Hay más razón en tu cuerpo que en tu propia sabiduría
Nietzsche, Así habló Zaratustra
Dyhzy es #l hij# del actual presidente argentino, #l refleja el cambio de paradigma en el que vivimos.
Un siglo XXI en donde el cuerpo toma protagonismo en la escena social y política. Si en el siglo XX la figura del hombre serio, de traje y corbata, asumiendo un puesto de poder centralizado, jerárquico y empresarial era el prototipo de referente a seguir; este siglo XXI dejó atrás ese modelo que, además, venía precedido por lo fálico religioso adorador del cuerpo martirizado, por el superheroe occidental del cine, por el emperador capitalista, y por el machista millonario suntuoso y monopólico…
Hoy ya no podemos confiar en la centralización del poder, porque la palabra que prima en esta era digital es la de compartir, y compartir implica defender los derechos para que la inclusión social sea posible, y es ahí que el cuerpo se convierte en un mediador esencial que se sitúa entre las palabras y las cosas.
Dyhzy no monopoliza su imagen porque comparte un estilo de vida, un diseño en constante modificación que no se deja atrapar por las fuerzas de la homogeneización de la sociedad, una homogeneidad pretendida desde el origen del Estado, la Religión y la Ciencia. Entonces, el cuerpo se desinstitucionaliza para poder llegar a ser…
El cuerpo es el campo de batalla en el que se enfrentan las fuerzas de los seres humanos en una lucha sin tregua, cuya apuesta es la definición de lo que somos, pero también de aquello que podemos llegar a ser
Del libro «Las palabras y las cosas»
Así Dyhzy pone en jaque al cuerpo político, y al cívico- religioso a través de su cuerpo, reivindicando lo diverso, y borrando las categorías binarias de hombre-mujer, amo-esclavo, cuerpo-alma, bueno-malo…
Espósito nos refresca la importancia del cuerpo que se revela contra el aprisionamiento político que no ha parado de sembrar dicotomías de separación y conflicto:
Todavía carentes de las formas organizacionales adecuadas, los cuerpos de hombres y mujeres presionan en los bordes de nuestros sistemas políticos, buscando transformarlos en una forma que no pueda reducir a las dicotomías que ha producido durante tanto tiempo el orden político moderno
La importancia del cuerpo, como dijimos, es que este se resiste a quedar reducido a las categorías binarias como las de sujeto-objeto o macho-hembra; porque yo no tengo un cuerpo, soy mi cuerpo, existo mi cuerpo…, como decía Sartre.
Nuestro sommelier amigo Facu Gagliano (@cu4trodecopa) nos sorprende y deja el «vinito» de lado, en esta columna nos cuenta sobre la infusión número 1 de la Argentina, EL MATE. Un sommelier con todas las letras, no solamente sabe de vinos sino que debe conocer de otras bebidas y alimentos; su capacitación como actualización del conocimiento…
La estrella de seis puntas de la bandera de Salta tiene una historia que se remonta a 1817: nació como una condecoración militar para reconocer a Güemes y a los defensores de la provincia frente al avance realista.
Por Alcides Blanco para NLI
Hay símbolos que parecen estar allí desde siempre, como si hubieran nacido junto con la tierra que representan. La estrella de seis puntas que aparece en el centro de la bandera de Salta es uno de ellos. A primera vista puede parecer simplemente una figura geométrica incorporada al escudo provincial, pero detrás de esa estrella existe una historia de guerra, resistencia y reconocimiento militar que se remonta a los años decisivos de la lucha por la independencia.
Y hay una particularidad que muchas veces pasa inadvertida: la estrella salteña no fue concebida originalmente como un símbolo religioso ni como una alusión genérica a la “buena suerte”. Su origen es mucho más concreto. Fue una condecoración militar vinculada con la defensa de Salta frente a las tropas realistas, y sus seis puntas terminaron asociándose con seis hombres considerados protagonistas de aquella resistencia: Martín Miguel de Güemes, Luis Burela, Pedro Zabala, Apolinario Saravia, Juan Antonio Rojas y Mariano Morales.
La invasión realista de 1817
Para entender la estrella hay que retroceder hasta 1817, cuando la guerra por la independencia todavía estaba lejos de haber terminado.
Después de la declaración de la Independencia de 1816, el poder español continuaba teniendo una formidable presencia militar en el Alto Perú. Desde allí, los ejércitos realistas intentaban avanzar hacia las provincias del norte, recuperar posiciones y, si las circunstancias lo permitían, avanzar sobre el territorio revolucionario.
En ese escenario apareció una vez más la figura de Martín Miguel de Güemes, gobernador de Salta y jefe de las milicias que sostenían una guerra irregular contra los realistas.
