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LUIS Y LA BICICLETA #8

CAPÍTULO #8

Lunes 6 am. Sonó el despertador con ese viejo pipi-pipip… nada de músicas, si no después las terminas odiando. Luis se levantó. Todavía con los ojos cerrados y por simple inercia llegó al baño. Se pegó una ducha y listo. Fresco como una lechuga! Puso una pava para el mate y otra para el café con leche de los chicos. Tomó unos amarguitos con Eva y salieron todos juntos. Eva se fue a tomar el colectivo a la esquina, ese que la deja a 2 cuadras del colegio donde da clases de historia. Luis siguió caminando con los chicos hasta la escuela, que por suerte no queda tan lejos, a unas 7 cuadras de su casa.

Vamos che! Apuren que no está bueno llegar tarde– les dijo Luis mientras le tiritaba la pera del frío que hacía. A él le gustaba llegar siempre unos 15 minutos antes.
Los despidió con un beso y un fuerte abrazo, y les dijo que los amaba más que nadie. Todos los días se los recuerda.

Volvió rápidamente a su casa a buscar la bici y unos currículum que había impreso el día anterior. Si bien no había visto nada en los clasificados del domingo, iba a salir a repartir por donde sea.

Salió y pedaleó sin rumbo cierto. Dejó copias con antecedentes y referencias en cuanto mercado, tienda, taller y restaurant encontró abierto. Dejó el último CV en una ferretería. Era mediodía y el flaco no había comido nada. Metió mano al bolsillo y sacó 100 mangos, pensó en comprarse una sanguchito de mila por ahí. Los miró detenidamente por varios segundos y se los volvió a guardar. La mano no estaba como para gastar demás. Pensó que podía aguantar media hora más hasta llegar a su casa y comer lo que había quedado de la noche.

Ya estaba subiendo a la bici cuando escuchó una vocecita.
– disculpe Señor- dijo tímidamente una nena de unos 5 años.
– en que te puedo ayudar- contestó Luis con una servicial sonrisa
– No quiere comprar un pancito casero? Está recién hecho, los hace mi mamá, salen $25.
-Andás sola? Consultó preocupado
– No, con mi Papá- dijo la nena señalando hacia la esquina.
Ahí venía un muchacho parecido a Luis, con una bici también parecida pero con dos canastos llenos de pancitos caseros.
– Y capo! Te llevas unos pancitos?- le pego el grito mientras se acercaba.
– Mi papá se quedó sin trabajo – dijo la nena con esa típica incontinencia verbal de los chicos.
– Josefina! No tenés que contarle mi vida a todo el mundo!
– No te hagas problema, tengo uno más o menos de su edad. No tienen filtro – soltó con complicidad-. Ella es tu vendedora?
– Si, los dos más grandes amasan y cocinan con mi mujer.
– Hace mucho estas sin Laburo?
– 8 meses.
– uh, que garrón. Dijo el flaco
– Si, no te Imaginas…
Luis solo hizo una mueca, no quiso decirle que estaba en la misma.
– Me llevo 4 pancitos. A mi mujer y mis nenes les encantan – le dijo dándole sus tan cuidados 100 pesitos. Valía la pena gastarlos.- Suerte! Dijo Luis mientras salía pedaleando.

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Camino a casa no paró de pensar en todos los que estaban en su misma situación. Todos los locales que se cruzó con el cartel “SE ALQUILA” presuponían que ahora nadie trabajaba allí, y aquellos con las vidrieras pintadas “LIIQUIDACIÓN POR CIERRE”, que alguien pronto ya no lo haría.

Una frase se le cruzó por la cabeza. “cambiaremos futuro por pasado”… Ese futuro llegó hace rato…

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