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Rechazo de la comunidad científica universitaria de Río Negro a proyectos verdes corporativos

COMUNICADO DE LA COMUNIDAD CIENTÍFICA Y UNIVERSITARIA DE RIO NEGRO:

Conscientes de la catástrofe socio ambiental y energética que enfrenta la Humanidad, quienes formamos parte de la comunidad científica y universitaria de Río Negro, investigadoras, estudiantes, docentes y personal no docente, graduadas de las universidades nacionales e institutos terciarios de la provincia de Río Negro, reconocemos la urgente necesidad de una transición.

Pero no de cualquier transición, sino de una que apunte hacia un nuevo sistema que ponga en el centro la vida, la de los seres humanos y la del resto de los seres vivos con los que compartimos el planeta; una transición hacia un sistema que reconozca los límites biofísicos planetarios, es decir que sea sostenible ambiental y socialmente; un sistema despatriarcalizado que garantice la satisfacción de las necesidades humanas de todas, sin exclusión. Una transición hacia un sistema radicalmente distinto al actual.

Una transición tendrá lugar, lo queramos o no, debido al inexorable agotamiento de los recursos energéticos y materiales y al colapso de los sumideros naturales, es decir, de aquellos sistemas que, como los bosques o los océanos, capturan CO2 atmosférico, el principal gas de efecto invernadero. De lo que hagamos o no hagamos hoy depende el rumbo que tendrá esa transición.

Los poderes corporativos económicos nos proponen un rumbo, uno que tiene como objetivo conservar o ampliar sus negocios, en el mejor de los casos sustituyendo los combustibles fósiles por otra cosa. No porque les interese la ecología o la salud del planeta, sino porque no están dispuestos a perder poder. Frente a esta propuesta, los sectores populares debemos anteponer una transición que vaya más allá de un cambio en la matriz energética: una transición popular que apunte a una verdadera transformación ecosocial.

Bajo la perspectiva corporativa se inscriben los proyectos verdes que en los últimos tiempos se han lanzado desde los gobiernos provincial y nacional. En franca línea con los intereses de las grandes empresas embanderadas en la transición, sobre todo las energéticas, mineras y automotrices, estos proyectos abarcan desde la extracción de litio en los salares del altiplano y de otros metales fundamentales para la transición energética y las tecnologías digitales —como oro, plata y cobre—, hasta la instalación de megarepresas, grandes parques eólicos y solares, y la producción de hidrógeno verde.

Sobra decir que ninguno de esos proyectos aporta una real solución al problema. Es más: ni siquiera apuntan al corazón del problema, sino, en el mejor de los casos, a un aspecto importante pero parcial del mismo, el de las emisiones de CO2, sin abordar otras cuestiones ambientales como la degradación de los ecosistemas, la ocupación de los territorios y el desplazamiento compulsivo de poblaciones de comunidades originarias y rurales, la pérdida de diversidad biológica y cultural, la generación de residuos, ni hablar de las cuestiones sociales.

Teniendo en cuenta este contexto, vemos con gran preocupación la decisión del gobierno de Arabela Carreras de promover, con una urgencia inusitada (claramente no fundamentada en la grave crisis climática sino en la necesidad de no quedar afuera de un negocio), la producción de hidrógeno verde for export. El proyecto, en su versión alemana del Instituto Fraunhofer, o en su versión australiana de la minera multinacional Fortescue, apunta exclusivamente a llenar una futura demanda de hidrógeno de los países industrializados del Norte Global, particularmente de Gran Bretaña (versión australiana) y Alemania (versión alemana), con la esperanza de obtener una renta (muy incierta, por cuanto nuestro país ni siquiera cuenta aún con una ley de promoción del hidrógeno), sin que aporte absolutamente nada a las necesidades energéticas de nuestra población, con la repetida y extorsiva promesa de creación de puestos de trabajo.

