Antes del arranque del partido disputado el sábado pasado la pregunta flotaba en el aire ¿Cuál es el piso actual del Rugby Nacional?. Y la respuesta será la actuación del seleccionado nacional «Los Pumas» en esta versión corta de la Rugby Championship 2019. En su Octava edición, de cara al Mundial de Rugby Japón 2019, será a una sola ronda entre todos y tan sólo en tres semanas de duración.
El encuentro entre Argentina y New zealand se resolvió en el llamado «Palo a Palo» por la firmeza en los tackles y los sistemas de defensa de ambos equipos, quizás el arma más efectiva para lograr la victoria de los Hombre de negro. Hasta ahora los All Black’s se llevan el 1er puesto en la velocidad de la urgencia en el re-posicionamiento. Y esto hace la diferencia.
No hay que dejar engañarse por el espejo. También hay que tener en cuenta que el equipo Neozelandés no tuvo el equipo «A» en la cancha.
Hoy las oportunidades son muy pocas y hay que saber tomarlas en el momento preciso, casi sin margen de errores (y algo de suerte). Así de preciso se juega al Rugby hoy, en un altísimo nivel de preparación, tanto física como intelectual. Y los referentes en lo más alto de la cultura de Rugby, con un alto nivel de desarrollo de juego es todas sus variantes, es el seleccionado Neozelandés «Los All Blacks«.Este seleccionado trabaja históricamente sobre su base de juego que consiste en «La obtención de pelotas de calidad, construir el sistema de juego con inercia en la cancha y un sistema de defensa activo y envolvente».
El valor de la palabra «Cultura» también define al Rugby Nacional. Porque tenemos una identidad muy fuerte y valorada con su sistema de Clubes Amateur y sus torneos regionales. Al que se le está adosando un sistema de «Academia» (este sistema es Neozelandés) con detección y formación de jugadores a edades tempranas para desarrollar habilidades.
El juego de Los Pumas es respetado a nivel internacional desde los inicios de la década del 60‘ con equipos armados de manera muy rudimentaria y poco entrenamiento de conjunto. Casi un estado caótico en cuanto al sistema de convocatoria (porque no la había) fue el inicio de la difusión del Rugby como deporte popular e inclusivo, lugar que ocupa hoy en la cartera deportiva argentina.
JAGUARES XV
El combinado nacional «Jaguares XV» juegan la First Division de la Currie Cup por primera vez, que es el campeonato nacional de Rugby en Sudáfrica, organizado la Unión Sudafricana de Rugby (SARU) y en su tercer fecha el combinado argentino derrotó a Border Bulldogs por abultada distancia de 78 a 12 y es líder al tope de la tabla.
Gráfica de ESPN
ANTE AUSTRALIA
Todo es expectativa. Regresan al sistema de juego Facundo Isa con una muy buena producción en el Rugby Galo y Santiago Cordero, que resultó ser el jugador Argentino seleccionado en el equipo ideal de la temporada de la Premiership (Liga inglesa). En la formación del equipo nacional regresa Joaquín Tuculet al cajón de la cancha y en esta oportunidad Julián Montoya arranca desde el inicio como Hooker titular (En un sistema sin titulares)
El Partido en la madrugada del sábado será otro escalón más recorrido en Rugby Argentino en este gran y maduro desafió colectivo de haber modificado estructuras de formación sin perder la identidad profunda de las provincias del país.
Los Pumas:
Joaquín Tuculet, Santiago Cordero, Matías Moroni, Jerónimo de la Fuente
y Ramiro Moyano; Nicolás Sánchez y Tomás Cubelli; Facundo Isa, Tomás
Lezana y Pablo Matera; Tomás Lavanini y Guido Petti; Juan Figallo,
Julián Montoya y Nahuel Tetaz Chaparro.
Suplentes:
Santiago Socino, Mayco Vivas, Ramiro Herrera, Matías Alemanno, Juan
Manuel Leguizamón, Felipe Ezcurra, Joaquín Díaz Bonilla y Matías Orlando
OLA DE CALOR EN LA PERLA DEL VALLE Rio Negro estuvo ayer entre las provincias con las temperaturas más elevadas del país. La ola de calor arribó, y se quedará unos días más. Según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), San Antonio Oeste obtuvo la máxima de la provincia donde la temperatura alcanzó los 43,5°….
Carola Lorenzini desafió los prejuicios de su época, batió récords, cruzó sola el Río de la Plata y se convirtió en una pionera de la aviación argentina.
