Infantino: «La transparencia forma parte del ADN de la nueva FIFA»

El presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, Gianni Infantino, aseguró hoy que «la transparencia forma parte del ADN de la nueva FIFA, algo que no existía antes en el pasado», en referencia a las irregularidades en el máximo ente del fútbol mundial bajo la presidencia del suizo Joseph Blatter.

«Queremos presentarles todas las novedades jurídicas y los proyectos de nuevas reglas, de forma abierta y transparente», expresó Infantino durante la segunda edición de la Revista Anual de Derecho del Fútbol.

«La transparencia es un término que llevamos en nuestro ADN en esta nueva FIFA, es algo nuevo que no existía en el pasado», agregó el directivo en la reunión anual en la que la organización repasa los cambios de sus regulaciones.

«Compartiendo información, ustedes saben lo que hacemos aquí, pero recibimos su información que nos ayuda a seguir avanzando», continuó.

Infantino, de 50 años, además expresó que «la salud es lo más importante» y que «en segundo lugar está el fútbol» en alusión a la pandemia del coronavirus que afectó al mundo.

«Lo que hemos aprendido estos meses es que la salud es lo más importante y en segundo lugar está el fútbol y luego el derecho del fútbol, que también es mi afición y cuando empecé en esto me dedicaba a ello», dijo.

«Es importante que todos defendamos el fútbol y un buen abogado a veces es tan importante como un buen delantero para ganar un partido», cerró Infantino.

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  • ¿Sueña Milei con hijos humanos?

     

    Le pregunté a mi agente de Gemini: ¿Sueña Javier Milei con hijos humanos? Me contestó a la supervelocidad artificial con la información disponible: “En términos de descendencia humana, el presidente no tiene hijos y ha expresado públicamente en diversas entrevistas que no forma parte de sus proyectos ni prioridades vitales, posicionando a sus perros como su principal núcleo de afecto familiar”.

    Respeto su decisión y hasta puedo llegar a empatizar si ha tenido problemas de fertilidad o no ha encontrado cómplices para la misión de la reproducción. La calle está dura en asuntos del corazón y el desencuentro gobierna en la era de la hiperconexión. Pero mientras para algunas personas se trata de una elección individual, en Argentina hay un fenómeno social que atender: más de la mitad de la población joven no logra concretar el tamaño de familia ideal por limitaciones materiales.  Sueñan los argentinos y las argentinas con hijos humanos que no pueden tener.  

    Esta afirmación se desprende de la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas desarrollada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) junto a Voices!. “Deseos reproductivos en encrucijada” titularon este informe que es revelador. Aporta evidencias, datos y respuestas al tema epocal recurrente, aquí y en el mundo: la baja de la tasa de natalidad. 

    “La maternidad será deseada o no será”, se dijo por aquí y por allá en el ciclo efervescente de 2018 y 2020, que brilla lejano y nostálgico en la opacidad del presente. Parece que con el deseo no alcanza, la maternidad y la paternidad no están siendo aún con deseo. Existen brechas a la hora de desear. 

    Más de la mitad de la población joven no logra concretar el tamaño de familia ideal por limitaciones materiales. Sueñan con hijos que no pueden tener.  

    Hoy, cuatro de cada diez jóvenes no pueden dejar la casa familiar, emanciparse: no pueden tener desde un rincón de intimidad para el sexo casual hasta construir un proyecto de vida propio. Cuatro de cada diez criaturas tuvo problemas para tener acceso a ropa o calzado. Cada vez más bebés nacen con sífilis congénita y con abstinencia. Y sí, cada vez nacen menos bebés. Una secuencia lógica. 

    Esto debería ser un tema de conversación pública y política: la búsqueda de la plenitud afectiva, los proyectos de expansión del amor de nuestra sociedad no pueden concretarse y eso es un problema para la vida democrática. Hannah Arendt ya lo advirtió en Los orígenes del totalitarismo: la soledad es mucho más que un sentimiento individual, es un problema político moderno que persiste. 

    Más allá del contexto actual, en nuestro país la baja de la tasa de natalidad se trata de un fenómeno transversal a todo el territorio nacional que es parte de la transición demográfica global de los últimos 70 años. Es necesario hablar más de esto desde una perspectiva de derechos humanos y también feminista.

