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Estrenan en YouTube un documental sobre el bombardeo a Plaza de Mayo

La actriz María Fiorentino y su colega Claudio Rissi le ponen la voz a la cinta sobre esa jornada lluviosa que comenzó al mediodía y se prolongó hasta bien entrada la noche.

«El filme deja de lado el aspecto meramente político de este suceso para indagar en los relatos de algunos de sus sobrevivientes y se apoya en algunas situaciones ficcionales que aportan calidez a este film basado, además, en fragmentos de noticieros y en fotografías de la época», explicó la producción en un comunicado.

El 16 de junio de 1955, la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea se sublevaron contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón y bombardearon la Plaza de Mayo, acción que dejó más de 350 muertos y 2.000 heridos.

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  • Malvinas, más lejos que nunca

     

    Desde que se exhibió ese trapo maravilloso después del partido contra Inglaterra en el Mundial, distintas fuerzas políticas se hicieron eco y recuperaron el reclamo soberano por Malvinas, esa pasión que nunca nos deja. Lo que era impensable es que el Javier Milei, declarado admirador de Margaret Thatcher y quien consideraba irrelevantes a las islas, se embanderara anoche en cuanto tópico irredentista hemos sabido conseguir. Por eso, por debajo de ese humo neblinoso, debemos prestar atención a lo que viene escondido en este presente griego que parece ser la súbita conversión patriótica del presidente y de quienes ya se apresuran a no sacar los pies del plato para acompañarlo.

    Hay palabras que en Argentina nunca llegan solas. Arrastran muertos, derrotas, ilusiones y experiencias colectivas. Una de ellas es “Malvinas”; otra es “seguridad nacional”. Durante años, muchos sostuvimos la necesidad de construir una política democrática y autocrítica sobre Malvinas. No para abandonar la reivindicación soberana, sino para fortalecerla. Porque la causa no podía seguir siendo rehén de las simplificaciones patrióticas, de los reflejos nacionalistas ni de las manipulaciones partidarias. Había que rescatarla de quienes la utilizaban como consigna vacía y devolverla al terreno de la política para construir un proyecto democrático. No imaginábamos este giro. O quizás sí. Quizás estaba contenido en algunas de las contradicciones que durante décadas intentamos señalar.

    Hay palabras que en Argentina nunca llegan solas. Arrastran muertos, derrotas, ilusiones y experiencias colectivas. Una de ellas es “Malvinas”; otra es “seguridad nacional”.

    Porque lo que aparece hoy ante nuestros ojos es una escena paradójica: una causa nacional y federal degradada una vez más; las islas objetivamente más lejos que hace algunos años; la defensa convertida en justificación para nuevas estructuras de seguridad; y dirigentes de distintos signos políticos celebrando la incongruencia de un presidente que durante años despreció tradiciones fundamentales de la cultura política nacional y que ahora se presenta como defensor de los intereses argentinos.

    ¿Defensa? Mejor Seguridad

    La cuestión no es menor. Lo que se anunció en nombre de la defensa nacional obliga a formular preguntas incómodas. No solo sobre Malvinas, sino sobre el país que estamos construyendo. Porque la experiencia argentina enseña que cada vez que la palabra “seguridad” desplazó a la palabra “política”, las consecuencias fueron graves.

    Durante gran parte del siglo XX la defensa nacional estuvo asociada a una idea relativamente sencilla: la protección de la soberanía frente a amenazas externas. La existencia misma de las Fuerzas Armadas se justificaba por la necesidad de defender el territorio, los recursos y la independencia nacional. Pero a partir de los años sesenta comenzó a consolidarse otro paradigma. La llamada Doctrina de Seguridad Nacional, impulsada en el contexto de la Guerra Fría, modificó profundamente esa concepción. El problema ya no era un enemigo exterior. El enemigo estaba adentro. La amenaza dejó de identificarse con otro Estado para asociarse con conflictos sociales, organizaciones políticas, movimientos sindicales, grupos estudiantiles o cualquier actor percibido como potencialmente desestabilizador. La consecuencia fue conocida en toda América Latina. En nombre de la seguridad nacional se justificaron sistemas de vigilancia, persecución política, estados de excepción, terrorismo de Estado y dictaduras militares. La cuestión ya no era proteger a la nación sino controlar a la sociedad.

