La Dirección de Tránsito y Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina recuerda que la Ley 24449 en su artículo 18 establece que el titular de una Licencia de Conducir debe denunciar a la brevedad todo cambio de los datos que figuran en ella.
En el caso de haber cambiado de jurisdicción, deberá solicitar otra licencia ante la nueva autoridad jurisdiccional, la cual debe otorgársela previo informe del Registro Nacional de Antecedentes de Tránsito contra entrega de la licencia anterior y por el período que le resta de vigencia.
La licencia caduca a los 90 días de producido el cambio no denunciado.
La relación entre Lula y Donald Trump entre su pico de máxima tensión. El Gobierno de Lula activó este jueves el mecanismo previsto en la Ley de Reciprocidad Económica para responder a las medidas comerciales adoptadas por Washington. Antes de avanzar con eventuales contramedidas, Brasilia notificará a Estados Unidos y buscará una salida mediante consultas diplomáticas.
La decisión activa el mecanismo establecido por la Ley de Reciprocidad Económica (Ley Nº 15.122/2025) y representa un nuevo capítulo en la escalada comercial entre ambos países.
La Secretaría Ejecutiva de la Cámara de Comercio Exterior (Camex) compartió el pedido con los demás integrantes de su Comité Ejecutivo de Gestión, siguiendo el procedimiento establecido por el Decreto Nº 12.551/2025. En paralelo, el Ministerio de Relaciones Exteriores notificará al Gobierno estadounidense sobre el inicio del proceso y solicitará consultas diplomáticas.
La apertura del expediente no implica todavía la aplicación automática de nuevos aranceles brasileños pero contempla una instancia de diálogo destinada a intentar reducir o incluso eliminar los efectos de las medidas estadounidenses antes de que Brasil pueda avanzar con las contramedidas previstas por la legislación.
Brasil remarcó además que las consultas diplomáticas buscan reforzar la decisión de privilegiar el diálogo y la negociación en sus relaciones internacionales.
La apertura del expediente no implica todavía la aplicación automática de nuevos aranceles brasileños pero contempla una instancia de diálogo destinada a intentar reducir o incluso eliminar los efectos de las medidas estadounidenses antes de que Brasil pueda avanzar con las contramedidas previstas por la legislación.
En este marco, el gobierno brasileño volvió a rechazar los argumentos utilizados por Estados Unidos para justificar sus medidas comerciales. Según informan en el Palacio Planalto durante el último año se mantuvieron negociaciones con la Oficina del Representante Comercial estadounidense (USTR) y se presentaron pruebas destinadas a refutar las acusaciones de supuestas prácticas comerciales desleales por parte de Brasil.
Por eso, calificó las tarifas estadounidenses de «injustificadas y arbitrarias» y aseguró que continuará defendiendo su posición ante todas las instancias disponibles.
Además de activar el mecanismo de reciprocidad, la potencia sudamericana anticipó que continuará adoptando medidas para reducir los daños provocados por los aranceles estadounidenses sobre la economía y los ingresos de los brasileños.
El Ejecutivo brasileño también ratificó su estrategia de diversificación comercial, con la búsqueda de nuevos socios y mercados para los productos brasileños. A la vez, anunció que mantendrá medidas de protección para los sectores afectados mediante el Plan Brasil Soberano, destinado a preservar empleos y la capacidad productiva nacional.
De esta manera, Brasil da un paso formal hacia una eventual respuesta comercial contra Estados Unidos, pero mantiene abierta la vía diplomática. La próxima etapa será la ronda de consultas entre ambos gobiernos, que determinará si la disputa puede encaminarse mediante una negociación o si Brasil avanzará hacia la aplicación de medidas de reciprocidad.
Brasil da un paso formal hacia una eventual respuesta comercial contra Estados Unidos, pero mantiene abierta la vía diplomática. La próxima etapa será la ronda de consultas entre ambos gobiernos, que determinará si la disputa puede encaminarse mediante una negociación o si Brasil avanzará hacia la aplicación de medidas de reciprocidad
El escenario de tensión no puede quedar escindido del proceso electoral de octubre que definirá al próximo presidente de Brasil y en el que Lula y sus principales ministros denuncian una injerencia de Estados Unidos.
