El Registro Civil de Río Negro cumple con guardias mínimas para cubrir servicios esenciales en todas las delegaciones de la provincia, en el marco del aislamiento preventivo, social y obligatorio dispuesto por Nación por la pandemia de COVID-19.
Si bien hay algunas limitaciones, en general la tarea del organismo no se detuvo. Desde que comenzó la cuarentena, a través de sistema de Gestión de Documentación Electrónica se generaron 1.554 documentos oficiales, 222 actas de registro y 37 resoluciones con firma digital, como expedientes de adición de apellido, rectificación y actualización de datos en actas, entre otras cosas.
Además, se contestan todas las consultas que ingresan a través de la Oficina Digital, disponible en los sitios rionegro.gov.ar/oficinadigital o registrocivil.rionegro.gov.ar. En cada caso, existen formularios para que el ciudadano haga sus consultas.
La implementación del sistema de Expediente Electrónico en el Registro Civil permitió que el personal trabaje en modalidad home-office o teletrabajo, sin moverse de sus casas. Esto permite avanzar en la gestión de los expedientes con los cuales se tramitan solicitudes de la ciudadanía y que no se resienta el trabajo.
El objetivo principal sigue siendo el resguardo del personal y de la ciudadanía, brindando soluciones ante la urgencia y las necesidades esenciales prevista en el Decreto que dispuso el aislamiento.
En la mañana de hoy, el Intendente, Marcelo Orazi, visitó la localidad de Cipolletti, para participar de la presentación y jornada de capacitación de herramientas de financiamiento e inversión de la Sepyme. Las mismas, son fundamentales para el acompañamiento y crecimiento de empresas y emprendedores en nuestra provincia. Difunde esta nota
FABRICIO CARDELLI ESCRIBE PARA LATAPA Chubut se convirtió en la primera provincia del país en prohibir el glifosato, entre idas y vueltas del gobernador. La idea de esta columna es dar un pantallazo de una problemática global: los controles a las multinacionales. Qué dijo el presidente Mauricio Macri sobre el herbicida y qué dice la…
El gobierno porteño impulsa un distrito de Inteligencia Artificial en el microcentro para potenciar la zona y posicionar a la Ciudad como referencia del sector tecnológico en el continente.
El proyecto para crear el nuevo distrito ya fue enviado a la Legislatura y prevé un régimen de promoción económica para las empresas que se instalen un barrio que sufrió un fuerte deterioro durante la pandemia.
Según explicaron, la iniciativa apunta a consolidar a la Ciudad dentro del ecosistema tecnológico con la participación de empresas, universidades y el sector público. Ante una consulta, aclararon que el futuro Distrito IA no se pisará con el Distrito Tecnológico de Parque Patricios.
Como parte del proyecto, las empresas que se instalen en el distrito IA podrán acceder a incentivos fiscales, financieros y facilidades regulatorias.
Entre los beneficios habrá exenciones impositivas (Ingresos Brutos, Impuesto de Sellos, Impuesto Inmobiliario y derechos de obra), apoyo financiero con tasas especiales al 8,5% para quienes compren a través del Banco Ciudad y la creación de un «sandbox regulatorio» para probar nuevas tecnologías.
Podrán anotarse las empresas que se dediquen al desarrollo, investigación, implementación especializada y comercialización de tecnologías de la IA. También universidades, escuelas técnicas, centros de investigación y desarrollo y organismos científicos-tecnológicos.
El perímetro para delimitar la zona es el comprendido por Belgrano, Paseo Colón/Leandro N. Alem, 9 de Julio y Santa Fe.
«Donde había oficinas vacías, ahora habrá laboratorios y espacios de coworking. Vamos a revitalizar y reconvertir el microcentro. Desde allí se van a escalar los proyectos que marcarán las próximas décadas. Queremos que la zona céntrica sea un laboratorio vivo donde puedan testear sus desarrollos en la calle, con gente y en condiciones reales», anunció Jorge Macri tras un encuentro con directivos de las principales empresas de Tecnología.
Ingresa en su segmento final el 37° Campeonato Patagónico de Karting. Un certamen que este domingo desarrollará la 7° fecha del calendario en el Kartódromo AKARS de Rincón de Los Sauces (Nqn), lo que significará la segunda visita al trazado en el presente año. Cinco serán las categorías presentes, en las que se registran regresos…
La apertura de documentos de la Secretaría de Inteligencia del Estado vuelve a exponer el funcionamiento interno de uno de los organismos más oscuros del país. Infiltración, persecución ideológica y burocracia del espionaje: claves para entender el rol de la SIDE en la historia reciente.
Por Alcides Blanco para NLI
El origen de un aparato pensado para vigilar
La reciente desclasificación de archivos de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), difundida a través del portal oficial del Estado argentino, reabre una discusión de fondo sobre el papel que jugó —y en muchos sentidos aún proyecta— el sistema de inteligencia en la vida política del país. Lejos de ser un simple organismo técnico, la SIDE fue, desde su consolidación en la segunda mitad del siglo XX, una herramienta central en la construcción de poder estatal, con capacidad para observar, registrar y clasificar a amplios sectores de la sociedad.
