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«Digo un acuerdo social porque debemos cumplirlo entre todos»

En una nueva conferencia de prensa del comité de crisis esto es lo más sobresaliente:

En cuanto a las nuevas actividades que empiezan a regir hoy en la ciudad el intendente dijo Villa Regina dejó de estar en situación de observada, 30 municipios flexibilizaron desde la semana pasada nosotros entramos hoy a esta nueva etapa donde se van a habilitar casi todas las actividades comerciales de la ciudad. Cada actividad va a tener su protocolo especial de estricto cumplimiento  y sus cronogramas”.

Lo que dejó en claro y recalcó el intendente que esto es un “acuerdo social”, invitó a todos a no desaprovechar la oportunidad,es un acuerdo social que es muy endeble, limitado, en su funcionamiento porque si nos va mal y no aplicamos los protocolos como se debe, esto puede ser de carácter provisorio y volver a una etapa anterior donde solo abrían los comercios que venden alimentos. Pero también puede pasar que volvamos a una etapa más anterior que es la que tiene Valle Medio, que es el cordón sanitario. Y ahí no sale nadie y cierran todos los comercios”.

“Digo un acuerdo social porque debemos cumplirlo entre todos, la cláusula del acuerdo social es cuidémonos entre todos”.

Una de las preguntas realizadas fue un traslado de incertidumbre del personal de salud del hospital expresado la semana pasada en conferencia abierta ¿Por qué no se realizan testeos masivos a los efectores de salud?, la Dra Ross contestó “Las normas de vigilancia epidemiológica están colgadas en la página del ministerio de salud de la provincia, son públicas, son accesibles y  las indicaciones de hacer PCR (testeo disponible) son dos: aquellas personas que cumplen la definición de caso (definición bastante amplia) y en el personal de salud que tuvo que hacer aislamiento de 14 dias antes de volver a su puesto de trabajo, se le hace el estudio para que no vuelva en el período de incubación asintomático. Esa son las dos indicaciones para hacer el estudio”.

El director del hospital Ruiz Diaz agregó, “es de igual impacto el aislamiento obligatorio que corresponde al personal de salud que se define como contrario estrecho, es una medida de impacto importante porque desglosado ese listado de personal que ha contactado con un caso positivo, más allá de que el testeo pueda resultar negativo no significa que tenga que volver a trabajar, sino lo que se hace es proceder al aislamiento de 14 días y a los 14 dias de cumplido su aislamiento se hace el testeo para reintegro en el trabajo. Y eso también es una medida de impacto bien importante que merece ser resaltado”.

Sobre la limitación taxativa que con este nuevo decreto tiene la ordenanza 15/20, la idea es suspenderla aclaró el intendente de la ciudad “no condice la aplicación de la ordenanza con la apertura de lunes, miércoles y viernes de los comercios en esta nueva etapa, estamos viendo como la suspendemos o dejamos sin efecto”

“Caminatas no, ciclismo si. Las caminatas se aprobaron para los municipios que no tiene casos positivos y ciclismo a todas las ciudades. Regina va a adherir a ese decreto provincial y estamos estableciendo los días y los lugares por los cuales se va a poder practicar ciclismo de forma individual” confirmó Orazi. Los lugares seguramente serán aledaños al parque industrial, anfiteatro y arriba de la barda.

La semana pasada el Concejo Deliberante rechazó el proyecto del Frente de Todos para destinar los fondos  correspondientes al ATN proveniente de Nación recibidos como coparticipación por parte del gobierno provincial, a salud y desarrollo social. El intendente hizo hincapié en que cualquier uso que se les de hoy, estará ligado a consecuencias del covid “Aquellos  que entienden que ese dinero debe ser destinado a covid, les puedo decir que casi todas las actividades están relacionadas a covid, la parte financiera del municipio está muy endeble por el covid, entonces podríamos utilizar ese dinero para equilibrar deudas municipales. Los ingresos son destinados a todo lo que ha producido la aparición de este virus”.

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    ¿La justicia social es un robo? La utopía extrema detrás del dogma de Milei

     

    La afirmación de Milei de que “la justicia social es un robo” no es novedosa ni revolucionaria: es la versión más radical de una corriente libertaria minoritaria que la historia económica, la experiencia democrática y los grandes líderes del siglo XX pusieron en discusión. Desde Friedrich Hayek hasta Robert Nozick sostuvieron críticas conceptuales a la redistribución, pero incluso las democracias más capitalistas del mundo terminaron incorporando impuestos progresivos y políticas sociales como condición de estabilidad.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La frase de Milei se inscribe en una tradición ideológica específica: el libertarismo radical, una corriente que considera que cualquier redistribución forzada por el Estado vulnera el derecho de propiedad. Sin embargo, cuando esa tesis se contrasta con la experiencia histórica concreta de las naciones desarrolladas, el resultado es contundente: no existe un solo país moderno que funcione sin algún grado de justicia social institucionalizada.