Sin duda, la producción a gran escala de hidrógeno verde para exportación (se habla de más de dos millones de toneladas anuales) impactará negativamente sobre los territorios, ya que requiere la instalación de tres o cuatro parques eólicos, un número indeterminado de electrolizadores, plantas productoras de amoniaco, plantas desaladoras, etc., en áreas ambientalmente sensibles, como la meseta de Somuncura, las costas de los ríos Limay y Negro, o el Golfo San Matías. Asimismo, el proyecto afectará actividades productivas social y ambientalmente sustentables que ya se realizan en la provincia con mucho esfuerzo, como la pesca y ganadería artesanal o el turismo de naturaleza, a la vez que causará cambios impredecibles en los ecosistemas, fragmentado los hábitats, dañando irreversiblemente los ecosistemas marinos y humedales costeros, poniendo en riesgo las poblaciones de aves migratorias, etc.

Por lo anterior, las abajo firmantes rechazamos las falsas soluciones verdes de los gobiernos nacional y provincial, entre las cuales se inscribe el proyecto de producción de hidrógeno verde, tal como fue presentado, y de todos aquellos proyectos enmarcados en la transición energética que no apunten a la satisfacción de las necesidades de la población local.
Llamamos al gobierno provincial a no agravar los problemas, y convocamos urgentemente a toda la sociedad a pensar una transición ecosocial que vaya más allá de lo energético y que no tenga por objetivo principal hacer un negocio u obtener una renta.

La situación es muy grave como para perder el tiempo en proyectos neocolonialistas que, al dilatar la llegada de las verdaderas soluciones, disminuyen nuestras chances de sortear con alguna perspectiva de éxito la catástrofe socio ambiental que hoy tiene en jaque a toda la Humanidad.

Podés firmar ingresando a este enlace: https://docs.google.com/forms/d/1N4MspzANV-FG4X4h3hyKi2rAlq3PAIfy1Kqcj4EriUw/viewform?edit_requested=true

Primeras adhesiones:

Ianowski, Vanda (Universidad Nacional del Comahue); Salgado, Leonardo (Universidad Nacional de Río Negro/CONICET); Calendino, Alicia (Esc Sec Rionegrina 98); Cormeau, Françoise (Militante NO es NO contra megaminería metalífera en Chubut); Diaco, Pamela (UNRN y IFDC General Roca); Vallejos, Loana (UNRN); Urdampilleta, Constanza (Conicet); de Valais, Silvina (IIPG (UNRN-CONICET)); Zalazar, Jeremias Exequiel (Universidad Nacional del Comahue); Kischinovsky, Oriana Belen (Universidad Nacional del Comahue, Facultad de Medicina); Mastrocola, Yusara (FaTu UNCo); Aranzabal, Maite (Asamblea por el Agua y la Tierra Fiske Menuco); Canale, Nerina (Universidad Nacional de Río Negro); Salgado, Mariana (Conicet); Norval, Maria Esther (Movimiento Ecuménico por los Derechos); Pognante, Claudia (…); Brion, Laura (UNRN); Arriaga, María Laura (Egresada de la Universidad Nacional de Río Negro, actual alumna de la Universidad del Comahue); Pognante, Federico (…); Genco, Florencia (UNRN); Carreño, Tania Melissa (ESRN 116); Gavilán, Daniela Paola (ESRN N° 116); Álvarez, Micaela (Universidad Nacional de Río Negro); Zurriaguz, Virginia (IIPG-CONICET-UNRN); Álvarez Soria, Joaquín (Universidad Nacional de Río Negro); Borsani, María Eugenia (CEAPEDI Universidad Nacional del Comahue); Belardi, Fernanda (docente jubilada); Bertone, Gaglio Claudio Gustavo (…); Belmonte, Valeria (Universidad Nacional del Comahue); Barrionuevo, Andreína (Fadecs UNCO); Canale, Juan Ignacio (UNRN-Sede Alto Valle); Gutiérrez, Noemí Josefina (Facultad de Turismo. Universidad Nacional del Comahue); Guerrero, Leticia (Universidad Nacional del Comahue); Laría, Patricia Inés (Universidad Nacional del Comahue); Montes, Sarai (Universidad Nacional de Rio Negro); Escobar, Susana (Universidad Nacional de Río Negro); Carbajal, Mirta (Fundacion Inalafquen); Ruiz Sartor, Leroy Alejandro (Universidad Nacional de Río Negro); Proyecto D123 Cartografías de la construcción de lo común en territorios arrasados (Universidad Nacional del Comahue); Lemunao, Génesis (Universidad Nacional de Río Negro); Letourneau, Mariana (UNRN); Aligia, Armando (CAB-CNEA, CONICET); Didoné, Andrea (Isfd 6); Assef, Lilia Elizabeth (Fundación Inalafquen); Saccomanno, Matías Pablo (UNRN); Urzagasti, Torres Sofía (Universidad Nacional de Río Negro); Briones, Claudia (IIDyPCa (UNRN/CONICET)); Gotta, Claudia Andrea (UNIVERSIDAD Nacional de Rosario/Asamblea Permanente por los Derechos Humanos); Muci, Luciana (Universidad Nacional de Río Negro); Montiel, Gimena Damiana (Universidad Nacional de Río Negro); Maldonado, Sol (Graduada Universidad Nacional de Río Negro); Elisio, Santiago (UNRN); Verdecchia, Luz Marina (…); Manqui, Lidia Lorena (UNRN); Guras, Graciela (UBA); Mujica, Gerardo (Fadecs Unco); Juárez, Sandra (Universidad Nacional del Comahue); Garay, Sandra (IFDC Luis Beltrán); Ortiz, Myriam (UNRN); Pérez Pertino, Pedro (jubilado docente); Zanon, Victoria (Universidad Nacional de Río Negro); Chiauzzi, María Elena (Graduada de la Fatu UNCO); Parra, Magali (…); Penas, Ema Paula (Universidad Nacional del Comahue); Brandt, Natalia Vanesa (Universidad Nacional de Río Negro); Portal, Mariano (FICH – UNL); Mut, Paula (UNRN); López, Aldana (UNRN); Rave, Eva (UNRN); Guaragna, Cecilia (IUPA); Montes, Romina Marisel (Universidad Nacional de Río Negro); Benzadon, Adriana (Escuela de Cocineros Patagonicos); Belenguer, Celeste (UNRN); Recio, Silvia (Asamblea Socioambiental de San Martin de los Andes); González, Patricia María (Fundación Inalafquen); Yanquinao, Federico Ezequiel (Universidad Nacional de Río Negro); Martin Salinas, Ernesto (…); Navarro, Mónica (Universidad Nacional de Río Negro); Murriello, Sandra (UNRN); Pereyra, Mariela Adriana (IFDC Roca); de Groot, Grecia Stefanía (INIBIOMA (Unco-CONICET)); Vercellino, Soledad (UNRN-UNComa); Álvaro, María Belén (UnCo); Bertone Gaglio, Claudio Gustavo (…); Martin, Paola (Universidad Nacional de Río Negro); König, Natalia (UNRN); Sabesinsky Laura (PS); Tealdi, Juan José (Partido Socialista); Cabrera, Federico (…); Proschle, Edith (…); Álvarez, María del Lujan (Universidad Nacional de Río Negro); Franco, Cristian Tomás (Universidad Nacional de Río Negro); Banegas, Ivana (UNRN); Garramuño Fernanda Camila (Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional del Comahue); Salcedo, Ma. Cecilia (I.F.D.C. SAO); Sewald, Ignacio Andrés (EP12 Ingeniero Huergo); RIERA María Luz (Facultad de Ciencias Médicas); Gatica Josefina (Universidad Nacional del Comahue); Valentina Stella (IIDyPCa/UNRN/CONICET); Littau, Nazarena (Universidad Nacional del Comahue); Maristella Svampa (CONICET-UNLP); Labrune Albertina Noemi (…); Paula Ciavatta (…); Verónica Trpin (IPEHCS-CONICET-UNCo); Maffei, Laura (UNRN); Márquez María Elisa (…); Quilodran, Federico (…); Laurente, María José (Universidad Nacional del Comahue); Equipo investigación «Prácticas, experiencias y propuestas educativas desplegadas en la trama de los conflictos socioecoterritoriales frente al extractivismo» (UNCo); Paniceres, Pablo José (…); Albrecht, Patricio Paniceres (…); Carollo, Verónica (IFDC El Bolsón); Olea, Patricia (Universidad Nacional del Comahue); García, Ana Clara (CURZA – UNComa); Márquez Depaoli, Agustina (Universidad Nacional de Río Negro); Vommaro, María Fernanda (Universidad Nacional de Río Negro); Fiordelli, Emilse (…); Campos Adriana (UNRN); Azocar, Marcela (Universidad Nacional de Río Negro); De León, Ana Laura (ISFD 6 NEUQUÉN- UFLO SEDE COMAHUE); Molinari, Facundo (Egresado UNRN); Gaglio, Elizabeth (peluquera); Bertone, Claudio Edgardo (Monotributo); Cid, Lorena (IUPA); Balmaceda, Roberto (UNCo); Bertone, Florencia (…); Zalazar, Diego (Universidad Nacional de Río Negro); Carracedo, Gabriel Damián (Universidad Nacional de Río Negro); Bay Gavuzzo, Alhue (IIDyPCa – UNRN); Conejeros, Ana María (…); Malena Rodríguez (Universidad Nacional de Río Negro); Ignacio Alejandro Cerda (Universidad Nacional de Río Negro); Roberts, Sandra Ivett (Ifdc Roca); López, Álvaro Vicente (UNRN); Chlup, María Victoria (Casa de la Cultura, Universidad Nacional de Río Negro); Acosta Bernal, Álvaro Giovanni (Universidad Nacional de Río Negro); Riffo, Lorena (Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Unco.)

