Tras la llegada del material, después del mediodía comenzaron los trabajos tendientes a normalizar el servicio de cloacas, luego de la rotura de uno de los caños de impulsión de la red cloacal de barrio Belgrano.
La tarea que lleva adelante el personal de la Secretaría de Obras y Servicios se concentra a la altura de barrio Don Bosco y tienen como fin la realización de un by pass. Esta obra evitará romper la cinta asfáltica ya que el caño que sufrió el desperfecto pasa por debajo de la ruta nacional 22 y se encuentra a una profundidad de 2,5 metros.
Desde la Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad se indicó que se prevé que las tareas terminen mañana sábado ya que se deberá colocar hormigón elaborado en las curvas y reconectar donde se desvió la cañería para el vuelco de los líquidos cloacales.
Una breve crónica de lo que vivimos ayer ¿Por qué paramos? Por muchos motivos: por las que no están, para frenar la violencia machista, por la recuperación de empleos luego de la pandemia, por la sobrecarga de tareas, la correcta aplicación de la Ley de cupo laboral travesti-trans, a un año de la ley del…
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Una página que durante décadas se creyó perdida de uno de los manuscritos más importantes de la Antigüedad reapareció inesperadamente en un museo francés. El hallazgo vuelve a poner en el centro de la investigación histórica y científica al célebre matemático griego Archimedes of Syracuse y a uno de los documentos más extraordinarios que transmitieron su obra a la posteridad.
Por Alcides Blanco para NLI
Un manuscrito clave de la ciencia antigua
El llamado Palimpsesto de Arquímedes es un manuscrito griego del siglo X que conserva copias de varios tratados del sabio de Siracusa. En la Edad Media, parte de esos textos matemáticos fue raspada para reutilizar el pergamino, una práctica habitual porque el material —fabricado con piel animal— era extremadamente costoso. Sobre esa superficie borrada se escribieron posteriormente textos religiosos.
Ese proceso de reutilización es lo que se conoce como palimpsesto: un documento cuyo texto original fue parcialmente eliminado para escribir otro encima.
Durante siglos el manuscrito circuló entre distintos centros culturales del mundo mediterráneo. Se conservó primero en Jerusalén y luego en Constantinopla (actual Estambul), antes de entrar en colecciones privadas europeas.
Hoy el documento se encuentra en el Walters Art Museum, en Estados Unidos, aunque durante décadas los investigadores sólo pudieron estudiarlo a partir de fotografías tomadas en 1906 por el historiador danés Johan Ludvig Heiberg.
La página perdida reaparece en un museo
La sorpresa llegó cuando el investigador Victor Gysembergh, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), identificó una de las páginas desaparecidas en el Musée des Beaux-Arts de Blois, en el centro de Francia.
El folio corresponde a la página 123 del palimpsesto, una de las tres hojas que figuraban en las fotografías de 1906 pero que posteriormente habían desaparecido y se consideraban perdidas. La comparación directa con esas imágenes permitió confirmar su autenticidad.
El documento contiene un fragmento del tratado matemático “Sobre la esfera y el cilindro”, uno de los trabajos fundamentales de Arquímedes, específicamente las proposiciones 39 a 41 del primer libro. En la hoja aún se distinguen diagramas geométricos originales vinculados a esos razonamientos matemáticos.
Un texto oculto bajo una ilustración moderna
El folio presenta una particularidad que dificulta su lectura completa. En uno de sus lados el texto de Arquímedes todavía es visible, aunque parcialmente cubierto por oraciones escritas en épocas posteriores.
El reverso, en cambio, está oculto bajo una iluminación añadida en el siglo XX que representa al profeta bíblico Daniel entre dos leones. Esa ilustración habría sido agregada alrededor de 1942 por un propietario del manuscrito, posiblemente para aumentar su valor en el mercado.
Debajo de esa pintura se sospecha que todavía se conserva el texto antiguo, aunque por ahora no puede leerse con métodos convencionales.
Tecnología moderna para revelar el pasado
El descubrimiento abre la puerta a nuevas investigaciones. El equipo científico planea aplicar técnicas avanzadas como imágenes multiespectrales y análisis de fluorescencia de rayos X con sincrotrón para intentar recuperar las palabras ocultas bajo la pintura.
