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COVID-19: Medidas vigentes en Villa Regina

La Municipalidad de Villa Regina adhiere a la Resolución del Ministerio de Salud de Río Negro N° 3777, por lo cual se implementan en la ciudad las siguientes medidas a partir de hoy 31 de mayo y hasta el 4 de junio.

*Se restringe la circulación entre las 20 y las 6 horas. La infracción a esta norma será multada con la retención del vehículo por 48 horas y una multa de 2 SAM más 1 SAM por acarreo del rodado. Los vehículos se entregarán a su propietario de lunes a viernes en el horario de 8 a 13.

Actividades suspendidas:

a) Las reuniones sociales en domicilios particulares, salvo para la asistencia de personas que requieran cuidados especiales.

b) Las reuniones sociales en espacios públicos al aire libre de más de 5 personas.

c) La realización de eventos culturales, sociales, recreativos y religiosos, tanto en lugares cerrados como al aire libre.

d) La actividad de clubes deportivos y cualquier otra actividad deportiva de carácter grupal o que implique aglomeración de personas, tanto en espacios cerrados como al aire libre.

e) Las actividades de casino, bingos y discotecas.

f) La realización de actos públicos, protocolares, aniversarios y fiestas populares que puedan implicar afluencia de público.

g) La realización de eventos, encuentros y competencias deportivas, profesionales o amateurs, en espacios públicos o privados, sean éstos cerrados o al aire libre. Queda autorizada la realización de las competencias oficiales ‘Torneo Federal A’ de fútbol y ‘Liga Argentina de Básquet’ de acuerdo a los protocolos aprobados por las autoridades sanitarias nacionales y/o provinciales, sin asistencia de público.

h) La actividad de cines, teatros, museos, bibliotecas, centros culturales y establecimientos afines.

Actividades permitidas:

a) Los locales gastronómicos (restaurantes, bares, etc) podrán funcionar hasta las 23 horas con un máximo del 30% del aforo en relación con la capacidad máxima habilitada, con adecuada y constante ventilación y con estricta sujeción a los protocolos aprobados. Los propietarios, empleados y aquellos clientes que se encontraren en esos establecimientos a la hora de cierre dispuesta, dispondrán de hasta 60 minutos adicionales para retirarse de los mismos y llegar a sus domicilios de residencia en ese lapso, debiendo acreditar tal circunstancia mediante comprobante de consumo o similar.

b) Los locales comerciales de cualquier rubro podrán funcionar respetando el horario de circulación habilitado de acuerdo a los protocolos vigentes.

c) Las farmacias y estaciones de servicio –únicamente para el expendio de combustible- podrán funcionar durante las 24 horas.

d) Los jardines maternales, sin dependencia del Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro, podrán funcionar en sus horarios habituales.

e) Los gimnasios y estudios de disciplinas deportivas podrán funcionar respetando el horario de circulación permitido, con un máximo del 30% del aforo en relación con la capacidad máxima habilitada, con adecuada y constante ventilación y con estricta sujeción a los protocolos aprobados.

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    La mujer que puso a la Argentina en el mapa de la ciencia mundial: la historia de Cecilia Grierson, la primera médica del país

     

    En una época donde las mujeres tenían enormes obstáculos para acceder a la educación superior, Cecilia Grierson decidió desafiar las reglas de su tiempo y convertirse en la primera médica argentina. Su trayectoria no fue solamente una conquista personal: abrió un camino para miles de mujeres que llegaron después a las universidades, impulsó la enfermería profesional, promovió la educación sanitaria y defendió derechos que todavía hoy forman parte de las discusiones sociales. A más de un siglo de sus primeros logros, su historia revela cómo la educación pública y el conocimiento pueden transformar una sociedad.