    El origen intelectual: una tesis extrema y minoritaria

    El economista austríaco Friedrich Hayek tituló directamente uno de sus libros The Mirage of Social Justice. Allí sostuvo que el concepto de justicia social es un “espejismo” porque el mercado no tiene voluntad moral; por lo tanto, no puede ser justo ni injusto. Para Hayek, intentar corregir resultados del mercado implica abrir la puerta a una expansión del poder estatal.

    Más explícito fue el filósofo estadounidense Robert Nozick, quien escribió en Anarchy, State, and Utopia que “taxation of earnings from labor is on a par with forced labor”, es decir, que gravar ingresos es equiparable al trabajo forzado. Esa es la raíz conceptual más cercana a la frase de Milei.

    Pero incluso dentro del liberalismo clásico estas posiciones fueron discutidas. Milton Friedman, muy mencionado por Milei, por ejemplo, defendía el mercado pero aceptaba el impuesto negativo a la renta como mecanismo para asistir a los más pobres. Es decir, reconocía que algún tipo de red de contención era necesaria para que el sistema no colapsara socialmente.

    El problema es que el libertarismo puro funciona como construcción teórica, pero carece de evidencia empírica en Estados complejos y democráticos.


    La experiencia histórica: sin redistribución no hay estabilidad

    Las grandes democracias capitalistas del siglo XX no avanzaron hacia menos Estado luego de las crisis, sino hacia más regulación y más políticas sociales.

    Tras la Gran Depresión producto del derrumbe de la bolsa en 1929, Franklin D. Roosevelt sostuvo con claridad que “necessitous men are not free men”, es decir, los hombres necesitados no son hombres libres. El New Deal no fue una concesión ideológica: fue una respuesta pragmática para salvar al capitalismo de sí mismo.

    En Europa, incluso líderes conservadores comprendieron la necesidad de incorporar justicia social como principio organizador. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido construyó su Estado de bienestar con consenso transversal. La experiencia mostró que sin cohesión social, el mercado se vuelve políticamente inviable.

    El filósofo John Rawls, en A Theory of Justice, planteó el llamado “principio de diferencia”: las desigualdades solo son aceptables si benefician a los más desfavorecidos. No se trata de igualitarismo absoluto, sino de una arquitectura institucional que garantice legitimidad.

    La historia económica moderna es clara: los países más desarrollados combinan mercado con impuestos progresivos, servicios públicos universales y mecanismos de redistribución. Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón y los países nórdicos aplican impuestos a la renta, sistemas previsionales solidarios y políticas de bienestar. Ninguno abrazó el ideal libertario puro.


    El caso argentino: justicia social como pacto democrático

    En la Argentina, la justicia social no fue una consigna abstracta sino una reorganización concreta del vínculo entre capital y trabajo impulsada por Juan Domingo Perón. Derechos laborales, aguinaldo, vacaciones pagas y movilidad social ascendente no surgieron de la espontaneidad del mercado, sino de decisiones políticas.

    Reducir ese proceso histórico a la categoría de “robo” implica desconocer que toda organización estatal moderna se basa en impuestos. Sin impuestos no hay educación pública, no hay infraestructura, no hay sistema judicial, no hay defensa, no hay estabilidad monetaria.

    El propio desarrollo del capitalismo industrial necesitó del Estado para expandirse: desde la construcción de ferrocarriles hasta la financiación de universidades y sistemas científicos.


    Una consigna más ideológica que aplicable

    La idea de que la justicia social es un robo parte de una concepción absoluta del derecho de propiedad. Pero en la práctica, ningún país desarrollado sostiene esa tesis en términos absolutos. Incluso los modelos de baja presión fiscal mantienen impuestos indirectos, gravámenes corporativos y algún tipo de política social.

    La pregunta central no es si existe redistribución —porque existe en todos los Estados modernos— sino qué nivel de redistribución garantiza estabilidad sin ahogar la actividad económica.

    Los grandes líderes del siglo XX no abolieron la justicia social: la institucionalizaron como parte del contrato democrático. La experiencia histórica demuestra que cuando la desigualdad se vuelve extrema, el resultado no es más libertad sino más conflicto.

    La frase de Milei, lejos de ser una novedad disruptiva, revive una discusión teórica que ya fue puesta a prueba. Y la evidencia empírica indica que las sociedades más prósperas no eliminaron la justicia social: la regularon, la administraron y la integraron como herramienta de cohesión.

    El libertarismo absoluto puede funcionar como consigna. Pero solo es una utopía sin aplicación real en el mundo fuera de la imaginación descontrolada de Milei.

     

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