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Medidas más severas en Cipolletti

Por Resolución del Ministerio de Salud de Río Negro se establecieron medidas sanitarias restrictivas y extraordinarias en Cipolletti a partir de las 8 del jueves 23 de abril de 2020.

Las medidas (que se enumeran en la Resolución anexa) se prolongarán hasta las 24 horas del día 30 de abril próximo, y están fundamentadas en razones epidemiológicas y de protección de la salud colectiva, con carácter preventivo, excepcional y temporario.

La vigilancia epidemiológica en Cipolletti durante la actual emergencia, en concordancia con los criterios establecidos por el Ministerio de Salud de la Nación, en coordinación con el Ministerio de Salud de Río Negro, determinan que deban adoptarse estas medidas sanitarias preventivas a los fines de mitigar los posibles contagios del virus COVID-19.

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  • El Central compró dólares para cumplir con el FMI, pero Caputo los vendió para frenar la suba

     

    El Banco Central volvió a comprar dólares después de nueve meses, pero la foto completa muestra un movimiento de ida y vuelta. Cumplió con lo que había prometido en el nuevo esquema monetario, pero al mismo tiempo los dólares se fueron por otras ventanillas. Compró por un lado y pagó por el otro. Esa es la lógica que dominó la primera rueda del año. 

    Este lunes, el BCRA compró USD 21 millones en el mercado oficial. Es la primera compra neta de 2026 y la primera desde mediados del año pasado. El dato cortó una racha prolongada sin acumulación y confirmó que el Central empezó a ejecutar el plan que anunció en enero. 

    La intervención no fue improvisada. Esos USD 21 millones representaron cerca del 5% del volumen operado en el mercado libre de cambios, que rondó los USD 400 millones. Ese porcentaje no es casual: es exactamente la porción que el Central había comprometido absorber por rueda. El problema no es el cumplimiento, sino la distancia entre ese ritmo y las metas finales de acumulación. 

    El mercado no festejó el Presupuesto: la tasa se disparó por encima del 140% y el Tesoro tuvo que vender dólares

    En términos contables, las reservas brutas subieron unos USD 301 millones y quedaron en torno a los USD 43.400 millones. El aumento se explicó por la compra neta y por movimientos financieros, en un esquema que sigue mostrando más administración diaria que acumulación sostenida. 

    Pero el mercado también registró el otro costado de la jornada. Mientras el Central compraba en el contado, operadores detectaron posibles ventas en el mercado de futuros del dólar y no descartaron intervenciones vía bonos. Lo que entró por una ventanilla se compensó por otra. 

    El analista Christian Buteler detalló el cierre del día. El dólar mayorista terminó en $1.470, con una baja de 0,34%. El volumen operado fue de USD 384 millones. El tipo de cambio quedó 4% por debajo del techo de la banda y 61% por encima del piso. En paralelo, el Tesoro continuó vendiendo dólares y bonos, incluso cuando enfrenta pagos por unos USD 4.200 millones en los próximos días y no tiene esos fondos plenamente cubiertos. También hubo ventas de instrumentos dólar linked. Por algo subió el riesgo país.

    el Tesoro continuó vendiendo dólares y bonos, incluso cuando enfrenta pagos por unos USD 4.200 millones en los próximos días y no tiene esos fondos plenamente cubiertos. También hubo ventas de instrumentos dólar linked. Por algo subió el riesgo país.

    Las estimaciones privadas confirman la magnitud de esas intervenciones. «El Tesoro vendió entre USD 3.500 millones y USD 5.000 millones desde mitad de año para contener presiones cambiarias», explicó Leo Anzalone, director del CEPEC. Fueron operaciones puntuales en el mercado oficial para sostener el dólar dentro de las bandas y evitar saltos que desordenen expectativas y precios, sobre todo antes de las elecciones. 

    Desde OPEN, Federico Machado agregó que el goteo no se frenó después de los comicios. «Lo preocupante es que las ventas continuaron incluso cerca de la fecha del pago de bonos de enero. El 29 de diciembre se vendieron USD 220 millones», precisó. 

    Otro especialista agregó el dato distintivo: «Salieron a vender fuerte en la apertura de la rueda y recompraron al cierre», dijo. Todo ocurrió en un mercado de bajo volumen, donde cada intervención se siente más.  Los datos de las pantallas también sugieren que el Tesoro habría embolsado entre USD 100 y USD 200 millones adicionales, según señaló la fuente. 

    El resultado es un esquema de circulación: el Central y el Tesoro compran y vende para que el sistema se mantenga estable. Santiago Bausili prometió juntar entre USD 10.000 millones y USD 17.000 millones de reservas. Los USD 21 millones del lunes muestran que el plan empezó a ejecutarse. Pero para cumplir con la meta, las comprar deberán acelerarse al doble. 

     

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  • Kicillof criticó a Milei por el atraso cambiario y el impacto en el turismo: «es un desastre lo que están haciendo»

     

    Los cuestionamientos llegan tras conocerse nuevos datos oficiales que confirman un escenario cada vez más desfavorable para la Argentina en el intercambio turístico internacional.

