El Registro Civil de Río Negro cumple con guardias mínimas para cubrir servicios esenciales en todas las delegaciones de la provincia, en el marco del aislamiento preventivo, social y obligatorio dispuesto por Nación por la pandemia de COVID-19.
Si bien hay algunas limitaciones, en general la tarea del organismo no se detuvo. Desde que comenzó la cuarentena, a través de sistema de Gestión de Documentación Electrónica se generaron 1.554 documentos oficiales, 222 actas de registro y 37 resoluciones con firma digital, como expedientes de adición de apellido, rectificación y actualización de datos en actas, entre otras cosas.
Además, se contestan todas las consultas que ingresan a través de la Oficina Digital, disponible en los sitios rionegro.gov.ar/oficinadigital o registrocivil.rionegro.gov.ar. En cada caso, existen formularios para que el ciudadano haga sus consultas.
La implementación del sistema de Expediente Electrónico en el Registro Civil permitió que el personal trabaje en modalidad home-office o teletrabajo, sin moverse de sus casas. Esto permite avanzar en la gestión de los expedientes con los cuales se tramitan solicitudes de la ciudadanía y que no se resienta el trabajo.
El objetivo principal sigue siendo el resguardo del personal y de la ciudadanía, brindando soluciones ante la urgencia y las necesidades esenciales prevista en el Decreto que dispuso el aislamiento.
El Indec arrojó este martes un salto al 3,4% de inflación y el gobierno sintió el mazazo, pese a que Luis Caputo abrió el paraguas advirtiendo que el número estaría por encima de 3 puntos. Desde la convención de la AmCham, Javier Milei reconoció que «el dato es malo». Para colmo, el alza de precios se produce mientras la Casa Rosada prepara carpetazos contra los diputados opositores para que Manuel Adorni les tire en el Congreso. La fallida mediación de Mahiques con el fiscal que investiga al jefe de Gabinete y la bronca de Lijo.
A continuación, la transcripción del Podcast de LPO.
Ignacio Fidanza: Martes 14 de abril. La inflación marcó 3.4. Superando hasta los pronósticos más pesimistas. Esto es A Sangre Fría. Y acá estamos con Pablo Dipierri y Luciana Glezer. Porque el amigo (Javier) Laquidara fue papá.
Luciana Glezer: De Francisco. Francisco Laquidara.
Fidanza: Así que se toma un mes. Encima, traidor.
Pablo Dipierri: ¿Juntó vacaciones con licencia?
Fidanza: Sí, sí.
Glezer: ¿Fue un reclamo patronal? Se vuelve un reclamo patronal.
Fidanza: O sea, no, es una traición. No por lo de patrón. Va por la traición. Acá estamos en la trinchera. Vos estuviste, Luciana, en el momento que se conoce este índice 3,4. Qupone picante, digamos, al promedio de la inflación de Toto Caputo. O sea, estar navegando arriba del tres no es joda. ¿Con semejante ajuste, cómo? Si hacemos un pequeño ejercicio comparativo de las inflaciones de los últimos tres ministros. ¿Cómo estamos?
Glezer: Sergio Massa, ministro de Economía del gobierno anterior, tuvo una inflación promedio del 7,4% mensual. Esto, considerando la acumulada dividido por los meses de gestión, no por los meses que estuvo cada uno. Martín Guzmán 5,1% mensual y Axel Kicillof 1,9%, tomando lo que era el IPC Congreso, no el del IPC de Guillermo Moreno.
Fidanza: El último año de Kicillof.
Glezer: El último año.
Fidanza: Del 23%. Yo creo que hoy me acuerdo de los carteles de Patricia Bullrich, ofuscada que la inflación marcaba 1,5, 1,9. Yo creo que hoy Caputo te corta un brazo por ese número.
Glezer: Hay que entender también que no hay ningún indicio ni ningún factor, ningún elemento determinante que pueda contener este indicador que viene presionado al alza. Ya es el 10º mes consecutivo de inflación a la suba y que se espera para abril un índice incluso mayor. Digo, por los precios atados a las cotizaciones internacionales, por la volatilidad que hay en el frente.
Fidanza: No le crees lo que dijo Caputo ayer en Rosario, que volvió va una vez por semana a la Bolsa de Rosario y dijo que en abril baja.
Glezer: Y lo mismo dijo hoy en Amcham que a partir de abril se retornaba al sendero de desinflación.
Fidanza: Pero no explica por qué.
Glezer: Él explica que todavía hay un rezago monetario, producto de lo que fue la corrida electoral, no en el marco de las elecciones legislativas. Todavía habla de ese rezago monetario, circunscribiendo la explicación de la inflación como fenómeno monetario. No insiste este Gobierno con que la inflación es un fenómeno monetario. Cuando la inflación hoy está mostrando signos a escala global. Digo, fue pésimo el dato. En Estados Unidos hay una preocupación a nivel mundo por la escalada de los precios, justamente por el barril de petróleo estacionado en la zona de los 100 $.
