En la tarde del domingo, 20 personas se sumaron a la propuesta de la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina para disfrutar de la luna en su posición más cercana a la Tierra.
Aficionados e interesados en la astronomía tuvieron la posibilidad de participar de esta actividad que incluyó una observación con telescopio y la charla de una profesional sobre el cielo astral y las constelaciones, entre otros temas.
Maravillados por el color del cielo y con la luna de fondo, los asistentes tomaron fotografías en un paisaje único como lo es la zona de bardas.
Luego retomaron el camino hacia el sector del Indio Comahue, donde, bajo la modalidad burbuja, uno a uno pudieron observar la luna en detalle con telescopio. Al finalizar se comenzó el descenso y al pie del Sendero degustaron productos regionales, marcando el fin de la actividad.
Con la organización de la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Ingeniero Huergo y la participación de un importante número de ciclistas, este domingo se llevó adelante el Rally Aniversario «Desafío A las Salinas». La competencia de Mountain Bike que recorre una exigente distancia (48 kilómetros) por caminos en zona de bardas contó con…
Los conocimientos adquiridos aparecen entonces, no tanto como instrumentos intelectuales al servicio del trabajo y del entendimiento, sino como armas; su totalidad no constituye un tesoro intelectual, una enciclopedia, más bien un arsenal, un depósito de municiones (de proyectiles inteligentes) Peter Sloterdijk Reseteados para aprender pero poco para desaprender… En consecuencia, podemos preguntarnos: ¿Qué…
La merluza es uno de los recursos principales de la economía regional por excelencia del Golfo San Matías y constituye para el pueblo argentino el producto de mar de mayor consumo. La gobernadora Arabela Carreras declaró la Emergencia Pesquera en el Golfo de San Matías por el término de un año, con el objetivo de…
En Chile hay enojo con Pablo Quino luego que dijera en una entrevista que Argentina es un país «bicontinental y bioceánico». La declaración se produjo luego de la reunión bilateral que tuvo Javier Milei con José Antonio Kast en Santiago en la que firmaron una declaración conjunta en favor de la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes determinado por el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
El concepto utilizado por Quino es muy sensible para la diplomacia chilena porque es tomado como una provocaciones sobre su territorio porque sugiere que posee costas soberanas en los océanos Atlántico y Pacífico.
El jefe de la diplomacia argentina también planteó que «hay fortalecer su presencia en el Atlántico Sur porque es el camino a la Antártida», como argumento para construir la base integrada en Ushuaia.
De esta manera, en Chile recuerdan que el Protocolo de 1893, complementario al Tratado de Límites de 1881, establece que la soberanía argentina se proyecta hacia las costas del Atlántico y la chilena hacia las del Pacífico. El instrumento determina que Chile no puede pretender territorios hacia el Atlántico ni Argentina hacia el Pacífico.
Si bien no hubo expresión de parte del gobierno de José Antonio Kast, el debate público está encendido y diputados del oficialismo y la oposición presionan para que el presidente chileno tome acciones mas fuertes contra Argentina.
Alejandro Riquelme, diputado del partido de Kast, señaló que «rechazo categóricamente las declaraciones del canciller argentino. Argentina puede hablar de integración o corredores bioceánicos, pero eso es muy distinto a hablar de soberanía».
Lo preocupante es que ya se está haciendo costumbre que autoridades argentinas intenten reinterpretar, relativizar o directamente cuestionar tratados y acuerdos internacionales que resolvieron estas materias hace décadas. Los tratados no pueden respetarse solamente cuando resultan convenientes
«Lo preocupante es que ya se está haciendo costumbre que autoridades argentinas intenten reinterpretar, relativizar o directamente cuestionar tratados y acuerdos internacionales que resolvieron estas materias hace décadas. Los tratados no pueden respetarse solamente cuando resultan convenientes», agregó.
Por su parte, el diputado oficialista Stephan Schubert y presidente de la comisión de Relaciones Exteriores sostuvo que «lo importante es tener claridad respecto de la intención y de los dichos de la autoridad argentina quienes han precisado que no tiene referencia con el océano Pacífico, por lo tanto es una declaración muy similar a la que nosotros hemos hecho con anterioridad y no tiene afectación respecto del mar chileno».
En tanto, el senador de derecha e integrante de la comisión de Relaciones Exterior , Iván Moreira aseguró que «desde hace un tiempo a esta parte hemos visto una verdadera ofensiva del gobierno argentino y nosotros seguimos poniendo la otra mejilla. Ya llegó la hora de tomar decisiones más enérgicas y no seguir avanzando con esta relación que se está convirtiendo en una relación no muy sana».
