Durante el fin de semana continuarán las muestras de los talleres de la Escuela Municipal de Arte para compartir con la comunidad el trabajo desarrollado a lo largo del año.
Desde el viernes 3 al domingo 5 en el Galpón de las Artes tendrán lugar la exposición del Taller creativo de plástica para niños y adolescentes y del Taller de escultura para niños ‘Pequeños artistas, grandes escultores’. La misma se desarrollará entre las 18 y 20 horas.
El sábado 4 en el SUM de la Escuela Primaria Nº 58 se realizará la muestra de los siguientes talleres de danza: Folclore, Tango, Ritmos urbanos ‘Tercer Milenio’ juvenil y kids, Iniciación a la danza y ritmos para niños, Danzas árabes, K-Pop y Salsa y bachata. En este caso, la cita es a partir de las 18 horas.
El domingo 5, en tanto, se llevará a cabo la muestra del Taller de Piano, a partir de las 18 horas, en el SUM de la Escuela de Arte.
La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina invita a vecinos y vecinas a participar de las actividades para disfrutar de las distintas expresiones artísticas que ofrecen los talleres que se brindan en la EMA.
Controvertido punto de placer que hoy se sitúa en el cuerpo argentino. Realizamos un paralelismo entre el encuentro de los principales mandatarios del mundo (G20) y el punto G. Para ello, utilizamos una brújula imaginaria para identificar lo que pasamos a llamar: » los cuatro puntos gardinales «. El norte de lo Global, el oeste…
Es de público conocimiento que la chimenea Fioravanti, uno de los símbolos históricos de la colonia ítalo-argentina que fundó nuestra ciudad fue derribada. Desde 1932 se mantuvo erguida en un punto neural de la ciudad. Se construyó solo ocho años después del arribo de los primeros inmigrantes que llegaron a la región. Su esencia era,…
La Represa El Chocón, ubicada en la provincia de Neuquén, es una de las construcciones hidroeléctricas más importantes de Argentina. Desde su inauguración en 1973, ha sido una fuente clave de energía para el país. Sin embargo, su contrato de concesión está próximo a vencer y esto ha generado preocupación acerca de lo que sucederá…
Federico Sturzenegger sorprendió con una llamativa explicación para intentar justificar el drenaje de reservas por el turismo en el extranjero, impulsado por el dólar barato, y aseguró que quienes vacacionan en el exterior son «héroes de la producción».
En uno de sus habituales extensos posteos en X, el ministro de Desregulación aseguró que el gasto de dólares en turismo en el exterior es bueno porque impulsa la capacidad exportadora del país.
«Todos los años para esta fecha empieza (único país del mundo) una letanía donde se considera que los veraneantes en el exterior están despilfarrando un recurso precioso de los argentinos. Casi un crimen de lesa humanidad», ironizó. «Es exactamente al revés. Son héroes de la producción», afirmó.
«La demanda de divisas de nuestros veraneantes es lo que le sostiene la competitividad al agro, a la industria y la exportación de servicios. Por eso cada argentino que veranea en Brasil o en otro país, ayuda a sostener la capacidad exportadora del país», argumentó Sturzenegger con su habitual desapego de la realidad.
«Argentina comercia 3 veces menos de lo que deberíamos dado nuestro tamaño, por estas ideas alocadas que nos han ido aislando y empobreciendo. Hemos cerrado tanto la economía que hemos detonado nuestra capacidad de exportar», continuó el ministro, confundiendo la idea de comercio o producción con la de consumo, que es la adecuada para el turismo.
«Felicitemos a los argentinos que viajan al exterior. Son los que nos van a permitir exportar más», completó.
El problema de Sturzenegger es que sus planteos pueden ser muy buenos en la teoría pero se chocan de frente con la realidad. Todos los especialistas coinciden que la explosión del turismo en el exterior es un síntoma de atraso cambiario y un problema a muy corto plazo, sobre todo teniendo en cuenta que se ha desplomado el ingreso de turistas extranjeros a la Argentina.
De hecho, el
secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli, estuvo haciendo malabares para intentar mejorar los números y rompió con el Indec porque no le gustaban las estadísticas. Scioli logró que el Banco Central modifique la metodología para medir los egresos por viajes y consumos en el exterior y consiguió que ahora las estadísticas muestren que en 2025 «sólo» habrán salido por turismo USD 10.200 millones.
Pero además lo que Sturzenegger no tiene en cuenta es que cada turista que sale del país es un golpe para la industria turística local, que si bien en los últimos meses ha logrado una leve recuperación y espera una buena temporada de verano, viene de una crisis muy fuerte.
