DYHZY

Hay más razón en tu cuerpo que en tu propia sabiduría

Nietzsche, Así habló Zaratustra

Dyhzy es #l hij# del actual presidente argentino, #l refleja el cambio de paradigma en el que vivimos.

dyzhy, hijo

Un siglo XXI en donde el cuerpo toma protagonismo en la escena social y política. Si en el siglo XX la figura del hombre serio, de traje y corbata, asumiendo un puesto de poder centralizado, jerárquico y empresarial era el prototipo de referente a seguir; este siglo XXI dejó atrás ese modelo que, además, venía precedido por lo fálico religioso adorador del cuerpo martirizado, por el superheroe occidental del cine, por el emperador capitalista, y por el machista millonario suntuoso y monopólico…

Hoy ya no podemos confiar en la centralización del poder, porque la palabra que prima en esta era digital es la de compartir, y compartir implica defender los derechos para que la inclusión social sea posible, y es ahí que el cuerpo se convierte en un mediador esencial que se sitúa entre las palabras y las cosas.

Dyhzy no monopoliza su imagen porque comparte un estilo de vida, un diseño en constante modificación que no se deja atrapar por las fuerzas de la homogeneización de la sociedad, una homogeneidad pretendida desde el origen del Estado, la Religión y la Ciencia. Entonces, el cuerpo se desinstitucionaliza para poder llegar a ser…

https://www.instagram.com/p/B4Tc4DPHund/?igshid=fpa8lr4z8ic0

El filósofo italiano Roberto Esposito nos dice:

El cuerpo es el campo de batalla en el que se enfrentan las fuerzas de los seres humanos en una lucha sin tregua, cuya apuesta es la definición de lo que somos, pero también de aquello que podemos llegar a ser

Del libro «Las palabras y las cosas»

Así Dyhzy pone en jaque al cuerpo político, y al cívico- religioso a través de su cuerpo, reivindicando lo diverso, y borrando las categorías binarias de hombre-mujer, amo-esclavo, cuerpo-alma, bueno-malo…

Espósito nos refresca la importancia del cuerpo que se revela contra el aprisionamiento político que no ha parado de sembrar dicotomías de separación y conflicto:

Todavía carentes de las formas organizacionales adecuadas, los cuerpos de hombres y mujeres presionan en los bordes de nuestros sistemas políticos, buscando transformarlos en una forma que no pueda reducir a las dicotomías que ha producido durante tanto tiempo el orden político moderno

La importancia del cuerpo, como dijimos, es que este se resiste a quedar reducido a las categorías binarias como las de sujeto-objeto o macho-hembra; porque yo no tengo un cuerpo, soy mi cuerpo, existo mi cuerpo…, como decía Sartre.

dyzhy, hijo
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    Más de la mitad de los argentinos tiene una imagen negativa de Milei

     

    La crisis económica, el deterioro del poder adquisitivo y el desgaste político empiezan a reflejarse con fuerza en las encuestas. Un nuevo relevamiento mostró que más de la mitad de los argentinos tiene una imagen negativa de Milei, mientras crece el malestar social y se profundiza el rechazo a la situación económica del país.

    Por Roque Pérez para NLI

    Los números confirman una tendencia que distintos estudios vienen marcando desde comienzos de año: el Gobierno pierde apoyo incluso entre sectores que acompañaron a Milei en el balotaje de 2023. Según distintos sondeos publicados en las últimas semanas, la desaprobación presidencial ya oscila entre el 55% y el 65%, en un contexto atravesado por inflación persistente, caída del consumo y salarios pulverizados.

    La encuesta de la consultora Giacobbe & Asociados reveló además que una parte importante de la población asegura que “ya no soporta” la situación económica actual. El dato expone un fenómeno que empieza a perforar el relato oficial sobre la supuesta recuperación: el ajuste impacta de lleno en la vida cotidiana y cada vez más familias llegan con dificultad a fin de mes.

    El deterioro no aparece solamente en la evaluación económica. También se observa una fuerte caída en la valoración personal de Milei. La consultora CEOP Latam detectó que la imagen positiva presidencial cayó hasta apenas superar el 34%, muy lejos de los niveles que había alcanzado luego de las legislativas de 2025. Incluso, cuatro de cada diez votantes que lo apoyaron en el balotaje afirman que hoy no volverían a elegirlo.

