A partir de las 20 horas en el minianfiteatro del Militante se desarrollará la cuarta edición de la Fiesta de la Inclusión, organizada por el Consejo Local para las Personas con Discapacidad.
La actividad cuenta además con el auspicio de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina.
En la oportunidad se presentarán Alicia Triviño, Rey David, Dime que si y Romina Mellado.
Javier Milei escaló otro peldaño su pelea con el diario La Nación. Este domingo aprovechó un tuit de Toto Caputo contra una nota del columnista político Jorge Liotti, para insultar al editor y propietario del diario, Fernán Saguier.
«AQUÍ BASURA INMUNDA DE NUEVO MINTIENDO. Obviamente estas mentiras están avaladas por editores delincuentes y dueños de moral cuestionable», opinó sobre la nota de Liotti, un periodista muy respetado y equilibrado en sus columnas.
Pero la furia de Milei, más allá del estado de frustración que traviesa porque la inflación se le escapó, viene de antes.
Meses atrás el periodista Luis Majul logró concertar una reunión entre Milei y Saguier. Recién se habían sentado a la mesa para compartir un almuerzo en la Quinta de Olivos, cuando el Presidente descolocó el editor de La Nación al sacar una lista y enumerar todos los periodistas que tenía que echar.
AQUÍ BASURA INMUNDA DE NUEVO MINTIENDO.Obviamente estas mentiras están avaladas por editores delincuentes y dueños de moral cuestionable.CIAO! https://t.co/WbUa7C3dUe
«Presidente nosotros tenemos más de cien años de historia, no podemos aceptar esto», le contestó Saguier. «Entonces no hay nada más que hablar, esta reunión terminó», le contestó Milei.
Saguier intentó reconducir el almuerzo pero no hubo manera, la tensión escaló y el periodista se terminó yendo de la Quinta de Olivos de mala manera.
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La industria volvió a caer con fuerza en febrero. Y esta vez no hubo rebote que amortigüe el golpe. El número es contundente: la actividad se desplomó 8,7% interanual y retrocedió 4% frente a enero en la medición desestacionalizada. Es el octavo mes consecutivo en baja. La serie ya no muestra oscilaciones. Marca una tendencia.
El dato confirma lo que venían señalando los relevamientos privados y ahora oficializó el Indec: la caída de la industria no encuentra piso. El leve repunte de enero fue apenas un espejismo. Febrero volvió a mostrar una caída extendida en casi todos los rubros, con fuerte impacto en sectores vinculados al consumo interno y la construcción.
La baja no es homogénea, pero sí generalizada. Metalmecánica, textiles y materiales para la construcción lideraron las caídas. También la industria automotriz sintió el golpe, en un contexto de demanda doméstica debilitada y exportaciones que no alcanzan para compensar. El crédito sigue bajo, los salarios rezagados y la actividad se ajusta por cantidad.
Pero hay un dato que encendió alertas en el sector: el desempeño de la agroindustria. Tradicional refugio en tiempos de crisis, esta vez mostró signos de fatiga. Y no por falta de cosecha, sino por un conjunto de factores que revelan tensiones más profundas.
Un dato que encendió alertas en el sector: el desempeño de la agroindustria. Tradicional refugio en tiempos de crisis, esta vez mostró signos de fatiga.
El primero es el comportamiento de los productores. En febrero, las fábricas de aceite y harina de soja tuvieron dificultades para conseguir mercadería física. La razón es simple: los precios internacionales de la soja cayeron y muchos productores decidieron no vender. Prefirieron retener los granos a la espera de una mejora en las cotizaciones.
Ese movimiento, que en el lenguaje del sector se llama «retención de cosecha», tuvo impacto directo en la industria. Sin grano, no hay molienda. Y sin molienda, cae la producción de aceite y harina, que son los productos de mayor valor agregado del complejo exportador.
A eso se sumó un segundo factor, menos visible pero igual de relevante: la menor importación temporaria de soja desde Paraguay. En condiciones normales, cuando la oferta local escasea, las plantas argentinas recurren a soja paraguaya para sostener el ritmo de producción. En febrero, ese flujo fue menor.
El resultado fue un doble estrangulamiento: menos grano local por retención y menos grano importado para compensar. Las plantas trabajaron por debajo de su capacidad.
El problema no terminó ahí. Febrero también fue un mes corto en términos productivos. El calendario jugó en contra. Los feriados de carnaval redujeron los días hábiles y, además, hubo un paro sindical que paralizó puertos y plantas durante varios días. En algunos complejos, la actividad efectiva se redujo a apenas 15 jornadas.
Pero incluso dejando de lado estos factores coyunturales, el sector enfrenta un problema más estructural: los márgenes. Los costos de energía, combustibles e insumos subieron por encima de los precios de exportación. Esa brecha empezó a erosionar la rentabilidad.
Mientras la molienda cae, las exportaciones crecen. En el primer bimestre del año subieron 7%. Pero ese aumento se explica por mayores despachos de grano sin procesar, principalmente trigo y girasol. El valor agregado, en cambio, retrocede. Es un cambio de calidad. Menos industria, más primarización.
La consecuencia es una paradoja. Mientras la molienda cae, las exportaciones crecen. En el primer bimestre del año subieron 7%. Pero ese aumento se explica por mayores despachos de grano sin procesar, principalmente trigo y girasol. El valor agregado, en cambio, retrocede. Es un cambio de calidad. Menos industria, más primarización. Menos empleo y menos encadenamientos productivos.
En ese contexto, la caída del 8,7% adquiere otra dimensión. No es solo una baja en la producción. Es una señal sobre el tipo de crecimiento que se está configurando. El Gobierno apuesta a que la estabilización macroeconómica termine derramando sobre la actividad. Pero por ahora ocurre lo contrario. La estabilidad convive con caída productiva.
Y el dato final termina de poner el cuadro en perspectiva. La última vez que la industria registró una caída mensual más profunda que la actual fue en abril de 2020, cuando el confinamiento por la pandemia paralizó las fábricas y la producción se desplomó 19,2% en un solo mes. La diferencia es que aquella fue una caída abrupta y excepcional. La actual es persistente. Y, por eso mismo, más difícil de revertir.
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