Si se continúa con este ritmo en la contaminación diaria, el planeta y su ecosistema está cerca del límite de su equilibrio, el ecosistema planeta-humano está conociendo su punto de inflexión. Somos nosotros los que estamos empujando hacia ese límite. Pero no hay que confundirse, si se va a trabajar seriamente en esta crisis inventada…
En su discurso de hoy en el Foro Económico Mundial de Davos, Milei volvió a desplegar una narrativa que excede largamente la economía y se adentra en una concepción ideológica de la historia, la cultura y la civilización. Más allá de las reiteradas defensas del capitalismo de libre mercado, hubo un eje particularmente revelador: la idea de que América arrastra una supuesta “deuda civilizatoria” con Occidente y que su misión histórica sería saldarla regresando a la filosofía griega, el derecho grecorromano y los valores judeocristianos.
Lejos de ser una simple reflexión cultural, este planteo condensa una visión profundamente política, excluyente y funcional a un proyecto de poder.
La “deuda civilizatoria”: una noción problemática desde el origen
Cuando Milei afirma que América debe “pagar una deuda civilizatoria” a Occidente, introduce una categoría que no es neutra ni inocente. Hablar de deuda implica subordinación, implica aceptar que existe un centro civilizatorio legítimo —Europa y su tradición occidental— y una periferia que debe agradecer, imitar y reparar.
Esta idea desconoce deliberadamente que América no es una hoja en blanco escrita por Grecia, Roma o el cristianismo europeo. Es un continente atravesado por civilizaciones milenarias, por procesos históricos propios, por luchas sociales, políticas y culturales que no pueden reducirse a una herencia importada. La noción de deuda borra de un plumazo a los pueblos originarios, las tradiciones populares, las experiencias emancipatorias y los proyectos políticos que disputaron —y disputan— el sentido mismo de la modernidad. Nos deja sin identidad.
Además, el concepto remite peligrosamente a las viejas justificaciones coloniales: Europa como portadora de civilización, América como territorio incompleto que debe “agradecer” lo recibido. No es una novedad discursiva: es un reciclaje ideológico con lenguaje contemporáneo.
Filosofía griega y derecho grecorromano: apropiación selectiva del pasado
El llamado de Milei a “inspirarse en la filosofía griega” y “abrazar el derecho grecorromano” opera como una selección interesada de la historia. No se trata de un análisis académico ni de una reivindicación crítica del pensamiento clásico, sino de una utilización simbólica para legitimar un orden político y económico actual.
La Grecia clásica y Roma no fueron paraísos de libertad universal: fueron sociedades atravesadas por la esclavitud, la exclusión política, la desigualdad estructural y la negación de derechos a amplios sectores de la población. Presentarlas como modelos morales sin esas contradicciones es falsear la historia.
Más aún, Milei invoca estas tradiciones como si condujeran de manera natural a un capitalismo desregulado y a un Estado mínimo, cuando buena parte de la filosofía clásica discutió justamente los límites del poder económico, la función de la comunidad y la centralidad de lo público. No hay herencia universal: hay recortes ideológicos.
Valores judeocristianos: moral selectiva y contradicción política
El tercer pilar del discurso fue el llamado a “retornar a los valores judeocristianos para salvar a Occidente”. Aquí la operación es doble. Por un lado, se construye un supuesto consenso moral único, invisibilizando otras tradiciones éticas, espirituales y culturales que forman parte tanto de América como del mundo occidental contemporáneo.
Por otro lado, se produce una contradicción evidente entre el discurso y la práctica política. Valores como la solidaridad, el cuidado del prójimo, la justicia social y la dignidad humana, históricamente asociados a la tradición judeocristiana, chocan de frente con políticas de ajuste, desprotección social y mercantilización extrema de la vida.
La apelación religiosa funciona así como un recurso retórico de legitimación, no como una guía ética real. Se invocan valores abstractos mientras se impulsan medidas concretas que profundizan la desigualdad y la exclusión.
Una idea de civilización que excluye
El discurso de Milei en Davos no propone una civilización plural ni un diálogo entre culturas. Propone una restauración: un Occidente idealizado, homogéneo, jerárquico y alineado con un modelo económico específico. Todo lo que queda fuera de ese canon —otras identidades, otros proyectos políticos, otras formas de organización social— aparece como desviación, amenaza o atraso.
La “deuda civilizatoria” no es, entonces, una reflexión histórica. Es una herramienta política que busca ordenar el mundo entre quienes encajan en ese relato y quienes deben ser corregidos, disciplinados o descartados.
En definitiva, el discurso de Milei en Davos revela con claridad que su proyecto no se limita a la economía: aspira a redefinir qué se entiende por civilización, quién tiene derecho a representarla y quién debe someterse a ella. Bajo una retórica grandilocuente sobre Grecia, Roma y los valores judeocristianos, se esconde una visión regresiva que empobrece el pasado, simplifica el presente y clausura la diversidad del futuro.
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