    Si no ocupamos un lugar en la conversación sobre el tema, serán los voceros de la reacción conservadora quienes le subirán constantemente el volúmen hasta saturar e impedir la conversación. Seguirán diciendo en un tono que es catastrófico. Hablando de “invierno demográfico”, de “colapso” y hasta de fin de la humanidad. Y, en la búsqueda de explicaciones,  apuntando especialmente a las mujeres y al feminismo, las tecnologías y las políticas de derechos sexuales y (no) reproductivos.

    La natalidad cayó un 35% en la última década. La caída del embarazo adolescente explica gran parte del descenso, por la eficiencia de políticas públicas como el Plan ENIA.

    Sumado al histórico mandato de la maternidad, se ejerce una especie de presión moral, patriótica y hasta económica sobre nosotras y otra vez somos chivo expiatorio de una respuesta fácil a un fenómeno complejísimo y multicausal. Si hasta hace poco el feminismo fue chivo expiatorio del fracaso electoral del peronismo, ahora funciona como víctima propiciatoria del fracaso económico libertario. 

    Ponganse de acuerdo: si el mercado se regula solo, entonces ¿por qué el futuro del sistema previsional recae sobre las personas con capacidad de gestar? 

    «Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes. Hoy Argentina no llega a una tasa de natalidad que permita la reposición. La pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento», dijo este jueves el presidente en el Council of the Americas 2026. 

    Es llamativo que eligiera la secuencia “pasión por asesinar” apenas un día después de que la Fiscalía de Bolivia imputara formalmente al consultor argentino Fernando Cerimedo. El arquitecto de la narrativa del ecosistema digital libertario está acusado de tentativa de femicidio: se lo investiga como autor intelectual del intento de asesinato a su expareja, la abogada Nadia Beller, quien sobrevivió a la balacera estando embarazada.

    Si no conversamos sobre el tema, serán los voceros de la reacción conservadora quienes lo hagan, saturando con su tono catastrófico, hablando de “invierno demográfico”, “colapso”, «fin de la humanidad». Apuntando al feminismo y las tecnologías.

    Los dichos del presidente se desarman muy fácilmente poniendo hechos y datos en una línea del tiempo. La introducción de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo como explicación a la caída libre de los nacimientos es una falacia argumentativa. En Argentina, según las cifras del Ministerio de Salud de la Nación, la natalidad empieza su derrumbe a partir de 2014. El aborto es legal recién seis años después, en 2020. Es cierto: la cantidad de nacimientos cayó un 35% en la última década. Pero el 90% de esa caída se produjo antes de la interrupción voluntaria del embarazo. Además, si miramos el mundo, hay países en los que el aborto está prohibido o altamente restringido y la tasa de natalidad también baja: como Polonia, El Salvador o Nicaragua. 

    Más datos: también está en retracción, al menos en nuestro país, la cantidad de personas que buscan adoptar. En 2018 había 4.580 solicitantes para adopción. En algunos casos, se trataba de una familia monoparental (una sola mamá o un solo papá), y en la mayoría eran dos los solicitantes que, juntos, presentaban su legajo ante la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos de la República Argentina (DNRUA). Para fines de 2023 esas inscripciones habían caído a menos de la mitad, según estadísticas de ese organismo oficial. Se registraron 1.732 familias solicitantes, lo cual se traduce en una caída del 62% en un período de 5 años. 

    La caída del embarazo adolescente explica una gran parte del descenso. Hay menos maternidades forzadas. A nivel nacional las políticas públicas que pusieron el foco en la información, el acceso a los anticonceptivos y la prevención de los embarazos no intencionales, como el Plan nacional de Erradicación del Embarazo No Intencional en la Adolescencia, ENIA, en el que confluían los esfuerzos de salud y educación logró la reducción a la mitad de los embarazos adolescentes. Implementado por el gobierno de Mauricio Macri, continuó con la gestión de Alberto Fernández pero fue desmantelado cuando Javier Milei asumió la presidencia. Desde 2018, se registra el mayor descenso de la tasa de fecundidad en la adolescencia de los últimos 46 años. De acuerdo al último censo, el porcentaje de madres adolescentes -entre 15 y 19 años- tuvo una reducción muy pronunciada respecto de los resultados del censo anterior: pasó de 13,1% en 2010 a 6,4%. Esto es más jóvenes, tanto mujeres como varones, que pueden continuar con sus estudios y definir trayectorias laborales con mayor autonomía.

    La encuesta de UNFPA y Voices! llega a la conclusión que el deseo de tener hijos e hijas sigue vigente en la sociedad argentina, pero se enfrenta a una brecha entre aquello que se anhela y lo que efectivamente puede concretarse. El costo de crianza, la falta de ingresos estables y el acceso a la vivienda explican el 62% de las personas encuestadas que dijeron tener menos hijos e hijas de los deseados. Entonces no son los pañuelitos verdes.