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    Cuando un acontecimiento conmueve a una sociedad, se buscan respuestas para  estabilizarla y así contener el temor que provoca la angustia. Dependiendo de qué acontecimiento se trate, la respuesta puede demorar más o menos. Cuánto más rápido llegue, menos posibilidades de abrir el espacio para la interrogación y el despliegue de las aristas de aquello que causa escozor.

    En cuestiones de seguridad ciudadana los discursos que clausuran aparecen de inmediato: “la justicia es una puerta giratoria”, las “penas son blandas”, hay que “meter bala”. En casos de corrupción, se instala el “son todos chorros”, los “políticos son todos iguales” o “más de lo mismo”. Y así podríamos seguir casi hasta el infinito. 

    En el caso del tiroteo en una escuela de la localidad santafesina de San Cristóbal, esto sucede de forma muy fallida. Los argumentos que están más a la mano parecen no bastar. Algo de la materialidad de los hechos ofrece algunas pistas: hay un adolescente muerto y otros heridos. Hay familias para las cuales este evento marca un antes y un después en sus trayectorias vitales. Hay una escuela a la que se le exigen respuestas de manera incondicionada. Hay una comunidad que aún no sabe del todo qué habrá de duelar. Hay una brecha generacional que la aceleración tecnológica —pero no sólo— vuelve muy difícil saldar. Hay un aire familiar entre el chico que dispara en una escuela y un espejo en el que hoy muchos no quisieran verse reflejados, pero que es el norte de quien gobierna este país: Estados Unidos. 

    Entre las estrategias más comunes para explicar situaciones que provocan malestar está la imputación de “culpas” y la identificación de “culpables”. El repertorio puede ser heterogéneo pero el efecto es similar: quedarse “a salvo” de las implicancias que trae el hecho. 

    La culpa es del chico. “Un adolescente típico”. A pesar de las declaraciones de distintos docentes y personas cercanas al estudiante, algunos medios insistieron en encontrar signos que permitan psicopatologizarlo. La patologización del sujeto es un recurso útil para acallar todas aquellas conductas que ponen en escena un malestar producido por la propia sociedad. Se patologiza aquel comportamiento que pone en riesgo la actitud “esperada” por una sociedad como la nuestra, que tiende a normalizar sus propios efectos “iatrogénicos”. Entre los signos que permiten esa patologización se encuentran los cortes autoinflingidos en los brazos, una práctica recurrente en adolescentes, que bien podría conducir el debate público -como sí realizaron algunos expertos- hacia la cuestión de la salud mental como derecho humano. Más aún la cuestión de la salud mental como hecho social y político, como modo de tramitar o gestionar el sufrimiento psíquico que produce la sociedad en la que vivimos.