Fidanza: Y hoy hablaba con Vanoli y otros economistas y le preguntaba cuánto hubiera marcado la inflación si se aplicaba el índice nuevo que pondera de una manera más realista el peso de los servicios públicos. Y me decían 4.1. O sea que ahí te explica por qué la gente percibe una inflación mucho más alta, porque es mucho más alta y 4.1 es un montón. Y si miramos el acumulado de Caputo desde que es ministro, ¿cuánto te da el promedio?
Glezer: 11% mensual, considerando ese brutal salto post devaluación, ¿no? Cuando el tipo de cambio corrigió un 118% en diciembre del 2023, una decisión tomada por este gobierno que empujó…
Fidanza: En promedio, hoy a Caputo le da arriba de todos los ministros anteriores. Pero él te va a decir bueno, pero yo atajé la bomba que me dejó Massa con un 100. Cuánto es… 130 y pico mensual…
Glezer: Anualizado.
Fidanza: Sí. Milei lo extrapola y dice que eso terminaba en 13.000. Hay que ver con esa misma cuenta cuánto… dónde termina 3,4, porque Massa termina en 12.
Glezer: Más allá de cuál sea el número, porque en términos nominales bien decías vos, no el ponderado… Cómo se define el ponderado y cuánto te mueve ese indicador y cómo pesa hoy en relación a los ingresos, el componente servicios o servicios de los cuales los regulados estamos hablando. Básicamente electricidad y de gas… están atados también a la evolución del dólar y a la cotización internacional de los bienes energéticos. Lo estamos dando en invierno, donde la importación de GNL va a determinar el precio del mega.
Fidanza: Bueno, lo contaste, ¿eh? El precio del GNL se duplicó respecto al año pasado. Van a gastar 1200 palos verdes de piso en importar combustible, ¿eh? Que dicho sea de paso, podrían haber terminado y le sobraba plata a la hora de reversión del gasoducto Norte y nos ahorraba incluso.
Glezer: El segundo tramo del gasoducto Néstor Kirchner, rebautizado Perito Moreno, que también es otra obra complementaria que cotiza alrededor de los 700 millones de dólares a la capacidad. De ahí paga.
Fidanza: Ahí vos tenés una de las fallas mentales más graves de Milei y de Toto Caputo, que es esta idea que Toto Caputo anunció en el día 1, en su primer discurso. No me olvido más, como ministro, donde dice «obra pública es corrupción», o sea, lo resignifica. No es que hay corrupción en la obra pública. La obra pública es igual a corrupción, entonces no tiene que haber obra pública y eso tiene un costo terrible en vidas, en las rutas y en decisiones económicas hasta poco, digamos, eficientes.
Glezer: Y choca contra el principal reclamo que tienen quienes lo apoyan. No estamos hablando de los grandes jugadores del sector energético, por ejemplo, que están hablando de la falta de infraestructura para la llegada de inversiones, condicionando esa infraestructura y lo que quedó muy expuesto en un intercambio entre quizás el empresario del sector minero más importante a nivel nacional, que es José Luis Manzano, en un intercambio con el CEO global de Mac Owen, que es la minera estadounidense, diciendo que no hay quien desembolse tamaño capital pensado a largo plazo, como es el costo de la infraestructura, dadas las condiciones financieras que tiene la Argentina. No digo quién financia estas obras de infraestructura, que siempre están apalancadas.
Fidanza: Manzano dice en ese video «Infraestructura, infraestructura», crece el reclamo. O sea, finalmente los empresarios están diciendo «che, yo tengo una minera en San Juan, no tengo la ruta, cómo hago, no tengo la línea de alta tensión, cómo hago». Empieza, digamos, los puertos. Empieza, digamos, a tomarse conciencia que este verso, porque es un verso de Milei y Caputo, de que van a venir los empresarios privados a hacer la obra pública no ocurre en la realidad. Pasó lo mismo con Macri, con el famoso PPP. Es que se pasaron medio mandato hablando del PPP con Dietrich, el chanta de Dietrich. Ahora vienen, ahora esto es buenísimo. Las empresas yankis, coreanas… ni una vino y el costo financiero. Esto es lo que no cuentan, el costo financiero… de un negocio de financiero. El costo financiero duplicaba el costo de la obra, se le disparó el dólar. Chau, Se terminó el PPP.
Glezer: Exactamente. Y Caputo hoy acude a la misma respuesta. Digo, planteando el problema de la infraestructura en todos los paneles del encuentro de la Amcham, ¿no? La Cámara de Empresarios Estadounidenses. Bueno, contó que está avanzando en esto de la privatizaciones de las rutas. Lo cierto es que una vez más, de cuando uno ve las licitaciones y las últimas licitaciones no aparecen jugadores internacionales poniendo o invirtiendo en capital. Digo, los movimientos que vemos en Vaca Muerta e incluso en la privatización de Transener. Es todo jugadores locales y los jugadores locales no tienen la espalda financiera para las obras de infraestructura y de logística que requiere este modelo extractivista. Poder capitalizar ese el recurso.
Fidanza: Modelo extractivista es como medio… muy zurdo. ¿No?
Glezer: Es que no. Lo usa la literatura ortodoxa, lo reconoce la literatura ortodoxa, digo, es un modelo que está basado en las materias primas y esas materias.
