La XVI Fiesta del Inmigrante, segunda de carácter provincial, tuvo su cierre en la noche del domingo con la danza y música de las distintas colectividades y la presentación de Mauro Guiretti.
El polideportivo Cumelen se vistió de los colores representativos de los países que fueron parte de la celebración: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, Estados Unidos, Italia, Medio Oriente y Venezuela, a los que se sumó el stand del Mundo de los niños.
La gastronomía y los tragos típicos de cada lugar fueron parte importante del festejo que reunió a las familias respetando los protocolos establecidos.
El Intendente Marcelo Orazi recorrió nuevamente los stands, oportunidad en la que nuevamente les agradeció a los participantes por ser parte de la celebración y por la responsabilidad con la que aplicaron los protocolos.
En la parte final de la Fiesta se hizo entrega del premio al stand de Bolivia, que resultó el elegido por el jurado.
La Directora de Cultura Silvia Alvarado agradeció y felicitó a las colectividades participantes, además de destacar el trabajo realizado en forma previa y durante el desarrollo de la Fiesta.
A dos años y medio de haber asumido, el gobierno de Milei ya no puede escudarse en la “herencia” ni en la “pesada estructura estatal”. Los resultados están a la vista y el contraste con las promesas de campaña es, en muchos casos, brutal. Donde se prometía libertad, hay concentración; donde se hablaba de casta, hay privilegios; donde se anunciaba prosperidad, hay caída del poder adquisitivo y deterioro social.
Por Tomás Palazzo para NLI
Durante la campaña, Milei construyó su figura sobre una serie de ejes que conectaron con el malestar social: terminar con la inflación “en poco tiempo”, dinamitar la casta política, achicar el Estado para liberar al sector privado y generar crecimiento. El discurso era simple, directo y, sobre todo, contundente. El problema no era lo que decía: era lo que implicaba.
Dos años y medio después, el balance obliga a poner cada una de esas promesas bajo la lupa. Porque si algo caracteriza a este gobierno no es la falta de rumbo, sino la coherencia entre su programa económico real y sus consecuencias sociales. Lo que se prometió y lo que se hizo no coinciden, pero lo que se hizo sí responde a un modelo claro.
Inflación: del “en semanas” al ancla recesiva
Uno de los pilares del discurso libertario fue la promesa de terminar con la inflación rápidamente. Milei llegó a hablar de plazos cortos, casi inmediatos, apoyado en la idea de un ajuste fiscal severo y una política monetaria restrictiva.
La realidad fue otra. Si bien la inflación mostró desaceleraciones en algunos períodos, lo hizo a costa de un mecanismo conocido: la licuación del salario y la recesión profunda. El consumo se desplomó, la actividad económica se contrajo y el poder adquisitivo cayó a niveles que no se veían en años.
Es decir, la inflación no se “resolvió”: se contuvo mediante el empobrecimiento generalizado.
La casta: un relato que se volvió en contra
“Vengo a terminar con la casta”, repetía Milei. Sin embargo, con el correr de los meses, esa promesa se fue diluyendo frente a decisiones concretas.
Nombramientos cuestionados, alianzas con sectores tradicionales de la política, designaciones en cargos estratégicos para quienes apoyaron leyes clave del oficialismo. La famosa casta no desapareció: cambió de nombre y se reacomodó dentro del nuevo esquema de poder.
Incluso en materia salarial, varios funcionarios del gobierno quedaron envueltos en polémicas por aumentos y privilegios, en abierta contradicción con el discurso de austeridad que se pregonaba hacia afuera.
Estado: del “afuera” al uso selectivo
El mantra de “achicar el Estado” fue otro de los ejes centrales. Pero lo que se observó no fue una retirada del Estado, sino una reconfiguración de su rol.
Se redujeron partidas en áreas sensibles como salud, educación y ciencia, se desfinanciaron programas sociales y se avanzó en procesos de privatización o vaciamiento de empresas públicas. Pero, al mismo tiempo, el Estado siguió presente donde el modelo lo necesitaba: garantizando negocios, regulando a favor de sectores concentrados y sosteniendo estructuras clave para el funcionamiento del esquema económico.
No hubo menos Estado: hubo un Estado al servicio de otros intereses.
Libertad económica: para quiénes
La promesa de una economía libre se tradujo en desregulación, apertura y quita de controles. En teoría, esto debía generar competencia, inversión y crecimiento.
En la práctica, lo que se consolidó fue otra cosa: mayor concentración económica. Las grandes empresas, especialmente en sectores estratégicos, lograron ampliar márgenes y posicionamiento, mientras las pymes enfrentaron un escenario adverso marcado por caída de ventas, aumento de costos y falta de financiamiento.