En abril de 1817, el ejército comandado por el mariscal José de la Serna avanzó hacia Salta con una fuerza muy superior a la que podían reunir los defensores locales. El 15 de abril los realistas llegaron a ocupar la ciudad. Pero ocupar Salta no significaba controlar Salta.
Güemes trasladó su cuartel de operaciones y organizó una estrategia basada en las milicias gauchas y en pequeños grupos móviles que hostigaban permanentemente al enemigo. Los llamados Infernales y las fuerzas locales atacaban las líneas de abastecimiento, arrebataban ganado, recuperaban armas y dificultaban que los realistas pudieran sostenerse en territorio salteño.
La guerra se convirtió así en una sucesión de ataques, emboscadas y movimientos rápidos. El ejército invasor podía ocupar una ciudad, pero encontraba enormes dificultades para alimentarse, movilizarse y conservar sus posiciones.
La resistencia terminó obligando a las tropas de La Serna a retirarse hacia el Alto Perú.
La importancia de aquel episodio fue enorme: Salta había vuelto a funcionar como una barrera contra el avance realista hacia el sur. La defensa no había consistido en una única batalla convencional, sino en una campaña prolongada en la que las milicias de Güemes hicieron del territorio un obstáculo casi permanente para el ejército invasor.
Una estrella para reconocer a los defensores
Fue en ese contexto que comenzó a gestarse el símbolo que muchos años después terminaría formando parte del escudo y de la bandera provincial.
Manuel Belgrano propuso distinguir a quienes se habían destacado en la defensa de Salta. La idea era otorgar una estrella heráldica militar de seis puntas, siguiendo una tradición de condecoraciones que ya había sido utilizada durante la guerra de Independencia.
El número seis no fue casual.
La tradición histórica salteña identifica las seis puntas con seis protagonistas de aquella defensa: Güemes, Burela, Zabala, Saravia, Rojas y Morales. De esta manera, la estrella dejó de ser solamente una condecoración individual y pasó a representar una acción colectiva.
El 28 de noviembre de 1817, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón dispuso oficialmente una medalla para distinguir a los jefes, oficiales y tropas que habían participado en la defensa.
La disposición establecía una estrella de seis brazos. Para Güemes sería de oro; para comandantes y oficiales tendría brazos de oro y centro de plata; y para la tropa se dispuso un distintivo de paño blanco. La inscripción que debía llevar era particularmente elocuente: “AL MÉRITO EN SALTA”, mientras que en el centro figuraría “AÑO DE 1817”.
Es decir que el origen del símbolo no está en una interpretación posterior. La estrella fue concebida expresamente como reconocimiento al mérito militar de quienes habían defendido Salta.
Pero existe una historia todavía más curiosa
La condecoración ordenada por Pueyrredón tuvo una existencia bastante problemática.
La documentación posterior muestra que recién en 1818 Belgrano informó la cantidad de medallas y escudos que serían necesarios. Se hablaba de una medalla para Güemes, otras para oficiales y miles de distintivos para la tropa.
Sin embargo, existen dudas históricas acerca de cuánto de aquella condecoración llegó efectivamente a fabricarse y entregarse. Algunas investigaciones sostienen incluso que Güemes nunca recibió la medalla de oro que le había sido destinada.
La paradoja resulta extraordinaria: el símbolo que terminaría identificando a Salta nació como premio a una victoria y, sin embargo, la propia condecoración que debía materializar ese reconocimiento aparentemente nunca llegó de manera efectiva a manos de su principal destinatario.
De condecoración militar a símbolo de una provincia
La historia de la estrella no terminó en 1817.
Con el paso de las décadas, aquella figura comenzó a incorporarse a la simbología institucional salteña. Hacia la segunda mitad del siglo XIX ya aparecía en sellos y representaciones provinciales, y fue adquiriendo una nueva dimensión: dejó de recordar solamente una condecoración militar para convertirse en una representación de la tradición güemesiana de Salta.
El paso decisivo llegó en 1946, cuando la provincia institucionalizó su escudo mediante la Ley 749.
El nuevo escudo colocó en el centro una estrella de plata de seis puntas, sobre un campo azul. En su interior aparece un sol dorado. Alrededor, dos ramas de laurel recuerdan los triunfos de las armas salteñas.
La estrella había recorrido entonces más de un siglo de historia: había nacido como condecoración de guerra, había quedado asociada a Güemes y a sus hombres y finalmente se había transformado en el corazón mismo de la representación oficial de la provincia.
Y ahí aparece otro detalle fundamental.
Las seis puntas y los seis héroes
La interpretación oficial salteña sostiene que cada una de las seis puntas recuerda a uno de los seis héroes de la defensa.
Una de ellas corresponde a Martín Miguel de Güemes.
Las restantes evocan a:
Luis Burela, comandante de las milicias.