    A partir de 1983, parecía que habíamos aprendido que la defensa de la soberanía no podía separarse de la defensa de las instituciones democráticas. Hasta anoche.

    La Argentina conoce demasiado bien esa historia. La última dictadura fue la expresión más brutal de esa lógica. Y resulta imposible olvidar que la guerra de Malvinas fue, entre otras cosas, el intento final de aquel régimen por reconstruir una legitimidad que ya estaba agotada.

    Por supuesto, la causa de Malvinas no fue una invención de la dictadura. La reivindicación argentina es anterior, legítima y ampliamente compartida. Pero precisamente por eso resulta importante distinguir entre una causa nacional y los usos políticos que pueden hacerse de ella.

    A partir de 1983, parecía que habíamos aprendido que la defensa de la soberanía no podía separarse de la defensa de las instituciones democráticas. Que el patriotismo no podía quedar monopolizado por los militares y que la causa Malvinas necesitaba más democracia y no menos. Durante más de cuarenta años, con avances y retrocesos, esa convicción pareció consolidarse.

    Hasta anoche.

    El Escudo de las Américas

    Resulta preocupante observar la reaparición de un lenguaje político que vuelve a acercar conceptos que la experiencia democrática había procurado diferenciar. Cuando la reivindicación de Malvinas comienza a convivir con la expansión de estructuras de seguridad, con nuevas doctrinas de vigilancia y con alianzas hemisféricas concebidas en términos de amenazas permanentes, conviene prestar atención. Eso es lo que anunció Milei la noche del 3 de septiembre. 

    Resulta preocupante observar la reaparición de un lenguaje político que vuelve a acercar conceptos que la experiencia democrática había procurado diferenciar.

    En marzo de este año Argentina se incorporó al llamado “Escudo de las Américas”, impulsado por Donald Trump y constituye un buen ejemplo de esta situación. Los anuncios supuestamente malvineros de la cadena nacional son su capítulo más reciente.

    Presentada como una iniciativa destinada a combatir el narcotráfico, el crimen organizado y otras amenazas transnacionales, la propuesta de Trump parece responder a desafíos reales. Sin embargo, también expresa una determinada concepción del continente basada en la seguridad y que organiza la política alrededor de amenazas. Una concepción que tiende a desplazar las preguntas sobre soberanía, desarrollo, desigualdad o integración regional hacia un lenguaje centrado en el control.

    La causa nacional

    Aquí aparece una paradoja difícil de ignorar. La causa Malvinas es, en esencia, una causa de descolonización. Remite a una disputa de soberanía con una potencia extranjera, al control de recursos naturales y a la presencia militar británica en el Atlántico Sur. Está en juego la autonomía argentina para decidir sobre su territorio y sus espacios marítimos. Sin embargo, la arquitectura estratégica que hoy se presenta como marco de defensa nacional se construye alrededor de prioridades definidas fuera del país.

    La arquitectura estratégica que hoy se presenta como marco de defensa nacional se construye alrededor de prioridades definidas fuera del país.

    Mientras se reivindica la soberanía argentina, se profundiza la integración en esquemas de seguridad diseñados en Washington. Se denuncia la explotación ilegal de recursos en el Atlántico Sur y se celebra una alineación estratégica cuya principal preocupación no es la descolonización, sino la gestión hemisférica de amenazas (contra Estados Unidos). La contradicción resulta evidente. Y más aún cuando observamos el estado concreto de la cuestión Malvinas.

    Desde la derrota de 1982 las islas están más lejos que nunca de nuestras posibilidades de recuperación. Las negociaciones diplomáticas se encuentran estancadas. La presencia militar británica permanece intacta. La explotación de hidrocarburos fortalece la posición económica de los isleños y del Reino Unido.

    Mientras se reivindica la soberanía argentina, se profundiza la integración en esquemas de seguridad diseñados en Washington.

    El contexto internacional actual no ofrece señales favorables para una modificación sustancial del escenario. Frente a esa realidad, la retórica soberanista corre el riesgo de convertirse en una forma de compensación simbólica. La regla parecería ser que cuanto más lejos se encuentra el objetivo, más intensa se vuelve la apelación a lo emocional. 

