Pasaron las elecciones, baja la excitación partidaria, las radios vuelven a sus programaciones habituales y facebookdeja de bombardear a los usuarios locales desde los perfiles oficiales, párrafo aparte para la campaña sucia y desinformativa a la que estuvimos expuestos (los ciudadanos) desde perfiles pseudo comunicacionales que juegan a manipular desde una postura negativa y trillada de una forma de hacer política que ya no queremos entre nosotros.
El escrutinio no solo nos deja un nuevo intendente y un mismo grupo de trabajo, sino también números alarmantes, datos duros que exponen: la existencia de una ruptura entre la política local y los ciudadanos reginenses, el desgaste democrático sufrido el último año, y la falta de compromiso a la hora de ejercer el deber cívico, que tienen una correlación directa con las formas y las prácticas políticas que reinan en nuestra ciudad. Esto debe ser reparado cuanto antes.
El dato más inquietante que decanta del día de ayer es el siguiente: el padrón electoral habilitaba a 26.103 personas para ejercer su voto y lo hicieron solo 17.158. No cumplieron con su deber cívico 8.945 reginenses, que representan el 34% (1/3) del padrón. En Regina el promedio histórico de votantes es de, entre 75% y 80%. En este caso estuvo aproximadamente un 10% por debajo, ya que solo votó el 66%. Para ser más significativo aún, a Carlos Vazzana, nuevo intendente de Villa Regina, lo apoyaron 6.383 personas y 8.945 decidieron no ejercer su voto. Si tomamos el padrón completo, al PJ lo votó el 24,5% de los posibles electores (1/4) y a la segunda fuerza JSRN el 19,3% de la totalidad. El desinterés democrático social es perturbador y angustioso.
Será responsabilidad de todos los actores políticos que operan en la ciudad, oficialistas y opositores, líderes partidarios dentro de Regina y en la provincia, los que trabajan desde la sombra y los que se exponen; lograr recuperar la confianza de los reginenses para hacer valer el real principio de la democracia, ELEGIR. Hay una sensación separatista entre políticos activos y jóvenes, si esta ruptura sigue creciendo y la juventud se separa aún más de las actividades políticas, estamos en un verdadero problema.
Son ellos los que vienen por detrás y deben tomar el timón, y si en vez de capitalizarlos los alejamos de la posibilidad de ser parte activa del desarrollo de un proceso de cambio político/cultural y económico/social; seguiremos en proceso de estancamiento. Juventud es sinónimo de nuevas ideas, de progreso, de equidad.
Hay que entender que la apertura del camino a los jóvenes lo descubren los que ya están instalados hace rato, y si ellos no lo hacen es meramente una cuestión de hedonismo, egoísmo y ambición, el virtuosismo de los verdaderos líderes políticos viene de la mano de la apertura de los espacios de creación y desarrollo para jóvenes emprendedores que saben que su progreso es igualmente proporcional al crecimiento de su ciudad.
Si Regina no crece, ellos emigran. O si ya se fueron, directamente no vuelven.
LA TAPA-EMILIANO MARTÍN PICCININI
NÚMEROS
*26.103 votantes // 17.158 votaron – 65% // 8.945 No votaron – 35% *6.383 – PJ – 37% de los que votaron – 24,45% del padrón completo *5.060 – JSRN – 29,5 % de los que votaron – 19,3% del padrón completo *4.062 – CAMB – 23,5% de los que votaron – 15,56% del padrón completo *1.279 – FUT – 7,5% de los que votaron – 4,9% del padrón completo *En 2018 votó el 65% del padrón // En 2015 votó el 75% del padrón
El concepto de “cadaunitos” desarrollado por el sociólogo Josep-Vicent Marqués en el libro No es natural permite analizar con notable precisión el núcleo ideológico del mileísmo: una visión del mundo donde la sociedad se disuelve en individuos aislados. Desde una perspectiva política, económica y sociológica, esa concepción no sólo redefine el rol del Estado sino que también tensiona los fundamentos mismos de la democracia moderna.