La libertad, en este contexto, no fue pareja. Fue selectiva.
El impacto social: la variable de ajuste
Quizás el punto más evidente del contraste entre promesas y gestión está en lo social. Milei aseguró que el ajuste lo pagaría la política. Sin embargo, los datos muestran otra cosa.
Caída del salario real, aumento de la pobreza, deterioro de jubilaciones, recortes en programas esenciales. El ajuste tuvo destinatarios claros: los sectores medios y populares.
Lejos de un “derrame” prometido, lo que se consolidó fue una transferencia regresiva de ingresos.
Modelo, no error
A esta altura, ya no se trata de errores de gestión ni de medidas aisladas. Hay una lógica que atraviesa toda la administración Milei.
Un modelo que prioriza el equilibrio fiscal por sobre la actividad, que apuesta a la desregulación aun cuando profundiza desigualdades, que reduce el rol social del Estado mientras fortalece su función económica en favor de determinados actores.
Las promesas de campaña fueron una cosa. La gestión, otra. Pero ambas no son contradictorias por accidente: son parte de una misma construcción política donde el discurso fue la puerta de entrada y el programa real, la ejecución de fondo.
Dos años y medio después, la pregunta ya no es qué prometía Milei. La pregunta es quiénes ganaron y quiénes perdieron con lo que efectivamente hizo.
Y ahí, los números —y la vida cotidiana— hablan por sí solos.
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El escándalo por el presunto enriquecimiento ilícito de Manuel Adorni ya dejó de ser un problema individual para transformarse en una crisis política que golpea de lleno a Milei. Esa fue la tesis central de la durísima editorial que realizó la periodista Nancy Pazos en C5N, donde describió al oficialismo como un Gobierno que “se vino abajo como una cascada” en medio de denuncias, internas y deterioro económico.
Por Ramiro C. Ferrante para NLI
La conductora de Inteligencia Artesanal vinculó directamente el caso de las millonarias refacciones atribuidas a Adorni con el relato del ajuste libertario. En su intervención recordó las denuncias sobre las casas, las reformas por cientos de miles de dólares, los viajes y los gastos de lujo que rodean al ahora jefe de Gabinete, mientras el Gobierno sostiene el discurso del sacrificio y la motosierra para jubilados, universidades y sectores populares.
“La cascada de Adorni se hizo viral porque es el símbolo perfecto de este Gobierno”, sostuvo Pazos al referirse a la polémica construcción en el country Indio Cuá. Y remató con una frase que rápidamente empezó a circular en redes y programas políticos: “Destruyen comedores y construyen cascadas”.
El desgaste político que ya no puede ocultarse
La editorial llegó en una semana especialmente complicada para la Casa Rosada. A las investigaciones judiciales contra Adorni por inconsistencias patrimoniales y presunto enriquecimiento ilícito se sumaron nuevas revelaciones sobre gastos millonarios, silencios oficiales y conferencias de prensa controladas donde el funcionario evitó responder preguntas incómodas.
En paralelo, el Gobierno volvió a quedar enfrentado con las universidades nacionales ante la nueva Marcha Federal Universitaria convocada para el próximo martes, en medio del conflicto por el financiamiento educativo y el ajuste presupuestario.
Ese contexto es el que Pazos utilizó para plantear que el problema ya excede a Adorni y golpea directamente a Milei. Según expresó, la caída en la imagen del oficialismo no se explica solamente por los escándalos personales sino por una economía que no mejora y un ajuste que impacta sobre la vida cotidiana de millones de argentinos.
“No empezaste a caer por la cascada, sino por el ajuste”
En el tramo más filoso de su editorial, Pazos le habló directamente a Milei y cuestionó el rumbo económico del Gobierno. La periodista sostuvo que, si la situación económica fuera favorable, el caso Adorni probablemente no tendría el mismo impacto político. Pero aseguró que el deterioro social y económico volvió explosiva cualquier denuncia de privilegios dentro del oficialismo.
“No empezaste a caer en las encuestas por la cascada. Empezaste a caer por Caputo, por el no plan, por la motosierra que corta universidades y comedores”, lanzó la conductora, apuntando también contra el ministro de Economía, Luis Caputo.
La frase sintetizó un clima político cada vez más complejo para el Gobierno, que intenta recuperar agenda con anuncios económicos y promesas de inversiones mientras las denuncias judiciales, los cuestionamientos patrimoniales y el conflicto social siguen acumulándose alrededor de la administración libertaria.
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