DYHZY

Hay más razón en tu cuerpo que en tu propia sabiduría

Nietzsche, Así habló Zaratustra

Dyhzy es #l hij# del actual presidente argentino, #l refleja el cambio de paradigma en el que vivimos.

dyzhy, hijo

Un siglo XXI en donde el cuerpo toma protagonismo en la escena social y política. Si en el siglo XX la figura del hombre serio, de traje y corbata, asumiendo un puesto de poder centralizado, jerárquico y empresarial era el prototipo de referente a seguir; este siglo XXI dejó atrás ese modelo que, además, venía precedido por lo fálico religioso adorador del cuerpo martirizado, por el superheroe occidental del cine, por el emperador capitalista, y por el machista millonario suntuoso y monopólico…

Hoy ya no podemos confiar en la centralización del poder, porque la palabra que prima en esta era digital es la de compartir, y compartir implica defender los derechos para que la inclusión social sea posible, y es ahí que el cuerpo se convierte en un mediador esencial que se sitúa entre las palabras y las cosas.

Dyhzy no monopoliza su imagen porque comparte un estilo de vida, un diseño en constante modificación que no se deja atrapar por las fuerzas de la homogeneización de la sociedad, una homogeneidad pretendida desde el origen del Estado, la Religión y la Ciencia. Entonces, el cuerpo se desinstitucionaliza para poder llegar a ser…

https://www.instagram.com/p/B4Tc4DPHund/?igshid=fpa8lr4z8ic0

El filósofo italiano Roberto Esposito nos dice:

El cuerpo es el campo de batalla en el que se enfrentan las fuerzas de los seres humanos en una lucha sin tregua, cuya apuesta es la definición de lo que somos, pero también de aquello que podemos llegar a ser

Del libro «Las palabras y las cosas»

Así Dyhzy pone en jaque al cuerpo político, y al cívico- religioso a través de su cuerpo, reivindicando lo diverso, y borrando las categorías binarias de hombre-mujer, amo-esclavo, cuerpo-alma, bueno-malo…

Espósito nos refresca la importancia del cuerpo que se revela contra el aprisionamiento político que no ha parado de sembrar dicotomías de separación y conflicto:

Todavía carentes de las formas organizacionales adecuadas, los cuerpos de hombres y mujeres presionan en los bordes de nuestros sistemas políticos, buscando transformarlos en una forma que no pueda reducir a las dicotomías que ha producido durante tanto tiempo el orden político moderno

La importancia del cuerpo, como dijimos, es que este se resiste a quedar reducido a las categorías binarias como las de sujeto-objeto o macho-hembra; porque yo no tengo un cuerpo, soy mi cuerpo, existo mi cuerpo…, como decía Sartre.

dyzhy, hijo
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  • Gracias, Javier. Gracias, Karina

     

    Comodoro Py es como una cocina que se recorre a ciegas. Se siente pero no se ve. Se huele que algo está pasando. El aire se vuelve denso. Los pasillos, hostiles. El frío, exagerado. La diferencia es que ahí nadie prueba nada mientras se prepara. Todos son indicios, nunca se sabe del todo lo que está por suceder hasta que el plato aparece sobre la mesa.

    En el edificio de Retiro las especulaciones circulan más rápido que los expedientes. Los periodistas merodean por salas donde alguna vez convivieron defensores, víctimas y funcionarios judiciales amontonados alrededor de una noticia. La semana pasada, el edificio parecía más vacío. Allí nadie necesita escuchar una conversación completa para saber que algo se viene. A veces alcanza una frase.

    —¿Dijo que pidió una parrilla con control remoto? —preguntó, entre atónito y resignado, un importante funcionario judicial a otro en el quinto piso, donde se llevan adelante las causas por corrupción y delitos contra la administración pública. Acababan de escuchar la entrevista radial del contratista de la casa de Adorni en Indio Cuá.

    La frase viajó rápido por el edificio. En la causa cobraron vida las imágenes que hicieron posible hablar más y mejor de ella:  una parrilla de miles de dólares, una cascada, un jacuzzi, apoyacabezas, ahorros en negro y un funcionario que seguía diciendo a las cámaras que no iba a responder porque podía entorpecer la investigación. En tribunales, la defensa empezó a leerse al revés. Cada explicación abría una medida. Cada frase pedía un chequeo. Cada intento de cerrar el tema producía una pregunta nueva.

