El ensamble ‘Perla del Valle’ se presentará el próximo sábado 17 de julio a las 21 horas en el Galpón de las Artes.
Las entradas gratuitas y limitadas pueden retirarse en la Escuela Municipal de Arte en Brasil 91.
Luego de la exitosa presentación de la Filarmónica de Río Negro, se podrá disfrutar del ensamble que brindará un repertorio con un marcado ‘Sello Argentino’, compuesto por obras de raíz nacional de Julián Aguirre, José Carli, Mario Trejo y Astor Piazzolla.
El ensamble está formado por Nataly Bustamante en Flauta, Maia Pacheco Aoki en Oboe, Jose Luis Izaguirre en Clarinete, Jeremias Vertúa en Corno Francés y Aníbal Lagos en Fagot. En este concierto ‘Perla del Valle’ tendrá el privilegio de contar con la participación de Malen Marileo como cantante invitada.
‘Perla del Valle’, al igual que los otros 10 ensambles regionales distribuidos por toda la provincia, forman parte de la Orquesta Filarmónica de Río Negro y dependen de la Secretaría de Estado de Cultura de Río Negro.
Antes de que sea inaugurada la Estación Solar en la Plaza “Primeros Pobladores”, ya se produjeron roturas en las instalaciones. Los botones que proveen de agua, tanto caliente como fría, fueron forzados, por lo que se tuvo que realizar la reparación de los mismos. Pedimos a los ciudadanos que cuiden y respeten los espacios públicos…
Publicado el 13 de junio de 2012 Foto de portada: Julio Pantoja
—Te imagino como una Mary Poppins, que va bajando aquí y allá a ver lo que pasa.
La antropóloga mexicana Rossana Reguillo sonríe encantada con esta imagen que le regala Francisco Goldman, el periodista norteamericano con quien comparte el taller anfibio “Adentro, al borde o afuera. Crónicas de la diversidad juvenil en América Latina”. Luego aclara: “hay una diferencia fundamental con esa chica de paraguas: yo no llego a solucionar problemas”.
—¿Con qué figura te autodefinirías entonces?
—Mi maestro Carlos Monsiváis, con tono burlón, me decía que yo era la Sarita García —que es la abuelita del cine mexicano— de los jóvenes. Pero lo que más me gustaba es que él me hacía entender que yo le escribía a los jóvenes y no que escribía sobre los jóvenes.
De su maestro, Reguillo aprendió la importancia del “estar ahí”, de tomarse el tiempo y el trabajo de entender las cosas desde adentro. Inmediatamente fantasea con otra autodefinición: se le ocurre el personaje de Zelig, de Woody Allen, capaz de ser un transformista, de inmiscuirse y vivir una situación aún sin pertenecer a ella. Tampoco le convence del todo:
—No se trata de mimetizarse o convertirse, porque así pierdes también la capacidad crítica.
Reguillo hace crónica, investigación académica y también periodismo. En Buenos Aires, al terminar uno de los días de taller, tuiteó: “Ya guardando los cuadernos del día: la presidenta Cristina K. es un personaje q me encantaría etno-carto-cronicar; q cosas suceden con la K”. Etno-carto-cronicar: ahí está la clave de su método.
Reguillo tiene una pasión nómade por América Latina. Cuando se trata de encontrarle un origen a esa pasión política, la imagen es difusa pero es la primera que se le viene a la cabeza. Es jovencísima, calza seguramente jeans, y está junto a unas cincuenta personas protestando por la Guerra de Vietnam frente al consulado norteamericano en la bella Guadalajara, su ciudad natal.
Aquella escena de manifestante antiyanqui ahora se conecta con otra escena, esta vez en el corazón del imperio: con el mismo pelo lacio y los ojos chispeantes, Reguillo recorrió durante cuatro meses en el otoño de 2011 el Zuccotti Park, un parque enquistado en el medio del distrito financiero de Nueva York y desde el que se vislumbraban las Torres Gemelas antes del 11-S. Sólo que el paisaje que le interesó ya es radicalmente otro: Zucotti Park hoy es la sede del movimiento Occupy Wall Street. Ha sido rebautizado por los ocupas como Liberty Park y si se levanta la vista se ven los jóvenes que han extendido sus carpas y que dicen “we are the crisis”.
Reguillo fue a dar clases a la gran manzana pero se metió de lleno en ese territorio clave de las nuevas insurgencias que hoy se multiplican a escala global.
