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A través de ‘IPAP Municipios’ se capacitará a funcionarios y agentes municipales

Esta mañana, el Intendente Marcelo Orazi firmó con el Ministro de Gobierno y Comunidad de Río Negro Rodrigo Buteler el convenio para la implementación en Villa Regina del programa ‘IPAP Municipios’ que contempla la capacitación destinada a funcionarios y agentes municipales.

Este programa busca fortalecer a las distintas áreas de la administración municipal. Para ello se diagramó un cronograma de capacitaciones a través de cursos de “aportes a municipios” destinado a las áreas de administración; de “desarrollo local” para jefes de departamentos, jefes de división y responsables de áreas; de “comunicación estratégica” y “comunicación institucional y redes sociales” destinado a las áreas de comunicación locales; y de “condiciones y medio ambiente de trabajo” para el personal de áreas de servicio de apoyo.

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    Trump, Milei y la política del “culo”: exabruptos, poder y perversión en la derecha global

     

    Una frase grosera de Donald Trump a una periodista volvió a poner en escena un lenguaje de dominación que no es casual: dialoga con los exabruptos de Javier Milei y con un modo de ejercer el poder donde la agresión verbal, la referencia anal y la violencia simbólica funcionan como marca ideológica.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La escena que encendió la mecha
    En una respuesta que recorrió el mundo, Donald Trump le dijo a una periodista que el presidente de Colombia “se cuide el culo”, una expresión brutal, misógina y colonial que excede el insulto ocasional. No es un desliz: es una forma de interpelar desde el poder, apelando a la humillación corporal como mensaje político.

    La referencia anal como método
    Ese tipo de lenguaje no aparece aislado. La derecha autoritaria contemporánea recurre una y otra vez a metáforas sexuales y anales para marcar jerarquías, someter al adversario y construir una escena de dominación. El insulto no busca argumentar: busca penetrar, degradar, disciplinar.

    Milei y el espejo local
    En Argentina, Javier Milei convirtió el exabrupto en identidad política. Sus intervenciones públicas están plagadas de referencias sexuales, insultos escatológicos y amenazas verbales que apuntan a deshumanizar al otro. No es espontaneidad: es performatividad del poder, una estética de la violencia verbal que se presenta como “antisistema” pero reproduce el autoritarismo más clásico.

    Del insulto al abuso
    En el caso de Trump, el lenguaje no puede separarse de su historia pública. El magnate estadounidense enfrenta una causa judicial por sus vínculos con Jeffrey Epstein, el financista acusado de una red de explotación sexual. En ese marco, Trump fue señalado en denuncias por presuntos abusos y violaciones, acusaciones que él niega pero que forman parte del expediente público que rodea su figura.

    Cuando el cuerpo del otro es territorio
    La conexión no es forzada. Quien concibe la política como un acto de sometimiento simbólico del cuerpo ajeno —a través del insulto, la amenaza o la humillación— suele moverse con comodidad en entornos donde el abuso real también encuentra justificaciones. La palabra precede al acto: deshumanizar habilita a violentar.

    Derecha, perversión y espectáculo
    Trump y Milei comparten una lógica perversa del liderazgo: provocan para dominar, insultan para marcar territorio, y convierten la violencia verbal en espectáculo. El agravio no es un exceso, es el mensaje. La grosería no es un error, es programa.

    El daño político
    Este tipo de discursos no “rompen con lo políticamente correcto”: rompen el pacto democrático básico. Naturalizan el desprecio, habilitan la crueldad y preparan el terreno para políticas de exclusión, ajuste y represión. Cuando el presidente insulta, el Estado aprende a pegar.

    Una advertencia que no es moral
    No se trata de pudor ni de corrección lingüística. Se trata de entender qué tipo de poder se está ejerciendo cuando un presidente habla del cuerpo del otro como objeto de amenaza. La historia reciente demuestra que, detrás de la risa cómplice, suele venir el daño concreto.