    «Por cada un turista que viene a la Argentina se van dos. Eso si no es atraso cambiario no sé qué nombre tiene», dijo el gobernador, en referencia a un informe del INDEC que adelantó LPO y que muestra que en noviembre ingresaron 2,7% de turistas menos que el año pasado y salieron 763 mil, un 15,3% más que en 2024.

    Este medio contó que Marco Lavagna escala la guerra con Daniel Scioli y volvió a publicar datos que dejan muy mal parado al ex candidato presidencial que está enojado porque los números que publica el INDEC no le gustan.

    Por eso dejará de financiar los operativos del INDEC que sirven para medir cuántos turistas entran y salen del país y cuánto dinero gastan en la Argentina. Antes de romper, Scioli puso en duda la metodología de la Encuesta de Turismo Internacional (ETI) y de la Encuesta de Ocupación Hotelera (EOH).

    Lavagna escala la guerra con Scioli y publica datos lapidarios sobre el turismo

    Kicillof aseguró que «es un desastre lo que están haciendo». El diagnóstico del mandatario provincial encuentra respaldo en los números difundidos por el Indec.

    Para Kicillof, el problema no es coyuntural sino estructural y responde de lleno a la estrategia económica del Ejecutivo nacional. «No hay sectores económicos en la provincia de Buenos Aires al que le vaya bien: gastronomía, comercio, turismo e industria con una crisis gravísima y con algunos elementos difícil de revertir», advirtió. En diálogo con Radio 10, definió la política económica del Gobierno como «una improvisación permanente».

    Además, sostuvo que «han cambiado 30 veces de política económica». El gobernador también apuntó al condicionamiento externo sobre la gestión libertaria. «Es una improvisación y un apriete del Fondo Monetario Internacional, de los acreedores extranjeros, que tratan de disimular como si fuera algo fantástico», sostuvo, en referencia al rol del Fondo Monetario Internacional.

    Scioli rompe con el Indec porque no le gustaron los pésimos números del turismo

    En esa línea, recordó que tras las elecciones legislativas el respaldo de Estados Unidos se diluyó: «El Tesoro norteamericano dice ‘yo me corro, ahora hacéle caso al Fondo’ y ahí los tenés deslizando la banda cambiaria».

    Según el informe oficial, en noviembre ingresaron al país 491.400 turistas extranjeros, lo que representa una caída interanual del 2,7%. En contraste, la salida de argentinos al exterior volvió a acelerarse con fuerza: creció un 15,3%, alcanzando los 763.800 viajeros. El saldo negativo fue de 272 mil personas. Si se incluyen también los excursionistas -visitantes que permanecen pocos días- el total de ingresos desde el exterior fue de 795 mil personas, un 7% menos que en noviembre del año pasado.

    Brasil encabezó el ranking de países de origen con el 19% de los turistas, seguido por Europa (18,7%) y Uruguay (14,4%). Aun así, el flujo no alcanza para compensar la salida de divisas que genera el turismo emisivo.

     

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  • Pullaro presentó una inversión millonaria en equipamiento para la policía

     

     El gobernador de Santa Fe encabezó el acto en el que le entregó a la Policía un helicóptero y más camionetas 0 Km: «Vamos a usar todas las herramientas que tenemos para pelear contra el delito y para demostrarle a esos que se creyeron que eran los dueños de la calle que aquí se les ha puesto límites y que el miedo en la provincia de Santa Fe, que antes tenían los ciudadanos, ahora cambió de lado», dijo en la capital provincial. 

    En lo que va de la actual gestión ya se incorporaron 2.600 patrulleros nuevos. El gobernador Maximiliano Pullaro encabezó este martes en la ciudad de Santa Fe el acto de entrega de un helicóptero Robinson R44 Raven I para la policía provincial. 

    Además, se presentaron 85 camionetas 0 km adaptadas para el patrullaje, y un minibús (asignado a la Brigada Aérea no tripulada encargada de operar con drones), vehículos destinados para la Unidad Regional I del departamento La Capital y que forman parte de un total de 720 nuevas unidades que adquirió este año el Gobierno de Santa Fe, y que se irán entregando en los diferentes departamentos.

    La actividad se realizó en La Redonda, y estuvieron presentes también los ministros de Gobierno e Innovación Pública, Fabián Bastia; y de Justicia y Seguridad, Pablo Cococcioni; la diputada nacional y exgobernadora de Santa Fe, Gisela Scaglia; el senador por el departamento La Capital, Paco Garibaldi; la secretaria de Gestión Institucional del Ministerio de Justicia y Seguridad, María Virginia Coudannes; el jefe de policía de la provincia de Santa Fe, Luis Maldonado; la jefa de la Unidad Regional I de la Policía, Margarita Romero; el diputado provincial José Corral; y el concejal Sergio Basile, entre otros.