Desde hace un tiempo a esta parte hemos visto una verdadera ofensiva del gobierno argentino y nosotros seguimos poniendo la otra mejilla. Ya llegó la hora de tomar decisiones más enérgicas y no seguir avanzando con esta relación que se está convirtiendo en una relación no muy sana
«Además, los compromisos y acuerdos que se han tenido con el propio Presidente Milei no se han cumplido. Por ejemplo, el famoso decreto para la derogación de este decreto, en donde, con esta política expansionista de ellos, ahora se quieren aprovechar y es que tendrían con Chile soberanía compartida», añadió.
Desde la oposición, el diputado Raúl Soto indicó que «la política exterior de nuestro país está pecando de ingenuidad y amateurismo, especialmente en la relación bilateral con Argentina. La estrategia geopolítica de Argentina seguirá su curso y seguirá avanzando bajo la mirada permisiva, débil y errática del canciller y del presidente José Antonio Kast».
«La firma de una declaración que favorece los intereses de Argentina en gran medida, creo que fue un error y los hechos posteriores, como esta declaración del canciller declarando Argentina un país bioceánico, dan una muestra fehaciente de aquello», continuó.
Lo paradójico es que Quirno abrió este nuevo escenario de tensión cuando había cerrado la crisis que generó las declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Javier Valverde, cuando dijo que el Estrecho de Magallanes es argentino. En este marco, por estas horas se especula con la posibilidad que el país trasandino presente una nota de protesta y convoque al embajador argentino, Jorge Faurie.
En la mañana del viernes, la Municipalidad de Villa Regina realizó el acto en homenaje a los veteranos y caídos en la Guerra de Malvinas. El mismo se llevó a cabo en las instalaciones de la Escuela Nº 279 del barrio Islas Malvinas y estuvo encabezado por el Intendente Marcelo Orazi, acompañado por las Legisladoras…
Milei endurece su discurso sobre Malvinas, pero su giro soberanista contrasta con su relación con el Reino Unido y llega en un momento de dificultades políticas.
Por Roque Pérez para NLI
Milei volvió a hablar de Malvinas. Y lo hizo con la solemnidad de quien pretende presentarse como el gran defensor de la soberanía argentina. En cadena nacional, anunció proyectos para endurecer sanciones contra empresas que exploten recursos en las islas, crear organismos vinculados con la seguridad nacional y fortalecer la presencia militar en Tierra del Fuego. El problema para el Presidente es que la historia reciente de su propio Gobierno vuelve difícil aceptar el repentino fervor soberanista como si siempre hubiera sido su principal bandera.
Porque las Malvinas son argentinas. Eso no empezó con Milei y tampoco terminará con él. Es una causa nacional consagrada incluso constitucionalmente y sostenida durante décadas por gobiernos de signos políticos diferentes. Precisamente por eso, resulta legítimo preguntarse por qué el Presidente decide colocarla ahora en el centro de la escena, después de meses en los que su política exterior estuvo marcada por una alineación prácticamente automática con Estados Unidos, Israel y otros aliados internacionales, mientras mantenía una relación particularmente cuidadosa con Londres.
La pregunta no es si Milei puede hablar de Malvinas. La pregunta es por qué ahora.
De Margaret Thatcher a la bandera argentina
Hay una contradicción que no puede borrarse con una cadena nacional.
Milei construyó durante años una admiración pública por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la Guerra de Malvinas. Esa posición generó fuertes críticas, especialmente entre excombatientes y sectores vinculados con la memoria de la guerra. Incluso durante su campaña presidencial planteaba que la recuperación de las islas debía ser resultado de una negociación prolongada con el Reino Unido y que había que considerar a quienes viven allí.
Ya en el Gobierno, la relación con Londres tampoco fue presentada como una confrontación frontal. Por el contrario, la administración libertaria sostuvo una estrategia de acercamiento y diálogo que generó cuestionamientos desde sectores de la propia coalición oficialista.
La entonces canciller Diana Mondino llegó a sostener que la Argentina buscaba cambiar la estrategia respecto de Malvinas y avanzar mediante el diálogo. Y en 2024 el Gobierno evitó confrontar públicamente con la visita del entonces canciller británico David Cameron a las islas.
Ahora, en cambio, Milei aparece convertido en un cruzado de la soberanía.
El cambio no es menor. Tampoco parece casual.
Reuters describió este giro como un endurecimiento respecto de la postura anterior del Presidente y señaló que la nueva estrategia aparece en un momento políticamente sensible, con una aprobación presidencial estimada en 36,8% y con el horizonte electoral de 2027 cada vez más cerca.
Dicho en criollo: cuando la motosierra ya no alcanza para entusiasmar, aparece la bandera.