En sus orígenes, la inteligencia estatal se estructuró bajo la influencia de la llamada doctrina de la seguridad nacional, que redefinió el concepto de amenaza. El enemigo dejó de ser exclusivamente externo para convertirse en interno, una categoría amplia y difusa que incluía no solo a organizaciones armadas sino también a militantes políticos, sindicalistas, estudiantes, periodistas e incluso actores culturales. Este cambio no fue menor: implicó que el espionaje dejara de estar orientado a la defensa frente a potencias extranjeras para centrarse en el control de la propia población.
La lógica del enemigo interno y la obsesión anticomunista
Los documentos recientemente publicados confirman con crudeza una característica ya señalada por múltiples investigaciones: la obsesión anticomunista como motor del aparato de inteligencia. La SIDE construyó durante años un mapa ideológico del país en el que prácticamente cualquier actor con capacidad de incidencia podía ser catalogado como sospechoso.
Lo que emerge de estos archivos no es solo la vigilancia sobre organizaciones específicas, sino una lógica mucho más amplia de control social sistemático, donde universidades, sindicatos, medios de comunicación y espacios culturales eran objeto de seguimiento permanente. En ese esquema, la producción de inteligencia no se limitaba a recolectar información, sino que implicaba clasificar, jerarquizar y construir perfiles ideológicos, en una dinámica que preparaba el terreno para la represión.
La amplitud del concepto de “subversión” resulta clave para comprender la magnitud del fenómeno: no se trataba únicamente de combatir a grupos armados, sino de disciplinar a toda una sociedad a partir de la sospecha.
La SIDE durante la dictadura: engranaje del terrorismo de Estado
Durante la última dictadura cívico-militar iniciada en 1976, la SIDE se consolidó como un actor central dentro del aparato represivo. Su función no fue secundaria ni meramente administrativa, sino estratégica: producir la información que permitía identificar objetivos, planificar operativos y coordinar acciones entre distintas fuerzas.
Antes del golpe del 24 de marzo de 1976, el organismo empezó a adecuarse a las tareas clandestinas que se extenderían a gran escala. El 30 de diciembre de 1975, el vicealmirante Aldo Alberto Peyronel –al frente de la SIDE– firmó la resolución secreta 835. Allí disponía que el 1 de febrero de 1976 comenzaría el encubrimiento del personal: toda autoridad debía firmar con nombre de encubrimiento y todos los agentes civiles debían ser mencionados por su nombre de encubrimiento. Quedaba excluido el personal en actividad de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad.
Las investigaciones del Centro de Estudios Legales y Sociales han demostrado que la inteligencia estatal fue un componente estructural del terrorismo de Estado. La SIDE operaba como un nodo que concentraba datos provenientes de distintas agencias y los redistribuía en función de las necesidades represivas, en un circuito donde la información podía convertirse rápidamente en persecución, secuestro o desaparición.
En ese contexto, la inteligencia no era un paso previo aislado, sino una parte constitutiva del sistema represivo. Sin esa producción sistemática de información, el despliegue de la maquinaria clandestina hubiera sido, en términos operativos, mucho más limitado.
La burocracia del espionaje: cómo funcionaba el control cotidiano
Uno de los aspectos más reveladores de los documentos desclasificados es la dimensión burocrática del espionaje. Lejos de las imágenes espectaculares asociadas al mundo de la inteligencia, lo que aparece es una trama de informes, fichas, seguimientos y registros que dan cuenta de una práctica sostenida en el tiempo.
La SIDE funcionaba a partir de una lógica de acumulación constante de información, alimentada por redes de informantes y por la infiltración en distintos ámbitos sociales. Cada dato, por mínimo que fuera, podía integrarse en un sistema mayor de clasificación, donde las personas eran evaluadas en función de sus vínculos, ideas y actividades.
Este carácter burocrático no le quitaba peligrosidad al sistema; por el contrario, lo hacía más eficaz. La repetición, la sistematicidad y la persistencia en el registro permitían construir perfiles detallados que luego podían ser utilizados por las fuerzas represivas. La inteligencia, en ese sentido, era tanto un archivo como una herramienta activa de persecución.
La larga lucha por abrir los archivos
La publicación de estos documentos es también el resultado de una disputa histórica. Desde el retorno de la democracia, los organismos de derechos humanos reclamaron insistentemente el acceso a los archivos de inteligencia, entendiendo que allí se encontraba una parte esencial de la verdad sobre lo ocurrido durante la dictadura.
Durante décadas, ese acceso fue parcial o directamente negado. Si bien hubo avances, como la desclasificación de documentos militares o la incorporación de archivos provenientes del exterior, los archivos de la SIDE permanecieron como uno de los núcleos más cerrados del Estado.
