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Astroturismo: los participantes disfrutaron de la súper luna

En la tarde del domingo, 20 personas se sumaron a la propuesta de la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina para disfrutar de la luna en su posición más cercana a la Tierra.

Aficionados e interesados en la astronomía tuvieron la posibilidad de participar de esta actividad que incluyó una observación con telescopio y la charla de una profesional sobre el cielo astral y las constelaciones, entre otros temas.

Maravillados por el color del cielo y con la luna de fondo, los asistentes tomaron fotografías en un paisaje único como lo es la zona de bardas.  

Luego retomaron el camino hacia el sector del Indio Comahue, donde, bajo la modalidad burbuja, uno a uno pudieron observar la luna en detalle con telescopio. Al finalizar se comenzó el descenso y al pie del Sendero degustaron productos regionales, marcando el fin de la actividad.

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    El día que la Patagonia estuvo a punto de convertirse en otro país

     

    A fines del siglo XIX, cuando el Estado argentino todavía no había consolidado plenamente su dominio sobre el sur, potencias extranjeras, aventureros y proyectos independentistas imaginaron una Patagonia separada de Buenos Aires. Aunque hoy parezca una fantasía, existieron planes concretos que pudieron haber cambiado para siempre el mapa de Sudamérica.

    Por Redacción de NLI

    Cuando se observa un mapa de la Argentina, resulta fácil pensar que el enorme territorio patagónico siempre formó parte del país tal como hoy lo conocemos. Sin embargo, esa imagen proyecta hacia el pasado una realidad que recién comenzó a consolidarse en las últimas décadas del siglo XIX. Hasta entonces, inmensas extensiones al sur del río Negro escapaban al control efectivo del Estado nacional. Eran tierras habitadas por diversos pueblos originarios, recorridas por comerciantes, exploradores y militares, y observadas con creciente interés por las grandes potencias marítimas de la época. En ese contexto surgieron proyectos tan extravagantes como inquietantes: crear un país independiente en la Patagonia, establecer protectorados extranjeros o incluso convertir parte del territorio austral en una colonia europea.

    Un territorio inmenso donde la soberanía todavía estaba en disputa

    Durante buena parte del siglo XIX, la Patagonia era más una aspiración cartográfica que una realidad política. La Constitución de 1853 proclamaba la integridad territorial de la Confederación Argentina, pero el control efectivo sobre el extremo sur era muy limitado. Las ciudades eran escasas, las comunicaciones con Buenos Aires resultaban extremadamente lentas y el Estado apenas podía sostener algunos destacamentos militares en la frontera.

    Esa situación era observada con atención por el Imperio Británico, por Chile y por distintas potencias europeas que comenzaban a mirar el Atlántico Sur como una región estratégica para el comercio mundial. Décadas antes de la apertura del Canal de Panamá, los barcos que unían los océanos Atlántico y Pacífico debían rodear el continente por el estrecho de Magallanes o el cabo de Hornos, convirtiendo a la Patagonia en una pieza geopolítica de enorme valor.

    La debilidad institucional argentina alimentó numerosas especulaciones. Viajeros europeos describían aquellas tierras como un espacio «vacío», ignorando deliberadamente la presencia de comunidades indígenas que habitaban la región desde hacía siglos. Esa idea del «territorio desocupado» sirvió de argumento para justificar proyectos de colonización impulsados desde el exterior.

    El extravagante «Reino de la Araucanía y la Patagonia»

    Quizás el episodio más llamativo ocurrió en 1860, cuando el abogado francés Orélie Antoine de Tounens desembarcó en Sudamérica convencido de que podía fundar un nuevo reino. Tras establecer vínculos con algunos caciques mapuches del lado chileno de la cordillera, se proclamó «Rey de la Araucanía y la Patagonia», redactó una constitución, diseñó una bandera, creó símbolos nacionales y envió cartas a gobiernos europeos buscando reconocimiento diplomático.

    Su proyecto combinaba ambición personal, oportunismo político y una lectura muy particular del contexto sudamericano. De Tounens sostenía que las naciones recién independizadas carecían de capacidad para administrar aquellos territorios y que una monarquía respaldada por Francia podría garantizar estabilidad y desarrollo. Aunque la iniciativa nunca obtuvo apoyo oficial de Napoleón III ni de ninguna potencia europea, despertó preocupación tanto en Argentina como en Chile porque evidenciaba hasta qué punto el vacío de poder podía ser aprovechado por actores externos.

    Las autoridades chilenas terminaron deteniéndolo y declarándolo insano, pero el episodio dejó una enseñanza que trascendió al personaje. La Patagonia aparecía, desde la mirada europea, como un espacio susceptible de reorganización política. No era simplemente una aventura individual: reflejaba una época en la que las potencias coloniales redefinían fronteras en África, Asia y Oceanía, mientras América del Sur tampoco escapaba a esas disputas.

    La consolidación del Estado argentino y una discusión que llega hasta el presente

    Durante las décadas siguientes, la dirigencia argentina aceleró el proceso de ocupación efectiva del sur. La denominada Conquista del Desierto, encabezada por Julio Argentino Roca entre 1878 y 1885, permitió extender el control estatal sobre enormes territorios, aunque lo hizo mediante una campaña militar que provocó el desplazamiento forzado, la muerte y el sometimiento de miles de integrantes de pueblos originarios. Durante mucho tiempo ese proceso fue presentado exclusivamente como una gesta civilizadora; hoy la historiografía incorpora también las profundas consecuencias humanas, culturales y territoriales que tuvo para las comunidades indígenas.