    Épica

    Es un mecanismo conocido. La política cede lugar a la épica. Los resultados concretos son reemplazados por gestos. La complejidad desaparece detrás de los aplausos. Y entonces ocurre algo todavía más preocupante. La causa deja de pertenecer a la sociedad para transformarse en patrimonio de los gobiernos.

    Quien cuestiona una política específica parece cuestionar la soberanía misma. Quien formula dudas sobre una estrategia concreta es acusado de debilitar la posición nacional. La deliberación democrática se vuelve sospechosa. 

    Como señalamos, la causa nacional no se fortalece mediante unanimidades artificiales. Se fortalece mediante la discusión pública y el control democrático. Se nutre de políticas de Estado construidas sobre consensos amplios y no sobre adhesiones circunstanciales. La gran paradoja de este momento histórico es que la reivindicación de la soberanía parece reaparecer asociada a una tradición política que históricamente debilitó la capacidad de las sociedades para discutir libremente sus propios intereses.

    Ocurre algo preocupante: la causa deja de pertenecer a la sociedad para transformarse en patrimonio de los gobiernos.

    El resultado que hoy tenemos ante nuestros ojos parece condensar algunas de las peores posibilidades de la historia reciente argentina: una causa nacional y federal degradada y manipulada una vez más; las islas más lejos que nunca; la defensa convertida en argumento para ampliar mecanismos de control interno; y dirigentes de distintos signos políticos celebrando la paradoja de un presidente que durante años despreció la tradición nacional argentina y que ahora anuncia que defenderá los intereses nacionales.

    Por eso la pregunta verdaderamente importante no es qué pensamos sobre Malvinas. La pregunta es qué tipo de democracia queremos construir alrededor de Malvinas. Si queremos que la causa sirva para ampliar la participación ciudadana o para justificar nuevas formas de control. Si la defensa nacional será entendida como una política pública sometida al escrutinio democrático o como un ámbito reservado a expertos, servicios de inteligencia y estructuras de seguridad. Si aprenderemos algo de la historia reciente o si volveremos a recorrer caminos que ya conocemos demasiado bien.

    La entrada Malvinas, más lejos que nunca se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Echan de la Aduana a un hombre del sector de Santiago Caputo

     

    En medio de la avanzada de Karina Milei y los Menem, Santiago Caputo

    perdió a otro funcionario clave. Se trata del titular de la Aduana, José Andrés Velis, que pidió licencia como una salida elegante, pero no volverá a su cargo.

    Velis es un funcionario de la línea técnica de la Aduana, donde trabajaba desde hace más de 40 años, y responde al titular de ARCA y ex jefe de la DGI, Andrés Vázquez. 

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    En la interna del gobierno se sabe que los Menem quieren avanzar sobre la agencia recaudadora y la salida de Velis es mencionada como un ajuste de cuentas interno contra Caputo.

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    El desplazamiento del jefe de la Aduana no fue confirmado oficialmente porque en rigor pidió licencia, aunque fuentes del organismo indicaron a LPO que no volverá al cargo. El cambio recién se oficializará cuando se designe a su sucesor. Según Clarín, sería Andrés Kunisz, subdirector de Control Aduanero.

    Una versión que circuló en estas horas es que Velis habría renunciado por un problema judicial de su hijo Agustín, que es funcionario de ARCA. Pero fuentes judiciales cercanas al juez Pablo Yadarola, que tendría la supuesta causa, dijeron a LPO que no hay nada contra Velis hijo.

    Golpeado, Santiago Caputo se enojó con el diario Clarín por poner como título principal de la tapa la salida del jefe de la Aduana. «Un ex directivo de Techint aceptó haberle pagado coimas a los kukas pero el título del diario Clarín es el dato no confirmado de una supuesta renuncia de un funcionario técnico de segunda línea sólo porque lo vinculan conmigo», escribió. «Voy a empezar a pensar que les gusto», ironizó.