     

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    La mentira liberal en números: casi la mitad de la historia argentina fue gobernada por modelos de ajuste

     

    Mientras el discurso dominante insiste en culpar al peronismo de todos los males económicos, un repaso histórico frío y ordenado muestra otra cosa: el liberalismo —en sus distintas versiones— fue la política económica más aplicada en la Argentina desde el siglo XIX hasta hoy.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Durante décadas, los voceros del poder económico repitieron que la Argentina “fracasa por culpa del populismo”. Sin embargo, al agrupar y analizar todas las gestiones presidenciales desde 1862 según su orientación económica, los números cuentan una historia muy distinta, y bastante incómoda para el relato oficial.


    El liberalismo, el verdadero modelo dominante

    Si se agrupan los gobiernos liberales, conservadores y neoliberales —desde el modelo agroexportador del siglo XIX hasta el ultraliberalismo actual— el resultado es contundente:
    el 46,5 % de las presidencias argentinas respondieron a políticas de mercado, apertura, endeudamiento y ajuste.

    Ahí entran los gobiernos oligárquicos de la Generación del ’80, la Década Infame, las dictaduras cívico-militares con ministros formados en el credo del mercado, el menemismo, el macrismo y el experimento extremo que hoy encarna Milei.
    Casi la mitad de la historia argentina fue gobernada bajo recetas liberales, y es justamente ese período el que dejó como herencia la dependencia externa, la primarización de la economía y la deuda estructural.


    El peronismo, mucho menos de lo que dicen

    En el otro extremo del discurso hegemónico aparece el peronismo, señalado como si hubiera gobernado “eternamente”. Pero los datos desmienten el mito:
    los gobiernos peronistas y kirchneristas representan apenas el 25,6 % del total histórico.

    Un cuarto de la historia, no más.
    Ahí se incluyen el peronismo clásico de Juan Domingo Perón, los intentos de reconstrucción productiva tras el desastre neoliberal y el ciclo kirchnerista, que apostó a la industria, el mercado interno, la redistribución del ingreso y la recuperación del rol del Estado.

    Paradójicamente, el espacio que menos tiempo gobernó es el que más carga con las culpas, incluso por crisis que estallaron tras largos períodos de liberalismo financiero.


    Radicales, desarrollistas y transiciones: el espacio intermedio

    El 27,9 % restante corresponde a gobiernos que no encajan del todo en ninguno de los dos polos: radicales, desarrollistas y gestiones de transición.
    Yrigoyen, Illia, Alfonsín y Frondizi intentaron distintos equilibrios entre Estado y mercado, casi siempre condicionados por estructuras económicas heredadas, presiones externas o golpes de Estado.

    No es un dato menor: cada intento de construir un camino propio fue interrumpido o asfixiado, casi siempre en nombre de “ordenar la economía”.


    El gráfico que no muestran

    Si esta historia se traduce en un gráfico de torta, el resultado es demoledor para el sentido común instalado:

    • Casi la mitad del círculo pertenece al liberalismo
    • Apenas un cuarto corresponde al peronismo y al kirchnerismo
    • El resto se reparte entre modelos mixtos y transiciones frágiles

    No hay hegemonía populista.
    No hay exceso de Estado permanente.
    Lo que sí hay es una recurrencia sistemática del ajuste como política de fondo.


    Una conclusión incómoda

    La pregunta ya no es por qué la Argentina tiene problemas estructurales.
    La pregunta es por qué, después de más de 150 años de liberalismo recurrente, todavía se lo sigue presentando como una novedad salvadora.

    Los números no opinan.
    Pero cuando se los ordena, desmienten el principal mito económico de la Argentina contemporánea.

