirchner se llevó a Scioli como compañero de fórmula. Allí se encontró con un límite dentro del PJ porteño: Alberto Fernández. Recordó: “Fueron épocas durísimas. Entró a Diputados a reemplazar a Daniel Scioli, que se va y deja una vacante. Era muy duro: rodeaban el Congreso, las sesiones era difícil que sucedieran, estaban las asambleas. Ahí conozco bastante a Eduardo Duhalde, tengo una relación mucho más importante. Él era presidente y yo secretario de la comisión de Presupuesto. Un montón de temas me tocó trabajarlos con él”. 

    Fueron los años en que empezaron a tomar cuerpo los proyectos políticos de Néstor Kirchner y Mauricio Macri. Entonces Santilli eligió e hizo su movimiento: “Ahí tenés un grupo del peronismo que va a buscarlo a Kirchner para ser candidato a presidente. Ese grupo lo comandaba Alberto Fernández, que tenía una enemistad manifiesta sobre mi persona. No sé por qué. Será porque le gané la interna en la Ciudad. Entonces, dije: ‘Acá no tengo ninguna posibilidad de construir y de crecer’. Y ahí fui a buscarlo a Mauricio. Él tenía valores más parecidos a los míos que los del kirchnerismo.”

    Así se sumó a un partido naciente llamado Compromiso para el Cambio, junto con Ritondo y Juan Pablo Schiavi. Conoció a Macri, con el que realmente nunca terminó de llevarse bien. Fueron épocas de Santilli desarrollando su muñeca política como vicepresidente primero de la Legislatura. Eran comunes los “acuerdos de los Diegos”, por Santilli y el entonces jefe del bloque kirchnerista, Diego Kravetz.

    Pero Santilli quería llegar a un cargo ejecutivo y lo logró en 2009, cuando Macri lo nombró ministro de Espacio Público, cargo que luego tuvo que dejar para ser senador. Mientras tanto, intentó hacerse más conocido y empapeló la ciudad con portadas del libro para chicos Familia Verde, que publicó en 2014, para reforzar su perfil ecologista. “Me gustaría ser el Al Gore de Macri, por su trabajo con el ambiente”, me decía en esa época. De nuevo, otros tiempos.

    La relación con Rodríguez Larreta, que era tirante, mejoró mucho. Al punto que conformaron una fórmula para ganarle a Gabriela Michetti en la interna PRO. Lo acompañó como vicejefe en dos gestiones. La segunda le cerró la posibilidad de ser candidato a jefe de Gobierno, porque la Constitución porteña impide presentarse después de dos mandatos, ya sea como jefe o vicejefe.

    Espiado por el uno

    Cerrado su sueño de ser jefe de Gobierno, Santilli se volcó a la provincia de Buenos Aires. En 2023 compitió por la gobernación, pero Macri y Patricia Bullrich apoyaron a Néstor Grindetti, que le ganó la interna. Era la segunda vez que Macri lo dejaba fuera de competencia.

    El punto de no retorno con Macri fue cuando se conoció que el grupo de espías llamado “Super Mario Bross” había tenido como uno de sus objetivos a Santilli. Uno de los agentes involucrados en el espionaje ilegal era Alan Ruiz, que fue grabado sin su conocimiento hablando sobre el Colorado: “El uno le bajó el dedo a Santilli. Santilli gastó 1.600.000 de dólares el año pasado. Y no usa tarjeta de crédito. Es un narco. No hay forma que tenga… No, no. Me refiero a la operatoria. No hay forma que justifique el nivel de vida que tiene. Se fue con su pareja a Dubái. Se fue con las hijas de la pareja nueva, con la suegra, con la mujer. Se fue con dos amigos. Pagó 260 mil dólares, así de una, el hotel, el avión. O sea, tiene un nivel de vida que no da con lo que gana nadie”. 

    Ruiz también mencionaba una mudanza de la suegra de Santilli desde Pompeya a un departamento en la calle República Árabe Siria, en una de las zonas más elegantes del territorio porteño. “Le metimos un flaco de una empresa de limpieza”, se jactó.