    La Canasta de Crianza de la primera infancia, la niñez y la adolescencia, elaborada mensualmente por la Dirección Nacional de Estadísticas de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), es el parámetro oficial para dimensionar el costo integral de manutención y cuidado de la población de hasta 12 años inclusive. Para el período de julio de 2026, los valores oficiales de la canasta oscilaron entre los $545.683 y los $697.268 mensuales por hijo, situando el mayor nivel de gasto en el tramo de niñas y niños escolarizados de 6 a 12 años.

    Las organizaciones feministas llaman a un Acuerdo Nacional por los Cuidados. Puede sonar utópico, pero es un modo de proyectar el futuro.

    Hace algunas semanas la organización internacional Political Network for Values -Red Política por los Valores (PNFV) hizo distintas actividades en la Facultad de Derecho y en la legislatura con participación funcionarios nacionales y del gobierno porteño. Se trata del lobby para rechazar la Educación Sexual Integral  y el aborto legal.  A esto se suma la adhesión de la Argentina al Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia, otra alianza internacional provida impulsada desde 2020 que niega el derecho a interrumpir un embarazo. 

    Mientras el ecosistema de la ultraderecha sigue siendo el ataque a consensos, acuerdos y conquistas, las organizaciones feministas por estos días hacen un llamamiento a un acuerdo nacional por los cuidados. Puede sonar demasiado utópico en este contexto. Pero más allá de las fantasías de la ciencia ficción capitalista de los tecnomillonarios, realmente el único movimiento político que está proyectando el futuro es el feminismo.  Hablar de cuidados hoy es hablar de cómo queremos vivir en los próximos años: criar y acompañar los bebés que ya existen, junto con el acelerado envejecimiento poblacional. Es hablar de tiempo libre, trabajo, salud y vida en comunidad. 

    Para sostener la vida hoy cada vez más familias deben resolver con su tiempo, trabajo y esfuerzo  necesidades que deberían formar parte de un sistema de protección social. Se destruyeron 48 de 50 políticas de cuidado en la era Milei. Aparecen rebusques que hasta monetizan el tiempo de cuidados como las cajeras online. Cuidar es más que nunca una responsabilidad privada en condiciones aún más frágiles, cuando debería ser una prioridad pública. 

    La baja de la tasa de natalidad tiene que ser una oportunidad para abrir múltiples conversaciones como esta desde un enfoque sensible y empático, especialmente con aquellas personas que quieren procrear pero no encuentran con quién, pero también con otras múltiples crisis que atraviesa la humanidad hoy, ambiental, desde las guerras en curso, la crisis educativa o la crisis de la soledad, que ya es considerada una epidemia silenciosa, la crisis de la presencialidad y la crisis del emparejamiento. 

    Queremos que sueñen los argentinos y argentinas con hijos humanos y que puedan verlos nacer antes de que la reproducción con seres digitales sea una realidad. 

    La entrada ¿Sueña Milei con hijos humanos? se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    Mucho antes de Stonehenge: descubren un santuario de 6.500 años diseñado para seguir al Sol y la Luna

     

    Un monumental recinto circular descubierto cerca de Chleby, en la República Checa, tiene unos 6.500 años de antigüedad y fue construido más de un milenio antes que Stonehenge. Sus doce accesos no estarían distribuidos al azar: los investigadores creen que fueron concebidos para observar momentos clave de los ciclos del Sol y la Luna, una evidencia que obliga a reconsiderar cuánto sabían las primeras comunidades agrícolas europeas sobre el cielo, el tiempo y las estaciones.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de las grandes construcciones prehistóricas relacionadas con la observación del cielo, Stonehenge aparecía casi inevitablemente como el gran punto de referencia. El monumento británico se convirtió en el símbolo universal de una humanidad prehistórica capaz de levantar estructuras monumentales y relacionarlas con los movimientos del Sol. Pero una investigación arqueológica que acaba de cobrar relevancia en Europa Central introduce una perspectiva mucho más antigua: cerca de la actual localidad de Chleby, en la región de Bohemia Central, los investigadores estudian un enorme recinto construido hace aproximadamente 6.500 años, cuya arquitectura parece haber sido concebida teniendo en cuenta los ciclos solares y lunares. El sitio no es solamente anterior a Stonehenge: lo precede por más de mil años, y su existencia obliga a retroceder considerablemente el momento en que creemos que las sociedades agrícolas comenzaron a convertir sus conocimientos del cielo en arquitectura monumental.