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    La culpa es de los compañeros. Antes de dirigir la mirada a la institución Escuela se posa la vista sobre los “malos compañeros”. Ahora otros adolescentes serían los responsables de inducir la conducta violenta por medio de las formas de “hostigamiento” que, si bien siempre existieron -se afirma- ahora habrían escalado. Lo que en estos casos queda sin interrogar es ¿qué marcas sociales, qué índices sociohistóricos hacen posible aún hoy esas modalidades del desprecio y agresión entre pares? ¿Qué nos dicen acerca de las modalidades contemporáneas del lazo social esos modos de forjar comunidad en la agresión hacia otros? ¿En dónde se gestan esas prácticas? ¿Qué tipo de identidad se afirma en y con ellas? ¿Cuáles son los espacios propicios para desactivarlas? 

    La culpa es de las redes sociales. Se razona con alguna veracidad que son las redes sociales los catalizadores de la comunidad de castigo que, conducidas por el algoritmo, convierten a los adolescentes en autómatas de la violencia. Si bien hay mucho de cierto, eso sólo no alcanza. Las RRSS son el epifenómeno de una constelación de transformaciones sociales que debemos interrogar con más detenimiento. ¿Qué explica e implica que sea allí donde los adolescentes pasan la mayor parte de su tiempo? ¿Qué formas del lazo social se producen allí? ¿Qué voces predominan? ¿Quién establece las reglas? ¿Quién acumula en virtud de ellas?

    La culpa es de la Escuela. Quizás lo más fácil sea responsabilizar a una de las instituciones más esenciales pero también más vapuleadas de la sociedad: la Escuela. Ella sería la principal responsable de no prestar atención al individuo, cuando debe formar al ciudadano. Ella no sabría distinguir hostigamiento de bullying. Ella debería saber sobreponerse a todo lo que atenta contra ella misma para actuar como “debe hacerlo”. Como si la Escuela no formase parte de la sociedad que la acoge (y ataca); como si contara con todos los recursos presupuestarios, pedagógicos y humanos para estar a la altura de los desafíos del presente. Como si ella sola y por sí misma pudiera y debiera ser el reservorio moral de una sociedad dañada.  

    La culpa es del Gobierno. Cuando la culpa no es de la Escuela es de quienes la dejan sin presupuesto y enseña con el ejemplo a deshumanizar, a denigrar, a ningunear, a violentar a sus adversarios. Esto es cierto y no. Lo es en cuanto a  que desde hace años la Escuela está siendo asfixiada presupuestariamente, desprestigiada y deslegitimada para poder justificar esa asfixia. Pero aún así y a pesar de todo, es en las escuelas donde se produce aún ese milagro de aprender a leer, a escribir; a respetar los tiempos de los otros, a tratar a esos otros como un igual; a poner límites a los improperios, a los atropellos, al incumplimiento de las reglas y el derecho que se practica en la cúspide del poder.

    La culpa es de la comunidad. Una población pequeña que debería funcionar con la lógica propia de las comunidades, vincularse a través del sentimiento y no del interés, de la afectividad y no del cálculo, del cuidado de otros y no del desprecio, que debería ocultar las armas que usan para cazar y no dejarlas al alcance de adolescentes. Pero se olvida que esas comunidades de pequeña escala están sometidas a los mismos imperativos de las grandes urbes. Más aún, quizás en ellas y en virtud de esos mismos rasgos, los mandatos se sientan con mayor fuerza, el peso de la mirada del otro sea más incisivo, el desgaste, el agobio, el desamparo que hoy nos gobierna, se experimente de manera más intensa. ¿Qué redes de contención comunitarias podemos reforzar para evitar o amortiguar los golpes? ¿Cuáles salidas aún propicia esa pequeña escala? ¿Cuáles ya están para siempre perdidas?

