Las transformaciones dentro del lenguaje como en la naturaleza misma, son inevitables, considerar nulo el uso de la E como género neutro es como mínimo poner al utilitarismo conservador adentro de una caja académica, caja engalanada por la monarquía endocéntrica española. En la cual no me siento reflejado.
El lenguaje como todo sistema vivo evoluciona (o involuciona), diferencia vaga y subjetiva, pero cierta. Ellenguaje es como una célula que con el paso del tiempo se va modificando. La lengua española desciende del Latín, que luego del desmembramiento del imperio romano se disipó como un reguero por distintas regiones y se fue deformando o conformando en nuevas lenguas (“romances”).
El español, italiano, portugués y francés, (entre otros idiomas) son hijos del Latín, son lenguas hermanas que han adoptado distintos trayectos siendo un claro ejemplo de la mutación ramificada e independiente de cualquier lengua.
Los arcaísmos o neologismos, como también los préstamos lingüísticos; son conceptos que cimientan la metamorfosis continua del lenguaje. Ahora, ¿quién decide sobre esos cambios?
La Real Academia Española (RAE) es la entidad que se arroga la tarea de velar por la lengua castellana, hace unos días publicó un manual “Libro de estilo” donde atiende dudas frecuentes de hispanohablantes y en él juzga de innecesario el uso de la E como vocal genérica. Sin embargo, la RAE no es más que otro ejemplo de la centralización del poder, una manifestación religiosa-política unilateral que decide por el otro anulando la alteridad y las libertades individuales.
¿Quiénes están obligados a atarse a las reglas de la RAE? ¿Profesionales, educadores? ¿Todos, todes?. A las generaciones venideras no les interesa lo que opina la RAE. ¿Por qué no adelantarnos a ese proceso?. Si quienes deciden que podemos decir o no, o como decirlo, son sólo unos pocos vestidos de gala a 10 mil kilómetros de distancia.
Las libertades individuales y el desapego a las reglas, más aún si son dictadas por instituciones foráneas que ni siquiera tienen en cuenta la contextualización de los cambios y los nuevos fenómenos sociales; genera el espacio y colabora con la creación de neologismos.
En Argentina ésta polémica idiomática no es más que una especie de chivo expiatorio frente a problemáticas más complejas. Casi la mitad de los niños del país viven bajo los márgenes de pobreza pero eso no nos mueve la aguja. Sin embargo, cuando escuchamos un “todes” debatimos hasta el hartazgo.
Luchar contra la variabilidad del lenguaje es no entenderlo como lo que es, un sistema vivo, que como tal se modifica en relación a su entorno y sus actuantes.
Aceptarlo o no, es una decisión personalísima. Respetarlo, debiera ser un acuerdo tácito.
El discurso de Javier Milei no se limitó a defender reformas económicas. A través de una interpretación histórica cargada de antagonismos, el Presidente buscó reconstruir el vínculo emocional con su núcleo de apoyo, presentar a sus adversarios como responsables de una decadencia prolongada y reafirmar una identidad política basada en la ruptura con el pasado.
Por Roque Pérez para NLI
Más que una explicación económica, una narración sobre el pasado argentino
El discurso presidencial pronunciado hace minutos por Milei tuvo una característica central que excedió largamente la discusión sobre inflación, déficit fiscal o reformas estructurales: fue una construcción de sentido político. El Presidente no solamente intentó convencer sobre determinadas medidas económicas, sino instalar una determinada lectura de la historia argentina, donde el país aparece como víctima de un sistema de poder que durante décadas habría utilizado al Estado, la emisión monetaria y el endeudamiento como herramientas de privilegio.
La operación discursiva no es nueva en la política contemporánea. Los liderazgos que buscan transformar un escenario social complejo suelen construir un relato que organiza el pasado en torno a una fractura: un “antes” marcado por el fracaso y un “después” que solo puede llegar mediante una ruptura profunda. El sociólogo francés Pierre Bourdieu explicó que la política no se desarrolla únicamente en el terreno de las ideas, sino también en la capacidad de imponer categorías de percepción sobre la realidad. Quien logra definir qué problema tiene una sociedad también obtiene una ventaja para definir cuál es la solución.