    La defensa pública de Adorni empezó a convertirse en un problema judicial. Quizás la estrategia política y comunicacional con la que intentó zafar del escrutinio público y de la investigación patrimonial quede como una de las peores defensas de la historia política argentina. Quizás ni siquiera llegue a eso. Tal vez nadie aprenda nada de esa defensa, salvo lo más básico. Que así no se hace. Adorni habló cuando debía callar, calló cuando debía explicar, se mostró soberbio cuando le pedían documentos y se mostró ingenuo cuando quiso justificar la plata.

    Manuel Adorni tuvo que irse por escrito. Apenas unas horas antes que la selección argentina jugara su tercer partido del Mundial, el ex jefe de gabinete publicó una carta dirigida al Presidente. Convirtió su salida en una escena de daño personal. Habló de ataques, de mentiras, de hostigamiento y de su familia. Se colocó como víctima cuando la investigación todavía le pide explicar su patrimonio en una causa por enriquecimiento ilícito. “Usted sabe todo lo que he sufrido durante este tiempo”, le dice a Milei. El sufrimiento se imposta como prueba de inocencia. El texto pide que miremos a un hombre cansado.

    El funcionario que había construido la voz del ajuste quedó atrapado por una pregunta simple: ¿de qué vivía?

    La carta también marca el cierre de una estrategia. Durante cien días, Adorni había intentado hacer algo que nunca consiguió. Decir que ya estaba todo dicho. Dar una explicación incompleta y presentarla como final. Escudarse en la justicia para no responder en público, mientras tampoco respondía todavía en la justicia. Cada vez que apareció un documento, un gasto, una escritura, una factura, una deuda o una declaración testimonial, su defensa fue correr el límite de lo contestable. Decía que no podía hablar porque podía entorpecer la investigación. Decía que no había nada más. Decía que estaba todo claro. Pero lo único que se acumulaba eran preguntas.

    En abril, cuando Anfibia profundizó en el caso , la pregunta todavía era por el modo en que su figura condensaba una incomodidad mayor. Hay causas de corrupción que involucran al gobierno más graves que la que investiga al ex vocero. Pero el foco volvía a Adorni. El funcionario que había construido la voz del ajuste empezaba a quedar atrapado por una pregunta simple: ¿De qué vivía?

    La cascada

    Fueron cien días. No hubo una sola explosión. La caída fue por acumulación. Primero una foto, después un silencio, después un avión presidencial, después un jet privado, después una disculpa. Después una casa. Una escritura. Una hipoteca. Una escribana. Una reforma con cascada, jacuzzi y parrilla de miles de dólares. Una confesión sobre ahorros en negro. Tarjetas ajenas para comprar objetos gamer. Cada dato parecía menor. Hasta que se pegaba al anterior y ya no lo era. Una cascada de episodios de corrupción que fueron llevando el agua al cuello del jefe de ministros. Es importante revisarlas, entender el modus operandi y, sobre todo, pensar lo que queda abierto y qué significa este caso para el gobierno y la política argentina.

    El primer episodio fue en Nueva York. Milei viajó con una comitiva oficial y visitó la tumba del rebe de Lubavitch, en Queens. Una foto publicada por Radio Jai mostró a Bettina Angeletti, esposa de Adorni, en la visita. El Gobierno tardó cuarenta y ocho horas en confirmar si había viajado en el avión presidencial. Ese silencio fue el primer síntoma. Nadie imaginaba todavía que era también el primero de muchos. El entonces jefe de gabinete se defendió. “Vine a deslomarme” explicó.

    A los pocos días se conoció un video de la familia Adorni subiendo al jet rumbo a Punta del Este. Con ellos estaba Marcelo Grandío, periodista, amigo íntimo del funcionario y dueño de una productora con contratos con la TV Pública. Que también se encuentra investigado por el delito de dádivas en otra de las causas que involucran a Adorni en Comodoro Py. El ex vocero explicaría luego que cuatro días en Punta del Este habían sido “lo único” que se había permitido en un año y medio. La frase duró poco. Después aparecieron otros viajes, otros gastos, otras vacaciones. 