    «Para mí es un honor terminar el segundo año de nuestra gestión en un acto con la Policía de la Provincia», aseguró Pullaro en su discurso, y explicó que «eso tiene que ver con que teníamos prioridades en la agenda pública: muchos creían que en Santa Fe nos teníamos que resignar a que unas minorías organizadas del crimen terminen haciendo lo que quisieran en la cárcel y en la calle»

    «Tuvimos mucha determinación llevando adelante un plan de seguridad pública que tenía que ver con la inversión y el reordenamiento de los recursos de las fuerzas de seguridad, y con el cambio del marco normativo que nos permita controlar a los delincuentes, sacarle sus armas, ir por sus bienes y mostrarles que nuestra policía y nuestro Servicio Penitenciario no le tienen miedo a la delincuencia, y les íbamos a derribar cada una de sus guaridas que utilizaban para vender estupefacientes. Y así lo hicimos», dijo el gobernador. 

     La Policía de la Provincia es ejemplo, no solo en Argentina, sino en diferentes lugares de América Latina donde se estudia el fenómeno santafesino de la caída del delito y de la violencia. 

    En ese sentido, el mandatario destacó que «la Policía de la Provincia es ejemplo, no solo en Argentina, sino en diferentes lugares de América Latina donde se estudia el fenómeno santafesino de la caída del delito y de la violencia. Y eso es porque han trabajado de manera desmedida para recuperar el orden y la paz. Y se los quiero agradecer, porque sin el esfuerzo de ustedes realmente hubiese sido imposible».

    El gobernador remarcó que «vamos a utilizar también todas las herramientas que tenemos para pelear contra el delito y para demostrarle a esos que se creyeron que eran los dueños de la calle que aquí se les ha puesto límites y que el miedo en la provincia de Santa Fe que antes tenían los ciudadanos ahora cambió de lado, ahora ese miedo cambió de bando».

    Luego, el gobernador mencionó que «estamos ante la inversión más importante que la Policía de Santa Fe haya tenido en su historia: 2.600 vehículos policiales tan solo en 2 años, armamentos, chalecos, uniformes, drones, minibuses y ahora un helicóptero», y reafirmó que «vamos a seguir trabajando e invirtiendo». 

    Helicóptero diseñado para uso policial 

    Mientras, el ministro Cococcioni expresó con la entrega de 2.600 vehículos en 24 meses «estamos completando un proceso de reequipamiento de la flota policial, lo que sumado a un programa de reparaciones integrales nos ha permitido poner de pie nuestra policía en cada rincón de la provincia, y asegurar que las principales áreas metropolitanas y hasta las pequeñas y medianas ciudades estén completamente controladas y patrulladas».

    El funcionario también se refirió especialmente a la adquisición del helicóptero, «que es un helicóptero policial: es un artefacto diseñado específicamente para la operación policial cotidiana; despega y aterriza prácticamente en cualquier lado, no requiere condiciones especiales».

     Estamos completando un proceso de reequipamiento de la flota policial, lo que sumado a un programa de reparaciones integrales nos ha permitido poner de pie nuestra policía en cada rincón de la provincia, y asegurar que las principales áreas metropolitanas y hasta las pequeñas y medianas ciudades estén completamente controladas y patrulladas 

    A su turno, Scaglia indicó que «seguimos todos los días trabajando en lo que nos propusimos, que era devolverle tranquilidad, orden y seguridad a la provincia de Santa Fe. En cada punto de la provincia durante estos 24 meses estuvimos mejorando el equipamiento de la policía, y eso creo que nos pone a la altura de ser la mejor fuerza policial de la República Argentina: no hay en el país ningún gobierno provincial que haya invertido lo que invirtió Santa Fe», afirmó. 

    Detalles de los nuevos vehículos

    El nuevo helicóptero que incorpora la Policía santafesina es un Robinson R44 Raven I monomotor especialmente adaptado para tareas de seguridad y patrullaje, incluyendo logística y capacitación; está equipado con motor Lycoming O-540 de seis cilindros, tiene una potencia de despegue de 230 SHP y capacidad de carga de hasta 900 libras (408 kilos) y es apto para operar con dos pilotos y dos pasajeros.

    Tiene además equipamiento específico para tareas operativas, entre ellos un reflector de búsqueda y un sistema de comunicación terrestre codificado, fundamentales para intervenciones nocturnas y coordinación en terreno.

    Por su parte, las camionetas Chevrolet Montana están totalmente equipadas para patrullaje. Estos móviles policiales forman parte de las 720 nuevas unidades que adquirió este año el Gobierno de Santa Fe en el marco de la Ley de Emergencia en Seguridad. Entre otras características, estas camionetas cuentan con tracción 4×2, paragolpes reforzados y rejas de protección para las luces, equipadas con pantalla táctil, cámara de estacionamiento y sensores.

     

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    “VINO PARA CUMPLIR UNA MISIÓN: SALVAR VIDAS” LEY JUSTINA

    Justina le dijo a su papá: «Hagamos algo no solo por mí, ayudemos a todos los que podamos», era su misión, ella nos estaba abriendo a un mundo de generosidad impresionante sin saber cuál era el final. Ese final, duro e inexplicable, nos golpeó, nos hirió. Pero, de a poco, también nos está ayudando a…

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  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

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