Fidanza: El récord mundial de unicornios latinoamericanos.
Glezer: En alguno de los grandes autores de la ortodoxia económica. Hablando en modelo extractivista, porque lo reivindican positivamente. La verdad que los prejuicios.
Fidanza: Te digo algo, te digo algo, es hablar de prejuicios, el prejuicio contra el Estado. La única ruta que licita, que es la del Mercosur, la que va por Entre Ríos, que está recontra detonada y se muere lamentablemente un montón de gente. Finalmente el financiamiento lo tuvieron que sacar un crédito del BICE estatal para la constructora, no hubo financiamiento de nadie, ni de la propia constructora ni de afuera. Y ahí quedó. Ahora vos me decías que esta mañana en en AmCham había expectativa respecto a un una decisión importante del Gobierno.
Glezer: Dos demandas muy claras de los empresarios o de los que mueven el amperímetro. Dicen logística y el cepo, el cepo a las empresas. ¿Cuál es la expectativa a que ingresen fuerte los dólares de la cosecha? Una cosecha que en términos de cosecha es récord. Pero hay que ver si eso se traduce en liquidación. Pero apuestan a eso. A una traducción en la liquidación que le permita al Gobierno en este período de tiempo habilitar, abrir el cepo a las empresas, que es el torniquete que todavía sigue vigente.
Fidanza: Ahora, eso es interesante, ¿no? Porque vos publicaste, y yo te creo, que los productores no quieren liquidar porque el dólar no solo está bajo sino que sigue bajando y además quieren que les saquen las retenciones, como lo hicieron el año pasado.
Glezer: Y hoy el secretario de Agricultura dijo que van a eliminar las retenciones al final del mandato de Milei. Sergio Iraeta, secretario de Agricultura.
Fidanza: Que es peor de lo que yo creía. O sea, te cuento un mandato que todavía no ganó y te dicen el segundo, es como que es una locura.
Glezer: Le pregunté a jugadores del sector qué pensaban de lo que estaba planteando el secretario…
Fidanza: Es como si te invito a pasear en el próximo auto que voy a comprarme. Digamos, que no tengo. O sea, todavía no tenes un mandato, y te dice al final del segundo mandato vamos a eliminar las retenciones. O sea, más de pelotudos no los pueden tomar. Es extraordinario. Nadie se quejó.
Glezer: Le pregunté. Le pregunté a jugadores importantes del complejo agroexportador y la respuesta fue: «Ah, quiere que lo echen. Claro, está pidiendo que lo echen porque según ellos están en negociaciones para tener algún tipo de premio por la liquidación, porque como bien vemos, digo, y acá es matemática simple. Si el dólar está en el subsuelo, en el tipo de cambio real, multilateral, que es el que mide, no digo comparado con tus países vecinos, un dólar que está por debajo de los 1.400 $, que está bajo y más bajo aún comparado con una inflación que vuela al 3,4%. El dólar ese es bajo. Eso se combina con precios internacionales que tienen una volatilidad muy importante en el marco del conflicto bélico. Todas las materias primas, incluso los granos y el costo de los fertilizantes. Porque también en este valor de soja que hay que vender hay que contemplar cuál es el costo de la nueva siembra y el costo de la nueva siembra viene determinado justamente por los nuevos precios, con lo cual ahí en la matemática, a este dólar no le cierra y hay una mesa de negociación, un diálogo abierto para conseguir algún premio por esa liquidación. Si va a aparecer ese premio, ¿cuál va a ser ese premio? Por el lado de las retenciones, bajar las retenciones en este contexto de caída brutal de la recaudación casi sin margen. Bueno, tampoco cierra el Excel.
Fidanza: Mira, ahí en Amcham dijo que había que hacer un nuevo pacto fiscal, que el gobierno baje retenciones, impuesto al cheque y las provincias bajen Ingresos Brutos y los municipios, tasas. En la reunión de los intendentes de capitales provinciales que ocurrió en Paraná hace dos semanas, había muchos analistas y después en la cena les cae Frigerio, quedaron todos muy bien impresionados con Frigerio, porque es algo que a los políticos les gusta, que en la intimidad dice todo lo contrario de lo que dice en público. O sea en público es libertario. Y ahí les dijo ustedes, cuando les pida el Gobierno o Caputo que bajen las tasas, no las bajen, díganle primero vos bajá impuesto al cheque, retenciones. Ahora la situación, digamos, de las provincias es crítica. Ahí contó que hay un dato que se repite en muchas provincias, que el 95% de sus recursos está afectado a pago de sueldos. O sea, el tipo no puede pintar un jardín de infantes, ¿eh? Y eso se traduce lo mismo en Tucumán, en un montón de provincias de la Patagonia… Entonces, por qué te digo esto. Porque lo que vos decís de límite del ajuste ya llegó, ya lo pasaron hace rato, digamos, cuando vos cortás los remedios de Plan remediar, te pasaste varios pueblos ya del ajuste, ¿eh? Entonces, realmente para mí la madre de todas las batallas va a seguir con el campo, cuando le digan liquidame con este dólar bajo y con estas retenciones y el campo haga su cuenta y le diga no.