    Un ex directivo de Techint aceptó haberle pagado coimas a los kukas pero el título del diario Clarín es el dato no confirmado de una supuesta renuncia de un funcionario técnico de segunda línea sólo porque lo vinculan conmigo. Voy a empezar a pensar que les gusto. pic.twitter.com/G8MqLU769N

    — Santi C. (@slcaputo) August 26, 2026

     

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  • El Gobierno extrema la tensión con las universidades y el Galleguito Álvarez sale al ataque de rectores

     

    Frente al paro de 48 horas en protesta por el incumplimiento con la Ley de Financiamiento Universitario, la respuesta del Gobierno fue extremar la tensión. Alejandro «Galleguito» Álvarez salió al ataque de los rectores, a los que acusó de ser «cómplices de vulnerar el derecho a la educación».

    Al hacer alusión al cronograma de medidas de fuerza, el subsecretario de Políticas Universitarias posteó: «Los que convirtieron la educación universitaria en botín partidario te dicen que defienden la autonomía».

    En esa línea, al responde a la publicación de un usuario libertario que pedía que los docentes «no cobren los días que no trabajan», el Galleguito respondió: «Sí cobran, las autoridades autónomas son cómplices de vulnerar el derecho a la educación».

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    Además de rechazar el paro que se extendió hasta este viernes en las universidades de todo el país, Álvarez hizo embestidas localizadas. La más fuerte se dirigió a Mar del Plata, donde le reclamó en una nota a la rectora Mónica Biasone que «ponga fin a la violencia» en esa universidad.

    El funcionario de Milei refirió a una pelea durante una asamblea en Humanidades, donde la presencia de militantes libertarios ajenos a esa facultad derivó en un tumulto con estudiantes de otras agrupaciones.

    En esa asamblea, una de las personas que hizo uso de la palabra cuestionó que «la pasividad del movimiento estudiantil» permita «que los fachos quieran intentar militar el ajuste en la facultad».

    Álvarez  le reclamó a la rectora «que asuma sus responsabilidades y ponga fin a la violencia» y que, «si no puede hacerlo, solicite la asistencia de las fuerzas de seguridad». Más a fondo, le advirtió: «Continuar con su actitud pasiva es complicidad con los violentos».

    En la nota que le envió a Biasone «por instrucción de la ministra Sandra Pettovello», Álvarez condenó las expresiones de «una supuesta docente militante de una agrupación política socialista» y sostuvo que los dichos incitaron «a la violencia».

    Frente a eso, le reclamó a la rectora «que asuma sus responsabilidades y ponga fin a la violencia» y que, «si no puede hacerlo, solicite la asistencia de las fuerzas de seguridad». Más a fondo, le advirtió: «Continuar con su actitud pasiva es complicidad con los violentos».

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    La alusión al socialismo que hace el funcionario de Milei no es casual. Biasone es dirigente de Partido Socialista, al igual que su predecesor en el cargo, Alfredo Lazzaretti. Biasone fue electa a fines de 2025 en el marco de un acuerdo de su espacio con el radicalismo de Maximiliano Abad.

    De hecho, la vice rectora de esa universidad es Marina Sánchez Herrero, esposa del senador nacional y referente de la UCR bonaerense.

    Incluso, meses atrás hubo tensiones entre radicales y libertarios, cuando el propio Abad impulsó que los hoteles de Chapadmalal que el Gobierno busca privatizar, pasen a manos de la universidad marplatense.

    Abad presiona para que los hoteles de Chapadmalal que quiere concesionar Milei pasen a la universidad

    Frente a la nota enviada por Álvarez reclamándole «medidas disciplinarias» a una «supuesta docente», Biasone replicó que la universidad «cuenta con sus mecanismos institucionales para abordar estas cuestiones».

    Aprovechando el cruce público, la rectora dijo: «Desde que asumí vengo solicitando una audiencia para poder abordar personalmente las cuestiones centrales que atraviesa nuestra Universidad, la misma hasta el momento, no me ha sido concedida».

    «Va a ser citada cuando tenga una solución a la violencia, la tiene?», replicó Álvarez, habilitando debajo de su tuit una serie de posteos ofensivos contra la rectora.

     «Ese título no es inocente: fue consigna de Benito Mussolini», señalaron desde la Asociación de Docentes de la UNS al referirse al libro «Dios, patria y familia» de Santurio y en rechazo a la actividad 

    Por otro lado, en Bahía Blanca también se registraron tensiones entre dirigentes libertarios y autoridades universitarias.