Métodos similares ya permitieron, a comienzos de los años 2000, revelar partes del palimpsesto que durante siglos permanecieron invisibles. Aquellas campañas de análisis sacaron a la luz textos desconocidos de Arquímedes y fragmentos de obras filosóficas antiguas.
Un recordatorio de cuánto queda por descubrir
El hallazgo demuestra que incluso los documentos más estudiados de la historia antigua todavía pueden deparar sorpresas. Una página que parecía perdida durante décadas estaba, en realidad, guardada en los archivos de un museo.
Para los historiadores de la ciencia, cada fragmento recuperado del palimpsesto permite reconstruir mejor el pensamiento matemático de Arquímedes, uno de los mayores científicos de la Antigüedad y figura central en el desarrollo de la geometría y la física. Y también recuerda algo fundamental: la historia del conocimiento aún está llena de páginas por redescubrir.
Hay tantas maneras de mirar Vaca Muerta como interesados en su entramado. Para algunos es la esperanza del país, política de Estado, una locomotora económica. Para otros, una formación geológica subterránea o un mar que se secó. Para otros, una ubicación geográfica indefinida que llega hasta donde lleguen los pozos. Para otros, un megaproyecto sobre su territorio. Para otros, un desierto disponible. Para otros, un lugar hermoso. Para otros, todo eso convertido en objeto de investigación artística, como Geonnitus, una instalación inmersiva audio-táctil-visual sobre el fracking.
Para ver Geonnitus en el Colón hay que entrar por Viamonte 1168, atravesar un pasillo con fanáticos de la ópera, bajar unas escaleras y por fin llegar a un enorme subsuelo tipo industrial. Oscuro. Nos ubican en unos bancos de madera rústica, de frente y al mismo nivel de una escenografía semicircular. Andamios. Dos pantallas. Dos pelopinchos llenas. Caños y tubos que corren paralelos y se cruzan -parecen mapas de las líneas de subte-, y terminan en una bomba de agua o quizá siguen hasta las piletas. En la penumbra, brilla el bronce de instrumentos de viento sostenidos por músicos vestidos con mamelucos de la empresa YPF.
Comienza (alerta spoiler).
Durante sesenta minutos, las pantallas transmitirán imágenes del territorio conocido hacia afuera como Vaca Muerta: planos fijos de la meseta, rocas, montañas, animales (vacas lecheras, cabras, caballos, zorritos, liebres, ñandúes, gatos, un pavo real), paredes rajadas, garrafas, hornallas prendidas, un cementerio, plantas. Polvo. Un skyline de plataformas industriales. Camiones. Camiones. Camiones. Predominan las tomas nocturnas en las que lo único que se mueve son puntitos blancos que van y vienen, las luces de una circulación que nunca duerme. Y lenguas de fuego que duran segundos hasta transformarse en nube negra y desaparecer, escupidas por unas chimeneas finas y largas, los “mecheros”.
También hay primeros planos de las “anacondas”, mangueras que atraviesan la tierra como lava para sacar el agua de los ríos y redirigirla a la extracción del shale. Claro, eso emulan los caños naranjas del decorado. Los instrumentos de viento le ponen sonido ambiente a la escena. Junto con los caños, que tienen la arquitectura de un órgano tubular, simulan el viento de la Patagonia, ese viento único de la Patagonia, y el ruido y las explosiones de las máquinas penetrando el suelo. Un suelo que se logra partir con agua, la “fractura hidráulica”: el fracking.
Escenas sutiles para representar una operación tan cuantificable como imposible de dimensionar a escala humana. Se trata del agua dulce de los ríos Neuquén, Limay y Colorado, cada vez más flacos por la escasez de lluvia y nevadas. De ellos se extraen enormes volúmenes para el proceso de fractura de la roca: cada pozo puede emplear entre 80 y 100 millones de litros del agua local, algunos hasta 120 millones. Una de las imágenes que referencia la obra es cuando la empresa transportadora de petróleo Oldelval en 2021 usó una Pelopincho de lona para intentar controlar un derrame. Pero la afectación al agua que no es visible es la que queda debajo de la tierra, contaminada con químicos y arena. En Pelopinchos serían 200 mil para cada pozo y, al día de la fecha, se estima que hay unos tres mil pozos ya fracturados por el entramado petrolero-gasífero del fracking.