    En la misma semana apareció la casa del country. La Nación confirmó, con documentación catastral, que Angeletti había registrado a su nombre una propiedad en Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz, en noviembre de 2024. Adorni no la había declarado en su presentación 2025. La sumó recién en mayo con la investigación penal ya en curso.

    —¿Dijo que pidió una parrilla con control remoto? —preguntó, entre atónito y resignado, un funcionario judicial a otro en el quinto piso de Comodoro Py, donde se llevan adelante las causas por corrupción y delitos contra la administración pública.

    Entonces llegaron las facturas del vuelo. El tramo de ida, por 4830 dólares, estaba a nombre de ImHouse, la productora de Grandío. El regreso formaba parte de un paquete de diez vuelos comprado por el piloto Agustín Issin Hansen, que luego revendió los pasajes de los Adorni a Grandío por 3000 dólares. La historia se llenaba de nombres laterales que lejos de dar una explicación arrojaban más preguntas.

    Adorni enfrentó una conferencia de prensa. Un periodista le pidió un comprobante por su viaje en avión privado. Adorni no mostró nada. Resaltó que sus respuestas podrían entorpecer la investigación. No respondía ante la prensa porque había una causa judicial. Tampoco respondía en la causa judicial porque todavía no había llegado su turno. Entre una cosa y la otra, el silencio funcionaba como defensa.

    Ese mismo día se supo que había comprado una unidad en Miró al 500 sin haber vendido la que tenía en Parque Chacabuco. Las vendedoras eran dos mujeres. Claudia Sbabo y Beatriz Viegas. La operación se registró por 230 mil dólares. En la escritura declararon que le financiaban 200 mil dólares mediante un crédito hipotecario. Una era retirada de la Policía Federal. La otra, su hija.

    Para abril, con la causa judicial avanzada en Comodoro Py, la justicia ya tenía en mira una lista de movimientos de dinero que incluían gastos inmobiliarios no documentados por 65 mil dólares en efectivo, viajes por más de 27 mil, deudas nuevas por 35 mil, compras de propiedades, hipotecas, vuelos, hoteles, refacciones, adelantos en efectivo. Adorni había informado ahorros por 48.720 dólares. ¿De dónde sacó la plata? ¿Dónde estaba? ¿Por qué no aparecía antes?

    La escribana Adriana Netchevenlo declaró ante la justicia y eligió una frase que resumía lo que ningún análisis político habría podido ordenar. “Se le dio todo junto”. Todo junto. El ascenso, la exposición, la jefatura de Gabinete, las propiedades, las deudas, los gastos, las sospechas y las preguntas judiciales.

    Una mañana de mayo, en medio de un desfile de testigos que caminaron los pasillos de los tribunales federales, apareció el contratista de la casa del country. Matías Tabar declaró ante el fiscal Gerardo Pollicita que los Adorni lo contrataron para una reforma integral. Aportó una planilla. Números prolijos. 245.929 dólares en efectivo. 

    En su carta de renuncia, Adorni se colocó como víctima cuando la investigación todavía le pide explicar su patrimonio en una causa por enriquecimiento ilícito. El sufrimiento se imposta como prueba de inocencia. El texto pide que miremos a un hombre cansado.

    La peor defensa de la historia

    Después llegó el gran día. Adorni presentó su declaración jurada. Y en el mismo movimiento se autoincriminó. Fue a los estudios de La Nación, lo entrevistó José Del Río y admitió que había ocultado ingresos en sus declaraciones juradas por al menos 500 mil dólares. “Invertimos 200 mil dólares en Bitcoin y ganamos unos 300 mil” reveló. “No lo declaramos porque la manera de escaparte de la vieja política era ahorrando en negro. No se me hubiera ocurrido nunca ahorrar en blanco, menos en esos años”. La frase que buscaba ordenar la defensa produjo otra cosa. El jefe de Gabinete reconocía dinero no declarado mientras seguía en funciones. “Si Adorni viene a la justicia con las explicaciones que dió anoche en la televisión va a estar muy complicado” dijeron al día siguiente fuentes judiciales.

    Ese fue el punto en el que su defensa pública empezó a convertirse en un problema judicial. 