Glezer: El que pueda guardar los granos en estas condiciones lo va a hacer. En estas condiciones, de no mediar algún tipo de premio o un incentivo, lo va a retener. Digo, porque yo quien tenga un dólar hoy y pudiese guardarlo no lo va a vender a 1.395 $ y hay que pensarlo en esos términos Si cualquiera de nosotros tuviese dólares y pudiese guardarlos, claramente que los va a guardar y no vender a menos de 1.400 $.
Fidanza: Uno de los temas que viene es la decisión de Adorni de finalmente dar su informe en la Cámara de Diputados. Nosotros esto lo anticipamos. Esto revela una decisión del gobierno de Karina y de Milei plegándose a respaldarlo. Y yo no sé si es la última oportunidad que le dan o qué, pero bueno, por lo menos han decidido que hasta el 29 próximo lo bancan y que vaya a Diputados Y haga su show a ver cómo le va, ¿eh? ¿Qué sabes de esto, Pablo? ¿Cómo viene?
Dipierri: Bueno, en realidad dio un anticipo ayer Martín Menem respecto de la idea de show, cuando dijo en el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires que compren pochoclos porque se iba a poner picante. Lo que hoy nos enteramos a raíz de fuentes del Congreso es que el Gobierno está peinando las declaraciones juradas de los diputados opositores para tirarles carpetazos, principalmente a diputados como Máximo Kirchner y Juan Grabois, pero también a dirigentes como Sergio Massa. Espera el Gobierno que teniendo esa munición pueda contestar a lo que le pregunten los diputados más encarnizados desde la oposición. Todo esto, siempre y cuando en el plano judicial no aparezcan nuevos hallazgos o…
Fidanza: Esta estrategia de carpeta… Y hay que decir que el Gobierno tiene la AFIP, donde hay secreto fiscal. Pero bueno, tal vez se tientan y miran un poquito ahí. Pero hubo un diputado que sufrió un carpetazo, ¿no?
Dipierri: El sábado por la noche en un portal de noticias. Lo que hicieron fue justamente publicar datos del diputado Esteban Paulón, un socialista santafesino, respecto de dos propiedades. Una propiedad en su provincia natal, que supuestamente la tenían registrada como de 320 metros cuadrados por alrededor de dólares 20.000, y otra propiedad, un departamento en Capital Federal, por el cual habría pagado 9 millones de pesos. Rarísimo todo. Lo que contestó Paulón es que la propiedad de Santa Fe estaba publicada por su valuación fiscal, que la valuación fiscal de Santa Fe no se actualiza desde 1996 y que ese departamento fue adquirido en 2018, antes que ingresara a la función pública. Y respecto del departamento porteño, es una herencia de la familia y solo le tuvo que comprar la parte a su hermano, que vive en España. Pero sí, efectivamente se armaron carpetas a un diputado.
Fidanza: Cuando yo pregunté y me contaron que la idea es aguantarlo hasta la exposición en Diputados, me explicaban que tiene como dos elementos. Uno es este, el show, a ver si logran que Adorni pueda volver a ser aquel Adorni mordaz que le contestaba a los periodistas y demás, ¿eh? Con los diputados, si logra montar un show de ese tipo. Y el otro punto, que me parece que es el más delicado, es que dé explicaciones consistentes sobre todas las inconsistencias de su patrimonio. Él sigue sin presentar la declaración jurada públicamente. O sea, él hasta ahora no dio ninguna explicación de la viejita de la azotea, viejita del viaje, del coso, de cómo paga toda esa propiedad, de cómo la compró con un sueldo de tres, cuatro o 5 millones, ¿eh? Si suma todas las expensas no le alcanza.
Dipierri: Hasta ahora, dijo que las explicaciones se las va a dar a la justicia.
Fidanza: Exacto.
Dipierri: Bien, pero lo que me decían hoy y que tiene que ver con esto de mandar a Adorni al Congreso a bancarlo, supuestamente, es que de Karina para abajo nadie está pensando en Javier Milei. Milei, que como dijo Oscar Zago ya lo habría echado si fuese por él, está solo y sin poder tomar decisiones. Nadie piensa en él.
Fidanza: El primero que no piensa en Milei, es Milei. O sea, claro, porque el que se tiró arriba de la granada es él. Y esto hace que algunos, pocos funcionarios sensatos que quedan en el gobierno, digan «che, acá hay un protocolo que hay que cambiar». Porque el problema es el siguiente… le tocan a Milei uno cercano. Milei se enfurece, lo banca a fondo y empieza a putear. Periodistas, políticos. ¿Entonces qué hace? Sube mucho la apuesta en la defensa. Y después, cuando el funcionario es impresentable, como en este caso, ya el problema es que si Milei cede, pierden autoridad el presidente y su hermana. Entonces estos funcionarios con los que yo hablé decían que hay que cambiar. Decile a Javier «che, no te juegues tanto, no subas, o sea, no subas tanto el costo político de entrega de un funcionario. Vos sos presidente, defendé un poquito. Y fíjate».