Pedro Zabala, comandante.
Apolinario Saravia, sargento mayor.
Juan Antonio Rojas, sargento mayor.
Mariano Morales, capitán.
La elección tiene una carga política e histórica significativa: Güemes no aparece representado como un héroe aislado, sino como parte de una estructura de combatientes que sostuvo la defensa de la frontera norte.
Por eso la estrella puede leerse como una síntesis de la llamada Guerra Gaucha: un jefe, pero también una comunidad armada detrás de él.
La propia simbología oficial define al escudo como una síntesis del espíritu güemesiano, del ideal de quienes dieron su vida por un país libre y soberano y del orgullo de pertenecer a Salta.
¿Y qué tiene que ver con la bandera?
La bandera provincial fue creada mucho más tarde, en 1997, mediante la Ley 6946, promulgada por el Decreto 2663.
Su diseño incorporó tres grandes elementos: el color tradicional del poncho salteño, las referencias a los departamentos provinciales y el escudo de Salta.
Por eso, cuando vemos la estrella de seis puntas en el centro de la bandera, estamos viendo en realidad una representación simplificada del corazón del escudo provincial: la estrella de plata asociada con la defensa de 1817 y con Güemes.
Pero la bandera tiene además otras estrellas.
Alrededor del escudo aparecen 23 estrellas doradas, que representan a los 23 departamentos de la provincia. En otras palabras, la bandera combina dos dimensiones diferentes: una estrella central que remite a la historia de la independencia y a la gesta güemesiana, y 23 estrellas que representan la organización territorial contemporánea de Salta.
El resultado es casi una pequeña lección de historia provincial convertida en bandera.
En el centro está la memoria de la guerra de Independencia.
Alrededor, la provincia actual.
El sol dentro de la estrella
Todavía queda un elemento que suele pasar inadvertido: el sol ubicado en el centro de la estrella.
Según la simbología oficial, ese sol representa los servicios prestados por Salta a la causa de la Independencia. No es simplemente un adorno colocado dentro de la estrella.
La lectura es interesante: la estrella recuerda a quienes defendieron el territorio y el sol representa la causa nacional por la cual esa defensa fue realizada.
La simbología provincial asigna además significados a los colores del escudo: el azul representa justicia, verdad y lealtad; la plata, integridad y firmeza; el oro, nobleza, poder y riqueza; y el verde, esperanza y fe.
De este modo, el escudo no funciona solamente como una imagen decorativa. Es una construcción simbólica en la que cada elemento remite a una parte de la historia salteña.
Una estrella que no nació para mirar el cielo
Quizás la mejor manera de entender la estrella de seis puntas de Salta sea dejar de verla como una simple figura geométrica.
No nació en un escudo. Nació en una guerra.
Fue pensada en 1817 para reconocer a quienes habían resistido la invasión realista y quedó vinculada para siempre con Güemes y con los hombres que combatieron junto a él. Con el paso del tiempo se transformó en una pieza de la identidad provincial, hasta llegar al escudo oficial de 1946 y, décadas después, a la bandera que hoy representa a todos los salteños.
Por eso, cada vez que la estrella aparece en la bandera de Salta, hay mucho más que seis puntas.
Hay una ciudad ocupada por un ejército extranjero.
Hay gauchos persiguiendo a las tropas realistas.
Hay una frontera que durante años sostuvo la lucha por la independencia.
Hay un Güemes que convirtió el territorio en arma.
Hay otros cinco nombres que la memoria oficial decidió colocar junto al suyo.
Y hay una idea que atraviesa toda la historia del símbolo: la independencia argentina no se ganó solamente en las grandes batallas que quedaron grabadas en los manuales escolares. También se defendió en los caminos, en los campos y en las quebradas del norte, donde durante años hombres y mujeres sostuvieron una guerra que impidió que el poder realista avanzara hacia el corazón de las Provincias Unidas.
La estrella de Salta, en definitiva, es la memoria de esa resistencia convertida en símbolo.
Seis puntas. Seis nombres. Una provincia. Y una guerra por la independencia que todavía puede leerse en su bandera.
Como viene siendo una costumbre en la provincia, volvió a ganar Juntos Somos Rio Negro que tendrá su 4to mandato consecutivo, tercero del ahora senador Alberto Weretilneck. Un triunfo cantado si entendemos que el oficialismo llegaba a las elecciones con varios frentes de conflictos (caso docencia, salud y seguridad) pero sin oposición firme, y en…
“Las declaraciones de Gallardo están en línea con lo que queremos hacer nosotros. Estamos definiendo los protocolos necesarios para que vuelvan los entrenamientos” dijo el funcionario en Radio La Red (AM 910). Durante la semana, en declaraciones radiales, el entrenador ‘millonario’ había manifestado la urgente necesidad de reactivar el regreso de los jugadores a las…
Rodeado de las figuras más importantes del entramado productivo bonaerense, Axel Kicillof trazó un oscuro diagnóstico de la situación industrial y les advirtió a los referentes de cámaras sectoriales que es «la macro de Milei lo que los está fundiendo».