Desde los medios del sector se suele mencionar a Vaca Muerta como el segundo yacimiento de gas no convencional y el cuarto de petróleo no convencional de todo el mundo. Este dato saltea el hecho que “no convencional” está lejos de ser una ventaja. Esta forma de extracción energética es una de las llamadas “energías extremas”, y tienen consecuencias intensivas en todo sentido: ambiental, económico y social. A pesar de los rimbombantes anuncios que comparan a Neuquén con el Medio Oriente, el proyecto no llega a posicionar ni cerca de los primeros 20 jugadores en la geopolítica energética, ni de posicionar a Argentina como jugador de peso en el mapa mundial.
Geonnitus muestra lo alevoso pero también lo invisible del planeta, la escala cuántica: los músicos y el sistema tubular también reproducen ciertos zumbidos inauditos para la percepción humana. Capas sonoras y visuales crean un clima melancólico, de ciencia ficción distópica. Imposible no recordar al viento que despeinó a Leila Guerriero mientras escribía Los suicidas del fin del mundo, o a las cadenas de bicicleta de Marcela Armas que, formando la silueta de México, se desangraban en petróleo, o las personas retratadas por Pablo Piovano en su ensayo Fracking en Vaca Muerta.
La parte de Geonnitus que sigue atrapando a Marina Aizen, una de las creadoras del proyecto en 2023, es “el momento fracking”, el instante en el que a la roca le inyectan explosivos hechos con agua, arena y químicos a mucha presión para sacarle petróleo. “El movimiento de las máquinas se ve como deditos con guante negros que se mueven, es la presión entrando al pozo”, dice Aizen. En ese momento, el suelo del Centro de Experimentación del Teatro Colón vibra. Y el ruido ensordece -como si estuviéramos en una resonancia magnética-.
El nombre de la obra usa una palabra inventada, mezcla de “geo”, por tierra, y “nnitus”, por el ruido, por esa invasión en el sistema auditivo que es el tinnitus. “Es un neologismo que podríamos traducir como el ruido que hace la tierra, el grito sordo que lanza luego de haber sido explotada”, escribe Pablo Shanton, otro de sus gestores, en el libro/catálogo que regalan al entrar. Shanton analiza: “Esta es una arquitectura concebida como por luthier (…) a la manera del legendario Intonarumori del futurista Luigi Russolo”. En el mismo catálogo, la crítica cultural Graciela Speranza destaca que la obra, al crear una miniatura de Vaca Muerta “imita su complejidad pero le quita solemnidad con una cuota de humor en los dispositivos, como de cómic retrofuturista”.
¿Desde dónde observa Geonnitus? ¿Cuál es la mirada subjetiva que enfoca el despliegue territorial que las petroleras hacen? ¿En qué cuerpos resuenan los sismos?
Como un cuerpo que recibe y emana, el cuerpo territorio neuquino está atravesado por un entramado complejo que funciona a presión. La presión aparece por todos lados: fractura la roca porosa donde están diluídos los hidrocarburos a kilómetros de profundidad, extirpa las arenas desde el fondo del delta entrerriano para ser mezcladas con las aguas cristalinas de los ríos que bajan de la Cordillera y con una serie de químicos contaminantes. Con presión se le inyecta ese cocktail a las rocas compactas, para quebrarlas y extraer los los recursos que allí están guardados. La industria del shale suele explicar que el fracking es la manera de acceder a los fósiles «atrapados», aunque nunca aclara de qué escapa el archivo geológico.
La presión también se ejerce sobre los cuerpos que habitan el territorio. ¿Quién siente Vaca Muerta? En las proyecciones, Geonnitus muestra cómo los animales observan los ductos y padecen el ruido y los sismos ¿sin comprender? Entre trabajadores petroleros se mencionan más animales como metáforas de las herramientas utensilios:las enormes mangueras que llevan agua se llaman “anacondas”, las bombas que cubren el paisaje son “cigüeñas”. Las formas del paisaje bautizan a las formas de la intervención. Incluso apropiándose de una forma de nombrar mapuche, que les dicen “caracol” a las piedras con fósiles.