    Listado

    Siglo XIX – consolidación del modelo agroexportador

    • Bartolomé Mitre (1862–1868)
      Liberal clásico – agroexportador, pro-británico
    • Domingo Faustino Sarmiento (1868–1874)
      Liberal desarrollista temprano – modernización, educación, infraestructura
    • Nicolás Avellaneda (1874–1880)
      Liberal ortodoxo – ajuste fiscal, pago de deuda externa
    • Julio Argentino Roca (1880–1886)
      Liberal oligárquico – consolidación del Estado y del modelo agroexportador
    • Miguel Juárez Celman (1886–1890)
      Liberal financiero extremo – especulación, endeudamiento
    • Carlos Pellegrini (1890–1892)
      Liberal conservador pragmático – ordenamiento tras la crisis
    • Luis Sáenz Peña (1892–1895)
      Liberal conservador débil
    • José Evaristo Uriburu (1895–1898)
      Liberal conservador
    • Julio Argentino Roca (1898–1904)
      Liberal oligárquico – expansión exportadora
    • Manuel Quintana (1904–1906)
      Liberal conservador
    • José Figueroa Alcorta (1906–1910)
      Liberal conservador con reformas institucionales

    Radicalismo y crisis del modelo liberal

    • Roque Sáenz Peña (1910–1914)
      Liberal reformista – apertura política
    • Victorino de la Plaza (1914–1916)
      Liberal conservador
    • Hipólito Yrigoyen (1916–1922)
      Radicalismo popular – intervencionismo moderado, Estado árbitro
    • Marcelo T. de Alvear (1922–1928)
      Radicalismo liberal – continuidad agroexportadora
    • Hipólito Yrigoyen (1928–1930)
      Radicalismo estatista incipiente

    Década Infame y transición al industrialismo

    • José Félix Uriburu (1930–1932)
      Conservador corporativista
    • Agustín P. Justo (1932–1938)
      Liberal conservador – pacto Roca-Runciman
    • Roberto M. Ortiz (1938–1942)
      Liberal reformista
    • Ramón Castillo (1942–1943)
      Conservador oligárquico

    Peronismo clásico

    • Juan Domingo Perón (1946–1952)
      Peronismo clásico – industrialista, estatista, redistributivo
    • Juan Domingo Perón (1952–1955)
      Peronismo pragmático – ajuste moderado y planificación

    Golpes, desarrollismo y vaivenes

    • Eduardo Lonardi (1955)
      Antiperonismo conservador
    • Pedro Eugenio Aramburu (1955–1958)
      Liberal antiperonista – apertura y ajuste
    • Arturo Frondizi (1958–1962)
      Desarrollismo – industrialización con capital extranjero
    • José María Guido (1962–1963)
      Liberal conservador
    • Arturo Illia (1963–1966)
      Desarrollismo nacional – Estado fuerte, regulación
    • Juan Carlos Onganía (1966–1970)
      Autoritarismo tecnocrático – liberalismo empresarial
    • Roberto M. Levingston (1970–1971)
      Desarrollismo nacionalista
    • Alejandro A. Lanusse (1971–1973)
      Transición – liberal moderado

    Retorno y crisis del peronismo

    • Héctor J. Cámpora (1973)
      Peronismo popular – redistributivo
    • Juan Domingo Perón (1973–1974)
      Peronismo clásico – pacto social
    • María Estela Martínez de Perón (1974–1976)
      Peronismo desordenado – crisis inflacionaria

    Dictadura y neoliberalismo

    • Jorge Rafael Videla (1976–1981)
      Neoliberalismo financiero – Martínez de Hoz
    • Roberto Viola (1981)
      Continuidad neoliberal
    • Leopoldo F. Galtieri (1981–1982)
      Neoliberalismo en crisis
    • Reynaldo Bignone (1982–1983)
      Transición – colapso económico

    Democracia contemporánea

    • Raúl Alfonsín (1983–1989)
      Socialdemocracia débil – Estado presente con crisis
    • Carlos Menem (1989–1999)
      Neoliberalismo extremo – privatizaciones, convertibilidad
    • Fernando de la Rúa (1999–2001)
      Neoliberal ortodoxo – ajuste y endeudamiento
    • Eduardo Duhalde (2002–2003)
      Peronismo productivista – salida de la convertibilidad
    • Néstor Kirchner (2003–2007)
      Kirchnerismo – neodesarrollismo, Estado activo
    • Cristina Fernández de Kirchner (2007–2015)
      Kirchnerismo – profundización del modelo industrial y redistributivo
    • Mauricio Macri (2015–2019)
      Neoliberalismo financiero – endeudamiento y ajuste
    • Alberto Fernández (2019–2023)
      Peronismo moderado – keynesianismo limitado
    • Javier Milei (2023– )
      Ultraliberalismo / anarco-capitalismo – ajuste brutal, desregulación extrema