    Santilli se presentó como querellante contra los espías de Macri en 2020. El macrismo intentó vender que habían sido “cuentapropistas”, que espiaban y extorsionaban sin seguir órdenes de sus superiores. Ya separada de Santilli, Nancy Pazos nunca lo creyó: “Cuando Macri mandó a espiar a mis hijos fue mi límite, y queda clarísimo que no eran cuentapropistas”. Santilli y su familia fueron espiados desde julio de 2018, con seguimientos a los integrantes. Anotaban a donde iba, en qué auto se movía y con quienes se juntaba. En código, le decían a Santilli “el objetivo pibe”. Ruiz les decía que era por una causa por enriquecimiento ilícito, pero Santilli no tenía ninguna.

    Lo máximo que llegó a tener fue una aparición de offshores en las investigaciones internacionales conocidas como Panamá y Paradise Papers. Ahí se mencionaron 14 cuentas vinculadas a su familia. Santilli explicó que dos eran de su hermano, una era una vieja empresa que tuvo con Nancy Pazos (vendía quesos y dulces) radicada en la Argentina que cerró en 2014 y la única que seguía siendo de él era Sanfor Investment SA.

    De hecho, en su declaración jurada de 2020, declaró un patrimonio total de $17.955.421 ante las autoridades porteñas. Señaló que tenía el 50 por ciento de Sanfor Investment SA (el resto es de su padre y su hermano), que se dedica al desarrollo inmobiliario y la construcción. 

    Después del espionaje, no es raro que la relación con Macri no sea del todo buena. Santilli no le pidió permiso ni para ser ministro del Interior de Milei, ni para ser jefe de Gabinete. Sí lo llamó antes de asumir, porque buscará tender puentes para una alianza del PRO y LLA en 2027. “Pero no es empleado de Macri”, aclaran en su entorno. 

    Cuatro días después de asumir como Jefe de Gabinete de Milei, Santilli dio una entrevista con La Nación donde dejó en claro su lejanía con el partido amarillo: “Yo soy del proyecto del Presidente, quiero que reelija, quiénes son los candidatos de PRO es un tema de PRO”.

    Quien también puso en duda la honestidad de Santilli y su patrimonio fue el propio Presidente. En enero de 2023 además de insultarlo, decía que tenía que “explicar su estilo de vida”. En mayo de 2023, Milei dijo: “Yo no tengo la culpa si Juntos por el Cargo tiene un pésimo candidato, horrible, como el caso de Santilli, que es un engendro que estaba en Capital y lo pasaron a Provincia. La gente se da cuenta cómo se mueve por los negocios cierta parte de la política y es lógico que tenga ese rechazo”. Algunos meses más tarde, tuiteó: “No hay nadie que no diga que (Santilli) es un corrupto”, y reafirmó que es quien “se pagaba la fiesta de cumpleaños con la tuya” y que integraba “un pantano de corrupción, delincuencia, y vínculos con el crimen organizado, manejada por los mismos de siempre hace décadas”.

    De ahí, a nombrarlo ministro del Interior en noviembre del año pasado y ahora, jefe de Gabinete. Otro salto más en una carrera que ya acumula varios partidos y varios gobiernos.

    La entrada Elige tu propio Santilli se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • El Mundial de las utopías

     

    Confesiones de invierno

    Hace exactamente una semana, el aire de la avenida Santa Fe se llenó con el grito de un relator: Uzbekistán le había hecho un gol a Portugal. Otra sorpresa mundialista. A la altura de Junín, un vendedor de ropa acomodaba una campera en una percha. No estaba mirando el partido. En el local de al lado —un bazar gigante— tampoco fue posible encontrar el festejo uzbeko. Las voces de un televisor, sin embargo, todavía llegaban con nitidez: estaban revisando el gol por una infracción previa sobre João Cancelo. De repente, miré hacia arriba, al primer balcón de un edificio. El sonido me entraba por los ojos. Mientras Promiedos me confirmaba que el gol había sido anulado, alguien me frenó para hacerme una pregunta. Estaba listo para decirle gana Portugal dos a cero, pero solo dije no, gracias ante la pregunta ¿necesitas bolsas de consorcio? Veinte por mil quinientos.