¿Qué hace sucia a una energía? ¿Por qué decir “gas fósil” o “combustibles fósiles” se ha convertido en sinónimo de sucio o contaminante? Fósil es otra cosa: en la piedra es un rezago inminente de lo que alguna vez vivió, un retrato de lo que murió hace miles de años. Pero los fósiles de Vaca Muerta no son de dinosaurios o grandes animales. La mayor parte del petróleo y el gas se extrae de rocas con enormes concentrados con contenido orgánico de algas, fitoplancton y bacterias que almacenan carbono desde hace miles de años hasta que en el “momento fracking” (etapa de la fractura) lo liberan a la atmósfera, profundizando la alteración al balance en el cual el sistema tierra se estacionó a lo largo de miles de años. La culpa no es del “caracol” -como les llaman los mapuche a los fósiles- en la tierra, pero la mala prensa de la palabra fósil, ligada a lo viejo, arcaico y contaminante, toma protagonismo al tipificar las energías que necesitamos abandonar.
El único estímulo sensorial que le falta activar a Geonnitus es el olor a podrido. Vaca Muerta huele, apesta. Es un territorio y un entramado social que se sacrifica, cementerio de desechos industriales en los basureros petroleros y su entramado ilegal. La trazabilidad del proceso no sólo agota un bien natural y común como lo es el agua dulce, sino que luego de usarla la devuelve al territorio, contaminada, en pozos sumideros ¿Cómo garantizar que los sismos inducidos no generan nuevas grietas que filtran esos desechos en las fuentes de agua potable? ¿Bajo qué riesgos se encuentran las represas cercanas, que sostienen el agua y los derechos de poblaciones río abajo?
En sala contigua a la que alberga a la instalación, hay un tablón sostenido por dos caballetes e iluminado por una luz cenital lleno de planos, pegados con cinta scotch, de los sismos recientes. ¿De quién es la naturaleza? ¿Quién la conserva? Más de la mitad del presupuesto de la provincia de Neuquén depende de la economía del petróleo y el gas.
El proceso
Geonnitus es otra de las acciones de la organización Periodistas por el Planeta para hablar de esas industrias más allá de la narrativa del empleo y las divisas. Durante muchos años, la ONG organizó viajes con periodistas para impulsar nuevas conversaciones sobre cambio climático, pérdida de diversidad y desaparición de ambientes. Pero, sienten, no tuvieron mucha suerte.
En uno de esos viajes, organizados junto a la ONG Earthworks, los periodistas pudieron presenciar el registro de imágenes con una cámara infrarroja que detecta fugas de gases que ni el ojo ni la nariz humana pueden sentir. “Yo te muestro un caño y vos decís ahí no pasa nada, pero cuando lo enfocás ves que le surge como un fantasma encima, de colores: son los gases de metano, altamente venenosos.” El resultado de esta acción no tuvo el impacto en la opinión pública que habían imaginado. Pensaron: acá hay un límite. ¿Será que la prensa está cooptada por el discurso de las empresas y de la clase política, por eso el blindaje? Esto, sumado a la desmovilización social mientras Vaca Muerta está en el centro de la agenda nacional; antes, con las disputas y expectativas con la construcción del gasoducto Néstor Kirchner; hoy, con un modelo económico que proyecta capitalizar la riqueza natural en inversiones extranjeras.
Volvamos a la búsqueda de nuevas narrativas para hablar de las policrisis que atraviesa nuestro planeta. Periodistas por el Planeta decidió que la estrategia era incidir a otra escala y con otros lenguajes. Convocaron a un grupo de artistas, pasajes a Neuquén mediante, les alquilaron un hotel en Añelo y los invitaron a pasar unos días en contacto directo con el territorio, recorriéndolo sin consignas ni condicionamientos. Buscaban una lectura singular. Que eligieran su propia aventura.
Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D´Angiolillo y Leonello Zambón, los artistas de Geonnitus, descubrieron pueblos, rutas, comunidades mapuche, hasta alguna casita que quedó rodeada por una de las empresas de energía más poderosa a nivel global. Se movieron como uno más, aunque una tarde, al final del día, los cruzó una camioneta y su conductor les dijo: “Vimos que hoy estuvieron en tal y tal y tal lugar”. Meses después, volvieron a Vaca Muerta acompañados de guías locales a modo de lenguaraz. Como en la crónica de viajes, en realidad el narrador hablará del territorio pero más de cómo pisar ese paisaje lo transformó para siempre.