     

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  • Trump ya no considera una organización real al Cartel de los Soles y deja en ridícula a Patricia

     

    Tras la caída de Nicolás Maduro, el gobierno de Donald Trump ya no considera como un grupo real al denominado «Cartel de los Soles» que supuestamente lideraba el expresidente y manejaba el narcotráfico en Venezuela. La decisión deja en ridícula a Patricia Bullrich que los declaró «organización terrorista».

    El diario The New York Times reveló que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos se retractó de la calificación sobre el llamado Cartel de los Soles, una de las excusas que utilizó Trump para atacar Venezuela y capturar a Maduro. El Departamento de Estado, que conduce Marco Rubio, lo había declarado el año pasado como una organización terrorista.

    Tras la detención de Maduro, Justicia publicó una acusación en la que deja de lado sus postulados anteriores sobre el Cartel de los Soles y ya no habla de una organización narcocriminal si no de un «sistema clientelar» y una «cultura de corrupción» alimentada por el dinero del narcotráfico.

    El medio destaca que en su anterior acusación Justicia se refiere 32 veces al Cartel de los Soles y describe a Maduro como su líder, pero ahora sólo lo menciona dos veces. Expertos en seguridad consultados por NYT dicen que Cartel de los Soles es un término coloquial inventado por los medios venezolanos.

    El giro de la negociación de Trump con el chavismo dejó en offside a Milei 

    Una experta en seguridad explicó al medio que el cambio en los términos utilizados por el Departamento de Justicia obedece a que la acusación no podría corroborarse en los tribunales, lo que no implica que puedan existir pruebas que vinculen a Maduro con el narcotráfico. Pero el Cartel de los Soles ni siquiera figuraba en los informes anuales de la DEA ni la ONU.

    Semanas atrás, el NYT ya había dado cuenta de la debilidad que tenían las referencias al Cartel de los Soles. «No es una organización en sentido literal», decían expertos en narcotráfico. «La organización no existe como tal», afirmaba un analista, y el medio agregaba que era una forma «peyorativa» y «burlona» de referirse a los militares venezolanos corrompidos por el narco y la corrupción.

    El Departamento de Justicia de los Estados Unidos se retractó de la calificación sobre el llamado Cartel de los Soles, una de las excusas que utilizó Trump para atacar Venezuela y capturar a Maduro

    El giro de Trump deja en ridículo al gobierno argentino que el año pasado se había apurado en declarar como organización terrorista al Cartel de los Soles, «a partir de un trabajo conjunto de los ministerios de Seguridad, Justicia y la Cancillería». La medida fue recordada el sábado por Patricia Bullrich, que destacó que Argentina se plegó a Estados Unidos.

    Lo que revela este episodio es la fragilidad de una política exterior basada en el seguidismo ciego de Trump, que tiene como una de sus principales características la imprevisibilidad. Milei ya había quedado en offside el fin de semana cuando salió a pedir que Venezuela quede en manos de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, pero a los pocos minutos Trump los ninguneó por completo.

    Milei ya había sufrido un revés similar cuando viajó a Oslo para participar de la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado y Trump no fue, molesto porque quería el galardón para él. El argentino ni siquiera sabía de eso. Tampoco la venezolana llegó a tiempo para la foto, por lo que el libertario tuvo que volverse de apuro a la Argentina, después de despilfarrar tiempo y dólares en un viaje en vano.

    Argentina, al igual que los Estados Unidos, declaró al Cártel de los Soles como organización terrorista, una estructura criminal liderada desde el poder por el propio régimen de Nicolás Maduro.Hoy es un día histórico. Está llegando la libertad y la paz a Latinoamérica. https://t.co/qz4sUZm2wp

    — Patricia Bullrich (@PatoBullrich) January 3, 2026

     

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