    Otro estudio, elaborado por Zuban Córdoba, mostró que el 65% de los encuestados desaprueba la gestión libertaria, el peor registro en varios meses. El informe vincula directamente la caída del Gobierno con los escándalos políticos, las denuncias de corrupción y el agravamiento de la crisis social.

    En paralelo, otras consultoras vienen detectando un patrón similar: caída de expectativas, descreimiento respecto del rumbo económico y creciente agotamiento frente al ajuste permanente. La combinación entre tarifazos, salarios deprimidos y recesión empieza a erosionar incluso al núcleo duro libertario.

    La situación también impacta en el plano regional. Un informe de CB Global Data ubicó a Milei entre los presidentes latinoamericanos con peor imagen del momento, tras registrar una fuerte baja en su valoración positiva.

    Mientras tanto, el oficialismo intenta sostener el discurso del “sacrificio necesario”, aunque los números muestran otra realidad: cada vez más argentinos consideran que el costo del modelo económico es demasiado alto y empiezan a expresar ese rechazo en las encuestas. La pregunta que empieza a recorrer la política argentina es si el Gobierno todavía tiene margen para sostener el ajuste sin que el deterioro social termine convirtiéndose en una crisis política más profunda.

     

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  • La dicha no es una cosa alegre

     

    Una montaña de ofrendas crece bajo el féretro. Miles de camisetas de todos los clubes de fútbol. Banderas rojas, banderas negras. Remeras viejas, trapos gastados. Ramos de flores, atados de puchos por la mitad. Botellas. Bolsitas. Un médano construido por los cientos de miles que pasan por la capilla ardiente de Villa Domínico, Avellaneda, histórico polo industrial y hogar de trabajadores. Un lugar emblemático para la despedida. Y él siempre apuntó al pueblo con su antena. Lo que se ve en el montículo informe son retazos de vidas que se irán con Carlos Solari. 

    Hay cartas. Hay pañuelos de las Madres y Abuelas que dejaron los HIJOS. Y carteles. Uno dice Nadie es capaz de matarte en mi alma, evoca la canción “Pabellón Séptimo”, escrita para honrar a las víctimas de una masacre durante la dictadura en la cárcel de Devoto por el hombre que yace muerto allí. Verónica Sosa se conmueve al leer ese cartel entre el resto. Es su frase predilecta de la lírica de Indio. Su padre, Dante Sosa, fue masacrado en ese episodio, el más trágico de la historia carcelaria argentina. “Yo no era fanática suya. Y conocí el tema y me cambió todo”, dice. Su viejo era militante del ERP y fue uno de los más de 60 detenidos asesinados: “En los noventa me enteré que mi viejo no había muerto en un accidente, como mi familia me había hecho creer, sino que había sido en la cárcel; y no en un motín, sino en un crimen de lesa humanidad. Después, gracias a la abogada Claudia Cesaroni, fuimos al juicio. Y en ese período el Indio siempre nos acompañó, siempre nos mandaba mensajes. Por eso estoy acá, para darle las gracias”.

    Solari, guía hermético, autoridad moral, padre del misterio, profesor, ha muerto el viernes. Fue el sherpa de una comunidad. Mucho más que un hacedor de canciones. La noticia de su partida detuvo al país. Hubo un primer instante de silencio. Y luego el movimiento místico que supo construir activó sus resortes de duelo. Empezaron a sonar temas de Los Redondos y Los Fundamentalistas en las radios, en la tevé, su voz tomó las ciudades desde las ventanas de las casas, de los autos, en las veredas y en las pizzerías y kioscos de los barrios. La consolidación de algo que será para siempre.

    Hubo autoconvocatoria de la feligresía el viernes y también una especie de autogobierno el domingo, después de que el Gobierno nacional rechazara despedir a Indio en el Congreso porque no estaban dadas las condiciones de seguridad. Desde el Puente Pueyrredón hasta el Parque Domínico, en Avellaneda, la multitud mantuvo las cosas en orden, siempre entre la pena y la celebración de algo inexplicable. A la Policía casi no se la vio y nadie la necesitó. La gente usó un carril de avenida Mitre sin necesidad de vallas ni personal, al menos hasta los 600 metros finales los agentes custodiaban el corte de la avenida, antes del José María Gatica. 