En ese sentido, Milei no presentó simplemente un diagnóstico económico: presentó una interpretación moral de la Argentina. La inflación dejó de ser solamente un fenómeno monetario para transformarse, dentro de su relato, en la consecuencia de una dirigencia que habría administrado el Estado en beneficio propio. El déficit fiscal dejó de aparecer como una discusión técnica sobre ingresos y gastos para convertirse en la evidencia de una supuesta estructura de privilegios. El Banco Central dejó de ser una institución económica para transformarse en el símbolo de un modelo que, según su discurso, habría permitido a los políticos trasladar sus costos al conjunto de la sociedad.
La política como identidad: la necesidad de reafirmar al propio grupo
Uno de los elementos más relevantes del discurso presidencial es que no parece estar dirigido únicamente a convencer a quienes todavía dudan, sino principalmente, en esta época en que se le fugan los votos, a reafirmar a quienes ya forman parte de su identidad política. La construcción de un liderazgo no depende solamente de sumar adhesiones nuevas, sino también de mantener cohesionada una comunidad política que necesita encontrar una explicación común frente a las dificultades.
El politólogo alemán Carl Schmitt planteaba que la política moderna se organiza alrededor de la distinción entre amigo y enemigo. Aunque su teoría fue profundamente discutida por sus consecuencias autoritarias, su análisis permite observar un fenómeno presente en muchos movimientos políticos: la creación de una frontera simbólica que separa a quienes representan el cambio de quienes son identificados como responsables del problema.
En el caso del mileísmo, esa frontera se construye alrededor de una oposición entre “la gente común” y una “casta política” presentada como beneficiaria de un sistema agotado. Esa categoría no funciona solamente como una descripción de dirigentes concretos, sino como una identidad colectiva. Permite que sectores sociales diversos puedan reconocerse dentro de un mismo relato: trabajadores afectados por la inflación, jóvenes desencantados con los partidos tradicionales, pequeños empresarios golpeados por las crisis recurrentes o ciudadanos que sienten que las instituciones no respondieron a sus expectativas.
El discurso presidencial vuelve así a una lógica política clásica: transformar una experiencia individual de frustración en una explicación colectiva. La pérdida de poder adquisitivo, la incertidumbre económica o la sensación de estancamiento dejan de ser problemas aislados y pasan a formar parte de una historia común donde existe un responsable identificable.
El poder de los números y la creación de una verdad política
Un aspecto central del discurso fue el uso de cifras extremas y referencias históricas para reforzar la idea de una Argentina al borde del colapso permanente. En estos casos, el número no funciona únicamente como una herramienta descriptiva, sino como un recurso político y simbólico. Su objetivo no es solamente informar, sino producir impacto.
Cuando una cifra alcanza dimensiones difíciles de imaginar, adquiere una fuerza narrativa propia. El ciudadano común no necesariamente puede verificarla o reconstruir su metodología, pero sí puede interpretar su significado político: “todo estaba peor de lo que nos dijeron”. Esa operación permite instalar una sensación de revelación, como si el gobierno estuviera mostrando una verdad oculta durante décadas.
El filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard analizó cómo en las sociedades contemporáneas los símbolos y las representaciones pueden adquirir una fuerza incluso mayor que los hechos que pretenden representar. La política moderna no se libra únicamente en el terreno de los datos, sino también en el de las narraciones que permiten ordenar esos datos dentro de una interpretación emocionalmente convincente.
Por eso, más allá de la discusión técnica sobre cada número utilizado, el elemento político relevante es la función que cumple dentro del relato presidencial: confirmar que la ruptura propuesta por Milei no sería una opción ideológica entre otras, sino una supuesta necesidad histórica frente a un fracaso acumulado.
El líder que promete cerrar una etapa histórica
El discurso también puede leerse como un intento de consolidar una figura presidencial asociada a un momento fundacional. Milei no se presenta solamente como un administrador que aplica políticas económicas, sino como alguien que pretende representar un quiebre histórico entre dos épocas.