—Es como si toda mi vida me hubiera preparado para terminar ahí, en medio de ese movimiento tan maravilloso —reflexiona para, como una versátil trapecista, saltar de los momentos iniciáticos de su vida política al aquí y ahora.
En la máquina del recuerdo cobra fuerza también una aventura anterior: un viaje de mochilera que la llevó de México hasta Buenos Aires en una travesía de diez meses, de la que aun se siente orgullosa.
—No he sido especialmente marchante pero recorrer el continente y luego, en 1985, estar en la Nicaragua sandinista me abrieron la cabeza y me sacaron del localismo mexicano.
Ahora no lleva mochila, sino cartera de cuero negro y pequeña valija para su Mac Air plateada, pero el viaje le sigue resultando igualmente vital. Con esa militancia asociada a recorrer territorios vincula su obsesión por entender las distintas formas de movilización juvenil en América latina. También los rasgos de la tarea investigativa que más le convence:
—Yo sigo a los sujetos jóvenes y eso me hace ir de un territorio a otro. Me muevo con una metodología nómade.
Ahora Rossana está en el frío despiadado de Buenos Aires donde salir a fumar es un esfuerzo, pero aun así vale la pena, con guantes y bufanda. Los cigarrillos Benson&Hedges la acompañan todo el tiempo y marcan la pausa del intensivo taller con jóvenes periodistas de América Latina.
Reguillo viene de una familia disfuncional. Así califica al matrimonio de su madre, una chiapaneca rica hija de un hacendado cafetalero porfirista, y su padre, un combatiente republicano en la Guerra Civil Española, luego preso en un campo de concentración en Francia y finalmente refugiado en México. Su madre le transmitió la fascinación por el relato. De niña le contaba una y otra vez historias de princesas mayas que se suicidaban para huir de los españoles. Reguillo creció acompañada de heroínas combativas que se aferraban a la vida de la manera más difícil. Su madre, desheredada tras el casamiento con el rebelde extranjero, también le legó la osadía vital que mancomuna a muchas mujeres.
De su padre tiene una herencia precisa: la militancia por la justicia es una tarea que no acaba nunca. En esa línea, la economía de guerra en la que se crió era una prueba más de firmeza y, sobre todo, de coherencia.
—Para él dejar un pedazo de mantequilla en el plato era un pecado.
Cuando Rossana estaba convencida de ser una pequeña princesa maya de 15 años, fue su padre quien le dijo muy seriamente que debía empezar a pagarse sus estudios. Así inició un recorrido por múltiples empleos.
—Me acuerdo el primero. Era una agencia de autos y yo debía atender el teléfono y decir todo el tiempo “Volkswagen Albarrán a sus órdenes”. Duré seis meses. Luego hice de mesera, de vendedora y de muchas otras cosas. Tal vez por eso hoy puedo ser una investigadora todo terreno.
Así como el relato oral es un sonido materno, la pasión por los libros tiene la marca paterna. Su padre era un lector obsesivo. En su casa había libros por todos lados, en cualquier sitio. Nunca le resultaron un objeto extraño. Pero cobraron un nuevo sentido cuando la salvaron en un momento difícil. A los once años tuvo un accidente con una moto que la obligó a muchas operaciones, durante varios años. Cuando sus amigas se iban de paseo, la niña herida se refugiaba en las letras contra el dolor y la incomodidad. Esa intimidad con las historias, especialmente las de princesas suicidas, le enseñó desde muy temprano que las batallas nunca se abandonan.
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Rossana no deja de consultar por Twitter y Facebook las noticias del otro movimiento que más la inquieta, la llamada Primavera Mexicana. Y es que esa otra movilización joven la tiene más que inquieta, eufórica. “Todo se está yendo a la chingada y eso es muy interesante”, dice frente a sus alumnos. “Eso no lo tuiteen”, aclara, conciente de que muchas de sus frases mientras se desarrolla el seminario pasan inmediatamente al espacio virtual. “No te preocupes que esto no sale de Latinoamérica”, le susurra Ricardo Corredor, de Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, sin poder evitar la risa.
El movimiento mexicano se llama YoSoy132.mx. Se inició hace apenas algunas semanas y fue un sacudón para todo el país, a punto de celebrar elecciones presidenciales el próximo 1 de julio. Lo que empezó como un acto de interpelación de alumnos universitarios al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto (bautizado el “Gel boy”), por su responsabilidad en la represión brutal conocida como la Masacre de Atenco (2006), hoy es una fuerza ingobernable que tiene nerviosos a muchos políticos.
