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Dos días de Feria ReEmprender, especial ‘Carnaval del amor’

La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina invita a disfrutar de dos días de la Feria ReEmprender especial ‘Carnaval del amor’, durante sábado y domingo de 18 a 22 horas.

De esta manera, las casitas de los artesanos se vestirán especialmente para la ocasión en el marco del ‘Día de los enamorados’.

Para información o consultas, dirigirse a la Oficina de Turismo en Florencio Sánchez 817 o comunicarse al teléfono 2984-904350.

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  • Karina sigue sin encontrar candidato para condicionar a Jorge Macri y ahora giran a Menem

     

    Karina Milei sigue sin encontrar un candidato para condicionar a Jorge Macri en la Ciudad y ahora empezó a amenazar con presentar a Martín Menem como jefe de gobierno.

    LPO adelantó que los libertarios primero salieron a instalar a Diego Santilli para la Ciudad porque se quedaron sin cartas para negociar con los Macri. La debacle de Manuel Adorni complicó los planes de Karina para la Capital: el ex vocero caído en desgracia había ganado de manera sorpresiva las elecciones de 2025 y su candidatura aparecía como una amenaza para el PRO.

    Con Adorni fuera de carrera, los libertarios se quedaron sin una carta fuerte para amenazar al PRO. Patricia Bullrich, que es quien mejor mide, ya avisó a su equipo que no tiene intenciones de competir por la jefatura porteña, como anticipó LPO, puesto que irá por la vicepresidencia, como mínimo, o por la presidencia.

    La carta de Santilli en la Ciudad les presenta un problema aún mayor a los libertarios, que es quedarse sin un candidato competitivo en la provincia, ya que Sebastián Pareja, en teoría el preferido de Karina, no mide y es desconocido.

    Si la elección es desdoblada como en 2025, con una derrota en provincia el gobierno llegaría en una situación alarmante a octubre, con la posibilidad del combo letal de una economía en picada como la del año pasado antes del salvataje de Trump 

    Si van con Pareja se arriesgan a una derrota preocupante contra el peronismo en la provincia. Es que si la elección es desdoblada como en 2025, con una derrota en provincia el gobierno llegaría en una situación alarmante a octubre, con la posibilidad del combo letal de una economía en picada como la del año pasado antes del salvataje de Donald Trump.

    Para colmo, Santilli tiene todo su trabajo territorial en la provincia y de hecho empezó a expandirlo una vez que se sumó como funcionario del gobierno de Javier Milei. El Colorado y su socio de toda la vida, Cristian Ritondo, empezaron a copar las delegaciones de PAMI y Anses. Eso se refleja en la tendencia de las últimas semanas, en la que los hombres de Pareja fueron desplazados para dar lugar a enviados de los dos dirigentes del PRO.

    Sebastián Pareja

    En el armado de Pareja admitieron a LPO que recientemente le «cepillaron» la zona a Fabrizio «Tomatito» Martínez en la jefatura regional Conurbano IV de Anses. Y eso que Tomatito no suele achicarse: fue jefe de la barrabrava de Deportivo Laferrere. Otro de los parejistas damnificados fue Raúl «Bigotón» Ávila, ex coordinador en San Fernando al que le sacaron el control de la delegación del organismo previsional para el que se preparó toda la vida.

    La necesidad de ir con Santilli en provincia ya llevó a los karinistas a descartarlo como candidato porteño, si bien tienen el ancho de espadas que es el pedido explícito del presidente para convencer al Colorado que vaya donde él quiera. 

    En ese contexto es que surgió el nombre de Menem, que nació en La Rioja pero vive en la Ciudad hace más de 35 años, por lo que sólo acreditando un domicilio en territorio porteño podría competir por la jefatura de gobierno. 

    La idea de llevar a Menem surgió en la última reunión de Karina con los referentes libertarios de Ciudad justamente porque la presidenta del partido a nivel porteño, Pilar Ramírez, no mide lo suficiente como para asustar al jefe de gobierno.

     

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    Cuando el mate estuvo prohibido: la historia de la infusión que sobrevivió a reyes, virreyes y dictaduras culturales

     

    Hoy forma parte de la vida cotidiana de millones de argentinos y es uno de los símbolos más reconocidos de la identidad nacional. Sin embargo, hubo un tiempo en que tomar mate era considerado una mala costumbre, una práctica «viciosa» e incluso una amenaza para el orden social. La historia de la yerba mate es también la historia de un producto nacido de los pueblos originarios que resistió prohibiciones, intereses económicos y prejuicios hasta convertirse en uno de los rasgos culturales más fuertes del Río de la Plata.

    Por Redacción de NLI

    Pocas escenas representan tanto a la Argentina como un grupo de personas compartiendo un mate. Está presente en una reunión familiar, en una universidad, en una fábrica, en una oficina, en una plaza o en la cabina de un camión que atraviesa el país. Es un gesto cotidiano que parece haber existido desde siempre. Sin embargo, esa costumbre que hoy une generaciones y atraviesa todas las clases sociales estuvo a punto de desaparecer hace más de cuatro siglos. La Corona española, sectores de la Iglesia y distintos funcionarios coloniales intentaron prohibir su consumo convencidos de que se trataba de un hábito perjudicial que fomentaba la ociosidad y alteraba las costumbres de la población.