    En este caso fue por la presentación en el Campus Palihue de la Universidad Nacional del Sur (UNS) del libro «Dios, Patria, Familia» del diputado nacional de LLA Santiago Santurio que disparó el rechazo de numerosos agrupaciones de la comunidad universitaria que denunciaron «un intento de normalizar el fascismo dentro de una universidad pública».

    «Ese título no es inocente: fue consigna de Benito Mussolini, adoptada por Francisco Franco en España, por Antonio Salazar en Portugal y hoy es bandera de las derechas en todo el mundo», señalaron desde la Asociación de Docentes de la UNS al referirse al título del libro de Santurio y en rechazo a la actividad.

    El consenso frente al dogmatismo.La @UNS_oficial frente a la presentación del libro «DIOS, PATRIA y FAMILIA» del diputado libertario Santiago Santurio y otros/as. @Turios @ULLA_UNS @AleCiroAlvarez @LLibertadAvanza @LLAenPBA pic.twitter.com/MjDsz7SogD

    — ADUNS (@ADUNS_docentes) August 28, 2026

    La polémica escaló al punto que llevó al Consejo Superior a aclarar que la presentación del libro «no contó con aval institucional ni académico de ningún Departamento de la UNS», aunque señalaron que la presentación no debe ser «prohibida o censurada».

    En un comunicado, el Consejo Superior de la UNS cuestionó que el libro de Santurio «contiene expresiones falaces y agraviantes para con la Institución que representamos y sus dependencias y están firmadas por personas que llevan adelante acciones concretas en contra de ellas desde los lugares de poder que ocupan». 

     

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  • Milei se quiso subir al regreso de la Formula 1, pero en la Ciudad dicen que no ayudó en nada

     

    Milei aprovechó una reunión de la Federación Internacional de Automovilismo para declamar su amor por la Fórmula 1 y aseguró que Argentina está preparada para recibir un gran premio. Desde la Ciudad aseguran que el presidente no hizo nada por el regreso de la máxima categoría al país.

    El presidente pidió acelerar a toda máquina para que la Fórmula 1 vuelva a correrse en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez. La expresión es más adecuada para un barco o un tren y al parecer, el lugar para expresar su deseo tampoco fue el correcto.

    «Se subió a un proyecto en el lugar equivocado. La FIA no define nada», explicó un funcionario porteño a LPO.

    El verdadero poder en la Fórmula 1 es el grupo Liberty Media, que posee FOM (Formula One Management). En sus oficinas de Londres es donde se toman las decisiones respecto de los circuitos, sponsors y demás cuestiones que rodean al gran circo del automovilismo.

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    «Es la demostración de que Argentina está volviendo a inspirar confianza y de que este es otra vez un país serio donde vale la pena invertir tiempo, prestigio y capital», dijo el presidente sobre la reunión de la sección americana de la FIA. Más allá de la confianza en la gestión libertaria, la Fórmula 1 se mueve por cuestiones concretas.

    La Federación Internacional de Automovilismo tiene casi 250 socios en 149 países, mayormente clubes de automovilismo como el ACA. Desde hace tiempo no tiene injerencia en la Fórmula 1.

    El proyecto para el regreso de la máxima categoría a Buenos Aires comenzó con la adecuación del Autódromo con las medidas de seguridad necesarias para albergar un evento de Grado 1. «Milei no movió un pelo», dijeron en la Ciudad.

    Como contó LPO, Liberty Media le compró a Bernie Ecclestone la Fórmula 1 en 2016 por 4400 millones de dólares, una cifra que incluyó deudas por más de 4000 millones. La inversión resultó más que redituable: el año pasado Liberty Media duplicó el valor que recibe por la venta de derechos en EEUU.

    Ocho años más tarde Liberty Media también cerró la compra del Moto GP. Allí comenzó la relación con Orly Terranova, que organizó las carreras de la máxima categoría en las Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero.

    El corredor y empresario quedó a cargo de las negociaciones junto a Fabián Turnes, el secretario de deportes porteño. De hecho, la Ciudad lo autorizó a gastar más de 50 millones de dólares para asegurarse de que el Moto GP se corra en Buenos Aires entre 2027 y 2030. La intención es que la F1 se corra en Buenos Aires en 2028, aunque las charlas están lejos de terminar.

     

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