    Por Redacción de NLI

    En la Argentina de fines del siglo XIX, imaginar a una mujer dentro de una facultad de Medicina parecía, para buena parte de la sociedad, una provocación. La universidad era un espacio dominado casi exclusivamente por hombres y los prejuicios de la época sostenían que determinadas profesiones no estaban destinadas a las mujeres. En ese contexto apareció Cecilia Grierson, una joven que no solamente decidió estudiar Medicina, sino que tuvo que enfrentar resistencias institucionales, cuestionamientos sociales y obstáculos que iban mucho más allá de lo académico.

    Su historia comienza en 1859, cuando nació en Buenos Aires dentro de una familia de origen escocés e irlandés. Desde joven conoció las dificultades económicas y la necesidad de trabajar. Antes de ingresar a la universidad se desempeñó como docente, una experiencia que sería fundamental en su vida porque entendió que la educación era una herramienta central para mejorar las condiciones de vida de la población.

    La muerte de una amiga cercana por una enfermedad despertó en ella el interés por la medicina. En una época donde las mujeres eran frecuentemente relegadas a tareas vinculadas al hogar y al cuidado informal, Grierson decidió ingresar a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, un camino que no estaba preparado para recibir estudiantes mujeres.

    Su ingreso no fue sencillo. Tuvo que demostrar permanentemente que podía cumplir con las mismas exigencias que sus compañeros varones y enfrentó miradas que cuestionaban su presencia en las aulas. No era solamente una estudiante intentando obtener un título profesional: representaba una ruptura con un orden social establecido.

    Una pionera que no buscaba solamente un título

    En 1889, Cecilia Grierson se convirtió en la primera mujer médica argentina. Pero reducir su trayectoria a ese dato sería insuficiente. Su verdadero legado está en todo lo que construyó después.

    A diferencia de quienes podrían haber entendido su logro como una meta individual, Grierson utilizó sus conocimientos para ampliar el acceso de otras personas a la educación y a la salud. Creó instituciones vinculadas a la formación de enfermeras, impulsó la enseñanza de primeros auxilios y trabajó para mejorar la atención sanitaria.

    En una Argentina que atravesaba un crecimiento urbano acelerado, con barrios populares donde las condiciones sanitarias eran muy deficientes, la medicina comenzaba a enfrentar nuevos desafíos. Las enfermedades infecciosas, la falta de infraestructura y las dificultades de acceso a profesionales capacitados exigían políticas públicas que fueran más allá de la atención individual.

    Grierson comprendió que la salud no podía pensarse solamente desde el consultorio. La prevención, la educación y las condiciones sociales eran elementos fundamentales para mejorar la vida de la población.

    Ciencia, educación y derechos de las mujeres

    Uno de los aspectos más interesantes de su figura es que su lucha profesional estuvo conectada con una visión más amplia sobre el lugar de las mujeres en la sociedad.

    Durante décadas participó en debates vinculados a la educación femenina, la formación profesional y los derechos civiles. En una época donde las mujeres tenían una participación política limitada y muchas restricciones legales, defendió la idea de que el acceso al conocimiento era una herramienta indispensable para alcanzar mayor autonomía.

    Su pensamiento se adelantó a discusiones que luego ocuparían un lugar central durante el siglo XX. Para Grierson, una sociedad no podía desarrollarse plenamente si la mitad de su población quedaba excluida de la educación superior y de determinadas profesiones.

    Su trayectoria también muestra la importancia de las instituciones públicas. La posibilidad de estudiar Medicina en la Universidad de Buenos Aires fue una herramienta decisiva para que una mujer pudiera romper una barrera histórica. Sin una universidad abierta y accesible, historias como la suya difícilmente hubieran sido posibles.

    Un legado que sigue presente

    Cecilia Grierson murió en 1934, pero su figura continuó creciendo con el paso del tiempo. Hoy es reconocida como una de las personalidades más importantes de la historia científica y social argentina.

    Su nombre aparece asociado a hospitales, escuelas e instituciones educativas, pero su mayor legado no está solamente en esos homenajes. Está en las miles de médicas, investigadoras, enfermeras y científicas argentinas que continuaron un camino que ella comenzó cuando parecía imposible.

