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DEJAR DE EXPLOTAR Y EMPEZAR A CURAR

Este año el Día Mundial del Medio Ambiente se centra en la restauración de ecosistemas con el lema «Reimagina, recrea, restaura».  Restaurar los ecosistemas significa prevenir, detener y revertir este daño, pasar de explotar la naturaleza a curarla. Somos la enfermedad pero también el antídoto.

Para ello, y precisamente en este día mundial del medio ambiente, arrancará el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de Ecosistemas (2021-2030), una misión global para revivir miles de millones de hectáreas, desde bosques hasta tierras de cultivo, desde la cima de las montañas hasta las profundidades del mar. Solo con ecosistemas saludables podemos mejorar los medios de vida de las personas, contrarrestar el cambio climático y detener el colapso de la biodiversidad.

Durante demasiado tiempo, hemos estado explotando y destruyendo los ecosistemas de nuestro planeta. Cada tres segundos, el mundo pierde una superficie de bosque equivalente a un campo de fútbol y, tan solo en el último siglo, hemos destruido la mitad de nuestros humedales. El 50% de nuestros arrecifes de coral ya se han perdido y para 2050, podrían desaparecer hasta el 90%, incluso si el calentamiento global se limita a un aumento de 1,5°C.

La pérdida de los ecosistemas está privando al mundo de sumideros de carbono, como los bosques y las turberas, en un momento en que la humanidad ya no puede permitírselo. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero han aumentado durante tres años consecutivos y el planeta está a un paso de un cambio climático potencialmente catastrófico.

Desde #latapa y poniendo el eje en nuestra ciudad proponemos recuperar un espacio natural como lo es el ARROYO SALADO, que en el origen de Villa Regina jugó un papel importantísimo en el diseño y proyección de la colonia colaborando con una planificación urbana que estaba diseñada en función a la salida de la producción en trenes de carga desde nuestra ciudad a los puntos de comercialización.

Hoy el arroyo está integrado a un ejido mucho mayor y su crecimiento con poca planificación y desprecio por nuestros recursos naturales terminó contaminándolo a los niveles actuales. Hay que poner en valor el Arroyo Salado, aprovechar el día para reflexionar y buscar ese cambio de mirada político/social que debemos adoptar rápidamente.
La planta de desagües cloacales vuelco 0 al río que se está realizando en zona de bardas, es un primer paso.

Para no quedar en ideas inaplicables, podemos rescatar experiencias reales y concretas de ríos o brazos naturales de cauces que cruzan dentro de ciudades, los cuales estuvieron contaminados al nivel de ser un riesgo para la población y que hoy están saneados y convertidos en valor agregado para la ciudad. (Pulmones verdes sin riesgo de salud, atractivos turísticos, desarrollo de paseos comerciales, pesca y náutica liviana).

Producción: Esteban Vazquez

La aparición de la COVID-19 también ha demostrado lo desastrosas que pueden ser las consecuencias de la pérdida de ecosistemas. Al reducir el área de hábitat natural para los animales, hemos creado las condiciones ideales para que los patógenos, incluidos los coronavirus, se propaguen.

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Quizá te estés preguntando: ¿qué es exactamente un ecosistema y cómo puede restaurarse?

La respuesta a la primera pregunta es que un ecosistema es un lugar donde las plantas, los animales y otros organismos, junto con el paisaje que los rodea, se unen para formar la red de la vida.

Los ecosistemas pueden ser grandes, como un bosque, o pequeños, como un estanque. Muchos son cruciales para las sociedades, ya que proporcionan agua, alimentos, materiales de construcción y otros elementos esenciales. También brindan beneficios para todo el planeta, como la mitigación del cambio climático y la conservación de la biodiversidad.

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Desde los bosques hasta las turberas y las costas, todos dependemos de ecosistemas saludables para nuestra supervivencia. Los ecosistemas se definen como la interacción entre los organismos vivos (plantas, animales, personas) y su entorno. Esto incluye a la naturaleza, pero también a los sistemas creados por el hombre, como las ciudades o las tierras de cultivo.

La restauración de los ecosistemas es una tarea global de una escala gigantesca. Significa reparar miles de millones de hectáreas de tierra, un área mayor que China o Estados Unidos, para que la gente tenga acceso a alimentos, agua potable y empleos.

Significa lograr que vuelvan plantas y animales que hoy están al borde de la extinción, desde las cimas de las montañas hasta las profundidades del mar.

Pero también incluye las muchas pequeñas acciones que todos podemos realizar, todos los días: cultivar árboles, reverdecer nuestras ciudades, repoblar nuestros jardines con especies silvestres o limpiar la basura de los ríos y costas.

La restauración de los ecosistemas conlleva beneficios sustanciales para las personas. Por cada dólar invertido en restauración, se pueden esperar al menos entre siete y treinta dólares en ganancias para la sociedad. La restauración también crea empleos en las zonas rurales, donde más se necesitan.

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Únete al movimiento #GeneraciónRestauración a través de la web oficial del Día Mundial del Medio Ambiente 2021. Allí podrás acceder a más información interesante sobre los ecosistemas, las actuaciones que puedes llevar a cabo para contribuir a su restauración, así como un gran número de materiales digitales que puedes utilizar para ayudarnos a promover el movimiento a través de las redes sociales. Cada actuación, por pequeña que sea, importa.

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  • El fuego camina conmigo

     

    Otra vez imágenes de misiles que surcan los cielos nocturnos, columnas de humo, los escombros al amanecer entre corridas, gritos y llantos. Otra vez anuncios solemnes en escenografías planificadas, hombres de traje, reuniones de alto nivel. Voces amenazantes que hablan de paz y libertad, voces acongojadas que llaman al diálogo y a la mesura, voces que cuentan armas de un lado y de otro. La infinidad de análisis sobre los actuales ataques y contraataques entre Estados Unidos-Israel e Irán, evidencian que las relaciones internacionales siguen pensándose en términos de una alta política habitada por intereses inconfesables, secretos diplomáticos, traiciones, aparatos de inteligencia, élites políticas, militares y económicas. Estas representaciones nos entregan pistas para dar sentido al funcionamiento del mundo en un momento gobernado por la incertidumbre, pero al mismo tiempo restringen nuestra mirada. Nos preguntamos aquí por la dimensión social que enmarca estas acciones estatales, es decir,  las manifestaciones sociales que dan contexto, posibilitan y limitan los ataques y las respuestas a ellos. 

    Bombardear en nombre del pueblo

    Las últimas dos intervenciones militares internacionales coincidieron en buscar la “decapitación” de los gobiernos de los países contra los que apuntaron. La operación militar clandestina de la administración Trump en Venezuela tuvo como objetivo la “extracción” del presidente Nicolás Maduro. En el caso de los últimos ataques ilegales a Irán, los primeros bombardeos de Israel y de Estados Unidos buscaron asesinar a los principales líderes políticos de la República Islámica, entre los que se encontraban el ayatola y líder supremo, Ali Khamenei. Ambos ejercicios de la violencia tuvieron un punto de continuidad con los anteriores: se hicieron en nombre de los pueblos. En el caso de Venezuela, en nombre del pueblo estadounidense —construido como víctima de las prácticas narco-terroristas del gobierno latinoamericano— y del venezolano —caracterizado como deseoso de paz, libertad y prosperidad—. Como dato a tener en cuenta, a diferencia de intervenciones pasadas (en Afganistán, Irak o Libia, solo para mencionar algunas), en su discurso, Trump no mencionó la palabra democracia. En cambio, explicitó que Estados Unidos gobernaría el país para asegurarse su subordinación a los intereses norteamericanos.

    En cuanto al ataque contra la República Islámica de Irán, también se invocó la defensa del pueblo estadounidense, del israelí —ambos en peligro debido a que Irán fue caracterizado como el “Estado sponsor del terrorismo número uno del mundo”— y del iraní. Desde el estallido de las protestas de finales de diciembre y principios de enero en el país persa y en el marco del aplastamiento de las mismas por parte del gobierno, Trump les prometió “ayuda”. En su anuncio del comienzo de los bombardeos, al tiempo que los conminó a permanecer en sus hogares mientras estos durasen, les indicó “hacerse cargo de su propio gobierno” en cuanto terminaran. Y apuró: “esta podría ser su única posibilidad por generaciones”. Si bien en este caso se explicitó el objetivo de cambio de régimen, tampoco se articuló la palabra democracia. El anuncio de Benajmin Netanyahu corrió en el mismo sentido.

    La dinámica de las calles

    El antecedente inmediato a los ataques que comenzaron el pasado 28 de febrero fueron los de junio de 2025. Estos tuvieron como fondo los crecientes cuestionamientos a las acciones del gobierno de Israel en Gaza, que se dejaron oír tanto desde fuera del territorio israelí como desde dentro del mismo. Fuera de él, bajo la forma de flotillas humanitarias, manifestaciones colectivas de repudio y mediante el uso resonante de la palabra genocidio para describir las acciones de Israel en la Franja. Estos procesos se midieron cuantitativamente en una encuesta realizada por la consultora Gallup en la que se evidenció que, por primera vez desde el fatídico 2001, el pueblo estadounidense tiene mayor simpatía por los palestinos que por los israelíes.

    Dentro del territorio israelí, las protestas contra el gobierno por parte de los propios israelíes habían crecido cuantitativa y cualitativamente y se habían retomado las acusaciones por corrupción contra el primer ministro israelí, quien incluso llegó a ser acusado de cometer crímenes de guerra. Terminado ese episodio del ataque contra Irán, se retomaron las protestas contra el gobierno de Netanyahu: en enero pasado, miles de israelíes volvieron a manifestarse en las calles de Tel Aviv y Jerusalén/Al-Quds contra lo que consideran como una deriva anti-democrática en Israel apuntando contra la reforma judicial que busca imponer el gobierno y pidiendo la liberación del último rehén que queda en manos de Hamas. Como nota interesante, algunas de las pancartas expresaban críticas contra Trump.

    Las críticas al presidente de Estados Unidos también arreciaban en su territorio y la administración Trump enfrentaba sus propias movilizaciones. En este caso, gatilladas por la difusión de los archivos Epstein y contra ICE, la institución encargada de “extraer” a migrantes ilegales de suelo norteamericano, acusada de asesinatos, uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias y abusivas y la militarización de la cuestión migratoria. A fines de enero, los organizadores de estas manifestaciones demostraron su capacidad de coordinación y convocatoria masiva realizando el mismo día más de 300 protestas simultáneas en todo el país. La consigna: “ICE out of everywhere” (ICE fuera de todos lados).

    Iniciados los ataques actuales contra Irán, muchos de estos manifestantes se organizaron rápidamente para demostrar en las calles su repudio a la nueva guerra. El malestar con el uso de la fuerza por parte de la población de Estados Unidos también fue medido, en este caso, por una encuesta realizada en conjunto por Reuters/Ipsos. A través de ella se demostró que solo un 27% de los estadounidenses aprueban la guerra contra Irán. El repudio a la guerra pudo verse también en las calles de algunas ciudades de Turquía y en algunas capitales europeas.

    Las manifestaciones contra ICE fueron contemporáneas de una de las olas de protestas más importantes y masivas del pueblo iraní contra el gobierno desde la Revolución en 1979. En ellas participaron estudiantes, grupos de mujeres, organizaciones de trabajadores, comerciantes y organizaciones políticas. Las causas económicas que la impulsaron (alta inflación y fuerte devaluación del riyal iraní), rápidamente se articularon con otras de tinte político entre las que resonó de manera mayoritaria la demanda de la terminación de la República Islámica. El gobierno respondió con una represión brutal, dejando un saldo de entre miles y decenas de miles de muertos, dependiendo de la fuente. En su discurso de anuncio del ataque de 2026, Netanyahu afirmó que esas protestas habían sido posibilitadas por el ataque israelí del año anterior. Subrayar que estas manifestaciones fueron masivas no debe llevarnos a la conclusión apresurada de que el “pueblo” iraní está en contra del régimen. Lo que sí debe permitirnos concluir es que la República Islámica enfrenta oposiciones cada vez más contundentes y, dada la respuesta del gobierno, que la construcción de consensos le está resultando cada vez más dificultosa.

    La prueba de que el “pueblo” iraní no está contra el régimen y que —aún más— buena parte de él continúa apoyando la República Islámica, fueron las manifestaciones también masivas de congoja y enojo por el asesinato del ayatola Khamenei. Si bien existieron algunas expresiones celebratorias en las calles de Teherán y de la diáspora iraní, no se comparan en número con las manifestaciones populares de duelo.

    Desde la óptica shiíta, el asesinato de Khamenei por parte de Estados Unidos e Israel lo transforma en mártir. Esto tiene dos efectos relevantes. Primero, lo ubica en una línea histórica de muertes violentas en contextos de lucha contra la injusticia y la opresión. Segundo, traslada su muerte a la región sagrada. La noción de martirio lleva al asesinato de Khamenei a un más allá de trascendencia. Su muerte deviene, así, en una fuerza impulsora y lo hace centro de la devoción shiíta. Esto permite movilizar la identidad islámica. Lo que explica que estas manifestaciones de duelo se hayan replicado en distintos puntos del globo: Pakistán, India, Irak, Líbano, Bangladesh, Baréin, Yemen. Muchas de estas manifestaciones derivaron en ataques contra embajadas y consulados de Estados Unidos en esos países.

    Entre estas, son de destacar las manifestaciones ocurridas en Irak, Yemen y Baréin. En el caso de Irak, de mayoría shiíta, las manifestaciones de duelo llevaron a grupos de manifestantes a atacar la Zona Verde en Bagdad. Se trata de un territorio amurallado construido por Estados Unidos luego de su invasión a Irak en 2003 y en la que se encuentran residencias de diplomáticos, embajadas y consulados. En Saná, capital de Yemen, la activa y potente minoría shiíta logró una movilización masiva en la que se desplegaron banderas de Palestina, Yemen e Irán. También en Baréin existen actualmente levantamientos que derivaron en enfrentamientos violentos entre grupos pertenecientes a la mayoría shiíta y las fuerzas de seguridad de la monarquía bareiní. Los manifestantes reclaman dar apoyo a Irán y echar a la 5ta Flota de Estados Unidos, apostada en el reino árabe. Estas manifestaciones, comenzadas antes de esta nueva ronda de ataques sobre Irán, buscan un cambio de régimen.

    Durante los levantamientos que sacudieron al mundo árabe en 2010-2011, Baréin fue un caso que resonó puesto que fue el más afectado de los países del Golfo árabe. En esa oportunidad, el Consejo de Cooperación del Golfo, un organismo regional de seguridad colectiva que incluye a las monarquías árabes de la Península, intervino militarmente para defender al rey del país. Frente a estas nuevas protestas y enfrentamientos, el Consejo volvió a enviar tropas. Los países del Golfo se han abstenido de responder a los ataques de Irán contra instalaciones militares y políticas estadounidenses en sus territorios en respuesta a los ataques por parte de la potencia norteamericana. Diversas razones los movilizan, pero todos buscan conservar la estabilidad de la que por el momento han gozado en una región en la que movilizaciones populares, bombas y misiles son, hace varias décadas, moneda corriente. Una forma de asegurarla es no responder a Irán, no solo porque esos ataques podrían traer aún más incertidumbre, sino porque eso implicaría aliarse con Israel mientras sus poblaciones continúan apoyando la causa palestina.

    Desacoples y discontinuidades

    La historia de los enfrentamientos estatales se cuenta a través de dicotomías totalizantes, puesto que el ejercicio de la violencia no puede más que reposar sobre estas. Se escribe al respecto: se conmina a tomar posición. Los observadores hacen cálculos de fuerza, especulan y aventuran hipótesis, buscan y encuentran las razones, señalan posibles ganadores, identifican perdedores, advierten acerca de los peligros, iluminan algunas zonas, condenan a la oscuridad a otras.

    Aquí busqué apuntar a una zona que tiende a permanecer a oscuras para subrayar desacoples, movimientos en paralelo, heterogeneidades y discontinuidades. En fin, para destacar cómo la vida se resiste a dejarse atrapar en categorías y políticas cerradas y totalizantes. Son solo flashes que no entregan más que pistas fragmentarias, pero que buscan destacar el movimiento y la potencia vital que insiste debajo de las palabras serias y graves, circulando entre los estallidos estruendosos, resurgiendo una y otra vez de entre los escombros.

    La entrada El fuego camina conmigo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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