    Quizás la estrategia política y comunicacional con la que intentó zafar del escrutinio público y de la investigación patrimonial quede como una de las peores defensas de la historia política argentina. Quizás ni siquiera llegue a eso. Tal vez nadie aprenda nada de esa defensa, salvo lo más básico. Que así no se hace. Adorni habló cuando debía callar, calló cuando debía explicar, se mostró soberbio cuando le pedían documentos y se mostró ingenuo cuando quiso justificar la plata.

    El último dato llegó con las tarjetas. Adorni había comprado un monitor gamer y dos proyectores para videojuegos por 5.848.589 pesos. La adquisición salió desde su cuenta, pero con tarjetas de crédito ajenas, pertenecientes a dos empleados públicos que trabajaban bajo su órbita. Era un dato menor frente a una casa en un country o una reforma de casi 246 mil dólares. Pero después de los vuelos, las hipotecas, las financistas, el jacuzzi y los dólares, también el caso reveló que Adorni usaba a sus empleados para comprar tecnología de videojuegos. Algo parecido sucedió con la compra de ropa blanca para la casa de Indio Cuá. Una secretaria le facturó 8 millones de pesos en colchones, sábanas, almohadas y un edredón. 

    La cronología tuvo un patrón. El Gobierno calló. Adorni habló. Apareció un documento. Adorni volvió a hablar. Apareció otro dato. Cada explicación llegó un poco tarde. Cada frase abrió una puerta. Cada puerta llevó a alguien más. La esposa. El amigo. La escribana. Las financistas. El contratista. El piloto. Los empleados públicos.

    La carta intenta comprimir esa acumulación en hostigamiento. “Las mentiras que se han dicho fueron de lo más variadas”, escribe Adorni y mezcla viajes que nunca existieron, gastos astronómicos, contratos inexistentes, granjas cripto, fondos públicos, un supuesto pendrive “lleno de dólares”, sociedades en Uruguay, cirugías estéticas y millones pagados para que nadie hablara. En la lista queda mezclado. Lo investigado, lo publicado, lo falso, lo ridículo, lo pendiente. “Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas”, escribe. Un hombre honesto acusado por otros. Un funcionario leal dañado por una máquina de operaciones. 

    Adorni habló cuando debía callar, calló cuando debía explicar, se mostró soberbio cuando le pedían documentos y se mostró ingenuo cuando quiso justificar la plata. La estrategia con la que intentó zafar quizá quede como una de las peores defensas de la historia política argentina. Quizás ni siquiera llegue a eso.

    Pero Adorni era un riesgo institucional. La oposición pidió interpelarlo en Diputados y avanzar con una moción de censura. Los proyectos que el oficialismo quería impulsar empezaron a naufragar. Con él en el gobierno los deseos presidenciales comenzaron a quedar truncos. El costo de sostenerlo ya no se medía sólo en términos judiciales. También se medía en votos, en agenda, en gobernabilidad, en la posibilidad de que otros funcionarios empezaran a caer arrastrados por la misma interna que Milei buscaba contener.

    “El ensañamiento tiene un límite y yo he descubierto el mío”, escribió en la carta. La frase buscó humanidad. También marcó el fracaso de un personaje político construido sobre la dureza. Durante meses, Adorni fue una de las voces más eficaces del ajuste. Habló de curros, de privilegios, de gastos, de cajas, de abusos y de vivos. Había que aceptar el sacrificio como método. Cuando la sospecha llegó a su patrimonio, el lenguaje cambió. Aparecieron el dolor, la familia, la espiritualidad, la honra y la paz interior. “Tal vez simplemente ocurre que a la gente común no le permiten estar en estos lugares” lamentó.

    La frase quiso ubicarlo fuera del poder en el mismo momento en que se despide desde el centro del poder. Adorni fue jefe de Gabinete de Ministros de la Nación. Tuvo despacho, firma, equipos, presupuesto, acceso al Presidente y una voz central en la administración del ajuste. Milei lo sostuvo durante semanas, lo defendió, denunció operaciones, evitó soltarlo mientras el caso avanzaba. La protección tenía un sentido político. Adorni era más que un funcionario. Había sido vocero, candidato, ganador en la Ciudad y jefe de Gabinete. Su ascenso había sido tan veloz como su deterioro. Soltarlo implicaba admitir que el problema había llegado demasiado cerca. Sostenerlo empezó a costar más que dejarlo ir.