La apertura actual, aunque significativa, llega entonces como parte de un proceso largo y todavía incompleto. La ausencia de nombres propios en los documentos difundidos y la publicación fragmentaria plantean interrogantes sobre la profundidad real de la desclasificación y sobre cuánto material continúa sin ver la luz.
Memoria, verdad y los límites de la desclasificación
La importancia de estos archivos excede el interés histórico. Su apertura tiene implicancias directas en el proceso de memoria, verdad y justicia, ya que pueden aportar elementos para reconstruir el funcionamiento del aparato represivo y, eventualmente, contribuir a causas judiciales.
Sin embargo, la desclasificación por sí sola no garantiza esos resultados. Los documentos requieren un trabajo de análisis, contextualización y cruce con otras fuentes para transformarse en evidencia útil. De lo contrario, corren el riesgo de quedar atrapados en su propio lenguaje técnico, inaccesibles para la sociedad y limitados en su impacto.
En ese sentido, la discusión no es solo qué se publica, sino cómo se publica y para qué.
Un pasado que sigue interpelando al presente
A casi cincuenta años del golpe de Estado, la apertura de los archivos de la SIDE vuelve a mostrar que el pasado no está cerrado. La historia del espionaje en la Argentina no es simplemente un capítulo archivado, sino una dimensión activa en la comprensión del presente.
La SIDE, como institución, encarna esa continuidad entre secreto, poder y política. Sus archivos, aún incompletos, permiten vislumbrar apenas una parte de su funcionamiento, pero alcanzan para confirmar algo fundamental: que el espionaje interno y la persecución ideológica no fueron desviaciones aisladas, sino prácticas estructurales del Estado.
Lo que queda por delante es, quizás, lo más importante. Porque en esos documentos que todavía no se conocen, en esos nombres que aún no aparecen y en esas historias que siguen sin reconstruirse, se juega una parte decisiva de la memoria colectiva argentina.
El gobernador bonaerense advirtió sobre las similitudes entre el rumbo económico actual y el aplicado durante la última dictadura cívico-militar, y convocó a la sociedad a sostener la memoria y los valores democráticos frente al ajuste.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
En el marco de las actividades por un nuevo aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, lanzó un fuerte mensaje político al repudiar el modelo económico impulsado por el gobierno nacional, al que vinculó directamente con las políticas implementadas durante la última dictadura.
Durante su intervención, Kicillof sostuvo que el rumbo económico actual no es novedoso, sino que responde a un esquema histórico que ya mostró sus consecuencias en el país. En ese sentido, remarcó que se trata de un modelo que prioriza la especulación financiera, el endeudamiento externo y la concentración de la riqueza, en detrimento de la producción y el trabajo.
Un paralelismo con la dictadura
El mandatario bonaerense fue contundente al establecer un paralelismo entre el presente y el pasado: recordó que la política económica de la dictadura estuvo marcada por el endeudamiento récord, la valorización financiera y el beneficio a sectores concentrados, con un fuerte costo social para las mayorías .
En esa línea, advirtió que las medidas actuales repiten esa lógica, con ajuste sobre los sectores populares, desfinanciamiento del Estado y debilitamiento del entramado productivo.
Kicillof planteó que no se trata solamente de una discusión económica, sino de un modelo de país en disputa, donde se enfrentan dos proyectos: uno que prioriza al mercado y otro que pone en el centro a la sociedad.
Defensa de la democracia y la memoria
En un discurso atravesado por la fecha simbólica del 24 de marzo, el gobernador llamó a defender activamente la democracia, señalando que los derechos conquistados no son permanentes y pueden retroceder si no se sostienen con participación y compromiso social.
En ese marco, insistió en la importancia de la memoria histórica para comprender el presente y evitar que se repitan experiencias traumáticas. Según expresó, el vínculo entre modelo económico y deterioro institucional no es casual, sino parte de una misma lógica de exclusión.
Además, convocó a distintos sectores políticos y sociales a construir una alternativa que enfrente el ajuste y recupere una perspectiva de desarrollo con inclusión.
A 50 años del último Golpe Militar resulta imprescindible tener presente que ese golpe no fue solamente una tragedia represiva, fue también un proyecto económico. La dictadura se propuso disciplinar a la sociedad, desarmar las capacidades productivas e industriales de nuestro… pic.twitter.com/nqXBakQyWy
El posicionamiento de Kicillof no solo se inscribe en la conmemoración del golpe, sino también en el escenario político actual, donde el peronismo busca reorganizarse frente al avance del oficialismo nacional.
En ese sentido, el gobernador viene consolidando un discurso crítico del rumbo económico de Milei, al que ya había caracterizado como un modelo que “solo cierra con deuda” y que implica una transferencia de recursos hacia sectores concentrados en detrimento de las mayorías .
La intervención de Kicillof, entonces, no solo recupera la memoria histórica, sino que la proyecta hacia el presente como herramienta política: una advertencia sobre los riesgos de repetir recetas del pasado y un llamado a defender la democracia en un contexto de fuerte conflictividad social.
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