    En momentos donde vuelve a discutirse el papel de la educación pública, el financiamiento de la ciencia y el lugar del conocimiento en el desarrollo nacional, la historia de Grierson adquiere una nueva dimensión. Su vida demuestra que la inversión en educación no produce resultados solamente inmediatos: construye generaciones capaces de transformar una sociedad.

    La ciencia argentina tuvo momentos de enorme reconocimiento internacional porque durante décadas existieron universidades, hospitales, organismos de investigación y profesionales formados en un sistema que permitió que personas de distintos orígenes pudieran acceder al conocimiento.

    La historia de Cecilia Grierson no es solamente la historia de una mujer que consiguió un título universitario antes que nadie. Es la historia de una Argentina que, a través de la educación y la ciencia, fue capaz de desafiar sus propios límites. Su vida recuerda que cada vez que una sociedad abre las puertas del conocimiento, no solamente cambia el destino de una persona: cambia también el futuro de un país entero.

     

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  • Una alianza entre Llaryora y Bonacci le bloqueó la estrategia a Lule Menem en Marcos Juárez

     

     Luego de rechazar el sello de La Libertad Avanza, el exministro de Martín Llaryora, Pedro Dellarossa, intentará recuperar su bastión electoral, la ciudad de Marcos Juárez, con una alianza que armaron Unite, el partido de José Bonacci, y la Unión Vecinal Federal, un partido provincial que lidera Laura Villalba, actual funcionaria de Daniel Passerini en la Municipalidad de Córdoba.

    Dellarossa fue dos veces intendente y hace cuatro años promocionó a la actual jefa comunal, Sara Majorel, quien no buscará la elección y, además, es el blanco de todas las críticas por su floja gestión. Luego, en 2023, Dellarossa se bajó de la lista de legisladores provinciales de Juntos por el Cambio para acordar con Llaryora, quien lo designó ministro de Industria. Hace algunos meses, Dellarossa renunció al «cordobesismo» para recuperar para sí la intendencia de Marcos Juárez.

    Primero, rechazó competir con el sello de La Libertad Avanza. El propio Lule Menem fue hasta la casa de Dellarossa, pero el caudillo le dijo que él no usaría la marca LLA. Intentó que su partido, el PRO, le diese el sello, pero no logró convencer a Oscar Agost Carreño, el jefe político del espacio tras ganarle la pulseada a Mauricio Macri. Entonces, anotó su alianza conformada por Unite y Unión Vecinal Federal, dos sellos cercanos a Llaryora.

    En 2025, Unite fue parte de la alianza Córdoba y Te Quiero y plantó candidatos nacionalistas y libertarios para limar la candidatura de Gonzalo Roca, mano derecha de Gabriel Bornoroni. Como se recordará, se especulaba que la disputa entre Roca y Schiaretti sería mano a mano, por lo que restarle votos al libertario era (hipotéticamente) clave. Ahora, el sello de José Bonacci se une al de Villalba, la funcionaria filo peronista.

     En 2025, Unite fue parte de la alianza Córdoba y Te Quiero y plantó candidatos nacionalistas y libertarios para limar la candidatura de Gonzalo Roca, mano derecha de Gabriel Bornoroni.  

    Con esta jugada, Martín Llaryora intenta que la oposición provincial no celebre ante un eventual triunfo de Dellarossa en la elección municipal del 6 de septiembre. La alianza de Dellarossa se llama Marcos Juárez Puede, un guiño narrativo a Mauricio Macri y su «sí se puede». La Libertad Avanza, por ahora, mantiene la idea de sumarse a la campaña de Dellarossa, quien basará su estrategia en visitar a sus vecinos y pedir disculpas por haber promovido a Majorel y por haber integrado el Gobierno provincial hasta mayo de este año, es decir durante casi tres años.

