El ecocidio es una nueva palabra que aparece como un eslabón imprescindible para la comprensión de los daños masivos al sistema ecológico y a nosotros mismos.
Lo que viene ocurriendo en el Amazonas es un horripilante ejemplo de ecocidio que deberá ser juzgado, y que, al mismo tiempo nos conduce a dos términos homónimos: el homicidio a la naturaleza y el suicidio del ser humano.
Si el siglo XX surgió un tribunal especial para condenar crímenes de guerra, como fue el tribunal de Núremberg, hoy estamos ante otra realidad, ésta nos obliga a juzgar las atrocidades que se realizan sobre nuestro ecosistema.
En una entrevista al portal Exame, el investigador brasilero Carlos Nobre, quien ha dedicado más de 40 años al estudio de la selva amazónica, recalca que la biodiversidad es más valiosa que el modelo de lucro agropecuario:
En Brasil, historicamente el mercado agropecuario creció en base a un modelo expansivo y predatorio, convirtiendo a más areas verdes en soja o alimento para ganado para aumentar la producción.
(No Brasil, historicamente o mercado agropecuário cresceu com base num modelo expansionista predatório, convertendo mais áreas verdes em pasto para aumentar a produção)
¿Qué alternativas propone este investigador? Una de ellas es la fiscalización, ya que el «desmatamento» o deforestación está siendo gestionada criminalmente:
La fiscalización es un arma en contra de la deforestación. Eso demanda una actuación firme y extensa de Ibama y la policía federal. Los contraventores de la selva son parte de grupos del crimen organizado. Es común pensar en el agricultor desforestando, pero están además el maderero y el buscador ilegal de minerales que abastecen a un mercado billonario. Se sabe que en periodos de recesión económica se recortan presupuestos a organismos ambientales y de fiscalización, pero esto es un duro golpe a la selva. Sin embargo, es necesario que los gobiernos apoyen la fiscalización independientemente de lo que suceda económicamente.
(Fiscalização é a arma contra o desmatamento. Isso demanda uma atuação firme e extensa do Ibama e da Polícia Federal. Os contraventores da floresta fazem parte de quadrilhas de crime organizado. É comum pensarmos só no fazendeiro que desmata, mas tem o madeireiro e o garimpeiro ilegais também que abastecem um mercado bilionário. Sabemos que períodos de recessão econômica acabam estimulando cortes em gastos de órgãos ambientais e na fiscalização, mas isso é um golpe direto na floresta também. Mas acima disso tudo, mesmo que a fiscalização estivesse em plena capacidade, você precisa de uma retórica governamental alinhada)
Otra alternativa que propone Carlos es el proyecto La Tercera Vía Amazónica:
Yo defiendo el proyecto de la Tercera Vía Amazónica o lo que llamamos Amazonas 4.0, el cual busca revelar el potencial selvático a través de una bioeconomía basada en la esplendorosa biodiversidad amazónica.
(eu defendo o projeto Terceira Via Amazônica, que nós chamamos de Amazônia 4.0, que busca revelar o potencial da floresta por meio de uma bioeconomia baseada na riquíssima biodiversidade amazônica)
La conciencia sobre la prioridad en generar un adecuado equilibrio ecológico planetario está cada vez más presente. Sin embargo, siguen sucediendo catástrofes evitables y estrechamente relacionadas con los gobiernos de turno.
Lo de nuestro país vecino es un ejemplo a gran escala de situaciones más pequeñas que parecen insignificantes pero que no lo son…, como los desechos quemados a cielo abierto en nuestra ciudad Villa Regina o el fracking en Allen, la deforestación en el Chaco y otras regiones de la Argentina.
El proyecto SPRINT censurado por el INTA reveló los resultados del estudio realizado en Europa y en la provincia de Buenos Aires en el cual el total de participantes argentinos presentó agrotóxicos en sangre, orina y materia fecal. También se encontraron venenos en los alimentos, el polvo del hogar, los granos de cultivos, animales, alimentos…
La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina invita a disfrutar de la propuesta del Museo Felipe Bonoli ‘Coloridas vacaciones’ que se realiza de lunes a viernes de 13 a 18 horas. Pasá una tarde divertida: pintá, recortá y creá. Con chocolatada y pochoclos. Los cupos son limitados. Para reservas comunicarse al 2984-567717….