    El descubrimiento resulta particularmente llamativo por las dimensiones del complejo. El recinto tenía aproximadamente 230 metros de diámetro y estaba delimitado por un foso de más de 2,5 metros de profundidad, formando una estructura casi circular de una escala extraordinaria para una comunidad que vivió durante la prehistoria europea. Pero lo que terminó de despertar el interés de los arqueólogos fueron sus doce entradas, distribuidas de manera aparentemente irregular alrededor del perímetro. Cuando el equipo dirigido por Petr Krištuf, de la Universidad de Bohemia Occidental, comenzó a analizar con mayor precisión la geometría de esos accesos, encontró que su disposición podía formar líneas de observación relacionadas con acontecimientos astronómicos significativos. Según los investigadores, la arquitectura habría permitido seguir momentos importantes de los ciclos del Sol y de la Luna.

    Un calendario construido sobre la tierra

    La cuestión fundamental no es simplemente que los habitantes de Chleby miraran el cielo. Eso, en realidad, no sería sorprendente: para una comunidad agrícola, observar el cielo era una necesidad práctica. El problema consiste en determinar hasta qué punto ese conocimiento estaba organizado, transmitido y convertido en una estructura colectiva. Y es allí donde el sitio adquiere una dimensión histórica extraordinaria, porque la disposición de sus entradas parece responder a determinados puntos extremos de los movimientos celestes, lo que podría haber permitido identificar acontecimientos que se repetían según ciclos relativamente precisos.

    Una de las alineaciones estudiadas por los arqueólogos estaría relacionada con las posiciones extremas de la Luna sobre el horizonte durante su ciclo de aproximadamente 18,6 años, conocido como major lunar standstill. Otra relación geométrica vincularía el amanecer del solsticio de verano con el atardecer del solsticio de invierno. Los investigadores señalan que esta segunda disposición guarda un paralelismo conceptual con el eje principal de Stonehenge, aunque eso no significa que ambos monumentos hayan tenido exactamente la misma función ni que exista una relación directa entre las comunidades que los construyeron. Lo que sí demuestra Chleby, si las interpretaciones continúan siendo confirmadas, es que la utilización monumental de los ciclos celestes aparece en Europa mucho antes de lo que la comparación tradicional con Stonehenge podía hacer imaginar.

    La diferencia temporal es enorme. Los materiales orgánicos analizados permiten situar la construcción de Chleby alrededor del 4500 a. C., mientras que las primeras grandes estructuras de Stonehenge pertenecen a un período posterior, iniciado aproximadamente hacia el 3000 a. C. Esto significa que cuando todavía faltaban más de mil años para que comenzaran las primeras grandes obras monumentales de Stonehenge, en la Europa Central ya existía una comunidad capaz de transformar un espacio de cientos de metros en un complejo cuya geometría aparentemente incorporaba referencias al movimiento de los astros.

    Pero sería un error imaginarlo simplemente como un gigantesco observatorio astronómico en el sentido moderno. Los arqueólogos hablan de un santuario o centro ritual, y la propia disposición del lugar parece indicar que la observación del cielo formaba parte de un sistema social y religioso más amplio. Para aquellas comunidades, el solsticio no era solamente una coordenada astronómica: podía representar un momento de transformación, el cambio de una estación, la renovación de los ciclos naturales y la organización de las actividades agrícolas. El cielo podía funcionar simultáneamente como calendario, referencia religiosa y mecanismo para ordenar la vida colectiva.

    Los animales que custodiaban las entradas

    Hay otro conjunto de hallazgos que refuerza la interpretación ritual del lugar. En el interior del foso fueron encontrados cráneos y cuernos de bovinos, especialmente cerca de algunas de las entradas. Los investigadores consideran posible que estos restos hayan formado parte de la decoración de los accesos monumentales, lo que introduciría un componente simbólico en la arquitectura del santuario. El toro y el ganado tenían una importancia fundamental para muchas comunidades agrícolas prehistóricas, no solamente como fuente de alimento y fuerza de trabajo, sino también como elementos cargados de significado ritual.