    La línea 12 de colectivo vende su recorrido. Dice un cartel en el parabrisas: “Te acercamos a la pantalla gigante de Sarmiento y Libertador”. Allí se juntaron 20 mil personas a ver el partido de Argentina contra Austria, un lunes al mediodía. Muchos menos fueron la noche del sábado contra Jordania; la gente se concentró en el Obelisco. El clima mundialista se chocó contra el clima. Los mundiales volvieron a caer en el invierno argentino. “Hace frío y me falta un abrigo”. Todavía buscamos un bondi que nos lleve de nuevo a la antesala del verano de 2022, cuando recorríamos las calles buscando un chino que nos venda latas de birra fría en aquel mundial veraniego donde aprendimos a hablar en latín. Algo se agotó y se apagó después de ese estruendo casi divino tras ganar la tercera. El desgaste de llegar a la meta primero y después pedir que los jugadores hagan lo que tampoco hacen nuestros vecinos: unirnos en un reclamo, por lo tuyo, por lo mío, por lo del que tengo al lado.

    Las grandes marcas hicieron todo lo que estuvo al alcance de su bolsillo para invertir en publicidades con la cara de los jugadores y generar ambiente mundialista. Vivimos en una pausa de hidratación permanente. Pero el mundial llegó a las calles gracias al álbum de figuritas. Un ritual que no envejece, cruza generaciones y recupera el contacto directo entre las personas. Cumple un rol educativo y afianza lazos familiares.

    Cuando empezó a rodar la pelota, la posta la tomaron los prodes, sobre todo el de Mercado Pago. Ese nombre, Prode, viene de Pronósticos Deportivos, el original, creado en 1972 por la Lotería Nacional, que tenía el objetivo de obtener recursos para fomentar el deporte. En 2018 el gobierno nacional eliminó por decreto la Lotería Nacional Sociedad del Estado y con esa decisión se llevó el Prode.

    “¿Quién me dará un crédito, mi Señor?” Los privados agarraron la posta. Mercado Pago informó que más de un millón de personas participan de “Fixture 2026”. Mientras que Mercado Libre hizo publicidades con Lionel Scaloni, Walter Samuel y Julián Álvarez, Mercado Pago mandó a que Enzo Fernández te mire desde las paradas de los colectivos para recordarte lo que tenes que comprar para las previas de los partidos. Popularizar la peligrosa experiencia de las apuestas tiene dos contras: mirar los partidos bajo la óptica de lo que querés que ocurra en base a lo que apostaste y ser la puerta de ingreso a meterte de lleno en las apuestas deportivas.

    A 40 años de México 86 (ayer fue el aniversario de la final con Alemania), Bet Warrior revivió a Maradona con un uso no muy sofisticado de la inteligencia artificial para que en cada cooling break nos diga: “Muchachos, es el momento de demostrar por qué la tienen así de grandes. Y si el mundo quiere venir a cortarnos las piernas, les vamos a demostrar que acá se juega con pelotas”. Fernando Burlando, abogado de Dalma y Gianinna Maradona, confirmó que la publicidad fue autorizada por la familia, de manera democrática entre todos los hijos, algunos no estaban de acuerdo. Dios es empleado en un mostrador.

    La frase maradoniana que parafrasea la casa de apuestas hoy está cumpliendo 32 años. Diego ya estaba suspendido provisoriamente del Mundial de Estados Unidos. Con dos triunfos, la Selección Argentina estaba clasificada a octavos, pero según el resultado en la última fecha contra Bulgaria podía salir primera, segunda o tercera (ese fue el último mundial con 24 equipos que clasificaban los 4 mejores terceros).

    El jueves 30 de junio de 1994, la transmisión de Canal 13 del tercer partido de Argentina no mostró la salida de los equipos a la cancha y después partió la pantalla en dos. Al aire estaba saliendo la entrevista grabada de Adrián Paenza con un Maradona llorando que lanzaba el histórico “me cortaron las piernas”, después de haber sido excluido del mundial por los restos de efedrina que aparecieron en su orina en el control de dopaje.