    También había otra razón. Milei acababa de designarlo jefe de Gabinete. Adorni era una pieza demasiado propia como para entregarla rápido. Dejarlo caer demasiado pronto podía habilitar una dinámica peligrosa dentro de un oficialismo atravesado por internas. Si un funcionario caía por presión política, otros podían empezar a cargarse entre ellos. La permanencia de Adorni fue una manera de evitar que la crisis se ordenara como una cacería interna.

    La renuncia trae otra escena

    Veinticuatro horas antes de la renuncia, el Presidente cruzó el Atlántico y en su primera intervención en su viaje a España dijo lo que haría ante una eventual condena sobre Adorni. “Lo eyecto de una patada”, explicó. Mientras no hubiera condena, Adorni seguía. Pero el problema era político antes de ser penal. No necesitaba esperar una sentencia para medir el costo de tener al jefe de Gabinete atravesado por una investigación patrimonial, una interpelación posible y una moción de censura en la mesa.

    El sábado Milei lo soltó. Tarde. Lo soltó cuando la protección política ya no alcanzaba para blindarlo y cuando esa misma protección empezaba a volver más peligrosa la situación judicial del funcionario. Porque cuanto más tiempo siguió Adorni en el cargo más se le pidió que hablara. Cuanto más habló, peor se defendió. Cuanto más intentó explicar, más material produjo. La estrategia que le permitió resistir unas semanas puede terminar siendo la que lo deje más expuesto.

    La renuncia llegó con una carta que prefiere hablar de amor, dolor familiar y persecución. Llegó después de cien días de revelaciones. Llegó cuando el respaldo presidencial ya no alcanzaba para blindarlo. Llegó cuando Adorni ya no tenía demasiadas excusas públicas para seguir sin responder. Por eso se colocó como víctima. Por eso se presentó como un silenciado. Por eso escribió. Porque hablar ya le salió demasiado caro.

    Veinticuatro horas antes de la renuncia, el Presidente dijo lo que ante una eventual condena sobre Adorni “Lo eyecto de una patada”. Pero el problema era político antes de ser penal.

    “Gracias Javier. Gracias Karina”.

    La renuncia puede aliviar al Gobierno por un tiempo. Saca del despacho a un funcionario que ya era una carga, reduce el ruido, le permite a Milei decir que sigue adelante. Pero deja una imagen que no se borra fácil. Tampoco se borran con la renuncia de Adorni todos los frentes judiciales y los casos de corrupción que tienen sucios los despachos, los pasillos y otras figuras clave del gobierno. 

    Asume Santilli, que repite su rol de rueda de auxilio para ocupar un lugar caliente e intentar un fast washing de la cara del gobierno (hizo lo mismo cuando cayó en desgracia Espert y lo reemplazó en la candidatura para diputados en octubre del 25). De paso, ayuda a aliviar las diferencias entre libertarios y el PRO que parecían recrudecer por culpa de Manuel.

    Mientras tanto, la pregunta por la corrupción libertaria ahora cambió. Ya no alcanza con saber por qué el caso de Adorni generaba más indignación que otros expedientes más voluminosos como la criptoestafa $LIBRA o el desvío en los fondos de la Agencia Nacional de Discapacidad. La renuncia de Adorni trae otra escena. Qué pasa cuando el funcionario que mejor explicó el ajuste deja el Gobierno porque no pudo explicar su patrimonio. Qué pasa cuando la moral que ordenaba el sacrificio queda atrapada entre una casa en un country, una cascada, ahorros en negro, tarjetas ajenas y una carta de amor al Presidente y a su hermana.

    La respuesta todavía se escribe en los tribunales, en la Casa Rosada y en esa superficie más difícil de medir que es el clima social. La carta quiso fijar una versión. Quiso convertir una investigación patrimonial en una historia de persecución, quiso transformar una salida forzada en gesto de lealtad, dejar asentado que el daño vino de afuera, de los medios, de la política, de los otros.

    En agosto, Adorni va a ser citado a Comodoro Py para explicar su patrimonio y su evolución. Va a tener que sentarse frente al fiscal y responder lo que no respondió en la conferencia de prensa, lo que no aclaró en televisión, lo que la carta no pudo cerrar. 

    Como dicen en tribunales, los papeles mandan.