Uno de los momentos que más impactó al grupo de artistas fue cuando estuvieron frente a la roca madre de Vaca Muerta y pudieron verla, tocarla, olerla. “A partir de ese encuentro, incorporamos referencias a la escala geológica, el contacto con un tiempo que nos excede -cuenta Florencia Curci, artista sonora-. Y cierta pista de que en la relación entre humanos y rocas hay otras historias para explorar.”
Cuando todo eso se convirtió en guión, la dificultad fue conseguir sala. No sólo por lo complejo que es montar obras de arte electrónico (se necesitan instalaciones eléctricas robustas y mantenimiento especial al incluir elementos “vivos”) sino por limitaciones para poder decir “fracking” en su programación. Entonces decidieron que se estrenaba igual. En el centro de Investigaciones para el Futuro, en Villa Lynch, partido de San Martín, descentralizado de la agenda cultural porteña, en el galpón-taller de Zambón, otro de los artistas. Hicieron muchas presentaciones, siempre con las gradas llenas. Al terminar cada activación, mientras el público quedaba con la guardia baja, se iniciaba una conversación pública sobre Vaca Muerta con distintos referentes. Estuvieron el investigador y ex Greenpeace Hernán Pérez Orsi, el geógrafo Javier Grosso, Ariel Slipak de FARN, el biólogo Guillermo Folguera, el investigador del OPSur Víctor Quilaqueo, la investigadora Maristella Svampa y la crítica cultural Graciela Speranza.
A Speranza, Geonnitus le gustó tanto que la mencionó en una presentación en el MOMA. Año 2024. Presentaba el libro colectivo Momentum: art and ecology in the contemporary Latin America, y la destacó como “hito en el arte ecológico latinoamericano”. Elogió que la obra se aleja “de los apocalipsis espectaculares del cine catástrofe o la ciencia ficción climática” para dar formas de “lenta violencia, desastres que se gestan y avanzan gradualmente, catástrofes anónimas sin estrellas patagónicas”, y por el entramado entre arte, instituciones y modos de investigación y saberes que cruza. Destacó que las imágenes no tienen la belleza hegemónica típica de los románticos del siglo XIX, del humano que se siente chiquito frente a la intensidad de la naturaleza. Las entiende como “un nuevo sublime posnatural”, registro de “una naturaleza moldeada por los excesos del propio hombre en tratos con el planeta”.
Geonnitus no sólo nos acerca a una escala micro y molecular. También, a una escala planetaria y a una dimensión del tiempo más allá de nuestra época, esa que de solo pensarla puede llevarnos a la parálisis, lo que Timothy Morton, el filósofo inglés, nombra “hiperobjetos”. Quizás por eso, además, no logran que los periodistas amplifiquen la denuncia a pesar de pisar el territorio, escuchar a las comunidades locales o acceder a las alertas de la ciencia,aunque estén firmadas por la Facultad de Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue o el Instituto Ambiental de Estocolmo.
Más allá de las narrativas convencionales -de las empresas, del activismo, de la academia- el arte que dialoga con el eje cultura-naturaleza se vuelve “sede temporaria de refugiados políticos de distintos campos”, “una vía heterodoxa de conocimiento que abre el diálogo con otros saberes, otras formas de vida y otras especies”, continúa Speranza. Que desafía al pensamiento crítico y apela a otros lenguajes para repensar nuestro lugar en el mundo. “Si en el discurso de la política, de la economía e incluso de la ciencia reina un pragmatismo estrecho, incapaz de imaginar lo que vendrá, el arte no se conforma con esa versión empobrecida de realismo. Da entidad material a las metáforas y vuelve realistas las fantasías a primera vista impracticables.”
Durante los últimos días, distintos vecinos reginenses recibieron, por parte del municipio, apercibimientos por alimentar en sus veredas a perros callejeros: ¿Está prohibido darle de comer a los animales de la calle? La respuesta la podemos encontrar en diferentes cuerpos legislativos, tanto a nivel municipal (Ordenanza Municipal 014-14), como nacional (Ley Nº 14.346) e internacional…
Termino de almorzar. El mozo me abre la puerta, salgo del restaurante y, a él lo veo sentado, duro como una estatua. El mozo me mira: “es un adicto al paco”. Miro sus cortes, sus lastimaduras, su herida, su caja de cartón roñosa con un pedazo de pan. Miro su remera, su musculosa, es pleno…
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