    Como si estuvieran viendo la tele, en vez de estar cantando el himno previo al partido, sus compañeros sintieron el golpe. Bulgaria se aprovechó de esto, y con el triunfo 2 a 0 y un gol agónico de Nigeria a Grecia, mandó a Argentina al tercer lugar del grupo. “Cuando terminó el partido con Bulgaria se me acercó Stoichkov, que hablaba castellano por jugar en Barcelona, y me dijo: ‘Contame de Diego. Estoy destruido por lo que pasó con él. Es tan buena gente. Qué injusto que le pase esto’. Nos despedimos, dio dos pasos y volvió: ‘Tomá, esto es para vos’, y me entregó su camiseta”, contó Roberto Peidró, médico del cuerpo técnico de Basile, en una nota en Infobae.

    El estadio Cotton Bowl de Dallas fue el primero en el que jugó la Selección sin Maradona. En esa ciudad, Argentina le ganó a Austria la semana pasada. Ahí se cantó  un nuevo tema con el ritmo de “No me arrepiento de este amor” que dice: treintaidós años después / la Scaloneta va a vengar / la copa que le robaron al Diez / la que no nos dejaron levantar. El Maradona simbólico y representante histórico de un escudo y una bandera sigue sonando así, sin Gemini ni chat GPT. 

    En la ciudad que caminamos sin piernas, Lionel Messi sigue demostrando que los buenos pases lo rejuvenecen. Tomala vos, dásela a él. Del otro lado del cuadro aparece el villano del fútbol de los últimos mundiales: Kylian Mbappé. Están disputando los dos el trono como máximos goleadores históricos de este torneo. Ambos son capitanes de sus selecciones. Messi lidera para adentro, tiene un grupo unido alrededor de él que lo reconoce como capitán. Mbappé tiene peleas visibles con algunos compañeros, viste más la cinta de la que la ejerce. Pero es un personaje valorable cada vez que agarra el micrófono.

    En la previa del mundial criticó a la Federación Francesa de Fútbol porque la empresa de casa de apuestas Betclic, patrocinadora de su selección, utilizó su imagen en una publicidad. Algo de lo que busca no quedar pegado desde que es capitán del equipo en 2023. Ese año pidió a la Federación que se revisara el contrato con los jugadores sobre la carta de derechos de imagen. En 2024 en el Canal + hizo público el conflicto: “La comida basura, la promoción de las apuestas deportivas. Somos la selección francesa, somos un ejemplo a seguir. Algunos de nosotros venimos de barrios donde eso destruye a un sinfín de personas. Ha destruido a gente que conozco”.

    Para quién canto yo entonces

    En la previa del mundial, las dudas eran varias en Estados Unidos. La reserva hotelera de las sedes estaba por debajo de lo esperado, el elevado precio de las entradas llevó a reconocer al propio Donald Trump a que él no pagaría lo que pedían en la reventa para el debut de su selección.

    Pero empezó el baile y los estadios se coparon. Hasta los partidos de menor importancia sorprendieron por la cantidad de público. Si bien las autoridades estadounidenses rechazaron masivamente las solicitudes de ingreso de ciudadanos senegaleses, en el partido entre Noruega y la selección africana hubo 80.663 personas. Desde Senegal confirmaron que no iba a haber una delegación oficial de hinchas en el mundial por los problemas con la obtención de las visas.

    El día que jugaron Argentina – Austria y Francia – Irak se rompió el récord de espectadores en una sola jornada en un mundial: 281.223. “Las cifras de la FIFA superan con creces las de cualquier Copa Mundial de la Historia. Este es un gran homenaje a los Estados Unidos de América”, celebró en sus redes Donald Trump.

    Terminada la fase de grupos, la FIFA publicó el ranking de los partidos con más público. Por más que Trump se apropie de los números del mundial, el primer puesto fue compartido por tres partidos jugados en México: dos del Tri como local y otro fue el debut de Colombia contra Uzbekistán. Los Cafeteros están repitiendo lo de la Copa América 2024, jugada en Estados Unidos, donde también fueron miles. En cuartos se podría repetir la final de aquel torneo contra Argentina.