Dipierri: Hay un dato que no sé si el gobierno tomó muy en cuenta y, tal vez, si lo hubiera tomado no estarían canchereando de esta manera Menem y compañía con respecto a que hay que comprar pochoclos. La semana pasada, en la sesión por el la modificación a la Ley de Glaciares, hubo dos votaciones muy comprometedoras para el gobierno. Se pidió el apartamiento del reglamento para tratar temas vinculados a Adorni y a Karina Milei. No se consiguieron los 3/4 necesarios, pero se consiguieron 124 y 125 votos.
Fidanza: De apartamiento, qué es, digamos.
Dipierri: Apartarse, apartarse del temario del día para tratar un tema.
Fidanza: Pero digamos lo de la famosa cláusula de la Constitución del 94, que permite revocar el mandato del jefe.
Dipierri: Dos cosas promovían. Por un lado, la moción de censura contra el jefe de Gabinete, que no es otra cosa que la remoción eventual, está contemplada en la Constitución. Pero por otro lado, también proponían la citación a Karina Milei. Para eso, para la citación a Karina, juntaron 125 votos, están a cuatro de los 129.
Fidanza: Me decían, cuando ya intentaron, ¿te acordás hace un año, cuando fue lo de Andis y demás? Me acuerdo que un funcionario me dijo eso: hay que frenarlo a toda costa porque Karina no puede hablar. No puede hablar, no se puede bancar un interrogatorio cruzado, con los diputados, no está capacitada y de hecho no habla. Sí, es impresionante. Es la mujer con más poder en la Argentina. No da entrevistas y no habla.
Dipierri: Por eso. Lo que ocurrió en Recinto la semana pasada fue un testeo del peronismo, de la oposición, para saber con cuántos votos cuentan y quedaron a cuatro. Quiere decir que si primero pasan por comisión, solo necesitarán mayoría simple, están muy cerquita.
Fidanza: Sí, sí, sí. Y sería histórico. Nunca se volteó un jefe de gabinete desde que tenemos esa figura. Pero vos fijate. Paralelamente a esto siguen las causas judiciales y Lijo, que hoy es como una especie de Bonadío de Milei, digamos, es un juez feroz. Con el Gobierno está concentrando un montón de causas de corrupción. Te voy a contar un incidente muy, muy llamativo y muy gráfico de la situación que hay con la justicia. Todo empieza a explotar con Comodoro Py después de dos años de donde le taparon todo al gobierno.
Dipierri: Adormecieron.
Fidanza: Estilo Taiano. Con la asunción de Mahiques, porque los jueces de Comodoro Py querían a Montenegro y tenían todo acordado entre ellos y todo acordado con Lorenzetti y todo acordado con Milei. Pero se impone la hermana con Mahiques. La semana pasada, contra las cuerdas, Adorni camina unas cuadras y se va hasta el despacho de Mahiques en el Ministerio de Justicia, que creo que queda en la calle Sarmiento. Primera señal de debilidad. Va, se junta con él, le explica. Dame una mano, que sé yo. Mahiques llama al fiscal Gerardo Pollicita, que es quien tiene su causa, que es un hombre muy curtido en el vínculo, como todos los funcionarios judiciales de Comodoro Py, con la política. Digamos, no se asusta de nada. Y Mahiques le dice: bueno, ¿cómo andás? ¿Cómo te va? Bien, bien. Bueno, eh, acá estoy con Adorni. Necesito que le des una mano con la causa. Te lo paso y Policittaa lo corta, le dice no, no me lo pases y no le puedo dar una mano. Y le corta el teléfono al ministro de Justicia.
Dipierri: Contundente.
Fidanza: Terrible. Inédito, no son los códigos de Comodoro Py. Eso habla de un nivel de virulencia en el vínculo brutal. Y esto va de la mano con algo que sucedió, digamos de manera paralela, que es que Lijo, que tiene la causa de Adorni, tiene un protegido, que es Tomás Rodríguez Ponte, a quien lo tuvo diez años de secretario del juzgado y después lo promovió en acuerdo con Lorenzetti a la dirección de escuchas, la famosa de DAJUDECO, que concentra todas las escuchas. Ponte concursó y está el pliego dando vueltas para ser juez federal de la provincia de Buenos Aires. Acaban de mandar 77 pliegos. Lijo hizo la consulta con Mahiques a través de alguien. Respecto a, bueno, van a mandar el pliego de Ponte y la respuesta de Mahiques fue «no, no lo vamos a mandar».
La Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de Villa Regina gestionó el primer DNI a un extranjero que reside en nuestra ciudad hace más de 40 años. En un trabajo en conjunto con la Dirección General de Migraciones se asesoró al vecino para que pudiera regularizar su situación y en la jornada de hoy…
FELICITACIONES Pablo Galletta! Ganador de la primera edición de los premios deportivos E-TAPAS 2019 #PABLOGALLETTA se convirtió en el primer ganador de un e-TAPA y queremos felicitarlo por convertirse en el deportista destacado del año siendo elegido por la gente, el motociclista reginense recibió 1244 votos en la final y el multicampeón de Trickline Emma…
En el despacho presidencial, un grupo reducido aplaude de pie antes de que empiece. Patricia Bullrich, Manuel Adorni y el canciller Pablo Quirno visten uniforme militar. En el estrado, dos banderas: la argentina y la estadounidense. Javier Milei sube a la tarima con su enterito camuflado. A su lado, Peter Lamelas, el embajador norteamericano. Karina Milei observa desde un costado. Las cámaras de la cadena nacional encuadran la escena.