“Este movimiento detonó una conversación colectiva impensada en México. No es casual ni de generación espontánea”. El contexto no es menor: seis años de violenta guerra narco, doce años de gobierno del PAN, con la dudosa última elección presidencial que le dio el poder a Calderón y un país que tiene la ciudad más vigilada de todo el mundo: Ciudad Juárez. La sorpresa existe y Reguillo la celebra pero también reconoce allí todo un tejido micropolítico que venía creciendo. “Estos movimientos son lugares de potencia pura: entre algo que deja de existir y algo que todavía no tiene lugar”.
Además, insiste en no perder de vista el mapa global. “Aquí tenemos que identificar bien a los enemigos, a los que se creen mentes bienpensantes. Primero el señor Zizek, que dice que la revolución es una cosa seria y que entonces como vio divertirse a los jóvenes en Nueva York, dijo que así no se hace política. Segundo al señor Bauman, que al visitar Madrid dijo que esos jóvenes son pura emoción, incapaces de razón, y que la política es un asunto racional”.
Para Reguillo, todos aquellos que le piden una agenda o un programa a estos movimientos son los que no entienden nada. Ella ve en estas protestas jóvenes la pregunta fundamental: ¿cómo cambia lo que cambia?
“Me pregunto si no será el momento de pensar: todo se está yendo a la chingada, hay que estar atentos y entender el vértigo”.
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Reguillo lleva más de tres décadas investigando la condición juvenil. Combate los discursos clichés: la satanización o la exaltación de los jóvenes. Y le interesa el mapa comparativo de norte a sur del continente.
Los sigue. Los busca. Le inquietan. Les admira su capacidad de acción e invención. Le preocupa que en México, por ejemplo, las opciones que tienen más a mano son tres: incorporarse a las estructuras del crimen organizado, migrar a Estados Unidos en condiciones súper precarias o vincularse al ejército. En sus análisis, no olvida la dimensión de clase pero tampoco las derivas singulares de las biografías. En ese marco se pregunta cuáles son las dimensiones del poder que impactan en la vida de los jóvenes. “No hay que olvidar la responsabilidad que tenemos al narrar esa condición juvenil. Por eso no me gustan los nombres tales como ‘tribus urbanas’ porque además de usar un adjetivo que los vincula a lo arcaico, les reduce su capacidad de agencia”.
Los jóvenes condensan lo que una sociedad teme. Sobre ellos se practican permanentes “semánticas de bautizo” que también influyen en su subjetividad. Así las etiquetas se suceden y Reguillo las tiene identificadas en las últimas tres décadas: en los años ‘70 eran rebeldes sin causa o problemáticos revolucionarios, luego pasaron a ser hedonistas marihuaneros, después violentos e irresponsable, ahora también desimplicados que viven en las redes sociales”.
A Reguillo le fascina escucharlos y leerlos. Escuchar es un elemento clave. Por un lado, es la forma de entender el concierto de voces de lo real, pero también tiene una función de antídoto contra la pretensión de uniformidad del mundo. Y una cosa más:
—Cuando tu escuchas pones en el centro la voz de los protagonistas del día a día, también como portadores de memorias. Y eso es irremplazable.
Siguiendo esas premisas ha tomando como principal terreno etnográfico a las redes sociales. Ahí se está cocinando un nuevo frente de batalla y de habla colectiva vinculada a la red. En la firma personal —yo adhiero, yo comparto, yo firmo, etc.— Reguillo visualiza una nueva conquista del nombre propio.
—Con tu firma ya puedes hacer algo. No hace falta que estés en un colectivo de obreros o de lesbianas”. Pero también sitúa ahí una desjerarquización radical de la palabra que permite la mezcla de registros en el FBK de cualquier joven: un video de música, junto a una convocatoria y un artículo de periódico comentado por una amiga.
¿Qué impacto político tiene este modo de la palabra? Para Reguillo, vuelve a estos jóvenes participantes de causas más que de instituciones “y eso los vuelve súper rápidos, como se ve en el movimiento #yosoy132”. Reguillo, como la Sarita García con que bromeaba Monsiváis, los cuida pero también les advierte los peligros de marearse con la fiesta de la propia voz. Pero hay un peligro mayor: “Yo les digo que se pongan Colonia Siete Machos y mucho ajo contra los partidos de izquierda y de derecha que los ven como un botín electoral”.