    La fiebre mundialista en Colombia coincidió con las elecciones presidenciales. El candidato de derecha Abelardo de la Espriella hizo campaña vistiendo la camiseta amarilla de la selección, lo que llevó a que sus seguidores vayan a los actos vestidos igual, como si fuese un partido del equipo que dirige el argentino Néstor Lorenzo.

    En mayo, antes de la primera vuelta, De la Espriella pidió a sus votantes que fueran a votar con la camiseta puesta, por más que las normas electorales prohíben a los candidatos hacer campaña el día de la elección. Después de ganar, una jueza de Bogotá emitió un fallo que le prohibió a Abelardo usar la camiseta amarilla de la selección con fines políticos. Pero el fin de semana, en la segunda vuelta, fue a votar con la misma remera con la que Daniel Muñoz festejó los dos goles que hizo en el Mundial.

    La camiseta amarilla (antes Colombia usaba otros colores) que está cumpliendo 41 años porque fue creada en 1985 en vistas al mundial del año siguiente, del que inicialmente iban a ser sede. La diseñadora colombiana María Elvira Pardo creó una remera inspirada en el amarillo, azul y rojo del pabellón nacional. Así nació “la tricolor”, primero como camiseta suplente, para después pasar a representar a generaciones enteras de colombianos. Una camiseta de todos y todas que está siendo transpirada por los jugadores y no debe ser manchada por los políticos de turno.

    Luego de la victoria en las elecciones, vistió una réplica que en la parte del logo Adidas tenía el lema de su campaña “firmes por la patria”. Tras el triunfo en el debut contra Uzbekistán circuló un video en las redes en el que Luis Díaz y Muñoz festejan un gol haciendo el saludo militar del nuevo presidente electo. Dicho video fue manipulado con inteligencia artificial porque los jugadores solo chocaron las manos.

    Para De la Espriella la camiseta amarilla es un símbolo nacional como la bandera y las Fuerzas Armadas (durante la campaña planteó fortalecerlas). El segundo partido con Congo cambió con el ingreso de Juanfer Quintero, que dio la asistencia del único gol. Su padre, Jaime Quintero, desapareció en 1995 cuando hacía el servicio militar. El capitán de instrucción Eduardo Zapateiro ordenó su traslado de la sede del ejército en Carepa hacia Medellín. Fue lo último que se supo del padre de Juanfer, que solo tenía dos años. En 2019 el presidente Iván Duque nombró a Zapateiro comandante general del ejército de Colombia. Juanfer expresó su indignación en redes sociales. Ahora habla en la cancha: “Yo canto para la gente porque también soy uno de ellos”.

    Hay algunos colombianos que ahora miran con vergüenza su camiseta y piensan que el rendimiento de la selección Colombia en el mundial pudo haber determinado el curso de las elecciones presidenciales. Lo que sí está claro es que usaron al deporte cómo imagen política.

    Lo mismo está intentando hacer Patricia Bullrich en Argentina. Después de cada triunfo de la Selección subió una foto con la camiseta haciendo con los dedos la cantidad de goles. Después de Austria volvió a hacer los dedos en V. “Ya están aquí los vi, fantasmas de juventud”, canta el Indio Solari en “La Oscuridad”, de su último disco. En todas las ocasiones, Pato tenía la remera con el número 13 del Cuti Romero, con todo lo que eso significa, porque es la roca impasable de la defensa argentina. Contra Austria justamente se lesionó la rodilla y tuvo que ser reemplazado. Más que roca, piedra. No jugó el sábado contra Jordania. Después del tercer triunfo, la senadora volvió a postear una foto con la frase: “Festejemos. Brindemos. Todas buenas. Ahora se vienen partidos importantes. Ahí va la cábala”.

    El “todas buenas” quizás hacía referencia a que horas antes del partido había renunciado el entonces jefe de Gabinete, Manuel Adorni, arrinconado y cuestionado por su declaración jurada y por haber incorporado más de 500 mil dólares que no figuraban en sus presentaciones originales. Una cascada al revés que fue escalando hacia arriba y el gobierno nunca pudo sacar de la agenda. La bolilla se hizo bola. Fenómeno barrial.