La construcción de liderazgos de este tipo suele apoyarse en la idea de que existe una crisis profunda que las estructuras tradicionales ya no pueden resolver. La politóloga alemana Hannah Arendt analizó cómo las sociedades atravesadas por crisis prolongadas pueden volverse más receptivas a liderazgos que ofrecen explicaciones simples, contundentes y totalizantes frente a problemas complejos. No porque los ciudadanos carezcan de racionalidad, sino porque en contextos de incertidumbre las explicaciones integrales ofrecen una sensación de orden y pertenencia.
El mensaje de Milei busca ocupar precisamente ese espacio: el de quien dice haber identificado la raíz de todos los males y propone una transformación completa. La promesa no es únicamente económica; es también emocional. Para sus seguidores, el proyecto no representa solamente una política fiscal o monetaria, sino la posibilidad de formar parte de una generación que “termina” con un ciclo histórico.
La batalla por el relato argentino
La profundidad política del discurso presidencial está, entonces, en que no intenta solamente defender medidas concretas, sino disputar la interpretación del pasado y del futuro del país. La pregunta central que plantea no es únicamente cómo equilibrar las cuentas públicas, sino quién tiene la autoridad moral para explicar por qué Argentina llegó hasta aquí.
Toda transformación política necesita una narrativa que la justifique. Los gobiernos construyen legitimidad no solamente a partir de resultados, sino también a través de relatos que explican esos resultados. Milei busca que su electorado interprete cualquier dificultad presente como el costo inevitable de una reconstrucción histórica y que cualquier resistencia sea vista como la defensa de un orden anterior.
La disputa, por lo tanto, no está solamente en el terreno económico. Está en la capacidad de cada espacio político para imponer una explicación sobre la Argentina: si el país fue destruido por un sistema político que abusó del Estado, como sostiene Milei, o si la crisis argentina, tal cual fue, responde a una combinación más compleja de factores económicos, sociales e institucionales.
En esa batalla por el sentido, el Presidente no habló únicamente de reformas. Habló de identidad, pertenencia y memoria colectiva. Y allí reside la verdadera dimensión política de su discurso: en el intento de convertir una propuesta de gobierno en una interpretación completa de la historia argentina.
La interna de la Sociedad Rural Argentina empezó a filtrarse en el Gobierno luego de que Patricia Bullrich desembarcara este viernes en la Exposición Rural de Palermo para mostrarse junto a Marcos Pereda y Santos Zuberbühler, la fórmula de Renovación con Unidad, que enfrentará al oficialismo de Nicolás Pino en las elecciones de la entidad del próximo 9 de septiembre.
Karina Milei mantiene una excelente relación con Pino que no ha escatimado gestos con los hermanos presidenciales. En la entidad descuentan que la Casa Rosada vea con simpatía la continuidad del actual presidente de la Sociedad Rural.
Sin embargo, Bullrich aprovechó para volver a tensar con el ejecutivo y se mostró a los abrazos y risas con los integrantes de la lista opositora durante la recorrida por la muestra. Los mismos candidatos se encargaron de viralizar el apoyo por las redes.
El reel de Bullrich con la lista opositora terminó de nacionalizar una elección que hasta ahora transcurría puertas adentro de la entidad agropecuaria. Con Milei previsto para el acto inaugural de la Exposición Rural, la pulseada entre Karina y Bullrich sumó un nuevo capítulo, esta vez con la conducción de la principal organización del campo como escenario.
Esta semana la senadora había sobreactuado una pelea con la vicepresidenta Victoria Villarruel por el fracaso de la sesión donde el oficialismo esperaba aprobar la ley de tierras pero el escándalo en el que se vio envuelto el gobierno por pelearse con la Scaloneta dilató la cuestión y Bullrich filtró un áspero cruce por wasap para congraciarse con Karina.
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ORDEN APARENTE Por casualidad de vez en cuando me lo cruzo. Hace poco me enteré de su apellido, un apellido que comparte con otras personas, y que nada me dice de él. Sí, nada me dice de su parsimonioso andar en bicicleta, de la manera en que los perros lo acompañan, de su larga y…
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La primera fecha del Regional #PremioFiestaProvincialDelaVendimia, ya se palpita en la ciudad. Este 11, 12 y 13 de marzo, los caminos reginenses levantan polvo. Más de medio centenar de binomios, darán color a una de las clásicas pruebas que recorre toda la provincia de Río Negro. La Perla del Valle, es la elegida para bajar la…