«El objetivo de Milei es desindustrializar el país. Es un objetivo central, constitutivo. Lo que yo les quiero decir es que no es que algo está andando mal. La política económica está funcionando en el sentido de dar los frutos esperados. Está quebrándolos a todos ustedes. Ese es el objetivo», dijo el gobernador durante el acto por el Día de la Industria.
La actividad se realizó en Morón, en el Parque Industrial Tecnológico Aeronáutico, y hubo una particularidad: diez industriales pudieron expresar frente a Kicillof y sus ministros los problemas que atraviesa su sector.
«Milei quiere cambiar la matriz industrial histórica. Ese es uno de los puntos centrales. Yo creo que el famoso proyecto económico y la batalla cultural tiene como eje central la desindustrialización de la Argentina», dijo el gobernador.
Hubo algunos contrapuntos, incluso entre los propios industriales. El flamante presidente de UIPBA, Alejandro Gentile, volvió a plantear la necesidad de eliminar Ingresos Brutos, un planteo que días atrás el industrial de Techint le llevó al propio Kicillof.
«Bajo ningún punto de viste buscamos achicar el Estado. Lo que queremos es acercar una propuesta para mejorar lo más rápido posible la situación de las PyMES», dijo y aclaró que «el peor de los males para la industria es la caída del consumo, el contrabando, la competencia desleal y China».
Milei quiere cambiar la matriz industrial histórica. Ese es uno de los puntos centrales. El proyecto económico y la batalla cultural tiene como eje central la desindustrialización de la Argentina.
Curioso, cuanto tocó el turno de Fernando Mutti, representante de Fenaba, le salió al cruce a Gentile. «Yo entiendo que hay que ir a una reforma tributaria, me encantaría no pagar ningún impuesto pero hay que cuidar a la provincia de Buenos Aires», dijo.
Mutti lanzó varios elogios al gobernador y contó que gracias al gobierno provincial consiguió su empresa consiguió invertir en una maquina abocardadora (una máquina que utiliza para ensanchar de forma cónica el extremo de un tubo) que mandó a pedir a China. «Conseguimos el financiamiento gracias al gobierno bonaerense porque cuando el Estado se pone la camiseta de la industria, suceden cosas maravillosas», dijo.
Le siguió Pablo Gaspari, representante de la Cámara de Industriales Fundidores (CIFRA) quien no dudó en cruzar a Mutti por comprar en China lo que se puede fabricar en Argentina. «A mí me hubiese gustado que la abocardadora que compraron los de Fenaba se fabrique en Argentina. Acá tenemos la capacidad para fabricar la mayoría de las máquinas que necesita la industria», dijo. Gaspari además cruzó algunos números que mostró el ministro de Producción, Augusto Costa, al inicio del acto: «Nuestros números no coindicen con los de la provincia, son peores», le dijo.
El gobernador descartó la posibilidad de hacer cambios en Ingresos Brutos y citó un estudio de la Fundación FADA que establece que el 94% de los impuestos son nacionales. «Podemos hablar uno, dos o tres puntos menos de Ingresos Brutos pero no va a cambiar la ecuación», dijo.
Cuando escucho a los industriales decir: ‘bueno, pero la macro está bien’, siento que prácticamente es un daño autoinfligido.
Kicillof planteó que no se trata de libre mercado sino que las políticas del gobierno son decisiones deliberadas. «Se trata de la intervención del Estado. Hay un Estado fuerte que interviene en la economía para generar esta política económica que es de desindustrialización. Otra gran mentira. ¿Qué libre mercado? Si son todas decisiones del Estado desindustrializar», dijo el gobernador.
«Es la macro de Milei. La famosa macro que, teóricamente, anda bien tiene como objetivo desindustrializar el país», dijo Kicillof y siguió con una críticas hacia los industriales que festejan la macroeconomía del gobierno libertario.
«Cuando los escucho decir: ‘bueno, pero la macro está bien’, siento que prácticamente es un daño autoinfligido. Dicen ‘bueno, habría que cambiar tal cosa, pero dejemos la macro’. Es la macro lo que los está fundiendo».
Mediante un encuentro virtual con Nación, la provincia de Río Negro adhirió al convenio marco del plan de obras, vivienda e infraestructura de emergencia «Argentina Construye«. La gobernadora Arabela Carreras, en comunicación con la ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa, acordó suscribir al plan de contingencia presentado, el cual inyectará 28.000 millones…
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