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Aníbal “Coco” Urbano, pasó por Villa Regina

🚲 Recorre más de 3.500 kilómetros para que las ciudades de nuestro país se comprometan y trabajen en la accesibilidad🤝.

🏆En su octava “Travesía de la Integración”, el deportista de alto rendimiento, se detuvo a almorzar en nuestra ciudad y tuvimos el placer de disfrutar del relato de cada una de sus experiencias.

El intendente, Marcelo Orazi, el Secretario de Coordinación, Ariel Oliveros y la Directora de Turismo, María Luján Musso, aprovecharon la oportunidad para felicitarlo y hacerle entrega de un presente.

💪Su meta diaria consiste en recorrer 100 km, pasando por distintas localidades, dejando un testimonio que interpela a las autoridades para que realicen políticas de accesibilidad. «Si yo puedo hacer 3500 kilómetros en silla de ruedas, vos podés hacer una ciudad inclusiva y accesible”.

🎉Gracias #AnibalCocoUrbano

#ReginaResponde#VillaRegina#OraziIntendente#Regina#Travesia#CocoUrbano#Accesibilidad#Integración

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  • El kirchnerismo quiere que Cristina sea candidata para vaciarle a Kicillof el armado nacional

     

     Máximo volvió a insistir con la necesidad de que Cristina sea la candidata del peronismo en las presidenciales del año que viene. Lo hizo durante el banderazo por la libertad realizado en Parque Lezama a un año de la condena contra la ex presidenta, en el que se despachó con una crítica directa contra Axel Kicillof.

    La insistencia del líder de La Cámpora no es casual y responde a una estrategia que están afinando por estas horas en el kirchnerismo, que apunta a que Cristina encabece la fórmula presidencial y de esa manera, obligar a la justicia electoral a explicitar su impugnación.

    De esta manera, con Cristina sin poder presentarse, el candidato a presidente pasaría a ser el elegido como vice en la fórmula, confirmaron a LPO tres dirigentes al tanto de la movida.

    En el banderazo por la libertad de Cristina, Máximo apuntó a Kicillof: «Hablan de unidad y no van a verla»

     La jugada tiene un doble objetivo. Por un lado, trasladarle a los jueces el costo político de impedir la candidatura de Cristina y reforzar la denuncia de proscripción. Por otro, conservar el control del armado nacional del peronismo incluso si la ex presidenta queda fuera de la carrera electoral. «Quieren vaciarle a Kicillof el armado nacional», afirmó a LPO un dirigente que conoce de primera mano las conversaciones.

    Quieren vaciarle a Kicillof el armado nacional. 

    En el kirchnerismo creen que esta estrategia podría darle todavía más centralidad a Cristina. En principio, porque la elección del vice haría orbitar a todo el peronismo alrededor de San José 1111 porque el designado terminaría siendo el candidato. Y la presentación de la fórmula también les permitiría avanzar sobre el control de las listas nacionales.

    La apuesta funciona en cualquiera de los escenarios electorales posibles. Si el gobierno logra eliminar las PASO, la fórmula llegaría directamente a la elección general, con más tiempo para armar las listas.

    Si las primarias se mantienen, Cristina competiría en esa instancia y si la impugnan antes de su realización harían campaña con el vice elegido. «Van a hacer las misas ricoteras con el vice», comentó irónico un diputado del norte.

    Axel Kicillof y Mariano Cascallares en un acto en Almirante Brown.

    De esta manera, la ex presidenta conservaría una influencia decisiva sobre la estrategia electoral, imaginan en su entorno. Algunos creen que es parte de una estrategia para forzar a Kicillof a negociar, pero en el camporismo la bronca con el gobernador bonaerense no parece una actuación.

    Kicillof volvió a quedar en el centro de las críticas del kirchnerismo en el acto de Parque Lezama y Máximo Kirchner le reclamó públicamente que no visite a Cristina.

    En las semanas previas al primer aniversario de la condena a la ex presidenta, dirigentes cercanos al gobernador le sugirieron que aprovechara la fecha para visitarla. «Van a hacer actos, movilizaciones, si vas a visitarla les sacas un argumento para pegarte», le dijeron. Sin embargo, Kicillof decidió no hacerlo. 

     

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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  • El modelo Milei cruje en Marcos Juárez y pone en jaque la estrategia electoral de Bornoroni

     

    Marcos Juárez tiene un peso más simbólico que electoral: allí nació el experimento político que terminó convirtiéndose en Cambiemos, allí el peronismo nunca logró hacer pie y allí Javier Milei obtuvo algunos de sus mejores resultados en Córdoba.

    A dos meses de las elecciones para elegir intendente, La Libertad Avanza enfrenta el primer examen electoral serio de la gestión de Milei en Córdoba. Y el contexto dista de ser el ideal.