La semana pasada, Lula acusó a Marco Rubio de «odiar a Brasil» y de obstaculizar la negociación con Donald Trump. En el entorno del líder del Partido de los Trabajadores crece la teoría que es el Secretario de Estado el que quiere que la relación con la Casa Blanca e intervenir directamente en las elecciones en favor de Flavio Bolsonaro.
LPO adelantó que China decidió intervenir en favor de Brasil en la pelea con Estados Unidos por los aranceles a través de una solicitud formal para participar participar en las consultas iniciadas por el gobierno de Lula ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La solicitud de Beijing fue presentada bajo el artículo 4.11 del Entendimiento sobre Solución de Diferencias de la OMC bajo el argumento que posee un «interés comercial sustancial» en el caso debido a que las medidas estadounidenses también afectan a productos de origen chino.
Milei autorizó el amarre de un petrolero británico en Ushuaia, una decisión que genera polémica y cuestionamientos por su impacto sobre la soberanía y la causa Malvinas.
Por Bruno A. Monteverde para NLI
El Gobierno de Javier Milei acaba de quedar atrapado en una de esas contradicciones que ya no pueden explicarse como simples errores administrativos. Mientras la Argentina sostiene constitucionalmente que la recuperación del ejercicio pleno de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur constituye un objetivo permanente e irrenunciable, la administración nacional que interviene el puerto de Ushuaia autorizó allí el amarre y la operación de un buque petrolero de bandera británica, el VS Promise, en la capital de la provincia que incluye bajo su jurisdicción a los territorios australes usurpados por el Reino Unido.
La decisión provocó el inmediato repudio del Gobierno de Tierra del Fuego, que calificó la situación como “inadmisible” y exigió explicaciones públicas sobre los criterios políticos, estratégicos y administrativos que permitieron la operación. El reclamo adquiere una dimensión todavía mayor porque el Puerto de Ushuaia se encuentra actualmente bajo intervención de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación, es decir, bajo una administración que depende directamente del Estado nacional. La misma Nación que decidió desplazar a la Provincia del manejo de una infraestructura estratégica del extremo austral es, por lo tanto, la que ahora debe explicar por qué habilitó el ingreso de una embarcación vinculada a la bandera de la potencia que ocupa las islas cuya soberanía reclama la Argentina.
Un puerto intervenido en nombre de la soberanía
Hay una contradicción política difícil de disimular. La intervención nacional del puerto fue presentada como una medida destinada a garantizar el funcionamiento de una terminal considerada estratégica para los intereses argentinos, ubicada en un punto fundamental del Atlántico Sur y vinculada directamente con la proyección hacia la Antártida. Sin embargo, meses después, esa administración nacional autorizó que un petrolero británico amarrara en Ushuaia, precisamente en un escenario geopolítico donde la soberanía argentina sobre el Atlántico Sur no es una cuestión simbólica sino un conflicto territorial reconocido internacionalmente.
La situación resulta todavía más llamativa porque la Provincia recordó la existencia de normas locales que restringen la permanencia, amarre, abastecimiento y operaciones logísticas de embarcaciones de bandera británica vinculadas con actividades relacionadas con los recursos naturales de Malvinas. Tierra del Fuego reclamó entonces que el Gobierno nacional explique bajo qué criterios se permitió la operación y cuestionó que una decisión de semejante sensibilidad estratégica haya sido tomada sin coordinación con las autoridades provinciales.
El problema no es, entonces, solamente que un barco haya llegado a un puerto argentino. El problema es qué representa ese barco, dónde fue autorizado a operar y quién tomó la decisión. Ushuaia no es un puerto cualquiera: es la ciudad más austral del país, capital de la provincia que constitucionalmente comprende a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, y constituye además una pieza fundamental de la presencia argentina en el Atlántico Sur y de su proyección antártica.
Malvinas no es una consigna para los actos oficiales
La Constitución Nacional no deja margen para interpretaciones caprichosas sobre la cuestión. La Disposición Transitoria Primera establece que la Nación Argentina ratifica su “legítima e imprescriptible soberanía” sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y que la recuperación de esos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía constituyen un objetivo permanente e irrenunciable.
Por eso resulta insuficiente que el Gobierno de Milei ratifique formalmente el reclamo argentino durante un acto del 2 de abril si, en la administración concreta del territorio, de los puertos, de los recursos naturales y de la infraestructura estratégica del Atlántico Sur, aparecen decisiones que parecen subordinar esa cuestión a una lógica puramente comercial. En abril de este mismo año, Milei volvió a reivindicar públicamente la soberanía argentina sobre las islas y habló de fortalecer las capacidades de defensa nacionales. Pero cuatro meses después, la noticia que llega desde Ushuaia es que un petrolero británico pudo operar en el puerto bajo administración nacional.
