¡habra-premios-para-quienes-abonen-la-ultima-boleta-mensual-por-tasas-retributivas!

¡Habrá premios para quienes abonen la última boleta mensual por tasas retributivas!

La Municipalidad de Villa Regina pone en marcha a partir de octubre la posibilidad de que los contribuyentes puedan pagar la última boleta mensual por tasas retributivas aunque mantengan deudas.

Por ello pone a disposición de los vecinos las cuotas de tasas mediante la entrega de los recibos en sus domicilios. Además, si pagan la boleta mensual, durante octubre, noviembre y diciembre participarán del sorteo de importantes premios.

Podrán participar del sorteo los contribuyentes que no registren deudas de tasas retributivas:

*Para el sorteo del 28 de octubre deben tener al día la cuota de tasas retributivas del mes de octubre (se sortea una bicicleta mountain bike).

*Para el sorteo del 29 de noviembre deben tener al día la cuota de tasas retributivas de los meses de octubre y noviembre (se sortea una bicicleta mountain bike).

*Para el primer sorteo del 28 de diciembre deben tener al día la cuota de tasas retributivas del mes de diciembre (se sortea una bicicleta mountain bike).

*Para el segundo sorteo del 28 de diciembre deben tener al día las cuotas de tasas retributivas de los meses de octubre, noviembre y diciembre (se sortea un monopatín eléctrico y una mesa de camping plegable con cuatro sillas).

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • |

    EL COMPOSTAJE PUEDE REDUCIR MÁS DE 20 MILLONES DE KILOS DE BASURA POR DÍA EN ARGENTINA

    Si cada argentino hiciese esta práctica, más de 20 millones de kilos diarios de «basura» no terminarían en un relleno sanitario. Cada habitante de este país desecha aproximadamente 1 kilo de «basura» por día. Si nos enfocamos en lo orgánico, esos 22 millones de kilos diarios, en lugar de transportarse y pudrirse en los basurales…

    Difunde esta nota
  • |

    Emma Contreras, uno de los deportistas locales de mayor proyección

    Emma Contreras es uno de los deportistas locales con mayor proyección en la ciudad. El slackero reginense alcanza altos rendimientos cada vez que se presenta en cualquier evento de Trick. Luego del atípico 2020, del que no estuvieron exentos los deportistas, Emma Contreras se prepara para participar desde el 1 al 4 de abril del…

    Difunde esta nota
  • | |

    CHUBUT FRENA EL GLIFOSATO, ¿Y LAS MINERAS?

    FABRICIO CARDELLI ESCRIBE PARA LATAPA Chubut se convirtió en la primera provincia del país en prohibir el glifosato, entre idas y vueltas del gobernador. La idea de esta columna es dar un pantallazo de una problemática global: los controles a las multinacionales. Qué dijo el presidente Mauricio Macri sobre el herbicida y qué dice la…

    Difunde esta nota
  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

    Difunde esta nota
  • La protesta policial de Santa Fe se extiende y convocan a penitenciarios para patrullar Rosario

     

    Una protesta inorgánica, sin líderes claros, desordenada en los reclamos que llegan a la mesa de negociación, pero con una potencia que está lejos de declinar. Las manifestaciones de la policía ya desbordaron Rosario y se activaron en distintas ciudades de Santa Fe. El gobierno de Pullaro tuvo que apelar a personal penitenciario para controlar las calles ante la deserción masiva de los policías. La noche de este martes llegó cargada de tensión, sin solución al conflicto y con nuevos focos en ciudades importantes como Santa Fe y Santo Tomé.

    A las 20 de este martes funcionarios de segunda línea del Ministerio de Seguridad reconocieron que no se alcanzó ningún acuerdo con los policías rebeldes que están acuartalados a cielo abierto, con decenas de patrullas policiales rodeando la Jefatura de Rosario y familiares plantados de modo permanente en frente del portón principal.

    El día había comenzado con el ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, anunciando que comprendían que había un reclamo legítimo que engloba recomposición salarial, pero advirtiendo que había sectores ligados a efectivos presos por corrupción que atizaban el conflicto. Por eso pasó a disponibilidad y retiró el arma de 20 efectivos. Fue peor.

    Extrema tensión en Rosario por la protesta policial, ya se resintió el servicio en la calle

    Si hasta ese momento había 20 patrulleros apostados en la puerta de Jefatura pasó a haber 60 móviles, que permanecieron amenazantes, con las sirenas encendidas. Pullaro se indignó por la presencia de encapuchados. Los manifestantes afirman que en una organización basada en la obediencia vertical el desafío a la autoridad conlleva sanciones, pro eso ocultan su rostro. Pero durante el día y en la noche de este martes, como novedad política, los policías empezaron a mostrarse en la protesta a cara descubierta. Un desafío abierto a la autoridad.

    «No quieren aflojar. Habían levantado el corte después de media tarde. Como no les dan soluciones volvieron a poner todos los móviles en la calle y se cortó todo de nuevo», dijo un suboficial con diez años de servicio, mientras las sirenas sonaban con estridencia en la YPF vecina a Jefatura, copada por móviles y policías.

    No quieren aflojar. Habían levantado el corte después de media tarde, pero como no les dan soluciones volvieron a poner todos los móviles en la calle.

    Lo llamativo en tres nudos: La cantidad de policías que manifiestan a cara limpia exponiéndose a sanciones administrativas. El hecho de que la protesta haya escalado pese al anuncio de sanciones por abandono de servicio. Y el fuerte malestar con el gobierno de una policía que fue empoderada por Pullaro con gestos que robustecen su autoridad, pero a la que se le exigen fuerte trabajo de calle y según denuncia por muy bajos ingresos. El salario inicial ronda los 800 mil pesos y los 500 de emergencia que ofreció Pullaro al inicio de la protesta sólo alcanzaba a los uniformados que hacen tarea de calle.