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En 2009, en plena neurosis colectiva por la llamada epidemia de la gripe A (influenza), Reguillo llevó un diario-blog que fue muy leído y en el que experimentó con la exigencia de escribir cada día. Se llamó “Diario de la epidemia”. De sus jóvenes amigos blogueros dice haber aprendido lo fundamental: el timing. “Soy su discípula en ese registro”. Recién después de esa experiencia se animó a construirse una personalidad feisbukera que califica de exitosa.
—Al FBK le dedico mucho tiempo y diálogo con los nativos digitales. Hoy muchos chicos de los barrios y las villas tienen su blog o su FBK y entonces echan por tierra esa idea de que sólo hablan con ellos los periodistas que se creen Malinowski en las Islas del Pacífico por entrar a una villa.
De nuevo, hay un arte de hacer basado en la combinación. Un arte táctico. En FBK, dice, no puedes ser sólo erudito, o sólo fashion o sólo humorístico. Tienes que saber mezclar. Ahí está la clave.
—Para mí FBK es un dispositivo de investigación de una nueva habla política.
Con Twitter es un poco distinto. Todo rollo tiene que caber en 140 caracteres. Aunque evita las polémicas mantiene fluidos intercambios.
—Son registros que no tienen nada que ver con la idea moderna de control de la palabra.
¿Es periodista? ¿Es académica? ¿Es cronista? «Para mí lo anfibio es la perspectiva de la colaboración», sintetiza. No le interesa el periodismo militante «porque siempre ya sabe». Tampoco la academia que sólo se muerde la cola: «basa su autoridad en su propia autoridad».
—Yo me mezclo con el periodismo pero tengo ventajas: los plazos largos. Y como investigadora tengo la obligación de transparentar mi método para buscar su validación. Pero además hay algo más: el impacto indirecto de lo que hago a través de la docencia.
La contaminación de estilos está desde el principio. Su trabajo inicial –el libro Crónicas de la diversidad– fue un suerte de aguafuertes de personajes urbanos. Pero sin perder el horizonte del rigor. ¿Cómo trabaja Reguillo? Primero, acumula y acumula datos (blogs, ciertas bases de datos, revistas, etcétera). Luego sigue y confía en algunos actores clave, a ciertos cronistas e investigadores y finalmente, la parte más experimental, la cybernografía: esa vuelta de tuerca sobre el territorio virtual.
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Tiene dos hijos y un marido que es un conocido historietista político.
—Mis hijos vivieron conmigo la experiencia de escritura de las tres tesis que hice. Me acompañaban al barrio y a las reuniones de tatuadores. Nunca viví la maternidad como un impedimento de hacer cosas. Más bien lo contrario. ¡Claro que fue mucha chamba!
Reguillo tiene una rutina que disfruta muchísimo. Por empezar, los paseos con su nieta. Pero también sus escapadas a una casa en el mar, a unas pocas horas de Guadalajara. Además de trabajar y estudiar, medita en el agua.
—Para mí nadar es como una forma de la meditación. Mientras nado pienso y descanso, se me ocurren cosas.
No le gusta manejar en carreteras muy grandes: los espacios tan abierto le dan “sustillo”.
Está ahora mismo cerrando una investigación. Se llama Cuando morir no es suficiente:
—La situación límite de la violencia en México me llevó a los rituales de la muerte que practica el narco. A la sobredramatización de la muerte que hacen.
Aquí la ha inspirado mucho el libro de Adriana Cavarero llamado Horrorismo (2010) del que tomó una idea: se destruye primero para poder matar. Alrededor de estas cuestiones está pensando el funcionamiento de una “narcomachine” (lo dice con un tono tan mexicano que no parece una palabra en inglés). Dice no haber elegido esto.
—Son temas que se te imponen.
A pesar del frío, Rossana vuelve a fumar. Y después de una bocanada larga, dice:
La Municipalidad de Villa Regina informa que el jueves 4 se depositarán los haberes correspondientes al mes de febrero a los empleados municipales, los que estarán acreditados el viernes 5. Los haberes se liquidarán con un 6% de incremento que corresponde a la primera cuota de la propuesta salarial ofrecida por el Ejecutivo en el…
Un equipo del CONICET logró identificar una nueva especie que vivió hace unos 70 millones de años en el sur argentino. El hallazgo no solo completa un vacío científico, sino que revela cómo era la vida en el final de la era de los dinosaurios.
Por Alina C. Galifante para NLI
Reconstrucción del cráneo dePaleoteius por el técnico Santiago Miner.