    A la infinita lista de objetos ofrendados por los peregrinos, bajo el cajón asomaba incluso una carpa iglú enrollada en su estuche cilíndrico. Alguien seguramente clausuró así años de peregrinaciones ricoteras, de entrega total al culto, alguien dejó aquí el refugio donde soportó lluvias, viento, resacas y rocío. En Mendoza, en Tandil, en Olavarría. Habrá cerrado algún círculo para abrir otra cosa.

    Porque una nueva dimensión asoma en esta despedida ahora que Solari ya es una presencia total, parte de un misterio mayor que sobrevivirá a los tiempos. El mito crecerá. Un Gardel del nuevo siglo. Un Diego Armando Maradona de algo más que música que pocos pueden explicar. Una potencia popular como tal vez no exista en el mundo. ¿Quién puede mover multitudes así? 

    Lo sabe el treintañero que llora frente al féretro después de caminar horas. Se saca el gorro piluso ajado, se lo lleva a la cara, se aprieta contra él. Algo se rompe o nace en ese instante en el que se seca las lágrimas con el gorro, lo besa y lo lanza. Vuelan el sombrerito negro con la leyenda Patricio Rey en colorado hacia el cajón.

    También Joel Lerzundi, que llegó desde un barrio de Bernal a honrar a Solari, que lo salvó cuando en ausencia de su padre y de su madre la vida de la calle lo llevaba hacia el lado oscuro. “Me crié prácticamente así, mi viejo laburaba todo el día y mi vieja tenía problemas y el Indio me rescató apenas escuché por primera vez ‘Tarea fina’. Cuando oí eso de ‘le das la copa, al fin, al vencedor’, tenía 12 años y sentí que me hablaba”, dice. 

    Joel otorga al ídolo ese poder redentor que el arte logra si cala en un instante, como un rayo. Joel, aquí, en el velorio de Solari, empuja el carrito con su bebita de menos de un año y Martina, su pareja. Es un vencedor entre los desahuciados, entre los rotos, esos que se sintieron hablados por Solari. Antes de despedirse avisa: “Ahora soy maestro pastelero”.

    Y Diego Pignataro, de Gerli, 46 años, aterrizó anoche desde San Pablo, Brasil, donde vive hace década y media. El viernes sacó pasajes, quería estar e ir allí donde lo fueran a velar. El sábado, al llegar al aeropuerto de Guarulhos, se enteró de que sería en el Gatica, que la familia Solari, Máximo Kirchner y Axel Kicillof acordaron que se hiciera en Avellaneda (pudo ser Racing pero cancelada la chance el intendente Ferraresi finalmente propuso el Gatica). Diego volvió a Gerli y caminó la fila de ocho kilómetros desde su casa hasta el polideportivo. “No podía atravesar esta tristeza en soledad”, comentó ahí, en su lugar, con los pibes de siempre. “El Indio nos ponía la vara alta, nos elevaba esa necesidad de respetar. No lo veo como un padre, nunca lo vi así, pero sí lo veo como un profesor. En términos futboleros es como Bielsa. Cuando lo encarás, si no estás preparado, te comés un cachetazo cultural”, analiza. “El Indio nos enseñó a ir y volver de los conceptos, a usar la metáfora, el oxímoron —dice Diego—. Y eso llegó a Gerli, a mi barrio, el que se inunda, donde vivían los barras del Rojo, donde todos estábamos al borde de caer, pero esa orientación cultural de Los Redondos fue de profesor. Nos ponía a prueba, no era solamente chupar y drogarse en la esquina. Cuando nos decía ‘falopas duras en tipos blandos ahuecan corazones’, nos estaba diciendo que nos cuidemos”.

    La muerte de Solari abre un agujero negro de orfandad. Altera la dinámica elástica del tiempo. Es inevitable caer en la trampa de la nostalgia. Volver a la esquina, a los bordes de la botella mal cortada, a las mañanas tristes, a los viajes en bondi con los auriculares en Oktubre o Un baión. Tres o cuatro generaciones sienten el impacto y por eso se reúnen en Avellaneda. Para acompañarse, para estar. “Esta es la última misa”, reza Javiera Vela.