Se conoció la decisión del fiscal municipal Juan Carlos Giménez de solicitar el beneficio previsional, por lo que a su vez solicitó licencia con goce sueldo hasta que el trámite se apruebe en ANSES. La nota fue elevada al Intendente Municipal el día 3 de marzo y aceptada el 15 del mismo mes. Más de…
En 1911, décadas antes de la ley de sufragio femenino, Julieta Lanteri consiguió votar en Buenos Aires gracias a una batalla judicial contra un sistema que había dado por sentado que las mujeres no eran ciudadanas.
Por Alcides Blanco para NLI
El 26 de noviembre de 1911, en el atrio de la parroquia San Juan Evangelista de La Boca, ocurrió algo que para la Argentina de aquel tiempo parecía sencillamente imposible: una mujer se presentó ante una mesa electoral y votó. No fue una escena preparada por el Estado ni una concesión de las autoridades. Fue el resultado de una pelea individual contra una estructura jurídica que había construido la ciudadanía en masculino y que, precisamente por no haber imaginado que una mujer pudiera reclamar sus derechos políticos, había dejado un pequeño resquicio legal. Esa mujer se llamaba Julieta Lanteri y su historia fue durante décadas mucho menos conocida de lo que merece.
Lanteri había nacido en Italia en 1873 y llegó a la Argentina siendo niña. En un país que todavía discutía qué lugar debían ocupar las mujeres en la vida pública, logró ingresar al Colegio Nacional de La Plata y posteriormente estudiar Medicina, una carrera prácticamente vedada para ellas. También obtuvo el título de farmacéutica. Su trayectoria profesional ya era, por sí misma, una ruptura con las convenciones de su época, pero Lanteri no estaba dispuesta a limitar su lucha al ámbito universitario. Entendía que la igualdad no podía existir mientras las mujeres fueran consideradas aptas para estudiar y trabajar, pero incapaces de intervenir en las decisiones políticas.
El día en que descubrió que la ley no decía que las mujeres no podían votar
La historia de su primer voto parece casi un argumento de película porque nació de una lectura minuciosa de una norma. En 1911, la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos a actualizar sus datos para el padrón electoral destinado a las elecciones municipales. Los requisitos establecidos contemplaban edad, residencia, profesión o actividad económica y pago de impuestos, pero no establecían expresamente que el elector debiera ser hombre.
Lanteri entendió inmediatamente la importancia de aquella omisión. No se limitó a reclamar públicamente: recurrió a la Justicia y consiguió ser reconocida como ciudadana e incorporada al padrón. El 16 de julio de 1911 se convirtió en la primera mujer incorporada a un padrón electoral argentino y, meses después, pudo presentarse a votar.
El 26 de noviembre llegó a la mesa ubicada en la parroquia San Juan Evangelista. Los hombres que esperaban para votar observaron sorprendidos cómo aquella mujer se incorporaba a la fila. El presidente de mesa era el historiador Adolfo Saldías, quien recibió su voto. La escena quedó registrada en fotografías que hoy forman parte del patrimonio del Archivo General de la Nación: Lanteri, vestida de blanco y con sombrero, frente a una mesa electoral dominada por hombres.
La imagen tiene una fuerza extraordinaria precisamente porque no muestra una multitud de mujeres reclamando detrás de una bandera. Muestra a una sola mujer parada frente a una institución. Y eso alcanza para explicar la dimensión del desafío.
No hubo una revolución armada, ni una reforma constitucional, ni una multitud ocupando las calles. Hubo una ciudadana que leyó una norma y decidió preguntarse por qué un derecho que la ley no le prohibía expresamente debía serle negado.
La trampa del sistema: cuando cerraron el agujero
El triunfo duró poco. La reforma electoral de 1912, conocida como Ley Sáenz Peña, estableció el voto secreto y obligatorio para los ciudadanos argentinos varones y vinculó el padrón electoral con los registros militares. La nueva legislación cerró el camino que Lanteri había encontrado. El sistema había aprendido de su propia contradicción: si una mujer podía ser incorporada al padrón porque la norma no decía explícitamente que estaba excluida, entonces había que construir una exclusión más precisa.
Y Lanteri volvió a desafiarlo.