      La otra gran candidata es Verónica Crescente, quien se postula por Unión Vecinal (el partido que fundó Henry Dellarossa, padre de Pedro). Hace cuatro años, Crescente fue la candidata a intendenta de Juan Schiaretti. Su piso electoral es de 39%, lo que obtuvo en 2022. Ese mismo porcentaje había logrado cuatro años antes, en 2018, el peronismo. Ahora, para dividir el voto a Crescente y favorecer a Dellarossa, el Gobierno provincial puso a jugar como candidato a Germán Font.  

     Martín Llaryora intenta que la oposición provincial no celebre ante un eventual triunfo de Dellarossa en la elección municipal del 6 de septiembre. La alianza de Dellarossa se llama Marcos Juárez Puede, un guiño narrativo a Mauricio Macri  

    Aunque Font es funcionario provincial, el peronismo no puso el partido. Armó otra alianza con el Vecinalismo Independiente y el Frente Federal de Acción Solidaria, ambos satélites de El Panal. Al Frente Federal de Acción Solidaria lo preside Sergio Flores, también funcionario de Daniel Passerini. En 2025, el Frente de Acción Solidaria postuló como candidato a diputado a un influencer libertario, también para restarle votos a Roca. El Vecinalismo Independiente es un histórico aliado del peronismo en Hacemos por Córdoba.

    Por ahora, la principal intención de La Libertad Avanza es bloquear a Font; y aseguran que si gana Dellarossa, los referentes partidarios se subirán al palco de los festejos la noche del 6 de septiembre.

     

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    El día que la Patagonia estuvo a punto de convertirse en otro país

     

    A fines del siglo XIX, cuando el Estado argentino todavía no había consolidado plenamente su dominio sobre el sur, potencias extranjeras, aventureros y proyectos independentistas imaginaron una Patagonia separada de Buenos Aires. Aunque hoy parezca una fantasía, existieron planes concretos que pudieron haber cambiado para siempre el mapa de Sudamérica.

    Por Redacción de NLI

    Cuando se observa un mapa de la Argentina, resulta fácil pensar que el enorme territorio patagónico siempre formó parte del país tal como hoy lo conocemos. Sin embargo, esa imagen proyecta hacia el pasado una realidad que recién comenzó a consolidarse en las últimas décadas del siglo XIX. Hasta entonces, inmensas extensiones al sur del río Negro escapaban al control efectivo del Estado nacional. Eran tierras habitadas por diversos pueblos originarios, recorridas por comerciantes, exploradores y militares, y observadas con creciente interés por las grandes potencias marítimas de la época. En ese contexto surgieron proyectos tan extravagantes como inquietantes: crear un país independiente en la Patagonia, establecer protectorados extranjeros o incluso convertir parte del territorio austral en una colonia europea.

    Un territorio inmenso donde la soberanía todavía estaba en disputa

    Durante buena parte del siglo XIX, la Patagonia era más una aspiración cartográfica que una realidad política. La Constitución de 1853 proclamaba la integridad territorial de la Confederación Argentina, pero el control efectivo sobre el extremo sur era muy limitado. Las ciudades eran escasas, las comunicaciones con Buenos Aires resultaban extremadamente lentas y el Estado apenas podía sostener algunos destacamentos militares en la frontera.

    Esa situación era observada con atención por el Imperio Británico, por Chile y por distintas potencias europeas que comenzaban a mirar el Atlántico Sur como una región estratégica para el comercio mundial. Décadas antes de la apertura del Canal de Panamá, los barcos que unían los océanos Atlántico y Pacífico debían rodear el continente por el estrecho de Magallanes o el cabo de Hornos, convirtiendo a la Patagonia en una pieza geopolítica de enorme valor.

    La debilidad institucional argentina alimentó numerosas especulaciones. Viajeros europeos describían aquellas tierras como un espacio «vacío», ignorando deliberadamente la presencia de comunidades indígenas que habitaban la región desde hacía siglos. Esa idea del «territorio desocupado» sirvió de argumento para justificar proyectos de colonización impulsados desde el exterior.