Un pitido. Suena el himno.
Cadena nacional. El presidente Javier Milei se dirige a la Nación.
Karina asiente. Milei comienza.
—Argentinos: hoy, después de 193 años, puedo anunciarles que recuperamos las Malvinas. Este gobierno, que llegó al poder para hacer lo que otros no se animaron, cerró el acuerdo que la casta política les prometió durante décadas y nunca cumplió. Hicimos lo que había que hacer. Fuimos al único lugar donde se hacen bien las cosas, y hablamos con la única persona que las resuelve, el líder del mundo libre, el presidente de los Estados Unidos de América. Vamos a tener una base militar en las islas, es cierto. Una base bajo soberanía argentina, con nuestra bandera, con nuestras reglas. El que no entienda la diferencia entre ceder y negociar es porque nunca gobernó, nunca arriesgó nada y nunca ganó nada. Hoy sí podemos decir: Las Malvinas son argentinas. ¡Viva la libertad, carajo!.
No. Esta escena nunca ocurrió. Pero hay quienes ya la imaginan, por más extraño y bizarro que suene. El escenario que podría hacerla parece cobrar forma.
Veamos la secuencia y los antecedentes.
El primero que lo dijo fue Horacio Verbitsky, en noviembre de 2025, cuando trascendió que el gobierno de Estados Unidos estaría evaluando interceder ante el Reino Unido para favorecer a la Argentina en la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas, a cambio de instalar una base militar propia en el archipiélago. No es la primera vez que algo así se mueve por los pasillos de la diplomacia argentina: en los noventa, Carlos Menem quiso ir por ese camino –normalizar vínculos con Londres, avanzar en acuerdos de cooperación, seducir a los isleños– pero no llegó a ningún lado. El intento estuvo.
Treinta años después, con la Argentina gobernada por Milei quien, al igual que Menem, hace del alineamiento con Washington su principal activo diplomático, la cuestión Malvinas vuelve a alinearse con los intereses norteamericanos. Esta vez en un contexto geopolítico diferente.
Las Malvinas no son sólo las islas: son el centro de gravedad de una disputa que abarca cerca de seis millones de kilómetros cuadrados de océano con petróleo, gas, minerales estratégicos y una de las mayores reservas pesqueras del Atlántico. Son la puerta de entrada a la Antártida –la mayor reserva de agua dulce del planeta– en un mundo donde el agua empieza a valer lo que el petróleo. Y son el punto desde donde Washington, que estudia reorganizar su arquitectura de comandos militares en el hemisferio, podría anclar su presencia en el extremo sur del continente. El Atlántico Sur volvió a aparecer en los mapas estratégicos del Pentágono. La neutralidad ya no es una opción.
Petróleo, pesca, rutas de navegación
Para entender por qué Washington estaría dispuesto a dinamitar la histórica special relationship con Londres, hay que leer las grietas que se abrieron en las últimas semanas. El punto de quiebre fue el 2 de marzo de 2026: frente a la presión para meterse de lleno en el conflicto entre EE.UU. e Irán, el gobierno de Keir Starmer plantó bandera y se negó a una participación militar activa, limitando el uso de sus bases en Chipre. La reacción de Trump fue una descalificación pública vía Truth Social, donde tildó al Reino Unido de aliado «débil y poco confiable».
En ese clima de reproches diplomáticos, lo que antes era impensado empezó a circular por los pasillos del Capitolio. Marc Zell, congresista republicano fanático de Milei, sugirió abiertamente que Estados Unidos debería revisar su neutralidad y cambiar su postura sobre la soberanía de las Malvinas. Si bien no es todavía una declaración formal de la Casa Blanca, el mensaje es nítido: en el tablero transaccional de Trump, la lealtad británica dejó de ser un dogma y las islas pasaron a ser una pieza de cambio posible.
Es en este impasse de la histórica special relationship donde se manifiesta el pragmatismo más crudo de la era Trump. Si hoy Washington está dispuesto a presionar a su aliado más antiguo, no es sólo por un desplante diplomático o un cruce de redes, sino porque las Malvinas tienen una densidad material que las vuelve una pieza de cambio irresistible.
El primer dato es el petróleo. A 220 kilómetros al norte de las islas descansa el yacimiento Sea Lion, con reservas estimadas en 917 millones de barriles según evaluaciones independientes. El 10 de diciembre de 2025, las empresas Navitas Petroleum (israelí) y Rockhopper Exploration (británica) tomaron la decisión final de inversión: 2100 millones de dólares para un proyecto que se planea inaugurar en 2028 y tiene una vida útil estimada de 35 años. El gobierno argentino se opuso formalmente, publicó comunicados de protesta y sancionó a Navitas en 2023. La compañía sigue perforando.