    La entrada Gracias, Javier. Gracias, Karina se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    Ahora también Milei le pone precio a los estudios para trasplantes: el Gobierno oficializó un arancelamiento en el INCUCAI

     

    Una resolución publicada este lunes en el Boletín Oficial aprobó un cuadro tarifario para los estudios que realiza el Laboratorio Nacional de Inmunogenética del INCUCAI. Entre las prestaciones alcanzadas figuran análisis indispensables para pacientes en lista de espera de trasplantes de órganos y de médula ósea, con valores que llegan hasta los 979 mil pesos.

    Por Roque Pérez para NLI

    El Gobierno nacional profundizó este lunes su política de arancelamiento de prestaciones estatales con la publicación de una resolución del INCUCAI que establece, por primera vez, un nomenclador de costos para los estudios realizados por el Laboratorio Nacional de Inmunogenética. La medida quedó oficializada mediante la Resolución 146/2026, publicada hoy en el Boletín Oficial, y fija valores para una amplia gama de análisis indispensables en los procesos de donación y trasplante de órganos y de células progenitoras hematopoyéticas.

    Aunque la resolución no modifica el régimen legal de acceso a los trasplantes ni dispone que los pacientes deban pagar directamente estos montos, sí introduce formalmente un sistema de aranceles para prestaciones que hasta ahora eran absorbidas por el Estado nacional, trasladando el costo a los financiadores o a quienes deban afrontar esos estudios cuando no exista cobertura.

    Estudios imprescindibles que ahora tienen un precio

    El nuevo cuadro tarifario alcanza a algunos de los análisis más sensibles dentro del sistema de trasplantes. Entre ellos se encuentra la inscripción de un paciente en lista de espera para un trasplante de órgano sólido, cuyo costo fue fijado en 514.000 pesos. Ese procedimiento incluye la tipificación genética HLA y los estudios inmunológicos necesarios para determinar la compatibilidad del futuro receptor.

    También se establecieron valores para el denominado cross match, indispensable para verificar la compatibilidad entre donante y receptor antes de un trasplante, con un costo de 248.000 pesos, mientras que la tipificación HLA para donantes de órganos sólidos costará 251.000 pesos.

    Uno de los estudios de mayor complejidad, destinado a pacientes candidatos a trasplantes de células progenitoras hematopoyéticas —como los trasplantes de médula ósea—, tendrá un valor de 979.000 pesos, constituyéndose en la prestación más costosa del nomenclador aprobado.

    La resolución también fija aranceles para determinaciones de anticuerpos anti-HLA, estudios de quimerismo, cuantificación de células CD34+, detección de ADN libre circulante y otras prácticas altamente especializadas utilizadas para el seguimiento clínico de pacientes trasplantados.

    Un cambio que vuelve a poner el foco sobre el financiamiento sanitario

    Desde el punto de vista administrativo, el INCUCAI argumenta que resulta necesario contar con un esquema actualizado de recuperación de costos para las prestaciones brindadas por su laboratorio nacional de referencia.

    Sin embargo, la decisión vuelve a instalar el debate sobre el progresivo retiro del financiamiento estatal en áreas estratégicas de la salud pública, especialmente en procedimientos donde el tiempo, la disponibilidad de recursos y la realización de estudios especializados resultan determinantes para salvar vidas.

    Los análisis comprendidos en el nomenclador no constituyen estudios accesorios: son requisitos indispensables para determinar compatibilidades inmunológicas, ingresar a listas de espera, seleccionar donantes y controlar la evolución posterior de los trasplantes. Sin ellos, el sistema de procuración y trasplante simplemente no puede funcionar.

    En un contexto marcado por los recortes presupuestarios sobre organismos científicos, hospitales nacionales y programas sanitarios, la incorporación de estos aranceles aparece como un nuevo paso en la lógica de trasladar costos que históricamente eran absorbidos por el Estado, aun cuando se trate de prestaciones vinculadas con tratamientos de altísima complejidad y, muchas veces, de carácter vital para los pacientes.

     

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    NUDOS ALBERTINIANOS

    Max Weber definió al Estado como el monopolio de la violencia legítima. Dicho de otra forma, el Estado tiene la facultad de ejercer la violencia simbólica, institucional o física que lo avala por su poder de autoreferencia legitimante. ¿Cómo se podría revertir esta conceptualización del Estado? Con actos, es evidente, porque el discurso no alcanza……

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