    El extravagante «Reino de la Araucanía y la Patagonia»

    Quizás el episodio más llamativo ocurrió en 1860, cuando el abogado francés Orélie Antoine de Tounens desembarcó en Sudamérica convencido de que podía fundar un nuevo reino. Tras establecer vínculos con algunos caciques mapuches del lado chileno de la cordillera, se proclamó «Rey de la Araucanía y la Patagonia», redactó una constitución, diseñó una bandera, creó símbolos nacionales y envió cartas a gobiernos europeos buscando reconocimiento diplomático.

    Su proyecto combinaba ambición personal, oportunismo político y una lectura muy particular del contexto sudamericano. De Tounens sostenía que las naciones recién independizadas carecían de capacidad para administrar aquellos territorios y que una monarquía respaldada por Francia podría garantizar estabilidad y desarrollo. Aunque la iniciativa nunca obtuvo apoyo oficial de Napoleón III ni de ninguna potencia europea, despertó preocupación tanto en Argentina como en Chile porque evidenciaba hasta qué punto el vacío de poder podía ser aprovechado por actores externos.

    Las autoridades chilenas terminaron deteniéndolo y declarándolo insano, pero el episodio dejó una enseñanza que trascendió al personaje. La Patagonia aparecía, desde la mirada europea, como un espacio susceptible de reorganización política. No era simplemente una aventura individual: reflejaba una época en la que las potencias coloniales redefinían fronteras en África, Asia y Oceanía, mientras América del Sur tampoco escapaba a esas disputas.

    La consolidación del Estado argentino y una discusión que llega hasta el presente

    Durante las décadas siguientes, la dirigencia argentina aceleró el proceso de ocupación efectiva del sur. La denominada Conquista del Desierto, encabezada por Julio Argentino Roca entre 1878 y 1885, permitió extender el control estatal sobre enormes territorios, aunque lo hizo mediante una campaña militar que provocó el desplazamiento forzado, la muerte y el sometimiento de miles de integrantes de pueblos originarios. Durante mucho tiempo ese proceso fue presentado exclusivamente como una gesta civilizadora; hoy la historiografía incorpora también las profundas consecuencias humanas, culturales y territoriales que tuvo para las comunidades indígenas.

    Al mismo tiempo, comenzaron a fundarse nuevas localidades, se expandieron las líneas telegráficas, se impulsó la llegada de inmigrantes y se establecieron administraciones permanentes que fortalecieron la presencia estatal. El conflicto limítrofe con Chile continuó durante años y recién encontró una solución relativamente estable mediante acuerdos diplomáticos y arbitrajes internacionales, lo que terminó de consolidar la frontera austral.

    Sin embargo, la historia demuestra que la soberanía nunca depende únicamente de un mapa. Requiere población, infraestructura, instituciones, inversión pública y una presencia constante del Estado. Esa enseñanza conserva plena vigencia en el siglo XXI. La Patagonia sigue siendo una de las regiones estratégicas más importantes del planeta por sus recursos hídricos, energéticos y minerales, por su cercanía con la Antártida y por el valor geopolítico del Atlántico Sur. En un contexto internacional donde las grandes potencias vuelven a disputar recursos críticos y corredores estratégicos, recordar aquellos proyectos que imaginaron una Patagonia separada de la Argentina deja de ser una simple curiosidad histórica para transformarse en una reflexión sobre el modo en que se construye y se sostiene la soberanía nacional.

    La Patagonia nunca estuvo realmente destinada a convertirse en otro país, pero sí atravesó un período en el que esa posibilidad fue imaginada, discutida e incluso alentada por intereses externos. Conocer esa historia permite comprender que las fronteras no son hechos naturales e inmutables, sino el resultado de procesos políticos, conflictos, decisiones diplomáticas y proyectos de nación que se disputan a lo largo del tiempo. Es una lección que sigue interpelando a la Argentina cada vez que el debate sobre el desarrollo, la integración territorial o el control de sus recursos estratégicos vuelve al centro de la escena pública.

     

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