Pero el petróleo es sólo el inicio. Las Malvinas son el centro de gravedad de una disputa que abarca cerca de seis millones de kilómetros cuadrados de océano, dos veces la superficie continental argentina. En ese espacio hay reservas pesqueras que en 2024 representaron el 58 por ciento del PBI de las islas, nódulos polimetálicos en el fondo marino con zinc, litio y cobre, y rutas marítimas que conectan los puertos del Cono Sur con Europa y que constituyen uno de los corredores estratégicos del Atlántico Sur.
Y después está la Antártida. Las Malvinas son la puerta de entrada al continente blanco –la mayor reserva de agua dulce del planeta– en un momento en que el acceso al agua empieza a ser un factor de poder tan relevante como el acceso al petróleo.
Todo esto ya sería suficiente para explicar el interés estadounidense. Pero hay algo más inmediato: Washington está redibujando su arquitectura militar en el hemisferio. En febrero de 2025, la administración Trump estudió fusionar el Comando Sur –responsable del Atlántico Sur hasta la Antártida– con el Comando Norte en un mando hemisférico unificado. La fuente no es una filtración ni un medio militante: es el Congressional Research Service, el servicio de investigación no partidario del Congreso de Estados Unidos. Una base en las Malvinas, en ese esquema, no es un capricho geopolítico. Es una pieza que encaja en la gran estrategia norteamericana.
Perón, Menem
El peronismo histórico fue el primero en entender la importancia de negociar para aprovechar el Atlántico: la Tercera Posición de Perón no era sólo la consigna «ni yankis ni marxistas», era una doctrina de autonomía real frente a los dos bloques, que incluía a Malvinas como parte de una estrategia soberana coherente. En 1974, su gobierno llegó incluso a negociar en serio: el embajador británico James Hutton le propuso al canciller Alberto Vignes un condominio de 25 años sobre las islas como paso previo al reconocimiento de la soberanía argentina. Perón murió ese mismo año. La propuesta murió con él.
Lo que vino después fue distinto. Carlos Menem llegó al poder en 1989 con una lógica que invertía exactamente la de su propio partido: en lugar de usar la autonomía para resistir al hegemón, la cedió deliberadamente para ver qué obtenía a cambio.
El teórico que le dio sustento intelectual a ese giro fue Carlos Escudé. En 1992 publicó Realismo Periférico: Fundamentos para la nueva política exterior argentina, el libro más incómodo de la teoría política argentina de las últimas décadas. Su diagnóstico de arranque era brutal por su simpleza: la Argentina había caído en lo que llamó la «falacia antropomórfica», es decir, tratar al Estado como si fuera una persona con dignidad propia que defender, como si el país fuera un individuo ofendido que no puede ceder sin perder el honor. Esa lógica, decía Escudé, había justificado décadas de confrontación con las grandes potencias a un costo enorme para los ciudadanos de carne y hueso. La llamó «políticas de poder sin poder»: actuar como potencia cuando no se es una. Malvinas era su ejemplo más claro. La guerra de 1982 no había sido sólo una derrota militar sino el precio máximo de una política exterior que confundió el prestigio del Estado con el bienestar del pueblo. Miles de jóvenes enviados a morir en el Atlántico Sur por una lógica que priorizaba la épica sobre la precisión militar y el interés nacional.
La solución de Escudé no era rendirse ante Washington por convicción moral. Era un cálculo frío, casi contable. Para un país débil y periférico, confrontar innecesariamente a la potencia dominante tiene costos que sus ciudadanos terminan pagando. Y acá viene el concepto más útil –y el más inquietante para leer el presente–: la diferencia entre consumo e inversión de autonomía. Un Estado periférico tiene un margen limitado de maniobra. Puede gastarlo en gestos, declaraciones y confrontaciones simbólicas, consumo improductivo, autonomía que se evapora sin dejar nada concreto. O bien, puede invertirlo deliberadamente en un objetivo preciso y tangible, inversión de autonomía. La pregunta, para Escudé, no es si ceder autonomía sino para qué y a cambio de qué.
Escudé no sólo inspiró esa política desde afuera. Fue asesor especial del canciller Guido Di Tella durante la presidencia de Menem y contribuyó directamente al diseño de la estrategia argentina frente al bloque occidental. La teoría y la práctica tenían la misma firma. Di Tella sintetizó esa lógica con una expresión que quedó en la historia de la diplomacia argentina: las «relaciones carnales» con Estados Unidos. No era una metáfora accidental, era la descripción exacta de una política que apostaba a que la cercanía con Washington terminaría rindiendo frutos concretos. En Malvinas, esos frutos nunca llegaron. El propio canciller lo admitió: con Gran Bretaña iban a normalizar las relaciones en todos los temas menos en uno, el de la soberanía de las islas.
Milei llegó treinta años después con la misma lógica, pero más radicalizada. Lo que Juan Gabriel Tokatlian denominó hiperoccidentalismo, no es simplemente alinearse con Estados Unidos: es una práctica que combina acoplamiento a los intereses estratégicos de Washington, acomodamiento a sus preferencias para evitar roces y un engagement activo que busca recompensas futuras. No es un relato ni una promesa. Es un modus operandi que se despliega en cada votación en la ONU –como el voto en contra, junto a Estados Unidos e Israel, de declarar la esclavitud africana como crimen de lesa humanidad–, en la distancia tomada de China, en la declaración de guerra –aunque informal– a Irán, en el abandono por parte de argentina de la OMS, en cada gesto hacia la Casa Blanca.