    La crisis de Metalfor, una de las principales fabricantes de maquinaria agrícola del país, ya dejó de ser un conflicto empresarial. La compañía, que emplea a 600 trabajadores entre sus plantas de Marcos Juárez y la vecina Noetinger, abrió un Procedimiento Preventivo de Crisis después de atrasarse en el pago de salarios, acumular una deuda superior a los 52.000 millones de pesos con 23 bancos y operar apenas al 50% de su capacidad instalada. 

    Las ventas de maquinaria durante el primer trimestre del año cayeron prácticamente a la mitad respecto de 2025.

    El dato incomoda especialmente a la Casa Rosada porque Metalfor había sido presentada apenas unos meses atrás como un caso testigo del nuevo clima de inversiones: fue la primera empresa argentina en obtener un crédito de 50 millones de dólares de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC) de Estados Unidos, un financiamiento que el Gobierno exhibió como una muestra de confianza internacional hacia el rumbo económico. Hoy esa misma empresa negocia con la UOM bajo un Procedimiento Preventivo de Crisis.

    Se agrava la crisis del empleo formal en Córdoba: crecieron 15% las suspensiones y quitas salariales

    La explicación excede los problemas financieros de la firma. El sector de la maquinaria agrícola atraviesa una fuerte desaceleración de la demanda y observa con preocupación la apertura de importaciones impulsada por el Gobierno nacional, incluida la habilitación para el ingreso de maquinaria usada. Los fabricantes sostienen que la competencia externa llega antes de que la industria pueda recuperar competitividad tras años de atraso cambiario, elevada presión tributaria y altos costos financieros.

    Como si eso no alcanzara, el otro gran conflicto local golpeó directamente a uno de los sectores que más acompañó electoralmente a Milei. El cierre del principal prestador del PAMI dejó a más de 5.500 jubilados de Marcos Juárez y la región sin atención médica integral, luego de que la institución sanitaria denunciara una deuda millonaria del organismo nacional. El episodio generó un fuerte desgaste en una ciudad donde el voto libertario había penetrado con fuerza precisamente entre sectores medios y adultos mayores.

    El cierre del principal prestador del PAMI dejó a más de 5.500 jubilados de Marcos Juárez y la región sin atención médica integral

    La combinación de ambas crisis modificó el humor social de una ciudad que hasta hace pocos meses aparecía como uno de los ejemplos del respaldo incondicional al programa libertario.

    Y ese cambio de clima llega en el peor momento para Gabriel Bornoroni, presidente de La Libertad Avanza en Córdoba, principal armador político del oficialismo nacional en la provincia y virtual candidato a gobernador por el esquema libertario.

    Bornoroni debe definir en las próximas semanas qué estratégica despliega en Marcos Juárez. Su decisión será monitoreado directamente por la conducción nacional que integran Karina Milei, Martín Menem y Eduardo ‘Lule’ Menem, quienes buscan consolidar un sello y liquidar al PRO.

     Pedro Dellarossa 

    La dificultad es que el tablero político local está lejos de ofrecer una salida sencilla. El PRO apuesta al regreso de Pedro Dellarossa, dos veces intendente y uno de los dirigentes que construyeron el «kilómetro cero» del macrismo en Córdoba. Sin embargo, su paso por el gabinete de Martín Llaryora como ministro de Producción y luego por el directorio del Banco de Córdoba sembró dudas incluso entre dirigentes opositores, que desconfían de su verdadera vocación de confrontar con el peronismo provincial. Tras romper con el Partido Cordobés.

    Dellarossa intenta reconstruir su identidad amarilla, aunque carga con el costo político de haber integrado durante casi dos años el esquema del gobernador.

    En paralelo aparece otro actor determinante: Luis Juez, el principal aliado político de Milei en Córdoba. El senador impulsa una estrategia de convergencia entre el PRO y La Libertad Avanza para evitar una fragmentación del voto opositor que termine beneficiando indirectamente al llaryorismo.

    Llaryora apuesta a bloquear una foto ganadora de Juez y Bornoroni en Marcos Juárez

    Pero Bornoroni todavía no definió en público si privilegiará esa alianza o si insistirá con una lista libertaria pura, una decisión que también será leída como un mensaje hacia el armado provincial de 2027.

    Por eso Marcos Juárez dejó de ser una elección municipal más. Allí confluyen el desgaste económico del modelo libertario, la discusión sobre el futuro del PRO, la sociedad con Luis Juez y la construcción territorial de La Libertad Avanza.

    Hasta hace pocos meses la pregunta era si Milei podía pintar de violeta el bastión histórico del macrismo. Ahora la incógnita cambió: si el corazón productivo del sudeste cordobés sigue acumulando fábricas en crisis, comercios con menos ventas y jubilados enojados, el primer test electoral del oficialismo nacional podría convertirse en la primera señal de que el ajuste empezó a perforar incluso uno de los territorios donde el Presidente parecía políticamente invulnerable.

     

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    ENTREVISTAS LTA 5X3 – ECONOMÍA Y PRODUCCIÓN

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