    Volviendo al furor del prode, no se nos ocurrió apostar durante qué partido del mundial se iba a ir Adorni. Renunció antes de las 19 mientras jugaban Inglaterra – Panamá y Croacia – Ghana. En plena definición del grupo L de Loro. “Señor del reloj de oro, sé que a usted nada lo hará cambiar”.

    Tango en segunda

    Si el mundial 2026 fuese el trago que tomamos en jarra, Estados Unidos es la Coca Cola con casi el 70 por ciento de los partidos. México trae el fernet y el hielo lo pone Canadá. Gianni Infantino va luciendo sus roles (ese pibe anda bien) defendiendo el modelo de ampliación de equipos y las sedes. Pero por si quedaban dudas de quién es el mundial, la semana pasada declaró en Fox & Friends que va a estar junto a Trump disfrutando de la final y “entregando el trofeo al ganador, por supuesto, juntos”. Saluden al protocolo de la FIFA que se va. Los dos mundiales anteriores, que lo tuvieron como presidente, había sido solo Infantino el que entregó la copa más buscada. Pequeñas anécdotas sobre las instituciones.

    Van a repetir lo que ya hicieron el año pasado en el Mundial de Clubes, donde ambos le dieron el trofeo al capitán del Chelsea, Reece James. Con el detalle de que Trump se quedó al lado de los jugadores en los festejos, hasta que vino Gianni a darle un abrazo con pasito tun tun para llevárselo para atrás y que queden solo los verdaderos protagonistas. Ojalá nos ahorremos esa escena desagradable. “A mi no me gusta tu cara y no me gusta tu olor”.

    Cuando pienso en Trump agarrando la copa quiero que no haya clima de mundial. Pero agarro Dardo Rocha, en Bernal, cerca de Villa Itatí, un sábado a la mañana y veo en los semáforos las sogas sosteniendo remeras con la 10: muchas de Messi y algunas de Miguel Almirón de Paraguay. Recuerdo los cohetes de madrugada que escuché cuando Galarza Fonda le metió el gol a Turquía y el día que los del profe Gustavo Alfaro avisaron que venían a enseñarnos cómo cazar una utopía. Cayó Alemania, sus cuatro estrellas y las tres tiras de Adidas que se despiden de vestir a su país después de más de 70 años. A partir de 2027 empieza un contrato con Nike hasta 2034.

    Nosotros seguimos. Tres tiras, tres estrellas, ropa en cómodas cuotas sin interés, como el televisor en el que la vemos. Empezá a pagar en este mundial y termina de pagarlo el próximo. Me olvido de que está por venir el resumen de la tarjeta cuando pienso que Messi vino a su último mundial a romper relojes, quemar libros y salir al rescate del equipo. Más voluntarioso que lujoso. 

    La Scaloneta sigue firme rumbo al objetivo pero todavía nos cuesta soltarnos a la alegría. Nos duele la risa, nos duele cantar. Hay una traba de algo que queremos que pase y de que algo no termine. Jugamos dos horas nuestro partido en la comodidad de las paredes de nuestras casas, pero no salimos a festejar sino a ver la realidad. “Es una lágrima en el pan, así es la loba que me cuida cuando empiezo a despegar”. Al gol agónico de Messi no le sigue un espacio publicitario sino una persona durmiendo en un asiento del subte durante el día. Las noches son largas. 

    No hay atisbos de Mundial en el hall de Constitución. Solo gente que va, viene y esquiva a otros. Paso por ahí todos los días. Ayer me llevé puesta una lata con la que dos nenes jugaban a la pelota. Andaban con el pantalón del pijama: todas las noches duermen frente a la cartelera donde veo si me tomo el tren que va a Bosques o el que va a Ezeiza. No tuve tiempo de devolverles la Sprite aplastada; me la sacaron de los pies y salieron gambeteando entre la gente. Seguí caminando y pasé el molinete con una convicción: podemos ser campeones del mundo de nuevo.

    La entrada El Mundial de las utopías se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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