La cuestión de fondo es precisamente esa distancia entre lo que se declara y lo que se hace. Defender Malvinas no consiste únicamente en pronunciar la palabra “soberanía” en un discurso presidencial, colocarla en un comunicado oficial o recordarla cada 2 de abril. Una política soberana implica también definir qué empresas, qué embarcaciones y qué intereses económicos participan en el desarrollo de los recursos estratégicos del Atlántico Sur, y hacerlo de acuerdo con una visión nacional de largo plazo.
El propio Estado argentino ha reconocido históricamente el carácter estratégico de esa región por sus recursos pesqueros e hidrocarburíferos, su posición geográfica, las rutas comerciales y su condición de plataforma natural hacia la Antártida. En consecuencia, convertir al Atlántico Sur en un simple espacio de negocios donde prevalece la conveniencia inmediata sobre la dimensión geopolítica significa, como mínimo, vaciar de contenido práctico la defensa de la soberanía.
El modelo Milei y una soberanía subordinada al negocio
La polémica del VS Promise vuelve a instalar una pregunta que el Gobierno debería responder sin consignas ni evasivas: ¿qué significa soberanía para Javier Milei? Porque si soberanía significa solamente reivindicar formalmente las islas mientras se flexibilizan las condiciones para que intereses vinculados al Reino Unido participen de actividades económicas en el extremo austral argentino, entonces estamos ante una concepción profundamente limitada de la defensa nacional.
Y allí aparece el problema político más profundo. La administración libertaria ha construido buena parte de su política exterior alrededor de una relación privilegiada con Estados Unidos y de una marcada cercanía ideológica con determinados sectores del mundo anglosajón. Esa orientación puede ser presentada como una elección diplomática, pero se vuelve problemática cuando comienza a chocar con intereses territoriales que la Argentina sostiene como política de Estado y no como patrimonio de un gobierno particular.
La propia legislación argentina creó mecanismos institucionales destinados a sostener una política de Estado sobre Malvinas y a generar consensos políticos y sociales para avanzar en el ejercicio pleno de la soberanía. El reclamo argentino, además, no depende de una interpretación partidaria: está incorporado a la Constitución y forma parte de una posición histórica sostenida por gobiernos democráticos de distinto signo político.
Por eso el episodio de Ushuaia merece algo más que una pelea circunstancial entre Nación y Provincia. Expone una concepción de país. De un lado está la idea de que el territorio, los puertos, los recursos naturales y el Atlántico Sur forman parte de una estrategia nacional que debe preservarse durante décadas. Del otro aparece una lógica en la que todo puede transformarse en una operación comercial mientras cumpla determinadas condiciones administrativas.
Y Malvinas no puede ser reducida a una cuestión administrativa. Tampoco puede convertirse en una variable secundaria frente a los negocios. Mucho menos puede sostenerse una política exterior que reivindique la soberanía argentina en los discursos mientras, en la práctica, habilita situaciones que generan el interrogante inevitable sobre cuánto pesa realmente esa soberanía a la hora de tomar decisiones.
El Gobierno de Tierra del Fuego pidió explicaciones y reclamó el fin de la intervención nacional sobre el puerto. También advirtió que la soberanía se ejerce “en todos los ámbitos posibles”, una definición que resume el núcleo de la controversia. Porque la soberanía no se defiende solamente frente a los organismos internacionales: se defiende en los puertos, en el mar, en los recursos naturales, en las decisiones económicas y en cada metro del territorio nacional.
El amarre del petrolero británico en Ushuaia deja así una imagen política difícil de ignorar: mientras una parte del territorio argentino permanece bajo ocupación británica y la Constitución ordena sostener como objetivo irrenunciable la recuperación de la soberanía, en la ciudad que mira hacia ese territorio una administración dependiente de la Casa Rosada permite operar a una embarcación vinculada al Reino Unido. Puede haber una explicación administrativa para la autorización, pero todavía falta la explicación política. Y esa explicación es la que Milei le debe al país, porque Malvinas no es una bandera que se levanta en los discursos: es una causa nacional que se defiende también cuando están en juego los intereses económicos del presente.
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