    Solari, Patria y Familia. Como Gardel, Evita, Perón, Kirchner y Maradona. Javiera llegó desde Azul, en el sur bonaerense, pero no tiene ningún interés en ver el cajón donde descansa Indio. “Quería estar acá, entre nosotros”, sintetiza bajo la pantalla que, sobre Mitre, emite imágenes de la multitud al pasar por delante del cajón. “En el 97 fui a ver a Los Redondos por primera vez y sentí una cosa distinta. Me dieron felicidad. Me dieron motivación. Me dieron una hermandad. Las letras nos pegaban. El Indio, como el Diego, como Néstor o como Cristina, me cambiaron la forma de ver la vida. Ir a verlo era estar feliz. No importa tu clase social, por eso agarré el auto y me vine, por lealtad y para que Milei sepa que somos muchos y no estamos solos, que tenga cuidado”.

    Carmela Martínez daba clases en la escuela de educación especial donde trabaja en Canelones, cerca de Montevideo, Uruguay, cuando leyó un mensaje de una amiga que le avisaba de la muerte del Indio. Apenas salió de su trabajo compró un pasaje en barco, cruzó el Río al otro día y llegó a Villa Domínico. “Allá tenía esa sensación de orfandad, no me podía quedar, tuve que venir. Se me fue el tipo que me cantaba a mí, el que al principio no entendía”, solloza.

    El ánimo de los peregrinos salta enloquecido, es inestable, va de llantos a risas, de abrazos al pogo. Cada 10 metros un parlante estalla en un himno redondo y de ricota. “Todo un palo”, “Un ángel para tu soledad”, “Toxi taxi”, “Preso en mi ciudad”. Están los que brindan y los que bailan. Avenida Mitre es una pasarela de carnaval, un cambalache, algunos improvisan un asado sobre el asfalto y otros pintan frases o rostros de Solari con tizas de colores. Los árboles tienen hombres trepados. Los puestos de colectivos también. Un flaco agita una inmensa bandera con el 10 de Maradona. Es una fiesta pagana, una celebración de la eternidad a la que entró Solari. Como la de otros dioses de la mitología argentina, su muerte tiene una luz de mentira. Algo también nace. 

    “El Indio nos explicaba el discurso” dice Nicolás Riquelme, rosarino de Central, “nos hizo pensar en el que tenés al lado, que es tu hermano, que no le tenés que pisar la cabeza, tu hermano es tu patria. El Indio es eso, y hoy el pueblo quiere llorar su patria porque el Indio le puso letra a cada lucha. Y la mecha está corta, en cualquier momento esto se prende fuego y el pueblo ricotero es un fuego, sostiene un ritual, que es el de encontrarse, como acá, esto es real, no los pajaritos libertarios”. Camina junto a su papá, Eduardo, cartero de 59 años, inoculador del virus ricotero en la sangre de su hijo. “Vi a los Redondos en los 80. A este le regalé la camiseta de Central y de los Redondos al mismo tiempo. Después creció y se me escapaba para ir a verlos, ¿qué le iba a decir?”. Ríen ambos. Riquelme padre continúa: “Es que el Indio nos dio elementos para saber oponernos al poder que nos oprime, como en ‘Nuestro amo juega al esclavo’, ‘Violencia es mentir’. Y ahora lo vivimos todos los días con esta gente y su ataque a los discapacitados, a los jubilados, a los informales. Hay que estar atento y escuchar lo que Solari tiene para decir”. Riquelme advierte así, en tiempo presente.

    Avanza la fila y alguien incita a la multitud. “Indio no se murió, que se muera el peluca, la puta madre que lo parió”: grita y todos se suman y se contagian. El canto se extiende como una sombra sobre la fila. Una médica rosarina pregunta si es cierto que Kicillof y Máximo se volvieron a hablar para organizar el velatorio. Alguien al lado afirma, dice que leyó eso. Otro se ilusiona. Medio en voz baja, comenta: “¿Será que el Indio va a terminar ordenando este quilombo?”. 

    Este texto es una coproducción entre Revista Anfibia y elDiarioAR.

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