    Al mismo tiempo, comenzaron a fundarse nuevas localidades, se expandieron las líneas telegráficas, se impulsó la llegada de inmigrantes y se establecieron administraciones permanentes que fortalecieron la presencia estatal. El conflicto limítrofe con Chile continuó durante años y recién encontró una solución relativamente estable mediante acuerdos diplomáticos y arbitrajes internacionales, lo que terminó de consolidar la frontera austral.

    Sin embargo, la historia demuestra que la soberanía nunca depende únicamente de un mapa. Requiere población, infraestructura, instituciones, inversión pública y una presencia constante del Estado. Esa enseñanza conserva plena vigencia en el siglo XXI. La Patagonia sigue siendo una de las regiones estratégicas más importantes del planeta por sus recursos hídricos, energéticos y minerales, por su cercanía con la Antártida y por el valor geopolítico del Atlántico Sur. En un contexto internacional donde las grandes potencias vuelven a disputar recursos críticos y corredores estratégicos, recordar aquellos proyectos que imaginaron una Patagonia separada de la Argentina deja de ser una simple curiosidad histórica para transformarse en una reflexión sobre el modo en que se construye y se sostiene la soberanía nacional.

    La Patagonia nunca estuvo realmente destinada a convertirse en otro país, pero sí atravesó un período en el que esa posibilidad fue imaginada, discutida e incluso alentada por intereses externos. Conocer esa historia permite comprender que las fronteras no son hechos naturales e inmutables, sino el resultado de procesos políticos, conflictos, decisiones diplomáticas y proyectos de nación que se disputan a lo largo del tiempo. Es una lección que sigue interpelando a la Argentina cada vez que el debate sobre el desarrollo, la integración territorial o el control de sus recursos estratégicos vuelve al centro de la escena pública.

     

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  • Macri quiere aprovechar que los libertarios se bajaron de Marcos Juárez para recuperar el kilómetro 0 de Cambiemos

     

    El cierre de la presentación de alianzas para la elección de septiembre en la localidad cordobesa de Marcos Juárez confirmó que avanza el entendimiento o, al menos, una nueva fase en la relación entre el presidente Javier Milei y el peronista Martín Llaryora. Porque el mismo día en el que se oficializó el auxilio financiero de 400 mil millones de pesos de la Nación para Córdoba, los libertarios decidieron correrse de las coaliciones para los comicios en Marcos Juárez.

    Quien siguió de manera atenta la forma en la que el libertario cordobés Gabriel Bornoroni acató la orden de Balcarce 50 y sacó al oficialismo nacional de la contienda es el expresidente Mauricio Macri. Sobre todo, porque el líder del PRO observa que se presenta como una buena oportunidad para recuperar el famoso ‘kilómetro 0′ de Cambiemos y volver a controlar el bastión en el corazón productivo cordobés.

    «Mauricio va a jugar si o sí con Pedro. Lo va a respaldar y lo alienta a que sea candidato. Con o sin el PRO, más allá de cualquier traba administrativa que le pueda presentar Oscar (Agost Carreño)», dijo una persona que conoce los movimientos del macrismo en suelo cordobés.

    Lo del impedimento es correcto. Agost Carreño le ganó una pelea de varios capítulos al macrismo por el control del sello del PRO en Córdoba y no quiere ceder tan fácilmente para que Dellarossa sea candidato amarillo con la bendición de Macri. Situación que, en caso de victoria, podría hacer estallar al bullrichismo que también prestó aparato a Agost Carreño para que voltease en la batalla al macrismo.

    «Si Agost Carreño cede fácil y le da el sello a Dellarossa, le explota la relación con Laura Rodríguez Machado que lo acompañó para que se quedara con el partido hace un par de meses», reflexionó una persona que tuvo el teléfono ocupado todo el día con el cierre de alianzas.

    Lo que viene es la carrera contrarreloj para presentación de candidaturas que vence el 7 de agosto, con miras a la elección del 6 de septiembre. Para la primera semana de agosto, Dellarossa está convencido de que irá con o sin el respaldo del sello del PRO. Decisión que también observa el cordobesismo que, en caso de victoria del exintendente, se subirá a la foto con el argumento de que Dellarossa fue un ‘extracomunitario’ que Llaryora repatrió para su primera etapa del Partido Cordobés.

    Con lo cual, la decisión de Agost Carreño con el control del partido amarillo -cuyo presidente en realidad es Oscar Tamis- también tiene impacto en la inquietud del cordobesismo. «A lo mejor, Oscar sabe que si pisa el sello también mantiene incómoda a la relación que une a Macri con el cordobesismo», dijo otra persona.

    Por último, sobre el final del lunes, una persona al tanto de todas las conversaciones que hubo para el cierre de alianzas en Marcos Juárez reconoció que la negociación también esmeriló el vínculo entre Bornoroni y el senador Luis Juez. «Los socios le volvieron a creer a Bornoroni con algunas encuestas que no caminaban de (Germán) Pascquali, el candidato violeta, hasta que se dieron cuenta que no iban a ningún lado y quisieron forzar algo. Después, Juez vio rara la cosa y se corrió. Por eso están saliendo a argumentar que, así como los libertarios no se inscribieron en alianzas, el PJ de Llaryora tampoco. No se ve tan claro el panorama, parece», dijo.  

     

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