    Si todavía quisiéramos encontrar más culpables, podemos señalar a ese gran Otro: el capitalismo neoliberal, que reorganiza -como dice Vladimir Saflatle- las formas del deseo, del lenguaje y del trabajo. Y nos impone, sin que muchas veces lo percibamos, desear determinadas cosas, hablar de determinado modo y trabajar bajo ciertos regímenes. Esa trama compleja está cargada de anhelos que, lejos de emanciparnos, nos atan a bienes (espirituales o materiales) que sólo nos colman de maneras efímeras. Nos hace hablar no sólo excluyendo con violencias otros lenguajes que podrían proveernos de formas de valoración heterogéneas, sino violentando todo aquello que desborde la lógica de la identidad y la identificación. Nos somete a modalidades de trabajo opresivas que, una vez normalizada la crisis, se tornan cada vez más competitivas, obligándonos a multiplicar esfuerzos hasta niveles insoportables por temor a quedar fuera del sistema. 

    Estas formas de enajenación, de violencia y expoliación sólo pueden ser gestionadas a costa de altas dosis de sufrimientos psíquico-sociales. Algunas veces esos sufrimientos se condensan en hechos que interrumpen nuestra cotidianidad a la manera en que un lapsus se cuela en la corriente continua de la conciencia, invitándonos a ir más allá de lo que creemos saber. Tener una escucha atenta como sociedad es lo menos que podemos hacer cuando estamos ante él.

    La entrada Y nosotros, a salvo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Karina le vació a Santiago Caputo el lanzamiento del FBI argentino

     

    La interna en el corazón del gobierno vuelve a levantar temperatura. La escena es imposible de disimular. El Gobierno inauguró su «FBI argentino» sin Seguridad ni Defensa. Detrás de esa postal está la mano de Karina Milei y un golpe directo al armado de Santiago Caputo.

    La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) inauguró este jueves el Centro Nacional de Antiterrorismo (CNA) junto al FBI. El evento contó con la presencia del embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas. La misión oficial del nuevo organismo es intercambiar información e inteligencia en materia de terrorismo y reforzar la cooperación bilateral.

    Pero la foto tuvo un vacío difícil de explicar. No estuvieron la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, ni el ministro de Defensa, Carlos Presti. Y eso pese a que el CNA estará integrado por áreas clave de ambos ministerios, además de la SIDE, la Unidad de Información Financiera, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), Migraciones, Cancillería y Justicia, entre otras dependencias estratégicas del Estado.

    Entre caníbales

    La ausencia no fue casual. «Karina le ordenó a Monteoliva y Presti que no fueran», confirmó a LPO una fuente del gobierno. La decisión dejó al descubierto una jugada interna que excede las peleas de las redes sociales y apunta al control del sistema de inteligencia, un terreno donde se juega poder real.

    Santiago Caputo ya hizo saber que si pierde el control del organismo, se va. Para el asesor, la estructura de inteligencia es mucho más que un área técnica: es el canal directo con Washington.

    El breve armisticio posterior al escándalo de Manuel Adorni y la tensión en el Poder Judicial duró poco. La disputa volvió a escalar con rapidez. El lanzamiento del CNA, que buscaba mostrar coordinación institucional, terminó exhibiendo lo contrario: un Gobierno fragmentado en áreas sensibles.

    En ese tablero, la SIDE es una pieza central. Santiago Caputo ya hizo saber que si pierde el control del organismo, se va. Para el asesor, la estructura de inteligencia es mucho más que un área técnica: es el canal directo con Washington y un activo clave en la relación estratégica con Estados Unidos.

    Esa relación tuvo gestos concretos. En medio de la escalada bélica con Irán, el director de la CIA, John Ratcliffe, recibió en Langley al titular de la SIDE Cristian Auguadra. El encuentro fue interpretado como un respaldo explícito al trabajo de la agencia de inteligencia local bajo la órbita de Caputo en materia antiterrorista y operaciones conjuntas.

    La fractura también se filtró en la superficie política. La guerra en redes entre Lilia Lemoine y Daniel Parisini, conocido como el Gordo Dan, de esta semana escaló a un nivel de confrontación pública que antes de evitaba.

     

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