Por Alcides Blanco para NLI
Hubo una época en la que volar no era una actividad cotidiana, ni existían aeropuertos llenos de pasajeros, ni los aviones formaban parte del paisaje habitual de las ciudades, y mucho menos resultaba sencillo imaginar a una mujer tomando los controles de una aeronave para desafiar alturas, distancias y maniobras que incluso para los hombres constituían una actividad extraordinaria. En ese mundo nació Carola Lorenzini, una bonaerense que no provenía de una familia vinculada a la aviación ni pertenecía a una elite que pudiera financiar fácilmente una pasión costosa, sino que trabajó, ahorró, insistió y terminó abriéndose paso en un ambiente dominado casi por completo por hombres. Su historia contiene todos los elementos de una aventura extraordinaria —récords, vuelos solitarios, viajes por el país, exhibiciones y una muerte trágica—, pero reducirla a la figura romántica de la “aviadora gaucha” sería quitarle buena parte de su verdadero significado: Lorenzini fue una mujer que tuvo que conquistar no solamente el cielo, sino también el derecho a ocupar un lugar en un territorio profesional que su época consideraba esencialmente masculino.
Una mujer que primero tuvo que ganarse el derecho a volar
Carola Elena Lorenzini nació el 15 de agosto de 1899 en Empalme San Vicente, localidad bonaerense que actualmente conocemos como Alejandro Korn, y fue la séptima de ocho hermanos. Desde joven desarrolló una extraordinaria inclinación por el deporte y la actividad física: practicó equitación, remo, atletismo, salto, jabalina y hockey, y en 1925 llegó a consagrarse campeona de atletismo. Esa trayectoria ayuda a comprender que la aviación no apareció en su vida como una extravagancia aislada, sino como la continuación de una personalidad marcada por la competencia, el esfuerzo físico y la voluntad de superar límites. Antes de convertirse en una figura de la aeronáutica argentina trabajó como dactilógrafa en la Unión Telefónica, un empleo muy alejado de las imágenes heroicas que después acompañarían su nombre, pero que le permitió sostenerse económicamente mientras perseguía un objetivo que requería mucho más dinero y perseverancia de los que tenía disponibles.
El acceso a la aviación no fue sencillo. En 1931, después de enviar numerosas cartas y realizar reiterados pedidos, consiguió ser aceptada en el Aero Club Argentino y comenzó su formación como piloto. El esfuerzo económico fue considerable: según los registros oficiales, el curso la llevó a gastar sus ahorros y desprenderse de sus pertenencias para poder continuar con las clases. Aquella circunstancia resulta especialmente reveladora porque muestra que su carrera no nació de una oportunidad concedida desde arriba, sino de una insistencia personal que debió vencer simultáneamente obstáculos económicos y prejuicios sociales. En 1933 obtuvo finalmente su carnet de aviadora civil y, algunos años después, se convirtió en la primera mujer en obtener el título de instructora de vuelo en América del Sur, un reconocimiento que convirtió su nombre en referencia continental.
Su popularidad creció rápidamente porque Lorenzini no se limitó a pilotear aviones: convirtió el vuelo en una forma de competencia y de exploración. El 31 de marzo de 1935 estableció el récord sudamericano femenino de altura al alcanzar los 5.381 metros en un avión Ae C-3 de cabina cerrada, una marca que le valió reconocimientos y una medalla de oro otorgada por la Aviación Militar Argentina. La prensa comenzó a seguirla con atención y El Gráfico, una de las publicaciones deportivas más influyentes de la época, la llevó a sus páginas, contribuyendo a construir una imagen pública que combinaba la aviación moderna con una estética deliberadamente criolla. De allí surgió uno de sus apodos más conocidos, “la aviadora gaucha”, que la prensa utilizó para describir a una mujer que aparecía en fotografías con bombachas criollas, botas y campera de cuero, una identidad que no era un simple detalle de vestuario sino una forma de presentarse como argentina dentro de una actividad que todavía tenía fuertes referencias culturales europeas.
Del Río de la Plata a las catorce provincias
La dimensión de sus hazañas permite entender por qué Lorenzini terminó convertida en una celebridad. El 13 de noviembre de 1936 cruzó sola el Río de la Plata, en un vuelo que la llevó desde el aeródromo Rivadavia, en Morón, hasta Montevideo, mientras otra aviadora argentina, Isabel Gladisz, realizaba también el cruce. No se trataba solamente de una demostración de habilidad técnica: en aquellos años, atravesar el Río de la Plata en un avión pequeño implicaba enfrentarse a riesgos que la aviación contemporánea, con sus sistemas de navegación, comunicaciones y seguridad, permite dimensionar de otra manera. La aventura tenía además un componente simbólico, porque cada vuelo femenino que alcanzaba repercusión pública contribuía a cuestionar la idea de que la aviación debía ser un territorio reservado a los hombres.