Por Tomás Palazzo para NLI
Imagen modificada digitalmente
Los “cadaunitos” de Marqués: la ilusión de la sociedad sin sociedad
En el primer capítulo de No es natural, Marqués propone una crítica al sentido común que naturaliza el orden social. Allí utiliza el término “cadaunitos” para referirse irónicamente a una concepción según la cual la sociedad sería simplemente la suma de individuos aislados, cada uno viviendo su vida privada sin mediaciones colectivas.
El autor señala que muchas formas de vida que creemos naturales en realidad son construcciones históricas y sociales, y que podrían ser distintas. La vida cotidiana de los “cadaunitos” aparece entonces como una ficción ideológica: individuos que creen actuar libremente pero que en realidad reproducen estructuras sociales que se presentan como naturales.
Esta crítica es central para la sociología moderna. Desde Émile Durkheim hasta Karl Marx, las ciencias sociales han sostenido que el individuo no existe fuera de la sociedad, sino que es producido por ella. El propio Marx sintetizó esta idea al afirmar que el ser humano “solo puede individualizarse en sociedad”. En otras palabras: el individuo no es el punto de partida de la sociedad, sino su resultado.
El individualismo radical en el ideario de Milei
El proyecto político de Javier Milei se inscribe dentro del libertarismo económico y del anarcocapitalismo, corrientes que sitúan la libertad individual como valor político supremo. En esa tradición, el Estado aparece como una institución sospechosa o incluso ilegítima, mientras que el mercado y las decisiones individuales son considerados los mecanismos más eficientes para organizar la vida social.
Esta concepción ha sido señalada por distintos analistas como una forma de individualismo radical. Un artículo de Carla Yumatle advierte ya, antes de su llegada a la presidencia, que en el ideario libertario mileísta la libertad individual ocupa el centro del sistema moral, mientras que el lugar de la democracia como valor político aparece difuso o subordinado.
En términos ideológicos, esto se expresa en varios rasgos característicos del discurso mileísta:
la crítica a la “justicia social” como principio organizador del Estado;
la deslegitimación de la intervención estatal en la economía;
la exaltación del éxito individual y el mérito personal;
la reducción de los problemas sociales a decisiones individuales.
Desde una perspectiva sociológica, este marco conceptual se acerca notablemente a la lógica que Marqués ironizaba con los “cadaunitos”.
Economía política de los “cadaunitos”
En el plano económico, la visión libertaria supone que la sociedad funciona como un mercado compuesto por individuos autónomos que intercambian libremente. Esta idea tiene raíces en el liberalismo clásico de Adam Smith, pero alcanza su forma más radical en el libertarismo contemporáneo, donde el mercado reemplaza casi por completo a la política. Sin embargo, numerosos autores han cuestionado esta premisa.
El economista Karl Polanyi sostiene —en su libro The Great Transformation— que la idea de un mercado que funciona solo, sin intervención del Estado ni de la sociedad, es relativamente reciente en la historia (siglo XIX, con el capitalismo liberal). Antes de eso, las economías no funcionaban solo por oferta y demanda. La producción, el trabajo y el comercio siempre estuvieron regulados por normas sociales, costumbres, religiones o decisiones políticas.
De manera similar, el sociólogo Pierre Bourdieu describió el neoliberalismo como una utopía que pretende crear un mundo compuesto por individuos empresarios de sí mismos, donde cada persona compite permanentemente con las demás.
En ese esquema, la sociedad se transforma en un campo de competencia entre “cadaunitos”.
Política sin comunidad: el problema democrático
La crítica más profunda al individualismo radical aparece en el plano político. La democracia moderna se funda en la idea de soberanía popular, es decir, en la existencia de un sujeto colectivo llamado pueblo. Sin embargo, si la sociedad se concibe únicamente como la suma de individuos, esa noción se vuelve problemática.
De allí que algunos analistas hablen de un individualismo antidemocrático, en el sentido de que la lógica libertaria privilegia la libertad individual por sobre la deliberación colectiva o el bien común.
La paradoja es evidente: si la sociedad está formada por individuos aislados, entonces el espacio político se reduce a la defensa de intereses privados. En ese punto, la política tiende a desaparecer o a convertirse en mera gestión técnica del mercado.