    La presencia de estos restos permite comprender por qué reducir Chleby a un “calendario gigante” sería probablemente simplificar demasiado su significado. La astronomía estaba integrada en una cultura ritual, y esa cultura tenía una relación directa con el territorio, los animales, las estaciones y la supervivencia de la comunidad. El mismo espacio que podía servir para identificar el momento del solsticio podía convertirse en escenario de ceremonias, reuniones, celebraciones o prácticas simbólicas cuyo significado exacto todavía se encuentra fuera de nuestro alcance.

    De hecho, una de las grandes preguntas que permanece abierta es precisamente qué ocurría dentro del recinto. Los investigadores están realizando análisis del suelo para determinar qué actividades tuvieron lugar allí y reconstruir cómo fue utilizado el espacio a lo largo del tiempo. El proyecto internacional en el que participan investigadores de la Universidad de Bohemia Occidental, la Universidad Carolina y la Universidad de Hradec Králové busca precisamente comprender la dinámica de utilización de estos paisajes rituales prehistóricos, diferenciando entre actividades ceremoniales, encuentros comunitarios, producción y otras prácticas que pueden dejar rastros microscópicos mucho después de que las estructuras hayan desaparecido.

    Y allí aparece una de las grandes particularidades de Chleby: no permaneció congelado en el tiempo. El sitio continuó transformándose después de que el recinto original perdiera su función. Las investigaciones señalan que durante la Edad del Hierro, alrededor del siglo VIII a. C. en adelante, el antiguo santuario comenzó a ser utilizado de otra manera, hasta convertirse en una estructura vinculada al manejo del agua. Con el paso del tiempo, el espacio fue ocupado por viviendas y terminó integrado a un asentamiento ordinario. Es decir, el lugar que alguna vez pudo haber concentrado ceremonias y observaciones astronómicas terminó absorbido por la vida cotidiana.

    Una revolución que empezó mirando al cielo

    La importancia de Chleby no reside solamente en que sea “más antiguo que Stonehenge”. Esa comparación es útil para dimensionar su antigüedad, pero puede terminar ocultando lo verdaderamente importante. El hallazgo permite observar un momento de transformación profunda de las sociedades humanas, cuando las comunidades agrícolas comenzaron a modificar de manera permanente el paisaje, a concentrar personas en determinados lugares y a utilizar conocimientos sobre los ciclos naturales para organizar la vida colectiva.

    Hace 6.500 años, los habitantes de aquella región no disponían de relojes, calendarios impresos, instrumentos ópticos ni sistemas científicos modernos, pero necesitaban responder preguntas fundamentales: cuándo llegaría una determinada estación, cuándo cambiarían las condiciones climáticas, cómo organizar los trabajos agrícolas y cómo interpretar los ciclos de la naturaleza. La respuesta estaba, en buena medida, sobre sus cabezas. El Sol y la Luna eran dos de los grandes relojes de la humanidad, y Chleby podría ser una de las evidencias más antiguas de que esos relojes fueron incorporados deliberadamente a un espacio monumental.

    La comparación con Stonehenge, por lo tanto, adquiere otro significado. No estamos ante un monumento que simplemente “le gana” en antigüedad al famoso círculo británico, sino ante una prueba de que la relación entre arquitectura, ritual y astronomía tiene raíces mucho más profundas en la Europa prehistórica. Las sociedades que construyeron Chleby todavía estaban muy lejos de las ciudades, los Estados y las civilizaciones que posteriormente dominarían Europa y el Mediterráneo, pero ya eran capaces de coordinar trabajo colectivo, planificar grandes estructuras y transmitir conocimientos suficientemente precisos como para que la orientación de un conjunto monumental tuviera significado.

    La arqueología suele avanzar precisamente de esta manera: no destruyendo las historias conocidas, sino obligándonos a retroceder cada vez más el comienzo de aquello que creíamos que había aparecido después. Durante generaciones, Stonehenge funcionó como una de las imágenes más poderosas de la inteligencia astronómica de la prehistoria europea. Ahora, a más de mil años de distancia cronológica, Chleby aparece como un recordatorio de que sus constructores no fueron necesariamente los primeros en mirar el cielo y convertir esa observación en una obra monumental.

    Quizás la verdadera historia de Stonehenge no comenzó en Stonehenge. Tal vez comenzó mucho antes, cuando una comunidad de agricultores comprendió que el movimiento del Sol y de la Luna podía convertirse en conocimiento compartido, y que ese conocimiento podía ser escrito sobre el paisaje mediante tierra, piedra, caminos y puertas. En Chleby, seis milenios y medio después, esas líneas todavía parecen estar allí para contarnos que nuestros antepasados ya habían aprendido a medir el tiempo mirando hacia arriba.

     

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