    La historia del mate comienza mucho antes de la llegada de los europeos. Los pueblos guaraníes ya consumían las hojas de la Ilex paraguariensis, tanto por sus propiedades estimulantes como por el valor social que tenía compartir la bebida. Para esas comunidades, la yerba no era una mercancía sino un elemento integrado a la vida cotidiana, al intercambio y a las relaciones entre las personas. Fueron los propios conquistadores quienes, después de observar esa práctica con desconfianza, terminaron adoptándola hasta convertirla en un producto de enorme demanda en todo el Virreinato del Perú.

    Lo que inicialmente había sido visto como una curiosidad indígena comenzó a expandirse con una velocidad inesperada. A comienzos del siglo XVII, el mate ya circulaba desde las actuales provincias del Litoral hasta el Alto Perú y Chile. Su consumo atravesaba sectores populares y también llegaba a las élites coloniales, lo que despertó preocupación entre autoridades civiles y religiosas que observaban con desconfianza cualquier costumbre nacida fuera de la cultura europea.

    Una bebida perseguida por la Corona

    Las primeras críticas contra el mate no tenían fundamentos científicos, sino morales y políticos. Algunos gobernadores afirmaban que provocaba «vicios», debilitaba el carácter y hacía perder tiempo a quienes debían trabajar. Desde sectores eclesiásticos también aparecieron cuestionamientos porque se trataba de una práctica asociada a pueblos originarios y porque las reuniones alrededor del mate escapaban al control de las autoridades.

    Hubo gobernadores que impulsaron restricciones al comercio de yerba y documentos coloniales donde se proponía limitar su circulación. Las críticas eran tan insistentes que algunos cronistas de la época llegaron a describir el consumo de mate como una verdadera «enfermedad social». Paradójicamente, mientras aumentaban las prohibiciones, también crecía el número de personas que no concebían su vida cotidiana sin esa infusión.

    La historia terminó demostrando que aquellas medidas tenían pocas posibilidades de éxito. La demanda continuó creciendo y la yerba mate se transformó rápidamente en uno de los productos más importantes del comercio regional.

    Los jesuitas y el nacimiento de una economía

    El gran cambio llegó cuando las reducciones jesuíticas lograron domesticar el cultivo de la yerba mate. Hasta entonces, gran parte de la producción dependía de la recolección silvestre, una tarea difícil y peligrosa. Los jesuitas desarrollaron técnicas de cultivo que permitieron organizar una producción más estable y con mayor calidad, impulsando un circuito económico que benefició a numerosas comunidades de la región.

    Aquella experiencia convirtió a la yerba en uno de los productos más valiosos del nordeste sudamericano. La llamada «yerba de las misiones» adquirió prestigio en buena parte del territorio colonial y consolidó un mercado que sobrevivió incluso después de la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767.

    Con el paso del tiempo, el mate dejó de ser solamente una bebida para transformarse en un hábito cultural profundamente arraigado. A diferencia de otras infusiones, su consumo estaba asociado al encuentro, la conversación y la construcción de vínculos sociales. Compartir un mate implicaba compartir un tiempo, una ronda y una confianza.

    De costumbre regional a símbolo nacional

    Tras la independencia, el mate siguió acompañando la vida cotidiana de gauchos, trabajadores rurales, soldados y familias de todo el territorio. A medida que Argentina fue consolidando su identidad nacional durante el siglo XIX, la infusión comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en el imaginario colectivo. La literatura gauchesca, las pinturas costumbristas y más tarde el cine y la fotografía ayudaron a convertir al mate en uno de los emblemas culturales del país.

    La inmigración europea, lejos de desplazar esa tradición, terminó incorporándola. Millones de italianos, españoles, sirios, libaneses y otros inmigrantes adoptaron el mate como parte de su nueva vida en la Argentina. De esa manera, una práctica nacida en los pueblos guaraníes terminó integrando una identidad nacional construida a partir de múltiples raíces culturales.

    Ese recorrido también deja una enseñanza histórica. Muchas de las expresiones culturales que hoy parecen naturales fueron, en algún momento, objeto de discriminación o desprecio. La historia del mate demuestra que la identidad de un pueblo no surge de decretos ni de imposiciones oficiales, sino de prácticas que las propias comunidades sostienen y transmiten a lo largo del tiempo.

    Una tradición que sigue generando debates

    En los últimos años, la yerba mate volvió a ocupar un lugar en la discusión pública por razones económicas. La situación de los pequeños productores, el funcionamiento del mercado yerbatero y el papel del Estado en la regulación del sector fueron motivo de fuertes controversias, especialmente a partir de las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei sobre organismos vinculados a la actividad.

    Detrás de esos debates no solamente está en juego el precio de un paquete de yerba. También aparece una vieja discusión argentina: si productos profundamente ligados a la cultura nacional deben quedar exclusivamente sometidos a las reglas del mercado o si el Estado tiene la responsabilidad de proteger a los pequeños productores frente a la concentración económica. La experiencia histórica muestra que, cuando desaparecen los mecanismos de regulación, quienes suelen quedar en desventaja son precisamente los actores más pequeños de la cadena productiva.

    Cuatrocientos años después de que las autoridades coloniales intentaran erradicar el consumo de mate, la infusión sigue acompañando la vida cotidiana de millones de personas. Sobrevivió a prohibiciones, prejuicios y cambios políticos porque nunca fue solamente una bebida. Es una forma de encontrarse, de conversar y de compartir. Tal vez por eso el mate continúa siendo uno de los pocos símbolos capaces de atravesar diferencias sociales, generacionales e ideológicas, recordando que la identidad de un pueblo suele construirse alrededor de gestos sencillos que el tiempo termina convirtiendo en patrimonio común.

     

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