En la inmensidad de la Patagonia, donde el viento parece arrastrar ecos de otro tiempo, un grupo de científicos argentinos acaba de reescribir una parte clave de la historia natural. A partir de restos fósiles dispersos y estudiados durante décadas, investigadores del CONICET lograron identificar una nueva especie de reptil prehistórico que habitó la región hace unos 70 millones de años, en el tramo final del período Cretácico.
Lo que durante años fueron piezas sueltas —huesos aislados, fragmentos de armadura, registros incompletos— hoy se convirtió en una historia coherente: la de un animal único que ayuda a entender cómo evolucionaban las especies en el extremo sur del planeta justo antes de la gran extinción.
Un rompecabezas armado con décadas de ciencia
El descubrimiento no fue producto de un hallazgo repentino, sino de algo mucho más profundo: la reinterpretación de material acumulado desde la década del ’80.
Los restos provenían de la zona de Salitral Moreno, en Río Negro, y habían sido recolectados por distintos equipos a lo largo de los años. Sin embargo, recién ahora, gracias a nuevas técnicas y comparaciones, los especialistas pudieron determinar que pertenecían a una especie completamente nueva.
Ese proceso revela algo clave sobre la ciencia: no siempre avanza con explosiones espectaculares, sino muchas veces con paciencia, revisión crítica y acumulación de conocimiento.
Un animal pequeño en un mundo de gigantes
La nueva especie —un reptil acorazado emparentado con los dinosaurios— presentaba una característica llamativa: su tamaño era inusualmente reducido.
Mientras otros animales similares alcanzaban entre cuatro y cinco metros de largo, este ejemplar medía apenas entre dos y tres metros. Ese dato no es menor. Para los investigadores, podría tratarse de un caso de “enanismo insular”, un fenómeno evolutivo que ocurre cuando los recursos son escasos y favorecen a individuos más pequeños.
En aquel entonces, gran parte de la Patagonia estaba fragmentada por brazos del mar, lo que generaba ecosistemas aislados, casi como islas, donde las especies debían adaptarse para sobrevivir.
En otras palabras, no era un animal “pequeño” por casualidad: era el resultado de un ambiente hostil que moldeaba la vida a su medida.
La Patagonia, un laboratorio del pasado
Este descubrimiento también confirma algo que la paleontología viene señalando hace años: la Patagonia no es solo un territorio rico en fósiles, sino un verdadero laboratorio natural para entender la evolución global.
Durante el Cretácico tardío, los continentes aún estaban conectados de formas diferentes a las actuales. Eso permitió intercambios biológicos entre el norte y el sur, con especies que migraban y se adaptaban a nuevos ambientes.
Así, animales que evolucionaron originalmente en el hemisferio norte terminaron llegando a Sudamérica, donde desarrollaron características propias. El nuevo reptil identificado es, precisamente, una pieza clave en ese rompecabezas biogeográfico.
Más que un fósil: una ventana a la extinción
El valor del hallazgo no se limita a sumar una especie nueva al catálogo científico. Lo verdaderamente relevante es que permite reconstruir cómo eran los ecosistemas poco antes del evento que cambió la historia del planeta: la extinción masiva que acabó con los dinosaurios.
Cada hueso, cada fragmento de armadura, cada detalle anatómico aporta información sobre cómo vivían, se alimentaban y sobrevivían estos animales en un mundo que estaba a punto de desaparecer.
En ese sentido, el descubrimiento funciona como una advertencia silenciosa: la vida en la Tierra siempre está en transformación, y las condiciones ambientales pueden redefinirla por completo.
Ciencia argentina en tiempos de ajuste
En un contexto donde la ciencia suele ser blanco de recortes y cuestionamientos, este tipo de hallazgos pone en evidencia algo difícil de negar: la investigación sostenida en el tiempo genera conocimiento estratégico, incluso décadas después de iniciado un trabajo.
El propio estudio demuestra que sin inversión constante, sin equipos formados y sin continuidad institucional, muchos de estos descubrimientos simplemente no existirían.
Porque lo que hoy aparece como un “nuevo reptil” no es solo un fósil: es el resultado de años de trabajo silencioso, muchas veces invisibilizado, pero fundamental para comprender nuestro lugar en la historia del planeta.
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Se viene la navidad y el fin de año y en esta fecha es más común aún el uso y abuso de la pirotecnia. Sin embargo, se puede celebrar con felicidad, música y sin ruidos molestos que perjudiquen a los demás. Ya a esta altura es sabido que las mascotas sufren, se asustan, se pierden…
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