Su relación con el territorio argentino también se volvió parte fundamental de su trayectoria. En 1940 realizó un viaje que unió las catorce provincias que entonces conformaban el país, una proeza que transformaba el avión en algo más que una máquina para competir: lo convertía en una herramienta para recorrer una geografía enorme y diversa. Lorenzini aterrizó en lugares donde la aviación todavía constituía un acontecimiento extraordinario y llevó su figura a distintas regiones del país, consolidando una popularidad que no se limitaba al ambiente aeronáutico. Su historia conectaba además con una Argentina que estaba atravesando una profunda transformación tecnológica, en la que el automóvil, el avión, la radio y otras nuevas formas de comunicación comenzaban a modificar la percepción de las distancias. Ella representaba, en cierta medida, a esa modernidad, pero lo hacía desde una identidad profundamente vinculada con el mundo rural y con una cultura popular que la prensa había convertido en parte de su personaje.
Ese contraste explica buena parte de su atractivo histórico. Lorenzini podía ser presentada simultáneamente como símbolo de modernidad y como figura criolla; como deportista de alto rendimiento y como mujer vinculada a las tradiciones argentinas; como pionera tecnológica y como personalidad popular. La aviación le permitió ocupar un espacio público que para muchas mujeres de su generación seguía siendo difícil de conquistar, y su éxito contribuyó a abrir un camino que posteriormente recorrerían otras pilotos. La propia Fuerza Aérea Argentina reconoce entre las pioneras de la aeronáutica a mujeres como Lorenzini, Adrienne Bolland, Alejandrina Dumont y Raquel Cabrera Bernet, destacando el papel que tuvieron en la construcción de nuevas vocaciones.
Una muerte que convirtió la hazaña en leyenda
El final de su vida tuvo una dimensión tan dramática como las hazañas que la habían hecho famosa. El 23 de noviembre de 1941, durante una exhibición aérea realizada en Morón con motivo de la visita de una escuadrilla de aviadoras uruguayas, Lorenzini realizó una maniobra acrobática que formaba parte de su repertorio, pero el vuelo terminó en un accidente fatal. Las reconstrucciones disponibles coinciden en que estaba utilizando un Focke-Wulf Fw-44 y que murió durante la maniobra, aunque las explicaciones sobre las circunstancias técnicas del accidente han sido objeto de distintas versiones históricas. El Museo Nacional de Aeronáutica señala que durante el vuelo invertido se produjo el desprendimiento de la palanca de comando, mientras otras reconstrucciones han señalado además las particulares condiciones en que se desarrolló aquella exhibición y el hecho de que el avión no fuera el que Lorenzini utilizaba habitualmente.
Tenía 42 años y había alcanzado una notoriedad extraordinaria para una mujer de su época. Su muerte no borró su figura; por el contrario, contribuyó a convertirla en leyenda, aunque esa dimensión trágica también produjo que durante mucho tiempo su historia fuera recordada principalmente por la manera en que murió y no por el largo proceso que había recorrido para llegar hasta allí. El Estado y distintas instituciones conservaron posteriormente su memoria: una biblioteca de la Fuerza Aérea Argentina lleva su nombre y custodia un archivo fotográfico digitalizado sobre su vida y trayectoria, mientras que en distintas localidades del país existen calles y espacios que recuerdan a la aviadora.
Pero quizás la mejor manera de comprender a Carola Lorenzini sea alejándose tanto de la imagen romántica de la heroína como de la tragedia final. Su verdadero legado se encuentra en la cadena de obstáculos que consiguió atravesar antes de convertirse en una pionera: una mujer que trabajaba para vivir, que tuvo que insistir para ser admitida en un club de aviación, que gastó sus ahorros para aprender a volar, que estableció récords, cruzó el Río de la Plata, recorrió las provincias argentinas y terminó ocupando un espacio que hasta entonces parecía reservado para otros. Su historia demuestra que las transformaciones culturales no siempre comienzan con grandes declaraciones políticas; muchas veces empiezan cuando alguien decide hacer algo que la sociedad de su tiempo considera impropio, improbable o directamente imposible.
Por eso, casi un siglo después de aquellos primeros vuelos, Carola Lorenzini no debería ser recordada solamente como la mujer que volaba acrobáticamente sobre Morón, sino como una figura que permite observar la Argentina desde una perspectiva mucho más amplia: la de una sociedad que comenzaba a incorporar tecnologías nuevas mientras todavía arrastraba estructuras sociales profundamente tradicionales. Lorenzini se movió exactamente en esa contradicción y logró convertirla en una oportunidad para abrir camino. Su avión podía elevarse miles de metros sobre el suelo, pero la verdadera distancia que consiguió recorrer fue otra: la que separaba aquello que una mujer podía hacer de aquello que su época estaba dispuesta a permitirle hacer. Y en esa conquista, mucho más que en cualquier récord, reside la razón por la que su nombre continúa perteneciendo a la historia argentina.
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