Una causa nacional convertida en salvavidas político
Malvinas tiene una característica que cualquier dirigente conoce: une donde otras discusiones dividen.
No importa si se trata de peronistas, radicales, desarrollistas, socialistas, nacionalistas o ciudadanos que no tienen ninguna identificación partidaria. El reclamo argentino sobre las islas forma parte de una conciencia nacional profundamente arraigada.
Y ahí aparece la oportunidad política para Milei.
El Gobierno enfrenta una agenda cargada de conflictos. El Congreso vuelve a ser un terreno incómodo para el oficialismo, mientras la oposición busca discutir cuestiones como el endeudamiento de las familias y la situación de las personas con discapacidad. Al mismo tiempo, el Ejecutivo espera que los próximos datos económicos le permitan mostrar algún resultado favorable. La discusión sobre Malvinas ofrece, en cambio, una escena mucho más sencilla: Presidente, bandera, soberanía y enemigo externo.
Es una narrativa perfecta para un Gobierno que necesita recuperar iniciativa.
Y mucho más cómoda que hablar de jubilaciones, salarios, empleo, universidades, industria o del deterioro del poder adquisitivo.
El recurso político es viejo. Cuando una administración tiene dificultades para imponer una agenda doméstica, puede intentar trasladar la discusión hacia una cuestión nacional de enorme carga simbólica.
El problema es que Malvinas no es propiedad de Javier Milei.
El riesgo de confundir soberanía con marketing
Hay una diferencia enorme entre defender la soberanía y utilizar la soberanía como herramienta de comunicación política.
La primera exige una estrategia de Estado sostenida durante décadas. La segunda necesita una cadena nacional, un discurso encendido y una agenda mediática favorable.
Si el Gobierno realmente pretende fortalecer la posición argentina, deberá explicar cómo piensa hacerlo en términos diplomáticos, económicos, científicos, pesqueros, energéticos y militares. También tendrá que explicar qué política concreta desarrollará en el Atlántico Sur y cómo piensa enfrentar la explotación de recursos naturales alrededor de las islas.
Porque mientras Milei anuncia sanciones, las empresas involucradas en la explotación petrolera sostienen que sus licencias son legítimas y el Reino Unido reafirma su posición sobre las islas.
La cuestión petrolera, además, no es menor. El proyecto de explotación en torno al yacimiento Sea Lion convierte al Atlántico Sur en un espacio todavía más estratégico. Reuters señala que las estimaciones hablan de hasta 1.700 millones de barriles de petróleo, una dimensión económica capaz de transformar por completo el valor geopolítico de la disputa.
Por eso la soberanía no se defiende solamente con discursos.
Se defiende con industria nacional, ciencia, tecnología, capacidad energética, infraestructura, presencia diplomática, control de los recursos naturales y una política exterior coherente.
Y allí aparece otra contradicción incómoda para el Gobierno libertario: el mismo proyecto político que durante años presentó al Estado como un obstáculo, que cuestionó el gasto público y que hizo del ajuste su principal identidad, ahora necesita un Estado con capacidad suficiente para sostener una política estratégica de largo plazo en el Atlántico Sur.
Milei necesita una bandera, pero Malvinas no necesita a Milei
El Presidente tiene derecho a defender la soberanía argentina. Nadie debería discutirlo.
Lo que sí puede y debe discutirse es la utilización política de una causa que pertenece a todos los argentinos.
Porque si Milei pretende que Malvinas sea una política de Estado, deberá demostrarlo con hechos y no solamente con discursos. Deberá construir consensos, sostener una estrategia diplomática, defender los recursos argentinos y mantener una política exterior que no entre en contradicción con esos objetivos.
Y, sobre todo, deberá comprender algo elemental: la soberanía no funciona como una herramienta electoral.
Las Malvinas eran argentinas cuando Milei todavía no existía en la política. Eran argentinas cuando el Presidente admiraba a Thatcher. Eran argentinas cuando su Gobierno buscaba una relación cordial con Londres. Y seguirán siendo argentinas cuando termine este Gobierno.
Por eso resulta difícil no mirar con sospecha este súbito despertar soberanista.
Porque mientras millones de argentinos esperan que el Estado resuelva problemas concretos —llegar a fin de mes, pagar una factura, sostener una jubilación, mantener un empleo, acceder a medicamentos o garantizar la educación— Milei encontró una bandera capaz de sacarlo, aunque sea por unos días, del centro de esas discusiones.
Malvinas merece algo mucho más serio que eso.
Merece una política de Estado.
Y si el Presidente realmente quiere defenderla, deberá demostrar que detrás de la bandera hay una estrategia y no simplemente otra puesta en escena para recuperar oxígeno político.
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