En lugar de aceptar que la puerta se había cerrado, buscó otra. Si las mujeres no podían votar, razonó, había que preguntarse si existía alguna norma que les prohibiera ser candidatas. En 1919 se presentó como candidata a diputada nacional por el Partido Feminista Nacional, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en disputar formalmente un cargo electivo en la Argentina. Su plataforma no era simbólica: proponía derechos laborales, protección de la maternidad, igualdad civil, protección de los hijos y reformas sociales.
Aquello permite comprender que Lanteri no estaba interesada solamente en conseguir que las mujeres pudieran colocar una boleta dentro de una urna. Su proyecto era mucho más amplio: quería transformar a las mujeres de sujetos pasivos de las decisiones políticas en protagonistas de esas decisiones.
En 1910 había participado además de la organización del Primer Congreso Internacional Femenino realizado en Buenos Aires y desarrolló una intensa actividad en defensa de los derechos civiles y políticos. Su militancia incluía cuestiones vinculadas con la educación, el trabajo, la maternidad, la infancia y la lucha contra la trata de mujeres.
El contraste con su época resulta notable. Mientras buena parte de la sociedad todavía discutía si una mujer debía estudiar una carrera universitaria o ejercer determinadas profesiones, Lanteri ya estaba planteando una cuestión mucho más profunda: qué sentido tenía una democracia que excluía políticamente a la mitad de su población.
Una muerte que dejó una pregunta abierta
El final de su vida agregó otra capa de misterio a una historia que ya parecía extraordinaria. Julieta Lanteri murió el 23 de febrero de 1932, cuando fue atropellada por un automóvil en la esquina de Diagonal Norte y Suipacha. Tenía 58 años. La muerte fue considerada oficialmente como un accidente, pero con el tiempo surgieron dudas y sospechas alrededor del episodio, especialmente porque Lanteri había recibido amenazas y mantenía una intensa actividad política. El conductor del vehículo fue identificado como David Klappenbach, vinculado a la Legión Cívica. Las circunstancias nunca quedaron definitivamente esclarecidas.
No corresponde convertir esas sospechas en una certeza histórica que la documentación disponible no permite demostrar. Pero tampoco es necesario borrar la existencia de esas dudas. La muerte de Lanteri quedó rodeada de interrogantes, y su desaparición contribuyó a que durante mucho tiempo su figura perdiera espacio frente a otras protagonistas de la lucha por los derechos políticos de las mujeres.
El sufragio femenino argentino llegaría finalmente décadas después. La ley que reconoció los derechos políticos de las mujeres fue sancionada en 1947 y el voto femenino se ejerció en elecciones nacionales en 1951. Para entonces, Lanteri llevaba casi veinte años muerta.
Pero hay una diferencia fundamental entre esperar a que la historia conceda un derecho y obligar a la historia a discutirlo.
Lanteri hizo lo segundo.
Su primer voto no cambió por sí solo el sistema electoral argentino. Tampoco logró convertirse en diputada. No consiguió que las mujeres votaran inmediatamente ni pudo ver concretada la conquista por la que había luchado. Sin embargo, su gesto dejó expuesta una contradicción que ya no podía ocultarse: una democracia que hablaba de ciudadanía mientras excluía a las mujeres tenía una deuda imposible de disimular.
Por eso aquella fotografía de 1911 conserva una potencia que excede largamente la anécdota. Allí está Lanteri, vestida de blanco, frente a una mesa electoral. A su alrededor, hombres que parecen observar una escena extraordinaria. Para nosotros, más de un siglo después, la situación puede parecer absurda. Pero justamente ahí reside su valor histórico.
Los derechos que hoy parecen naturales casi siempre tuvieron un momento en el que alguien tuvo que desafiar la idea de que eran imposibles.
Julieta Lanteri hizo eso mucho antes de que el Estado argentino estuviera preparado para reconocerlo.
Y quizá por eso su historia no debería recordarse solamente como la de “la primera mujer que votó”. Fue también la historia de una mujer que entendió algo elemental y profundamente revolucionario: que muchas veces el poder se sostiene no solamente por las leyes que existen, sino también por aquellas prohibiciones que todos creen que existen aunque nadie se haya tomado el trabajo de escribirlas.
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