La diferencia con Menem es que Milei logró algo que su predecesor no: que el alineamiento se traduzca en resultados concretos. El hiperoccidentalismo libertario ya tiene un historial verificable de éxitos: el salvataje del tesoro estadounidense antes de las elecciones de 2025 y, hace apenas días, la intervención directa de Washington en la justicia estadounidense para que Argentina no pagara 16.000 millones de dólares en el juicio por la expropiación de YPF. Dos veces en que Trump movió fichas a favor de Milei. En ese contexto, que Malvinas aparezca como el próximo capítulo de ese intercambio no es inverosímil.
Entonces: ¿Es posible que la alianza de Milei con Trump nos ayude a recuperar las Malvinas?
Antes de responder, conviene pensar en qué mundo avanzaría esa posibilidad.
No es el mundo de 1990, cuando Menem apostó a Washington en un tablero unipolar donde Estados Unidos era el único jugador que importaba. Es un mundo en guerra: Medio Oriente en llamas, una disputa entre China y Estados Unidos que atraviesa cada región del planeta, una OTAN que rediscute sus compromisos y un multilateralismo en crisis terminal. Trump ya se fue de la OMS, ya ignoró a la ONU, ya amenazó con abandonar la propia OTAN. Las instituciones que durante décadas funcionaron como red de contención para los países pequeños están debilitadas o directamente rotas. Los tratados tienen cláusulas de retiro voluntario y hay una presidencia dispuesta a usarlas. En ese contexto, cualquier acuerdo bilateral firmado hoy con Washington vale lo que vale la palabra de quien lo firma.
América Latina es una de las pocas regiones del planeta que puede llamarse, todavía, una zona de paz. Tener una base militar estadounidense en el extremo sur del continente pone en duda hasta cuándo. Argentina, y por osmosis la región, dejaría de ser un país ajeno a los conflictos globales para convertirse en una pieza de la arquitectura militar de una potencia nuclear en disputa activa con otras potencias nucleares. Lo que hoy es un acuerdo bilateral mañana puede ser una obligación. Lo que hoy parece una ganancia puede convertirnos en un blanco.
La soberanía formal estaría ahí, bandera argentina, gobernación argentina, pasaportes argentinos en Puerto Argentino. Pero soberanía formal y soberanía real son dos cosas distintas. Recuperar las islas con una base adentro no es exactamente lo que Perón negoció en 1974, ni lo que los soldados del 82 creyeron que estaban defendiendo. Conviene leer la letra chica antes de firmar el contrato.
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Hay una pregunta que el campo nacional y popular lleva años sin poder responder: ¿qué haríamos con Malvinas si pudiéramos recuperarlas?
No es una pregunta retórica. Es la pregunta que el trascendido de noviembre de 2025 volvió urgente, porque la respuesta que circuló desde ese espacio fue, en el mejor de los casos, la indignación. Y la indignación no es una política.
Durante los gobiernos kirchneristas, Malvinas funcionó como una bandera eficaz, se acumularon resoluciones favorables en foros regionales, se renovó el reclamo ante las Naciones Unidas, se construyó una narrativa de descolonización que encontró eco en América Latina. No era una estrategia equivocada para su época: el multilateralismo estaba en su momento de mayor esplendor, el Comité de Descolonización de la ONU era un foro con peso real, y acumular apoyos regionales tenía sentido en un mundo que todavía creía en las instituciones. El problema es que ese mundo ya no existe. Hoy el tablero internacional vuelve a valorar la fuerza militar y el poder duro por sobre los consensos multilaterales. En ese nuevo tablero, décadas de resoluciones favorables no valen lo que valían. Al contrario: mientras Argentina acumulaba declaraciones y «fuertes rechazos», el Reino Unido avanzaba en silencio, consolidando infraestructura militar, otorgando licencias pesqueras y habilitando inversiones petroleras.
Ni la posición británica ni la de Estados Unidos, que siguió siendo el aliado más importante de Londres en la disputa, se movieron un centímetro. En los términos de Escudé –el mismo Escudé que en 2012 declaró que el kirchnerismo era en los hechos más realista periférico de lo que su propio discurso admitía– fue consumo puro de autonomía: capital político gastado en gestos sin construir una palanca real de presión sobre los únicos actores que podían cambiar algo.
Después de 2015, ni siquiera eso. Malvinas fue desapareciendo del debate público grande sin que nadie lo decidiera explícitamente. No fue una decisión estratégica sino una fatiga. Y en ese silencio, el tema quedó disponible para que otros lo recuperaran con una lógica completamente distinta.
Milei no inventó esta negociación. La encontró sobre la mesa, huérfana.
Después de la guerra, cuarenta y tres años de democracia no alcanzaron para avanzar en la soberanía argentina en Malvinas por la vía diplomática. Esa deuda acumulada es lo que hoy le da oxígeno a una negociación que, si se cierra, va a plantear muchas preguntas incómodas.
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