La crítica sociológica al individualismo extremo también se vincula con el problema de la desigualdad. Si cada individuo es responsable exclusivo de su destino, entonces la pobreza deja de ser un problema estructural y pasa a interpretarse como un fracaso personal.
Este enfoque ignora lo que el sociólogo C. Wright Mills llamó la “imaginación sociológica”: la capacidad de comprender que muchos problemas individuales son en realidad problemas sociales. Cuando esa dimensión desaparece, el resultado es una sociedad fragmentada donde cada sujeto queda librado a su propia suerte.
En términos de Marqués, el mundo de los “cadaunitos”.
Milei y la naturalización del individualismo
Volviendo a la tesis central de Marqués, el autor advertía que muchas ideologías intentan presentar como “natural” aquello que en realidad es histórico y político. El individualismo radical funciona exactamente de ese modo.
La idea de que cada persona debe arreglarse sola, que el mercado es el mecanismo más justo o que la desigualdad es inevitable, se presenta como una ley natural cuando en realidad responde a decisiones políticas concretas.
En este sentido, el mileísmo puede interpretarse como una forma contemporánea de naturalización del orden social: un relato donde la sociedad desaparece y sólo quedan individuos compitiendo entre sí.
La política contra los “cadaunitos”
El concepto de Marqués resulta sorprendentemente actual para interpretar el debate político argentino.
Si el mundo está compuesto por “cadaunitos”, la política pierde sentido y el mercado se convierte en árbitro universal. Pero si aceptamos que los seres humanos viven en sociedades estructuradas por relaciones de poder, desigualdades y vínculos colectivos, entonces la política vuelve a ser indispensable.
En definitiva, el problema no es la libertad individual —valor central de la modernidad— sino su absolutización. Porque cuando la sociedad se reduce a individuos aislados, lo que desaparece no es el poder, sino la posibilidad de controlarlo colectivamente.
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Los diez gobernadores que viajaron a Nueva York para la «Argentina Week» quedaron molestos con Javier Milei porque no los recibió ni para un café a solas y creen que se perdió una oportunidad política para hablar sobre lo que viene de cara a las elecciones del año próximo.
Los viajes al exterior suelen ser un momento inmejorable para tener diálogos más relajados entre el presidente y los gobernadores. Sin la presión de la maquinaria burocrática, pueden conversar más sueltos. Eso lo supieron explotar presidentes como Carlos Menem y Néstor Kirchner, que siempre se llevaban a algún aliado o hasta adversario incómodo, para abordar temas delicados con el tiempo y el marco necesario.
Con ese objetivo viajaron Martín Llaryora, Nacho Torres, Marcelo Orrego, Gustavo Sáenz, Rolando Figueroa, Alfredo Cornejo, Carlos Sadir, Raúl Jalil, Alberto Weretilneck y Claudio Vidal. Todos descontaban que Milei iba a hacerse un tiempo para conversar con ellos directamente. «Esperaban resolver varios temas pendientes», afirmó a LPO el colaborador de uno d elos gobernadores que viajaron a Nueva York.
Pero todos se sorprendieron cuando notaron que Milei se movía en la ciudad norteamericana en una cápsula libertaria junto a Karina Milei, Luis «Toto» Caputo, Manuel Adorni y esposa. «Imposible acceder a ellos», reconoció el funcionario de otra de las provincias que viajaron.
Los gobernadores se sorprendieron cuando notaron que Milei se movía en la ciudad norteamericana en una cápsula libertaria junto a Karina Milei, Luis «Toto» Caputo, Manuel Adorni y esposa.
En ningún momento pudieron tener una conversación privada sobre política. Esta situación generó un clima «raro», según reconoció a LPO ese colaborador. LPO anticipó que Diego Valenzuela se quejó en la mañana de este martes que Karina lo tiene «secuestrado» al presidente.
Quienes estaban más enojados en la Gran Manzana eran Llaryora y Sáenz, que esperaban que el viaje junto a un presidente al que en teoría se oponen al menos valiera para conseguir un anuncio para sus provincias o un guiño político para 2027.
Adorni fue uno de los principales apuntados. El jefe de gabinete dio una charla en el consulado argentino en Nueva York y los gobernadores se quejaron de su tono canchero, como si les hablara a los periodistas acreditados en Casa Rosada.