    Los policías protestando en la estación de YPF cercana a la Jefatura de Rosario.

    «La anarquía reina dentro del reclamo», dijo a LPO el secretario de Seguridad de Santa Fe, Omar Pereyra. El funcionario que es el encargado específico de la policía provincial, sostuvo que ese es el motivo por el cual el ministro de Seguridad no estuvo presente esta tarde en la mesa de negociación.

    «El abogado que llegó a la mesa como intermediario -Gabriel Sarla– tiene buena voluntad pero dos problemas: no sintetiza las demandas, que se multiplican todo el tiempo, y cuando vuelve a comunicar lo conversado no satisface a los que protestan. Así no es posible llegar a ningún acuerdo pese a la total voluntad para escuchar», comentó Pereyra.

    La anarquía reina dentro del reclamo. El abogado que llegó a la mesa como intermediario tiene buena voluntad pero dos problemas: no sintetiza las demandas y cuando vuelve a comunicar lo conversado no satisface a los que protestan. Así no es posible llegar a ningún acuerdo.

    El portón de la Jefatura de Rosario tiene dos hojas gigantes que son la entrada y salida de los móviles del patrullaje urbano por dos avenidas, Ovidio Lagos y Francia. Ovidio Lagos fue despejada por la fuerza por el jefe de policía de provincia con grupos tácticos en la medianoche del lunes. 

    «La decisión de liberar Ovidio Lagos fue elemental porque es una vía de ingreso a la ciudad y es un contrasentido que no se pueda transitar por una protesta de la policía», dijo Pereyra. 

    «Para llegar a la reunión pedimos que los móviles no taparan el ingreso a avenida Francia. Dijeron que sí, pero luego no lo hicieron. Los representantes que llegan a negociar no logran hacer cumplir con lo que se comprometen. Por esa falta a lo pactado es que el ministro de Seguridad no se hizo presente», agregó Pereyra.

    Esto es lo que pasó con el enviado policial, el abogado Gabriel Sarla. «Se comprometió a que no se cortaran los portones y no pudo garantizarlo. Perdió su condición de vocero único. El tema es que nadie surge como representativo porque hay múltiples grupos pidiendo cosas muy diversas», sostuvo Pereyra, que es ex comandante de Gendarmería.

    El servicio de seguridad con más de la mitad de la flota regular desafectada por la protesta estaba muy afectado en Rosario al punto que por la tarde el gobierno acudió a personal penitenciario para la custodia del frente de Jefatura. Aunque no se reportaron hechos graves o al menos no trascendieron.

    «No estamos en el nivel óptimo de 200 patrulleros por turno pero estamos cubriendo con un diagrama de emergencia entre quienes no se adhieren, otras direcciones generales, con un rediseño con un esfuerzo extra de personal de otras regionales, por lo que tenemos cubierto el servicio del 911», dijo Pereyra, que reconoció que la protesta, aunque con expresiones dispares que no se acercan al que se ve en Rosario, ya afectan a las 19 unidades regionales de toda la provincia. «Es fuerte el reclamo», reconoció el secretario de Seguridad.

    El servicio de seguridad con más de la mitad de la flota regular desafectada por la protesta estaba muy afectado en Rosario al punto que por la tarde el gobierno acudió a personal penitenciario para la custodia del frente de Jefatura. 

    El funcionario, número dos de Seguridad en Santa Fe, explicó que se trata de un reclamo multicausal. «Me pregunto qué cuestión tan fuerte tiene que haber para atacar un plan de seguridad que a la vista de todos está siendo exitoso, con la baja a la mitad de índices de delitos violentos. A los policías no les puede molestar un trabajo organizado que está dando resultados y que hicieron ellos mismos. Pero hay en grupos un resentimiento mal canalizado, algo que no tiene que ver con justos reclamos de ingresos, salud o bienestar», opinó Pereyra.

    -¿A qué se refiere?, ¿a los planteos del ministro de grupos de policías exonerados de los que habló el ministro Cococcioni?, preguntó LPO.

     -Sí, contestó conciso el secretario de Seguridad.

    Sin embargo, la mayoría de los que protestaban lo hicieron sin ocultarse, luciendo sus uniformes. Es evidente que hay problemas de ingresos en el marco de una recesión económica con alta inflación, que ya se siente fuerte. Un malestar que también se expresó a la tarde con una masiva manifestación gremial en el centro de Rosario para rechazar la reforma laboral que se votará este miércoles y los senadores de la coalición que lidera Pullaro seguramente acompañen.

    No hay claridad conceptual, sobre todo acerca de qué es lo que se está reclamando, quién es el vocero que viene a hablar, en nombre de quienes realizan estas peticiones.

    Como sea, esta noche, al salir de la reunión con los delegados de la protesta, el secretario de Control Institucional, Esteban Santantino, confirmó que enfrentaban la dificultad de no tener interlocutores claros del lado policial .»No hay claridad conceptual, sobre todo acerca de qué es lo que se está reclamando, quién es el vocero que viene a hablar, en nombre de quienes realizan estas peticiones, para poder ser asertivos en las respuestas. Entonces, no es una falta de voluntad ni una falta de recursos, sino que quizás, mejorando algunos aspectos de los canales de comunicación, vamos a poder destrabar este conflicto».

    Pero el conflicto, ya entrada la medianoche, estaba lejos de desmontarse. «En la puerta de Jefatura sigue todo igual», dijo a LPO un comisario identificado con la protesta. «Todos los móviles están en la calle, del otro lado del paredón de Jefatura están los vehículos de la Motorizada. A esta hora no hay nada que desactive esto», agregó.

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta