A partir de este miércoles 17 y hasta el sábado 20 se desarrollará el primer Festival Regina Audiovisual (FRAV).
En el estacionamiento del anfiteatro Cono Randazzo se desplegará un programa de cuatro días de proyecciones cinematográficas.
La inauguración será este miércoles a las 21 horas. En el predio se instalará la pantalla inflable del Cine Móvil perteneciente a la Secretaría de Estado de Cultura de la provincia de Río Negro y se podrá asistir en un vehículo o simplemente llevar una reposera para disfrutar del cine al aire libre. La actividad es libre y gratuita.
El festival cuenta con categorías de competencia de cortometrajes a nivel nacional, cortometrajes de la Patagonia y videoclips de la Patagonia. En su programa también se proyectará “Ladrón de Bicicletas” de Vittorio de Sica, un clásico del neorealismo Italiano presentado por el profesor Rodoldo Tonini. Además, contará con la presencia del Director Artístico del Festival Audiovisual Bariloche que traerá una muestra de su material.
El sábado 20 se realizará la premiación.
Se podrá seguir el festival en sus redes Meta, Instagram y Youtube.
A mi tío lo baleó una patota parapolicial en una emboscada, mientras intentaba escapar por la ventana del primer piso de una casa en Mar del Plata. No es, la historia de mi tío, una historia de desaparecidos. Pero yo todavía lo sigo buscando. Mi tío, Pacho Elizagaray, tenía 24 años cuando lo mataron. Mi tío está. Mis abuelos pudieron llevarle flores. Mi papá, tres años menor que él, pudo llorarlo. Sabemos dónde está su cuerpo. Hubo un juicio en 2016 y algunos de los responsables de su muerte fueron condenados. No todos. Pero mi tío está. Y yo todavía lo sigo buscando.
La de mi tío Pacho no es, entonces, una historia de desaparecidos. Es una historia de silencios. Y el silencio es una forma de la ausencia.
Mi abuelo presentía que a Pancho lo iban a matar. Mi abuelo se llamaba Carlos Elizagaray. En marzo de 1975, un año antes del golpe, era senador del Frejuli. Lo tenían entre ceja y ceja y ya lo habían amenazado varias veces. Gente que se identificaba como miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) le había dicho que si Pacho no dejaba de joder lo iban a tener que ir a reconocer a un baldío. Mi tío Pacho estudiaba derecho y era uno de los principales referentes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata. Entre otras cosas, había participado de las negociaciones que lograron instaurar la gratuidad universitaria en el 73. La CNU, mientras tanto, quería desmantelar a la militancia de izquierda en la universidad y en la ciudad.
Mi abuelo Carlos habló con mi tío cuando un ex compañero del Ejército le dijo que Pacho estaba en una lista y que lo iban a ir a buscar. Pacho siguió militando. Hasta que los de la CNU atacaron. La madrugada del 21 de marzo de 1975 lo fueron a buscar en la casa donde estaba con su tío y sus primos y los mataron a los cuatro.
Mi abuelo hablaba poco de ese día. Mi papá me contó más de una vez su recuerdo de escuchar desde la planta alta los pasos y la voz de mi abuelo cuando entró a la casa familiar y le dijo a mi abuela: “Maucita, nos destruyeron la vida”. Había subido al techo de la casa donde reconoció el cuerpo del tío Pacho. Era el único que quedaba. A los otros tres se los habían llevado a un descampado donde los fusilaron y los dejaron tirados. La CNU tenía la estrategia de dejar los cuerpos a la vista para infundir terror.
Veinte años antes, en septiembre del 55, mi abuelo Carlos había estado parapetado en la terraza de Casa Rosada ametrallando a los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Era bien peronista mi abuelo. Y era natural que sus hijos – mi tío, mi papá, mi tía – salieran también militantes. Mi papá militaba en una unidad básica de su barrio y siempre se lamentaba no haber escuchado nunca a mi tío en una asamblea en la universidad, ni dando un discurso. Decían que era buen orador. Y yo, que no lo conocí a mi tío Pacho, porque nací 17 años después de su muerte, lo sigo buscando.
El pasado, mientras tanto, parece alejarse más. Parece diluirse hacia atrás, o hacia algún fondo, como si se vaciara en una rendija oscura. Los rostros en los carteles de las plazas de todo el país, para muchos, dejan de ser personas y se vuelven eso: rostros sin nombre en carteles grises. Desconocidos para la mayoría. Cada vez más. Pero eran hermanos, amigos, padres, tíos. El duelo muta, toma nuevas formas, se esconde y brota en formas que no imaginamos hasta que se nos aparece. Y cada uno hace lo que puede hacer con eso.
De mi tío siempre supe poco. Cada vez que lo nombraba, se repetía una historia corta que era siempre la misma. Y después el silencio. Siempre me mostraron una misma foto de él. Un retrato sonriente, ya veinteañero. También había un cuadro pintado por él decorando una de las habitaciones de la casa. Nombrarlo no estaba prohibido, preguntar tampoco. Pero siempre era angustioso recordarlo y eso impedía hablar más.
Siempre sentí que me hubiera llevado muy bien con mi tío. Me gustaba pensar qué conversaciones hubiéramos tenido. Imaginar a qué se dedicaría si hubiera vivido más. Me parecía que el arte – él con la pintura, yo con la ilustración- era algo que nos podría haber unido. Quizás, de hecho, sí nos une.
Sentía que algo de Pacho habitaba en mí. Aún sabiendo tan poco, y acostumbrada a esa forma de las cosas. Me di cuenta el 24 de marzo de 2024 en plena Plaza de Mayo. Íbamos llevando un cartel con un retrato de mi tío. No lo habíamos hecho antes. Y en un momento se acercó un pibe de mi edad a mirar:
— ¿Sos algo de Pacho? — me preguntó — Yo lo conozco, era el mejor amigo de mi abuela.
El pibe, resulta, sabía más que yo de la historia de mi tío.
No teníamos la tradición de ir a la plaza los 24. A mi abuelo no le gustaban las multitudes. Comenzamos a ir más grandes, nosotros. Ese año era la primera vez que llevábamos las fotos de Pacho a la plaza. También de sus primos y su tío, las otras víctimas de la masacre de marzo del 75. Se lo había propuesto a mi viejo, hábil carpintero, que armó unos soportes de madera; yo imprimí las fotos y también la copia de una ilustración que había hecho de él cuando no pudimos marchar en la pandemia.
Después de ese día todo sucedió muy rápido. Subí la foto con el cartel de mi tío a Instagram y me escribió otra compañera de Pacho que a su vez me conecto con otros, y ellos a su vez con otros. Armé un archivo en la compu con sus nombres y números de teléfono. Los fui contactando uno a uno, y empecé a visitarlos.
Recién ahí, cuando sentí que era el momento, me animé a abrir más la charla con mi papá. Y descubrí, cuando pudimos conversar, un alivio muy profundo. La palabra liberada era un refugio. Conocer más de la vida de mi tío Pacho, contarla, era una forma de hacer algo por mí y por su memoria. Ayudaba a superar el dolor. Con el tiempo, pronunciar el nombre de mi tío Pacho dejó de generar un nudo en la garganta. Algo ahí se aflojó, y fue gracias a esa búsqueda.
Como aquellos que buscan los restos de sus desaparecidos, yo busco los restos de la historia de mi tío en cada una de las personas que lo acompañaron en su vida, y en especial en sus años de militancia. Siento la urgencia de recopilar cada memoria de él. Siento que todavía estoy a tiempo. Muchos hombres y mujeres de su generación siguen presentes, pero cada vez quedan menos. Recién en agosto de 2025 fui a conocer a La Polaca, la abuela de ese chico que se me acercó en la plaza y me despertó el impulso de buscar y saber más. Viajé con mi mamá a Mar del Plata para verla. Me puse nerviosa antes de entrar, me pasa antes de cada encuentro.
La Polaca murió dos meses después de nuestra visita. Me quedaron más preguntas por hacerle. Pero ahí tomé conciencia de que la conversación entre generaciones es imprescindible y no es algo que pueda quedar para otro momento.
En cada encuentro, con cada uno de ellos, pienso lo que me cuentan en imágenes. La Polaca era la esposa de un referente político al que Pacho admiraba, y la casa de ellos era el lugar donde se juntaban todos. Pacho se reunía a veces a solas con La Polaca y sentía esa casa como un refugio. Ella le hacía siempre una sopa con remolacha y un sandwich de rabanito. Yo no sabía que a mi tío le gustaba eso. Y a mí me encantó siempre el rabanito. Ahí encontré, quizás, una razón. Cuando la escuchaba, veía la imagen de mi tío en su casa.
Cada persona que llamo para hablar de mi tío me recibe con entusiasmo. Todos quieren contarme de él. Son siempre conversaciones para recordar con alegría. Hablamos de recuerdos íntimos. Humanos. Como los que encuentro cuando veo las fotos de los álbumes familiares, a los que vuelvo todo el tiempo porque lo que aprendo quiero dibujarlo. En las fotos noté que siempre, en la parte de arriba, en mi familia tenían la costumbre de escribir chiquitito el año: 73, 74. En esas fotos casi siempre la gente está feliz. Yo me obsesiono un poco con la fecha. Los veo en las imágenes y pienso cuánto faltaba para la masacre. Pienso que ellos están ahí en la foto, sonriendo, sin saber lo que va a pasar. Y yo sí sé.
Mientras miro las fotos y escucho a cada persona con la que puedo encontrarme en la búsqueda, pienso en cómo entendemos lo que nos queda del pasado a medida que nos alejamos en el tiempo. Como, con el paso de los años, nos cuenta entender esa época. La violencia de los setenta, que no empezó con el golpe de marzo del 76. Que empezó en democracia y empezó por el odio y el desencuentro entre los que pensaban distinto. Pienso en cómo heredamos la herida. Cómo llega a nuestras generaciones. Qué formas tiene. Y sobre todo, cómo le explicamos a los más jóvenes la complejidad de una época que se sigue estirando sobre nuestras propias vidas.
Sigo conversando con los que puedo. Sigo buscando. Avanzo, escucho, registro como puedo. Quiero filmar, pero no sé filmar. Pido un grabador para guardar las charlas con mejor calidad y hago lo que puedo. Trato de sacar alguna foto en cada encuentro. Al salir anoto las sensaciones que me dejó la conversación, detalles que no quiero olvidar. Trato de bajarlo todo a dibujos rápidos. Me aparecen escenas, imágenes de esas anécdotas. Eso puedo y eso me sale. Dibujar. Dibujarlo a mi tío Pacho es mi manera de encontrarlo.
En un contexto de apertura indiscriminada de importaciones y de derrumbe de la producción automotriz local, la industria de las autopartes atraviesa uno de sus peores momentos. Frente a eso, en la multinacional de capitales alemanes ZF Sachs alertan sobre el riesgo de convertirse en «Parri-pollos» de no cambiar el panorama.
En una columna de opinión publicada en el sitio especializado A Rodar Post, el director local de ZF, Andrés Fava, se preguntó: «¿Salvamos a la industria argentina manufacturera (la buena) o incrementamos la capacidad instalada de Parri-pollo for export?»
El planteo del industrial se da semanas después de la decisión de ZF de desvincular a 43 operarios contratados en su planta de San Francisco, Córdoba, la única planta que el grupo posee en Sudamérica, donde también abrió retiros voluntarios.
ZF produce amortiguadores en San Francisco. Más allá de la multiplicidad de factores, un dato concreto es el que golpea fuerte a la empresa: en 2025, las importaciones de amortiguadores, fundamentalmente provenientes de China, subieron un 300%.
«No es una estacionalidad, es pérdida de competitividad de la industria nacional», había expresado Fava días atrás a El Periódico de San Francisco al dar cuenta del impacto de la apertura de importaciones.
ZF produce amortiguadores en San Francisco. En 2025, las importaciones de ese componente, fundamentalmente provenientes de China, subieron un 300%.
Ahora, el director de ZF focalizó en la presión fiscal. «En el precio de venta de una heladera el 42% son impuestos, mientras que la misma heladera fabricada en México esa carga impositiva es de solo 25%», dijo.
En ese punto, sostuvo: «Se la pone a la industria a competir contra la industria de otros países o regímenes (China), donde sus «costos país» son apenas una mínima fracción del «costo argentino».
Además, Fava cuestionó la teoría del Gobierno de transferencia de la fuerza laboral de la industria al extractivismo.
Depositar la confianza en que se generarán muchos nuevos empleos a partir de un vendaval de nuevas inversiones que pronto llegará, suena un poco iluso o inocente.
«Solo algunos afortunados podrán reinsertarse en estos sectores emergentes de la economía (que además deberán estar dispuestos a hacer las valijas y mudarse a los centros geográficos donde se concentrarán dichos sectores emergentes)», dijo.
Y agregó: «Otros en cambio -los más formados y preparados-, probablemente pasen a poblar «el mundo de los autónomos y monotributistas» vendiendo como servicios todo el conocimiento acumulado durante su paso por la industria».
«Y otra buena porción -los menos formados o preparados y los de avanzada edad-, se adentrarán en el mudo de la informalidad tratando de sobrevivir de la mejor manera posible: algunos pondrán una verdulería en el garaje, otros se animarán a una despensa de barrio, algunos montarán un taller de reparación de motos, otros más diestros en la parrilla inaugurarán su «parri-pollo», etc.. Dicho de otra manera «puchereo para sobrevivir», sostuvo.
La crisis autopartista ya se había declarado con fuerza el año pasado, en paralelo a la parálisis productiva de varias plantas automotrices.
En el arranque de 2026, el desplome registrado, que marcó el peor enero en seis años, pegó en toda la cadena y, también en Córdoba, otro industrial autopartista habló de un año con fuertes recortes.
«La reestructuración es inevitable. El que sostiene los costos con los números que está vendiendo, tarde o temprano va a tener problemas financieros», dijo Ramón Ramírez, gerente de Maxion Montich, fábrica de chasis y componentes automotrices de Córdoba, donde impactó fuerte la caída de la planta de Nissan.
Si cada argentino hiciese esta práctica, más de 20 millones de kilos diarios de «basura» no terminarían en un relleno sanitario. Cada habitante de este país desecha aproximadamente 1 kilo de «basura» por día. Si nos enfocamos en lo orgánico, esos 22 millones de kilos diarios, en lugar de transportarse y pudrirse en los basurales…
Tras el triunfo en el PJ local, Lucas Ghi profudizó su pelea con Martin Sabbatella y rearmó el bloque oficialista en Morón rompiendo con los concejales de Nuevo Encuentro y, también, con los del Frente Renovador alineados al ministro de Transporte provincial, Martín Marinucci.
El intendente encuadrado en el axelismo ordenó la creación de la bancada PJ-MDF, integrada por cinco concejales que vienen de Unión por la Patria, más Adrián Colonna, un ex PRO que se venía mostrando cercano a la gestión municipal.
Con ese movimiento, Ghi pierde la mayoría, ya que el bloque oficialista pasa de doce a seis concejales. Unión por la Patria, que ahora es integrado por concejales de Nuevo Encuentro y el Frente Renovador, queda con siete bancas.
Se trata de un reordenamiento que expone la guerra creciente con el sabbatellismo y que clarifica la disputa por el municipio a 2027 dentro del esquema pan-peronista de Morón, donde Sabbatella ya se muestra lanzado y donde el massismo busca posicionar a Marinucci.
Cerca del municipio sostienen que se trata de una «consecuencia lógica» de la falta de diálogo evidenciada en la «desarticulación» del bloque y acusaron al sabbatellismo de ser un «oficialismo opositor». Frente a eso, dicen que el nuevo bloque oficialista integra «concejales que defienden» la gestión local y provincial.
En el sabbatellismo aseguran que en la elección del PJ quedó expuesto «un giro ideológico» del intendente que -sostienen – «se recostó en el viejo rousselotismo que estaba en la casa».
Las tensiones internas en el Concejo ya se habían expresado con la designación de autoridades el año pasado. Ahí, el FR (con dos concejales) y Nuevo Encuentro (con cinco) avanzaron a un acuerdo que puso a la massista Sibila Botti en la presidencia y al sabbatellista Diego Spina como jefe de bloque.
Ahora, Ghi busca volver a poner en debate la relación de fuerzas en el Concejo y, para eso, puso como bisagra la elección del PJ, donde el candidato del intendente, Claudio Román, se impuso 70 a 30 a Paula Majdanski, que contaba con apoyo del sabbatellismo.
Más allá del resultado, en Nuevo Encuentro hacen un balance positivo de la elección del PJ. «Pasamos de no tener nada a tener la minoría», señalaron a LPO cerca de Sabbatella, donde de todas formas relativizan la gravitación del PJ en Morón. «Lucas prendió un PJ apagado hace 30 años para pelear con nosotros», acusaron.
Además, aseguran que en la elección del PJ quedó expuesto «un giro ideológico» del intendente que -sostienen en el sabbatellismo- «se recostó en el viejo rousselotismo que estaba en la casa».
Ahí, señalaron que la lista de Ghi para el PJ llevó como secretario General a Néstor Achinelli, quien fue secretario de Obras Públicas de Juan Carlos Rousselot, ex intendente dos veces destituído por causas de corrupción, siendo la más recordada el contrato por obras de cloacas con Socma, del Grupo Macri.
Aquellos casos tuvieron a Martín Sabbatella como uno de los principales denunciantes. Por una de esas causas, Achinelli fue condenado por la Justicia junto con Rousselot.
Precisamente la «conexión Rousselot» es la que eligen subrayar cerca de Sabbatella para descartar cualquier posibilidad de conformar un interbloque con la nueva bancada oficialista, versión que circuló en las últimas horas por el Concejo.
En el sabbatellismo también ubican en el viejo rousselotismo al nuevo concejal oficialista Adrián Colonna, al que incluyen como parte del acuerdo de Ghi con Oscar Álvarez, otrora presidente del Concejo en tiempos de Rousselot que trabajó fuerte en la interna del PJ para inclinar la balanza en El Palomar para la lista de Román.
Precisamente la «conexión Rousselot» es la que eligen subrayar cerca de Sabbatella para descartar cualquier posibilidad de conformar un interbloque con la nueva bancada oficialista, versión que circuló en las últimas horas por el Concejo.
«Cómo vamos a integrar un interbloque con un ex rousselotista que entró por el PRO, un integrante central de la estafa Rousselot-Macri», señalaron.
De todos modos, en Nuevo Encuentro rechazan los argumentos del luquismo para la ruptura del bloque y aseguran que los concejales del espacio «le votamos todo» a Ghi, a pesar de las críticas a cielo abierto.
Más allá de este reordenamiento que los excluye del bloque oficial, en el sabbatellismo aseguran que mantendrán un perfil de «oficialistas críticos, entendiendo el esquema de coalición. No vamos a ser opositores».
«El problema es que Lucas en vez de asumir la crítica, persigue y expulsa», agregaron para recordar que, desde que comenzó la pelea con Sabbatella, «echó a toda la estructura de Nuevo Encuentro» y hablan de alrededor de 200 desplazamientos en el organigrama municipal.
En este contexto, se recrucen las tensiones internas de cara a 2027, donde, de no modificarse la ley que pone tope a las reelecciones indefinidas, Ghi no podrá volver a presentarse.
En Morón hay quienes ven como posible candidata del luquismo a la actual jefa de Gabinete, Estefanía Franco, a la cual en el sabbatellismo ven como una figura de fuerte ascendencia sobre Ghi y a la que le atribuyen un rol central en el quiebre con el intendente.
Desde la semana pasada se sabía que, en esta ocasión, el 24 de marzo para el senador Luis Juez y el Frente Cívico iba a traer algunos coletazos. Por su alineamiento con Javier Milei, pero fundamentalmente por lo que sucedió la semana pasada en el Senado, cuando Juez decidió despegarse del oficialismo que intentó rechazar el proyecto de declaración de Wado de Pedro por los 50 años del Golpe Cívico Militar.
Juez evitó así sumarse al papelón de Patricia Bullrich que intentó bloquear la iniciativa y finalmente ante la inminencia de una derrota abrumadora, tuvo que permitir que se probara por unanimidad.
Ese nuevo punto de conflicto se produjo casi en simultáneo con la viralización de un video del polémico escritor e intelectual, Agustín Laje, quien en una entrevista con el periodista libertario Esteban Trebucq dijo que le gustaría ser candidato a senador. Deseo que choca con la primera alternativa que tiene Juez a la hora de correrse de una candidatura a gobernador para dejarle ese lugar a Gabriel Bornoroni.
Si Juez deja el primer casillero de una fórmula al diputado libertario, la primera opción que tiene es continuar con su banca en el Senado. Peroesa opción aparece amenazad por las Fuerzas del Cielo, que parecen impulsar a Laje.
«Lo que viene es más bravo y hacen falta puros. No los que apoyan a veces y se hacen los díscolos», dijo a LPO una persona de diálogo con Laje.
Lo que viene es más bravo y hacen falta puros. No los que apoyan a veces y se hacen los díscolos.
Por ello, lo que pasó este martes en el marco del Día de la Memoria fue un episodio más en esa fricción. Juez fue al cementerio de San Vicente, a un memorial de los desaparecidos como lo hace cada año junto a su fuerza política y el que salió a cruzarlo fue el ministro de Seguridad provincial, su ex socio político, Juan Pablo Quinteros.
«Difícil de explicar que un espacio político, con su líder a la cabeza, en el memorial del Cementerio San Vicente, reivindiquen, recuerden y honren a las víctimas de la dictadura, mientras, en simultáneo, forman parte de un espacio nacional que relativiza y tensiona esa misma memoria. No se puede estar en todos lados al mismo tiempo. La memoria no es un lugar para acomodarse, es un compromiso. La coherencia también es una forma de respeto», dijo Quinteros en la tarde de este martes en las redes.
Dardo que rápidamente encontró eco en Martín Juez, el concejal e hijo del senador que cruzó al ministro por su falta de coherencia con una foto en la que Quinteros sale junto a Liliana Montero y Aurelio García Elorrio, de épocas en las que el tridente era el esquema de denuncias al peronismo cordobesista.
En la provincia de Río Negro entre 2005 y 2011, se contó con la vigencia de la llamada «ley anticianuro» 3981/05 que prohibía el uso de mercurio y de cianuro en el proceso de extracción, explotación y/o industrialización de minerales metalíferos. Esta ley fue el resultado de un proceso que implicó la lucha del pueblo…
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